Los secretos de Rosa - parte 2 de 3

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!


LOS SECRETOS DE ROSA

2 DE 3

Poco después él volvió a la carga, Ezequiel era un tipo de no aceptar fácilmente un 'no' como respuesta, tení una personalidad un tanto enfermiza, posesiva y llena de egos, pero claro, ella que podía saber, eran solo extraños en ese momento, volvió a invitarla, y volvió a negarse, así que solo la tomó con fuerza por su antebrazo y casi la arrastró a su lado, y solo por la vergüenza de evitar un escándalo se dejó arrastrar, quedaron solos, frente a frente, moviéndose lentamente al compás de la música, Rosa cometió el error de mirar a ese hombre a los ojos, supo que estaba mal, y se justificó a si misma diciendo para sus adentros que con solo bailar un rato no le haría mal a nadie, intentando negar que empezaba a meterse en arenas movedizas, porque ese hombre la hacía sentir viva, como hacía tiempo no lo sentía, en su cotidianidad con Benito, su esposo, ya no recordaba lo que era sentirse bonita, sexi, deseada, y a ese primer baile siguió otro y otro, y otro más. Ella recobró su lugar de mujer responsable, de esposa fiel, y prefirió dar por terminados esos límites que había traspasado, pero Ezequiel había apostado fuerte, había avanzado demasiado y no pensaba rendirse fácilmente, la mareo con palabras y después de insistir e insistir, logró arrancarle su número telefónico, aunque le advirtió que solo estaba en una noche de amigas, que tenía esposo y dejarle en claro que ya no la molestara.

Ella volvió a su casa, como de costumbre, se acostó junto a su esposo quien dormía profundamente, los ronquidos del hombre no la dejaban conciliar el sueño, solo se quedó meditando en una posible aventura con ese joven, sabía que era una locura, pondría todo en juego por una calentura pasajera? jugaría todas las fichas a una ruleta rusa? porqué eso era Ezequiel, una locura, una tonta locura. Esas ideas rondaron por su cabeza hasta que al fin el sueño la venció.

Al día siguiente, a eso de las nueve de la mañana desayunaba junto a su esposo, trataba de contarle algunas cosas de la noche anterior, pero como siempre sucedía, notó que Benito no la escuchaba, el solo tenía su café con leche con tostadas a un lado y leía el periódico al otro, el siempre en su marcada y aburrida rutina, el banco lo esperaba y eso era el eje de su vida.

El agudo y acompasado timbre del teléfono los sacó del letargo, ella sintió que se le atragantaba el corazón, trató de llegar al aparato pero su esposo estaba más cerca y fue el quien cogió el tubo, respondió con monosílabos y miró a Rosa, quien se remordía los labios, entonces le pasó la comunicación a ella, era un tal Ezequiel. Ella sintió morirse en segundos, pero la relación matrimonial era tan parca y monótona que nada hacía pensar en una posible aventura.

Sin embargo, aun tambaleante, cogió el tubo para charlar con él, puso tontas palabras en su boca, excusas para que solo su esposo no sospechara, pero al otro lado ese joven le endulzaba los oídos arrancándole suspiros contenidos, pero tuvo que ser férrea para cortar la comunicación, no podía pasar mucho tiempo hablando, hubiera sido muy tonto de su parte. Trató de sonar casual, le dijo que era el hermano de la chica que le hacía las uñas, para cancelar un turno, pero la cabeza de Benito ya estaba en otra cosa, parecía no escucharla, estaba tan tranquilo y confiado en su matrimonio que nada la hacía despertar de su letargo, incluso su proceder enfadaba un poco a Rosa, quien hubiera deseado al menos despertarle un pocos de celos a su esposo, sentirse un poco deseada, solo eso...

Dos horas después, el teléfono volvió a sonar, ahora ya no había nadie en casa, Benito seguramente estaba en el banco, se sentó y tuvo una larga y erótica charla con Ezequiel, ella trataba de cortar todos sus ataques, pero ese hombre la envolvía en palabras y la llevaba al mismo infierno, la hacía sentir joven, bonita, deseada, la invitó a bailar, solo ellos dos, ya sin amigas de por medio, mil veces dijo que no, mil veces volvió a insistir, y el no cortó la llamada hasta asegurarse que la tenerla en un puño.

Rosa estaba sola y aburrida en casa, ese joven la había dejado al borde del abismo, solo cerró sus ojos y se relajó, su imaginación viajó a la ciudad del pecado, aún tenía el tubo del teléfono en las manos e inconscientemente lo dejó caer entre sus pechos, solo empezó a tocarse y terminó masturbándose, como en los viejos tiempos, ya no recordaba que se sentía, contuvo los gemidos, se mordió los labios, se sintió adolescente. Cuando recobró la postura, se sintió culpable, notó que lo que había hecho estaba mal, ya no tenía quince, ya estaba en edad de que su hija la llamara desde Europa para decirle que sería abuela.

Ese viernes daría el mal paso, se vistió discreta pero sexi, despidió a Benito como de costumbre, para ir a cenar con las chicas, caminó dos cuadras, solo llegó a la esquina, el guiño de luces de un coche que esperaba estacionado a corta distancia le hizo saber que la estaban esperando, caminó y Ezequiel la recibió con un peligroso beso mejilla contra mejilla, pero él había intentado pasar de la raya y a pesar que trató de evitarle el rostro, él llegó a tocar con sus labios la comisura de los de ella. Emprendieron la marcha, ella no sabía dónde irían a bailar esa noche, era sorpresa, pero la verdadera sorpresa se la llevó cunado su nuevo amigo sin consultar se metió de lleno en un hotel alojamiento.


Los secretos de Rosa - parte 2 de 3Rosa ficou com sentimentos confusos, por um lado queria matar ele na porrada pela loucura, mas por outro lado tava morrendo de tesão com a situação inesperada, na vida dela nunca tinha traído e era pra ser só uma noite de dança.

Quando ela viu a cama de casal com lençóis de cetim vermelho, soube que não tinha volta, Ezequiel enlouquecia ela, tinha que aceitar, tava rendida àquele jovem e se deu a chance de se sentir viva, se entregou sem frescura pro novo amante e curtiu cada segundo que passou do lado dele, transaram como loucos, desesperados, como novatos, mas com experiência, pra ela foi mágico e só soube que tinha aberto uma nova janela pra vida.

Ele propôs uma dança diferente pra aquela noite, só dançaram enroscados entre os lençóis, com os corpos nus, naufragando no prazer.

Na volta, deixou ela de novo a duas quadras de casa, ela caminhou pela calçada feliz, satisfeita, com um sorriso nos lábios, com vontade de gritar pros quatro cantos, mas tudo mudou quando chegou, teve que se transformar de novo na mulher do Benito, que como sempre, alheio a tudo roncava tranquilamente do lado da cama.

A história tava só começando pra eles, viraram amantes, amantes discretos, pelas costas do pobre Benito que só se preocupava com o emprego e em encher a esposa de todos os luxos do mundo. Rosa, mesmo jogando sujo, toda vez que voltava e via a ternura nos olhos do marido, não conseguia evitar a culpa que rasgava a alma dela, o prazer que o amante dava virava fel ao lado do marido e o peso nos ombros ficava insuportável.

Ela tomou uma decisão, criou coragem de onde não tinha e numa tarde de primavera sentou frente a frente com Benito e confessou tudo, contou tudo, que tinha um amante, como tinha acontecido, como se conheceram e todos os detalhes que achou que devia confessar.

Quando terminou de falar, um silêncio de morte. invadiu o quarto, ela esperou cabisbaixa todas as recriminações que qualquer homem traído teria feito, à beira da loucura, fosse o que fosse, ela só aceitaria sem questionar, mas Benito só meditava em silêncio, coçando o queixo, batendo nervosamente um dos calcanhares no chão. No fim, ele olhou para ela com atenção e só disse que estava tudo bem, que ele entendia que a diferença de idade entre eles era grande demais, e que ele não a tratava como ela merecia, pelo menos na parte sexual, e que ele a amava por completo, e aceitaria tudo se ela fosse feliz, até dividi-la com um amante. Só pediu como favor que ela não o fizesse passar por corno na cidade, que tivesse cuidado e fosse discreta.

Rosa olhou para ele sem entender, aquele homem não era real, para ele ela era um anjo, ele estava aos pés dela desde o dia em que a viu pela primeira vez no banco, e ela tiraria vantagem daquela resposta inesperada de Benito.

Os anos seguintes daquela mulher foram tudo que qualquer mulher desejaria ter: um marido fiel e protetor, disposto a fazer qualquer coisa que ela quisesse, que colocava aos pés dela mais dinheiro do que ela podia gastar, e também um jovem amante, vigoroso, atencioso, que lhe dava mais sexo do que ela conseguia aguentar, e até a parte materna estava resolvida, Mabel, sua filha, era feliz com o marido no velho continente.

Mas essa harmonia perfeita não duraria muito tempo. Ezequiel não era do tipo que se contentava com pedaços de um todo, ele não queria só uma fatia do bolo, era um cara frio, calculista e manipulador, e ela estava enredada nas teias dele. Já pesava ser só "o amante", e o próximo passo dele foi pressioná-la a largar o marido. Não tinha lugar no rodeio para dois touros, e o natural era o velho dar lugar ao novo.

Rosa se viu entre a cruz e a espada, tinha chegado a hora de escolher um homem, ou sentava de novo para conversar com Benito ou... Ezequiel esqueceria dela. Ele colocou os dois na balança: um lhe dava a tranquilidade de uma vida cheia de conforto, mas o outro a fazia se sentir jovem, a fazia se sentir viva, e não havia dinheiro no mundo que pudesse comprar as emoções do coração.

De novo, ela se viu na obrigação de encarar aquele homem, só que não sabia como fazer. Ficava andando pela casa procurando respostas, imaginando situações. Só sabia que Benito era bom demais e que partiria o coração dele com a dor que ia causar.

Quando ele chegou do banco, como fazia todo dia, a esposa o esperava parada na entrada da sala, esfregando as mãos, com a mala pronta do lado, os olhos cheios de lágrimas. Aquela imagem foi mais do que suficiente pra ele, e ficou gravada na mente dele além de todas as palavras que Rosa disse depois. Mais uma vez, Benito escutou em silêncio, sem dizer nada. Lá no fundo, no fundo do coração, ele sabia que ela sempre tinha ficado do lado dele porque se sentia bem, por carinho, por costume, mas amor, o que se diz amor, não, ela nunca amaria ele do jeito que ele amava ela. E também, sempre em algum lugar do coração dele, algo dizia que um dia ela ia deixá-lo. De novo, ele deu uma piscada amigável, e falou com doçura enquanto acariciava os cabelos da mulher que estava perdendo, pra ela não se preocupar. Mais uma vez, caso precisasse, lembrou o quanto a amava e que, se a felicidade dela estava do lado de outro homem, então ele não ia botar pedra no caminho.

CONTINUA

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'OS SEGREDOS DE ROSA' para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Los secretos de Rosa - parte 2 de 3