No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
IRYNA, LA RUSA
Siempre fui un tipo humilde, tuve que trabajar mucho para conseguir lo poco que tengo, la falta de estudios no es buena consejera y mis manos castigadas son testigos silenciosas de mis pesares. No trabajaba menos de doce horas diarias, no había domingos ni feriados en mi vida, solo viví para trabajar para conseguir comprar un viejo y húmedo departamento en un edificio comunitario de tres pisos. El trabajo siempre fue prioridad, podría escribir un libro, y esto me llevó a una aburrida y pobre vida sexual, sin grandes locuras, es difícil tener sexo con la panza vacía.
Apenas unas noviecitas que cuento con una mano en mi adolescencia, llegando a los treinta me casé con Ruperta, una buena mujer, buena ama de casa, excelente cocinera, culpable de los cien kilos de peso que tengo. Es una noble mujer, un tanto tosca y para nada inteligente, es la triste verdad.
Nos amamos a nuestra manera, con un sexo tradicional y esporádico, una vez al mes con suerte, solo vaginal y siempre con la luz apagada, es muy estricta en esas cosas.
Ella me dio una hija que hace unos años voló para hacer su nido con su novio de la infancia, ahora vivimos solo nosotros dos, ya he pasado los cincuenta y nunca esperé cambios en mi vida, sigo trabajando casi todo el día, mi único lujo es volver al atardecer y sentarme un rato en la vereda para ver cómo se oculta el sol, luego subo los tres pisos por la escalera para terminar el día, esa escalera me parece cada día más alta, los años no vienen solos…
Ese es el panorama, una vivienda pobre en un barrio pobre, gente trabajadora, buena gente…
Solo el año pasado fue diferente para mi, lástima que como vino se fue, pasó tan rápido…
Cuando terminaba Enero pusieron en venta el departamentito que está junto al nuestro, Roque, el dueño, estaba demasiado mayor y había envejecido terriblemente desde que había enviudado, sus piernas estaban flojas y ya no toleraba las caminatas de ascenso, siempre pensaba que ese sería mi futuro no tan distante. Bien, el se fue y el lugar estuvo cerrado hasta fines de abril, principio de mayo. Una tarde al llegar del trabajo Ruperta me dijo que había escuchado ruidos y suponía que teníamos nuevos vecinos, sin embargo yo no había observado nada.
Al día siguiente, un matrimonio de nuestra edad tocaba la puerta presentándose gentilmente como los nuevos vecinos, en realidad habían hecho un esfuerzo para comprarle el lugar a su hija, para que pudiera estudiar en la universidad, ya que provenían de afuera de la ciudad y no podía viajar todos los días.
En los siguientes dos meses las cosas cambiarían rápidamente para mí, la joven vivía sola, se llamaba Iryna, supe que sus abuelos eran inmigrante rusos y no solo la doblaba en edad, también en peso.
Era flaca, de delgadas piernas, acostumbraba a usar remeras ajustadas que marcaban sus huesudas costillas y sus chatos pechos, tenía unos ojos grandes color café, de mirada triste, cabello rubio que siempre cortaba con un flequillo recto arriba de las cejas. Ella despertaba en mí un instinto paternal, tal vez por la reciente partida de mi hija, además tenía una voz muy suave que me ablandaba el corazón.
Casi de casualidad surgió un vínculo entre nosotros, como ella vivía sola, era mujer y no sabía nada del hogar, siempre venía a buscarme por algún problema, la vida me había enseñado un poco de todo, así que era carpintero, albañil, electricista, pintor, plomero y todo oficio que se requiera en una casa.
Mi forma de ver a la joven fue cambiando poco a poco, sin darme cuenta, no se me cruzaba por la cabeza engañar a Ruperta pero ella era una pobre mujer, demasiada ingenua para ver más allá de sus narices, lo cierto es que Iryna parecía pasarla a gusto en mi compañía y mientras yo estaba en su departamento dándole una mano en alguna tarea, ella me contaba sobre su vida, sobre su familia, sobre sus proyectos, sobre sus estudios, siempre me trataba de usted, me decía ‘don Pedro’, río al recordarlo…
Así, las brasas fueron ardiendo en mi interior lentamente, sin darme cuenta.
Más de una vez, me sorprendía a mi mismo mirando su ropa interior que estaba tirada por cualquier lado, trataba de reprimir mis instintos. Ella siempre usaba polleritas tableadas muy cortitas, demasiado cortitas, por nada en especial, siempre las había usado, eran parte de ella, solo que ahora yo la miraba con otros ojos, las cosas iban cambiando, ahora veía lo que antes no veía. Y tenía una nueva costumbre, dado que Iryna llegaba de la universidad casi al mismo horario que yo del trabajo, buscaba la forma de llegar unos instantes después que ella de manera de subir los escalones de los tres pisos unos metros tras ella, con la mirada fija en su colita, tratando de ver bajo su pollera.
Creo que se daba cuenta de la situación, siempre llegábamos arriba y ella cruzaba una mirada con una pícara sonrisa en los labios
Primero de Octubre, estaba arrodillando arreglando un piso, ella recostada en un viejo sillón con una fea remera brillosa y la clásica pollera tableada que casi me dejaba ver la bombacha, mascaba un chicle mientras sus lentes de aumento le permitían leer un libro de estudio, ella me sorprendería mirándola, dejando el libro a un costado entabló un peligroso diálogo, quería saber sobre mi sexualidad, sobre mi vida, sobre mis gustos, que había hecho, que no, que gustos jamás me había dado, justificando sus preguntas en un supuesto trabajo que elaboraba para la facultad.
Yo dejé de hacer lo que estaba haciendo, me puse nervioso, tartamudo, transpiraba… le resumí mi vida en pocas palabras, tratando de no ser grosero, entonces ella se acercó a mí y tomando entre si mis manos castigadas por el tiempo me susurró al oído
- Se você quiser, podemos fazer o que você nunca fez...
Depois me beijou profundamente, apaixonadamente, docemente para acrescentar:
- Pedro, dê-se o prazer, tome o que todo dia quer tomar nas escadas...
Iryna se acomodou no sofá, com os joelhos no chão e o peito sobre ele, dando-me as costas. Sentei no chão, atrás dela, com meu rosto muito perto de sua bunda, peguei a saia e levantei até sua cintura. Uma calcinha de algodão sumia entre suas nádegas, era tipo fio-dental, deixando seus quadris brancos nus. Coloquei uma mão em cada nádega, as palmas quase conseguiam cobrir seus glúteos.
Inconscientemente abri suas carnes, minha vista se concentrou no anel marrom que ficava partido ao meio pelo fio violeta da calcinha, mas minha surpresa só começava. Os minutos passavam e eu tentava abrir mais e mais, só puxando as nádegas para fora. Lentamente o esfíncter da jovem começava a abrir, e mais e cada vez mais.
Ainda eu não fazia nada e seu orifício traseiro se abria diante dos meus olhos como uma moeda, uns três centímetros. O fio passava no meio, como se fosse uma ponte indefesa atravessando uma cratera perigosa. Evidentemente a russinha não era tão santa como parecia. Ela me tirou do meu letargo dizendo:
- Don Pedro, não gostaria de me dar na bundinha?
Ao mesmo tempo que metia dois dedos ensalivados em seu cu dilatado. Não a fiz esperar, me despi rapidamente. Minha rola estava dura, cuspi na minha mão algumas vezes para lubrificá-la. Me coloquei atrás dela, que esperava impávida. Puxei o fio-dental, apontei e a penetrei com facilidade assustadora por trás. Era o primeiro sexo anal da minha vida, a sensação me parecia maravilhosa, sentindo seu anel apertando minha rola. Eu a tirava de vez em quando e meus olhos se enchiam com aquele grande buraco dilatado, com o sabor do proibido.
Meu maldito joelho direito começou a me incomodar, tive que parar e me sentar ao seu lado, mas nada a deteria. Ela se despiu. rapidamente e veio se agachar sobre mim, com uma perna de cada lado pegou meu membro e sentou, enfiando de novo no cu dela. Se mexeu como uma profissional e me deu uns beijos profundos, língua com língua. Eu olhava seus olhos semicerrados de prazer através daquelas lentes eróticas de aumento, não conseguia acreditar no que estava vivendo…
Os peitos dela eram praticamente inexistentes, só os mamilos pequenos apareciam no peito ossudo. Coloquei minhas mãos neles e acariciei com ternura. Ela reagiu bem à minha estimulação, acelerando os movimentos e tentando fazer a penetração anal mais funda. Suava, esquentava, se esforçava para não gritar.
Tudo ia bem até aquele momento, mas aí veio meu primeiro fiasco. Iryna se recostou no sofá e pediu que eu lambesse o cuzinho dela. Me dá vergonha dizer, mas me acomodei entre as pernas dela e fiz o que pude. Estava nervoso, apesar da minha idade era um novato bobo no assunto que não sabia direito o que fazer, como fazer. Beijei, provei o suco dela e mordi o clitóris – pelo menos acho que foi isso, porque notei na cara dela expressões de dor…
Depois de tentativas frustradas, a jovem teve pena de mim. Foi complacente e então me disse:
– Don Pedro, quero que me foda bem selvagem, a coisa mais louca que você conseguir imaginar…
E a coisa mais louca que imaginei foi levantá-la nos braços e levá-la contra a janela que dava para a varanda. Só uma cortininha fina impedia que nossos corpos nus fossem vistos de fora. Levantei ela como se fosse um papel nos meus braços, fazendo com que se abraçasse no meu corpo com as pernas. Desci ela até sentir meu pau penetrando até o fundo. Levantando e descendo ela de novo e de novo, fodi ela em pé. A buceta dela estava molhada e ela soltava gemidinhos baixos no meu ouvido, como uma gatinha ronronando. Sentia a intimidade dela deslizando na minha carne, ela me abraçava com força, mas parecia faltar loucura na cena…
Ela soltou uma das mãos e se segurou no corrimão, depois fez o mesmo com a outra, agora sim, eu a segurava no ar enquanto ela gritava, balançando como uma puta, agora toda quente gritava:
- Sim, senhor! Sim! sim! Eu vou gozar… sim! mais! mais!... vou gozar!!!
Ela se contraía em volta de mim, tudo parecia perfeito, mas no melhor momento, a barra cedeu junto com as cortinas e todos nós caímos no chão. Rimos do que aconteceu, ambos estávamos completamente pelados, então ela, quase rastejando pelo chão, foi até a lateral para baixar a persiana e acabar com o contratempo.
Depois, ela pegou minha mão e me levou até o sofá onde tudo tinha começado, me fez sentar e foi buscar algo. Enquanto ela ia e vinha, eu observava sua extrema magreza, sua pele branca e seu corpo ossudo.
Iryna voltou com uma caixa debaixo do braço, se acomodou entre minhas pernas, eu estava curioso para ver o que tinha dentro. Com um sorriso nos lábios, ela me mostrou o conteúdo: estava cheia de brinquedos sexuais! De todas as formas e tamanhos! Nunca tinha visto algo igual…
Diante dos meus olhos arregalados, ela pegou o maior, realmente enorme, uns trinta centímetros, grosso, umas três polegadas, com uma ventosa na base. Ela grudou no chão e lubrificou bastante. Eu não conseguia acreditar que essa garota inocente tivesse essas coisas. Ela segurou com uma mão para mantê-lo rígido e se agachou sobre ele, apontou para sua buceta e começou a descer lentamente, centímetro a centímetro foi desaparecendo da minha vista, até que praticamente não sobrou nada. Eu não entendia onde ela guardava tanto…
Enquanto brincava com ele, ela pegou meu pau entre os dedos e, puxando meu prepúcio bem para baixo, começou a me masturbar lentamente. Minha cabeça estava exposta, aquilo me deixava louco…
Seus lábios foram até minhas bolas, sua língua as percorria. Fiquei surpreso quando ela foi um pouco mais abaixo e começou a passar a língua no meu cu. Senti uma sensação estranha, me acomodei para facilitar o caminho. Se minha esposa me visse…
Ela se preparava para a estocada final, então… de sentir sua língua afiada tentando penetrar meu esfíncter, ela pegou um pequeno vibrador e começou a brincar com ele, em poucos minutos o apontou e quase sem que eu percebesse foi lentamente o inserindo, na minha idade chegar a essas coisas…
Essa foi a imagem que ficou gravada na minha retina, a russinha se divertindo com aquele brinquedo enorme na sua buceta, com uma mão enfiando e puxando o outro brinquedinho na minha bunda e com a outra me masturbando de leve, me segurando bem firme pelas bolas. Senti o orgasmo chegar, olhando a ponta do meu pau vi o líquido branco começar a fluir descendo suavemente por todo o tronco, não saía do meu espanto, da minha fascinação…
Iryna me confessaria depois que ela não estudava em nenhuma universidade, ganhava a vida se prostituindo, seus pais não sabiam de nada a respeito. Nos meses seguintes tive alguns encontros clandestinos a mais, mas a relação foi esfriando, certamente pelos meus pedidos repetidos para que ela mudasse de vida, acho que acabei cansando ela…
Um dia em dezembro ela simplesmente desapareceu, o pequeno apartamento estava novamente à venda, nunca mais soube nada dela, nem dos seus pais, nunca mais…
Se você é maior de idade, gostaria de saber sua opinião sobre este relato, escreva para ‘IRYNA, A RUSSA’ em dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
IRYNA, LA RUSA
Siempre fui un tipo humilde, tuve que trabajar mucho para conseguir lo poco que tengo, la falta de estudios no es buena consejera y mis manos castigadas son testigos silenciosas de mis pesares. No trabajaba menos de doce horas diarias, no había domingos ni feriados en mi vida, solo viví para trabajar para conseguir comprar un viejo y húmedo departamento en un edificio comunitario de tres pisos. El trabajo siempre fue prioridad, podría escribir un libro, y esto me llevó a una aburrida y pobre vida sexual, sin grandes locuras, es difícil tener sexo con la panza vacía.
Apenas unas noviecitas que cuento con una mano en mi adolescencia, llegando a los treinta me casé con Ruperta, una buena mujer, buena ama de casa, excelente cocinera, culpable de los cien kilos de peso que tengo. Es una noble mujer, un tanto tosca y para nada inteligente, es la triste verdad.
Nos amamos a nuestra manera, con un sexo tradicional y esporádico, una vez al mes con suerte, solo vaginal y siempre con la luz apagada, es muy estricta en esas cosas.
Ella me dio una hija que hace unos años voló para hacer su nido con su novio de la infancia, ahora vivimos solo nosotros dos, ya he pasado los cincuenta y nunca esperé cambios en mi vida, sigo trabajando casi todo el día, mi único lujo es volver al atardecer y sentarme un rato en la vereda para ver cómo se oculta el sol, luego subo los tres pisos por la escalera para terminar el día, esa escalera me parece cada día más alta, los años no vienen solos…
Ese es el panorama, una vivienda pobre en un barrio pobre, gente trabajadora, buena gente…
Solo el año pasado fue diferente para mi, lástima que como vino se fue, pasó tan rápido…
Cuando terminaba Enero pusieron en venta el departamentito que está junto al nuestro, Roque, el dueño, estaba demasiado mayor y había envejecido terriblemente desde que había enviudado, sus piernas estaban flojas y ya no toleraba las caminatas de ascenso, siempre pensaba que ese sería mi futuro no tan distante. Bien, el se fue y el lugar estuvo cerrado hasta fines de abril, principio de mayo. Una tarde al llegar del trabajo Ruperta me dijo que había escuchado ruidos y suponía que teníamos nuevos vecinos, sin embargo yo no había observado nada.
Al día siguiente, un matrimonio de nuestra edad tocaba la puerta presentándose gentilmente como los nuevos vecinos, en realidad habían hecho un esfuerzo para comprarle el lugar a su hija, para que pudiera estudiar en la universidad, ya que provenían de afuera de la ciudad y no podía viajar todos los días.
En los siguientes dos meses las cosas cambiarían rápidamente para mí, la joven vivía sola, se llamaba Iryna, supe que sus abuelos eran inmigrante rusos y no solo la doblaba en edad, también en peso.
Era flaca, de delgadas piernas, acostumbraba a usar remeras ajustadas que marcaban sus huesudas costillas y sus chatos pechos, tenía unos ojos grandes color café, de mirada triste, cabello rubio que siempre cortaba con un flequillo recto arriba de las cejas. Ella despertaba en mí un instinto paternal, tal vez por la reciente partida de mi hija, además tenía una voz muy suave que me ablandaba el corazón.
Casi de casualidad surgió un vínculo entre nosotros, como ella vivía sola, era mujer y no sabía nada del hogar, siempre venía a buscarme por algún problema, la vida me había enseñado un poco de todo, así que era carpintero, albañil, electricista, pintor, plomero y todo oficio que se requiera en una casa.
Mi forma de ver a la joven fue cambiando poco a poco, sin darme cuenta, no se me cruzaba por la cabeza engañar a Ruperta pero ella era una pobre mujer, demasiada ingenua para ver más allá de sus narices, lo cierto es que Iryna parecía pasarla a gusto en mi compañía y mientras yo estaba en su departamento dándole una mano en alguna tarea, ella me contaba sobre su vida, sobre su familia, sobre sus proyectos, sobre sus estudios, siempre me trataba de usted, me decía ‘don Pedro’, río al recordarlo…
Así, las brasas fueron ardiendo en mi interior lentamente, sin darme cuenta.
Más de una vez, me sorprendía a mi mismo mirando su ropa interior que estaba tirada por cualquier lado, trataba de reprimir mis instintos. Ella siempre usaba polleritas tableadas muy cortitas, demasiado cortitas, por nada en especial, siempre las había usado, eran parte de ella, solo que ahora yo la miraba con otros ojos, las cosas iban cambiando, ahora veía lo que antes no veía. Y tenía una nueva costumbre, dado que Iryna llegaba de la universidad casi al mismo horario que yo del trabajo, buscaba la forma de llegar unos instantes después que ella de manera de subir los escalones de los tres pisos unos metros tras ella, con la mirada fija en su colita, tratando de ver bajo su pollera.
Creo que se daba cuenta de la situación, siempre llegábamos arriba y ella cruzaba una mirada con una pícara sonrisa en los labios
Primero de Octubre, estaba arrodillando arreglando un piso, ella recostada en un viejo sillón con una fea remera brillosa y la clásica pollera tableada que casi me dejaba ver la bombacha, mascaba un chicle mientras sus lentes de aumento le permitían leer un libro de estudio, ella me sorprendería mirándola, dejando el libro a un costado entabló un peligroso diálogo, quería saber sobre mi sexualidad, sobre mi vida, sobre mis gustos, que había hecho, que no, que gustos jamás me había dado, justificando sus preguntas en un supuesto trabajo que elaboraba para la facultad.
Yo dejé de hacer lo que estaba haciendo, me puse nervioso, tartamudo, transpiraba… le resumí mi vida en pocas palabras, tratando de no ser grosero, entonces ella se acercó a mí y tomando entre si mis manos castigadas por el tiempo me susurró al oído
- Se você quiser, podemos fazer o que você nunca fez...
Depois me beijou profundamente, apaixonadamente, docemente para acrescentar:
- Pedro, dê-se o prazer, tome o que todo dia quer tomar nas escadas...
Iryna se acomodou no sofá, com os joelhos no chão e o peito sobre ele, dando-me as costas. Sentei no chão, atrás dela, com meu rosto muito perto de sua bunda, peguei a saia e levantei até sua cintura. Uma calcinha de algodão sumia entre suas nádegas, era tipo fio-dental, deixando seus quadris brancos nus. Coloquei uma mão em cada nádega, as palmas quase conseguiam cobrir seus glúteos.
Inconscientemente abri suas carnes, minha vista se concentrou no anel marrom que ficava partido ao meio pelo fio violeta da calcinha, mas minha surpresa só começava. Os minutos passavam e eu tentava abrir mais e mais, só puxando as nádegas para fora. Lentamente o esfíncter da jovem começava a abrir, e mais e cada vez mais.
Ainda eu não fazia nada e seu orifício traseiro se abria diante dos meus olhos como uma moeda, uns três centímetros. O fio passava no meio, como se fosse uma ponte indefesa atravessando uma cratera perigosa. Evidentemente a russinha não era tão santa como parecia. Ela me tirou do meu letargo dizendo:
- Don Pedro, não gostaria de me dar na bundinha?
Ao mesmo tempo que metia dois dedos ensalivados em seu cu dilatado. Não a fiz esperar, me despi rapidamente. Minha rola estava dura, cuspi na minha mão algumas vezes para lubrificá-la. Me coloquei atrás dela, que esperava impávida. Puxei o fio-dental, apontei e a penetrei com facilidade assustadora por trás. Era o primeiro sexo anal da minha vida, a sensação me parecia maravilhosa, sentindo seu anel apertando minha rola. Eu a tirava de vez em quando e meus olhos se enchiam com aquele grande buraco dilatado, com o sabor do proibido.
Meu maldito joelho direito começou a me incomodar, tive que parar e me sentar ao seu lado, mas nada a deteria. Ela se despiu. rapidamente e veio se agachar sobre mim, com uma perna de cada lado pegou meu membro e sentou, enfiando de novo no cu dela. Se mexeu como uma profissional e me deu uns beijos profundos, língua com língua. Eu olhava seus olhos semicerrados de prazer através daquelas lentes eróticas de aumento, não conseguia acreditar no que estava vivendo…Os peitos dela eram praticamente inexistentes, só os mamilos pequenos apareciam no peito ossudo. Coloquei minhas mãos neles e acariciei com ternura. Ela reagiu bem à minha estimulação, acelerando os movimentos e tentando fazer a penetração anal mais funda. Suava, esquentava, se esforçava para não gritar.
Tudo ia bem até aquele momento, mas aí veio meu primeiro fiasco. Iryna se recostou no sofá e pediu que eu lambesse o cuzinho dela. Me dá vergonha dizer, mas me acomodei entre as pernas dela e fiz o que pude. Estava nervoso, apesar da minha idade era um novato bobo no assunto que não sabia direito o que fazer, como fazer. Beijei, provei o suco dela e mordi o clitóris – pelo menos acho que foi isso, porque notei na cara dela expressões de dor…
Depois de tentativas frustradas, a jovem teve pena de mim. Foi complacente e então me disse:
– Don Pedro, quero que me foda bem selvagem, a coisa mais louca que você conseguir imaginar…
E a coisa mais louca que imaginei foi levantá-la nos braços e levá-la contra a janela que dava para a varanda. Só uma cortininha fina impedia que nossos corpos nus fossem vistos de fora. Levantei ela como se fosse um papel nos meus braços, fazendo com que se abraçasse no meu corpo com as pernas. Desci ela até sentir meu pau penetrando até o fundo. Levantando e descendo ela de novo e de novo, fodi ela em pé. A buceta dela estava molhada e ela soltava gemidinhos baixos no meu ouvido, como uma gatinha ronronando. Sentia a intimidade dela deslizando na minha carne, ela me abraçava com força, mas parecia faltar loucura na cena…
Ela soltou uma das mãos e se segurou no corrimão, depois fez o mesmo com a outra, agora sim, eu a segurava no ar enquanto ela gritava, balançando como uma puta, agora toda quente gritava:
- Sim, senhor! Sim! sim! Eu vou gozar… sim! mais! mais!... vou gozar!!!
Ela se contraía em volta de mim, tudo parecia perfeito, mas no melhor momento, a barra cedeu junto com as cortinas e todos nós caímos no chão. Rimos do que aconteceu, ambos estávamos completamente pelados, então ela, quase rastejando pelo chão, foi até a lateral para baixar a persiana e acabar com o contratempo.
Depois, ela pegou minha mão e me levou até o sofá onde tudo tinha começado, me fez sentar e foi buscar algo. Enquanto ela ia e vinha, eu observava sua extrema magreza, sua pele branca e seu corpo ossudo.
Iryna voltou com uma caixa debaixo do braço, se acomodou entre minhas pernas, eu estava curioso para ver o que tinha dentro. Com um sorriso nos lábios, ela me mostrou o conteúdo: estava cheia de brinquedos sexuais! De todas as formas e tamanhos! Nunca tinha visto algo igual…
Diante dos meus olhos arregalados, ela pegou o maior, realmente enorme, uns trinta centímetros, grosso, umas três polegadas, com uma ventosa na base. Ela grudou no chão e lubrificou bastante. Eu não conseguia acreditar que essa garota inocente tivesse essas coisas. Ela segurou com uma mão para mantê-lo rígido e se agachou sobre ele, apontou para sua buceta e começou a descer lentamente, centímetro a centímetro foi desaparecendo da minha vista, até que praticamente não sobrou nada. Eu não entendia onde ela guardava tanto…
Enquanto brincava com ele, ela pegou meu pau entre os dedos e, puxando meu prepúcio bem para baixo, começou a me masturbar lentamente. Minha cabeça estava exposta, aquilo me deixava louco…
Seus lábios foram até minhas bolas, sua língua as percorria. Fiquei surpreso quando ela foi um pouco mais abaixo e começou a passar a língua no meu cu. Senti uma sensação estranha, me acomodei para facilitar o caminho. Se minha esposa me visse…
Ela se preparava para a estocada final, então… de sentir sua língua afiada tentando penetrar meu esfíncter, ela pegou um pequeno vibrador e começou a brincar com ele, em poucos minutos o apontou e quase sem que eu percebesse foi lentamente o inserindo, na minha idade chegar a essas coisas…
Essa foi a imagem que ficou gravada na minha retina, a russinha se divertindo com aquele brinquedo enorme na sua buceta, com uma mão enfiando e puxando o outro brinquedinho na minha bunda e com a outra me masturbando de leve, me segurando bem firme pelas bolas. Senti o orgasmo chegar, olhando a ponta do meu pau vi o líquido branco começar a fluir descendo suavemente por todo o tronco, não saía do meu espanto, da minha fascinação…
Iryna me confessaria depois que ela não estudava em nenhuma universidade, ganhava a vida se prostituindo, seus pais não sabiam de nada a respeito. Nos meses seguintes tive alguns encontros clandestinos a mais, mas a relação foi esfriando, certamente pelos meus pedidos repetidos para que ela mudasse de vida, acho que acabei cansando ela…
Um dia em dezembro ela simplesmente desapareceu, o pequeno apartamento estava novamente à venda, nunca mais soube nada dela, nem dos seus pais, nunca mais…
Se você é maior de idade, gostaria de saber sua opinião sobre este relato, escreva para ‘IRYNA, A RUSSA’ em dulces.placeres@live.com
0 comentários - Iryna, a russa gostosa