Todos contentos

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!


TODOS CONTENTOS

Pueden llamarme Atilio, tengo casi cuarenta.
Me dedico a hacer los armados interiores de nuevos complejos habitacionales, techos, paredes, tabiques divisorios, trabajos en yeso, placas, y todas esas cosas de interiorismo.
En general, tengo contratos con algunas empresas constructoras y después de levantadas todas las estructuras de hormigón, me llaman para armar cada habitación.
El trabajo es bueno, la paga también.
En ocasiones suelo agarrar trabajos de refacción por mi cuenta, de clientes, de conocidos, o por recomendados, no puedo quejarme, no muchos pueden ganarse el sustento haciendo lo que le apasiona.

Mi vida amorosa va sobre rieles, me había levantado después de tropezar dos veces, dos divorcios de ex que me resultaron tóxicas, hasta que el destino me cruzó con Gabriela, una chica que trabajaba en una heladería y todo empezó cuando fui a comprar una torta helada.
Ella es de mi edad, cuando nos conocimos tenía dos hijos pequeños, un niño y una niña, también era divorciada y su ex solo había desaparecido olvidándose no solo de ella sino de sus propios hijos.
Por suerte o por desgracia yo no había sido padre en mis anteriores experiencias, así que todo se acomodó para que sintiera a esos pequeños como propios, incluso ellos hoy en día me llaman papá.

Gabriela es simpática, de bonito rostro y marcadas cejas oscuras, de cabellos lacios teñidos de rubio, es una petisa muy rica, de proporciones justas y sexis, es excelente esposa, mejor madre, fiel compañera de camino. La amo con locura y su amor me es correspondido.
Puedo decir comparando con mis ex y con algunas otras experiencias, que mi esposa es muy buena en la cama, desinhibida y dispuesta a probar todas las locuras que se nos crucen por la cabeza, le gusta prácticamente todo y rara vez se niega a un juego de pareja, el 'no' no existe a la hora del sexo y puedo decir que me siento a su lado un hombre pleno, tengo en la cama la mujer que muchos desearían tener.
Vivimos llenos de fantasías, y la espina que siempre me quedaba clavada es que ella era perfecta puertas adentro del dormitorio, pero en su vida diaria, Gabriela es una chica cualquiera, que no llama la atención, no es una provocadora, ni una come hombres, no le interesa, a pesar de que condiciones le sobran.
Ella es una chica tímida y vergonzosa, y todo ese volcán que tiene en su interior en la cama, se congela con solo salir del cuarto.

Siempre le dejé saber que me hubiera gustado que sea por así decirlo, un poquito más puta, pero ese era un rol en que nunca se situaría. Yo lo sabía, las insinuaciones de hacer realidad alguna que otra fantasía la paralizaban, eran donde los 'no' afloraban una y otra vez, le salía la chica recatada y poco a poco me di por vencido, Gabriela no sería la mujer para realizar locuras fuera de nuestra cama matrimonial, para ella no había otros hombres, y menos le interesaban las mujeres.

Por otro lado, soy de esos tipos de muchas amistades, odio la soledad, me deprime, así que soy festivo, un tanto payaso en las reuniones, tenemos muchas parejas amigas, del colegio de los pequeños, mías personales, de ella, vecinos, siempre estamos divirtiéndonos.
Los fines de semana tenemos rutina fija, siempre al club, juego al futbol en un torneo interno, los domingos tenemos fecha por la mañana, después una ducha, y a preparar un rico asado para almorzar en familia, las mujeres tienen sus cosas, los chicos se divierten y pasamos tardes de largas charlas, en verano aprovechamos el natatorio y alguna que otra vez nos quedamos hasta horas de la madrugada acompañados por alguna guitarra.
Y siempre la pasábamos bien, aunque alguno se divorciara, o discutiera, o se enemistara, siempre había un poco más para dar.

Es cierto, con los muchachos teníamos algunos secretos que no podían llegar a oídos de las chicas, cada tanto, con alguna excusa nos escapábamos e íbamos a hacer locuras, en mi caso, a buscar en prostitutas esa parte que a Gabriela le faltaba y me hubiera encantado que tuviera. Y podría contar tantas cosas, las apuestas que solíamos hacer, parecían locuras de adolescentes.

Y en algún punto de la historia, por dentro comencé a enfadarme con Gabriela, es que no podía ser tan puritana, odiaba eso, y hubiera pagado para que otros se la cogieran y la sacaran una poco de esa enfermiza fidelidad que me crispaba los nervios, pero claro, yo no podía hablar con ella de estas cosas a no ser que solo fueran fantasías, y yo sabía cuál era su más perverso y retorcido deseo pero ella nunca lo hubiera llevado a cabo, no podría afrontar verse desnuda ante otro que no fuera yo, ni ver su rostro, ni hacer el amor, la sola idea de que algo fuera real simplemente la paralizaba.

Una noche cenábamos en familia, había una película en la tv pero yo no le daba importancia, distendido en una inocente discusión con los chicos, sin embargo, preste atención al notar como Gabriela se perdía en la historia ajena a lo que pasaba en la mesa, era una película tonta, sin mucho sentido, pero con un erotismo un tanto raro, relaciones de parejas desconocidas, citas a ciegas y cosas por el estilo, esa noche, se me ocurriría la idea, y me reproché a mí mismo que no se me ocurriera antes.
Mi plan era osado, tenía miles de aristas y era muy factible de fallar, tuve que pensar en todos los contras y solucionar uno a uno, y si en definitiva fallaba, bueno, la vida se vive una vez...
Solo esperé la oportunidad, había tomado en esos días la remodelación de una casa que estaba deshabitada, era de un amigo de un amigo de un amigo, un tipo potentado que tenía varias propiedades para ofrecer en alquiler, así que estaba totalmente a mi disposición y sabía que nadie interrumpiría mis planes.

Volví a maldecirme, como no se me había ocurrido antes, estaba todo al alcance de mi mano y no había podido verlo antes, hacer realidad la fantasía de mi mujer, pero claro, todo debía salir perfecto.
Elegí el baño, por ningún motivo en especial, tal vez por sonarme lo mar sucio en esta situación.
Construí unos tabiques divisorios de poco espesor en Durlock, dejando un lugar muy pequeño al frente, ese sería el lugar para mi mujer. Calculé la posición usando mi propio cuerpo como modelo, y entonces hice a prudente distancia varios agujeros de unos cinco centímetros de diámetro.
Armé también una falsa pared donde iría el lavabo, un soporte y un gran espejo de pared, claro, solo yo sabía que ese espejo podía verse desde el otro lado, y ahí estaría mi puesto de observador, yo la vería a ella, pero ella jamás podría verme a mí.

Lo siguiente fue convencer a los muchachos del club, no fue fácil, no fue difícil, solo les conté parte de la verdad, ellos no verían quien estaba al otro lado y lógicamente sintieron desconfianza, pensaron que era una broma, un travesti? un gay? una vieja? un animal? pero yo solo les aseguré que no se arrepentirían.
Todo mi perverso plan se cerraba poco a poco, la única duda era cómo reaccionaría mi mujer, en teoría todo podía fracasar, pero yo tenía el convencimiento que estando en soledad, lejos de ojos indiscretos, Gabriela sería diferente.

Llegamos primero, lo tenía calculado, Gabriela tenía los ojos vendados, era una sorpresa y cayo presa de su confianza hacia mí, le dije que tuviera paciencia, que no tuviera miedo, que todo estaría bien, solo me aseguré que tuviera su celular consigo, yo lo haría sonar para avisarle cuando podía sacarse la venda, la dejé sentada sobre el inodoro y a pesar de que me bombardeaba a preguntas yo nada dije.
Cerré la puerta con llave y fui a mi ubicación, detrás del espejo, donde podía verla con nitidez, ella parecía paralizada, sentada, con sus manos sobre las faldas, puse música, a alto volumen, sabía que las paredes de Durlock eran demasiado delgadas y tenía que evitar que se oyese de un lado a otro, estarían mis amigos, estaría mi mujer, pero el más leve error terminaría en un desastre.

La llamé y le dije que podía quitarse la venda de sus ojos, que solo esperara, que ya tendría noticias.
Gabriela lo hizo, tomó conciencia de donde estaba y al notar los agujeros en la pared solo empezó a reírse meneando la cabeza, la idea del 'glory hole' la calentaba demasiado, era su fantasía, la veía hermosa, pero claro, ella solo veía un espejo, jamás imagino que yo la observaba y se sintió íntimamente sola.
Ella volvió a llamarme y me dijo que estaba loco, solo le dije que disfrutara lo que había preparado para ella y me di cuenta que mi
esposa había asumido que ahí terminaba todo, puesto que empezó a desnudarse y solo comenzó a tocar sus partes íntimas, sin imaginar lo que tendría por delante.

Al fin llegaron los muchachos, que decir, me hervía la sangre, se mostraban jocosos y aun indecisos, pero así eran nuestras apuestas, nuestras locuras, llegaba el momento en el que travesarían el muro con sus vergas.
Presté atención a mi mujer, la petisa se había desnudado desde la cintura hacia abajo, pero aún estaba perdida en su mundo.
Aspiré profundo, de repente, el pequeño baño se llenó de vergas desconocidas, los ojos de Gabriela se hicieron enormes, y como reacción instintiva se tapó el rostro con ambas manos, con su repentina vergüenza, pero pasados unos minutos bajó la guardia y observó con discreción, y volvió a taparse, pero volvió a mirar, fueros los segundos más tensos donde noté que mi esposa luchaba con sus demonios, como una mujer de su clase debía comportare versus cumplir sus más perversos y oscuros deseos.
Intentó llamarme, pero en ese momento, 'casualmente' mi celular estaba apagado, sonreí por dentro y solo imploré en secreto para que lo hiciera, para que dé el paso, 'vamos, vamos - rogaba en silencio - mostrame que no sos una santa, mostrame que sos tan puta como todas'


Todos contentosMinha petisa finalmente se rendiu, tava sozinha, ninguém tava vendo ela, ou pelo menos ela achava isso, e se sentiu livre de qualquer julgamento social, olhava pros paus balançando com desejo, vi ela morder o lábio inferior, sempre fazia isso quando tava perto de perder o controle e finalmente se rendeu, foi até uma das paredes, acariciou com carinho um, e outro, e logo começaram a endurecer, vi tudo claramente, ela chegou mais perto ainda, o rosto dela, e esfregou as bochechas numa das picas, então só começou a chupar, acariciando outra com cada mão livre.

O que tinha começado com uma certa timidez em poucos minutos virou um inferno, Gabriela parecia possuída, chupando uma, outra, mais outra, tinha tudo pra ela e eu tinha garantido que tivesse tantas rolas disponíveis pra levar ela à loucura.

Eu me masturbava escondido, no meu esconderijo, onde ninguém podia me ver, mas eu tinha a melhor vista, minha mulher chupando a pica de todos os meus amigos, um por um, e eles feito uns tarados disputavam e se revezavam nos buracos disponíveis, porque não tinha espaço pra todo mundo.

Ela tava no paraíso, ou no inferno, tinha levantado a blusa de manga comprida, tinha abaixado o sutiã e esfregava os bicos dos peitos nas cabeças dos paus, adorava fazer isso, tinha levado os dedos entre as pernas e se masturbava igual uma louca, com frenesi, voltou a pegar um e não soltou mais, só bateu uma com força, com ritmo, sabia o que queria, conhecia ela muito bem, o magrelo Anselmo, do outro lado, tava no limite, e só deixou rolar, começou a gozar, minha mulher, de cenho franzido, fechou os lábios envolvendo a cabeça do pau pra saborear até a última gota, e não soltou até não sobrar nada, e com isso, veio também meu primeiro orgasmo dos muitos que eu teria naquele dia.

Gabriela já tava desesperada, a excitação não deixava ela pensar direito, os movimentos ficaram atrapalhados e ela pegou o celular, pensei que fosse me ligar de novo. Mas não, ela continuou chupando pica, só que agora se filmava, como fazia com uma, com outra, e com outra, tirava fotos e percebi que estava superando minhas expectativas, ri por dentro, adorei e quis ver até onde iria.

É complicado pra mim transmitir as sensações daquele momento só com palavras, Gabriela era 'minha' esposa, entende?, fiel, pura, transparente, santa, e estar vendo o que estava vendo fazia meu cérebro ferver, ver aqueles lábios que eram só meus, aqueles lábios que só beijavam os meus, pousarem em outras picas, chupando desesperada como se o mundo fosse acabar, vê-la fazer com o corpo as coisas que suas palavras, uma e outra vez, negaram fazer.

Eu tinha perdido a noção do tempo, minha esposa com certeza estaria cãibra, os joelhos, a boca, ia se fartar de carne e de semen quente, três dos meus amigos já tinham sucumbido aos lábios dela, à língua dela.

Foi então que ela se levantou pra me surpreender de novo, pegou uma das picas aleatoriamente, calculou a altura se virando de costas e ficou na ponta dos pés, percebi que ela tinha feito os buracos pensando na minha altura e na dos meus amigos, mas não na dela, no entanto, deu um jeito de recuar e engolir uma bela pica, a situação provocou em mim uma nova ereção e foi minha vez de tirar fotos com meu celular, ela começou a recuar uma e outra vez com gemidos profundos disfarçados pelo volume da música, as nádegas sedutoras batiam com força no drywall fazendo ele vergar e em algum momento tive medo que cedesse e tudo fosse pro caralho, mas por sorte sou um bom construtor.

Voltei a me masturbar enquanto Gabriela se deixava comer por quem quisesse, as paredes que separavam o rosto dela dos rostos dos meus amigos quebravam os bloqueios mentais dela e ela só via pica e mais pica, só pra ela, pecando na intimidade, segurança e refúgio que a situação dava, porque eu tinha certeza de que tentar fazer isso de cara limpa nunca teria funcionado e ela teria ficado negada e na defensiva.
Pra mim foi realizar muitas fantasias, e minha baixinha só devorava paus sem parar, um atrás do outro, enchendo a buceta dela, as mãos, a boca, e até dava um jeito de dar pra um lado enquanto chupava o outro.cuckoldJá tinham se passado umas seis horas, quase não acreditava, tínhamos passado muito do tempo combinado com os caras, mas é que minha mulher parecia uma ninfomaníaca, parecia bater recordes, pau que subia era pau que ela fazia gozar, ela tinha se dado todos os prazeres possíveis, até a bunda gulosa dela levou de presente vários anais.
Eu já não tinha mais esperma nos meus testículos, estavam secos de tanto me tocar e era hora de acabar.
Meus amigos se deram por satisfeitos e terminaram o jogo.
Só quando me certifiquei de que não tinha sobrado nenhum, desliguei a música e fiquei observando atrás do espelho, ela estava um bagaço de mulher, tinha esperma escorrendo por todo lado, pelo rosto, pelos peitos, pela barriga, pela bunda, pelas pernas, até da buceta dela, não parecia minha baixinha, minha santa, só parecia uma puta de bordel, de filme pornô.
Dei um tempo, teria sido perturbador para ela se eu tivesse aparecido naquele momento, mas me divertiu o jeito frenético como ela tentava limpar e arrumar tudo, como se nada tivesse acontecido, claro, ela nunca imaginou que eu estava trapaceando no jogo.

Na hora certa, abri a porta, a mesma mulher que tinha deixado horas antes me recebeu, contida, discreta, envergonhada.
Não falamos muito sobre o assunto, só o necessário para não deixá-la desconfortável, porque ela só contava o que queria contar, tinha gostado, sim, mas só narrou a décima parte do que eu tinha visto, estava com o pé no freio, só perguntou como eu tinha tido a ideia e o que mais a intrigava, quem eram todos aqueles caras, de onde eu tinha tirado, como tinha convencido, só respondi com sorrisos.

O tempo passou, desmontei o que tinha montado e segui com meus trabalhos de rotina, entreguei a casa e as chaves.

Aos domingos, continuamos nos encontrando no clube, todos juntos, como uma grande família, eles ainda lembram daquela loucura e ainda costumam me perguntar pela puta que nunca conheceram, e eu sou o dono de manter meus lábios fechados, vejo eles conversando sobre a vida, minha esposa, meus amigos, suas mulheres, tanta inocência, tanta falta de conhecimento, me pergunto o que aconteceria se eu abrisse a boca, se eles descobrissem que tinham comido minha mulher, todos, um por um, e a Gabriela, morreria olhando nos olhos daqueles homens que um a um tinham chupado a rola dela, olhava tantas mulheres felizes, sem imaginar que minha inocente baixinha tinha feito todas elas de corna, todas, uma por uma. Meu segredo me excita tanto que me leva a ereções fortes e às vezes só quero compartilhar com alguém.
Talvez um dia eu faça isso de novo, mas não com meus amigos, vou ter que buscar problemas em outros lugares, e também não quero transformar minha esposa em uma puta qualquer.
De qualquer forma, fim da história, acho que no final meus amigos, a Gabriela e eu, cada um do seu jeito, ficamos todos satisfeitos.


Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'TODOS CONTENTOS' para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Todos contentos