No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
TATOO Y ALGO MAS…
Ya pasó algún tiempo de esta parte de mi vida, parte que les narraré a continuación…
Tenía poco más de treinta cuando la conocí, llevaba más de siete años de matrimonio con Laura, mi primera esposa, trabajaba en ese entonces como inspector de seguros de automóviles, intervenía en esos siniestros viales, accidentes de tránsito en los que había que litigar, donde me tocaba hacer peritajes para aportar ante los juzgados correspondientes.
Mi vida era vivir en la calle, la compañía de seguros me mandaba a recorrer la ciudad y los pueblos de alrededor, aunque era todo un tanto repetitivo a mí me gustaba mi trabajo, siempre era conocer gente y nuevos desafíos a resolver.
Fue a fines de abril, lo que en principio era un trámite más dentro de tantos, terminó cambiando mi vida.
Mariana Domenech, ese es su nombre, en ese momento era un nombre más en mi itinerario, había chocado con su motocicleta y el caso no pintaba bien.
Fui a su casa a interiorizarme de lo sucedido, ella me recibió con un poco de dificultad, puesto que en ese momento se desplazaba con un par de muletas, su pierna derecha lucía un yeso hasta la rodilla, producto de una fractura producto del impacto.
Y por alguna razón intangible, la señorita Domenech llamó mi atención, mientras tomaba toda la declaración y me narraba lo sucedido, iba fotografiando en mi mente la figura de esa mujer, en verdad no era muy bonita, se notaba un tanto rellenita, bastante ajustada en una blusa verde, donde se marcaba en demasía el sostén conteniendo sus pequeños pechos, también noté que su amplia pollera negra trataba de disimular sus anchas caderas y su generoso trasero, más allá de la media.
Su rostro no expresaba demasiado, de tez morena, cara oval y ojos oscuros, enmarcados en gruesas cejas que junto a su lacio y renegrido cabello era lo que más me llamaba la atención.
Pero si bien su físico me atraía, creo que vi en ella algo que llamó más mi atención, Mariana se notaba extrovertida, una mujer de tomar decisiones, como un vendaval que arrasa todo a su paso. La piel que estaba desnuda ante mis ojos dejaba ver incontables tatuajes, y sus orejas varias perforaciones adornadas con aros brillantes, sin dudas, una personalidad no común.
Y ese primer encuentro abrió la puerta para una segunda consulta y en algún punto perdimos el control y todo cambió…
De la nada empezamos a ser amantes, terminamos en la cama, Mariana era fuego, era una ninfómana que solo quería que la cogiera, me llevó al borde de la locura.
En algún momento solo quería coger con Mariana, perdí el interés en mi esposa, empecé a odiar a Laura, porque todo el mundo de mi amante parecía ser perfecto y todo lo relacionado a mi esposa se me hacía tedioso al extremo.
Dejé a una para ir a vivir con la otra…
En poco tiempo, pasamos por el civil, ahora estaba con la señora Mariana Noelia Domenech de Ramirez, y en esos primeros años tendría el mejor sexo de mi vida, ella era en la cama todo lo puta que puedan imaginar, y más también, teníamos sexo al levantarnos, a la siesta, a la noche, en la ducha, en el coche, en el patio… diablos…
Ella empezaba a consumir mis energías, había perdido unos cinco kilos, no tenía paz, nunca se saciaba…
La situación parecía volverse insostenible, honestamente no podía seguirle el ritmo.
Fue en esos días cuando tuvo una brillante idea, Mariana me comentó que quería hacerse un gran tatoo en una de sus nalgas, estaba buscando algunos dibujos de lechuzas, eso es lo que quería, y sabía que no importaba mi opinión, ella lo haría.
Sonreí sin comentar, imaginé perversamente que en tremenda nalga seguramente tendría una lechuza gigante…
Y en un tiempo empecé a ver los primeros trazos en su glúteo derecho, apenas unas líneas de un arduo trabajo.
Yo sabía que Alfonso era quien le hacía el trabajo, ella me contaba que era un viejo amigo que le había hecho la mayoría de los tatuajes, que era de confianza y no sé cuánto más, pero sentí revolverme las tripas solo imaginando el momento del trabajo, el culo de mi mujer desnudo a los ojos de ese ‘profesional’.
Y empezaron algunos roces, algunos celos, cuando yo sabía que ella iba a una de las sesiones, admito que solía ponerme insoportable…
Mariana fue quien sugirió que la acompañara, si es que eso lograba bajar mi ansiedad…
Así conocí al famoso tatuador, un cuarentón que aparentaba muchos más, flaco como esqueleto, con la piel pegada a sus huesos, de cabellos plateados prematuramente por las canas, largos y recogidos, de mirada profunda y voz ronca, con una sonrisa para desconfiar.
Mariana nos presentó, él ya sabía porque yo estaba ahí, en rol de custodio, pero no pareció inmutarse. Pude notar que ellos se conocían hace tiempo, incluso antes que yo apareciera en la vida de mi mujer.
El cerró los cortinados del local para dar privacidad y trabó la puerta con llave, me dijo que me sentara a un costado, y luego se dirigió a mi mujer mientras se ponía unos guantes esterilizados
Vamos flaca, a ver cómo anda ese culito?
Algunas cosas quedaron claras para mí en ese momento, su sentido del humor, mi mujer no era ‘flaca’, y no tenía ‘culito’, y mi presencia no lo inmutaría para nada…
Mariana dejó con naturalidad a un lado la pollera quedando con una diminuta colaless roja, con sus enormes jamones expuestos, se colocó boca abajo en la camilla y se entregó a las manos del artista…
Preparó en silencio todos los implementos, observó el cuadro y pronto el sonido característico de la máquina de tatuar llenó la habitación.
Alfonso empezó a trabajar sin levantar los ojos del culo de mi esposa, su mano libre reposaba en su cuerpo semidesnudo y esto me provocaba cierto escozor, Mariana, parecía ajena al dolor y me miraba solo para ver mi reacción, tenía esa cara de puta que ya le conocía…
El tipo entonces directamente empezó con su ofensiva dialéctica
Flaco… hermoso culo tiene tu mujer… cierto?
Yo no respondí, aturdido por lo directo de la pregunta, entonces paró unos segundos de tatuar y levantó la vista para mirarme fijamente y repreguntar
Ey! flaco… no me escuchaste? Precioso culo el de tu mujer…
Si… - dije yo, aun sin salir de mi asombro –
Mientras Alfonso decía esto se lo apretujaba y Mariana parecía no molestarse por la situación, yo no sabía si trompear el tipo o quedarme sentado sin decir nada, opté por esta opción con un raro escozor entre las piernas…
Acompañé a mi esposa a cada una de las sesiones hasta que su enorme tatoo estuvo terminado, en cada encuentro el tipo siguió con su carga dialéctica para conmigo, diciendo directamente ‘lo buena que estaba’ ‘lo bueno que cogería’ ‘el hermoso culo que tenía’ y más… ‘que seguro la chuparía muy bien’ ‘que pagaría por hacerle el orto’ ’que podríamos hacer un trío’ y muchas cosas más…
Mariana? Disfrutaba de la situación y me confesaba luego que mojaba la tanga solo imaginando…
Y yo? Terminaba con terribles e inconfesables erecciones…
Hacía ya un mes que una enorme lechuza me miraba desde la nalga derecha de Mariana, su tatuador me había acorralado dialectalmente encuentro tras encuentro, y no supe porque, pero cuando esa tarde se presentó en nuestro domicilio para un teórico control de su trabajo, yo sabía muy bien que sus intenciones eran otras…
Fuimos los tres al dormitorio, Mariana tuvo que bajarse su jean y esta vez también su ropa interior, dado que era un culote de dimensiones considerables que tapaban demasiado al tatoo.
El empezó a refregarse su paquete y dijo tomando el control de la situación
Sabe… quero que você chupe minha pica… e quero que você me veja fazendo isso, então fica de lado e só observa… tá claro?
Fiz isso, sem dizer uma palavra, no lugar do dono da casa parecia um convidado idiota, aquele cara magricela tinha assumido o controle e Mariana parecia entregue, pensei que isso já tinha acontecido antes de me conhecer, que era o jeito dela pagar pelos trabalhos, ou talvez eles transassem pelas minhas costas, talvez ela me chifrasse e eu não soubesse, mas parecia encaixar tudo tão bem que não podia ser a primeira vez.
Minha esposa tinha se ajoelhado aos pés dele, ele tirou a pica bem dura de dentro da calça e só colocou na boca dela, eu fiquei olando que nem um otário, Mariana chupava com capricho, igual fazia comigo, e o cara mostrava um ar de satisfação.
Ele murmurava, só ele falava:
— Que puta que você é, como você gosta de chupar pica… e você? você aí olhando… viu que puta que é sua mulher… que gostoso ela chupa minha pica… achava que ia chegar nisso?
Alfonso tinha o controle, isso tava claro, com uma mão segurava os cabelos da minha esposa, com a outra a base da pica, enfiando do jeito que ele queria na boca, Mariana parecia desesperada tentando pegar e eu só olhava com um tesão do caralho…
Chegava a hora, porra, ele arrancou a pica da boca dela e mandou ela manter aberta, a cabeça tava a centímetros dos lábios dela e ele se masturbou com frenesi, o líquido branco grosso jorrou no rosto da minha mulher, foi excitante ver como escorreu pelo nariz, pela bochecha, pela cara, como ela tentava em vão pegar um pouco, levar à boca, saborear, mas ele impedia, só umas gotas chegaram nos lábios dela e ela saboreava como água no deserto…
Quando terminou, ele soltou ela com um tanto de desprezo e disse:
— Sempre a mesma puta… agora chupa toda essa porra e engole… puta… E você… — se virando pra mim — vai… quero ver vocês fodendo…
Era estranho, mas ele dava ordens e a gente obedecia, será que não devia ser o contrário?
Mariana estava louca, eu me despi e fui pra cama, ela também tinha se despido e veio pra cima de mim, foi explosivo, ela começou a me cavalgar, os quadris dela pulavam em cima de mim engolindo toda a minha pica, eu estava extasiado e ela mais ainda, saber que no nosso próprio quarto um estranho nos observava enquanto a gente transava era algo que eu não esperava.
Minha cabeça funcionava a mil por hora, eu olhava o rosto da minha esposa, o leite escorrido tinha secado na bochecha direita dela, aproximei o rosto dela do meu, os gemidos dela me excitaram, o hálito dela me lembrou a pica do tatuador, eu a beijei com loucura, senti um amargor especial, produto do leite que ela tinha engolido, não entendia o motivo, mas tudo isso me enlouquecia…
Alfonso falou de novo, pediu um minuto, se ajeitou atrás da minha esposa, apertou os quadris dela, pelo amor de Deus… senti na minha pica como a dele entrava devagar no cu da minha mulher, o rosto da minha linda Mariana se desfigurava, os olhos fechados, os dentes superiores mordendo o lábio inferior, tentando se calar, mas um gemido excitante escapava entre os lábios dela, eu fiquei imóvel, de baixo não dava pra fazer muita coisa…
Minha pica dura estava na buceta dela, do outro lado eu já sentia a pica do Alfonso entrando e saindo do cu da minha mulher, ela gemia a cada estocada, a mão dela no meu púbis acariciava o clitóris dela me dando orgasmos intermináveis, e as palavras daquele cara enchiam meus ouvidos
Que puta que você é… como você gosta de pica… nunca vai mudar…
Como sempre ele parecia ter tudo sob controle, se afastou por uns minutos, pediu pra ela pegar minha pica e enfiar no cu dela, precisava ver como eu metia no cu dela.
Mariana obedeceu, e continuou me cavalgando, só que agora minha pica estava no outro buraco. buraco…
Foi aí que o cara magrelo voltou com tudo, de novo as mãos apertando os quadris da minha esposa, e notei que ele tentava enfiar a pica no cu dela, só que a minha já tava lá, tentei impedir, coitada da minha amada, mas então ela, pela primeira vez, tomando a iniciativa, me disse
Não! Deixa… quero ter as duas no meu cu…
Fiquei olhando pra ela sem entender, enquanto sentia nosso amigo forçando a entrada traseira mais uma vez…
Como explicar? Depois de várias tentativas falhas, a pica do Alfonso tava totalmente comprimida junto com a minha dentro do cu da minha esposa, a sensação era estranha, sentir o contato pica contra pica, a dele esfregando na minha, tão apertadas, tão juntas, era tudo tão perverso…
Ele empurrava como um touro, sentia as bolas dele batendo na minha rola, a Mariana se perdia em gritos cravando com força as unhas afiadas na minha carne, não aguentei, tanto atrito… gozei no fundo do cu dela, foi uma delícia…
O cara não parava de falar, dizendo várias vezes que puta que minha esposa era, como ela gostava de transar com dois caras e como o cu dela tava ficando, tudo isso me insultava um pouco, afinal era da minha mulher que ele tava falando, mas dadas as circunstâncias, sentia muita excitação ao mesmo tempo, porque honestamente, a Mariana tava se comportando como uma puta…
O tatuador então tirou a pica dele e gozou pela segunda vez, sobre o cu aberto da minha mulher e sobre a minha própria pica que ainda tava dentro dela…
Levei a mão pra confirmar o que achava, minha pica, minhas bolas e até minhas pernas estavam meladas de porra do Alfonso…
Ter o esperma quente de outro homem nos meus genitais me pareceu tão sujo quanto excitante, vi que minha pica continuava dura apesar de tudo.
E chegou o momento menos esperado, o que eu nunca imaginei que pudesse acontecer, o Alfonso olhou diretamente pra mim e disse
E aí, magrelo? Não quer chupar um pouco pra mim? Sorri, obviamente era tudo uma brincadeira, foi o que pensei… mas ele começou a se punhetar de novo e se aproximava do meu rosto perigosamente, Mariana começou a acariciar os próprios mamilos e me disse:
“Sim! Quero ver você chupando ele…”
Ela segurou minha nuca com uma mão e o pau ereto com a outra, diminuindo a distância, eu não me mexi, mas ele continuou se aproximando, mais e mais…
“Vai, chupa ele um pouco, ninguém vai ficar sabendo…”
Só fechei os olhos, só abri um pouco a boca, só senti o pau dele entrar na minha boca, e não me desagradou, pelo contrário, ainda senti minha esposa muito animada, me incentivando, marcando o ritmo, mantendo uma mão atrás da minha nuca pra eu não me afastar e punhetando ele com a outra.
Ela parecia ter assumido o controle do jogo e eu a ouvia dizer:
“Isso! Isso! Isso, meu amor! Viu que gostoso? Viu que lindo que é?”
De repente, ela pegou uma das minhas mãos e substituiu pela dela, pra eu mesmo masturbar ele, e foi o que fiz, abri os olhos então, estava com aquele pau na boca, chupando e esfregando, Mariana começou a me masturbar, quando senti um gosto salgado na boca, ela percebeu e disse de novo enquanto aumentava a velocidade da mão, a que masturbava meu pau quente:
“Sim! Quero que você goze na boca, sim… quero que sinta o que eu sinto!!! Me excita…”
Alfonso soltou um jato que foi direto pra minha garganta, o gosto era estranho, em segundos minha boca encheu de porra e eu também comecei a gozar… minha esposa me arrancou do pau que eu chupava pra chupar ele, depois veio até mim e me beijou fundo, roubando parte da porra quente que ainda tinha na minha boca.
Foi tudo muito louco, impensável, mas o calor pairava no quarto, tinha porra pra todo lado, parte minha, parte do Alfonso, nas minhas pernas, na minha barriga, no meu peito, nos meus genitais, no meu queixo, na minha boca…
Não teve mais nada naquele dia, só lembro do Alfonso com a risada debochada dele, como tinha comido minha mulher de novo, porque já tinha claro que ele comia ela direto e, além disso, como ela me olhava de um jeito arrogante, até pra mim ela tinha virado uma putinha…
Depois daquele dia, as coisas começaram a mudar com a minha mulher. Pensei muito, e tudo tinha rolado num momento de tesão, mas eu não era assim, não queria isso pra minha vida. Só que a Mariana não concordava, e como sempre, ela conseguiu o que queria…
A gente voltou a meter o tatuador na cama várias vezes, e ela ficava excitada e se masturbava quando eu assumia um papel passivo. Ela adorava ver o marido sendo dominado por outro cara, que loucura… só pra agradar ela, eu chupei ele de novo várias vezes e até deixei ele me dominar…
As coisas simplesmente aconteceram. Comecei a odiar todo o mundo da Mariana e o tatuador. A gente foi se afastando aos poucos, acho que nos últimos tempos ela transava mais com ele do que comigo. Pra ser sincero, eu nem ligava mais…
Por um motivo besta, acabei esbarrando na Laura, minha primeira esposa, e foi gostoso. Senti aquela faísca que ainda mantinha vivo aquele amor de anos atrás. A gente voltou a sair e, bom, decidimos dar uma segunda chance…
Hoje moro com ela de novo, numa vida mais tradicional, longe da loucura que a Mariana e o cara das tatuagens me propunham…
Se você curtiu a história, pode me escrever no título ‘TATOO E ALGO MAIS…’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
TATOO Y ALGO MAS…
Ya pasó algún tiempo de esta parte de mi vida, parte que les narraré a continuación…
Tenía poco más de treinta cuando la conocí, llevaba más de siete años de matrimonio con Laura, mi primera esposa, trabajaba en ese entonces como inspector de seguros de automóviles, intervenía en esos siniestros viales, accidentes de tránsito en los que había que litigar, donde me tocaba hacer peritajes para aportar ante los juzgados correspondientes.
Mi vida era vivir en la calle, la compañía de seguros me mandaba a recorrer la ciudad y los pueblos de alrededor, aunque era todo un tanto repetitivo a mí me gustaba mi trabajo, siempre era conocer gente y nuevos desafíos a resolver.
Fue a fines de abril, lo que en principio era un trámite más dentro de tantos, terminó cambiando mi vida.
Mariana Domenech, ese es su nombre, en ese momento era un nombre más en mi itinerario, había chocado con su motocicleta y el caso no pintaba bien.
Fui a su casa a interiorizarme de lo sucedido, ella me recibió con un poco de dificultad, puesto que en ese momento se desplazaba con un par de muletas, su pierna derecha lucía un yeso hasta la rodilla, producto de una fractura producto del impacto.
Y por alguna razón intangible, la señorita Domenech llamó mi atención, mientras tomaba toda la declaración y me narraba lo sucedido, iba fotografiando en mi mente la figura de esa mujer, en verdad no era muy bonita, se notaba un tanto rellenita, bastante ajustada en una blusa verde, donde se marcaba en demasía el sostén conteniendo sus pequeños pechos, también noté que su amplia pollera negra trataba de disimular sus anchas caderas y su generoso trasero, más allá de la media.
Su rostro no expresaba demasiado, de tez morena, cara oval y ojos oscuros, enmarcados en gruesas cejas que junto a su lacio y renegrido cabello era lo que más me llamaba la atención.
Pero si bien su físico me atraía, creo que vi en ella algo que llamó más mi atención, Mariana se notaba extrovertida, una mujer de tomar decisiones, como un vendaval que arrasa todo a su paso. La piel que estaba desnuda ante mis ojos dejaba ver incontables tatuajes, y sus orejas varias perforaciones adornadas con aros brillantes, sin dudas, una personalidad no común.
Y ese primer encuentro abrió la puerta para una segunda consulta y en algún punto perdimos el control y todo cambió…
De la nada empezamos a ser amantes, terminamos en la cama, Mariana era fuego, era una ninfómana que solo quería que la cogiera, me llevó al borde de la locura.
En algún momento solo quería coger con Mariana, perdí el interés en mi esposa, empecé a odiar a Laura, porque todo el mundo de mi amante parecía ser perfecto y todo lo relacionado a mi esposa se me hacía tedioso al extremo.
Dejé a una para ir a vivir con la otra…
En poco tiempo, pasamos por el civil, ahora estaba con la señora Mariana Noelia Domenech de Ramirez, y en esos primeros años tendría el mejor sexo de mi vida, ella era en la cama todo lo puta que puedan imaginar, y más también, teníamos sexo al levantarnos, a la siesta, a la noche, en la ducha, en el coche, en el patio… diablos…
Ella empezaba a consumir mis energías, había perdido unos cinco kilos, no tenía paz, nunca se saciaba…
La situación parecía volverse insostenible, honestamente no podía seguirle el ritmo.
Fue en esos días cuando tuvo una brillante idea, Mariana me comentó que quería hacerse un gran tatoo en una de sus nalgas, estaba buscando algunos dibujos de lechuzas, eso es lo que quería, y sabía que no importaba mi opinión, ella lo haría.
Sonreí sin comentar, imaginé perversamente que en tremenda nalga seguramente tendría una lechuza gigante…
Y en un tiempo empecé a ver los primeros trazos en su glúteo derecho, apenas unas líneas de un arduo trabajo.
Yo sabía que Alfonso era quien le hacía el trabajo, ella me contaba que era un viejo amigo que le había hecho la mayoría de los tatuajes, que era de confianza y no sé cuánto más, pero sentí revolverme las tripas solo imaginando el momento del trabajo, el culo de mi mujer desnudo a los ojos de ese ‘profesional’.
Y empezaron algunos roces, algunos celos, cuando yo sabía que ella iba a una de las sesiones, admito que solía ponerme insoportable…
Mariana fue quien sugirió que la acompañara, si es que eso lograba bajar mi ansiedad…
Así conocí al famoso tatuador, un cuarentón que aparentaba muchos más, flaco como esqueleto, con la piel pegada a sus huesos, de cabellos plateados prematuramente por las canas, largos y recogidos, de mirada profunda y voz ronca, con una sonrisa para desconfiar.
Mariana nos presentó, él ya sabía porque yo estaba ahí, en rol de custodio, pero no pareció inmutarse. Pude notar que ellos se conocían hace tiempo, incluso antes que yo apareciera en la vida de mi mujer.
El cerró los cortinados del local para dar privacidad y trabó la puerta con llave, me dijo que me sentara a un costado, y luego se dirigió a mi mujer mientras se ponía unos guantes esterilizados
Vamos flaca, a ver cómo anda ese culito?
Algunas cosas quedaron claras para mí en ese momento, su sentido del humor, mi mujer no era ‘flaca’, y no tenía ‘culito’, y mi presencia no lo inmutaría para nada…
Mariana dejó con naturalidad a un lado la pollera quedando con una diminuta colaless roja, con sus enormes jamones expuestos, se colocó boca abajo en la camilla y se entregó a las manos del artista…
Preparó en silencio todos los implementos, observó el cuadro y pronto el sonido característico de la máquina de tatuar llenó la habitación.
Alfonso empezó a trabajar sin levantar los ojos del culo de mi esposa, su mano libre reposaba en su cuerpo semidesnudo y esto me provocaba cierto escozor, Mariana, parecía ajena al dolor y me miraba solo para ver mi reacción, tenía esa cara de puta que ya le conocía…
El tipo entonces directamente empezó con su ofensiva dialéctica
Flaco… hermoso culo tiene tu mujer… cierto?
Yo no respondí, aturdido por lo directo de la pregunta, entonces paró unos segundos de tatuar y levantó la vista para mirarme fijamente y repreguntar
Ey! flaco… no me escuchaste? Precioso culo el de tu mujer…
Si… - dije yo, aun sin salir de mi asombro –
Mientras Alfonso decía esto se lo apretujaba y Mariana parecía no molestarse por la situación, yo no sabía si trompear el tipo o quedarme sentado sin decir nada, opté por esta opción con un raro escozor entre las piernas…
Acompañé a mi esposa a cada una de las sesiones hasta que su enorme tatoo estuvo terminado, en cada encuentro el tipo siguió con su carga dialéctica para conmigo, diciendo directamente ‘lo buena que estaba’ ‘lo bueno que cogería’ ‘el hermoso culo que tenía’ y más… ‘que seguro la chuparía muy bien’ ‘que pagaría por hacerle el orto’ ’que podríamos hacer un trío’ y muchas cosas más…
Mariana? Disfrutaba de la situación y me confesaba luego que mojaba la tanga solo imaginando…
Y yo? Terminaba con terribles e inconfesables erecciones…
Hacía ya un mes que una enorme lechuza me miraba desde la nalga derecha de Mariana, su tatuador me había acorralado dialectalmente encuentro tras encuentro, y no supe porque, pero cuando esa tarde se presentó en nuestro domicilio para un teórico control de su trabajo, yo sabía muy bien que sus intenciones eran otras…
Fuimos los tres al dormitorio, Mariana tuvo que bajarse su jean y esta vez también su ropa interior, dado que era un culote de dimensiones considerables que tapaban demasiado al tatoo.
El empezó a refregarse su paquete y dijo tomando el control de la situación
Sabe… quero que você chupe minha pica… e quero que você me veja fazendo isso, então fica de lado e só observa… tá claro?Fiz isso, sem dizer uma palavra, no lugar do dono da casa parecia um convidado idiota, aquele cara magricela tinha assumido o controle e Mariana parecia entregue, pensei que isso já tinha acontecido antes de me conhecer, que era o jeito dela pagar pelos trabalhos, ou talvez eles transassem pelas minhas costas, talvez ela me chifrasse e eu não soubesse, mas parecia encaixar tudo tão bem que não podia ser a primeira vez.
Minha esposa tinha se ajoelhado aos pés dele, ele tirou a pica bem dura de dentro da calça e só colocou na boca dela, eu fiquei olando que nem um otário, Mariana chupava com capricho, igual fazia comigo, e o cara mostrava um ar de satisfação.
Ele murmurava, só ele falava:
— Que puta que você é, como você gosta de chupar pica… e você? você aí olhando… viu que puta que é sua mulher… que gostoso ela chupa minha pica… achava que ia chegar nisso?
Alfonso tinha o controle, isso tava claro, com uma mão segurava os cabelos da minha esposa, com a outra a base da pica, enfiando do jeito que ele queria na boca, Mariana parecia desesperada tentando pegar e eu só olhava com um tesão do caralho…
Chegava a hora, porra, ele arrancou a pica da boca dela e mandou ela manter aberta, a cabeça tava a centímetros dos lábios dela e ele se masturbou com frenesi, o líquido branco grosso jorrou no rosto da minha mulher, foi excitante ver como escorreu pelo nariz, pela bochecha, pela cara, como ela tentava em vão pegar um pouco, levar à boca, saborear, mas ele impedia, só umas gotas chegaram nos lábios dela e ela saboreava como água no deserto…
Quando terminou, ele soltou ela com um tanto de desprezo e disse:
— Sempre a mesma puta… agora chupa toda essa porra e engole… puta… E você… — se virando pra mim — vai… quero ver vocês fodendo…
Era estranho, mas ele dava ordens e a gente obedecia, será que não devia ser o contrário?
Mariana estava louca, eu me despi e fui pra cama, ela também tinha se despido e veio pra cima de mim, foi explosivo, ela começou a me cavalgar, os quadris dela pulavam em cima de mim engolindo toda a minha pica, eu estava extasiado e ela mais ainda, saber que no nosso próprio quarto um estranho nos observava enquanto a gente transava era algo que eu não esperava.
Minha cabeça funcionava a mil por hora, eu olhava o rosto da minha esposa, o leite escorrido tinha secado na bochecha direita dela, aproximei o rosto dela do meu, os gemidos dela me excitaram, o hálito dela me lembrou a pica do tatuador, eu a beijei com loucura, senti um amargor especial, produto do leite que ela tinha engolido, não entendia o motivo, mas tudo isso me enlouquecia…
Alfonso falou de novo, pediu um minuto, se ajeitou atrás da minha esposa, apertou os quadris dela, pelo amor de Deus… senti na minha pica como a dele entrava devagar no cu da minha mulher, o rosto da minha linda Mariana se desfigurava, os olhos fechados, os dentes superiores mordendo o lábio inferior, tentando se calar, mas um gemido excitante escapava entre os lábios dela, eu fiquei imóvel, de baixo não dava pra fazer muita coisa…
Minha pica dura estava na buceta dela, do outro lado eu já sentia a pica do Alfonso entrando e saindo do cu da minha mulher, ela gemia a cada estocada, a mão dela no meu púbis acariciava o clitóris dela me dando orgasmos intermináveis, e as palavras daquele cara enchiam meus ouvidos
Que puta que você é… como você gosta de pica… nunca vai mudar…
Como sempre ele parecia ter tudo sob controle, se afastou por uns minutos, pediu pra ela pegar minha pica e enfiar no cu dela, precisava ver como eu metia no cu dela.
Mariana obedeceu, e continuou me cavalgando, só que agora minha pica estava no outro buraco. buraco…
Foi aí que o cara magrelo voltou com tudo, de novo as mãos apertando os quadris da minha esposa, e notei que ele tentava enfiar a pica no cu dela, só que a minha já tava lá, tentei impedir, coitada da minha amada, mas então ela, pela primeira vez, tomando a iniciativa, me disse
Não! Deixa… quero ter as duas no meu cu…
Fiquei olhando pra ela sem entender, enquanto sentia nosso amigo forçando a entrada traseira mais uma vez…
Como explicar? Depois de várias tentativas falhas, a pica do Alfonso tava totalmente comprimida junto com a minha dentro do cu da minha esposa, a sensação era estranha, sentir o contato pica contra pica, a dele esfregando na minha, tão apertadas, tão juntas, era tudo tão perverso…
Ele empurrava como um touro, sentia as bolas dele batendo na minha rola, a Mariana se perdia em gritos cravando com força as unhas afiadas na minha carne, não aguentei, tanto atrito… gozei no fundo do cu dela, foi uma delícia…
O cara não parava de falar, dizendo várias vezes que puta que minha esposa era, como ela gostava de transar com dois caras e como o cu dela tava ficando, tudo isso me insultava um pouco, afinal era da minha mulher que ele tava falando, mas dadas as circunstâncias, sentia muita excitação ao mesmo tempo, porque honestamente, a Mariana tava se comportando como uma puta…
O tatuador então tirou a pica dele e gozou pela segunda vez, sobre o cu aberto da minha mulher e sobre a minha própria pica que ainda tava dentro dela…
Levei a mão pra confirmar o que achava, minha pica, minhas bolas e até minhas pernas estavam meladas de porra do Alfonso…
Ter o esperma quente de outro homem nos meus genitais me pareceu tão sujo quanto excitante, vi que minha pica continuava dura apesar de tudo.
E chegou o momento menos esperado, o que eu nunca imaginei que pudesse acontecer, o Alfonso olhou diretamente pra mim e disse
E aí, magrelo? Não quer chupar um pouco pra mim? Sorri, obviamente era tudo uma brincadeira, foi o que pensei… mas ele começou a se punhetar de novo e se aproximava do meu rosto perigosamente, Mariana começou a acariciar os próprios mamilos e me disse:
“Sim! Quero ver você chupando ele…”
Ela segurou minha nuca com uma mão e o pau ereto com a outra, diminuindo a distância, eu não me mexi, mas ele continuou se aproximando, mais e mais…
“Vai, chupa ele um pouco, ninguém vai ficar sabendo…”
Só fechei os olhos, só abri um pouco a boca, só senti o pau dele entrar na minha boca, e não me desagradou, pelo contrário, ainda senti minha esposa muito animada, me incentivando, marcando o ritmo, mantendo uma mão atrás da minha nuca pra eu não me afastar e punhetando ele com a outra.
Ela parecia ter assumido o controle do jogo e eu a ouvia dizer:
“Isso! Isso! Isso, meu amor! Viu que gostoso? Viu que lindo que é?”
De repente, ela pegou uma das minhas mãos e substituiu pela dela, pra eu mesmo masturbar ele, e foi o que fiz, abri os olhos então, estava com aquele pau na boca, chupando e esfregando, Mariana começou a me masturbar, quando senti um gosto salgado na boca, ela percebeu e disse de novo enquanto aumentava a velocidade da mão, a que masturbava meu pau quente:
“Sim! Quero que você goze na boca, sim… quero que sinta o que eu sinto!!! Me excita…”
Alfonso soltou um jato que foi direto pra minha garganta, o gosto era estranho, em segundos minha boca encheu de porra e eu também comecei a gozar… minha esposa me arrancou do pau que eu chupava pra chupar ele, depois veio até mim e me beijou fundo, roubando parte da porra quente que ainda tinha na minha boca.
Foi tudo muito louco, impensável, mas o calor pairava no quarto, tinha porra pra todo lado, parte minha, parte do Alfonso, nas minhas pernas, na minha barriga, no meu peito, nos meus genitais, no meu queixo, na minha boca…
Não teve mais nada naquele dia, só lembro do Alfonso com a risada debochada dele, como tinha comido minha mulher de novo, porque já tinha claro que ele comia ela direto e, além disso, como ela me olhava de um jeito arrogante, até pra mim ela tinha virado uma putinha…
Depois daquele dia, as coisas começaram a mudar com a minha mulher. Pensei muito, e tudo tinha rolado num momento de tesão, mas eu não era assim, não queria isso pra minha vida. Só que a Mariana não concordava, e como sempre, ela conseguiu o que queria…
A gente voltou a meter o tatuador na cama várias vezes, e ela ficava excitada e se masturbava quando eu assumia um papel passivo. Ela adorava ver o marido sendo dominado por outro cara, que loucura… só pra agradar ela, eu chupei ele de novo várias vezes e até deixei ele me dominar…
As coisas simplesmente aconteceram. Comecei a odiar todo o mundo da Mariana e o tatuador. A gente foi se afastando aos poucos, acho que nos últimos tempos ela transava mais com ele do que comigo. Pra ser sincero, eu nem ligava mais…
Por um motivo besta, acabei esbarrando na Laura, minha primeira esposa, e foi gostoso. Senti aquela faísca que ainda mantinha vivo aquele amor de anos atrás. A gente voltou a sair e, bom, decidimos dar uma segunda chance…
Hoje moro com ela de novo, numa vida mais tradicional, longe da loucura que a Mariana e o cara das tatuagens me propunham…
Se você curtiu a história, pode me escrever no título ‘TATOO E ALGO MAIS…’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
1 comentários - Tatuagem e algo mais...