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Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
MEJORES AMIGOS
En alguna vuelta de la vida te das cuenta de que ya no estás para ese amor platónico, ese de princesas y príncipes que alguna vez te contaron tus padres de pequeña, y te das cuenta que la vida real, con los pies sobre la tierra, es diferente a esos escritos mágicos.
Ya había tenido mi luna de miel, mi amor perfecto, mi casamiento de blanco y esa historia soñada, entre los veinte y los treinta, donde todo era amor, donde cada nota musical de mi vida tocaba acompasada a las otras, en perfecta sintonía.
Pero vivimos en el planeta Tierra, donde nada es perfecto, donde existen infidelidades, discusiones y finales tristes, y el divorcio en mi matrimonio terminó de sepultar a esa Florencia pura e inocente de la juventud
Ya tenía más de treinta en una edad donde no esperaba mucho del sexo opuesto, donde cada hombre era solo una oportunidad y donde sabía que cada combo a elegir venía completo, con defectos y virtudes, generalmente, con mucho de lo primero y poco de lo segundo.
Y yo también tenía mis problemas, quería mi espacio, pero no me gustaba sentirme sola, quería valerme por mí misma, pero me gustaba que un caballero estuviera pendiente de mí, quería alguien que no estuviera todo el día encima mío, pero me molestaba que tuviera círculo de amistades por fuera de la pareja, no quería que nadie me dijera que ropa ponerme, pero siempre pediría la aprobación de mi pareja. Si, esos y muchos más defectos, a mitad de río, entre una orilla y otra, avanzar, retroceder, esa era yo.
Y después de cortar lazos con Mario, mi primer esposo, sentí la necesidad de tomar mi sexualidad un poco más a la ligera, sin tabúes, sin remordimientos, al fin, vida había una sola y si un chico me gustaba para una noche, bueno, siempre había una cama al pasar.
Y también me sentía con las hormonas un poco alteradas por así decirlo, había dejado en el olvido mis complejos físicos de veinteañera y ahora al mirarme al espejo, veía una mujer bonita, madura, segura, con una cola que más de una envidiaría y unos pechos los suficientes generosos como para enamorar a cualquier caballero.
Así mi vida iba un poco como un barco a la deriva, había empezado a tomar clases de arte y un poco de música, pero no era lo mío, también tenía intenciones de mudarme a un apartamento más confortable, pero los números no daban, los fondos de mis arcas no eran sólidos, así que me enfoqué en lo único terrenal que tenía en mi mundo abstracto, mi nuevo empleo.
Había dejado de ser la secretaria personal del doctor García para pasar a ser empleada de comercio en una importante galería céntrica. Era cierto, tenía algunas contras, la clínica estaba a cinco minutos a pie desde mi departamento, la galería en cambio, a una hora en colectivo, en la clínica era la única, manejaba mis horarios, en la galería sería una más entre tantas, entre muchas empleadas desparramadas por distintos negocios, junto al doctor García, tenía la tranquilidad de trabajar hasta jubilarme, pero en la galería debería ganarme mi trabajo día a día, si no rendía, afuera y que pase la siguiente.
Había un pequeño detalle, la paga, triplicaba con creces al salario de secretaria y esa diferencia justificaba todo, además tenía algunos beneficios adicionales, como viáticos para comidas y transporte, premios por asistencia, posibilidades de crecer, y lo que más me motivaba, hacer los números finos para saber en cuantos meses podría aspirar a un nuevo departamento.
Así empezaron mis días, me tuve que hacer a la idea de que siempre debía vestir bien, elegante, sexi, con los cabellos recogidos, ojos y labios pintados, uñas esculpidas y prendas pegadas al cuerpo, esas que te hacen ver sexi en una galería céntrica y que no usarías en una clínica de barrio, y obviamente, finos tacos altos que en los primeros tiempos se transformaron en una tortura, a los que hoy en día todavía no me acostumbro a usar.
Así empecé en mi nueva vida, aprendí el oficio y me preocupé por estar entre las mejores, de las más destacadas y con mejor perfil.
Me hice de nuevas amigas y de nuevos clientes, y todo era perfecto.
Había solo un tema que me resultaba incómodo, el horario que me quedaba libre al medio día entre cerrar por la mañana y abrir por la tarde, era problemático, tenía dos horas largas para ir y venir hasta casa, siempre y cuando tuviera suerte con los horarios de los colectivos y el alocado tránsito, llegaba a mi departamento, comía algo a las corridas y casi aun saboreando los últimos bocados volvía al centro. Era estresante, realmente estresante y la mayoría de las veces no llegaba a horario, y los únicos problemas laborales que tenía y que me estaba costando cruces en mi legajo, era justamente eso, no poder abrir a la hora indicada.
Decidí cambiar de táctica, muchas personas lo hacían, por qué no lo haría yo? podría solo quedarme a almorzar en la zona céntrica, siempre había a la mano algún bar con ofertas de 'menú ejecutivo' para comer bien y barato. Además, ya no gastaría en ómnibus, y con eso pagaría mis almuerzos, y supuse que hasta me quedaría tiempo de sobra para leer algún libro, o caminar, o mirar vidrieras, hasta tomar sol en el banco de una plaza, todo era ganar y ganar.
Comecei com essa nova política de vida. Alguns lugares onde todo mundo se amontoava com as urgências dos tempos, perto das ruas por onde passavam ônibus barulhentos, não encontrar lugar, ou esperar demais para ser atendido era coisa comum.
Encontrei eles por acaso, andando por galerias por onde pouca gente anda, num primeiro andar, meio afastado e escondido, um pequeno bar, arrumado, bem montado, com uma arquitetura bem atual, com cores vibrantes, com uma placa luminosa que dizia na entrada 'MELHORES AMIGOS, atendido pelos donos'.
Entrei com um pouco de curiosidade, não tinha muita gente, na parede do fundo, no centro, estava o balcão principal, onde também ficava a cozinha, ao redor, em semicírculo, estavam dispostas as mesas. O lugar estava impregnado por uma luz violeta e uma doce música brasileira era percebida num tom bem baixo.
Sentei no balcão, de um lado, quase encostada na parede, almocei bem, tranquila, e disse a mim mesma que tinha encontrado o lugar que estava procurando. Fui no dia seguinte, e no outro, e no próximo e em pouco tempo já tinha sacado os amigos, os donos.
Milton era o mais extrovertido, sem dúvidas, o tagarela, o que sempre te dava um sorriso e te enchia de elogios, o que só falava com você do outro lado do balcão e mesmo que você não quisesse, te despia até a alma, era daqueles tipos de uma noite louca de bebedeira, festa e sexo, mas só isso, só uma noite, dava pra ver que era irresponsável e até meio crianção, daqueles que não sabem se virar na vida e que gastam até o que não têm.
Joel, por outro lado, era o outro lado da moeda, parco, introvertido, sempre com a testa franzida e a expressão severa, era notório que ele segurava as rédeas do negócio, dava pra ver que era intelectual, frio, calculista. Joel era daqueles homens que uma mulher procura pra ter uma vida segura, aquele companheiro pra noites de aconchego e com quem você pode dormir tranquila, mas também daqueles tipos que... Eles só te oferecem uma vida de eterno tédio.
Depois de alguns meses, já havia certa cumplicidade entre nós. Eles conheciam meus horários, meus gostos. Joel me chamava pelo meu nome, Florencia, mas Milton só me dizia "Flor".
Milton já sabia tudo sobre mim: meu trabalho, minha idade, meu estado civil, que morava sozinha. E não demorou a me convidar para sair — uma vez para dançar, outra para tomar alguma coisa, outra sem destino certo. E a cada recusa bem-humorada da minha parte, ele sempre dizia que continuaria insistindo e que, um dia, eu diria sim, que seria a garota dele. Ele só me dava um sorriso e ia atender outro cliente.
No entanto, a quem eu realmente aceitaria um encontro seria Joel. Preferia um cara com os pés no chão a um que quisesse tocar o céu com as mãos.
Fomos jantar num restaurante, conversamos, bebemos e terminamos na minha casa fazendo amor.
Algum tempo depois, a situação não mudava nos meus almoços, mas agora eu era a garota, namorada, amante — ou como quisessem chamar — de Joel. E Milton respeitava isso, só que sempre, entre brincadeiras, me dizia para não esquecer que ele me tinha visto primeiro e que eu nunca lhe dera uma chance, que tinha sido um erro da minha parte ficar com aquele "velho chato e deprimente". Assim ele era, sempre seria assim.
Passaram-se três anos. Nesses três anos, Joel e eu mantivemos uma convivência complicada — às vezes um casal dormindo todas as noites sob o mesmo teto, às vezes distantes, amantes sem compromissos formais, amor e ódio, uma relação com espaços individuais. E sempre, sempre almoçando no balcão, no mesmo lugar daquele primeiro dia distante.
Durante esses três anos, conheci umas trinta namoradas de Milton. Ele era um tiro no escuro e nunca mudaria. E sempre, mas sempre, ele repetia a mesma coisa: que eu estava com o amigo dele e que ia almoçar ali todos os dias só para ter a chance de vê-lo. Eu dizia que ele era arrogante, mas ele sempre me arrancava um sorriso.
Naqueles dias, eu estava um pouco afastada de... Joel, fazia um tempo que a relação estava indo de mal a pior e foi essa situação que o Milton aproveitou para brincar comigo, e como eu disse no começo da minha história, já não estava mais na idade de contos de princesa. Talvez ele me viu fraca, com a guarda baixa, talvez fosse só mais um dos ataques dele, talvez não se importasse de dar chifre no amigo, seja como for, seria só um jogo de um dia. Milton não tinha aquele jeito conquistador do Joel, não era aquele cavalheiro que honestamente meu lado feminino precisava um pouco, ele era de ir direto ao ponto, tudo ou nada.
Tinham fechado o bar para reformas, depois de alguns anos era preciso repintar tudo e as autorizações municipais tinham novos requisitos, novas exigências para cumprir, então os sócios e amigos estavam envolvidos com tarefas de obra e papelada burocrática. Naquela sexta, como havíamos combinado, Milton passou no negócio para me buscar, mesmo que eu não tivesse tido tempo de tomar um banho como gostaria, naquele dia eu estava especialmente gostosa e para ele, como estava todo dia, mas agora com detalhes mais cuidados, como minha calcinha fina que estreava para a ocasião. Fomos para o carro dele e dali direto para o apartamento dele, no caminho perguntei se não o incomodava estar prestes a comer a mulher do amigo, e ele me respondeu se não me incomodava estar prestes a trair justo com o melhor amigo dele, um jogo de palavras perfeito com uma resposta concreta, além disso, me lembrou que ele tinha sido o primeiro a botar o olho em mim, só que eu tinha recusado ele várias vezes.
Começamos os jogos com umas taças no meio, Milton me beijava muito gostoso, por aqui e por ali, e nesses jogos o celular dele tocou, ele me pediu um minuto e se afastou o suficiente para eu não ouvir a conversa privada dele, parecia ser algo importante, gesticulava com as mãos, e de vez em quando, me olhava de longe e sorria, meu instinto feminino imaginou que talvez estivesse falando de mim, mas Qual seria o sentido? Não me acho o centro do universo.
Milton voltou ao meu lado, deixou o celular de lado e vieram os beijos. Ele me apertou contra ele, senti o pau dele duro esfregando na minha barriga enquanto ele apertava com doçura meus peitos e a bunda, ainda com as roupas.
Então Milton começou a tagarelar sobre meus gostos e fantasias na hora do sexo, e sobre os dele também.
Trouxe então para a brincadeira uma gravata de cetim dele, preta, brilhante. Pediu que eu fechasse os olhos e os cobriu com ela, amarrando bem forte atrás da minha cabeça. Estava privada da visão e naturalmente meus outros sentidos ficaram aguçados.
Ele tirou minha camiseta, soltou meu sutiã. Ainda estava em pé no meio da sala de jantar. Milton beijava meus peitos com muita doçura e eu sentia nos meus mamilos a tentação irresistível do desejo.
Senti que ele tirou minha saia, também minha calcinha fio-dental. Fiquei só com uma meia-calça preta de nylon muito sexy e meus sapatos de salto alto. Me sentia muito molhada e não aguentava de tesão. Sem dúvidas, não poder ver era tão intrigante quanto excitante.
Agora, além de chupar meus peitos com os lábios, ele esfregava minha buceta com as mãos inquietas, colocando a palma sobre meu clitóris e os dedos no meu buraco, me fazendo torcer de prazer.
Ele me levou para perto, notei que se sentou na poltrona principal e me fez ir por cima dele, cavalgando, com uma perna de cada lado. Sentei no pau dele e ele entrou por completo. Ele beijava meus lábios e também chupava meus peitos, muito gostoso, enquanto suas mãos se enchiam com minhas nádegas. Foi nessas brincadeiras, enquanto eu saltava no pau dele, que Milton começou com suas palavras: sobre como eu podia ser uma puta, sobre poliamor, sobre ménages, e se eu fantasiava com alguma dupla penetração, ao mesmo tempo que seus dedos ensalivados tentavam se infiltrar sem problemas pelo meu ânus.
Eu só ria das palavras dele, porque já sabia como ele era, sem dar respostas a algo que eu imaginava excitante, mas foi notório que meus gemidos tinham... aumentado com suas palavras e com o jogo dos seus dedos, e eu também estava me masturbando com muita força, ele esquentou o clima para que a mágica acontecesse
Não vi nada chegando, não desconfiei da jogada, Milton me enrolou com palavras e quando umas mãos estranhas se agarraram na minha cintura e nas minhas nádegas, e quando uma pica gostosa entrou no meu cu, simplesmente não soube o que fazer, era loucura, era insano, eu era uma puta, mas que diabos, que delícia que foi a surpresa!
Estava presa, Milton me comia e ao mesmo tempo um estranho me arrombava o cu, só conseguia gritar e sentia um prazer duplo impossível de descrever, maldito Milton, sempre com suas loucuras tão originais, mas que merda, se não aproveitasse naquela hora quando iria?
Estavam brincando comigo, não sabia quem era aquele cara e talvez preferisse não saber, só aproveitar o momento.
Em uma troca de posições, me sentaram no sofá, o estranho se perdeu entre minhas pernas, as abriu e começou a chupar minha buceta muito gostoso, uns lábios lindos e uma língua inquieta passeavam por toda a minha ppk molhada, mas não podia só com isso porque Milton do outro lado enfiava sua pica deliciosa na minha boca, adorava fazer sexo oral nele e de vez em quando ele só buscava minha boca com a dele, para me dar beijos lindos e intermináveis.
Ficamos um bom tempo, e o prazer ficava insustentável, sentia gosto de homem na minha boca e apostava nos meus pensamentos quem quebraria primeiro, o pau do meu amante na minha boca ou minha buceta nos lábios de um estranho.
E não aguentei mais, é que estava muito excitada e ele fazia muito gostoso, só parei de chupar, não dava, porque me contorci em um orgasmo enorme, como há tempo não tinha.
Milton fazia um monólogo no ambiente a três, me fez ficar de joelhos, ele de um lado e o estranho do outro, era hora de chupar, e assim comecei, muito gostoso, com muitas fantasias, saboreando um pau, outro, e aí viria uma nova surpresa.
Meu amante disse que tiraria a gravata que anulava minha visão, fiquei cheia de intriga, esperava conhecer o rosto do estranho que estava me fazendo amor, esperava qualquer um, menos quem era de verdade.
Sim, Joel. o mesmo, meu parceiro, caramba! meus olhos se abriram como nunca de tanta surpresa, senti meu coração paralisar, como se tivesse sido atravessado por uma barra de gelo, mas o sorriso nos lábios dele me deixou saber da cumplicidade, era óbvio que ele fazia parte de todo o jogo e nada era por acaso.
Ele me convidou a continuar chupando ele, e eu fiz isso, e também o Milton, amigo dele.
Depois de um tempo, me deitaram no sofá de novo, meu parceiro foi entre minhas pernas, mas dessa vez para me comer muito gostoso, enquanto o amigo dele me dava pela boca.
Fiquei assim numa posição inferior, e acho que eles se excitavam mutuamente pelo que viam na outra ponta.
Milton se afastou de repente a alguns centímetros do meu rosto, abri a boca o máximo que pude, e enquanto o Joel não parava de me comer, ele observou de perto como o outro espalhava toda a porra quente no meu rosto, nos meus lábios, na minha boca, foi muito gostoso, senti minhas bochechas e parte do meu peito salpicados pelo gozo dele e pouco depois o Joel tirou o pau da minha buceta e gozou na minha barriga baixa e no meu púbis, tudo foi simplesmente perfeito.
Já era tarde, o Joel pediu pizza por delivery enquanto o Milton arrumava umas cervejas no frio extremo da geladeira.
Jantamos os três juntos, eu ainda não tinha saído do meu espanto, ainda não acreditava no que tinha vivido, ainda sentia todos os meus cantinhos saciados de prazer.
O Joel tinha sido o cérebro, o que tinha planejado tudo, o estrategista, e aquela ligação estranha de um tempo atrás tinha sido só uma ligação de amigos, para confirmar que o plano estava seguindo conforme o traçado.
Como a história continuou, bem, o Joel não seria aquele amor eterno, e o fato de colocar um terceiro na relação só fez com que a gente se distanciasse definitivamente como casal sob o mesmo teto, mas não como amantes. O Milton tinha bebido o meu sabor, e uma vez embriagado, voltaria por mim, de novo e de novo.
Hoje sigo com minha vida de divorciada feliz, estou bem sozinha, durmo sozinha, continuo com meu emprego na galeria, me vestindo bem, me exibindo bem, só tentando ser a melhor. Todo meio-dia eu me refugio no 'MELHORES AMIGOS', onde me sinto em casa, como no primeiro dia, na ponta do balcão, onde costumam me surpreender com coisas gostosas. Diria que sou mulher dos dois, porque gosto dos dois e eles não veem problema em me compartilhar, é só sexo, às vezes fico com um, às vezes com outro, e quando os planetas se alinham, podemos curtir os três juntos, como os melhores amantes.
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título MELHORES AMIGOS para dulces.placeres@live.com
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En alguna vuelta de la vida te das cuenta de que ya no estás para ese amor platónico, ese de princesas y príncipes que alguna vez te contaron tus padres de pequeña, y te das cuenta que la vida real, con los pies sobre la tierra, es diferente a esos escritos mágicos.
Ya había tenido mi luna de miel, mi amor perfecto, mi casamiento de blanco y esa historia soñada, entre los veinte y los treinta, donde todo era amor, donde cada nota musical de mi vida tocaba acompasada a las otras, en perfecta sintonía.
Pero vivimos en el planeta Tierra, donde nada es perfecto, donde existen infidelidades, discusiones y finales tristes, y el divorcio en mi matrimonio terminó de sepultar a esa Florencia pura e inocente de la juventud
Ya tenía más de treinta en una edad donde no esperaba mucho del sexo opuesto, donde cada hombre era solo una oportunidad y donde sabía que cada combo a elegir venía completo, con defectos y virtudes, generalmente, con mucho de lo primero y poco de lo segundo.
Y yo también tenía mis problemas, quería mi espacio, pero no me gustaba sentirme sola, quería valerme por mí misma, pero me gustaba que un caballero estuviera pendiente de mí, quería alguien que no estuviera todo el día encima mío, pero me molestaba que tuviera círculo de amistades por fuera de la pareja, no quería que nadie me dijera que ropa ponerme, pero siempre pediría la aprobación de mi pareja. Si, esos y muchos más defectos, a mitad de río, entre una orilla y otra, avanzar, retroceder, esa era yo.
Y después de cortar lazos con Mario, mi primer esposo, sentí la necesidad de tomar mi sexualidad un poco más a la ligera, sin tabúes, sin remordimientos, al fin, vida había una sola y si un chico me gustaba para una noche, bueno, siempre había una cama al pasar.
Y también me sentía con las hormonas un poco alteradas por así decirlo, había dejado en el olvido mis complejos físicos de veinteañera y ahora al mirarme al espejo, veía una mujer bonita, madura, segura, con una cola que más de una envidiaría y unos pechos los suficientes generosos como para enamorar a cualquier caballero.
Así mi vida iba un poco como un barco a la deriva, había empezado a tomar clases de arte y un poco de música, pero no era lo mío, también tenía intenciones de mudarme a un apartamento más confortable, pero los números no daban, los fondos de mis arcas no eran sólidos, así que me enfoqué en lo único terrenal que tenía en mi mundo abstracto, mi nuevo empleo.
Había dejado de ser la secretaria personal del doctor García para pasar a ser empleada de comercio en una importante galería céntrica. Era cierto, tenía algunas contras, la clínica estaba a cinco minutos a pie desde mi departamento, la galería en cambio, a una hora en colectivo, en la clínica era la única, manejaba mis horarios, en la galería sería una más entre tantas, entre muchas empleadas desparramadas por distintos negocios, junto al doctor García, tenía la tranquilidad de trabajar hasta jubilarme, pero en la galería debería ganarme mi trabajo día a día, si no rendía, afuera y que pase la siguiente.
Había un pequeño detalle, la paga, triplicaba con creces al salario de secretaria y esa diferencia justificaba todo, además tenía algunos beneficios adicionales, como viáticos para comidas y transporte, premios por asistencia, posibilidades de crecer, y lo que más me motivaba, hacer los números finos para saber en cuantos meses podría aspirar a un nuevo departamento.
Así empezaron mis días, me tuve que hacer a la idea de que siempre debía vestir bien, elegante, sexi, con los cabellos recogidos, ojos y labios pintados, uñas esculpidas y prendas pegadas al cuerpo, esas que te hacen ver sexi en una galería céntrica y que no usarías en una clínica de barrio, y obviamente, finos tacos altos que en los primeros tiempos se transformaron en una tortura, a los que hoy en día todavía no me acostumbro a usar.
Así empecé en mi nueva vida, aprendí el oficio y me preocupé por estar entre las mejores, de las más destacadas y con mejor perfil.
Me hice de nuevas amigas y de nuevos clientes, y todo era perfecto.
Había solo un tema que me resultaba incómodo, el horario que me quedaba libre al medio día entre cerrar por la mañana y abrir por la tarde, era problemático, tenía dos horas largas para ir y venir hasta casa, siempre y cuando tuviera suerte con los horarios de los colectivos y el alocado tránsito, llegaba a mi departamento, comía algo a las corridas y casi aun saboreando los últimos bocados volvía al centro. Era estresante, realmente estresante y la mayoría de las veces no llegaba a horario, y los únicos problemas laborales que tenía y que me estaba costando cruces en mi legajo, era justamente eso, no poder abrir a la hora indicada.
Decidí cambiar de táctica, muchas personas lo hacían, por qué no lo haría yo? podría solo quedarme a almorzar en la zona céntrica, siempre había a la mano algún bar con ofertas de 'menú ejecutivo' para comer bien y barato. Además, ya no gastaría en ómnibus, y con eso pagaría mis almuerzos, y supuse que hasta me quedaría tiempo de sobra para leer algún libro, o caminar, o mirar vidrieras, hasta tomar sol en el banco de una plaza, todo era ganar y ganar.
Comecei com essa nova política de vida. Alguns lugares onde todo mundo se amontoava com as urgências dos tempos, perto das ruas por onde passavam ônibus barulhentos, não encontrar lugar, ou esperar demais para ser atendido era coisa comum. Encontrei eles por acaso, andando por galerias por onde pouca gente anda, num primeiro andar, meio afastado e escondido, um pequeno bar, arrumado, bem montado, com uma arquitetura bem atual, com cores vibrantes, com uma placa luminosa que dizia na entrada 'MELHORES AMIGOS, atendido pelos donos'.
Entrei com um pouco de curiosidade, não tinha muita gente, na parede do fundo, no centro, estava o balcão principal, onde também ficava a cozinha, ao redor, em semicírculo, estavam dispostas as mesas. O lugar estava impregnado por uma luz violeta e uma doce música brasileira era percebida num tom bem baixo.
Sentei no balcão, de um lado, quase encostada na parede, almocei bem, tranquila, e disse a mim mesma que tinha encontrado o lugar que estava procurando. Fui no dia seguinte, e no outro, e no próximo e em pouco tempo já tinha sacado os amigos, os donos.
Milton era o mais extrovertido, sem dúvidas, o tagarela, o que sempre te dava um sorriso e te enchia de elogios, o que só falava com você do outro lado do balcão e mesmo que você não quisesse, te despia até a alma, era daqueles tipos de uma noite louca de bebedeira, festa e sexo, mas só isso, só uma noite, dava pra ver que era irresponsável e até meio crianção, daqueles que não sabem se virar na vida e que gastam até o que não têm.
Joel, por outro lado, era o outro lado da moeda, parco, introvertido, sempre com a testa franzida e a expressão severa, era notório que ele segurava as rédeas do negócio, dava pra ver que era intelectual, frio, calculista. Joel era daqueles homens que uma mulher procura pra ter uma vida segura, aquele companheiro pra noites de aconchego e com quem você pode dormir tranquila, mas também daqueles tipos que... Eles só te oferecem uma vida de eterno tédio.
Depois de alguns meses, já havia certa cumplicidade entre nós. Eles conheciam meus horários, meus gostos. Joel me chamava pelo meu nome, Florencia, mas Milton só me dizia "Flor".
Milton já sabia tudo sobre mim: meu trabalho, minha idade, meu estado civil, que morava sozinha. E não demorou a me convidar para sair — uma vez para dançar, outra para tomar alguma coisa, outra sem destino certo. E a cada recusa bem-humorada da minha parte, ele sempre dizia que continuaria insistindo e que, um dia, eu diria sim, que seria a garota dele. Ele só me dava um sorriso e ia atender outro cliente.
No entanto, a quem eu realmente aceitaria um encontro seria Joel. Preferia um cara com os pés no chão a um que quisesse tocar o céu com as mãos.
Fomos jantar num restaurante, conversamos, bebemos e terminamos na minha casa fazendo amor.
Algum tempo depois, a situação não mudava nos meus almoços, mas agora eu era a garota, namorada, amante — ou como quisessem chamar — de Joel. E Milton respeitava isso, só que sempre, entre brincadeiras, me dizia para não esquecer que ele me tinha visto primeiro e que eu nunca lhe dera uma chance, que tinha sido um erro da minha parte ficar com aquele "velho chato e deprimente". Assim ele era, sempre seria assim.
Passaram-se três anos. Nesses três anos, Joel e eu mantivemos uma convivência complicada — às vezes um casal dormindo todas as noites sob o mesmo teto, às vezes distantes, amantes sem compromissos formais, amor e ódio, uma relação com espaços individuais. E sempre, sempre almoçando no balcão, no mesmo lugar daquele primeiro dia distante.
Durante esses três anos, conheci umas trinta namoradas de Milton. Ele era um tiro no escuro e nunca mudaria. E sempre, mas sempre, ele repetia a mesma coisa: que eu estava com o amigo dele e que ia almoçar ali todos os dias só para ter a chance de vê-lo. Eu dizia que ele era arrogante, mas ele sempre me arrancava um sorriso.
Naqueles dias, eu estava um pouco afastada de... Joel, fazia um tempo que a relação estava indo de mal a pior e foi essa situação que o Milton aproveitou para brincar comigo, e como eu disse no começo da minha história, já não estava mais na idade de contos de princesa. Talvez ele me viu fraca, com a guarda baixa, talvez fosse só mais um dos ataques dele, talvez não se importasse de dar chifre no amigo, seja como for, seria só um jogo de um dia. Milton não tinha aquele jeito conquistador do Joel, não era aquele cavalheiro que honestamente meu lado feminino precisava um pouco, ele era de ir direto ao ponto, tudo ou nada.
Tinham fechado o bar para reformas, depois de alguns anos era preciso repintar tudo e as autorizações municipais tinham novos requisitos, novas exigências para cumprir, então os sócios e amigos estavam envolvidos com tarefas de obra e papelada burocrática. Naquela sexta, como havíamos combinado, Milton passou no negócio para me buscar, mesmo que eu não tivesse tido tempo de tomar um banho como gostaria, naquele dia eu estava especialmente gostosa e para ele, como estava todo dia, mas agora com detalhes mais cuidados, como minha calcinha fina que estreava para a ocasião. Fomos para o carro dele e dali direto para o apartamento dele, no caminho perguntei se não o incomodava estar prestes a comer a mulher do amigo, e ele me respondeu se não me incomodava estar prestes a trair justo com o melhor amigo dele, um jogo de palavras perfeito com uma resposta concreta, além disso, me lembrou que ele tinha sido o primeiro a botar o olho em mim, só que eu tinha recusado ele várias vezes.
Começamos os jogos com umas taças no meio, Milton me beijava muito gostoso, por aqui e por ali, e nesses jogos o celular dele tocou, ele me pediu um minuto e se afastou o suficiente para eu não ouvir a conversa privada dele, parecia ser algo importante, gesticulava com as mãos, e de vez em quando, me olhava de longe e sorria, meu instinto feminino imaginou que talvez estivesse falando de mim, mas Qual seria o sentido? Não me acho o centro do universo.
Milton voltou ao meu lado, deixou o celular de lado e vieram os beijos. Ele me apertou contra ele, senti o pau dele duro esfregando na minha barriga enquanto ele apertava com doçura meus peitos e a bunda, ainda com as roupas.
Então Milton começou a tagarelar sobre meus gostos e fantasias na hora do sexo, e sobre os dele também.
Trouxe então para a brincadeira uma gravata de cetim dele, preta, brilhante. Pediu que eu fechasse os olhos e os cobriu com ela, amarrando bem forte atrás da minha cabeça. Estava privada da visão e naturalmente meus outros sentidos ficaram aguçados.
Ele tirou minha camiseta, soltou meu sutiã. Ainda estava em pé no meio da sala de jantar. Milton beijava meus peitos com muita doçura e eu sentia nos meus mamilos a tentação irresistível do desejo.
Senti que ele tirou minha saia, também minha calcinha fio-dental. Fiquei só com uma meia-calça preta de nylon muito sexy e meus sapatos de salto alto. Me sentia muito molhada e não aguentava de tesão. Sem dúvidas, não poder ver era tão intrigante quanto excitante.
Agora, além de chupar meus peitos com os lábios, ele esfregava minha buceta com as mãos inquietas, colocando a palma sobre meu clitóris e os dedos no meu buraco, me fazendo torcer de prazer.
Ele me levou para perto, notei que se sentou na poltrona principal e me fez ir por cima dele, cavalgando, com uma perna de cada lado. Sentei no pau dele e ele entrou por completo. Ele beijava meus lábios e também chupava meus peitos, muito gostoso, enquanto suas mãos se enchiam com minhas nádegas. Foi nessas brincadeiras, enquanto eu saltava no pau dele, que Milton começou com suas palavras: sobre como eu podia ser uma puta, sobre poliamor, sobre ménages, e se eu fantasiava com alguma dupla penetração, ao mesmo tempo que seus dedos ensalivados tentavam se infiltrar sem problemas pelo meu ânus.
Eu só ria das palavras dele, porque já sabia como ele era, sem dar respostas a algo que eu imaginava excitante, mas foi notório que meus gemidos tinham... aumentado com suas palavras e com o jogo dos seus dedos, e eu também estava me masturbando com muita força, ele esquentou o clima para que a mágica acontecesse
Não vi nada chegando, não desconfiei da jogada, Milton me enrolou com palavras e quando umas mãos estranhas se agarraram na minha cintura e nas minhas nádegas, e quando uma pica gostosa entrou no meu cu, simplesmente não soube o que fazer, era loucura, era insano, eu era uma puta, mas que diabos, que delícia que foi a surpresa!Estava presa, Milton me comia e ao mesmo tempo um estranho me arrombava o cu, só conseguia gritar e sentia um prazer duplo impossível de descrever, maldito Milton, sempre com suas loucuras tão originais, mas que merda, se não aproveitasse naquela hora quando iria?
Estavam brincando comigo, não sabia quem era aquele cara e talvez preferisse não saber, só aproveitar o momento.
Em uma troca de posições, me sentaram no sofá, o estranho se perdeu entre minhas pernas, as abriu e começou a chupar minha buceta muito gostoso, uns lábios lindos e uma língua inquieta passeavam por toda a minha ppk molhada, mas não podia só com isso porque Milton do outro lado enfiava sua pica deliciosa na minha boca, adorava fazer sexo oral nele e de vez em quando ele só buscava minha boca com a dele, para me dar beijos lindos e intermináveis.
Ficamos um bom tempo, e o prazer ficava insustentável, sentia gosto de homem na minha boca e apostava nos meus pensamentos quem quebraria primeiro, o pau do meu amante na minha boca ou minha buceta nos lábios de um estranho.
E não aguentei mais, é que estava muito excitada e ele fazia muito gostoso, só parei de chupar, não dava, porque me contorci em um orgasmo enorme, como há tempo não tinha.
Milton fazia um monólogo no ambiente a três, me fez ficar de joelhos, ele de um lado e o estranho do outro, era hora de chupar, e assim comecei, muito gostoso, com muitas fantasias, saboreando um pau, outro, e aí viria uma nova surpresa.
Meu amante disse que tiraria a gravata que anulava minha visão, fiquei cheia de intriga, esperava conhecer o rosto do estranho que estava me fazendo amor, esperava qualquer um, menos quem era de verdade.
Sim, Joel. o mesmo, meu parceiro, caramba! meus olhos se abriram como nunca de tanta surpresa, senti meu coração paralisar, como se tivesse sido atravessado por uma barra de gelo, mas o sorriso nos lábios dele me deixou saber da cumplicidade, era óbvio que ele fazia parte de todo o jogo e nada era por acaso.
Ele me convidou a continuar chupando ele, e eu fiz isso, e também o Milton, amigo dele.
Depois de um tempo, me deitaram no sofá de novo, meu parceiro foi entre minhas pernas, mas dessa vez para me comer muito gostoso, enquanto o amigo dele me dava pela boca.
Fiquei assim numa posição inferior, e acho que eles se excitavam mutuamente pelo que viam na outra ponta.
Milton se afastou de repente a alguns centímetros do meu rosto, abri a boca o máximo que pude, e enquanto o Joel não parava de me comer, ele observou de perto como o outro espalhava toda a porra quente no meu rosto, nos meus lábios, na minha boca, foi muito gostoso, senti minhas bochechas e parte do meu peito salpicados pelo gozo dele e pouco depois o Joel tirou o pau da minha buceta e gozou na minha barriga baixa e no meu púbis, tudo foi simplesmente perfeito.
Já era tarde, o Joel pediu pizza por delivery enquanto o Milton arrumava umas cervejas no frio extremo da geladeira.
Jantamos os três juntos, eu ainda não tinha saído do meu espanto, ainda não acreditava no que tinha vivido, ainda sentia todos os meus cantinhos saciados de prazer.
O Joel tinha sido o cérebro, o que tinha planejado tudo, o estrategista, e aquela ligação estranha de um tempo atrás tinha sido só uma ligação de amigos, para confirmar que o plano estava seguindo conforme o traçado.
Como a história continuou, bem, o Joel não seria aquele amor eterno, e o fato de colocar um terceiro na relação só fez com que a gente se distanciasse definitivamente como casal sob o mesmo teto, mas não como amantes. O Milton tinha bebido o meu sabor, e uma vez embriagado, voltaria por mim, de novo e de novo.
Hoje sigo com minha vida de divorciada feliz, estou bem sozinha, durmo sozinha, continuo com meu emprego na galeria, me vestindo bem, me exibindo bem, só tentando ser a melhor. Todo meio-dia eu me refugio no 'MELHORES AMIGOS', onde me sinto em casa, como no primeiro dia, na ponta do balcão, onde costumam me surpreender com coisas gostosas. Diria que sou mulher dos dois, porque gosto dos dois e eles não veem problema em me compartilhar, é só sexo, às vezes fico com um, às vezes com outro, e quando os planetas se alinham, podemos curtir os três juntos, como os melhores amantes.
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título MELHORES AMIGOS para dulces.placeres@live.com
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