Lionel, um amor gostoso

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LIONEL, UN AMOR ESPECIAL


Absurdamente, muchos hombres hacen una relación directa entre lo que tienen entre las piernas y el amor incondicional de una mujer
Para algunos, tener una verga enorme es sinónimo de seguridad, piensan cosas como 'con esta verga me las cojo a todas, y todas mueren por mi', y ese, justamente era el pensamiento de mi ex esposo.
Ulises era un buen hombre, es cierto, trabajador, compañero, protector, algunas de las cualidades por las cuales me había enamorado de él, poniendo siempre lo bueno en relieve, tratando de ocultar o ignorar sus puntos flacos.
Tenía una pija enorme, más allá de la media, gorda y cabezona, él lo sabía, yo lo sabía, y nuestro entorno de amistades lo sabía.

El fanfarroneaba mucho con eso, al punto de hacerme quedar en ridículo muchas veces con sus comentarios que intentaban ser graciosos, pero para mí resultaban más que molestos. No era lindo que contara veladamente intimidades de lo bien que lo hacía, o como lo hacía, muchas veces se lo recriminaba luego en soledad, el pedía disculpas y juraba no volver a hacerlo, pero siempre se olvidaba sus promesas y volvía a los mismos problemas recurrentes.
Y si hablaba lo que hablaba delante de la familia y ante mi presencia, no quería imaginar sus charlas machistas entre amigos y compañeros de trabajo cuando yo no estaba presente.

Y honestamente, en la cama no la pasaba bien, el oral era difícil, no me entraba en la boca, o lo rasgaba con los dientes, o simplemente mis mandíbulas terminaban acalambradas, el sexo tradicional era complicado si no estaba bien lubricada, y en muchas posiciones, era insoportablemente doloroso, y Ulises era tan primitivo que no podía distinguir gritos de dolor de gritos de placer, y para terminar el sexo anal era una utopía, fuente de constantes frustraciones y discusiones, él pensaba que yo no quería, pero yo si quería, solo que no podía...

Nunca lo supo, pero mis mejores orgasmos estaban en soledad, jugando con mis dedos, con mis manos, idealizando a un Ulises que nunca sería real.

Recién pasados mis treinta años, mis prioridades en la vida eran Thiago, mi pequeño niño de cinco años, mi amor, mi vida, ese hijo que tanto había deseado tener, luego venía mi carrera profesional, ya era jefa de cuentas y créditos en un prestigioso banco internacional, con ambiciones de llegar a una gerencia, seguía en orden mi amor por Ulises, porque a pesar de todo, lo amaba con todo mi corazón, con defectos y virtudes, y en último plano, lejos en mis pensamientos, adormecido y postergado, mi deseo sexual. Casi sin darme cuenta me había cerrado al sexo, siempre con alguna excusa por delante, sin notar que estaba anulando algo primordial en la existencia de todo ser humano

Ulises en cambio tenía otras prioridades, sexo, sexo y sexo, siempre dispuesto, siempre deseoso, incansable, y no solo conmigo, con sus amigos, con su notebook y los sitios que visitaba, se pasaba demasiado tiempo chateando con desconocidos y desconocidas, y era fácil suponer amoríos por fuera de la pareja a los que obviamente yo hacía la vista gorda.
Y en esos días estábamos discutiendo demasiado, más de lo normal para una pareja, no solo eran nuestras desavenencias sexuales, porque él cada vez quería más, y yo cada vez quería menos, sino también por su trabajo, es que solo se preocupaba por hacer lo justo y necesario, y también por su apariencia, solía lucir desprolijo, desalineado, y eso no me agradaba y seguramente lo peor, Thiago, porque se hizo evidente que él tuvo un hijo solo para satisfacer mi instinto maternal, pero él no encajaba en su rol de padre, y el pequeño se desvivía por su papá, y yo no podía tolerar la situación que veía a diario.

Lionel sería el hombre que pondría mi mundo de cabezas, y casualmente fue mi propio marido quien lo trajo a mi lado.
Yo tenía un muy lindo físico, era cierto, y el embarazo me había sentado muy bien, había quedado más caderona y con una cola generosa, más de lo que por sí ya era. Me veía atractiva, y más con mi uniforme de trabajo donde era imprescindible una pollera a media pierna ajustada y una chaqueta en color negro, más alguna camisa en blanco.
Y mi esposo, como fanfarroneaba con su miembro, fanfarroneaba con su mujer, y solía tomarme algunas fotos íntimas para compartirlas en las redes, tenía un ego tan grande que jamás imaginó que otro hombre pudiera cruzarse en mi camino, si es que nadie tenía una pija como la suya.

Eran fotos muy cuidadas, donde obviamente no aparecía mi rostro, generalmente de mi cola, de mis pechos, o de mi vagina.
Lionel fue uno de tantos de los que le escribió, y Ulises me hizo parte de sus comentarios, del juego, aunque a mí no me interesara saber nada de lo que hacía él con sus fantasías sexuales.
Solo sabía que mi marido le pasaba algunas fotos a pedido, dedicadas y me hacía ser su modelo porno personal, pero como dije, yo solo lo complacía, pero sin ningún interés.
Ulises fue más lejos, sin siquiera consultarme armó un grupo de WhatsApp entre los tres, compartiendo nuestros números personales, y con eso, Lionel conoció mi rostro por la foto de perfil, de la misma manera que yo conocí el suyo, y ya nada fue tan anónimo. Me enojé mucho con mi marido, discutimos acaloradamente, se suponía que debía consultarme para hacer algo así, pero obviamente él sabía que de haberme consultado yo me hubiera negado.
Pero si es que mi rostro y mi intimidad siempre iban por separado! - solía decirme - pero es que me molestaba mucho que ese muchacho ahora tuviera todas las piezas del rompecabezas

Y empezaron a circular escritos calientes en ese grupo perverso, insinuaciones, más fotos, pedidos, y si bien en principio yo ignoraba todo, sin darme cuenta fui cayendo en el juego, y conocí a Lionel por palabras, y por fotos, y empecé a perderme en su mundo. Lionel tenía unos años más que yo, era muy buen mozo, un rostro muy atractivo, supe que era visitador médico por lo que siempre lucía impecable y eso me atraía demasiado de un hombre, tenía unos ojos verdes que encandilaban como dos faros. Y no solo eso, porque también pasaba fotos de su verga, era pequeña, por lo que Ulises siempre le gastaba bromas, pero jamás imaginó que poco a poco mi interés por esa persona iría creciendo, primero mirando los escritos de reojo, después con más atención, luego excitada, y terminé siendo parte.

Decidí escribirle por privado, desde mi otro celular, el laboral, donde mi esposo no tenía acceso y donde podría expresarme con total libertad. Y empezamos a conocernos, lo suficiente como para que naciera un mutuo interés, supe que era casado, que tenía una beba de dos años, y no muchas cosas más, ambos decidimos llevar las cosas hasta ahí, un juego sin compromisos, solo eso, me pedía fotos y yo hacía lo mismo, descubrí que Lionel era un experto jugador con el erotismo y me gustaba jugar su juego, a veces, en medio de una reunión laboral llegaban sus mensajes, para que solo fuera al baño a tomarme para él una foto de mi concha, a veces me adulaba en chats eternos, a veces me pedía fotos de la lencería de ocasión, a veces me hacía escribirle un encuentro ficticio entre ambos, a veces lograba que me encerrara en mi oficina solo para masturbarme, a veces lograba que le regalara los audios de los gemidos de mis orgasmos.
El me mandaba fotos de su verga rasurada, a veces en reposo, a veces erecta, y le pedí que se masturbara sobre mis fotos, quería ver eso, como saltaba su semen por mi culpa y solo vivía mojada todo el día

Por su lado, lejos de todo, Ulises seguía jugando en un juego que nosotros estábamos cada vez más desconectados.
Esa noche, mi esposo me dijo que me depilaría por completo, es que Lionel se lo había pedido expresamente, unas fotos de mi concha totalmente rasurada, y solo sentí que mientras mi marido lo hacía, yo me mojaba toda pensando en él, en ese hombre que me estaba enloqueciendo. Lo curioso de la situación, fue que mi marido notó la excitación que tenía, me cogió toda, y yo llegué a un enorme orgasmo, pero nunca supo en quien yo estaba pensando en ese momento

Fue cómico, cuando terminamos, él se recostó a mi lado y tiró muy seguro al verme tan caliente

Como te gusta mi verga amor! te tiene loca cierto?
Si... si... - respondí a sus palabras con los ojos de Lionel perdidos en mis pensamientos - me encanta tu verga amor...

Al día siguiente le dije a Lionel que quería encontrarlo personalmente, quería hacerle el amor, me moría en deseos por su pija, y arreglamos un encuentro, yo no tenía horarios fijos en el banco y no tuve problemas en hacerlo.
Fuimos directamente a un hotel, él era más lindo en persona, además tenía un perfume dulzón que no podía sentir por medio de un celular.
Charlamos poco, nos miramos demasiado, y cuando estuvimos entre cuatro paredes a solas me dijo

Bien... por donde empezamos, que te gustaría hacer?
Quiero chuparte la verga... - respondí - tenía esa idea muy marcada desde el primer momento

Él se recostó contra la pared, y yo me arrodillé a sus pies, con un tanto de desesperación solté el cinto de su pantalón buscando su pija mientras él se aflojaba el nudo de la corbata y soltaba el primer botón de su camisa.
Su sexo no llegaba a quince centímetros, me encantó, me lo metí casi por completo en mi boca y se lo chupé con muchas ganas, muy rico, con esa energía de la primera vez, donde se suelta tanto deseo contenido, me encantó hacerlo y el me dejaba hacerlo, me acariciaba los cabellos y me dejaba hacer.
Su sexo estaba duro como piedra y solo se sentía en el cuarto nuestro respirar candente, noté que él estaba llegando, y de pronto percibí una mínima eyaculación en mi lengua, y luego como que su orgasmo pareció cortarse, pero lo suficiente para percibir su sabor a semen, se la seguí chupando, apenas un minuto antes que acabara todo en mi boca, pero fue un minuto mágico, chupársela con sabor a su leche fue algo exquisito, al punto que me sentía toda mojada en deseo.

Tragué todo lo que tenía para darme, disfrutando cada gota de su néctar, hasta que no quedó nada por hacer.
Me incorporé y le di un beso profundo con sabor a él, muy rico, muy caliente, mientras nuestras manos inquietas trataban de quitar las prendas que se interponían entre nuestros cuerpos.
Lionel me llevó sobre la cama, de mis labios pasó a mi cuello, luego a mis pechos que aún estaban cubiertos por el sostén, me los acariciaba, me los lamía, con sumo cuidado de esquivar mis pezones, me hacía morir en deseos, y como un perfecto ajedrecista me iba arrinconando para darme el jaque mate.
Llevé las manos hacia atrás para soltar mi sostén, pero el ya no estaba, había bajeado a mi vientre y luego se perdió entre mis piernas, me besaba el frente de la tanga empapada en flujos y solo hacía que me retorciera en deseos, porque como lo había hecho con los pezones, ahora evitaba rozarme el clítoris.

No lo vi venir, no tuve tiempo, pero me llevó a uno de los orgasmos más increíbles que hubiera tenido en mi vida, me retorcí y solo le pedí que me hiciera el amor.
Lionel se colocó un preservativo, y me llevó nuevamente contra una de las paredes del cuarto, me puso de espaldas, con mi frente hacia el muro, me hizo sacar cola, me levantó una pierna y me la metió muy profundo, justo a mi medida, lo que necesitaba.
Me cogió muy rico, y mientras mi conchita me regalaba orgasmos interminables, yo misma me acariciaba el clítoris, recibiendo su mano libre en mis pechos, era todo un torbellino de locura.

Fue tan loco como raro, es que casi no usamos la cama, me llevó a uno de los sillones del cuarto, por una silla, y finalmente nuevamente contra la pared, esta vez frente a frente, rasgando mis pezones contra su pecho, entre prendas que aún no terminaban de dejar su lugar, me había levantado la pierna izquierda y yo hacía equilibrio apoyaba en la derecha, rodeando sus hombros con mis brazos, sintiendo su aliento en mi boca, regalándole gemidos en sus oídos, aun con la tanga puesta, solo corrida a un lado, no dejaba de cogerme con fuerza.
Lo sentí llegar, y solo el preservativo impidió cumplir un deseo profundo que tenía, que me bañara mi interior con su semen caliente.


Lionel, um amor gostosoQuando terminamos, ainda estávamos quase vestidos, com as roupas jogadas pra todo lado, a gente riu, foi perfeito, trocamos olhares cúmplices e, enquanto arrumávamos as roupas de novo cada uma no seu lugar, tirei a tanga que já tava com um cheirão da minha intimidade e dei pra ele. Lionel levou até o nariz e aspirou fundo, fechando os olhos, num gesto que achei nojento e doce ao mesmo tempo, arrancando um sorriso meu que só uma mulher entende num momento desses.

Ulises não seria problema, não senti remorso nenhum pela traição e consegui olhar nos olhos dele sem culpa, ele continuava brincando inocente no grupo do WhatsApp sem saber que a gente já tinha se divertido pra caralho pelas costas dele.

Lionel e eu começamos a nos encontrar escondido, longe dos olhos da esposa dele e do meu marido, a gente não falava muito, não queria compromisso, tava claro que o nosso negócio era só sexo, só prazer, mas as coisas sempre complicam.

Sem querer, percebi que tava me apaixonando por aquele homem, que quando transava com meu marido pensava nele, e apertava forte os lábios pra não gritar o nome dele, e aos poucos fui ficando mais e mais distante do Ulises, metida num casamento que tava prestes a bater de frente com o muro.

E Lionel tava no mesmo caminho, embora o relacionamento dele parecesse perfeito, e ele falasse bem da esposa, também falava de um 'nós', de um futuro juntos, de supostos Romeus e Julietas.

Já tinham passado três anos do nosso caso clandestino, um dia como qualquer outro, uma manhã como qualquer outra, um expediente normal, eu tava no banco, perto do atendimento ao público, foi quando vi ele entrar, de mãos dadas com a mulher dele, carregando a filhinha de cinco anos no colo, foi inevitável nossos olhares se cruzarem com um baita susto mútuo, engoli seco, fiquei nervosa, desconfortável, tava diante da mulher que eu tava chifrando, me desliguei da situação, só me afastei o suficiente pra não intervir, mas fiquei perto o bastante pra ver cada detalhe.

A mulher dele era muito gostosa, demais, parecia feliz, daquelas apaixonadas que vivem num mundo perfeito, e pelo jeito que olhava pra ele e falava, dava pra ver que tava perdida pelo Lionel, e a filhinha dele, tava com o pai, com o príncipe dela, abraçava ele, dava beijos, conversava, e era um retrato da família perfeita, ele de vez em quando, disfarçadamente me procurava no meio da galera e eu... eu senti a amargura de descobrir que tava destruindo uma família, a situação dele era bem diferente da minha, meu casamento tava murcho, o deles, florescendo...

E ali mesmo decidi que a nossa história acabava, não dava, simplesmente não podia ser a vilã da parada.

Depois daquele encontro casual, Lionel encheu meu celular do trabalho de mensagem de texto, de WhatsApp e de chamada perdida, mas eu só me fechei no silêncio e na negação.

No dia seguinte, ele apareceu de novo no banco, agora sozinho, tinha descoberto meu esconderijo secreto, e eu soube que tinha que encerrar o assunto. Mandei ele entrar no meu escritório e pedi pro meu secretário não me interromper por motivo nenhum, fechei as cortinas e tive a intimidade que precisava ter fingindo que era um assunto de trabalho.

Falei tudo que pensava, tudo que sentia, tudo que tinha visto no dia anterior, que era o fim.

Mas ele tinha outros planos, se recusava a me deixar, a terminar, e só tivemos uma discussão em tom baixo sobre nossos pontos de vista diferentes, sem conseguir chegar a um acordo.

Lionel veio na minha direção, me beijou apesar da minha resistência calculada, é que eu tava naquele meio termo entre o 'não' e o 'sim', porque minha cabeça não queria e mandava meu corpo rejeitar ele, mas meu coração e minha buceta ferviam de desejo e atraíam ele como um ímã.

Ele sentou na minha mesa, tava tão másculo, com a camisa branca dele, com a gravata, com a calça social e os sapatos Reluzentes, como evitar um love?
Ele me levou pro lado dele, levantou minha saia até a cintura e agarrou minhas nádegas com as mãos. Falei pra ele parar, por causa do lugar, do meu trabalho, e ainda tava menstruada, me sentia suja e não podia fazer nada.

Mas Lionel tinha seus próprios planos, tentou ir mais longe e eu me afastei dele de novo, avisei ele de novo, falei que chamaria a segurança se precisasse, mas ele me desafiou de novo, disse pra eu chamar quem quisesse se tivesse certeza de que não o amava, mas ele nunca pararia.

Aí já não aguentei mais. Ele me virou e encostou meu peito na mesa, deixando minha bunda grande apontada pro lado dele, mal puxou minha calcinha, e eu senti ele avançando por trás. Era tão louco, tão incrível. Eu era supostamente a imagem e o exemplo do lugar, a chefe, a funcionária modelo, e ali estava eu, trancada no escritório dele, com uma penetração anal maravilhosa que me levava à loucura, com meu amante.

Peguei uma agenda que tava em cima da mesa, coloquei entre os dentes e mordi com força pra descarregar meu prazer e evitar que meus gemidos inundassem o lugar.

Senti ele gozar, agarrando minhas nádegas com força, encheu meu ser com o semen gostoso dele, e não consegui evitar que uma lágrima escorresse pelo meu rosto. Eu amava ele demais, amava tanto que tive que ter força suficiente pra deixar ele ir...

As mensagens do Lionel continuaram chegando no meu celular, uma e milhares de vezes. Ele me mandava fotos da calcinha fio dental que eu tinha dado pra ele na primeira vez. Tinha passado tão pouco e tanto tempo ao mesmo tempo...

Mas não tinham resposta da minha parte, e seria inevitável que ele fosse se cansando de insistir. Milhares de vezes eu morri de vontade de responder, e milhares de vezes me segurei, mas eu precisava deixar aquela flor murchar.

A última mensagem dele me contava que seria pai pela segunda vez, outra menina, e fiquei feliz por ele, pela esposa dele, pela família dele. Da minha parte, eu fechava minha história com Ulisses, o homem de pau enorme e um ego maior ainda. o próprio sexo, o homem que jamais imaginou que uma mulher pudesse deixá-lo

Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título LIONEL, UM LOVE ESPECIAL para dulces.placeres@live.com

3 comentários - Lionel, um amor gostoso

Daría todo por llegar a ser tan mujer, y que ella o alguien como ella me ayude a feminizarme a su imagen y semejanza. Orientándome, disciplinándome, convirtiéndome en la hembra que siento ser