Los post que no podes dejar de ver!
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
GENERACION 1970 - LARA
VIENE DE 'GENERACION 1970 - MONICA'
Lara, la última de las amigas, ella había sido siempre la típica gordita acomplejada por su cuerpo, por su pancita, por sus grandes pechos caídos y sus piernas y caderas fuera de proporción, de piel blanca, vergonzosa por naturaleza, de esas que se ponen roja por cualquier motivo, había empezado estudios contables pero después de dos años declinaría, asumiendo que esa carrera no era para ella, sin embargo, ahí conocería al único hombre y amor de su vida, con quien formaría pareja años más tarde.
Ella era la única de la manada que había logrado vivir una vida tranquila y más a la antigua, más tradicional.
Se había casado con ese muchacho que había conocido en sus días de facultad, tenían cuatro hijos y llevaban ya veinticuatro años de pareja, todo un récord para los tiempos que corren
Sin dudas ella no tendría demasiado para contar porque en sus años todo había sido aburridamente perfecto.
Ama de casa, madre, ayudaba a su esposo con los trámites contables, él si se había recibido y era el que traía el dinero al hogar, a la antigua, y Lara era quien estaba en todos los detalles de la crianza de los niños.
Llegando a los cincuenta, estaba buscando replantear su vida, sus pequeños polluelos ya tenían alas y empezaban a volar, prescindiendo de su dependencia, y Lara, sin dudas estaba pasando por los días de 'nido vacío' y todo se le estaba haciendo demasiado cuesta arriba.
Los padres de Lara habían nacido en los lejanos años treinta, única hija llegada por casualidad cuando ellos casi habían desistido de intentarlo. Su madre venía de una familia de profundas creencias religiosas, de esas de asistir cada domingo a misa e ir todas las mañanas a rezar un rosario, su círculo de amigas se limitaba a esas otras mujeres que hacían de la Iglesia del barrio su segundo hogar.
Su padre, por el contrario, era un ateo por naturaleza, y con tal de no discutir con su esposa, solo la dejaba ser feliz como quisiera serlo, lo más osado que Lara escuchaba, eran las bromas ácidas de él hacia ella, con frases del tipo 'vas a lustrarle las bolas al cura?'
Su madre, era una mujer cargada con culpas por sus creencias, y parte de esas culpas se fueron pegando en el crecimiento de la gordita Lara. En el pensamiento de su madre, su hija debía ser pura, lejos de las mujeres de mala vida, debía llegar virgen al matrimonio y solo podía tener un hombre en su vida, y un poco esa arcilla del pasado había modelado el presente.
Además, en esos días, sin hacerlo en forma intencional, ella ponía demasiado peso en los hombros de su hija, porque para su entorno de la iglesia, para sus amigas de rezos, ella tenía que mostrar la imagen de familia perfecta, un esposo fiel, una hija de conducta intachable, aplicada, con el mejor promedio de estudios posible, lejos de los chicos de mala vida
Ella había crecido en ese ambiente, tirada de ambos extremos, por un fanatismo ciego de un lado hasta un descreimiento absoluto al otro, entre santos y demonios, por lo cual, a nadie extrañaba que la gordita casi monja de convento no tuviera mucho que contar.
Y Lara lo sabía, jamás podría narrar una historia de sexo anal como Mónica, porque aún era virgen por ese lado, tampoco sobre una verga enorme de un negro, como lo había hecho Gabriela, y ni hablar de Noemí, esa perra jugaba en otra liga, pero, sin embargo, ella tenía apenas una pequeña historia
Palabras de Lara
Éramos tan jóvenes, fue durante nuestro último año de estudio juntas, antes que nos separáramos y cada una siguiera su camino.
Recuerdan al profesor Mauro Cabrera, cierto? como olvidarlo, si en cada charla de chicas entre clase y clase hablábamos de el, su porte de macho, su voz ronca y gruesa, ese perfume tan suyo que usaba y esos ojos verdes que nos enloquecía.
El profe Cabrera hacía en esos días sus primeras armas al frente de un curso, tenía treinta, treinta y cinco como mucho, y fue mi primer amor platónico, dueño de mis noches, de mis secretos.
Pero su materia, Instrucción Ciudadana, era una mierda, no entendía absolutamente nada, no era lo mío y la odiaba, y solo asistía para verlo a él
Yo nunca conté de eso a nadie, pero cuando estábamos en su clase, yo lo miraba embobada, masticando la culata de algún lápiz, y solo sentía mojarme y mojarme y muchas veces tenía pequeños orgasmos solo apretando repetidamente mis entrepiernas, ya saben...
Y yo solo buscaba qué el reparara en mí, aunque sabía que solo era una más entre tantas, solo una alumna, pero no podía evitar perderme en sus ojos y llegaba un momento de la clase en que ya no lo escuchaba, porque solo veía ese príncipe de cuentos y sonará muy tonto, pero moría pon él
Y todo ese mundo perfecto pareció derrumbarse cuando al cerrar el primer trimestre un número cuatro marcaba el boletín en la casilla de su materia, estaba al borde del abismo y a mi madre casi le da un ataque, era imposible, su hija! que les diría a sus amigas de iglesia! una mancha en la familia! y algo que para mí era solo una mala nota para ella era el fin del mundo, incluso tengo presente la risa de mi padre por la tonta situación en la que él prefería no entrometerse para evitar una discusión.
Las cosas parecieron suavizarse un poco cuando le prometí que daría lo mejor de mi para cambiar la historia, y juro que lo intenté, pero un siete en el segundo trimestre me obligaba a tener un diez en el último para llegar con el promedio, y ahí si para mamá se abrieron las puertas del infierno.
Como si fuera una tonta niñita me llevó casi de la oreja delante del profesor Cabrera después de pedirle una cita, me hizo ver y sentir como una tonta, puesto que yo deseaba que él me viera como una mujer, pero ella, solo lograba que me sintiera más y más insignificante, la odié por eso y solo miraba al piso mientras ella le hablaba, puesto que me hubiera derretido de mirarlo a los ojos
Mi madre, casi en tono prepotente, parecía exigirle por mi futuro, yo no podía llevarme a diciembre esa materia, así que le dijo que le pagaría para que me diera clases extras, en forma particular, casi me muero al escucharla y un 'basta mamá' en tono de súplica me salió de las entrañas, no soportaba tanta humillación, además el profesor le dijo que eso no era lo suyo, pero mi madre no era una mujer de rendirse fácilmente, así que después de cruzar algunas palabras más, logró convencerlo.
Nadie supo de esto, ni ustedes, ni nadie en el colegio, era una especie de secreto, puesto que rozaba lo ético, y una semana después empezaba con mis clases particulares en la casa del profesor Mauro Cabrera
La primera mañana tomé el colectivo público y fui a su casa con demasiadas dudas, es que sabía que si en el colegio, con cuarenta alumnos presentes, yo me perdía por él, no quería imaginar lo que sería estando solo los dos, cara a cara.
Pero para mi sorpresa, esa primera mañana no sería lo que yo había imaginado, él no estaba solo, vivía con su suegra, y sería como una espina clavada en el medio de la relación, así que cuando me la presentó sentí que muchas de las tonterías que había imaginado, daban de bruces contra el suelo.
También estaba por ahí Nacho, su pequeño hijo de dos años, una pelota gorda de rojizos cachetes que revoloteaba por ahí, correteando de un lado a otro, hablando miles de palabras en un incipiente castellano que se hacía tan risueño como inentendible
Nos sentamos a la mesa principal, tratando de abstraernos del entorno, abrimos las carpetas y empezó a explicarme las mismas cosas que explicaba en la clase, las mismas cosas que jamás entendería, y nuevamente, mis oídos se hicieron sordos a sus palabras y solo naufragué en la claridad de sus ojos
Había pasado media hora, no más, cuando la puerta principal de ingreso se abrió, una rubia de cabellos lacios se hacía presente, venía cargada con bolsos del mercado, era su esposa, pero reparé en el detalle que era bastante rellenita, bien gordita, y solo pude trazar paralelos y decir para mis adentros 'guau! soy de su tipo'
Passaram-se aulas e mais aulas particulares, fui conhecendo detalhes do meu professor, sobre a vida dele, a família, os gostos, e ele sobre mim, minha vida, minha família, meus gostos, e estava cada vez mais claro que eu nunca entenderia nada do que ele explicava, e que a cada dia eu morria mais pelos olhos claros dele.
Uma vez ele me disse que estaria sozinho em casa, a esposa dele faria uma viagem curta com a sogra pra resolver uns trâmites pessoais, e se aquilo não fosse um problema pra mim, e tal, a gente aproveitaria essa solidão pra fazer uma prática de nível, ele queria avaliar o quanto eu tinha avançado.
E naquela manhã eu saí de casa já com o uniforme escolar, tinha uma desculpa pra enfiar, que também precisava resolver uns trâmites e não daria tempo de voltar pra casa antes de ir pro colégio. Na verdade, eu adorava dar aquela imagem de 'aluna-professor'.
Lembro do momento como se fosse agora, assim que deixei pra trás o olho vigilante da mamãe, levantei a saia plissada até a beira do abismo, já tinha notado que ele olhava minhas pernas bem descaradamente e isso me excitava pra caralho.
Quando cheguei, obviamente ele ficou impactado com o uniforme e minhas pernas nuas, só engoliu seco e, como quem se desliga do assunto, foi pegar a prova que pensava em me aplicar.
Só me sentei, e notei que quase minha calcinha podia ficar exposta aos olhos dele, e que toda a minha buceta estava molhada, até a frente toda, passando por cima do meu clitóris.
Ele me deu a folha, eu tava perdida, não entendia nada, então deixei de lado e fui direta, falei que gostava dele, que fazia tempo que tinha uma paixão de novela por ele.
Mauro se afastou, me perguntou se eu já tinha transado, quanto sabia sobre homens e em mais umas perguntas descobriu o quanto eu era virgem, porque, mesmo que eu tentasse ficar no nível dele e me fazer de experiente, era notável o pouco que eu sabia do mundo masculino.
Então ele veio até onde eu estava sentada e apoiou as nádegas na beirada da mesa, meus olhos ficaram na altura do pau dele, que já estava marcava por baixo do moletom cinza que ele usava, só peguei nos elásticos da cintura e puxei pra baixo de repente. Foi a primeira vez que eu via um pau de verdade, ao vivo e a cores, bom, a segunda seria a do meu marido.
Mas voltando ao assunto, eu não sabia o que fazer, Mauro pegou uma das minhas mãos e colocou em cima dele, e ele só começou a crescer, mais e mais, e a cabeça que olhava pro chão de repente apontava pro céu, parecia frágil, eu tinha medo de quebrar, ha ha, que idiota...
Ele, com a mão dele por cima da minha, me fazia masturbar ele devagar, eu gostava, achava loucura, olhava a glande dele nua tentando decorar cada detalhe, e me concentrava no que tava fazendo, e de repente zas! ele começou a gozar muito forte, e eu comecei a rir porque não era como eu tinha imaginado, mas aquele primeiro esperma que me pareceu grudento e com um cheiro especial, escorreu pela minha mão, e tinha espirrado na minha camisa, na minha gravata, e até na minha saia, até nas minhas coxas e no chão, e me pareceu algo excitante demais pra deixar passar.
O professor queria me comer, ali mesmo, mas eu era uma virgem reprimida e simplesmente não consegui continuar.
Ele entendeu na hora, e me ajudou a lavar minhas roupas, porque depois eu teria que ir pra escola e aquele turno da tarde foi único pra mim, nas minhas roupas não tinha mais vestígio dele, mas o cheiro dele tinha ficado gravado nas minhas narinas e na minha mente aquelas lembranças recém-vividas continuavam fixas.
De noite, na intimidade do meu quarto, me masturbei com força e naquela noite tive três orgasmos antes de pegar no sono.
No dia seguinte, sabendo que ele estaria sozinho, liguei pra ele de novo, falei que queria visitá-lo e minha mãe, ao ouvir a conversa, ficou toda feliz ao ver como a filha dela era dedicada e notar o quanto ela tava se esforçando.
Mauro colocou alguns empecilhos, mas fui convincente como só uma mulher sabe ser, até aquele ponto fácil onde um homem não consegue dizer não.
Naquele segundo dia fomos direto pro sexo, tive que parar o profe porque obviamente queria me comer, mas eu não tava preparada, os conceitos religiosos da minha mãe me marcavam a ferro e fogo e pra mim, repetir o que aconteceu no dia anterior já bastava.
Foi assim que aquela manhã nos encontrou repetindo a mesma situação do dia anterior, ele deitado na beirada da mesa e eu acariciando a bela pica dele, tudo parecia igual.
Mas Mauro ia pegar minha cabeça por trás e com um leve esforço encurtar distâncias, e me levar contra a pica dele e eu entendi que minha boca era o destino dele.
Comecei a chupar ele, honestamente era minha primeira vez e eu não sabia como fazer, deixei ele me guiar, devagar, suave, mais e mais e quando menos esperava ele se contraiu e gozou na minha boca, não sabia o que fazer, mas de repente minhas bochechas incharam com o leite dele, e não gostei, não ia engolir então devolvi tudo na própria pica dele e brinquei mais um pouco, até que a porra misturada com minha saliva molhou tudo num negócio que me pareceu muito quente.
À noite ia me masturbar de novo e nos meus pensamentos, meu príncipe de olhos cristalinos me fazia amor, me beijava, chupava meus peitos e se perdia entre minhas pernas, era tudo perfeito, e só quando fiquei satisfeita consegui dormir.
Um novo dia e dessa vez, fui na casa dele pronta pra tudo, pra terminar e me entregar por completo, mesmo que depois não fosse pisar no altar vestida de branco como minha mãe sonhava.
Mas quando fiquei cara a cara, simplesmente não consegui.
Mauro era muito compreensivo, disse que tudo bem, mas me sugeriu algo que tinha pensado pra nós, achei gostoso tentar.
Pela terceira vez, o jogo de chupar a pica dele, como no dia anterior, até fazer ele gozar na minha boca e deixar o leite escorrer pelo próprio pau, e só aí começava o novo, eu continuei chupando e chupando, Mauro manteve a ereção depois do orgasmo e fui pro segundo.
Foi muito erótico porque não era uma chupada normal, agora tudo em volta tava molhado de porra e eu brincava com aquela situação, meus lábios, minha língua, o tronco dele, minhas mãos, a glande dele, as bolas dele, o aroma envolvente que enchia meu nariz, o quanto ele me via como uma putinha, e enquanto eu continuava saboreando aquele gosto de homem, eu dava o meu melhor pra um segundo gozo.
Mauro gozou pela segunda vez na minha boca, e senti que em três dias tinha passado de novata a expert. E, de fato, quando terminamos, ele me disse que, no fim, eu tinha convencido ele e que eu teria o dez que precisava no meu boletim, então minha mãe podia ficar tranquila.
Não sei como essa história teria continuado, mas foi o próprio professor que deu um corte definitivo. A gente só sentou pra conversar, e ele me fez enxergar muitas coisas: ele tinha esposa, um filho, uma família, e eu tinha um futuro brilhante pela frente. E, apesar de eu já ser toda uma mulher, aos olhos da lei eu ainda não tinha dezoito. Não podíamos deixar aquela situação sair do controle, não podíamos nem imaginar que a gente pudesse se apaixonar, e era melhor cortar tudo naquele momento, enquanto ainda era possível.
Chorei pra caramba naquela noite, na solidão do meu quarto. Não precisei me masturbar pra dormir; em vez disso, precisei gastar todas as lágrimas que eu tinha.
E o resto da história vocês já conhecem: terminei o ensino médio passando em todas as matérias, comecei a faculdade, conheci um cara, me apaixonei e me casei de branco. Cheguei virgem ao casamento, tudo como minha mãe queria — ou, pelo menos, quase tudo.
Lara tinha se sentado confortavelmente, tinha tirado um peso das costas, um segredo que guardou por anos e que, nessas voltas que a vida dá, com tempos tão mudados, ela tinha se animado a revelar.
E já não sentia mais aquela carga idiota com que a mãe dela a tinha martirizado por anos. A mãe tinha falecido há um tempo, e Lara sabia que ela sempre agiu com as melhores intenções, mas as feridas psicológicas que deixou ainda mostravam cicatrizes.
Noemí, Oyuky, Mónica, Gabriela e Sandra pareciam não sair do espanto. Olhavam com de boca aberta, incrédulas, como que a gorda virgem tinha tido aquele encontro com o famoso professor Cabrera? e ninguém nunca tinha imaginado?
Noemí especialmente se sentiu até magoada, mas se ela era a que transava com todos os desejados, e Lara tinha virado tudo de cabeça pra baixo.
A fogueira começava a se apagar de novo, a dona da casa olhou pra Oyuky de um lado e pra Sandra do outro, uma das duas tinha o número cinco e a outra o seis, já estava ficando tarde.
A mulher de olhos puxados levantou a mão, seria a próxima, Noemí mandou ela jogar mais lenha no fogo, mas Oyuky era fina demais pra estragar as mãos perfeitas dela, então Lara, agora empoderada e tomando o centro da cena, cuidou disso.
Noemí serviu o que restava no vidro e, embora já estivessem satisfeitas com a bebida, ela, ignorando isso, foi até a geladeira pegar outra garrafa, não precisava se preocupar com gastos, destampou e foi pra mais uma rodada, depois se acomodou no lugar dela, chegava a vez da mulher por quem tinham se separado muitos anos atrás, e a mulher culpada pelo reencontro, Oyuky era uma mulher cansada de rodar o mundo, e com certeza tinha histórias de sobra.
CONTINUA EM 'GERAÇÃO 1970 - OYUKY'
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'GERAÇÃO 1970 - A REUNIÃO' para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
GENERACION 1970 - LARA
VIENE DE 'GENERACION 1970 - MONICA'
Lara, la última de las amigas, ella había sido siempre la típica gordita acomplejada por su cuerpo, por su pancita, por sus grandes pechos caídos y sus piernas y caderas fuera de proporción, de piel blanca, vergonzosa por naturaleza, de esas que se ponen roja por cualquier motivo, había empezado estudios contables pero después de dos años declinaría, asumiendo que esa carrera no era para ella, sin embargo, ahí conocería al único hombre y amor de su vida, con quien formaría pareja años más tarde.
Ella era la única de la manada que había logrado vivir una vida tranquila y más a la antigua, más tradicional.
Se había casado con ese muchacho que había conocido en sus días de facultad, tenían cuatro hijos y llevaban ya veinticuatro años de pareja, todo un récord para los tiempos que corren
Sin dudas ella no tendría demasiado para contar porque en sus años todo había sido aburridamente perfecto.
Ama de casa, madre, ayudaba a su esposo con los trámites contables, él si se había recibido y era el que traía el dinero al hogar, a la antigua, y Lara era quien estaba en todos los detalles de la crianza de los niños.
Llegando a los cincuenta, estaba buscando replantear su vida, sus pequeños polluelos ya tenían alas y empezaban a volar, prescindiendo de su dependencia, y Lara, sin dudas estaba pasando por los días de 'nido vacío' y todo se le estaba haciendo demasiado cuesta arriba.
Los padres de Lara habían nacido en los lejanos años treinta, única hija llegada por casualidad cuando ellos casi habían desistido de intentarlo. Su madre venía de una familia de profundas creencias religiosas, de esas de asistir cada domingo a misa e ir todas las mañanas a rezar un rosario, su círculo de amigas se limitaba a esas otras mujeres que hacían de la Iglesia del barrio su segundo hogar.
Su padre, por el contrario, era un ateo por naturaleza, y con tal de no discutir con su esposa, solo la dejaba ser feliz como quisiera serlo, lo más osado que Lara escuchaba, eran las bromas ácidas de él hacia ella, con frases del tipo 'vas a lustrarle las bolas al cura?'
Su madre, era una mujer cargada con culpas por sus creencias, y parte de esas culpas se fueron pegando en el crecimiento de la gordita Lara. En el pensamiento de su madre, su hija debía ser pura, lejos de las mujeres de mala vida, debía llegar virgen al matrimonio y solo podía tener un hombre en su vida, y un poco esa arcilla del pasado había modelado el presente.
Además, en esos días, sin hacerlo en forma intencional, ella ponía demasiado peso en los hombros de su hija, porque para su entorno de la iglesia, para sus amigas de rezos, ella tenía que mostrar la imagen de familia perfecta, un esposo fiel, una hija de conducta intachable, aplicada, con el mejor promedio de estudios posible, lejos de los chicos de mala vida
Ella había crecido en ese ambiente, tirada de ambos extremos, por un fanatismo ciego de un lado hasta un descreimiento absoluto al otro, entre santos y demonios, por lo cual, a nadie extrañaba que la gordita casi monja de convento no tuviera mucho que contar.
Y Lara lo sabía, jamás podría narrar una historia de sexo anal como Mónica, porque aún era virgen por ese lado, tampoco sobre una verga enorme de un negro, como lo había hecho Gabriela, y ni hablar de Noemí, esa perra jugaba en otra liga, pero, sin embargo, ella tenía apenas una pequeña historia
Palabras de Lara
Éramos tan jóvenes, fue durante nuestro último año de estudio juntas, antes que nos separáramos y cada una siguiera su camino.
Recuerdan al profesor Mauro Cabrera, cierto? como olvidarlo, si en cada charla de chicas entre clase y clase hablábamos de el, su porte de macho, su voz ronca y gruesa, ese perfume tan suyo que usaba y esos ojos verdes que nos enloquecía.
El profe Cabrera hacía en esos días sus primeras armas al frente de un curso, tenía treinta, treinta y cinco como mucho, y fue mi primer amor platónico, dueño de mis noches, de mis secretos.
Pero su materia, Instrucción Ciudadana, era una mierda, no entendía absolutamente nada, no era lo mío y la odiaba, y solo asistía para verlo a él
Yo nunca conté de eso a nadie, pero cuando estábamos en su clase, yo lo miraba embobada, masticando la culata de algún lápiz, y solo sentía mojarme y mojarme y muchas veces tenía pequeños orgasmos solo apretando repetidamente mis entrepiernas, ya saben...
Y yo solo buscaba qué el reparara en mí, aunque sabía que solo era una más entre tantas, solo una alumna, pero no podía evitar perderme en sus ojos y llegaba un momento de la clase en que ya no lo escuchaba, porque solo veía ese príncipe de cuentos y sonará muy tonto, pero moría pon él
Y todo ese mundo perfecto pareció derrumbarse cuando al cerrar el primer trimestre un número cuatro marcaba el boletín en la casilla de su materia, estaba al borde del abismo y a mi madre casi le da un ataque, era imposible, su hija! que les diría a sus amigas de iglesia! una mancha en la familia! y algo que para mí era solo una mala nota para ella era el fin del mundo, incluso tengo presente la risa de mi padre por la tonta situación en la que él prefería no entrometerse para evitar una discusión.
Las cosas parecieron suavizarse un poco cuando le prometí que daría lo mejor de mi para cambiar la historia, y juro que lo intenté, pero un siete en el segundo trimestre me obligaba a tener un diez en el último para llegar con el promedio, y ahí si para mamá se abrieron las puertas del infierno.
Como si fuera una tonta niñita me llevó casi de la oreja delante del profesor Cabrera después de pedirle una cita, me hizo ver y sentir como una tonta, puesto que yo deseaba que él me viera como una mujer, pero ella, solo lograba que me sintiera más y más insignificante, la odié por eso y solo miraba al piso mientras ella le hablaba, puesto que me hubiera derretido de mirarlo a los ojos
Mi madre, casi en tono prepotente, parecía exigirle por mi futuro, yo no podía llevarme a diciembre esa materia, así que le dijo que le pagaría para que me diera clases extras, en forma particular, casi me muero al escucharla y un 'basta mamá' en tono de súplica me salió de las entrañas, no soportaba tanta humillación, además el profesor le dijo que eso no era lo suyo, pero mi madre no era una mujer de rendirse fácilmente, así que después de cruzar algunas palabras más, logró convencerlo.
Nadie supo de esto, ni ustedes, ni nadie en el colegio, era una especie de secreto, puesto que rozaba lo ético, y una semana después empezaba con mis clases particulares en la casa del profesor Mauro Cabrera
La primera mañana tomé el colectivo público y fui a su casa con demasiadas dudas, es que sabía que si en el colegio, con cuarenta alumnos presentes, yo me perdía por él, no quería imaginar lo que sería estando solo los dos, cara a cara.
Pero para mi sorpresa, esa primera mañana no sería lo que yo había imaginado, él no estaba solo, vivía con su suegra, y sería como una espina clavada en el medio de la relación, así que cuando me la presentó sentí que muchas de las tonterías que había imaginado, daban de bruces contra el suelo.
También estaba por ahí Nacho, su pequeño hijo de dos años, una pelota gorda de rojizos cachetes que revoloteaba por ahí, correteando de un lado a otro, hablando miles de palabras en un incipiente castellano que se hacía tan risueño como inentendible
Nos sentamos a la mesa principal, tratando de abstraernos del entorno, abrimos las carpetas y empezó a explicarme las mismas cosas que explicaba en la clase, las mismas cosas que jamás entendería, y nuevamente, mis oídos se hicieron sordos a sus palabras y solo naufragué en la claridad de sus ojos
Había pasado media hora, no más, cuando la puerta principal de ingreso se abrió, una rubia de cabellos lacios se hacía presente, venía cargada con bolsos del mercado, era su esposa, pero reparé en el detalle que era bastante rellenita, bien gordita, y solo pude trazar paralelos y decir para mis adentros 'guau! soy de su tipo'
Passaram-se aulas e mais aulas particulares, fui conhecendo detalhes do meu professor, sobre a vida dele, a família, os gostos, e ele sobre mim, minha vida, minha família, meus gostos, e estava cada vez mais claro que eu nunca entenderia nada do que ele explicava, e que a cada dia eu morria mais pelos olhos claros dele.Uma vez ele me disse que estaria sozinho em casa, a esposa dele faria uma viagem curta com a sogra pra resolver uns trâmites pessoais, e se aquilo não fosse um problema pra mim, e tal, a gente aproveitaria essa solidão pra fazer uma prática de nível, ele queria avaliar o quanto eu tinha avançado.
E naquela manhã eu saí de casa já com o uniforme escolar, tinha uma desculpa pra enfiar, que também precisava resolver uns trâmites e não daria tempo de voltar pra casa antes de ir pro colégio. Na verdade, eu adorava dar aquela imagem de 'aluna-professor'.
Lembro do momento como se fosse agora, assim que deixei pra trás o olho vigilante da mamãe, levantei a saia plissada até a beira do abismo, já tinha notado que ele olhava minhas pernas bem descaradamente e isso me excitava pra caralho.
Quando cheguei, obviamente ele ficou impactado com o uniforme e minhas pernas nuas, só engoliu seco e, como quem se desliga do assunto, foi pegar a prova que pensava em me aplicar.
Só me sentei, e notei que quase minha calcinha podia ficar exposta aos olhos dele, e que toda a minha buceta estava molhada, até a frente toda, passando por cima do meu clitóris.
Ele me deu a folha, eu tava perdida, não entendia nada, então deixei de lado e fui direta, falei que gostava dele, que fazia tempo que tinha uma paixão de novela por ele.
Mauro se afastou, me perguntou se eu já tinha transado, quanto sabia sobre homens e em mais umas perguntas descobriu o quanto eu era virgem, porque, mesmo que eu tentasse ficar no nível dele e me fazer de experiente, era notável o pouco que eu sabia do mundo masculino.
Então ele veio até onde eu estava sentada e apoiou as nádegas na beirada da mesa, meus olhos ficaram na altura do pau dele, que já estava marcava por baixo do moletom cinza que ele usava, só peguei nos elásticos da cintura e puxei pra baixo de repente. Foi a primeira vez que eu via um pau de verdade, ao vivo e a cores, bom, a segunda seria a do meu marido.
Mas voltando ao assunto, eu não sabia o que fazer, Mauro pegou uma das minhas mãos e colocou em cima dele, e ele só começou a crescer, mais e mais, e a cabeça que olhava pro chão de repente apontava pro céu, parecia frágil, eu tinha medo de quebrar, ha ha, que idiota...
Ele, com a mão dele por cima da minha, me fazia masturbar ele devagar, eu gostava, achava loucura, olhava a glande dele nua tentando decorar cada detalhe, e me concentrava no que tava fazendo, e de repente zas! ele começou a gozar muito forte, e eu comecei a rir porque não era como eu tinha imaginado, mas aquele primeiro esperma que me pareceu grudento e com um cheiro especial, escorreu pela minha mão, e tinha espirrado na minha camisa, na minha gravata, e até na minha saia, até nas minhas coxas e no chão, e me pareceu algo excitante demais pra deixar passar.
O professor queria me comer, ali mesmo, mas eu era uma virgem reprimida e simplesmente não consegui continuar.
Ele entendeu na hora, e me ajudou a lavar minhas roupas, porque depois eu teria que ir pra escola e aquele turno da tarde foi único pra mim, nas minhas roupas não tinha mais vestígio dele, mas o cheiro dele tinha ficado gravado nas minhas narinas e na minha mente aquelas lembranças recém-vividas continuavam fixas.
De noite, na intimidade do meu quarto, me masturbei com força e naquela noite tive três orgasmos antes de pegar no sono.
No dia seguinte, sabendo que ele estaria sozinho, liguei pra ele de novo, falei que queria visitá-lo e minha mãe, ao ouvir a conversa, ficou toda feliz ao ver como a filha dela era dedicada e notar o quanto ela tava se esforçando.
Mauro colocou alguns empecilhos, mas fui convincente como só uma mulher sabe ser, até aquele ponto fácil onde um homem não consegue dizer não.
Naquele segundo dia fomos direto pro sexo, tive que parar o profe porque obviamente queria me comer, mas eu não tava preparada, os conceitos religiosos da minha mãe me marcavam a ferro e fogo e pra mim, repetir o que aconteceu no dia anterior já bastava.
Foi assim que aquela manhã nos encontrou repetindo a mesma situação do dia anterior, ele deitado na beirada da mesa e eu acariciando a bela pica dele, tudo parecia igual.
Mas Mauro ia pegar minha cabeça por trás e com um leve esforço encurtar distâncias, e me levar contra a pica dele e eu entendi que minha boca era o destino dele.
Comecei a chupar ele, honestamente era minha primeira vez e eu não sabia como fazer, deixei ele me guiar, devagar, suave, mais e mais e quando menos esperava ele se contraiu e gozou na minha boca, não sabia o que fazer, mas de repente minhas bochechas incharam com o leite dele, e não gostei, não ia engolir então devolvi tudo na própria pica dele e brinquei mais um pouco, até que a porra misturada com minha saliva molhou tudo num negócio que me pareceu muito quente.
À noite ia me masturbar de novo e nos meus pensamentos, meu príncipe de olhos cristalinos me fazia amor, me beijava, chupava meus peitos e se perdia entre minhas pernas, era tudo perfeito, e só quando fiquei satisfeita consegui dormir.
Um novo dia e dessa vez, fui na casa dele pronta pra tudo, pra terminar e me entregar por completo, mesmo que depois não fosse pisar no altar vestida de branco como minha mãe sonhava.
Mas quando fiquei cara a cara, simplesmente não consegui.
Mauro era muito compreensivo, disse que tudo bem, mas me sugeriu algo que tinha pensado pra nós, achei gostoso tentar.
Pela terceira vez, o jogo de chupar a pica dele, como no dia anterior, até fazer ele gozar na minha boca e deixar o leite escorrer pelo próprio pau, e só aí começava o novo, eu continuei chupando e chupando, Mauro manteve a ereção depois do orgasmo e fui pro segundo.
Foi muito erótico porque não era uma chupada normal, agora tudo em volta tava molhado de porra e eu brincava com aquela situação, meus lábios, minha língua, o tronco dele, minhas mãos, a glande dele, as bolas dele, o aroma envolvente que enchia meu nariz, o quanto ele me via como uma putinha, e enquanto eu continuava saboreando aquele gosto de homem, eu dava o meu melhor pra um segundo gozo.
Mauro gozou pela segunda vez na minha boca, e senti que em três dias tinha passado de novata a expert. E, de fato, quando terminamos, ele me disse que, no fim, eu tinha convencido ele e que eu teria o dez que precisava no meu boletim, então minha mãe podia ficar tranquila.
Não sei como essa história teria continuado, mas foi o próprio professor que deu um corte definitivo. A gente só sentou pra conversar, e ele me fez enxergar muitas coisas: ele tinha esposa, um filho, uma família, e eu tinha um futuro brilhante pela frente. E, apesar de eu já ser toda uma mulher, aos olhos da lei eu ainda não tinha dezoito. Não podíamos deixar aquela situação sair do controle, não podíamos nem imaginar que a gente pudesse se apaixonar, e era melhor cortar tudo naquele momento, enquanto ainda era possível.
Chorei pra caramba naquela noite, na solidão do meu quarto. Não precisei me masturbar pra dormir; em vez disso, precisei gastar todas as lágrimas que eu tinha.
E o resto da história vocês já conhecem: terminei o ensino médio passando em todas as matérias, comecei a faculdade, conheci um cara, me apaixonei e me casei de branco. Cheguei virgem ao casamento, tudo como minha mãe queria — ou, pelo menos, quase tudo.
Lara tinha se sentado confortavelmente, tinha tirado um peso das costas, um segredo que guardou por anos e que, nessas voltas que a vida dá, com tempos tão mudados, ela tinha se animado a revelar.
E já não sentia mais aquela carga idiota com que a mãe dela a tinha martirizado por anos. A mãe tinha falecido há um tempo, e Lara sabia que ela sempre agiu com as melhores intenções, mas as feridas psicológicas que deixou ainda mostravam cicatrizes.
Noemí, Oyuky, Mónica, Gabriela e Sandra pareciam não sair do espanto. Olhavam com de boca aberta, incrédulas, como que a gorda virgem tinha tido aquele encontro com o famoso professor Cabrera? e ninguém nunca tinha imaginado?
Noemí especialmente se sentiu até magoada, mas se ela era a que transava com todos os desejados, e Lara tinha virado tudo de cabeça pra baixo.
A fogueira começava a se apagar de novo, a dona da casa olhou pra Oyuky de um lado e pra Sandra do outro, uma das duas tinha o número cinco e a outra o seis, já estava ficando tarde.
A mulher de olhos puxados levantou a mão, seria a próxima, Noemí mandou ela jogar mais lenha no fogo, mas Oyuky era fina demais pra estragar as mãos perfeitas dela, então Lara, agora empoderada e tomando o centro da cena, cuidou disso.
Noemí serviu o que restava no vidro e, embora já estivessem satisfeitas com a bebida, ela, ignorando isso, foi até a geladeira pegar outra garrafa, não precisava se preocupar com gastos, destampou e foi pra mais uma rodada, depois se acomodou no lugar dela, chegava a vez da mulher por quem tinham se separado muitos anos atrás, e a mulher culpada pelo reencontro, Oyuky era uma mulher cansada de rodar o mundo, e com certeza tinha histórias de sobra.
CONTINUA EM 'GERAÇÃO 1970 - OYUKY'
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'GERAÇÃO 1970 - A REUNIÃO' para dulces.placeres@live.com
1 comentários - Generación 1970 - Lara