Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
TANGAS NEGRAS
No interesa quien escribe esta historia, es solo una historia…
María José hoy ve las cosas con otra perspectiva, aunque sea una joven de poco más de veinte, aun lleva a flor de piel la locura, la adrenalina y la vergüenza de haber pertenecido al ‘club de las chicas de tangas negras’.
Ella apenas tenía catorce años, llegando a los quince, vivía en la opulencia de una clase alta, colmada de dinero, rodeándose de chicas de su mismo nivel, era todo lo que su círculo de vida le permitía saber. No tenía de que preocuparse, los sirvientes de la casa lo hacían todo por ella, personas mayores que la trataban ‘como la señorita de la casa’ y a los que no se les permitía que la tutearan, por el contrario, ella en su mala crianza era quien solía burlarse de la humildad de las personas de su entorno.
Y en ese entorno de vida, donde todo sobraba, donde todo lo tenía con pedirlo, donde no sabía lo que era sufrir, padecer, o simplemente no tener algo, su vida comenzó a ser monótona y predecible, porque sin saberlo, por tenerlo todo, no tenía nada, su alma estaba vacía.
Sus padres costeaban un carísimo colegio inglés, top de top, donde convivía con niñas de su misma clase social, donde enseñaban buenas costumbres, varios idiomas, doble turno, donde la monotonía de sus uniformes de pollera y camisas color té con leche, con esas camperas coloradas solo la hacía una más entre muchas, nada especial, una entre tantas.
Había un denominador común en ese colegio, chicas, adolescentes hastiadas de la opulencia, hastiadas de ser encuadradas en un mundo perfecto, hastiadas de ser niñas modelos, robotizadas, estructuradas.
María José sabía de la rebelión, sabía que había chicas, compañeras que estaban en algo raro, no sabía bien de que se trataba, solo se comentaba por lo bajo que había una especie de club secreto, como una secta en la cual era muy difícil entrar, ser parte. Era un secreto a voces, cosas que se decían en voz baja en los recreos, cosas de niñas que querían cambiar su vida.
Si una virtud tenía la protagonista de esta historia era su persistencia, su obstinación, su terquedad cuando algo se le ponía entre ceja y ceja.
Así se movió con sigila como un experto detective hasta que al fin logró contactarse con una de las chicas que pertenecía a ese grupo secreto, al fin estableció una amistad que le permitió tener certeza de ese algo desconocido para ella.
Fue entonces cuando lo escuchó por primera vez de los labios de su nueva amiga, casi un susurro, EL CLUB DE LAS CHICAS DE TANGAS NEGRAS
Su ingreso no fue fácil, tuvo que pasar algunas pruebas, como ritos para ser digna de ingresar, algún aplazo en un examen, un desplante ante un profesor, amonestaciones por rebelde, y solo cuando fue digna, fue aceptada.
Sandra, la amiga que le daba las instrucciones para ingresar, la llevó al baño del colegio, levantó su pollera y le enseño la colaless negra que usaba, le dijo que debía conseguirse una pequeña parecida, también hizo mención a las iniciales de su nombre, deberían estar bordadas con hilo rosa tal cual ella la tenía, y que debería llevarla sin usar para la noche de su ingreso, solo eso.
María José fue personalmente a algunas casas de lencería y compró varios modelos, ella se excitó con todo eso, con esa previa, más por la intriga, por la emoción de pertenecer que por lo que era en sí, porque en eso momento no tenía idea de que se trataba, solo le sonaba muy sexi, muy loco, muy transgresor. Ella misma se encargó de bordar en el frente MJSA, María José Sanchez Avellaneda.
Cuando esa tarde se la mostró a Sandra y esta le dijo que tendría su noche de iniciación y la interiorizó de detalles, como el lugar, y la hora, María José no cabía en su cuerpo de la emoción que tenía.
Ese sábado por la tarde estaba llena de dudas, de preguntas, fue caminando rapidito a la casa de Andrea, una chica de los cursos superiores, que la veía como muy bonita, ya con un envidiable cuerpo de mujer. Andrea la recibió, un tanto parca y fría y le dijo
- Vos sos la nueva… trajiste lo que tenías que traer?
María José asintió tímidamente con la cabeza, entonces fueron a la planta alta, a un altillo donde se enteraría que era el lugar de reuniones del club de las chicas de tangas negras. Ese lugar se le haría familiar, entendería en poco tiempo que Andrea era la mente de todo, quien lo había creado, la que daba las directivas, tenía un par de chicas que la secundaban, pero Andrea era la dueña de un mundo de locuras.
Rebelde por naturaleza, como una yegua indomable, lejos de la vigilia de sus padres, había tomado ese lugar de la casa como un bunker.
La joven niña se sintió excitada y asustada al mismo tiempo, pero hizo fuerzas, le había costado mucho ‘ser parte’ y no renunciaría por una simple incertidumbre.
Fue Andrea quien tomó la palabra, y le dio la bienvenida, le narró de qué se trataba el club secreto, tuvo que hacer unos juramentos de lealtad, silencio y fidelidad, y al fin se acomodó a un costado, a media sombra, tratando de pasar desapercibida.
Ese primer día ella solo pretendía escuchar sin imaginar que se convertiría en centro de atención, se entregó al rito de iniciación cuando Andrea le ordenó que se desnudara desde la cintura hacia abajo, sintió una terrible vergüenza, ella tenía demasiados complejos con sus piernas flacas como alambre, y más cuando la mayoría de las niñas ya empezaban a tener cuerpecitos de mujer, ella ni pechos tenía aun. Hizo caso, la hicieron recostar, la abrieron de piernas, sintió mucho temor, pensó que sería penetrada, pero solamente aplicaron agua y crema sobre su sexo para depilarla por completo. Luego le indicaron que se colocara la tanga negra con sus iniciales, y le explicaron que era obligación de los miembros del club vivir depiladas y usas esas tangas durante todo el día. Ella aceptó con gusto, al fin estaba dentro…
En el siguiente mes, María José asistió a cada reunión, siempre depilada y con su prenda íntima que la identificaba como parte del grupo, pronto descubrió que el club de las chicas de tangas negras era un secreto club sexual, sus compañeras debatían todo tema que estuviera relacionado con el sexo, miraban alguna película pornográfica, otras veces leían algún texto, o simplemente contaban anécdotas, luego se armaban debates que se hacían interminables.
Decían prepararse para un futuro, como ser las mejores putas con un hombre, trataban de entender que era lo que les gustaba a un hombre, las mayores, quienes ya habían chupado alguna pija, contaban la experiencia, María José solía quedarse son los ojos exorbitados, con la boca entre abierta solo imaginando la situación, tratando de saborear en su mente el sabor de un semen que desconocía.
Solían hacer juegos, las mayores enseñaban a las menores, estuvieron los días de besos, para aprender a besar, para María José sería la primera vez que alguien la besaría en la boca y no le molestó que fuera otra chica, ella estaba aprendiendo e imaginaba que era un chico y eso la excitó terriblemente, se sintió humedecerse, sintió otra lengua jugando con su lengua, probo otros labios y otros, y otros más hasta hastiarse.
Hablaban de penes, de tamaños, de amores, de frustraciones, de la primera vez, de menstruaciones y de hormonas.
Algunos días charlaban de cómo masturbarse, como tocarse, porque aunque pareciera ridículo muchas no se animaban a explorarse y María José aprendió mucho de esa situación.
Pero no todas fueron rosas en el camino de nuestra joven amiga, ella estaba muy feliz por el solo hecho de pertenecer, pero tomaba algunas cosas un poco a la ligera, sin darle importancia, jamás se había vuelto a rasurar desde esa primera vez y solo usaba la colaless negra para las reuniones, se le hacía un tanto molesta y había regresado a los tradicionales culotes que tan bien le calzaban.
Una tarde estando en el colegio en pleno recreo, fue al baño a orinar, cuando salió se encontró con cuatro de las chicas del club, notó que la estaban esperando y no solo era casualidad, la tomaron por la fuerza y en instantes levantaron su pollera para comprobar que ella no era fiel a lo jurado.
Fue suspendida por dos meses, con la advertencia que ante un nuevo fallo sería expulsada del club, María José imploró y hasta lloró pidiendo perdón, pero no tuvo suerte.
Aprendió la lección, nunca más tendría vellos en su vagina, nunca más usaría esos culotes que tanto adoraba…
Al regresar al club, encontró cosas nuevas, una de las chicas mayores había ido a un sex shop y había comprado unos penes de plástico, en varias formas y varios tamaños, sin dudas era lo más cercano que tenía a un hombre verdadero y empezaron con una nueva experiencia, aprender a lamerlos, aprender a comerlos.
Pasados los quince, María José se excitaba demasiado, le encantaba volar con su imaginación en locas historias platónicas, esos penes de fantasías la calentaban como a pocas, se hizo una experta en chuparlos, en practicar gargantas profundas e incluso fue ejemplo de sus amigas. Nunca se animó a meterse uno en su vagina frente a las chicas del club, como otras si lo hicieron, pero no dudó en llevarse algunos a su domicilio y para poder disfrutarlos entre sus piernas, para lograr los orgasmos más bonitos que pudiera imaginar.
Sin dudas el club de las chicas de las tangas negras había cambiado su vida, vivía pendiente de esas reuniones y se sentía cada día más confiada en sí misma, sabiendo cuan puta se estaba volviendo, cuan adicta al sexo, solo necesitaba un chico y se angustiaba por ello, no se sentía bonita ni mucho menos, en verdad no lo era y se resignaba a la autosatisfacción
O clube entrou em crise. Andrea tinha crescido, tinha um parceiro, um cara com quem estava namorando. De repente, tudo que ela havia criado se virou contra ela. Agora, aquilo tudo parecia uma brincadeira idiota de garotas taradas. Ela parecia ter vergonha de toda aquela estupidez, e começaram as discussões com o resto das meninas. Maria José estava desanimada, não conseguia entender na sua cabecinha louca o que estava acontecendo, não conseguia entender como Andrea tinha mudado tanto, e dia após dia presenciava os confrontos constantes com Jorgelina, que de certa forma era a segunda no comando.
Tudo terminou da pior maneira possível: as duas garotas se pegando na porrada. Andrea expulsou ela de casa, junto com todas as piranhas estúpidas que formavam aquele clube de merda, segundo as próprias palavras dela.
Jorgelina se tornou a nova líder natural do clube, e pegou o bastão que a fundadora tinha deixado. Um apartamento, dentre tantos que os pais dela tinham, virou o novo ponto de encontro.
Sem perceber, aos poucos a herdeira do comando deu uma nova cara ao clube. Jorgelina era uma garota sádica, ditatorial, que curtia a dor e o castigo físico. Rapidamente arrumou um par de capangas pra manter tudo sob controle. Maria José começou a ter jogos lésbicos de verdade com as outras garotas, foi obrigada a inserir objetos na frente de todas, e levou palmadas quando se recusou a fazer algumas coisas.
A situação dela, como a de muitas garotas, ficou complicada. Não podia falar, só tinha que obedecer, e o terror que Jorgelina infundia era como uma sombra que a perseguia pra onde quer que fosse. O clube das garotas de calcinha preta, aquele lugar pelo qual ela tinha lutado tanto pra pertencer, tinha se tornado o pior dos seus pesadelos...
Jorgelina se alimentava do próprio veneno, se apaixonou pelo poder. Uma garota que se assumia lésbica, que preparava as outras pra serem como ela. Maria José foi obrigada mais de uma vez a lamber a buceta dela, só pra dar prazer, o triste é que María José parecia ser uma das poucas que se atrevia a desafiá-la e uma das que mais era castigada por causa disso.
Jorgelina sabia que María José era quase a única que ousava discutir suas ordens, por isso ninguém se surpreendeu quando ela a escolheu como cobaia para sua nova loucura.
Em uma das reuniões, ela trouxe uma caixa de madeira, abriu e dentro havia sete consolos ordenados do menor ao maior, que iam engrossando até chegar a um de dimensões assustadoras. Então ela deu para María José e disse que ela seria a primeira a enfiá-los no cu, um por dia, do menor ao maior, não importava como, não importava a dor, só precisava esticar pacientemente o esfíncter, dia após dia, começando pelo menor. Na próxima reunião, ela deveria mostrar o cu deformado e ensinar às outras, como uma boa puta, como engolia inteiro o maior.
Sandra, aquela amiga que a fez entrar no clube e que também parecia prisioneira da situação, sugeriu que ela não fizesse aquilo, que já era demais, mas María José, com sua teimosia, não admitia dar o braço a torcer e se render.
Essa foi a pior semana da vida dela. Cada dia, ao chegar da escola, ela se trancava no quarto, com um pouco de lubrificante, tirava o primeiro brinquedo e colocava na bunda. No começo foi fácil, mas com o passar dos dias, o trabalho foi ficando mais complicado.
Faustino Sanchez Avellaneda era um médico de prestígio na cidade. Há tempos ele vinha observando comportamentos estranhos na filha. Ela estava mudada, e para pior, sempre contrariada, sempre de mau humor, cada vez mais fechada no seu mundo, mais introvertida. Ele até notou algumas marcas de dano físico que achou que ela mesma provocava. Ela sempre foi uma excelente aluna, mas ultimamente as notas não iam bem, passava raspando e tinha recebido reclamações da escola. A esposa dele dizia que eram Coisas da idade, mas pro Faustino era mais que chilique de adolescente.
E a última semana tinha sido pior que o normal, ela passando tempo demais no quarto, ele dava toda a liberdade e nunca entrava no quarto dela, mas a história já tava indo longe demais.
Quando o doutor, decidido, invadiu o quarto da filha, nunca imaginou que ia se deparar com o que viu: a filha querida de cócoras, metendo e tirando um consolão gigante do cu. Maria José tava tão concentrada que nem percebeu a presença do pai, e ela nunca soube se foram segundos, minutos, horas, dias ou anos que ele ficou olhando, só sabia que um segundo já bastava pra querer morrer…
A situação saiu do controle, aquela casa virou uma guerra e os empregados só ouviam sem saber o que fazer. Maria José chorou que nem menininha pela situação mais vergonhosa que teve que enfrentar…
Tudo veio à tona, não foi na hora, mas o clube das garotas de calcinha preta saiu do ostracismo. Jorgelina, Sandra, Andrea e todas as meninas foram caindo uma a uma. O auê no colégio entre pais e autoridades foi infernal: acusações, responsabilidades, cada um tentando puxar a brasa pra sua sardinha, a podridão de uma sociedade aristocrática perfeita veio à superfície.
A situação tomou uma proporção tão grande que a imprensa sensacionalista da cidade logo pegou o caso e virou manchete de primeira página. Quase ninguém queria dar a cara, e quem falava era só pra jogar gasolina na fogueira.
Pouco tempo depois, tudo ficou na lembrança, a notícia logo foi encoberta por outras novas e a história virou mais uma anedota fofoqueira entre tantas.
Mas pra Maria José, seria uma marca pra vida toda: ir do céu ao inferno, ter pertencido a O CLUBE DAS GAROTAS DE CALCINHA PRETA.
Se você é maior de idade e quer me mandar comentários sobre esse conto, pode escrever com o título ‘CALCINHA PRETA’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
TANGAS NEGRAS
No interesa quien escribe esta historia, es solo una historia…
María José hoy ve las cosas con otra perspectiva, aunque sea una joven de poco más de veinte, aun lleva a flor de piel la locura, la adrenalina y la vergüenza de haber pertenecido al ‘club de las chicas de tangas negras’.
Ella apenas tenía catorce años, llegando a los quince, vivía en la opulencia de una clase alta, colmada de dinero, rodeándose de chicas de su mismo nivel, era todo lo que su círculo de vida le permitía saber. No tenía de que preocuparse, los sirvientes de la casa lo hacían todo por ella, personas mayores que la trataban ‘como la señorita de la casa’ y a los que no se les permitía que la tutearan, por el contrario, ella en su mala crianza era quien solía burlarse de la humildad de las personas de su entorno.
Y en ese entorno de vida, donde todo sobraba, donde todo lo tenía con pedirlo, donde no sabía lo que era sufrir, padecer, o simplemente no tener algo, su vida comenzó a ser monótona y predecible, porque sin saberlo, por tenerlo todo, no tenía nada, su alma estaba vacía.
Sus padres costeaban un carísimo colegio inglés, top de top, donde convivía con niñas de su misma clase social, donde enseñaban buenas costumbres, varios idiomas, doble turno, donde la monotonía de sus uniformes de pollera y camisas color té con leche, con esas camperas coloradas solo la hacía una más entre muchas, nada especial, una entre tantas.
Había un denominador común en ese colegio, chicas, adolescentes hastiadas de la opulencia, hastiadas de ser encuadradas en un mundo perfecto, hastiadas de ser niñas modelos, robotizadas, estructuradas.
María José sabía de la rebelión, sabía que había chicas, compañeras que estaban en algo raro, no sabía bien de que se trataba, solo se comentaba por lo bajo que había una especie de club secreto, como una secta en la cual era muy difícil entrar, ser parte. Era un secreto a voces, cosas que se decían en voz baja en los recreos, cosas de niñas que querían cambiar su vida.
Si una virtud tenía la protagonista de esta historia era su persistencia, su obstinación, su terquedad cuando algo se le ponía entre ceja y ceja.
Así se movió con sigila como un experto detective hasta que al fin logró contactarse con una de las chicas que pertenecía a ese grupo secreto, al fin estableció una amistad que le permitió tener certeza de ese algo desconocido para ella.
Fue entonces cuando lo escuchó por primera vez de los labios de su nueva amiga, casi un susurro, EL CLUB DE LAS CHICAS DE TANGAS NEGRAS
Su ingreso no fue fácil, tuvo que pasar algunas pruebas, como ritos para ser digna de ingresar, algún aplazo en un examen, un desplante ante un profesor, amonestaciones por rebelde, y solo cuando fue digna, fue aceptada.
Sandra, la amiga que le daba las instrucciones para ingresar, la llevó al baño del colegio, levantó su pollera y le enseño la colaless negra que usaba, le dijo que debía conseguirse una pequeña parecida, también hizo mención a las iniciales de su nombre, deberían estar bordadas con hilo rosa tal cual ella la tenía, y que debería llevarla sin usar para la noche de su ingreso, solo eso.
María José fue personalmente a algunas casas de lencería y compró varios modelos, ella se excitó con todo eso, con esa previa, más por la intriga, por la emoción de pertenecer que por lo que era en sí, porque en eso momento no tenía idea de que se trataba, solo le sonaba muy sexi, muy loco, muy transgresor. Ella misma se encargó de bordar en el frente MJSA, María José Sanchez Avellaneda.
Cuando esa tarde se la mostró a Sandra y esta le dijo que tendría su noche de iniciación y la interiorizó de detalles, como el lugar, y la hora, María José no cabía en su cuerpo de la emoción que tenía.
Ese sábado por la tarde estaba llena de dudas, de preguntas, fue caminando rapidito a la casa de Andrea, una chica de los cursos superiores, que la veía como muy bonita, ya con un envidiable cuerpo de mujer. Andrea la recibió, un tanto parca y fría y le dijo
- Vos sos la nueva… trajiste lo que tenías que traer?
María José asintió tímidamente con la cabeza, entonces fueron a la planta alta, a un altillo donde se enteraría que era el lugar de reuniones del club de las chicas de tangas negras. Ese lugar se le haría familiar, entendería en poco tiempo que Andrea era la mente de todo, quien lo había creado, la que daba las directivas, tenía un par de chicas que la secundaban, pero Andrea era la dueña de un mundo de locuras.
Rebelde por naturaleza, como una yegua indomable, lejos de la vigilia de sus padres, había tomado ese lugar de la casa como un bunker.
La joven niña se sintió excitada y asustada al mismo tiempo, pero hizo fuerzas, le había costado mucho ‘ser parte’ y no renunciaría por una simple incertidumbre.
Fue Andrea quien tomó la palabra, y le dio la bienvenida, le narró de qué se trataba el club secreto, tuvo que hacer unos juramentos de lealtad, silencio y fidelidad, y al fin se acomodó a un costado, a media sombra, tratando de pasar desapercibida.
Ese primer día ella solo pretendía escuchar sin imaginar que se convertiría en centro de atención, se entregó al rito de iniciación cuando Andrea le ordenó que se desnudara desde la cintura hacia abajo, sintió una terrible vergüenza, ella tenía demasiados complejos con sus piernas flacas como alambre, y más cuando la mayoría de las niñas ya empezaban a tener cuerpecitos de mujer, ella ni pechos tenía aun. Hizo caso, la hicieron recostar, la abrieron de piernas, sintió mucho temor, pensó que sería penetrada, pero solamente aplicaron agua y crema sobre su sexo para depilarla por completo. Luego le indicaron que se colocara la tanga negra con sus iniciales, y le explicaron que era obligación de los miembros del club vivir depiladas y usas esas tangas durante todo el día. Ella aceptó con gusto, al fin estaba dentro…
En el siguiente mes, María José asistió a cada reunión, siempre depilada y con su prenda íntima que la identificaba como parte del grupo, pronto descubrió que el club de las chicas de tangas negras era un secreto club sexual, sus compañeras debatían todo tema que estuviera relacionado con el sexo, miraban alguna película pornográfica, otras veces leían algún texto, o simplemente contaban anécdotas, luego se armaban debates que se hacían interminables.
Decían prepararse para un futuro, como ser las mejores putas con un hombre, trataban de entender que era lo que les gustaba a un hombre, las mayores, quienes ya habían chupado alguna pija, contaban la experiencia, María José solía quedarse son los ojos exorbitados, con la boca entre abierta solo imaginando la situación, tratando de saborear en su mente el sabor de un semen que desconocía.
Solían hacer juegos, las mayores enseñaban a las menores, estuvieron los días de besos, para aprender a besar, para María José sería la primera vez que alguien la besaría en la boca y no le molestó que fuera otra chica, ella estaba aprendiendo e imaginaba que era un chico y eso la excitó terriblemente, se sintió humedecerse, sintió otra lengua jugando con su lengua, probo otros labios y otros, y otros más hasta hastiarse.
Hablaban de penes, de tamaños, de amores, de frustraciones, de la primera vez, de menstruaciones y de hormonas.
Algunos días charlaban de cómo masturbarse, como tocarse, porque aunque pareciera ridículo muchas no se animaban a explorarse y María José aprendió mucho de esa situación.
Pero no todas fueron rosas en el camino de nuestra joven amiga, ella estaba muy feliz por el solo hecho de pertenecer, pero tomaba algunas cosas un poco a la ligera, sin darle importancia, jamás se había vuelto a rasurar desde esa primera vez y solo usaba la colaless negra para las reuniones, se le hacía un tanto molesta y había regresado a los tradicionales culotes que tan bien le calzaban.
Una tarde estando en el colegio en pleno recreo, fue al baño a orinar, cuando salió se encontró con cuatro de las chicas del club, notó que la estaban esperando y no solo era casualidad, la tomaron por la fuerza y en instantes levantaron su pollera para comprobar que ella no era fiel a lo jurado.
Fue suspendida por dos meses, con la advertencia que ante un nuevo fallo sería expulsada del club, María José imploró y hasta lloró pidiendo perdón, pero no tuvo suerte.
Aprendió la lección, nunca más tendría vellos en su vagina, nunca más usaría esos culotes que tanto adoraba…
Al regresar al club, encontró cosas nuevas, una de las chicas mayores había ido a un sex shop y había comprado unos penes de plástico, en varias formas y varios tamaños, sin dudas era lo más cercano que tenía a un hombre verdadero y empezaron con una nueva experiencia, aprender a lamerlos, aprender a comerlos.
Pasados los quince, María José se excitaba demasiado, le encantaba volar con su imaginación en locas historias platónicas, esos penes de fantasías la calentaban como a pocas, se hizo una experta en chuparlos, en practicar gargantas profundas e incluso fue ejemplo de sus amigas. Nunca se animó a meterse uno en su vagina frente a las chicas del club, como otras si lo hicieron, pero no dudó en llevarse algunos a su domicilio y para poder disfrutarlos entre sus piernas, para lograr los orgasmos más bonitos que pudiera imaginar.
Sin dudas el club de las chicas de las tangas negras había cambiado su vida, vivía pendiente de esas reuniones y se sentía cada día más confiada en sí misma, sabiendo cuan puta se estaba volviendo, cuan adicta al sexo, solo necesitaba un chico y se angustiaba por ello, no se sentía bonita ni mucho menos, en verdad no lo era y se resignaba a la autosatisfacción
O clube entrou em crise. Andrea tinha crescido, tinha um parceiro, um cara com quem estava namorando. De repente, tudo que ela havia criado se virou contra ela. Agora, aquilo tudo parecia uma brincadeira idiota de garotas taradas. Ela parecia ter vergonha de toda aquela estupidez, e começaram as discussões com o resto das meninas. Maria José estava desanimada, não conseguia entender na sua cabecinha louca o que estava acontecendo, não conseguia entender como Andrea tinha mudado tanto, e dia após dia presenciava os confrontos constantes com Jorgelina, que de certa forma era a segunda no comando.Tudo terminou da pior maneira possível: as duas garotas se pegando na porrada. Andrea expulsou ela de casa, junto com todas as piranhas estúpidas que formavam aquele clube de merda, segundo as próprias palavras dela.
Jorgelina se tornou a nova líder natural do clube, e pegou o bastão que a fundadora tinha deixado. Um apartamento, dentre tantos que os pais dela tinham, virou o novo ponto de encontro.
Sem perceber, aos poucos a herdeira do comando deu uma nova cara ao clube. Jorgelina era uma garota sádica, ditatorial, que curtia a dor e o castigo físico. Rapidamente arrumou um par de capangas pra manter tudo sob controle. Maria José começou a ter jogos lésbicos de verdade com as outras garotas, foi obrigada a inserir objetos na frente de todas, e levou palmadas quando se recusou a fazer algumas coisas.
A situação dela, como a de muitas garotas, ficou complicada. Não podia falar, só tinha que obedecer, e o terror que Jorgelina infundia era como uma sombra que a perseguia pra onde quer que fosse. O clube das garotas de calcinha preta, aquele lugar pelo qual ela tinha lutado tanto pra pertencer, tinha se tornado o pior dos seus pesadelos...
Jorgelina se alimentava do próprio veneno, se apaixonou pelo poder. Uma garota que se assumia lésbica, que preparava as outras pra serem como ela. Maria José foi obrigada mais de uma vez a lamber a buceta dela, só pra dar prazer, o triste é que María José parecia ser uma das poucas que se atrevia a desafiá-la e uma das que mais era castigada por causa disso.
Jorgelina sabia que María José era quase a única que ousava discutir suas ordens, por isso ninguém se surpreendeu quando ela a escolheu como cobaia para sua nova loucura.
Em uma das reuniões, ela trouxe uma caixa de madeira, abriu e dentro havia sete consolos ordenados do menor ao maior, que iam engrossando até chegar a um de dimensões assustadoras. Então ela deu para María José e disse que ela seria a primeira a enfiá-los no cu, um por dia, do menor ao maior, não importava como, não importava a dor, só precisava esticar pacientemente o esfíncter, dia após dia, começando pelo menor. Na próxima reunião, ela deveria mostrar o cu deformado e ensinar às outras, como uma boa puta, como engolia inteiro o maior.
Sandra, aquela amiga que a fez entrar no clube e que também parecia prisioneira da situação, sugeriu que ela não fizesse aquilo, que já era demais, mas María José, com sua teimosia, não admitia dar o braço a torcer e se render.
Essa foi a pior semana da vida dela. Cada dia, ao chegar da escola, ela se trancava no quarto, com um pouco de lubrificante, tirava o primeiro brinquedo e colocava na bunda. No começo foi fácil, mas com o passar dos dias, o trabalho foi ficando mais complicado.
Faustino Sanchez Avellaneda era um médico de prestígio na cidade. Há tempos ele vinha observando comportamentos estranhos na filha. Ela estava mudada, e para pior, sempre contrariada, sempre de mau humor, cada vez mais fechada no seu mundo, mais introvertida. Ele até notou algumas marcas de dano físico que achou que ela mesma provocava. Ela sempre foi uma excelente aluna, mas ultimamente as notas não iam bem, passava raspando e tinha recebido reclamações da escola. A esposa dele dizia que eram Coisas da idade, mas pro Faustino era mais que chilique de adolescente.
E a última semana tinha sido pior que o normal, ela passando tempo demais no quarto, ele dava toda a liberdade e nunca entrava no quarto dela, mas a história já tava indo longe demais.
Quando o doutor, decidido, invadiu o quarto da filha, nunca imaginou que ia se deparar com o que viu: a filha querida de cócoras, metendo e tirando um consolão gigante do cu. Maria José tava tão concentrada que nem percebeu a presença do pai, e ela nunca soube se foram segundos, minutos, horas, dias ou anos que ele ficou olhando, só sabia que um segundo já bastava pra querer morrer…
A situação saiu do controle, aquela casa virou uma guerra e os empregados só ouviam sem saber o que fazer. Maria José chorou que nem menininha pela situação mais vergonhosa que teve que enfrentar…
Tudo veio à tona, não foi na hora, mas o clube das garotas de calcinha preta saiu do ostracismo. Jorgelina, Sandra, Andrea e todas as meninas foram caindo uma a uma. O auê no colégio entre pais e autoridades foi infernal: acusações, responsabilidades, cada um tentando puxar a brasa pra sua sardinha, a podridão de uma sociedade aristocrática perfeita veio à superfície.
A situação tomou uma proporção tão grande que a imprensa sensacionalista da cidade logo pegou o caso e virou manchete de primeira página. Quase ninguém queria dar a cara, e quem falava era só pra jogar gasolina na fogueira.
Pouco tempo depois, tudo ficou na lembrança, a notícia logo foi encoberta por outras novas e a história virou mais uma anedota fofoqueira entre tantas.
Mas pra Maria José, seria uma marca pra vida toda: ir do céu ao inferno, ter pertencido a O CLUBE DAS GAROTAS DE CALCINHA PRETA.
Se você é maior de idade e quer me mandar comentários sobre esse conto, pode escrever com o título ‘CALCINHA PRETA’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
0 comentários - Calcinhas Pretas (repostado)