Le Désir

Los post que no podes dejar de ver!

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html


LE DÉSIR


Me dicen que soy metrosexual, cuido en demasía mi aspecto físico, días de gym, comidas cuidadas en calorías, víctima del consumismo y de la moda.
Mis cabellos deben estar acomodados a la perfección, uno por uno, mi barba rala solo la tocan los barberos especializados, me gusta perfumarme y me pierdo muchos minutos delante del espejo.
Trabajo en una empresa de márqueting, visto sofisticadas camisas, trajes que deben estar perfectamente planchados y zapatos tan lustrados que parecen espejos. Mi escritorio debe sobresalir del resto, nada sobra, nada falta, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, soy perfeccionista, detallista y en exceso exigente, conmigo mismo y con mi entorno.
No hablo nunca de mi vida privada, nadie sabe nada, no tienen por qué saberlo, para mi familia, mis afectos, mis amigos, mis conocidos, mis compañeros, solo soy un cuarentón tan presumido que jamás pudo querer a alguien como me quiero a mí mismo, dicen que jamás tendré una compañera, y los dejó decir lo que quieran decir, no me importa, y no les importa.

Pero si tiene otra cara la moneda, tengo otra vida, una vida que solo dejo en un escrito, en forma anónima, porque es mi vida.

Mis experiencias sexuales con las mujeres no fueron buenas, siempre complicadas, difíciles de entender, muy apegadas a sentimientos, al corazón, no son prácticas y para todo tienen un 'pero' o un 'no'
Con los hombres tampoco me fue bien, no me sentía a gusto, era como estar conmigo mismo, con un espejo y tal vez ahí fuera cierto que no habría otro como yo.
No me sentía heterosexual, tampoco homosexual, no me gustan los rótulos, pero no encontraba donde encuadrarme

Tuve mi primera historia con un transexual cuando tenía veintisiete, sería un antes y un después, fue único y maravilloso, tenía lo mejor de ambos sexos, todo en uno. Supe que no habría retorno, me encantaban las facciones de mujer, pero tenía una hermosa verga de hombre, quieren sentir como mujer, pero saben lo que le gusta a un hombre, no tienen excusas, días de menstruación, dolores de cabeza y no pueden engañar con orgasmos fingidos, y es diferente a estar solo con hombres, no hay 'fotocopias', no hay 'espejos', acaso no es perfecto?

Y solo se me hizo una adicción, tan necesario como respirar, y un mundo trans empezó a desfilar por mi cama, algunos pagos, otros no, mejores, peores, más varoniles, más femeninos, y si bien hacía de todo, poco a poco me sentí más identificado con un rol pasivo, me encantaba que me den verga de una manera que jamás había imaginado que sucedería y debo decir que fui muy feliz con eso, asumir lo que era, raro en mí, pero ya sin rótulos.

Así me hice del ambiente, contactos que me pasaron más contactos, sitios web, sitios nocturnos, recomendados, boliches, travestis cotizados, travestis de la calle, un poco de todo.
Entre tantas historias está en particular empezaría en diciembre, había llegado a 'Le désir', un pub nocturno donde no había lugar para mujeres, era una cueva sucia y pestilente donde solo se encontraba sexo, un mundo para gays y transexuales donde todo estaba permitido.
No había ido al azar, me habían pasado información sobre Joana, una de las chicas que servían tragos en la barra, famosa por sus curvas de mujer y una enorme y viril verga, como a mí me gustaban.
Honestamente no me sentí muy a gusto en ese sitio, donde en general se resaltaba la homosexualidad, un lugar bastante under, y era como que yo no cuajaba en el sitio, un tipo pintón, demasiado prolijo, con traje, camisa corbata, no pasaba desapercibido.

No tardé en dar con ella, Joana era sencillamente escultural, con sus cabellos castaños que artificialmente llevaba a un rubio brillante, bien lacios, de carita preciosa y enormes ojos oscuros, sus labios era una tentación como la manzana prohibida, hice contacto con ella, cruzamos unas palabras, llamé su atención, ella se rio de mi vestir y me preguntó a qué hora daría el discurso, solo iba y venía, me atendía a mí, pero también a otros clientes, y se pasaron las horas entre charlas e insinuaciones, pero no tendría éxito esa noche de lunes.
Intentaría nuevamente el martes, y el miércoles, pero Joana siempre ponía peros de por medio.
Llegaría el jueves, le ganaría por cansancio, y Joana pareció resignarse a mi fastidiosa presencia, porque me tendía ahí cada noche hasta hacerla mía.

Ese jueves estaba espléndida, lucía un vestidito entre plateado y blanco que le quedaba muy sexi, resaltando con las luces del pub, era lo suficiente ajustado para marcar sus curvas y lo suficiente suelto para no ser vulgar, con escote cerrado el cuello donde ahí sí, era imposible no resaltar sus enormes tetas, incluso se marcaban los pezones de una forma que dejaba notar que no tenía sostén, por debajo, se ampliaba un poco, pero era lo suficientemente corto para dejar desnudos unos hermosos muslos, además, alcanzaba a notar unas lindas botas negras a media caña, con altos tacos.
Ya tenía la suficiente confianza con ella y en algún punto me dijo

No te vas a rendir cierto?, a las tres tengo mi descanso, esperame en la puerta de los baños

Sabía que la tenía, y ahí fui, donde estaban los baños, era un poco loco, por ley había uno identificado para hombres y otro para mujeres, pero en la práctica, eran todo lo miso, cualquiera iba a cualquiera, y cuando entrabas podías ver gente haciendo sus necesidades, pero también mientras uno se lavaba las manos y podía tener una pareja cogiendo a la derecha, y algún estúpido inyectándose drogas a la izquierda, si, así era esa podredumbre.

Cuando ella llegó a mi lado tenía mis hormonas en ebullición, nos colamos a uno de los baños y fuimos sobre la mesada de los lavabos, había algunos casuales como ya comenté, pero nada me importó, por el contrario, se me hacía todo muy sexual, muy caliente, empezamos a besarnos como desesperados, muy rico, sentía sus enormes tetas pegadas a mi pecho, llené mis manos con su escueta cintura, con sus grandes nalgas y tuve que ir por lo que deseaba, su verga, solo noté que estaba muy dura, la tantee con mi mano por encima del vestido, era realmente enorme.
Ella estaba apoyada en el mármol mientras espectadores casuales observaban sin entrometerse, reculé un poco, lo suficiente para llenarme la vista con sus formas, ese vestido ajustado le quedaba magnífico, sus pechos eran llamativos, su cintura, su cadera, pero ahora, una enorme vara mágica se marcaba ladeada hacia la derecha, casi llegando a la punta de la cadera, diablos, no pude más.

Fui de rodillas, levanté el vestido, la maldita no tenía ropa interior, y se verga me pegó en la cara, como un resorte, cerré los ojos, empecé a chupársela, muy rico, era la pija más grande de todas las que me había comido en mi vida, sabía rica, esponjosa, sabrosa, me perdí chupando y chupando, abría la boca todo lo que podía y solo trataba de engullirla, pero era demasiado.
Joana me tomó por detrás de la cabeza, por la nuca y solo empezó a empujar más y más profundo, lentamente, sentía que me invadía lo profundo de la garganta, me la iba hacer comer toda, poco a poco, sentí latir mi corazón, galopaba como un potro salvaje y morí de placer en ese momento de sumisión.


O DesejoMe levantei, não aguentava mais, soltei a fivela do meu cinto e baixei a calça o suficiente, falei:

“Mete tudo! Arrebenta meu cu, meu amor!”

“Mas… não tenho camisinha comigo…” — ela respondeu hesitando.

“Não ligo, até melhor, adoro risco, cê tem medo, é?” — respondi, confiante.

Ela então se posicionou por trás, apoiei as mãos nas laterais de uma pia e me deixei possuir. Joana enfiou tudo, e embora meu cu já tivesse recebido muita pica, essa era incomparável. Era uma delícia, aquela dor tão gostosa, tão única, tão perfeita.

Ela me comia sem pena, eu gemia perdido. No meio da loucura, me olhava no espelho e não conseguia me segurar. Por trás, via o rosto dela cheio de prazer. Do outro lado, um casal de gays se pegava, e uma loira trans lavava as mãos à minha esquerda, olhando pelo espelho o que rolava, com um sorriso cúmplice e uma cara de tesão.

Não demorou muito pra ela gozar. Pedi, entre gemidos, que enchesse meu cu de porra, e senti ela gozar dentro de mim. Foi mágico.

Quando terminamos, ela disse que precisava voltar pro trabalho, e eu precisei passar num dos vasos pra limpar por dentro. Depois voltei pro balcão, trocamos sorrisos cúmplices, pedi outra dose, e terminei a noite sozinho na minha cama, batendo uma gostosa, ainda sentindo na pele o perfume daquela mulher exótica.

Depois daquela noite, tive vários outros encontros com ela, mas eram só encontros. Ela era mais um pra mim, e eu era mais um pra ela. As coisas simplesmente rolavam, e se pintava clima, a gente acabava se enroscando.

Essa garota trans era bem conhecida no meio, tinha muitos contatos e já tinha dado uns flertes com a fama. Por isso, quando ela me falou de Arístides Mendizábal, não me surpreendeu.

Arístides Mendizábal era um coreógrafo conhecido, tipo revista, de origem espanhola, mas morando na Argentina desde pequeno. Um gay proibido por décadas, perseguido por anos por causa da homossexualidade, que agora, com Esses ventos de mudança, tinha saído do armário com sede de vingança, um velho de mais de setenta, que tentava recuperar nos poucos anos que lhe restavam pela frente, tudo o que tinha perdido por trás.

A gente tinha transado, ainda tinha aquele gostinho gostoso do pau dele na minha boca quando a Joana puxou o assunto.
Ela me disse que o velho fazia orgias na casa dele, que era um depravado e organizava as próprias funções, igual fazia com as peças de teatro, adorava sentar na cadeira de diretor e dar forma às perversões da mente dele.
Dessa vez, ele tava pensando numa orgia de travestis com um cara submisso que aguentasse de tudo sem reclamar.

Quando o velho me contou dos planos dele — ela disse enquanto fumava um cigarro — e me pediu pelos 'atores', percebi que o papel de passivo cairia muito bem pra você, o que acha?

E eu não sabia o que pensar, uma orgia com travestis me parecia muito excitante, mas aquele velho me dava nojo, toda vez que via ele aparecer na mídia, aquela bichona nojenta, histérica, com os dedos cheios de anéis, com trejeitos e roupas ridiculamente femininas, com um ego maior que o planeta, sempre falando de uma posição superior que ele mesmo criava, pois, não era pra mim, nem pra um viado assumido como eu.
Joana, vendo que eu tava preso nos meus pensamentos, soltou:

Se for por dinheiro, não tem problema, Arístides paga o que tiver que pagar.

Tempo depois, chegaria à mansão isolada que o velho tinha nas pradarias da pampa argentina, era tudo muito luxuoso, o cara tinha segurança particular, tudo muito dark.
O encontro pessoal com Arístides seria ainda mais nojento, dois viados que pensavam totalmente diferente, ele tava com uma túnica multicolorida de seda importada, que tentava disfarçar o excesso de peso, com os cabelos batidos como se fosse um adolescente, e uns óculos de sol enormes com armações brancas chamativas, do meu lado, meu conjunto de sempre Saco e calça, com uma camiseta justa, barba bem aparada e cabelos cheios de gel, com um perfume masculino forte. E aí entendi que o sentimento de incompatibilidade foi mútuo, e deu pra sentir uma tensa guerra de egos no ar.

A imagem daquele almoço foi digna de um filme de terror: uma mesa comprida, numa ponta estava ele, numa cadeira diferente das outras, maior, com encosto alto, tipo o trono de um rei, afastado. Na outra ponta, eu, em silêncio, observando de um lado e de outro: seis travestis de cada lado, algumas mais femininas, outras nem tanto, loiras, morenas, ruivas, cabelo curto, cabelo comprido, mais altas, mais baixas, mais educadas, mais grotescas. A gente tava tudo ali pelo mesmo motivo, e imaginar o que ia rolar em breve já me deixava bem excitado.

O sol tava se pondo quando chegou a hora da verdade. Foi estranho, mas senti como se formigas invadissem meu corpo. As coisas não iam ser como eu imaginei. Eu achava que ia ter o controle, mas eram doze contra mim, e eu só sucumbi num mundo travesti.

Arístides era um velho perverso filho da puta. Todas tinham paus enormes, e isso não foi coincidência. Ele sentou de lado no trono de rei, com as perninhas cruzadas, esfregando as mãos, bem atento a tudo. Mal consegui passar uns minutos beijando uma e outra, ou lambendo um peitinho gostoso, ou apalpando uma bunda linda, mas em minutos eu tava pelado, de joelhos, chupando um e outro, e outro, e outro pau. Me cercaram e eu virei só um brinquedo.

Alguém veio e meteu no meu cu. Eu continuei chupando e chupando. Elas se revezavam, me rodeavam, uma saía, outra entrava, se masturbavam ao meu redor pra me foder, como dizia o maldito velho viado que se lambia com o que via.

Decidiram que não era suficiente. Começaram uma dupla penetração anal. Foi sádico, perverso, mas também delicioso.

A gente seguiu por horas. Perdi a conta, mas me enfiaram tanta pica que já não Só queria saber mais nada, não sabia quanto sêmen tinha engolido, tava com o cu cheio de porra, e tinham deixado meu rabo destruído, meu corpo parecia plastificado de tanta gozada que levei.

Quando terminamos, fui tomar um banho, tava doendo tudo, demais, e as travecas tiraram sarro de mim. Só peguei meu dinheiro e voltei pra casa.
Nunca mais vi o velho Arístides, sabia que seria assim, ele não repetia histórias nem personagens, o maldito puto depravado.
Voltei ao pub um tempo depois, 'Le désir' sempre seria um bom lugar pra alguém como eu, e sempre a Joana estaria me esperando do outro lado do balcão, a gente conversou muito, de copo na mão, contei em detalhes o que tinha rolado.

Tô com a cock endurecendo! – ela disse – vamos pro banheiro?

Balancei a cabeça negativamente, ainda tava doendo muito a bunda, não queria saber de nada, chega de pica, por enquanto.
Passaram quase três meses até o desejo renascer e eu poder voltar a ser quem era, pra voltar praquele banheiro do pecado, pra chupar a cock enorme da minha mina e sentir os sucos dela na minha garganta, pra me entregar e deixar ela arrebentar meu cu de novo, uma e mil vezes.

Fim da história, continuo sendo o que sou, um cara de aparência máscula, bem vestido, de boa vida, apaixonado por minas que têm algo especial entre as pernas.
Arístides morreu meses atrás, encontraram ele em casa, sozinho, com uma overdose de calmantes, não me surpreendeu, a notícia não me deu nada, não despertou sentimento nenhum, nem pena, nem tristeza, nem nada.
Da Joana já não sei muito, faz tempo que a gente não se vê, só nos falamos por algum telefonema e trocamos fotos de vez em quando, ela saiu do pub em busca de um futuro melhor, mora nas praias de Maceió, Brasil, prepara drinks, dá aulas de dança pros turistas e, segundo ela, os europeus pagam em euros pelos serviços dela, atende homens, mulheres e casais, tudo igual.

Eu sigo minha jornada, de vez em quando visito 'Le désir', por algum encontro casual, com alguma transexual aleatória, mas já não é a mesma coisa desde que ela não está mais aqui.

Se você gostou da história, pode me escrever no 'LE DESIR' em dulces.placeres@live.com

0 comentários - Le Désir