Consuegra

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos


CONSUEGRA


Esther siempre sería una buena mujer, compañera de vida, madre de mis hijos, esposa fiel.
No me daba motivos de quejas, no era de esas mujeres de malgastar dinero, di de esas despóticas que querían tener todo bajo control, me daba libertades que con los años de convivencia se habían tornado normales.
Excelente cocinera por cierto, todo lo hacía bien, dulces, salados, almuerzos, postres, meriendas.
También era muy buena costurera, cocía para afuera y se ganaba muy buenos pesos con eso, en una actividad que hoy en día prácticamente ha caído en el olvido.

Habían terminado sus días fértiles y con eso su apetito sexual, y al amor que nos teníamos era más grande que todo, pero era cierto que como hombre extrañaba esos días de placer compartido, pero para mi esposa todo era cuesta arriba.
Nuestro hijo mayor ya había formado su propia familia, y el del medio, en su soltería había decidido buscar su futuro en España, apenas nos quedaba en el nido la princesa, Sofía que ya andaba de noviecito en noviecito.
Esther tenía más de cincuenta, menos de sesenta, pero realmente parecía una mujer retirada de la vida, la imagen que me daba cuando estaba sentada en el patio bajo la parra de uvas, con abejas y moscas revoloteando los pequeños frutos maduros que caían por peso propio llegaba a sonarme deprimente.

Ella había perdido su cuerpito de doncella de la juventud, pesaba casi lo mismo que yo, cerca de noventa kilos y el exceso de peso le pasaba factura en sus castigadas articulaciones y a ella ya no le tocaba el ego ese abdomen prominente que cargaba naturalmente, sus largos cabellos morenos que tanto me seducían habían sido invadidos con interminables canas plateadas que no se molestaba en ocultar, usaba unos antiguos lentes de aumento con marcos de pasta, de otras épocas, y por si esto no bastara, también se mostraba descuidada a la hora de vestir, usando lo que primero tuviera a mano, y a veces se mostraba sobria, y a veces era un payaso de feria.
Y si su sexualidad parecía marchita, honestamente tampoco me seducía su apariencia, ya no me parecía sexi, ni atractiva, y nuestros días no pasaban de charlas en charlas.
Esther se había transformado en una abuela, cansina, paciente, estaba anticipadamente en otra etapa de la vida, y a pesar de que teníamos casi la misma edad, yo aun me sentía joven, y ella dejaba en mi un peligroso vació que otra mujer hubiera podido ocupar.

Sofía, nuestra pequeña, llegaba a los veinte, y el nombre de Matías empezó a hacerse normal en mis oídos, un chico con el que las cosas parecían ir en serio. En un par de meses conocería a ese muchacho y se dieron los días típicos de enamoramiento, el venía a nuestra casa, o ella iba a la de él, el joven me caía en gracia, estudiaba, trabajaba, era bien parecido y compartía conmigo la pasión por el básquet, así que se daban situaciones de charlas eternas al costado de un fogón, cervezas de por medio, situaciones que a veces molestaban un poco a mi hija, puesto que decía que Matías venía a visitarme a mi y no a ella.
Ese muchacho parecía ser el indicado, me gustaba la forma en que trataba a mi hija, era protector, de buen carácter y era un tanto risueño, y la mayoría de las a veces me sentía más de acuerdo con él que con ella, puesto que Matías era muy maduro y centrado en sus pensamientos, y mi hija se la pasaba saltando por las nubes, la luna y las estrellas

Y con el correr del tiempo, se dio naturalmente el acercamiento familiar, nos enteramos que Mati tenía un hermano mellizo y surgieron esas preguntas típicas y risueñas de si uno no se hacía pasar por otro, incluso molestaba a mi hija hasta su enojo con ese tema, y le decía socarronamente que estuviera segura con cual de los dos se acostaba, también supe que no tenía padre, había fallecido tiempo atrás, y su madre, jamás había tomado ninguna relación posterior como algo serio, ella ya había tenido a su amor, y su amor se había terminado.
Y dado que mi mujer, era excelente cocinera, surgió la idea de invitar a Carmen, ese era su nombre, a cenar en una noche de invierno.
Esther se había puesto un vestido multicolor a rallas verticales, y sin querer ser peyorativo o despectivo con ella parecía una carpa de circo, busqué la forma sutil de indicarle que buscara otra opción y entendiendo el punto fue por un vestido más tradicional en color negro.

Cuando sonó el timbre de casa, fue mi turno de abrir la puerta, sería mi primer contacto visual con mi consuegra, según palabras de mi futuro yerno tenía poco más de sesenta y dos años, pero nada me hacía suponer la sorpresa que me esperaba al otro lado.
Y es que Carmen era una mujer muy atractiva, tenía el cutis muy bien cuidado, con un maquillaje justo, con unos ojazos azules profundos como el mar, con sus cabellos a la nuca, con un rubio platinado tan cuidado como sexi. Vestía un trajecito de pollera a las rodillas y chaqueta en tono, en un verde musgo y una camisa abotonada en negro brillante, sentí un perfume embriagador y me detuve en los detalles que me gustaba observar, sus largas uñas pintadas, sus anillos, sus aros que hacían juego con la gargantilla que adornaba su cuello y todas esas cosas que me hicieron adivinar que, en sus días de juventud, Carmen había sido de esas mujeres que rajaban la tierra.

Cruzamos unas palabras y besos en las mejillas, y en su andar coqueto y cansino naufragó mi mirada, el contraste con mi mujer era llamativo y me odié en ese momento por mis despiadados pensamientos.
Nos sentamos a la mesa, comenzamos a platicar, a conocernos, a intercambiar palabras, los noviecitos estaban muy perdidos entre si, las consuegras entre ellas y yo, yo solo la observaba a la distancia.
Supe que, si bien estaba ya casi retirada, Carmen alguna vez se había ganado la vida cantando en bares nocturnos, tenía una voz muy bonita, le gustaba el blues, y hoy lo hacía cada tanto, como hobby.

Y de sobremesa, fue imposible que se resistiera a nuestros ruegos de escuchar su voz.
Recuerdo que se sentó a distancia, sobre un taburete descolado que tenemos, como si en verdad estuviera en algún club, e improvisó a capella un tema triste en ingles que alguna vez había escuchado en forma perdida en la radio
En mi mente me transporté imaginariamente a películas de antaño, en blanco y negro, con la chica más deseada del lugar entonando un viejo blues, con la atención de los casuales comensales que caían embriagados con los tonos de su voz.

No habría mucho mas esa noche, Matías se retiró con su madre, y con mi hija, puesto que la dejarían en su casa y ellos dos luego irían a un boliche.
En la soledad de la noche Esther y yo fuimos a la cama, bajo tres frazadas, recuerdo que hacía un frío desgarrador, cruzamos unas palabras, quería hablar con ella sobre nuestra consuegra, pero los prematuros ronquidos de mi mujer me dejaron saber que estaba solo como de costumbre, respiré profundo y dejé que el sueño me abrazara

Pasaron los días, alguna vez ella devolvió la gentileza y nos invitó a almorzar y las comparaciones entre ambas mujeres empezaron a hacerse tan odiosas como inevitables, es que mi consuegra representaba todo lo que alguna vez hubiera esperado de mi esposa, ella se mantenía femenina, apetecible, elegante, atractiva y para ella la edad era solo una rareza olvidada de almanaques, y no era una vieja ridícula que quería colgarse de la mieles del pasado, no, ella estaba ubicada en tiempo y forma, y en miradas, en palabras, en gestos, empezamos a contactarnos sutilmente, sin que el resto lo notara, ni Esther, ni Sofi, ni Mati.
Muchas veces, las charlas con mi yerno, o con mi hija, solo era medios para descubrir más de ella, historias de su pasado, como saber que después de su difunto esposo, Carmen había tenido algunos amoríos pasajeros, porque solo serían eso, amoríos pasajeros.
También sabía que yo le había caído en gracia, un tipo aun atractivo, interesante, el tipo de hombres que a ella le gustaban

Pero eran solo fantasías, porque por más peculiar e intrigante que me pareciera esa mujer, había de por medio muchas personas muy importantes para mi a las que no quería lastimar, así que con el tiempo, todo lo que me permitía era cada tanto hablar con ella por WhatsApp, siempre en forma respetuosa, y siempre era temas de los chicos, incluso mi mujer era parte de esos diálogos escritos

La ruptura imprevista del noviazgo nos tomó por sorpresa, el mundo de Mati y Sofi parecía ser perfecto y nada nos hacía suponer que de un día para otro todo terminaría. Mi hija no quiso dar muchos detalles de lo sucedido y se limitó a decirnos que no nos entrometiéramos en su vida, entendí que debía darle espacio, y me dolió por ella, me dolió por mi yerno, pero en el fondo, lo que mas me dolía era distanciarme de mi consuegra.

Pero Carmen me siguió escribiendo, solo que directamente a mi, ya no lo hizo con mi esposa y si bien la temática giraba en torno a nuestros hijos, era obvio que había algo más detrás de todo, porque a pesar de que la intención era volver a reunirlos, muchas veces nos encontrábamos hablando de temas que nada tenían que ver con Mati y con Sofi.
Alguna vez le sugerí que debíamos hablar algunas cosas en forma personal, y alguna vez ella me sugirió que muchas tardes ella estaba sola en su casa, y que se tornaban tardes largas, solitarias y aburridas.
Y una tarde solo se dio.

Me rio al recordar cuan nervioso estaba, es que yo no soy un mujeriego, ni un seductor, y en mi vida matrimonial junto a Esther jamás había imaginado que sucediera lo que estaba a punto de suceder, me sentía tonto en el engaño, con temor a que ella me descubriera, tartamudeaba, me transpiraban las manos y mi consuegra era una tentación tan irresistible como peligrosa.
Salí con demasiado tiempo de antelación, no quería dar una mala impresión llegando tarde, pasé por una panadería, meditando y dudando un poco fui por unas masa finas para, volví al coche y seguí hacia su casa.
Estacioné a un par de cuadras, por las dudas, para no ser evidente, miré la hora, era demasiado temprano y tampoco quería pasar por desesperado, así que dejé correr los minutos hasta un momento lógico

Caminé del coche a su casa, golpee la puerta y esperé su presencia, Carmen no tardó en abrir y nuevamente me cautivó con la belleza de sus facciones, con ese peinado perfecto y esos ojos cristalinos y puros, una sonrisa cómplice se marcó en sus labios y me invitó a pasar.
Seguí sus pasos y por instinto mi mirada pesada cayó sobre su trasero, que se movía como un postre recién elaborado, de lado a lado en el menear de sus caderas.
Dejé el presente sobre la mesa, cambiamos algunas palabras, recuerdo que me ofreció compartir un te, o café para degustar lo que había traído, pero por impulso la tomé por la fuerza y sin decir palabra, la traje a mi lado y la besé con pasión, y ante un primer atisbo de incomodidad, ella terminó cediendo en forma descontrolada, acorralándome contra la pared posterior, acariciando mi nuca y ensortijando mis cabellos.

Nos tropezamos con algunas sillas, parecíamos tontos adolescentes y entre idas y venidas la tome por las nalgas y la desparramé sobre la mesa de madera que crujió bajo su peso, ella esbozó una dulce protesta


ConsuegraEi! você tá solto! muito tigrão!!!!

Mas eu continuei beijando seu pescoço, enquanto a despia aos poucos, seus peitos pequenos ficaram expostos aos meus olhos e eu os devorei com paixão, lambi um e outro, passando a língua por seus mamilos famintos, enquanto ela respirava de forma pausada e contida, sem parar de acariciar meus cabelos. Me enchi de suas curvas e desci uma das minhas mãos lentamente, passando por sua barriga, cheguei aos elásticos da sua calcinha e de forma inconsciente ela pareceu abrir as pernas para facilitar meu caminho, então deslizei os dedos por seu púbis, passando por seu clitóris para enterrá-los em sua buracinha quente. Brincamos um tempo, com minha mão em sua buceta e meus lábios passeando por seus peitos, até que ela sugeriu irmos para o quarto.

Nossas roupas foram caindo pelo caminho, Carmen irradiava luz, calor, paixão, em uns amassos ela passou meu pau pelos seus peitos, por seus lábios e acabamos ficando invertidos, enquanto ela chupava meu pau eu comia sua buceta.
Era muito gostoso, quase não lembrava como era bom dar e receber prazer ao mesmo tempo, lambia seus lábios, o clitóris, a buceta e o bumbum, ela tinha uma bunda muito bonita e pernas muito sensuais, gostava de acariciá-las e dizer quando gostava
Do outro lado ela fazia seu trabalho, tinha me chupado completamente e me masturbava suavemente desde a base, sentia sua língua e seus lábios brincando com minha glande e ela fazia isso de um jeito muito gostoso, com a outra mão de vez em quando acariciava minhas bolas de uma forma muito sexy, e percebia na minha companheira da vez uma especialista em chupar pau.
E senti que se a deixasse continuar tudo terminaria cedo demais, e na minha idade, não haveria um segundo disparo.

Mudei de posição, só me acomodei entre suas pernas deixando meu pau fora de seu alcance, e comecei a comer sua buceta com meus lábios, a enchê-la de carícias, a tocar seus peitos, os mamilos, a enfiar meus dedos em sua buceta, em seu bumbum e tudo parecia ser permitido, ela gemeu e se contorcia com meu trabalho, eu gostei, me excitou, fazia tempo que não passava por algo tão bom. Depois de vários minutos, Carmen me pediu para parar, disse para não continuar, não tinha alcançado um orgasmo nem iria alcançar, mas tinha sido gostoso e ela tinha curtido, foi um tanto frustrante para mim, mas entendi que a idade era implacável, até para mim era difícil manter uma boa ereção. Ela me pediu para comê-la, queria me sentir dentro, desejava isso.

Levantei então suas pernas e fui com tudo, a secura da sua buceta me obrigou a ensalivar meu pau para tornar a penetração prazerosa, e quando consegui enfiar ela me presenteou com um suspiro delicioso, me mexí muito gostoso, adorei ver seu rosto de lado, com os olhos semicerrados, com sua boca sedenta e ouvir a música de seus gemidos contidos nos meus ouvidos, ela estava toda aberta para mim e se esfregava com força no clitóris enquanto eu a comia.

Em algum ponto, meu excesso de peso e falta de exercício começaram a me castigar e não consegui mais continuar, estava exausto e envergonhado, mas ela me fez saber que assim como eu, podia compreender.

Então mudamos, me deitei e ela veio por cima de mim, para cavalgar, éramos um urso e uma gazela e Carmen me presenteou com uns movimentos de quadril espetaculares, controlando a penetração ao seu bel-prazer, com seus braços tensos apoiados no meu peito largo e peludo, ela me dizia que estava muito gostoso, que gostava, que adorava.

Percebia nela, de vez em quando, aqueles espasmos que saem de uma mulher lá do fundo, das suas entranhas, aqueles orgasmos tão femininos, tão indescritíveis, tão lindos e me fazia bem, me fazia feliz.

Nos dedicamos a rolar, a brincar, a mudar de posições, a trocar de papéis ativos e passivos, para atacar e descansar, para entender nossos tempos.

Pedi que ela me dissesse onde queria receber meus fluidos, 'nos meus peitos' disse sem hesitar e, na hora, minha porra se desenhou em seus peitos fartos, branqueando seus mamilos, brincando. com meu pau duro e quente por cima daqueles peitinhos deliciosos, enquanto ela olhava excitada e se animava a esticar a língua para provar meu gosto.

Havíamos terminado, ríamos cúmplices e com paciência nos limpamos e trocamos de roupa, depois fomos para a sala e retomamos aquele lanche que tinha ficado pausado.
Foi estranho, porque não falamos sobre o que havíamos feito, partimos para assuntos da vida, do filho dela, da minha filha e quando o sol se punha nos despedimos com um até logo.
Ao chegar em casa, Esther estava sentada na poltrona da sala, esparramada, concentrada na televisão, assistindo uma daquelas novelinhas bobas da moda, só recebi uma reclamação da parte dela porque eu estava fazendo muito barulho e não a deixava escutar. Olhei para ela com desprezo e raiva, mas em silêncio, isso era o que eu ganhava da parte dela, às vezes se sentir ignorado é o pior dos castigos.

Fui para o quarto, passando pelo banheiro, a luz acesa e o barulho da água do chuveiro me deixou saber que Sofia estava em casa e pela primeira vez, e mesmo que soe mesquinho da minha parte, fiquei feliz que ela tivesse terminado com Matías, sem querer agora eu era amante da minha sogra e só assumi que assim as coisas estavam melhores.
Seguimos em frente, minha relação com minha mulher não mudaria absolutamente nada, nem mesmo me incomodava na consciência ser infiel a ela e Carmen se transformou na minha amante secreta.
Fizemos loucuras, parecíamos adolescentes e realmente ela me fazia bem, tudo ia bem.

Há alguns meses o diabo enfiou o pé, foi grande minha surpresa quando descobri que Matías e Sofia haviam se reconciliado, com a mesma facilidade com que se distanciaram, sem imaginar que tudo parecia ter voltado no tempo, e aquela relação que tanto Carmen quanto eu havíamos dado como terminada tinha voltado à vida.
De repente tivemos que pausar nossos encontros, colocar panos frios na relação, porque de repente éramos família de novo e eu estava comendo a minha sogra.

Estou nervoso, minhas mãos estão suadas e sinto minha boca seca, Pastosa, me sinto desajeitada e balbuciando como uma boba, até a Esther percebeu e já me falou. Em algumas horas teremos um jantar de família, de reconciliação, foi uma ideia boba da minha filha e do meu genro nos convidar para jantar num prestigioso bodegão da cidade, não acredito que vou dividir a mesa com eles, com minha esposa e com minha sogra, que por acaso foi minha amante.
Feicho os olhos, imagino a cena, cruzo os dedos, tudo vai dar certo, com certeza vai dar certo


Se você gostou da história pode me escrever com o título CONSUEGRA para dulces.placeres@live.com

2 comentários - Consuegra

Luktz89 +1
Pero dejate d joder y seguí entrando lento a la consuegra q lo necesitan 🔥