No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Corro con el triste orgullo de haber sido el hazme reír de toda una ciudad, fui la noticia de cuanto medio noticioso existiese, fue sentir la compasión de familiares, amigos y vivir a partir de ese momento un auténtico calvario, donde el psicólogo es el único lugar en donde puedo dar paz a mis penas.
Hoy es un día de sentimientos contradictorios, al escuchar que María Laura, mi ex esposa era condenada a diez años efectivos de prisión no pude más que esbozar una sonrisa y respirar con alivio, pero al mismo tiempo sentí un profundo dolor, como habíamos llegado a ese punto?
Todo había empezado tiempo atrás, María Laura y yo nos habíamos conocido en la facultad de medicina, ella es dos años mayor que yo, y bueno, nos enamoramos, nos recibimos, nos especializamos, por mi parte soy traumatólogo, ella hace cirugías plásticas, nos casamos, tuvimos tres hijos, compartimos lugares de trabajo, ya saben, como suele suceder en muchos matrimonios.
Fue cuando Erika apareció en mi vida, ella era una nueva enfermera en una de las clínicas en que compartíamos trabajo, pisaba los treinta, muy bonita, delgadita, de media altura, cabellos lacios tenidos a rubio brillante que llegaban al nacimiento de su cola, mostraba un cuerpecito armónico, nada exagerado ni opulento, pequeños pechos, pequeña cintura, una colita diminuta redondita como una manzanita, era simpática, demasiado para lo que una esposa puede soportar. Ella vestía normalmente, no era de llamar mucho la atención, pero solo imaginarla desnuda se me hacía casi perfecta, se esas hembras que no les sobra ni les falta nada, que tienen todo lo justo en su justo lugar.
Era excelente en lo suyo, de las mejores, laboralmente no había nada que objetarle, pero por otro lado su historia de vida pasó de boca en boca, su reputación no la dejaba bien parada, se comentaba que era mujer de todo aquel que se lo propusiera, que llevaba una vida de libertinajes prohibidos, que se encamaba con uno y con otro, era un secreto a voces. Estaba casada, su marido, un tipo cincuentón era chofer de camiones de larga distancia, solía ausentarse semanas de su domicilio, cosa que no hacía más que facilitar los amoríos de Erika, incluso Jonás, el hijo de ocho años, no se parecía nada a su padre, eran verdades que todos sabíamos…
Además tenía un cierto glamour en sus palabras y en sus posturas, de esas putitas que se hacen las inocentes, como que parecen no darse cuenta de las cosas que dicen, o las cosas que hacen, pero que en el fondo solo son provocaciones que dejan a los hombres calientes hablando de ellas a sus espaldas…
Y Erika jugó conmigo, jugó de la misma manera en que jugó con cada hombre de la clínica, y si yo no había avanzado era solo por María Laura, ella ya me había perdonado varias infidelidades y me tenía al jaque.
Sin embargo eso no impidió que la enfermera me regalara varias fotos en traje de baño que guardaba celosamente en mi celular, la bastarda usaba una tanga que solo era casi un hilo dental, y no tenía el menor pudor en que viera su precioso trasero, otras de sus formas de provocar.
Matías, un colega que no tenía compromisos y era muy confidente conmigo, se la cogía de tanto en tanto, me taladraba el cerebro con palabras como ‘que puta que es’ o ‘no sabes como la chupa’ o ‘anoche me pidió que le hiciera el culo’ y cada vez que él me contaba estas cosas al mismo tiempo me mostraba en su celular fotos de ella, de su perfil de Instagram, no estaba con su nombre verdadero pero las fotos que podía ver una tras otra terminaban por provocar una erección, una y otra vez, esas selfies típicas que suelen tomarse muchas chicas hoy en día, esas que en las cuales mezclan rostros de inocencia e ingenuidad con cuerpos de mujeres fatales, tirando besitos, o sacando la lengua, con gorra de visera hacia atrás, en ropa interior, en traje de baño, o totalmente desnuda, cubierta apenas con sus brazos, alguna prenda, o cualquier cosa que sirviera para ocultar sus partes íntimas.
María Laura odiaba con todas sus ganas a Erika, era más joven, más bonita, y sobre todo más puta, tenía todas las razones para odiarla, cualquier mujer comprometida se hubiera sentido amenazada ante la presencia arrolladora de la ‘enfermerita’, como solía decirle, y me había advertido que no me hiciera el estúpido con ella, puesto que no estaba dispuesta a dejar pasar por alto una nueva falta de mi parte, ni siquiera por nuestros hijos…
Pero no le hice caso… Erika era un bocado demasiado tentador….
Esa día, Matías tendría que hacer guardia nocturna, tenía algunos problemas de dinero y trabajaba demasiado y tuvo la tonta idea de convencerme para que yo tomara la guardia de traumatología, aprovechando que casualmente Erika también cubriría turno noche, aun me arrepiento de haberle hecho caso…
Esas noches en ese centro médico suelen ser muy aburridas, casi nunca hay trabajo y solo es estar por estar, cubrir horas…
Eran cerca de las dos de la mañana cuando Matías me llamó al consultorio trece, era uno de los más alejados y más grandes, al llegar hablamos un poco ya imaginan de quien y me dijo que aguardara unos minutos, que tenía que ir al laboratorio por unas cosas que había dejado.
Me quedé solo, sin hacer nada, solo esperando.
Cinco minutos después la puerta se abrió con sigila, pensé que era el doc que volvía, pero para mi sorpresa era Erika quien ingresaba casi en puntas se pie, fue evidente que ella también se vio sorprendida, no era a mí a quien pensaba encontrar, se apuró a decir
Perdón Carlos, pensé que Matías estaba acá, me debo haber confundido…
No, no, pasa por favor, Matías ya viene… fue por unas cosas al laboratorio, ya regresa…
Miré a la enfermera en silencio, con poca discreción, tenía el guardapolvo blanco más corto de lo normal, finísimos tacos altos reemplazaban las tradicionales chatitas reglamentarias y sus labios y ojos pintados se contraponían al reglamento, incluso podría haber afirmado que no tenía ropa interior, era evidente que algo traían entre manos con mi amigo.
Apenas minutos más tarde, Matías entraba al lugar y trababa la puerta, en sus manos traía dos botellas de cerveza que previsiblemente había dejado en la heladera para medicación que requería bajas temperaturas, obviamente esto era otra falta al reglamento.
Matías dejó las bebidas sobre el escritorio y fue a saludar a Erika con un beso en la mejilla, pero al mismo tiempo estiró una mano apretándole la nalga, ella zafó la situación y reprocho
Hey! vas muy rápido… sabes que no me gusta…
Entonces se retiró para servir los tragos antes que se calentara en unos improvisados vasos plásticos descartables de los que se usan habitualmente para beber agua.
No me dijiste que tendríamos compañía – prosiguió ella
Siempre te dije que haríamos algo loco, sé que el doc te gusta – dijo Matías alcanzándole uno de los bazos.
La miré fijamente, ella hacía lo mismo conmigo, seguía sentado en una de las sillas, Matías se recostó contra un armario y la enfermera se sentó sobre la camilla que usan diariamente los pacientes, el corto delantal se subió lo suficiente para dejar unos espectaculares muslos al descubierto, sus pies habían quedado en el aire y comenzó a balancear hacia atrás y adelante los extremos inferiores.
Mientras tomábamos la cerveza, Matías sugirió hacer preguntas sexuales, abiertas, desinhibidas, en ese momento, los tres sabíamos que íbamos a coger, solo necesitábamos calentar el ambiente, el abrió el juego con una ‘patada a los dientes’
A ver, pregunta para Erika, disfrutas tragar la leche?
Tienes que ser tan vulgar? – respondió ella – y siguió con el juego
Carlos, le metes los cuernos a tu esposa?
Si… muchas veces, respondí, miré a Matías y fui directo con una sonrisa macabra
Matías, Erika se traga tu leche?
El rió de tal forma que la cerveza salió pulverizada de su boca, había buscado otra forma de preguntar lo mismo que él había preguntado
Por completo, hermano, hasta la última gota… - volviendo la mirada a ella preguntó
Erika, te gusta que te hagan el culo?
Otra vez? Parece que no aprendes… - tomé la posta porque de seguir así todo terminaría mal, pregunté
Erika, olvida esa pregunta, que es lo primero que miras en un hombre?
Ella sonrió, tomó aire, y dio una respuesta que no esperaba recibir, mirando directamente a mi mano izquierda, y luego a mis ojos pronunció
Esas son preguntas… lo primero que miro es si en su mano lleva una alianza de compromiso, estar con un tipo casado es algo que me puede, saber que estoy haciendo cornuda a otra mujer, saber que le robo parte de su comida, es algo que me excita y me moja a morir…
Un silencio se hizo en el lugar, ella prosiguió
Faço uma pergunta para vocês dois: já praticaram um ménage?
Matías e eu nos olhamos, ambos balançamos a cabeça negando. Eu já tinha uma ereção enorme sob minha calça, meu amigo estava tão excitado quanto eu, então ele largou a bebida e foi até a maca. Sentou-se atrás dela e começou a massagear seus ombros. Erika pareceu relaxar, como se ele tivesse encontrado seu ponto fraco. Ela virou o pescoço para encontrar sua boca e começaram a se beijar. Lentamente, ele baixou as mãos, abriu um botão, depois outro, seus dedos se perderam sob o tecido para acariciar seus peitos. Ela mesma se encarregou de desnudá-los e deixá-los diante dos meus olhos. Grandes mamilos escuros e excitados se apresentaram, rodeados por uma auréola minúscula.
A respiração ficou pesada no ambiente e logo as palavras foram silenciadas por sussurros e gemidos, enquanto se beijavam e seus peitos eram acariciados. Erika me olhava de soslaio, abriu as pernas e levantou uma sobre a maca, abrindo-se como uma flor, me convidando para o jogo. O jaleco se levantou ainda mais e sua buceta de lábios grandes ficou exposta, confirmando que ela não usava calcinha.
Sem me levantar, rolei sobre as rodinhas da cadeira, cheguei até sua boceta e comecei a lambê-la, segurando suas coxas com minhas mãos. Ela estava encharcada de melado, que havia escorrido entre suas pernas e pelo seu ânus. Toda a área parecia inundada em um mar de prazer. Matías tinha virado e lambia seus peitos, e eu continuava por baixo, chupando seu clitóris. Enfiei alguns dedos em seu buraco, ela estremeceu em um único gemido. Do meu nariz até meu queixo, seus sucos deliciosos se espalhavam. Erika gozou logo, então tomou o controle e saiu daquela postura passiva que mantinha até então.
Ela nos separou, jogou o jaleco no chão e ficou apenas de pé sobre seus saltos altos, como uma modelo esperando para ser admirada numa passarela. Meu amigo e eu nos apressamos em nos despir como trouxas iniciantes, em instantes... O chão estava coberto por uma mistura heterogênea de roupas misturadas, ela estava exultante, esplêndida, fui até ela e a empurrei sobre a escrivaninha, forçando-a a se inclinar para frente, suas longas pernas mal abertas e suas nádegas ficaram expostas, coloquei uma mão em suas costas e finalmente, finalmente deslizei para dentro dela, até o fundo, até ver todo meu pau entrar em sua buceta, comecei a socar ritmicamente, minhas pernas batiam nas dela fazendo um 'flap, flap, flap' rítmico ao qual, em uma sinfonia perfeita, ela respondia com gemidos de gata em um 'ai, ai, ai'.
Os gestos de prazer da enfermeira não durariam muito, Matías se posicionou na frente e encheu sua boca com o pau, nós a tínhamos encurralada, um pela frente outro por trás, ele a empurrava para o meu lado e eu para o dele, não deixávamos margem de movimento, a pegávamos como animais, havíamos perdido a noção de tempo e espaço...
Erika não aguentou tudo e tirou o pau de sua boca pronunciando um 'aggggg' de alívio, para respirar com força, Matías então pegou a mão da enfermeira para que ela o masturbasse e depois de dar-lhe alguns segundos de descanso, a pegou pelos cabelos e encheu sua boca novamente.
Enquanto fodia a enfermeirinha, eu separava suas nádegas e observava seu esfíncter, exquisitamente tentador, se abria diante dos meus olhos me convidando a pecar, apenas deixei cair algumas gotas de saliva, tirei meu pau de um buraco e empurrei no outro, a resistência foi quase nula e em uma enfiada eu o havia enterrado até as bolas, Erika não se perturbou com a mudança, realmente parecia concentrada apenas em chupar o pau de Matías, que puta que ela era...
Confesso que seu esfíncter não me apertava o suficiente, e isso me excitava ainda mais, Matías e eu nos enchiamos os olhos com aquela mulher entregue, possuída pela boca e pelo cu, parecia uma puta enlouquecida.
Uma posição levou a outra e as mudanças se sucederam no trio, costumávamos nos revezar com meu amigo, um tempo cada um. Para dar uma pausa e não chegar à ejaculação, era minha vez. Eu estava em pé e a levantei no ar, segurando-a pelas coxas, abrindo-a e deixando-a descer sobre meu pau quente. Ela me envolvia com os braços no pescoço enquanto eu a levantava e deixava cair de novo e de novo. De repente, ela disse:
— Para! Para!... Sabem do que eu gosto? De levar dos dois lados ao mesmo tempo...
— Que puta você é... — respondi naturalmente.
Foi então que Matías veio pelo outro lado, segurou-a pelas nádegas para balancear o peso, e senti o membro do meu amigo buscando seu lugar no outro buraco enquanto o rosto de Erika era uma mistura de dor e prazer.
Começamos a nos mover dentro dela, os dois por fora, os dois por dentro. Nunca na vida tinha imaginado me encontrar numa situação dessas. A enfermeira ficava no meio, apoiada em nossos ombros, um de cada lado, trocando beijos, gemidos, alternando entre os dois homens que a comiam pelo cu e pela buceta. Ele não aguentou mais e gozou na bunda dela.
Joguei-a sobre a maca. Ia tomar meu tempo, já estava quase gozando quando o celular do meu amigo cortou a doce atmosfera do quarto. Precisavam dele no plantão e ele teve que sair quase correndo do consultório, tentando parecer um cara normal que só estava passando o tempo em seu turno noturno.
Infelizmente essa interrupção fez eu perder a ereção e esfriar o encontro. Erika permanecia imóvel e nua sobre a maca e ficamos sozinhos. Então ela me disse:
— Vem, não se preocupa, deixa eu fazer meu trabalho...
Ela se acomodou olhando para o teto, fui para o lado dela, ela começou a me acariciar e em poucos segundos eu estava duro novamente. Agora só via seu rosto lindo e minha cabeça do pau nua sobre seus lábios, sobre sua boca. Ela começou só a brincar, passando a ponta da língua lentamente pela parte de baixo, tão devagar que eu sentia um prazer supremo e pensei que nunca ia gozar, mas ela era uma especialista, sabia como... enlouquecer-me e estava conseguindo.
Tão devagar ele fez que meu orgasmo foi interminável, não foi uma explosão, só lentamente o buraco da minha pica começou a soltar porra, como uma torneira mal fechada, quando ela sentiu o gosto na boca, descascou completamente minha cabeça e mal a roçou com a língua, como uma brisa de primavera...
A porra só jorrava como uma nascente enchendo a boca dela, eu morria de prazer, de repente Erika começou a rir às gargalhadas e minha pica continuou escorrendo porra, sobre o queixo dela, sobre o pescoço.
A risada dela me contagiou e comecei a rir também enquanto ela terminava de me masturbar com a mão.
— Do que você tá rindo? — perguntei.
— É que eu me engasguei! Você é um cavalo… como consegue gozar tanto?
Foi um momento muito louco, muito único…
Erika desceu da maca, ainda parecendo saborear meu gosto na boca, pegou minha camisa que estava entre as roupas no chão e vestiu sem abotoar nem um botão. Ela estava tão gostosa, sua seminudez de linhas perfeitas, sobre aqueles saltos altos, cortada pela minha camisa masculina, aquela imagem numa mulher me deixava louco. E aí cometi o erro imperdoável, certamente embriagado pelo momento vivido, adoçado pelo meu machismo vencedor, ela procurou o celular e me pediu para tirar algumas fotos para lembrar do momento, achei encantador, mas querem um conselho… não façam…
Essas malditas fotos, entre tantas outras, vagaram por redes e celulares, nunca imaginei, mas em algum momento chegaram às mãos da minha amada esposa.
E Maria Laura não era boba, eram só fotos um tanto eróticas, mas a protagonista era Erika, e a camisa era minha, ela mesma tinha me dado de presente.
Discutimos, ela me acusou, eu neguei, ela me encurralou, perguntou, invadiu meus neurônios, acabei confessando, ela me disse que eu era um doente e estava cansada das minhas infidelidades, e que se eu a deixasse ela me ajudaria a mudar, eu não interpretei bem o que ela quis dizer, mas com tal de apagar o incêndio eu disse que sim, que estava disposto a ser outro…
Ao abrir os olhos me senti estranho, não tinha noção de tempo e distância, a visão estava embaçada e me custava focar, sentia a boca pastosa e um pouco de náuseas. Com o passar dos minutos as coisas foram se esclarecendo, ao lado da minha cama havia uma bolsa com soro que ia direto para o meu braço, sem dúvidas era meu quarto, mas tudo estava confuso, tentei me levantar mas estava fraco, sem forças para mover nem um dedo, quis falar, mas não consegui.
Minutos mais tarde entrou Maria Laura com um sorriso no rosto.
Meu amor! Já está melhorzinho! Que bom! Tenho uma boa notícia pra te dar! A operação foi um sucesso total!
Ela se aproximou e me deu um beijo na testa.
Operação? Que operação?
Sem dúvidas foi o que quis perguntar, mas ainda não conseguia dizer palavra, certamente por efeito da anestesia, foi só uma pergunta na minha mente.
Maria Laura veio com uma seringa, e a esvaziou no frasco com soro, acrescentou.
Calma, meu amor, é um calmante, para você ficar relaxado… em breve vamos para uma das clínicas, é que sabe, aqui tive que improvisar um pouco… não tenho todos os elementos nem as condições necessárias…
Depois colocou luvas esterilizadas, foi para baixo, entre minhas pernas, não conseguia ver muito, só levantou o lençol que me cobria, intuí que tocou, porque não sentia nada e disse:
- Perfeita, perfeita! Uma VAGINOPLASTIA perfeita!
Novamente sorriu e me olhou com um sorriso zombeteiro.
Quis acreditar que o que tinha ouvido não era realmente o que tinha ouvido, tentei levar minha mão, fazer algo, me certificar, mas não consegui…
Minha esposa me disse:
Já volto, temos que terminar uma coisa…
Minutos mais tarde comecei a ficar mais lúcido, ela voltou ao quarto com um frasco coberto por um pano de prato, ao lado estava nosso moedor de carne de cozinha, ela veio, tirou a cobertura e aterrorizado vi o conteúdo: meu pau e minhas… testíbooties flutuavam em uma solução aquosa, ele ligou o triturador e disse
Aqui está o nó dos nossos problemas, entende... a partir de agora você não vai mais precisar procurar outras mulheres...
E vocês podem imaginar como a história terminou, não preciso relatar a parte mais dolorosa e humilhante da minha vida, María Laura vai passar dez anos na prisão, serão só cinco se tiver bom comportamento, mas para mim, será uma condena eterna, pelo resto dos meus dias...
Se você gostou da história e é maior de idade pode me escrever com o assunto ‘AMORES QUE MATAM’ para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Corro con el triste orgullo de haber sido el hazme reír de toda una ciudad, fui la noticia de cuanto medio noticioso existiese, fue sentir la compasión de familiares, amigos y vivir a partir de ese momento un auténtico calvario, donde el psicólogo es el único lugar en donde puedo dar paz a mis penas.
Hoy es un día de sentimientos contradictorios, al escuchar que María Laura, mi ex esposa era condenada a diez años efectivos de prisión no pude más que esbozar una sonrisa y respirar con alivio, pero al mismo tiempo sentí un profundo dolor, como habíamos llegado a ese punto?
Todo había empezado tiempo atrás, María Laura y yo nos habíamos conocido en la facultad de medicina, ella es dos años mayor que yo, y bueno, nos enamoramos, nos recibimos, nos especializamos, por mi parte soy traumatólogo, ella hace cirugías plásticas, nos casamos, tuvimos tres hijos, compartimos lugares de trabajo, ya saben, como suele suceder en muchos matrimonios.
Fue cuando Erika apareció en mi vida, ella era una nueva enfermera en una de las clínicas en que compartíamos trabajo, pisaba los treinta, muy bonita, delgadita, de media altura, cabellos lacios tenidos a rubio brillante que llegaban al nacimiento de su cola, mostraba un cuerpecito armónico, nada exagerado ni opulento, pequeños pechos, pequeña cintura, una colita diminuta redondita como una manzanita, era simpática, demasiado para lo que una esposa puede soportar. Ella vestía normalmente, no era de llamar mucho la atención, pero solo imaginarla desnuda se me hacía casi perfecta, se esas hembras que no les sobra ni les falta nada, que tienen todo lo justo en su justo lugar.
Era excelente en lo suyo, de las mejores, laboralmente no había nada que objetarle, pero por otro lado su historia de vida pasó de boca en boca, su reputación no la dejaba bien parada, se comentaba que era mujer de todo aquel que se lo propusiera, que llevaba una vida de libertinajes prohibidos, que se encamaba con uno y con otro, era un secreto a voces. Estaba casada, su marido, un tipo cincuentón era chofer de camiones de larga distancia, solía ausentarse semanas de su domicilio, cosa que no hacía más que facilitar los amoríos de Erika, incluso Jonás, el hijo de ocho años, no se parecía nada a su padre, eran verdades que todos sabíamos…
Además tenía un cierto glamour en sus palabras y en sus posturas, de esas putitas que se hacen las inocentes, como que parecen no darse cuenta de las cosas que dicen, o las cosas que hacen, pero que en el fondo solo son provocaciones que dejan a los hombres calientes hablando de ellas a sus espaldas…
Y Erika jugó conmigo, jugó de la misma manera en que jugó con cada hombre de la clínica, y si yo no había avanzado era solo por María Laura, ella ya me había perdonado varias infidelidades y me tenía al jaque.
Sin embargo eso no impidió que la enfermera me regalara varias fotos en traje de baño que guardaba celosamente en mi celular, la bastarda usaba una tanga que solo era casi un hilo dental, y no tenía el menor pudor en que viera su precioso trasero, otras de sus formas de provocar.
Matías, un colega que no tenía compromisos y era muy confidente conmigo, se la cogía de tanto en tanto, me taladraba el cerebro con palabras como ‘que puta que es’ o ‘no sabes como la chupa’ o ‘anoche me pidió que le hiciera el culo’ y cada vez que él me contaba estas cosas al mismo tiempo me mostraba en su celular fotos de ella, de su perfil de Instagram, no estaba con su nombre verdadero pero las fotos que podía ver una tras otra terminaban por provocar una erección, una y otra vez, esas selfies típicas que suelen tomarse muchas chicas hoy en día, esas que en las cuales mezclan rostros de inocencia e ingenuidad con cuerpos de mujeres fatales, tirando besitos, o sacando la lengua, con gorra de visera hacia atrás, en ropa interior, en traje de baño, o totalmente desnuda, cubierta apenas con sus brazos, alguna prenda, o cualquier cosa que sirviera para ocultar sus partes íntimas.
María Laura odiaba con todas sus ganas a Erika, era más joven, más bonita, y sobre todo más puta, tenía todas las razones para odiarla, cualquier mujer comprometida se hubiera sentido amenazada ante la presencia arrolladora de la ‘enfermerita’, como solía decirle, y me había advertido que no me hiciera el estúpido con ella, puesto que no estaba dispuesta a dejar pasar por alto una nueva falta de mi parte, ni siquiera por nuestros hijos…
Pero no le hice caso… Erika era un bocado demasiado tentador….
Esa día, Matías tendría que hacer guardia nocturna, tenía algunos problemas de dinero y trabajaba demasiado y tuvo la tonta idea de convencerme para que yo tomara la guardia de traumatología, aprovechando que casualmente Erika también cubriría turno noche, aun me arrepiento de haberle hecho caso…
Esas noches en ese centro médico suelen ser muy aburridas, casi nunca hay trabajo y solo es estar por estar, cubrir horas…
Eran cerca de las dos de la mañana cuando Matías me llamó al consultorio trece, era uno de los más alejados y más grandes, al llegar hablamos un poco ya imaginan de quien y me dijo que aguardara unos minutos, que tenía que ir al laboratorio por unas cosas que había dejado.
Me quedé solo, sin hacer nada, solo esperando.
Cinco minutos después la puerta se abrió con sigila, pensé que era el doc que volvía, pero para mi sorpresa era Erika quien ingresaba casi en puntas se pie, fue evidente que ella también se vio sorprendida, no era a mí a quien pensaba encontrar, se apuró a decir
Perdón Carlos, pensé que Matías estaba acá, me debo haber confundido…
No, no, pasa por favor, Matías ya viene… fue por unas cosas al laboratorio, ya regresa…
Miré a la enfermera en silencio, con poca discreción, tenía el guardapolvo blanco más corto de lo normal, finísimos tacos altos reemplazaban las tradicionales chatitas reglamentarias y sus labios y ojos pintados se contraponían al reglamento, incluso podría haber afirmado que no tenía ropa interior, era evidente que algo traían entre manos con mi amigo.
Apenas minutos más tarde, Matías entraba al lugar y trababa la puerta, en sus manos traía dos botellas de cerveza que previsiblemente había dejado en la heladera para medicación que requería bajas temperaturas, obviamente esto era otra falta al reglamento.
Matías dejó las bebidas sobre el escritorio y fue a saludar a Erika con un beso en la mejilla, pero al mismo tiempo estiró una mano apretándole la nalga, ella zafó la situación y reprocho
Hey! vas muy rápido… sabes que no me gusta…
Entonces se retiró para servir los tragos antes que se calentara en unos improvisados vasos plásticos descartables de los que se usan habitualmente para beber agua.
No me dijiste que tendríamos compañía – prosiguió ella
Siempre te dije que haríamos algo loco, sé que el doc te gusta – dijo Matías alcanzándole uno de los bazos.
La miré fijamente, ella hacía lo mismo conmigo, seguía sentado en una de las sillas, Matías se recostó contra un armario y la enfermera se sentó sobre la camilla que usan diariamente los pacientes, el corto delantal se subió lo suficiente para dejar unos espectaculares muslos al descubierto, sus pies habían quedado en el aire y comenzó a balancear hacia atrás y adelante los extremos inferiores.
Mientras tomábamos la cerveza, Matías sugirió hacer preguntas sexuales, abiertas, desinhibidas, en ese momento, los tres sabíamos que íbamos a coger, solo necesitábamos calentar el ambiente, el abrió el juego con una ‘patada a los dientes’
A ver, pregunta para Erika, disfrutas tragar la leche?
Tienes que ser tan vulgar? – respondió ella – y siguió con el juego
Carlos, le metes los cuernos a tu esposa?
Si… muchas veces, respondí, miré a Matías y fui directo con una sonrisa macabra
Matías, Erika se traga tu leche?
El rió de tal forma que la cerveza salió pulverizada de su boca, había buscado otra forma de preguntar lo mismo que él había preguntado
Por completo, hermano, hasta la última gota… - volviendo la mirada a ella preguntó
Erika, te gusta que te hagan el culo?
Otra vez? Parece que no aprendes… - tomé la posta porque de seguir así todo terminaría mal, pregunté
Erika, olvida esa pregunta, que es lo primero que miras en un hombre?
Ella sonrió, tomó aire, y dio una respuesta que no esperaba recibir, mirando directamente a mi mano izquierda, y luego a mis ojos pronunció
Esas son preguntas… lo primero que miro es si en su mano lleva una alianza de compromiso, estar con un tipo casado es algo que me puede, saber que estoy haciendo cornuda a otra mujer, saber que le robo parte de su comida, es algo que me excita y me moja a morir…
Un silencio se hizo en el lugar, ella prosiguió
Faço uma pergunta para vocês dois: já praticaram um ménage? Matías e eu nos olhamos, ambos balançamos a cabeça negando. Eu já tinha uma ereção enorme sob minha calça, meu amigo estava tão excitado quanto eu, então ele largou a bebida e foi até a maca. Sentou-se atrás dela e começou a massagear seus ombros. Erika pareceu relaxar, como se ele tivesse encontrado seu ponto fraco. Ela virou o pescoço para encontrar sua boca e começaram a se beijar. Lentamente, ele baixou as mãos, abriu um botão, depois outro, seus dedos se perderam sob o tecido para acariciar seus peitos. Ela mesma se encarregou de desnudá-los e deixá-los diante dos meus olhos. Grandes mamilos escuros e excitados se apresentaram, rodeados por uma auréola minúscula.
A respiração ficou pesada no ambiente e logo as palavras foram silenciadas por sussurros e gemidos, enquanto se beijavam e seus peitos eram acariciados. Erika me olhava de soslaio, abriu as pernas e levantou uma sobre a maca, abrindo-se como uma flor, me convidando para o jogo. O jaleco se levantou ainda mais e sua buceta de lábios grandes ficou exposta, confirmando que ela não usava calcinha.
Sem me levantar, rolei sobre as rodinhas da cadeira, cheguei até sua boceta e comecei a lambê-la, segurando suas coxas com minhas mãos. Ela estava encharcada de melado, que havia escorrido entre suas pernas e pelo seu ânus. Toda a área parecia inundada em um mar de prazer. Matías tinha virado e lambia seus peitos, e eu continuava por baixo, chupando seu clitóris. Enfiei alguns dedos em seu buraco, ela estremeceu em um único gemido. Do meu nariz até meu queixo, seus sucos deliciosos se espalhavam. Erika gozou logo, então tomou o controle e saiu daquela postura passiva que mantinha até então.
Ela nos separou, jogou o jaleco no chão e ficou apenas de pé sobre seus saltos altos, como uma modelo esperando para ser admirada numa passarela. Meu amigo e eu nos apressamos em nos despir como trouxas iniciantes, em instantes... O chão estava coberto por uma mistura heterogênea de roupas misturadas, ela estava exultante, esplêndida, fui até ela e a empurrei sobre a escrivaninha, forçando-a a se inclinar para frente, suas longas pernas mal abertas e suas nádegas ficaram expostas, coloquei uma mão em suas costas e finalmente, finalmente deslizei para dentro dela, até o fundo, até ver todo meu pau entrar em sua buceta, comecei a socar ritmicamente, minhas pernas batiam nas dela fazendo um 'flap, flap, flap' rítmico ao qual, em uma sinfonia perfeita, ela respondia com gemidos de gata em um 'ai, ai, ai'.
Os gestos de prazer da enfermeira não durariam muito, Matías se posicionou na frente e encheu sua boca com o pau, nós a tínhamos encurralada, um pela frente outro por trás, ele a empurrava para o meu lado e eu para o dele, não deixávamos margem de movimento, a pegávamos como animais, havíamos perdido a noção de tempo e espaço...
Erika não aguentou tudo e tirou o pau de sua boca pronunciando um 'aggggg' de alívio, para respirar com força, Matías então pegou a mão da enfermeira para que ela o masturbasse e depois de dar-lhe alguns segundos de descanso, a pegou pelos cabelos e encheu sua boca novamente.
Enquanto fodia a enfermeirinha, eu separava suas nádegas e observava seu esfíncter, exquisitamente tentador, se abria diante dos meus olhos me convidando a pecar, apenas deixei cair algumas gotas de saliva, tirei meu pau de um buraco e empurrei no outro, a resistência foi quase nula e em uma enfiada eu o havia enterrado até as bolas, Erika não se perturbou com a mudança, realmente parecia concentrada apenas em chupar o pau de Matías, que puta que ela era...
Confesso que seu esfíncter não me apertava o suficiente, e isso me excitava ainda mais, Matías e eu nos enchiamos os olhos com aquela mulher entregue, possuída pela boca e pelo cu, parecia uma puta enlouquecida.
Uma posição levou a outra e as mudanças se sucederam no trio, costumávamos nos revezar com meu amigo, um tempo cada um. Para dar uma pausa e não chegar à ejaculação, era minha vez. Eu estava em pé e a levantei no ar, segurando-a pelas coxas, abrindo-a e deixando-a descer sobre meu pau quente. Ela me envolvia com os braços no pescoço enquanto eu a levantava e deixava cair de novo e de novo. De repente, ela disse:
— Para! Para!... Sabem do que eu gosto? De levar dos dois lados ao mesmo tempo...
— Que puta você é... — respondi naturalmente.
Foi então que Matías veio pelo outro lado, segurou-a pelas nádegas para balancear o peso, e senti o membro do meu amigo buscando seu lugar no outro buraco enquanto o rosto de Erika era uma mistura de dor e prazer.
Começamos a nos mover dentro dela, os dois por fora, os dois por dentro. Nunca na vida tinha imaginado me encontrar numa situação dessas. A enfermeira ficava no meio, apoiada em nossos ombros, um de cada lado, trocando beijos, gemidos, alternando entre os dois homens que a comiam pelo cu e pela buceta. Ele não aguentou mais e gozou na bunda dela.
Joguei-a sobre a maca. Ia tomar meu tempo, já estava quase gozando quando o celular do meu amigo cortou a doce atmosfera do quarto. Precisavam dele no plantão e ele teve que sair quase correndo do consultório, tentando parecer um cara normal que só estava passando o tempo em seu turno noturno.
Infelizmente essa interrupção fez eu perder a ereção e esfriar o encontro. Erika permanecia imóvel e nua sobre a maca e ficamos sozinhos. Então ela me disse:
— Vem, não se preocupa, deixa eu fazer meu trabalho...
Ela se acomodou olhando para o teto, fui para o lado dela, ela começou a me acariciar e em poucos segundos eu estava duro novamente. Agora só via seu rosto lindo e minha cabeça do pau nua sobre seus lábios, sobre sua boca. Ela começou só a brincar, passando a ponta da língua lentamente pela parte de baixo, tão devagar que eu sentia um prazer supremo e pensei que nunca ia gozar, mas ela era uma especialista, sabia como... enlouquecer-me e estava conseguindo.
Tão devagar ele fez que meu orgasmo foi interminável, não foi uma explosão, só lentamente o buraco da minha pica começou a soltar porra, como uma torneira mal fechada, quando ela sentiu o gosto na boca, descascou completamente minha cabeça e mal a roçou com a língua, como uma brisa de primavera...
A porra só jorrava como uma nascente enchendo a boca dela, eu morria de prazer, de repente Erika começou a rir às gargalhadas e minha pica continuou escorrendo porra, sobre o queixo dela, sobre o pescoço.
A risada dela me contagiou e comecei a rir também enquanto ela terminava de me masturbar com a mão.
— Do que você tá rindo? — perguntei.
— É que eu me engasguei! Você é um cavalo… como consegue gozar tanto?
Foi um momento muito louco, muito único…
Erika desceu da maca, ainda parecendo saborear meu gosto na boca, pegou minha camisa que estava entre as roupas no chão e vestiu sem abotoar nem um botão. Ela estava tão gostosa, sua seminudez de linhas perfeitas, sobre aqueles saltos altos, cortada pela minha camisa masculina, aquela imagem numa mulher me deixava louco. E aí cometi o erro imperdoável, certamente embriagado pelo momento vivido, adoçado pelo meu machismo vencedor, ela procurou o celular e me pediu para tirar algumas fotos para lembrar do momento, achei encantador, mas querem um conselho… não façam…
Essas malditas fotos, entre tantas outras, vagaram por redes e celulares, nunca imaginei, mas em algum momento chegaram às mãos da minha amada esposa.
E Maria Laura não era boba, eram só fotos um tanto eróticas, mas a protagonista era Erika, e a camisa era minha, ela mesma tinha me dado de presente.
Discutimos, ela me acusou, eu neguei, ela me encurralou, perguntou, invadiu meus neurônios, acabei confessando, ela me disse que eu era um doente e estava cansada das minhas infidelidades, e que se eu a deixasse ela me ajudaria a mudar, eu não interpretei bem o que ela quis dizer, mas com tal de apagar o incêndio eu disse que sim, que estava disposto a ser outro…
Ao abrir os olhos me senti estranho, não tinha noção de tempo e distância, a visão estava embaçada e me custava focar, sentia a boca pastosa e um pouco de náuseas. Com o passar dos minutos as coisas foram se esclarecendo, ao lado da minha cama havia uma bolsa com soro que ia direto para o meu braço, sem dúvidas era meu quarto, mas tudo estava confuso, tentei me levantar mas estava fraco, sem forças para mover nem um dedo, quis falar, mas não consegui.
Minutos mais tarde entrou Maria Laura com um sorriso no rosto.
Meu amor! Já está melhorzinho! Que bom! Tenho uma boa notícia pra te dar! A operação foi um sucesso total!
Ela se aproximou e me deu um beijo na testa.
Operação? Que operação?
Sem dúvidas foi o que quis perguntar, mas ainda não conseguia dizer palavra, certamente por efeito da anestesia, foi só uma pergunta na minha mente.
Maria Laura veio com uma seringa, e a esvaziou no frasco com soro, acrescentou.
Calma, meu amor, é um calmante, para você ficar relaxado… em breve vamos para uma das clínicas, é que sabe, aqui tive que improvisar um pouco… não tenho todos os elementos nem as condições necessárias…
Depois colocou luvas esterilizadas, foi para baixo, entre minhas pernas, não conseguia ver muito, só levantou o lençol que me cobria, intuí que tocou, porque não sentia nada e disse:
- Perfeita, perfeita! Uma VAGINOPLASTIA perfeita!
Novamente sorriu e me olhou com um sorriso zombeteiro.
Quis acreditar que o que tinha ouvido não era realmente o que tinha ouvido, tentei levar minha mão, fazer algo, me certificar, mas não consegui…
Minha esposa me disse:
Já volto, temos que terminar uma coisa…
Minutos mais tarde comecei a ficar mais lúcido, ela voltou ao quarto com um frasco coberto por um pano de prato, ao lado estava nosso moedor de carne de cozinha, ela veio, tirou a cobertura e aterrorizado vi o conteúdo: meu pau e minhas… testíbooties flutuavam em uma solução aquosa, ele ligou o triturador e disse
Aqui está o nó dos nossos problemas, entende... a partir de agora você não vai mais precisar procurar outras mulheres...
E vocês podem imaginar como a história terminou, não preciso relatar a parte mais dolorosa e humilhante da minha vida, María Laura vai passar dez anos na prisão, serão só cinco se tiver bom comportamento, mas para mim, será uma condena eterna, pelo resto dos meus dias...
Se você gostou da história e é maior de idade pode me escrever com o assunto ‘AMORES QUE MATAM’ para dulces.placeres@live.com
3 comentários - Amores que Matam