No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Y salir trasquilado...
Un refrán recurrente que siempre usaba mi papá, y como nadie lo sentí en carne propia.
Patricio era mi amigo de la infancia, de toda la vida, crecimos juntos, en el mismo barrio, estudiamos juntos, en el mismo colegio y compartimos todo, secretos, aventuras, problemas, lo que imaginen, sin dudas él era el hermano que la vida no me había dado.
El siguió el oficio de electricista, yo el de mecánica automotor y todo era perfecto en un mundo imperfecto.
Pero habría un motivo en el que todo terminaría mal entre nosotros, una mujer...
Tenía unos veinticinco cuando Noelia apareció en nuestras vidas, o mejor dicho en su vida. Patricio la había conocido en un boliche y un día me la presentó como su novia.
Si bien yo sabía que la mujer de mi amigo era intocable, como hombre no puede evitar sentir una atracción especial, de mediana estatura, cabellos enrulados y abundantes, a media espalda, de ojos color miel y mirada inquietante, hasta perversa. Noelia tenía un lindo cuerpecito, pechos un tanto pequeños, y caderas una tanto exageradas, lucía un jean destenido pegado al cuerpo que le quedaba de maravillas, un top blanco dejaba su cintura descubierta y me dejaba ver un tatoo diminuto cerca del ombligo.
Fue mi primera impresión, y solo traté de apartar mis pensamientos de ella.
Y la relación solo se fue dando, y todo se fue complicando...
En los cinco años siguientes, la vida lo encontraría a Patricio trabajando en una empresa de insumos eléctricos, por mi parte, estaba empleado en un taller mecánico de la zona, tenía novia, y Noelia trabajaba en un estudio de abogacía muy coqueto y conocido en el barrio.
Noelia y Patricio ya eran pareja formal, vivían bajo el mismo techo como matrimonio, mientras que Laura, mi novia, y yo estábamos en planes de casamiento. Así, no era de extrañar que pasáramos muchas horas juntos los cuatro, compartiendo alguna cena, un baile, escapadas por las tardes o algún desayuno en algún barcito de la zona.
Todo parecía estar bien, todo parecía perfecto, todas las piezas del rompecabezas encajaban, pero en secreto, en soledad, seguía sintiendo la misma atracción hacia Noelia, como el primer día, a pesar de mi mejor amigo, a pesar de mi novia, y lo peor del caso es que muchas veces nuestras miradas se cruzaban, nuestros gestos, nuestras palabras, y sin decirlo se me hacía evidente que ella también me miraba con ojos de mujer.
Todo se descarrilaría un día, mi amigo, como acostumbraba a hacer me había dejado su coche solo para realizar un cambio de aceite, y por la tardecita pasaría a buscarlo, cerca de las siete de la tarde, horario en que solía cerrarse el taller. Hasta ahí todo era normal, de hecho al mediodía su coche estaba listo y estacionado a un lado. Al caer la tarde, me encontraba bajo un auto, en la fosa, revisando un tren delantero, hasta que vi pasar unos finos tacos altos, y hasta donde pude ver una hermosas pantorrillas en medias de nailon color bronce.
-Marcos! te buscan!
La voz chillona de mi capataz hizo que con la reacción golpeara la cabeza con el escape del coche que estaba revisando, salí de la fosa y ahí estaba ella, espléndida, como siempre, esta vez con su uniforme de trabajo, una falda ajustada que parecía no caber en ella, y diablos, que culo enorme y deseable le marcaba, con su camisa floreada, con sus cabellos enrulados recogidos y un discreto maquillaje, me quedé mirándola como un tonto...
-Hola Marcos! le estaba contando a tu jefe que Patricio me mandó a buscar el coche, tuvo una complicación en el empleo y no volverá hasta tarde...
-Hola Noe, - balbucee como un tonto - mientras trataba de sacarme la grasa de mis manos y apenas me arrimé para besarle la mejilla
-Le dije a tu amigo que yo no sabía manejar, pero ya sabes como es, así que acá estoy...
-Vamos, yo te alcanzo! - dije al tiempo que mi corazón parecía explotar - claro, si mi jefe lo permite - agregué con voz mas baja al notar que aun no tenía el permiso de mi patrón y el me miraba a la distancia con cara de buenos amigos.
Pero ya era hora de cerrar y mi jefe era un buen tipo, así que solo me arreglé un poco tratando se dejar de lado mis olor a solventes y en un abrir y cerrar de ojos estaba conduciendo el coche de mi mejor amigo con su hermosa esposa a mi lado...
Al llegar, ella abrió el portón para que guardara el vehículo, le dije que tomaría una taxi, pero ella insistió en que me quedara a tomar algo, un café, unos mates, un te, lo que fuera. Por mi bien, sabía que debía decir que no, pero ella me convenció, era solo agradecimiento por lo que había hecho, pero... era solo eso?
Y ya en la casa, mientras ella preparaba la infusión, supe que estaba en problemas, ella batía un café instantáneo dándome las espalda, y su culo saltón se meneaba en consecuencia, como una réplica de un terremoto, ella me hablaba sin mirar, solo me acerqué por detrás y me puse tan pero tan cerca que sin tocarla ella pudo percibir mi aliento en su nuca, voltó un tanto sorprendida, solo nos miramos fijamente a los ojos en segundos que fueron eternos, se produjo un silencio sepulcral y el mundo se detuvo en esos instantes. Noelia dejó el pocillo sobre la mesada, se estiró en puntas de pies y tomándome del cuello nos dimos un beso enorme, reprimido por ambos por muchos años, mis manos aun con olor a taller la tomaron por sus generosos glúteos para levantara y sentarla sobre le frío mármol, su pollera se subió naturalmente, sin dejar de besarnos enganché con mis dedos su media buscando llegar a su sexo, solo tiré hasta sentirla crujir para lograr acceder al preciado tesoro.
Noelia solo me gemía al oído y me rogaba para que la cogiera, su ropa interior fue el siguiente obstáculo, apenas la hice a un lado para sentir su sexo mojado, y mi pija dura fue directo a embestirla.
Fue una loca primera vez, rápida, como adolescentes, como calmar en minutos un volcán que tuvimos reprimidos por años, me sentí explotar y llenarla de leche mientras ella, toda abierta, acariciando su clítoris gemía en placer, solo pidiendo más y más.
Cuando recobramos la cordura, mientras yo acomodaba mis prendas, mientras ella se bajaba de la mesada y ponía todo en su lugar, la culpa nos abordó a ambos, y ambos dijimos que era un terrible error, su esposo, mi mejor amigo e hicimos en ese momento un juramento, nadie sabría nada de lo que haba sucedido y sería nuestro secreto mejor guardado, así que solo pedí un taxi y volví a mi casa.
Pero el corazón se mete en lugares donde debe privar la razón, días después nos revolcábamos a escondidas en un hotel clandestino de la ciudad, y ya nada se pudo parar...
Como terminó la historia? Patricio y yo detenidos en una comisaría, después de tomarnos a golpes de puños, mi amigo desató en mi rostro toda la furia de la traición y realmente merecía que me diera una paliza...
El tiempo siguió su curso, perdí a mi hermano de vida, pero me quedé con la mujer de mis sueños, después de pasar por un segundo escándalo con Laura, que por su parte también había agarrado de los pelos a Noelia...
Todo pareció acomodarse, Noelia y yo formamos pareja y pude disfrutar en mi cama, cada noche, a la mujer que me había quitado el sueño.
En unos años mas, mi vida cambió para bien, puse un taller por mi cuenta y me transformé en mi propio patrón, las cosas iban viento en popa, pronto tuve que ampliar el galpón, me vi sobrepasado y fue así que llegó Pedro, mi primer empleado, un muchacho joven y emprendedor que como algún día yo lo había hecho, empezaba a transitar su camino. Era un chico recién recibido, veinteañero, bien parecido, un muchacho emprendedor, predispuesto y con muchas ganas de aprender el oficio.
Al poco tiempo contraté a otro empleado mas, y honestamente, ganaba mas dinero del que podía gastar. Fue cuando también Noelia se unió al trabajo, necesitaba una buena secretaria que administrara todo, turnos, entregas, presupuestos, facturación, horarios, pagos a los empleados y cuando hicimos números, concluimos que era negocio que dejara su viejo trabajo en el estudio, donde estaba estancada en una vida laboral marchita.
El tiempo había pasado, como alguna vez había sido en mi juventud, ahora el roce diario se daba entre empleados, mi esposa, y yo. Noelia pisaba los cuarenta, teníamos tres hijos y el día a día nos abrumaba un poco. Yo la amaba, pero creo que poco a poco, con la costumbre del día a día fuimos perdiendo esos mínimos detalles que hacían de la nuestra una relación especial.
Ella ahora tenía curvas de mujer adulta, tan sexis y atractivas como aquellas de las que me había enamorado y me había costado perder a mi mejor amigo, solo que ya no me sabían a desafío. En algún momento, Noelia fue mi manzana prohibida, pero ahora era un hombre manso al no tener que luchar por ella.
E com certeza não vi isso chegando...
Naquele fim de semana, eu tinha programado uma viagem pra Buenos Aires. Tinha um leilão de carros de uma seguradora, veículos que dava pra comprar barato e depois colocar no mercado por uma boa grana. Sempre dava negócio, sempre fazia uma boa diferença.
Parti no sábado à tarde com meu carro, e o plano era voltar no domingo à noite. Era uma prática comum.
No meio do caminho, me ligam no celular só pra confirmar se eu tinha sido avisado que o leilão tinha sido adiado por algumas semanas. Depois de xingar meio mundo, não tive outra opção senão voltar.
Parei pra jantar num posto de gasolina, algo leve, um sanduíche e um refrigerante. Enquanto comia, vi uma vitrine cheia de besteiras, bugigangas, e parei num ursinho de pelúcia com olhar triste.
Lembrei da minha querida esposa. Não tinha falado nada sobre minha volta e pensei em surpreendê-la. Chegaria tarde da noite e fazia tempo que não tinha um gesto assim. Comprei o ursinho, umas guloseimas de chocolate, do jeito que ela gostava, e voltei pra estrada pra terminar minha viagem de volta.
Eram duas da manhã. Parei o carro na porta, mas algo me chamou a atenção. Vi luz numa das janelas laterais do galpão. Era estranho alguém ter esquecido acesa, já que aos sábados fechávamos ao meio-dia. Não achei lógica. Pensei que alguns ladrões podiam estar fuçando o lugar.
Preferi então ir pra casa primeiro. Tenho um taco de beisebol de enfeite, e não sei por que pensei nisso na hora. Era só um enfeite. Passei pelo quarto dos pequenos, dormiam como anjos, e fui ver se minha esposa estava bem, bem devagar, sem querer assustar ninguém. Mas me surpreendi ao ver a cama de casal vazia.
Então, com mais dúvidas do que certezas, fui pro galpão, na ponta dos pés, pra pegar os intrusos de surpresa. E com o que me deparei?
Pedro, meu funcionário, estava encostado em cima da... na borda da escrivaninha, com o torso musculoso nu e as calças nos joelhos, a Noelia estava ajoelhada no meio, dando um boquete daqueles, ela parecia perdida no prazer e só ouvia os estalos rítmicos da própria diversão.
Ele dizia, quase como uma brincadeira:
— Ai, véia, véia... como tu chupa bem! vai arrancar fora! como tu gosta de chupar minha pica!!!
Eu só apertei o taco com mais força, mas me segurei, não era um assassino. Ele continuou falando enquanto empurrava a cabeça da minha mulher cada vez mais pra baixo com as mãos.
— Vai, puta... come ela toda!
A Noelia parecia entregue, até que teve que parar de repente, com uns engasgos que não deixavam ela respirar direito, aí reclamou:
— Para, idiota! já te falei pra não fazer isso... não consigo comer tua pica toda!!!
Mas ele riu e só enfiou de novo na boca dela. Fiquei observando, agachado nas sombras. Meu funcionário só falava enquanto ela chupava com todo empenho, só dizia o quanto ela era puta e o quanto eu era corno...
Respirei fundo, muita gente teria ficado excitado com aquela cena, mas eu só sentia tristeza. Me fechei nos meus pensamentos, em que momento eu tinha perdido ela? quando foi que aconteceu?
Os gemidos do Pedro me trouxeram de volta à realidade. Ele já não reclamava, só inclinou o tronco pra trás e fechou os olhos, mantendo a pressão das mãos na cabeça da minha esposa. Notei os espasmos dele, as contrações rítmicas e o prazer masculino. Ela só continuou chupando e chupando sem se abalar, até a pica do Pedro começar a perder a rigidez. Depois foi subindo, dando beijinhos no corpo do amante, no púbis, na barriga, no peito, até chegar no pescoço — muitas vezes ela tinha feito isso comigo, eu sabia como era. Então ele, já satisfeito, disse algo tipo:
— Como tu chupa gostoso a pica, Noelia, me enlouquece!!! não sei como o Marcos não aproveita cada noite contigo, eu não me cansaria de ti...
— Marcos... — ela murmurou, encolhendo os ombros. ombros - O Marcos já não me come como antes...
- Sabe o que me excita nisso? – perguntou Pedro – imaginar os beijos que seu marido te dá, nessa boca pecaminosa, a mesma boca que chupa minha pica e engole todo meu leite...
- Pedro! – ela repreendeu – não seja assim... não gosto disso...
Eu já não quis ver mais, não me interessou ver mais, me senti destruído como alguma vez certamente o Patrício, meu amigo do peito, tinha se sentido...
Preferi ir embora, deixei o taco de beisebol no lugar e só fui por aí, beber uns copos e pensar no que fazer. O amanhecer me pegou bêbado, fedido, acabado, me joguei dentro do carro só pra dormir até que tudo passasse.
Voltei pra casa no domingo, como se tudo fosse normal, como se o da noite anterior fosse só um pesadelo, não falei nada, só queria recuperar ela, ela era a mulher da minha vida...
Mas quando um copo de vidro quebra, por mais que se cole com todo cuidado cada pedaço, sempre vão ficar as marcas das emendas, e era isso que tava acontecendo comigo...
Porque não tinha sido um pesadelo, e em cada beijo nos lábios dela, em cada toque de línguas, cada vez que eu chegava na boca dela com a minha, vinham as lembranças das palavras do Pedro, 'imaginar os beijos que seu marido te dá, nessa boca pecaminosa, a mesma boca que chupa minha pica e engole todo meu leite...', e essas palavras ecoavam na minha cabeça como um tambor, e eu sentia nojo de beijar ela...
As coisas nunca mais foram como antes, a relação esfriou cada vez mais até que acertamos o divórcio, eu tinha perdido ela...
A gente se vê de vez em quando, como ex, como velhos amigos, como pais dos nossos filhos, tá tudo bem entre nós, ela não refez a vida, eu também não, e de vez em quando ela me dá umas indiretas pra tentar de novo, mas não, eu não conseguiria, ela não sabe que eu sei...
E como diz o ditado, me levou quase uma vida, mas fui buscar lã e saí tosquiado...
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título IR POR LÃ... para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Y salir trasquilado...
Un refrán recurrente que siempre usaba mi papá, y como nadie lo sentí en carne propia.
Patricio era mi amigo de la infancia, de toda la vida, crecimos juntos, en el mismo barrio, estudiamos juntos, en el mismo colegio y compartimos todo, secretos, aventuras, problemas, lo que imaginen, sin dudas él era el hermano que la vida no me había dado.
El siguió el oficio de electricista, yo el de mecánica automotor y todo era perfecto en un mundo imperfecto.
Pero habría un motivo en el que todo terminaría mal entre nosotros, una mujer...
Tenía unos veinticinco cuando Noelia apareció en nuestras vidas, o mejor dicho en su vida. Patricio la había conocido en un boliche y un día me la presentó como su novia.
Si bien yo sabía que la mujer de mi amigo era intocable, como hombre no puede evitar sentir una atracción especial, de mediana estatura, cabellos enrulados y abundantes, a media espalda, de ojos color miel y mirada inquietante, hasta perversa. Noelia tenía un lindo cuerpecito, pechos un tanto pequeños, y caderas una tanto exageradas, lucía un jean destenido pegado al cuerpo que le quedaba de maravillas, un top blanco dejaba su cintura descubierta y me dejaba ver un tatoo diminuto cerca del ombligo.
Fue mi primera impresión, y solo traté de apartar mis pensamientos de ella.
Y la relación solo se fue dando, y todo se fue complicando...
En los cinco años siguientes, la vida lo encontraría a Patricio trabajando en una empresa de insumos eléctricos, por mi parte, estaba empleado en un taller mecánico de la zona, tenía novia, y Noelia trabajaba en un estudio de abogacía muy coqueto y conocido en el barrio.
Noelia y Patricio ya eran pareja formal, vivían bajo el mismo techo como matrimonio, mientras que Laura, mi novia, y yo estábamos en planes de casamiento. Así, no era de extrañar que pasáramos muchas horas juntos los cuatro, compartiendo alguna cena, un baile, escapadas por las tardes o algún desayuno en algún barcito de la zona.
Todo parecía estar bien, todo parecía perfecto, todas las piezas del rompecabezas encajaban, pero en secreto, en soledad, seguía sintiendo la misma atracción hacia Noelia, como el primer día, a pesar de mi mejor amigo, a pesar de mi novia, y lo peor del caso es que muchas veces nuestras miradas se cruzaban, nuestros gestos, nuestras palabras, y sin decirlo se me hacía evidente que ella también me miraba con ojos de mujer.
Todo se descarrilaría un día, mi amigo, como acostumbraba a hacer me había dejado su coche solo para realizar un cambio de aceite, y por la tardecita pasaría a buscarlo, cerca de las siete de la tarde, horario en que solía cerrarse el taller. Hasta ahí todo era normal, de hecho al mediodía su coche estaba listo y estacionado a un lado. Al caer la tarde, me encontraba bajo un auto, en la fosa, revisando un tren delantero, hasta que vi pasar unos finos tacos altos, y hasta donde pude ver una hermosas pantorrillas en medias de nailon color bronce.
-Marcos! te buscan!
La voz chillona de mi capataz hizo que con la reacción golpeara la cabeza con el escape del coche que estaba revisando, salí de la fosa y ahí estaba ella, espléndida, como siempre, esta vez con su uniforme de trabajo, una falda ajustada que parecía no caber en ella, y diablos, que culo enorme y deseable le marcaba, con su camisa floreada, con sus cabellos enrulados recogidos y un discreto maquillaje, me quedé mirándola como un tonto...
-Hola Marcos! le estaba contando a tu jefe que Patricio me mandó a buscar el coche, tuvo una complicación en el empleo y no volverá hasta tarde...
-Hola Noe, - balbucee como un tonto - mientras trataba de sacarme la grasa de mis manos y apenas me arrimé para besarle la mejilla
-Le dije a tu amigo que yo no sabía manejar, pero ya sabes como es, así que acá estoy...
-Vamos, yo te alcanzo! - dije al tiempo que mi corazón parecía explotar - claro, si mi jefe lo permite - agregué con voz mas baja al notar que aun no tenía el permiso de mi patrón y el me miraba a la distancia con cara de buenos amigos.
Pero ya era hora de cerrar y mi jefe era un buen tipo, así que solo me arreglé un poco tratando se dejar de lado mis olor a solventes y en un abrir y cerrar de ojos estaba conduciendo el coche de mi mejor amigo con su hermosa esposa a mi lado...
Al llegar, ella abrió el portón para que guardara el vehículo, le dije que tomaría una taxi, pero ella insistió en que me quedara a tomar algo, un café, unos mates, un te, lo que fuera. Por mi bien, sabía que debía decir que no, pero ella me convenció, era solo agradecimiento por lo que había hecho, pero... era solo eso?
Y ya en la casa, mientras ella preparaba la infusión, supe que estaba en problemas, ella batía un café instantáneo dándome las espalda, y su culo saltón se meneaba en consecuencia, como una réplica de un terremoto, ella me hablaba sin mirar, solo me acerqué por detrás y me puse tan pero tan cerca que sin tocarla ella pudo percibir mi aliento en su nuca, voltó un tanto sorprendida, solo nos miramos fijamente a los ojos en segundos que fueron eternos, se produjo un silencio sepulcral y el mundo se detuvo en esos instantes. Noelia dejó el pocillo sobre la mesada, se estiró en puntas de pies y tomándome del cuello nos dimos un beso enorme, reprimido por ambos por muchos años, mis manos aun con olor a taller la tomaron por sus generosos glúteos para levantara y sentarla sobre le frío mármol, su pollera se subió naturalmente, sin dejar de besarnos enganché con mis dedos su media buscando llegar a su sexo, solo tiré hasta sentirla crujir para lograr acceder al preciado tesoro.
Noelia solo me gemía al oído y me rogaba para que la cogiera, su ropa interior fue el siguiente obstáculo, apenas la hice a un lado para sentir su sexo mojado, y mi pija dura fue directo a embestirla.
Fue una loca primera vez, rápida, como adolescentes, como calmar en minutos un volcán que tuvimos reprimidos por años, me sentí explotar y llenarla de leche mientras ella, toda abierta, acariciando su clítoris gemía en placer, solo pidiendo más y más.
Cuando recobramos la cordura, mientras yo acomodaba mis prendas, mientras ella se bajaba de la mesada y ponía todo en su lugar, la culpa nos abordó a ambos, y ambos dijimos que era un terrible error, su esposo, mi mejor amigo e hicimos en ese momento un juramento, nadie sabría nada de lo que haba sucedido y sería nuestro secreto mejor guardado, así que solo pedí un taxi y volví a mi casa.
Pero el corazón se mete en lugares donde debe privar la razón, días después nos revolcábamos a escondidas en un hotel clandestino de la ciudad, y ya nada se pudo parar...
Como terminó la historia? Patricio y yo detenidos en una comisaría, después de tomarnos a golpes de puños, mi amigo desató en mi rostro toda la furia de la traición y realmente merecía que me diera una paliza...
El tiempo siguió su curso, perdí a mi hermano de vida, pero me quedé con la mujer de mis sueños, después de pasar por un segundo escándalo con Laura, que por su parte también había agarrado de los pelos a Noelia...
Todo pareció acomodarse, Noelia y yo formamos pareja y pude disfrutar en mi cama, cada noche, a la mujer que me había quitado el sueño.
En unos años mas, mi vida cambió para bien, puse un taller por mi cuenta y me transformé en mi propio patrón, las cosas iban viento en popa, pronto tuve que ampliar el galpón, me vi sobrepasado y fue así que llegó Pedro, mi primer empleado, un muchacho joven y emprendedor que como algún día yo lo había hecho, empezaba a transitar su camino. Era un chico recién recibido, veinteañero, bien parecido, un muchacho emprendedor, predispuesto y con muchas ganas de aprender el oficio.
Al poco tiempo contraté a otro empleado mas, y honestamente, ganaba mas dinero del que podía gastar. Fue cuando también Noelia se unió al trabajo, necesitaba una buena secretaria que administrara todo, turnos, entregas, presupuestos, facturación, horarios, pagos a los empleados y cuando hicimos números, concluimos que era negocio que dejara su viejo trabajo en el estudio, donde estaba estancada en una vida laboral marchita.
El tiempo había pasado, como alguna vez había sido en mi juventud, ahora el roce diario se daba entre empleados, mi esposa, y yo. Noelia pisaba los cuarenta, teníamos tres hijos y el día a día nos abrumaba un poco. Yo la amaba, pero creo que poco a poco, con la costumbre del día a día fuimos perdiendo esos mínimos detalles que hacían de la nuestra una relación especial.
Ella ahora tenía curvas de mujer adulta, tan sexis y atractivas como aquellas de las que me había enamorado y me había costado perder a mi mejor amigo, solo que ya no me sabían a desafío. En algún momento, Noelia fue mi manzana prohibida, pero ahora era un hombre manso al no tener que luchar por ella.
E com certeza não vi isso chegando... Naquele fim de semana, eu tinha programado uma viagem pra Buenos Aires. Tinha um leilão de carros de uma seguradora, veículos que dava pra comprar barato e depois colocar no mercado por uma boa grana. Sempre dava negócio, sempre fazia uma boa diferença.
Parti no sábado à tarde com meu carro, e o plano era voltar no domingo à noite. Era uma prática comum.
No meio do caminho, me ligam no celular só pra confirmar se eu tinha sido avisado que o leilão tinha sido adiado por algumas semanas. Depois de xingar meio mundo, não tive outra opção senão voltar.
Parei pra jantar num posto de gasolina, algo leve, um sanduíche e um refrigerante. Enquanto comia, vi uma vitrine cheia de besteiras, bugigangas, e parei num ursinho de pelúcia com olhar triste.
Lembrei da minha querida esposa. Não tinha falado nada sobre minha volta e pensei em surpreendê-la. Chegaria tarde da noite e fazia tempo que não tinha um gesto assim. Comprei o ursinho, umas guloseimas de chocolate, do jeito que ela gostava, e voltei pra estrada pra terminar minha viagem de volta.
Eram duas da manhã. Parei o carro na porta, mas algo me chamou a atenção. Vi luz numa das janelas laterais do galpão. Era estranho alguém ter esquecido acesa, já que aos sábados fechávamos ao meio-dia. Não achei lógica. Pensei que alguns ladrões podiam estar fuçando o lugar.
Preferi então ir pra casa primeiro. Tenho um taco de beisebol de enfeite, e não sei por que pensei nisso na hora. Era só um enfeite. Passei pelo quarto dos pequenos, dormiam como anjos, e fui ver se minha esposa estava bem, bem devagar, sem querer assustar ninguém. Mas me surpreendi ao ver a cama de casal vazia.
Então, com mais dúvidas do que certezas, fui pro galpão, na ponta dos pés, pra pegar os intrusos de surpresa. E com o que me deparei?
Pedro, meu funcionário, estava encostado em cima da... na borda da escrivaninha, com o torso musculoso nu e as calças nos joelhos, a Noelia estava ajoelhada no meio, dando um boquete daqueles, ela parecia perdida no prazer e só ouvia os estalos rítmicos da própria diversão.
Ele dizia, quase como uma brincadeira:
— Ai, véia, véia... como tu chupa bem! vai arrancar fora! como tu gosta de chupar minha pica!!!
Eu só apertei o taco com mais força, mas me segurei, não era um assassino. Ele continuou falando enquanto empurrava a cabeça da minha mulher cada vez mais pra baixo com as mãos.
— Vai, puta... come ela toda!
A Noelia parecia entregue, até que teve que parar de repente, com uns engasgos que não deixavam ela respirar direito, aí reclamou:
— Para, idiota! já te falei pra não fazer isso... não consigo comer tua pica toda!!!
Mas ele riu e só enfiou de novo na boca dela. Fiquei observando, agachado nas sombras. Meu funcionário só falava enquanto ela chupava com todo empenho, só dizia o quanto ela era puta e o quanto eu era corno...
Respirei fundo, muita gente teria ficado excitado com aquela cena, mas eu só sentia tristeza. Me fechei nos meus pensamentos, em que momento eu tinha perdido ela? quando foi que aconteceu?
Os gemidos do Pedro me trouxeram de volta à realidade. Ele já não reclamava, só inclinou o tronco pra trás e fechou os olhos, mantendo a pressão das mãos na cabeça da minha esposa. Notei os espasmos dele, as contrações rítmicas e o prazer masculino. Ela só continuou chupando e chupando sem se abalar, até a pica do Pedro começar a perder a rigidez. Depois foi subindo, dando beijinhos no corpo do amante, no púbis, na barriga, no peito, até chegar no pescoço — muitas vezes ela tinha feito isso comigo, eu sabia como era. Então ele, já satisfeito, disse algo tipo:
— Como tu chupa gostoso a pica, Noelia, me enlouquece!!! não sei como o Marcos não aproveita cada noite contigo, eu não me cansaria de ti...
— Marcos... — ela murmurou, encolhendo os ombros. ombros - O Marcos já não me come como antes...
- Sabe o que me excita nisso? – perguntou Pedro – imaginar os beijos que seu marido te dá, nessa boca pecaminosa, a mesma boca que chupa minha pica e engole todo meu leite...
- Pedro! – ela repreendeu – não seja assim... não gosto disso...
Eu já não quis ver mais, não me interessou ver mais, me senti destruído como alguma vez certamente o Patrício, meu amigo do peito, tinha se sentido...
Preferi ir embora, deixei o taco de beisebol no lugar e só fui por aí, beber uns copos e pensar no que fazer. O amanhecer me pegou bêbado, fedido, acabado, me joguei dentro do carro só pra dormir até que tudo passasse.
Voltei pra casa no domingo, como se tudo fosse normal, como se o da noite anterior fosse só um pesadelo, não falei nada, só queria recuperar ela, ela era a mulher da minha vida...
Mas quando um copo de vidro quebra, por mais que se cole com todo cuidado cada pedaço, sempre vão ficar as marcas das emendas, e era isso que tava acontecendo comigo...
Porque não tinha sido um pesadelo, e em cada beijo nos lábios dela, em cada toque de línguas, cada vez que eu chegava na boca dela com a minha, vinham as lembranças das palavras do Pedro, 'imaginar os beijos que seu marido te dá, nessa boca pecaminosa, a mesma boca que chupa minha pica e engole todo meu leite...', e essas palavras ecoavam na minha cabeça como um tambor, e eu sentia nojo de beijar ela...
As coisas nunca mais foram como antes, a relação esfriou cada vez mais até que acertamos o divórcio, eu tinha perdido ela...
A gente se vê de vez em quando, como ex, como velhos amigos, como pais dos nossos filhos, tá tudo bem entre nós, ela não refez a vida, eu também não, e de vez em quando ela me dá umas indiretas pra tentar de novo, mas não, eu não conseguiria, ela não sabe que eu sei...
E como diz o ditado, me levou quase uma vida, mas fui buscar lã e saí tosquiado...
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título IR POR LÃ... para dulces.placeres@live.com
0 comentários - Ir por lana...