No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Nota del autor: esta historia es ficticia, pero la escribí para y con una mujer que marcó mi vida, lamentablemente ella se olvidó de mi y aun guardo solo para mi las innumerables fotos de sus 'pechos de miel', como solía llamarla, como le gustaba que la llamara.
PECHOS DE MIEL
Esta vez me había enredado en su tela araña, la seguí a ese salón apartado, llegamos, encendimos las luces, me miró y sacó sugerentemente la prenda gris que cubría su torso, como me había avisado sus duros pezones de traslucieron bajo la camisa, incluso sus aureolas, bobón a botón soltó la camisa, hasta desnudarlas por completo
-Te gustan? Yo no sé qué tanto le ves, para mí son normales…
Yo estaba en trance solo observando, ella apuró entonces
-Dejame devolver el favor…
Ale solo se arrodilló a mis pies, bajé mi ropa, mi verga emergió de golpe, dura, resplandeciente, ella suspiró profundo y dijo
-Al fin nos conocemos…
La tomó con cariño entre sus manos y desnudó mi glande, se quedó observándola, luego probó su sabor pasándole la lengua desde la base a la punta, una vez, otra vez, me estremecí, se hacía desear, me masturbó con una mano, luego la metió en su boca, su lengua la engulló con esmero, buscó su garganta, acarició mis bolas, luego fue sobre sus tetas desnudas, la pasó por sus pezones, aun lado, al otro, sentí la suavidad de su piel, la perdió al medio de sus pechos, volvió a meterla en su boca, ahora con más locura, más caliente, se incorporó y me dio un terrible bese de lengua, boca a boca, luego respiró fuerte dejando su aliento en mi nariz, le dije
-Qué rico olor a pija que tenes…
-Te gusta? y donde queres acabar?
Realmente el olor a mi verga que tenía en la boca me dejaba al borde de la muerte, y no me importaba donde, por primera vez noté que no tenía el control, solo quería que lo hiciera, no dije nada, solo empujé sus hombros hacia abajo, ella se dejó caer con esa puta sonrisa en los labios.
Volvió a lamer, a chupar, mi verga se interponía entre su rostro y mi mirada, me sentí venir, me contraje, ella lo notó, solo se retiró unos centímetros, mi leche caliente explotó y fue derecho a sus pechos, a sus pezones, ella había calculado muy bien la jugada.
Ella tenía el control, me quedé tratando de recuperar el aliento, sus enormes tetas chorreaban semen, entonces los estiró hasta su boca y empezó a lamerlos, con paciencia, poco a poco fue devorando mi semen incluso ayudándose con los dedos…
Me miró, sus tetas brillaban, su pera estaba blancuzca, con leche pegada, un excitante enchastre, me dijo
-Supongo que ahora me dirás ‘pechos de leche’
Qué hermosa puta me había ganado, mi puta personal, seguía erguido como adolescente, tomé las riendas, nuevamente por la fuerza, solo la giré y la apoyé contra la pared, con sus tetas desnudas pegadas a la descascarada pintura, con el rostro hacia un lado, subí su pollera y corrí a un lado la colaless que tenía, me acomodé, la hice sacar culo y se la enterré por completo en la concha empapada arrancándole un grito
-Tomá! Puta! querías pija! ahí tenes!
Y arremetí una vez, y otra y otra, con locura, con desenfreno, animal, transpiré, se la daba tan profundo y tan fuerte como podía, Ale gemía con su rostro pegado a la pared, arremetía con tanta fuerza que cada vez que empujaba llegaba hasta el fondo, haciendo que ella se levantara un poco hasta casi quedar en puntas de pie.
Sentí su mano acariciar con frenesí su clítoris, sus ojos entrecerrados, besé su cuello, descubrí cuanto la excitaba que besara su cuello y sus hombros, había encontrado ‘su talón de Aquiles’, ‘su punto sin retorno’, la mordí con ternura, sus balbuceos fueron claros
-Dale Fede… ahhh!!!! dalee… ahhh!!! cógeme to… ahhh!!! toda… lle… ahh! name de… ahh!!! de leche… ahhh!!!
Era la primera vez que la cogía, tan mojada, tan profunda, llena de locura, pronto mi pija empezó a endurecerse, inconscientemente mi mordisco amistoso se transformó en uno doloroso, apreté mis dientes en su cuello, ella lo notó y empujo más y más con su culo, explotamos al mismo tiempo, fue su primer orgasmo con mi verga en su interior, al tiempo que la llenaba de leche, creí morirme en ese momento…
Comenzamos a recobrarnos lentamente, a recuperar la respiración, mi sexo aún permanecía dentro del suyo, lo saqué lentamente y ella acomodó con premura la tanga para que absorbiera el semen chorreante y no corriera por sus piernas, giró, me miró, nos besamos en segundos que parecieron eternos…
Fue la primera de muchas cogidas que tendríamos por delante, y más hacíamos más queríamos, hacerle el amor era sublime, me hacía sentir que tenía apenas veinte años, la fragancia de la Juventud, el sentir que se es inmortal.
Alejandra seguía regalándome sus fotos, eso era algo que no había cambiado desde la primera vez y era algo que me agradaba sobremanera recibir, aunque se repitieran, aunque fueran parecidas, y para mi cada foto era única en si misma…
Pero una de estas fotos tomadas con su celular había captado mi atención, Ale estaba recostada sobre su cama boca arriba, obviamente desnuda, con sus piernas cruzadas, por su vientre pasaba apenas la sábana, cuidando de ocultar su sexo, sus pechos desnudos emergían como dos montañas enormes, circulares, perfectas, de belleza incomparable, con esas características aureolas oscuras de grandes dimensiones, como a mí me gustan, imposible de no detenerse a observar en detalle, luego su rostro, casi colgando al borde de la cama, de rasgos perfectos, con su mirada llena de pecado y su larga y renegrida cabellera colgando hasta el piso como una eterna cascada.
Además, estaba en blanco y negro, sin colores, no hacía falta más colores, sus curvas daban colores a esa foto, y era lo más perfecta y erótica que puedan imaginar, solíamos a bromear, ella decía que era un halagador y que era una foto más entre tantas, yo en cambio le decía que sería La Gioconda de este siglo…
Hacía unos veinte días que no nos veíamos, estábamos en receso escolar, vacaciones, y extrañaba acariciar sus cabellos, la invite a casa, no conocía mi modesto departamento, y quería que viera algo especial.
Llegó cuando empezaba a caer el sol, estaba reluciente, pero tenía una sorpresa para ella, vendé sus ojos con un pañuelo de raso negó, y lentamente la conduje al dormitorio, paso a paso, tratando que no tropezara con nada en el camino.
Al fin la puse en posición, le baje la venda y le pedí que abriera los ojos…
A un par de metros, la enfrentaba un enorme mural de tres metros de altura que iba del piso al techo dejando ver la perfección de esa foto que me había enviado y tanto me gustaba, Alejandra se quedó perpleja, boquiabierta, sin reacción, parecía no respirar, luego de unos minutos me dijo
-Pero realmente te has vuelto loco… loco de remate! qué vergüenza me da esto!!!! – mientras el rojo tomate invadía su rostro -.
-Deja la vergüenza de lado… dime que te parece… mira la perfección de mi modelo…
-Me encanta, debo admitirlo…
Alejandra se paró en puntas de pies y me dio un profundo beso, le respondí pero tratando de mantener la distancia, saben que sentí? tenía miedo de estar enamorándome, o peor, dejar que ella se enamorara de mí, eso era algo que no podía permitirlo, soy un caballero, antes muerto que lastimarla…
Ella se separó y comenzó a desnudarse, observándome con picardía, sin que lo pidiera subió la venda a sus ojos nuevamente y me dijo
-Quiero hacer algo loco, algo prohibido, algo nuevo, quiero que me mires, solo siéntate a un costado, seré tu puta una vez más…
Tomé un vaso, eché un poco de wiski y me decidí a ser su espectador de lujo.
La joven tanteó en su ceguera hasta encontrar el colchón, completamente desnuda se puso en cuatro patas apoyando sus pechos contra la base, sus nalgas quedaron paraditas apuntando a mi lado, empezó a acariciarse, a gemir, fue por su cuerpo, de un lado a otro, y llevó su índice mojado al esfínter, presionó, y un poco más, hasta deslizarlo por completo en su interior, y un poco más, y otro, al rato agregaba un segundo dedo y sus gemidos iban en franco aumento, apenas mojaba mis labios con la bebida, observando en silencio con la pija dura bajo mi pantalón, como un toro enjaulado, conteniendo la presión.
Em algum momento ela disse:
-Vem cá, Fer, me come! Eu te desejo! Quero te dar minha bunda!
Mas eu disse:
-Eu não vou fazer nada, tô sentado curtindo o show, bebendo meu uísque. Se quer fazer algo... faz você.
Ale entendeu meu jogo de humilhação. Só de leve, ela saiu da cama e veio até mim. Garantiu que encontraria meu pau duro, me deu as costas e foi se acomodando, descendo bem devagar, apoiando a ponta no seu esfíncter, e mais pra baixo, e mais. Senti minha carne abrindo caminho na dela, até ela sentar por completo no meu colo, até o fundo. Depois começou a se mover, por vontade própria, enchendo o quarto de gemidos. Ela estava cega, mas eu via os movimentos dos seus quadris largos, meu pau entrando e saindo da sua bunda, e ao fundo, o enorme mural que eu tanto gostava.
Ela percebeu minha excitação. Senti que ia gozar. Foram poucos minutos, mas todo meu sêmen ficou dentro dela. Foi perfeito...
Ale relaxou e se recostou pra trás, ainda com meu pau dentro dela. Então me disse em voz baixa, quase inaudível:
-Que loucura, né? Pensar que minha bunda só tinha a lembrança feia de um supositório pequeno, e olha, agora por sua causa, meu perverso manipulador, olha o que eu tenho dentro...
Mas toda história tem um fim.
Uma vez, pouco tempo depois, eu perguntei:
-Ale, como você acha que vai ser o fim dessa loucura?
Ela pensou alguns segundos e respondeu muito segura de si:
-Acho que no dia em que eu encontrar um amor, quando encontrar um homem, quando alguém ocupar meu coração, não vou mais poder brincar com você...
E como um presságio, esse momento chegaria logo. Ale conheceu um cara, um novo vizinho do bairro dela, e começou a se distanciar de mim. Não me opus. Ela era uma borboleta livre, e quem era eu para querer prendê-la? O nosso sempre tinha sido um jogo, e caí prisioneiro das minhas próprias regras: não me prender a nenhuma mulher...
Acabaram as aulas, as ligações, as fotos, as mensagens. Só... pareceu desaparecer do mapa.
Alguns anos depois, a encontrei por acaso em um parque de diversões, com um rapaz loirão que a segurava pelo ombro, pareciam muito apaixonados, por sinal, com uns olhos azuis cristalinos, tão puros como a água. Alejandra exibia uma linda barriguinha de alguns meses de gravidez. O destino nos colocou cara a cara, ela nos apresentou.
- Professor Da Silva! Que prazer vê-lo!
- Alejandra! Como você está bem – respondi o mais casual possível –
- Te apresento meu marido, Carlos. Amor, ele foi o melhor dos meus professores...
Apertei a mão do jovem e disse, olhando nos olhos de Alejandra:
- Parabéns, Carlos, você tem uma mulher linda...
Alejandra sorriu com aquela malícia que só eu conhecia, seu olhar havia mudado, não tinha mais aqueles olhos de anjo, agora o demônio do sexo parecia tê-la possuído...
Nos despedimos, foi a última vez que vi meus PEITOS DE MEL.
FIM
Se você gostou desta história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘PEITOS DE MEL’ para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Nota del autor: esta historia es ficticia, pero la escribí para y con una mujer que marcó mi vida, lamentablemente ella se olvidó de mi y aun guardo solo para mi las innumerables fotos de sus 'pechos de miel', como solía llamarla, como le gustaba que la llamara.
PECHOS DE MIEL
Esta vez me había enredado en su tela araña, la seguí a ese salón apartado, llegamos, encendimos las luces, me miró y sacó sugerentemente la prenda gris que cubría su torso, como me había avisado sus duros pezones de traslucieron bajo la camisa, incluso sus aureolas, bobón a botón soltó la camisa, hasta desnudarlas por completo
-Te gustan? Yo no sé qué tanto le ves, para mí son normales…
Yo estaba en trance solo observando, ella apuró entonces
-Dejame devolver el favor…
Ale solo se arrodilló a mis pies, bajé mi ropa, mi verga emergió de golpe, dura, resplandeciente, ella suspiró profundo y dijo
-Al fin nos conocemos…
La tomó con cariño entre sus manos y desnudó mi glande, se quedó observándola, luego probó su sabor pasándole la lengua desde la base a la punta, una vez, otra vez, me estremecí, se hacía desear, me masturbó con una mano, luego la metió en su boca, su lengua la engulló con esmero, buscó su garganta, acarició mis bolas, luego fue sobre sus tetas desnudas, la pasó por sus pezones, aun lado, al otro, sentí la suavidad de su piel, la perdió al medio de sus pechos, volvió a meterla en su boca, ahora con más locura, más caliente, se incorporó y me dio un terrible bese de lengua, boca a boca, luego respiró fuerte dejando su aliento en mi nariz, le dije
-Qué rico olor a pija que tenes…
-Te gusta? y donde queres acabar?
Realmente el olor a mi verga que tenía en la boca me dejaba al borde de la muerte, y no me importaba donde, por primera vez noté que no tenía el control, solo quería que lo hiciera, no dije nada, solo empujé sus hombros hacia abajo, ella se dejó caer con esa puta sonrisa en los labios.
Volvió a lamer, a chupar, mi verga se interponía entre su rostro y mi mirada, me sentí venir, me contraje, ella lo notó, solo se retiró unos centímetros, mi leche caliente explotó y fue derecho a sus pechos, a sus pezones, ella había calculado muy bien la jugada.
Ella tenía el control, me quedé tratando de recuperar el aliento, sus enormes tetas chorreaban semen, entonces los estiró hasta su boca y empezó a lamerlos, con paciencia, poco a poco fue devorando mi semen incluso ayudándose con los dedos…
Me miró, sus tetas brillaban, su pera estaba blancuzca, con leche pegada, un excitante enchastre, me dijo
-Supongo que ahora me dirás ‘pechos de leche’
Qué hermosa puta me había ganado, mi puta personal, seguía erguido como adolescente, tomé las riendas, nuevamente por la fuerza, solo la giré y la apoyé contra la pared, con sus tetas desnudas pegadas a la descascarada pintura, con el rostro hacia un lado, subí su pollera y corrí a un lado la colaless que tenía, me acomodé, la hice sacar culo y se la enterré por completo en la concha empapada arrancándole un grito
-Tomá! Puta! querías pija! ahí tenes!
Y arremetí una vez, y otra y otra, con locura, con desenfreno, animal, transpiré, se la daba tan profundo y tan fuerte como podía, Ale gemía con su rostro pegado a la pared, arremetía con tanta fuerza que cada vez que empujaba llegaba hasta el fondo, haciendo que ella se levantara un poco hasta casi quedar en puntas de pie.
Sentí su mano acariciar con frenesí su clítoris, sus ojos entrecerrados, besé su cuello, descubrí cuanto la excitaba que besara su cuello y sus hombros, había encontrado ‘su talón de Aquiles’, ‘su punto sin retorno’, la mordí con ternura, sus balbuceos fueron claros
-Dale Fede… ahhh!!!! dalee… ahhh!!! cógeme to… ahhh!!! toda… lle… ahh! name de… ahh!!! de leche… ahhh!!!
Era la primera vez que la cogía, tan mojada, tan profunda, llena de locura, pronto mi pija empezó a endurecerse, inconscientemente mi mordisco amistoso se transformó en uno doloroso, apreté mis dientes en su cuello, ella lo notó y empujo más y más con su culo, explotamos al mismo tiempo, fue su primer orgasmo con mi verga en su interior, al tiempo que la llenaba de leche, creí morirme en ese momento…
Comenzamos a recobrarnos lentamente, a recuperar la respiración, mi sexo aún permanecía dentro del suyo, lo saqué lentamente y ella acomodó con premura la tanga para que absorbiera el semen chorreante y no corriera por sus piernas, giró, me miró, nos besamos en segundos que parecieron eternos…
Fue la primera de muchas cogidas que tendríamos por delante, y más hacíamos más queríamos, hacerle el amor era sublime, me hacía sentir que tenía apenas veinte años, la fragancia de la Juventud, el sentir que se es inmortal.
Alejandra seguía regalándome sus fotos, eso era algo que no había cambiado desde la primera vez y era algo que me agradaba sobremanera recibir, aunque se repitieran, aunque fueran parecidas, y para mi cada foto era única en si misma…
Pero una de estas fotos tomadas con su celular había captado mi atención, Ale estaba recostada sobre su cama boca arriba, obviamente desnuda, con sus piernas cruzadas, por su vientre pasaba apenas la sábana, cuidando de ocultar su sexo, sus pechos desnudos emergían como dos montañas enormes, circulares, perfectas, de belleza incomparable, con esas características aureolas oscuras de grandes dimensiones, como a mí me gustan, imposible de no detenerse a observar en detalle, luego su rostro, casi colgando al borde de la cama, de rasgos perfectos, con su mirada llena de pecado y su larga y renegrida cabellera colgando hasta el piso como una eterna cascada.
Además, estaba en blanco y negro, sin colores, no hacía falta más colores, sus curvas daban colores a esa foto, y era lo más perfecta y erótica que puedan imaginar, solíamos a bromear, ella decía que era un halagador y que era una foto más entre tantas, yo en cambio le decía que sería La Gioconda de este siglo…
Hacía unos veinte días que no nos veíamos, estábamos en receso escolar, vacaciones, y extrañaba acariciar sus cabellos, la invite a casa, no conocía mi modesto departamento, y quería que viera algo especial.
Llegó cuando empezaba a caer el sol, estaba reluciente, pero tenía una sorpresa para ella, vendé sus ojos con un pañuelo de raso negó, y lentamente la conduje al dormitorio, paso a paso, tratando que no tropezara con nada en el camino.
Al fin la puse en posición, le baje la venda y le pedí que abriera los ojos…
A un par de metros, la enfrentaba un enorme mural de tres metros de altura que iba del piso al techo dejando ver la perfección de esa foto que me había enviado y tanto me gustaba, Alejandra se quedó perpleja, boquiabierta, sin reacción, parecía no respirar, luego de unos minutos me dijo
-Pero realmente te has vuelto loco… loco de remate! qué vergüenza me da esto!!!! – mientras el rojo tomate invadía su rostro -.
-Deja la vergüenza de lado… dime que te parece… mira la perfección de mi modelo…
-Me encanta, debo admitirlo…
Alejandra se paró en puntas de pies y me dio un profundo beso, le respondí pero tratando de mantener la distancia, saben que sentí? tenía miedo de estar enamorándome, o peor, dejar que ella se enamorara de mí, eso era algo que no podía permitirlo, soy un caballero, antes muerto que lastimarla…
Ella se separó y comenzó a desnudarse, observándome con picardía, sin que lo pidiera subió la venda a sus ojos nuevamente y me dijo
-Quiero hacer algo loco, algo prohibido, algo nuevo, quiero que me mires, solo siéntate a un costado, seré tu puta una vez más…
Tomé un vaso, eché un poco de wiski y me decidí a ser su espectador de lujo.
La joven tanteó en su ceguera hasta encontrar el colchón, completamente desnuda se puso en cuatro patas apoyando sus pechos contra la base, sus nalgas quedaron paraditas apuntando a mi lado, empezó a acariciarse, a gemir, fue por su cuerpo, de un lado a otro, y llevó su índice mojado al esfínter, presionó, y un poco más, hasta deslizarlo por completo en su interior, y un poco más, y otro, al rato agregaba un segundo dedo y sus gemidos iban en franco aumento, apenas mojaba mis labios con la bebida, observando en silencio con la pija dura bajo mi pantalón, como un toro enjaulado, conteniendo la presión.
Em algum momento ela disse:-Vem cá, Fer, me come! Eu te desejo! Quero te dar minha bunda!
Mas eu disse:
-Eu não vou fazer nada, tô sentado curtindo o show, bebendo meu uísque. Se quer fazer algo... faz você.
Ale entendeu meu jogo de humilhação. Só de leve, ela saiu da cama e veio até mim. Garantiu que encontraria meu pau duro, me deu as costas e foi se acomodando, descendo bem devagar, apoiando a ponta no seu esfíncter, e mais pra baixo, e mais. Senti minha carne abrindo caminho na dela, até ela sentar por completo no meu colo, até o fundo. Depois começou a se mover, por vontade própria, enchendo o quarto de gemidos. Ela estava cega, mas eu via os movimentos dos seus quadris largos, meu pau entrando e saindo da sua bunda, e ao fundo, o enorme mural que eu tanto gostava.
Ela percebeu minha excitação. Senti que ia gozar. Foram poucos minutos, mas todo meu sêmen ficou dentro dela. Foi perfeito...
Ale relaxou e se recostou pra trás, ainda com meu pau dentro dela. Então me disse em voz baixa, quase inaudível:
-Que loucura, né? Pensar que minha bunda só tinha a lembrança feia de um supositório pequeno, e olha, agora por sua causa, meu perverso manipulador, olha o que eu tenho dentro...
Mas toda história tem um fim.
Uma vez, pouco tempo depois, eu perguntei:
-Ale, como você acha que vai ser o fim dessa loucura?
Ela pensou alguns segundos e respondeu muito segura de si:
-Acho que no dia em que eu encontrar um amor, quando encontrar um homem, quando alguém ocupar meu coração, não vou mais poder brincar com você...
E como um presságio, esse momento chegaria logo. Ale conheceu um cara, um novo vizinho do bairro dela, e começou a se distanciar de mim. Não me opus. Ela era uma borboleta livre, e quem era eu para querer prendê-la? O nosso sempre tinha sido um jogo, e caí prisioneiro das minhas próprias regras: não me prender a nenhuma mulher...
Acabaram as aulas, as ligações, as fotos, as mensagens. Só... pareceu desaparecer do mapa.
Alguns anos depois, a encontrei por acaso em um parque de diversões, com um rapaz loirão que a segurava pelo ombro, pareciam muito apaixonados, por sinal, com uns olhos azuis cristalinos, tão puros como a água. Alejandra exibia uma linda barriguinha de alguns meses de gravidez. O destino nos colocou cara a cara, ela nos apresentou.
- Professor Da Silva! Que prazer vê-lo!
- Alejandra! Como você está bem – respondi o mais casual possível –
- Te apresento meu marido, Carlos. Amor, ele foi o melhor dos meus professores...
Apertei a mão do jovem e disse, olhando nos olhos de Alejandra:
- Parabéns, Carlos, você tem uma mulher linda...
Alejandra sorriu com aquela malícia que só eu conhecia, seu olhar havia mudado, não tinha mais aqueles olhos de anjo, agora o demônio do sexo parecia tê-la possuído...
Nos despedimos, foi a última vez que vi meus PEITOS DE MEL.
FIM
Se você gostou desta história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘PEITOS DE MEL’ para dulces.placeres@live.com
1 comentários - Pechos de miel - 3 de 3