La historia de Ariel

Los post que no podes dejar de ver!

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html


LA HISTORIA DE ARIEL


Felicitas Corrales era una mujer sexagenaria, apática, todos la conocían como Marta, así se hacía llamar porque odiaba su verdadero nombre. Solterona resignada, jamás había tenido pareja, un carácter agrio hasta el hastío, autosuficiente, narcisista y egocéntrica, muchos detalles combinados, suficientes para espantar cualquier candidato. Tampoco tenía hijos, sencillamente los niños le sabían a molestia.
Sexualidad, erotismo, amor, compañerismo, pareja, palabras que no existían en su diccionario. Su única familia era una hermana que se había metido a monja y con la que no se daba demasiado.
Al igual que su padre, y como lo había hecho su abuelo en la vieja España, se ganaba la vida con un negocio de compraventa, si algo había aprendido en tantos años era que cualquier cosa que a una persona le sobraba, había otra que lo necesitaba, y para eso, estaba ella, para comprar barato y vender caro.

Ella tenía un negocio en la esquina de dos calles populares, una vieja edificación bastante abandonada que había heredado de su padre, en el interior podían encontrarse los objetos más impensados, todo el inventario estaba en su cabeza, tenía una memoria prodigiosa y envidiable, y la astucia suficiente para poner los precios según la cara del cliente, era muy de fijarse en detalles, en vestimentas, en forma de hablar, en notar el interés, y de esa manera hacerse una día cuanto se estaba dispuesto a pagar.
Esa mañana de mayo hacía un frío como nunca, sus manos y sus pies estaban helados y no había abrigo que alcanzara, las puertas del local estaban abiertas, pero era casi imposible que alguien buscara algo con esas temperaturas, ni siquiera podía verse gente por las calles. Ya había tomado algunas bebidas calientes y decidió pegar una recorrida, solo para ver una vez más las cosas que tenía en venta, reacomodar algo y hurguetear por los rincones. Llegó a un viejo mueble que hacía tiempo tenía a la espera de algún necesitado, lo había pagado caro, y no sería fácil de vender, lo limpió un poco, tenía polvillo que se había acumulado con el correr del tiempo, abrió los cajones y encontró unos escritos que llamaron la atención, Felicitas era una mujer detallista y le pareció raro que justo ese detalle se le pasara por alto, así que con mucha intriga sacó las hojas y fue a leerlas junto a una nueva taza de té caliente.

Se acomodó en una de las sillas, se puso sus lentes de aumento, le dio una ojeada rápida, llamó su atención que en estos tiempos estuvieran escritas en máquinas de escribir, cuando hoy todo se imprime, pero también el color blanco del papel le dejó saber que los escritos eran bastantes recientes, sin más, empezó a recorrer las líneas con su vista

Ariel era un chico común y corriente, un adolescente más, como tantos, único hijo de padre ausente, vivía con su madre quien trabajaba casi todo el día, no tenía demasiado diálogo, y ella tapaba con dinero todo el amor maternal que él necesitaba.
A él le encantaban las chicas, sus compañeras de curso, lo excitaban sobre manera esos uniformes de secundaria, esas faldas tableadas y no disimulaba en mirar con descaro las piernas femeninas que abundaban en su curso, al punto de ser sorprendido muchas veces y causar burlas del resto, pero a él no le importaba, solo no podía dejar de hacerlo, era virgen y se imaginaba una y otra vez como sería estar en la cama con una mujer.
Largas jornadas en soledad masturbándose, haciéndole el amor en su mente a sus 'novias de curso', en especial a Micaela, una rubia pecosa de piernas torneadas, por quien tenía un amor oculto y platónico desde hacía mucho tiempo.

Pero Ariel tenía algunos problemas, un carácter introvertido, sus manos se transpiraban y las palabras no le salían cuando de hablarle a una chica se trataba, era delgado, de piel blanca y sin quererlo se había transformado en la marioneta del curso, los varones lo ignoraban y lo hacían centro de pesadas burlas, y las mujeres siempre lo veían como un simple compañero, para relaciones sentimentales siempre había otro chico, más desarrollado, más inteligente, simplemente, más hombre.
Y esa situación empeoró un día en los vestuarios, él siempre era muy reservado con su intimidad, es que tenía un micropene que lo avergonzaba, era humillante y adivinó que jamás haría feliz a ninguna con esa miniatura que tenía entre las piernas. Esa tarde de buying, sus compañeros lo denudaron contra su voluntad y fue cuando descubrieron su gran secreto.
Centro de burlas, el apodo de 'pito corto' pronto se le pegó como una cruel marca del destino, la situación pasó de boca en boca, y hasta las chicas lo llamaban así, tanta crueldad, incluso su amor platónico no podía sostenerle la mirada sin carcajear por imaginar algo que en verdad no conocía.

Felicitas fue por otra taza de té, el frío la carcomía, odiaba todo lo relacionado con la palabra 'sexo', pero lo cierto es que la historia de Ariel, un nombre que solo aparecía en unos escritos, la había cautivado, y su corazón helado sintió lástima por alguien que ni siquiera sabía si existía.

Ariel se acostumbró a esa vida se ser tratado peor que a un perro, centro de burlas, y resignado a auto satisfacerse, y todo fue de mal en peor. Esa jornada sería diferente, era el día de su cumpleaños, no esperaba nada, que nadie lo recordara, pero sus compañeros habían trazado un plan, en algún momento lo agarraron a la fuerza y lo llevaron a uno de los baños del colegio, le sorprendió encontrar también a las chicas, en especial a Micaela, y todos reían en derredor demostrando la complicidad de lo que estaba por suceder, entre todos lo desnudaron sin que él pudiera evitarlo, más que resistirse, y suplicar, pero eran demasiados, le pusieron sostén, y tanga, camisa con corbatín, pollerita, medias blancas a las rodillas y zapatitos negros abotonados a un lado, incluso ese amor imposible, la rubia pecosa fue quien se tomó el trabajo de pintarle los ojos y los labios.

No dijo nada, solo se sintió humillado una vez más, como tantas veces, solo que esto era peor. Se vio a sí mismo como una niña, y no tuvo valor de ir a clase, así como estaba, solo se escapó y huyó hacia su casa, con rapidez y con el temor que los vecinos lo vieran. Se tiró sobre su cama, lloró, lloró mucho hasta que no le quedaron lágrimas, y cuando el desahogo había pasado, se vio al espejo, y lo que el espejo le devolvió no le desagradó, como mujer se vio todo lo sexi que nunca se había visto como hombre y no pudo evitar sentir una erección que lo llevó a masturbarse en repetidas ocasiones.

Y Ariel empezó a cambiar, casi como buscando su lugar en el mundo, y sí lo suyo no fueran las mujeres?, no lo supo en ese momento, pero lo cierto es que la imaginación lo llevaba a nuevos horizontes, y poco a poco empezó a probar, dejó crecer sus cabellos, en secreto compró ropa interior femenina, además de polleras, calzas, blusas, medias, ligas, zapatitos y toda cosa relacionada con ese mundo que cada vez se le hacía más propio. También pagó por alguna depilación definitiva, desde el cuello hacia abajo, sus uñas crecieron, y poco a poco su lado femenino de fue potenciando.
Su delgadez le jugó a favor, aprendió a maquillarse, a pintar sus ojos, sus labios y como disimular sus rasgos de hombre.

Cuando sus estudios secundarios terminaron sintió sacarse un peso de encima, nunca más ese mundo en el que le hacían la vida insoportable donde su lado homosexual era ya demasiado marcado.
Empezó de cero en un nuevo mundo, estudios terciarios, con nuevas personas, ya un poco más adultos y donde conocería esta nueva versión de Ariel, ambiguo, asexual, diferente.


La historia de ArielUm transeunte qualquer interrompeu a leitura, interessado por um jogo de louça antigo que estava em exibição. Felicitas, uma mulher de negócios, se mostrou desinteressada e mal-educada, como se quisesse se livrar dele o mais rápido possível. Foi estranho ela estar tão perdida numa leitura, mas foi assim que aconteceu.

Passou pelo banheiro, precisava esvaziar a bexiga e minutos depois voltou à leitura, sentindo uma atração incomum pelo que estava lendo.

Ariel continuava escondendo aquela parte feminina que clamava pra sair de dentro dele, só se vestia como tal na intimidade do quarto, mas pro mundo exterior, continuava parecendo um homenzinho.

Ainda sentia muita vergonha ao perceber que Flavio, um cara uns dois anos mais velho, era atraente pra ele. Era meio musculoso, tinha um sorriso bonito e uma voz grossa, de locutor. Sabia que era só uma fantasia besta, porque aquele garoto tava sempre com uma ou com outra e dava pra ver nele uma heterossexualidade muito marcada.

Mas o destino ia dar uma chance pra ele.

No fim do ano na faculdade, organizaram um baile de máscaras, estavam arrecadando fundos pra fazer reformas no prédio. Esconder o rosto atrás de uma máscara daria a oportunidade de se mostrar diferente.

Lembrou dos dias do colégio, e foi com tudo.

Aquela noite seria a noite dele. Tava com uma ereção marcada por toda a situação. Tomou banho, se perfumou, se olhou no espelho pelado, com a pele branca, o micro-pênis totalmente depilado, os quadris que tentava fazer parecer femininos e um peito desejado que ainda não se formava. Arrumou o cabelo de um jeito bem sugestivo.

Foi pegar as roupas que tinha escolhido antes com todo cuidado: um conjunto bem erótico, transparente, branco. Sentiu a calcinha deslizar pelas pernas e quando o elástico se acomodou entre as nádegas, acariciando o esfíncter, só soou fabuloso. Depois, a camisa com a gravatinha justa no corpo e a saia curta. Saia rodada quase no rasgo da buceta, igual naquele dia do banho, onde tudo tinha sido forçado.
Claro, agora tudo era natural e se ver como mulher era a dela, ela tava provocante, e se animou a usar umas meia arrastão com liga e sapatinho de salto fino, se maquiou bem e realmente se sentiu a Cinderela, no fim teria sua chance, pegou a máscara de pluma que cobria da testa até o nariz e se jogou no abismo.

Felicitas xingou a sorte ao perceber que uma ventania fria entrava pela porta e pela janela, levantou a vista e, se já não bastasse o dia merda, uma tempestade não anunciada, colocou a xícara de chá em cima dos papéis que lia com atenção pra evitar que o vento levasse e foi, de muito má vontade, arrumar as coisas que exibia na calçada pra que a chuva que logo chegaria não estragasse tudo.
Enquanto fazia suas obrigações, pensava, sem acreditar, no jeito que a história tinha envolvido ela, e queria saber se era real ou só um texto de alguma mente brilhante, de qualquer forma, sabia que não teria a resposta.
Assim que pôde, voltou pra leitura.

Aquela noite seria especial pro Ariel, pela primeira vez na vida ele não seria o centro das piadas, mas sim da atenção, todo mundo se perguntava quem era aquela garota misteriosa que ninguém conhecia e tava tão gostosa, é que, apesar das fantasias e máscaras, era fácil adivinhar quem tava por trás, mas não com ele, porque Ariel era homem, mas quem era ela?
Ele se sentiu feliz, se sentiu mulher e não conseguiu acreditar que Flavio botou os olhos nela, porque nessa altura já se considerava 'ela'.
Flavio tava fantasiado de corsário, com uma máscara que não deixava ver o rosto, mas a voz entregava, dançaram, conversaram, riram, até que no fim, o garoto dos sonhos dela propôs levar ela pra casa, Ariel aceitou com uma condição: de jeito nenhum ele deveria tirar a máscara dela, e Flavio aceitou sem discutir.

Logo estavam na casa do príncipe e a Cinderela parecia ter O sonho realizado dele. Ele fechou os olhos e deixou que ele o beijasse, caralho, soou tão gostoso, era o primeiro beijo dele e ele só tremeu nos braços dele, mas não esquecia quem era e sua parte no engano de todo o jogo. Ele buscou realizar suas fantasias antes que a carruagem virasse abóbora, não podia perder tempo, porque ele já estava passando a mão nele por todo lado e logo descobriria a verdade.

Ele foi de joelhos, abaixou a calça dele, a cueca, Flavio tinha uma rola linda e pareceu incrível, tê-la a centímetros do rosto dele, ele olhou para ela com tesão, e acariciou com vontade, a glande nua dele tinha gosto de desejo e ele simplesmente não conseguiu segurar o instinto, Ariel começou a chupar com capricho, era a primeira vez dele, mas sabia de cor os pontos fracos na rola de um homem, e foi com tudo, era perfeito, era lindo, e quanto mais chupava, mais sentia a excitação no micro-pau dele.

Lá de baixo, ele olhava bem gostoso para o garoto dele, através da máscara, deixando que ele visse como ele comia a rola dele, isso o deixava louco, e Flavio tentou tirar a máscara dele, mas Ariel não deixou, ele implorou para ver o rosto dele e Ariel negou pela segunda vez, mas na terceira já não aguentou, não conseguiu esconder, fechou os olhos, resignado, e deixou que acontecesse o que tivesse que acontecer, também não era justo enganá-lo e ele já sentia culpa demais pelo que estava rolando.

Devagar, Flavio descobriu o rosto de Ariel, e nem a penumbra nem a maquiagem perfeita conseguiram disfarçar a situação.

Ele, ao perceber o engano, ficou furioso, xingou Ariel e, com a alma ferida, deu um tapa violento no rosto dele, com a mão aberta, mas com força suficiente para jogá-lo no chão, ele só gritava com ele, Ariel sentiu uma dor muito forte onde levou o golpe e o gosto de sangue no canto dos lábios, não disse nada, só esperou o pior, como sempre acontecia na vida miserável dele.

Era hora do almoço, ela não percebeu como o tempo tinha passado naquela manhã, fechou as persianas como fazia sempre. Cada dia, olhando pro céu por uma tempestade que agora parecia sumir no horizonte, foi até a geladeira, só pegou uma maçã, é que ainda tinha letras pra ler. Deu uma mordida, se acomodou e se preparou pra seguir em frente.

Na pior tempestade de Flávio, Ariel esperou qualquer coisa, em segundos milhares de finais possíveis passaram pela cabeça dele como flashes luminosos, milhares, mas em nenhum momento o que viria.
Flávio estava assustado, entre amor e ódio, surpreso, sem saber o que fazer, Ariel percebeu que a mão dele tremia, a mesma mão que tinha batido no rosto dele.
De repente, aquele garoto musculoso, ainda xingando, partiu pra cima de novo, dessa vez pra pegar ele pelos cabelos longos e arrastar ele igual um bicho, fez ele ficar de quatro, forçando a situação e Ariel achou excitante, já que ele tava dizendo que ele era uma puta e que, se queria ser, então ele ia dar o gosto.

Respirou fundo sentindo o coração vibrar, não conseguia ver Flávio, mas sentiu quando ele levantou a saia curta e depois levou um tapa na bunda, forte, a ponto de avermelhar a pele das nádegas brancas, mas dessa vez foi uma dor gostosa, ele puxou a calcinha fina, sentiu ele cuspir no esfíncter, Ariel ficou com medo, era virgem, mas o desejo falava mais alto, aí vieram as carícias da cabeça do pau do amante no cu dele e aos poucos ele foi tentando meter.
Ariel berrou num gemido contido, a dor foi tão forte quanto gostosa e em segundos ele já tava curtindo a primeira transa dele.
Flávio era uma locomotiva, comia ele sem piedade, deixando claro a raiva que ainda tinha pela enganação, mas Ariel tava no paraíso, tava vendo que não tinha buceta, mas sem dúvida o cu dele cumpria o papel perfeitamente, tava vendo que a função dele era satisfazer homens, tava vendo que ele era uma mulher num corpo estranho, tava vendo que todo o sofrimento do colégio tinha valido a pena.

Se sentiu feliz, e se surpreendeu quando o micro-pau dele Ainda coberto pela tanga, naturalmente gozava por causa da pica enorme que estava comendo pelo cu.
Ele sentiu que vinha, Flávio continuava xingando ele, mas para Ariel aquelas palavras soavam como cantos de sereia, até que finalmente gozou dentro do intestino dele e ele soube que seria ela.
Flávio se retirou exausto, Ariel ficou de quatro por um tempo prudente, ainda sentia aquela pica linda dentro de si, sentia que não conseguia contrair o cu dilatado, sentia o semen quente escorrendo de dentro e molhando a tanga que ainda estava usando.

Felicitas estava surpresa, uma história dessas para a moralidade respeitável dela era só lixo, mas por algum motivo desconhecido o texto a tinha presa, não conseguia parar de ler com curiosidade e devorava as palavras uma após a outra, olhou o relógio de parede, tinha que abrir de novo, mas preferiu continuar a história, não conseguia se segurar.

Depois de alguns minutos Ariel se sentou com a bunda dolorida, e se atreveu a olhar nos olhos do amante, Flávio, talvez por um resquício de vergonha, ou por não assumir o que aconteceu, preferiu ficar puto de novo e deu outro tapa na cara do parceiro, chamando ele de viado e novamente ele temeu pelo que viria.

Mas Flávio estava de novo com a pica dura e dessa vez foi direto pro rosto indefeso de Ariel para enfiar na boca dele.
Dessa vez não deixou ele chupar, não, só começou a meter com força igual tinha feito por trás, numa situação de estupro que era encenada pelos dois, um agia e o outro só se deixava fazer.
Ariel sentiu aquela pica gostosa chegando até a garganta, sentiu Flávio puxar ele pelos cabelos e obrigar ele a fazer aquilo, tão fundo que quase o sufocava, mas ele amou, curtiu pra caralho, se sentiu uma puta cheia de prazer.
Sentiu a mão livre do amante apertar seu pescoço, sua garganta, com delicadeza, sentiu ele gozar, de novo, e percebeu que o prazer do amante não era só gozar na boca, mas também sentir com o tato o movimento da glote ao engolir o gozo
Não conseguiu evitar, não quis evitar, era uma putinha gostosa disposta a satisfazer o macho da vez, mais mulher do que muitas mulheres

A relação íntima com Flávio jamais se repetiria, mas para Ariel seria a primeira de muitas, Micaela seria seu novo nome, em homenagem àquela loira sardenta que um dia tirara seu sono, ela seria toda uma mulher e chegariam tempos de terminar o que havia começado, tinha muitas ideias de como moldar seu corpo, só seu micropênis seria testemunha do menino que um dia fora.

Felicitas havia chegado ao fim da história, não havia mais páginas, mais linhas, mais letras e sentiu naquele momento que tinha mais dúvidas do que certezas, e o pior, aquela história ficaria sempre rodando na cabeça dela com um final aberto, realidade, ficção, quem saberia.
Amaldiçoou-se naquele momento por não ter uma agenda escrita, tudo sempre estivera na cabeça dela, mas não tinha um arquivo dos seus clientes casuais, como lembrar quem lhe vendera aquele traste velho e era só mais um entre tantos.
Arrumou as folhas e as guardou onde as encontrara, talvez, um dia, alguém pergunte por elas, talvez, alguém as leia e também fique com um final aberto, cheio de perguntas sem respostas.

Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'A HISTÓRIA DE ARIEL' para doces.prazeres@live.com

0 comentários - La historia de Ariel