Total libertad para comentar lo que quieran
Esperamos sean de vuestro agrado
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USTEDES QUE HARÍAN?
En verdad nunca supe bien que es lo que ella me vio, no soy un tipo pintón, por el contrario, soy petiso, algo excedido en peso y con una incipiente calvicie para mis casi cuarenta años, tampoco soy el hombre de buen carácter, soy un tanto ermitaño, y suelo enojarme con facilidad, no soy el tipo amable, dulce y acogedor con el que las mujeres sueñan, menos el que regala flores, o el que está en todos los detalles, eso no está en mi sangre.
Tampoco tengo una fortuna, ni mucho menos, los pesos que me da la librería me alcanzan con lo justo para vivir modestamente y alquilar un pequeño departamento de dos ambientes, sin muchos lujos, es más, sin nada de lujos.
Por eso, cuando mi situación con Noelia fue cosa seria, mucha gente no salía de su asombro, mis amigos decían que nuestra relación era la prueba fehaciente ‘de que el amor es ciego’, y siempre me decían que me había llevado con ella el premio mayor, que con ella me había sacado la lotería.
Sin dudas, Noelia es demasiado bonita, un diamante en bruto que cualquiera quisiera tener, alguien a quien el destino había cruzado en mi camino y yo había sabido conquistar.
Pero en algún punto de nuestra relación las cosas se fueron desgastando, un poco por mi forma de ser, un poco por la rutina, un poco por el desgano, como sea, todo influyó para llegar a este presente.
Todo había empezado tiempo atrás, yo recién cumplía treinta y uno, y como cada día era esclavo de mi negocio, una modesta librería de ramos generales, donde pasaba las horas para sacar unos míseros pesos.
En ese momento odiaba a las mujeres, estaba terminando los trámites de divorcio con Karla, la que había sido mi esposa y parecía empeñada en dejarme en la ruina.
Era temprano, recién había abierto, aún acomodaba algunas cosas cuando ella entró por unas fotocopias, era preciosa, con un rubio teñido en enrulados cabellos que llegaban a su cintura, unas gafas enormes oscuras que me impedían ver sus ojos, reposando sobre su pequeña naricita, una boca prominente, de labios carnosos, llamativamente perfectos, noté que era tan alta como yo. Lucía un vestido de algodón adherido a su cuerpo, en línea continuas y alternadas entre blanco y negro, sin mangas, largo hasta los tobillos, le quedaba muy bonito, como dibujando sus curvas y contra curvas, como decirlo, le quedaba sexi, discreto y llamativo, todo en uno, imaginen, bonitos pechos, escueta cintura y un generoso y delicioso trasero.
Tomé sus papeleríos y empecé a fotocopiar, su documento, observé el número y calculé unos veinte años, no más, y luego muchos papeles de un juzgado, era todo parte de un divorcio, estaba pasando por lo mismo que yo pasaba con mi ex, así que sabía del tema.
Mientras seguía en la rutina le observé de reojo un par de veces, ella permanecía parada en silencio y cada tanto secaba disimuladamente alguna lágrima que escurría bajo esos lentes oscuros.
Comprendí que estábamos en la misma situación, y que ella estaba herida, así que de la nada crucé algunas palabras, su matrimonio no había durado ni dos meses, el bastardo la había dejado, compartimos penurias, dolores, se animó a hablar un poco hasta que una señora mayor entró por unas cartulinas en colores.
Y el destino quiso que ella volviera a pasar por el local, una vez, otra, nos enredamos… y nos casamos.
Todo fue arcoíris al principio, me había llevado a la cama una perra hermosa, con un culo envidiable, unos pechos duros como piedra, una mocosa a la que le encantaba la verga y me llevaba al límite, habitualmente era yo quien tenía que decir ‘basta’ a nuestros encuentros, fueron mis mejores años…
Pero esa lujuria del principio no duraría mucho, como dije, un poco por descuido, un poco por rutina, las diferencias del día repercutieron en los encuentros de la noche y aunque lo negara sabía que poco a poco empezaba a perderla.
Noelia sugirió en algún momento que tomáramos terapia de pareja, era un salva vidas a nuestra relación de pareja, pero como siempre, mi carácter negativo me hizo descartar la propuesta, que diablos teníamos que ir a contar nuestros problemas a un tercero? Me sonaba a situaciones de chismes y reclamos, así que me negué rotundamente.
Ella me dijo algo como
Ok, lo respeto… si no me quieres acompañar, iré sola…
Solo me encogí de hombros como respondiendo gestualmente
Por mí, haz lo que quieras…
Y fue cuando mi querida empezó a asistir a terapias semanales de la doctora Rubinstein, una sexagenaria liberal que mi modo de ver solo le pudrió la cabeza a mi hermosa Noelia.
Ella empezó a cambiar, bajó algunos kilos de más que tenía, cambió un tanto su carácter, pasó de ser una mujer introvertida a sentirse segura de sí misma y de su cuerpo, por primera vez la vi seducirme con lencería sexi, me llamó la atención que para tomar sol dejara de lado sus tradicionales bikinis para pasas a pequeñas colaless que me hacían para la pija con solo verla.
Parecía que la vieja había dado en la tecla, mi esposa había vuelto a ser un huracán en la cama, pero había algo más que yo ignoraba…
Noelia empezó a hablarme de las cosas que la doctora le metía en la cabeza, ideas liberales como que, en una pareja, el amor no tiene que ver con el sexo, y que se puede y se debe mantener sexo sin amor, que abrirse a nuevas experiencias por fuera del matrimonio, solo logran fortalecer los vínculos, que el ser humano es un animal, y que como casi todos los animales no estamos diseñados para vivir en monogamia, que esto solo trae represión a deseos ocultos, y no sé cuántas cosas más…
En resumen, Noelia deseaba hacer realidad una de sus más recurrentes fantasías, estar con varios hombres… y no quiere engañarme, hasta quiere que yo sea parte, ya sea participando activamente o solo mirando, yo le digo que está loca, ella dice que yo puedo ejecutar por mi parte, mi fantasía, que ella no se opondrá, sea lo que sea…
Y se puso realmente cargosa con esto, como tema del día a día, por más que yo hablara siempre la vieja puta esa de la doctora Rubinstein sabía más que yo…
Tomé una decisión, si no podía ganar al menos no quería perder, junté varios pesos y fui al centro de la ciudad, a un sex shop, con una tonta idea que tal vez funcionara…
Busqué penes de juguete, macizos, realmente eran impresionantes, que similitud, al apretarlos parecía apretar mi propio pene, las formas, las venas, reí para adentro pensando en mi mujer…
Compré tres unidades, el vendedor me miraba sin comprender mucho, tal vez pensó que era gay, pero busque de unos veinte por cinco, bien generosos para que la perra no se quede con ganas, incluso uno negro, para matar de paso otra posible fantasía…
Busqué una estrategia, esa mañana, luego de desayunar fui a darle un beso a la cama codo cada mañana, solo que antes de irme dejé sobre la mesa los tres ‘amigos’ envueltos con papel de regalo.
A mi regreso esperé su reacción, pero no dijo nada, yo tampoco lo hice, jugamos un rico juego de ‘yo lo sé, tú lo sabes, pero nadie lo dice’, y sin mencionarlo ambos esperamos el momento de la cama, luego de la cena.
Había llegado ese momento, yo ya estaba en la cama esperando a Noelia, perdiendo el tiempo con mi celular, ella estaba en el baño, tardaba más de lo normal, hasta que apareció para sorprenderme, con un sugerente disfraz de enfermera que evidentemente había comprado, toda en impecable blanco, sobre unos zapatos blancos de finísimos tacos con medias de red que llegaban bien arriba en sus perfectos muslos, un guardapolvo apenas abrochado por el frente, sus turgentes pechos amenazaban por escapar del escote, tan sensuales como de costumbre, tan corto que apenas llegaba a la mitad de sus caderas dejando al desnudo sus enormes nalgas, y hasta su pubis apenas protegido por una tanga transparente por donde adivinaba una sensual depilación, su cabello recogido prolijamente con ese adminículo característico en su cabeza con la cruz roja.
Su piel cobriza por el bronceado de verano resaltaba con el blando de su vestimenta.
Colocou uma música sensual e dançou com cadência para mim, como uma puta de cabaré, minha pele arrepiou, ela era minha, só minha e se tinha uma coisa que eu sabia era que não queria perdê-la, com o pau duro tentei agarrá-la pra foder, mas ela me evitava, me provocava de perto demais, mas nunca ficava ao meu alcance, se tocava, se acariciava, se curvava, sensual, até que finalmente consegui segurá-la pela mão e a trouxe pra cima de mim, à força…
Ela começou na hora a acariciar meu pau por cima da cueca, adorava quando ela fazia isso, me fazia querer tanto que ela fizesse mais, mas ela não fazia, nos beijamos com paixão, apertou os lábios dela contra os meus até doer, daqueles beijos que mostram a embriaguez do sexo, tão gostoso, tão profundo…
Levantei o aventalzinho até a cintura e minhas mãos se agarraram como tenazes nas bundas dela, afastei a fio dental e enfiei um par de dedos na buceta dela, estava encharcada, quis beijar os peitos dela, mas estavam escondidos, puxei com força a frente, os três botões rolaram pelo chão e os peitos dela ficaram à minha mercê, os bicos estavam durinhos, ela pegou minha cabeça e a afundou entre eles, me obrigou a lamber, a morder, tão docemente que eu naufraguei em prazer.
Tudo era louco, rápido, improvisado, fazendo uma coisa atrás da outra, sem pensar, animal, selvagem, peguei a cabeça dela e empurrei pra baixo, queria que ela me chupasse, como eu desejava, foi então que ela se afastou de repente, como uma mola pulou da cama, se levantou e me disse
Não, não, não… não pode, o médico deixou as instruções e o senhor está muito fraco… vem pra cá…
Entrei na brincadeira, ela me fez sentar numa poltroninha que temos ao lado do quarto e me deixou completamente nu, me olhou e continuou
Mas o que temos aqui! Coitadinho! Essa inflamação deve doer…
Eu ri das palavras dela, enquanto enchia os olhos com a perfeição dela, então ela tirou a fio dental, se aproximou e colocou na minha boca, voltou a falar Toma, gata, toma esses sucos que vão fazer ele melhorar…
Senti na minha boca o sabor dos seus sucos quentes, tudo isso me causava uma situação meio engraçada, ela me indicou pra ficar sentado, só observando…
Foi então que ela foi buscar meus presentes, pegou dois dos brinquedos deixando o preto de lado, se jogou na cama e disse:
Quero que você faça parte das minhas fantasias, quero que veja o que eu desejo, quero que você se excite vendo sua putinha…
Ela se deitou de lado no colchão, de frente pra mim, em primeiro plano, pegou as picas de brinquedo e começou a lamber, com delicadeza, passando a língua pela cabeça de cada uma, uma a uma, as duas juntas, percorrendo da base, devagar, ou enfiando bem fundo na boca, tão fundo quanto conseguia, com caras de tesão evidente, soltando infinitos ‘mmmm’, enchendo elas de saliva.
A cena me excitou, demais, eu tava com a pica dura como pedra, e acho que a gente se esquentava mutuamente, eu queria me masturbar, mas isso seria dar o braço a torcer…
Noelia abriu as pernas, deixando a buceta enorme perfeitamente depilada diante dos meus olhos, o mel escorria, ela só continuou lambendo uma pica, a outra levou até a xereca, se acariciou o clitóris uma e outra vez, também me olhava quando podia, alternando o prazer dela com o meu, sondando minha reação, acertou o alvo e devagar enfiou aquela pica até a metade, soltando um suspiro de satisfação, começou a brincar como uma puta, metendo e tirando, a gemer, perdia a coordenação, enquanto brincava aos poucos a pica entrava cada vez mais fundo, tão fundo até engolir ela toda, os segundos passavam e ela não aguentava mais, se deixou cair de costas, tentava chupar uma e se comer com a outra, era demais…
Logo ela não conseguiu mais lamber, largou a pica de lado, e enquanto enfiava a outra fundo na buceta com a mão livre masturbava o clitóris, era demais pra mim, eu sabia que me gozava a qualquer momento, tava no limite e os gemidos da Noelia enchiam meus ouvidos
Ahhhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!!
Ela começou a se contrair com violência, com aqueles espasmos típicos quando chegam os orgasmos femininos, foi mútuo, o esperma jorrou com violência respingando minha perna esquerda, quase até o joelho, parte foi direto pro chão, parte ficou na minha mão…
Noelia olhou pra onde eu tava sentado, tava agitadíssima, tentando recuperar o fôlego, só observou o que tinha acontecido comigo e então disse com um sorriso de pecado
Pensei que a ideia não te agradava, talvez eu tenha me enganado… e sabe? Isso não é tudo o que eu faria, quer ver?
Eu não disse nada, o que eu podia dizer, só pegou os dois brinquedos e agora adicionou o preto, aliás me disse
O mulato deixei pra sobremesa…
Foi pro chão, sempre cuidando pra eu poder observar tudo com luxo de detalhe, calculou as distâncias, aderiu uma das cocks na parede, pela ventosa que tinha na base, depois a preta, a mesma coisa, por cima da anterior, o mais perto possível, ambas ficaram penduradas, uma sobre a outra, e a terceira colocou no chão, sabia o que ia fazer, claro que sabia…
Foi na mesa de cabeceira, pegou lubrificante íntimo e se untou como fazia comigo, depois completou untando a cock preta, limpou as mãos com pressa nos lençóis…
Se colocou então de quatro, recuou lentamente, apontou uma na sua pussy, a outra untada no seu cu, tentou a sorte umas duas vezes, supus que eram grossas demais e talvez doesse um pouco, mas lentamente tudo foi cedendo e tudo foi se encaixando, entrou uma cock em cada buraco, e empurrou até garantir de engoli-las quase por completo…
Quando teve tudo sob controle começou a se balançar, pra trás, pra frente, uma e outra vez, logo elevou a temperatura e de novo ao jogo. Completou a cena engolindo com a boca a cock que ficava no chão, quase se engasgando, entre bocetas de prostituta…
Já estava com uma nova ereção entre minhas pernas e Noelia se perdia em orgasmos intermináveis cheios de prazer, porém, não perdia a oportunidade de encher meus ouvidos com cantos de sereia…
Mmmm…. você gos… ta… aii!!! aii!!! te ima… aii…!!! mmm!!! imagina que…. aii!!! que isso seja… mmm!!! mmm!!! seja com ho… mmm!!! aii!!! homens de verdade… mmm!!!
Porra, era tudo muito louco, Noelia se mexia com tanta violência que se sentia um forte ‘paf! paf! paf!’ ao socar uma e outra vez as nádegas contra a parede, parecia que ia quebrar o cimento, engolindo os dois brinquedos até o fundo e eu… de novo estava me masturbando sem pudor nenhum, não falei nada pra ela, mas admito que era tão doido que cheguei a fantasiar que ela era comida como uma puta, minha esposa, e eu curtia com aquilo, a ponto de sentir que ia gozar, fui até ela, peguei pelos cabelos e enchi a cara dela de porra, como uma puta, ela merecia…
Ela riu, às gargalhadas, como quem conseguiu o que queria…
Me deitei na cama, só observando ela, ela saiu de onde estava se jogando no chão exausta, o brinquedo da boceta ficou grudado na parede, mas o preto ficou enfiado no cu dela, com certeza o esfíncter dela resistiu mais…
Assim terminamos aquela noite antes de dormir, minha esposa jogada no chão, com uma mão enfiando e tirando o brinquedo do cu, me mostrando aquele buraco enorme, com a outra brincando com a porra na cara, levando à boca, e de novo ao rosto, com saliva, e de novo enfiando os dedos na língua… só pra me provocar…
Minha ideia longe de dissuadi-la foi contraproducente, sem imaginar quis apagar o incêndio com gasolina, e agora sim me sinto encrencado, Noelia ficou quase intransigente com essa ideia de abrir nossa sexualidade, eu não estou convencido, não sei como vou reagir ao vê-la nos braços de outros homens, talvez me excite, talvez não aguente, mas sei com certeza que não quero perdê-la.
Ela diz que não vai fazer nada pelas minhas costas porque nosso amor está acima de tudo, mas eu vi como ela flerta com os homens, como ela mudou, como ela gesticula, eu vejo no olhar dela.
Sinto que ela está decidida a tudo, já dispensa a doutora Rubinstein, ela já age por conta própria, como um monstro que ameaça devorar tudo.
E ela continua dando passos para frente, acho que nada vai detê-la, há pouco tempo ela começou a tirar fotos um tanto ousadas, o pior é que ela me manda elas, me pede para eu compartilhar com homens, com homens que se mostrem dispostos a satisfazê-la, ainda não fiz isso, ainda guardo todas para mim...
Mal me permito compartilhar uma com quem me lê, e deixo a pergunta que não tenho resposta: no meu lugar, vocês o que fariam?
Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'VOCÊS O QUE FARIAM?' para dulces.placeres@live.com
Esperamos sean de vuestro agrado
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En verdad nunca supe bien que es lo que ella me vio, no soy un tipo pintón, por el contrario, soy petiso, algo excedido en peso y con una incipiente calvicie para mis casi cuarenta años, tampoco soy el hombre de buen carácter, soy un tanto ermitaño, y suelo enojarme con facilidad, no soy el tipo amable, dulce y acogedor con el que las mujeres sueñan, menos el que regala flores, o el que está en todos los detalles, eso no está en mi sangre.
Tampoco tengo una fortuna, ni mucho menos, los pesos que me da la librería me alcanzan con lo justo para vivir modestamente y alquilar un pequeño departamento de dos ambientes, sin muchos lujos, es más, sin nada de lujos.
Por eso, cuando mi situación con Noelia fue cosa seria, mucha gente no salía de su asombro, mis amigos decían que nuestra relación era la prueba fehaciente ‘de que el amor es ciego’, y siempre me decían que me había llevado con ella el premio mayor, que con ella me había sacado la lotería.
Sin dudas, Noelia es demasiado bonita, un diamante en bruto que cualquiera quisiera tener, alguien a quien el destino había cruzado en mi camino y yo había sabido conquistar.
Pero en algún punto de nuestra relación las cosas se fueron desgastando, un poco por mi forma de ser, un poco por la rutina, un poco por el desgano, como sea, todo influyó para llegar a este presente.
Todo había empezado tiempo atrás, yo recién cumplía treinta y uno, y como cada día era esclavo de mi negocio, una modesta librería de ramos generales, donde pasaba las horas para sacar unos míseros pesos.
En ese momento odiaba a las mujeres, estaba terminando los trámites de divorcio con Karla, la que había sido mi esposa y parecía empeñada en dejarme en la ruina.
Era temprano, recién había abierto, aún acomodaba algunas cosas cuando ella entró por unas fotocopias, era preciosa, con un rubio teñido en enrulados cabellos que llegaban a su cintura, unas gafas enormes oscuras que me impedían ver sus ojos, reposando sobre su pequeña naricita, una boca prominente, de labios carnosos, llamativamente perfectos, noté que era tan alta como yo. Lucía un vestido de algodón adherido a su cuerpo, en línea continuas y alternadas entre blanco y negro, sin mangas, largo hasta los tobillos, le quedaba muy bonito, como dibujando sus curvas y contra curvas, como decirlo, le quedaba sexi, discreto y llamativo, todo en uno, imaginen, bonitos pechos, escueta cintura y un generoso y delicioso trasero.
Tomé sus papeleríos y empecé a fotocopiar, su documento, observé el número y calculé unos veinte años, no más, y luego muchos papeles de un juzgado, era todo parte de un divorcio, estaba pasando por lo mismo que yo pasaba con mi ex, así que sabía del tema.
Mientras seguía en la rutina le observé de reojo un par de veces, ella permanecía parada en silencio y cada tanto secaba disimuladamente alguna lágrima que escurría bajo esos lentes oscuros.
Comprendí que estábamos en la misma situación, y que ella estaba herida, así que de la nada crucé algunas palabras, su matrimonio no había durado ni dos meses, el bastardo la había dejado, compartimos penurias, dolores, se animó a hablar un poco hasta que una señora mayor entró por unas cartulinas en colores.
Y el destino quiso que ella volviera a pasar por el local, una vez, otra, nos enredamos… y nos casamos.
Todo fue arcoíris al principio, me había llevado a la cama una perra hermosa, con un culo envidiable, unos pechos duros como piedra, una mocosa a la que le encantaba la verga y me llevaba al límite, habitualmente era yo quien tenía que decir ‘basta’ a nuestros encuentros, fueron mis mejores años…
Pero esa lujuria del principio no duraría mucho, como dije, un poco por descuido, un poco por rutina, las diferencias del día repercutieron en los encuentros de la noche y aunque lo negara sabía que poco a poco empezaba a perderla.
Noelia sugirió en algún momento que tomáramos terapia de pareja, era un salva vidas a nuestra relación de pareja, pero como siempre, mi carácter negativo me hizo descartar la propuesta, que diablos teníamos que ir a contar nuestros problemas a un tercero? Me sonaba a situaciones de chismes y reclamos, así que me negué rotundamente.
Ella me dijo algo como
Ok, lo respeto… si no me quieres acompañar, iré sola…
Solo me encogí de hombros como respondiendo gestualmente
Por mí, haz lo que quieras…
Y fue cuando mi querida empezó a asistir a terapias semanales de la doctora Rubinstein, una sexagenaria liberal que mi modo de ver solo le pudrió la cabeza a mi hermosa Noelia.
Ella empezó a cambiar, bajó algunos kilos de más que tenía, cambió un tanto su carácter, pasó de ser una mujer introvertida a sentirse segura de sí misma y de su cuerpo, por primera vez la vi seducirme con lencería sexi, me llamó la atención que para tomar sol dejara de lado sus tradicionales bikinis para pasas a pequeñas colaless que me hacían para la pija con solo verla.
Parecía que la vieja había dado en la tecla, mi esposa había vuelto a ser un huracán en la cama, pero había algo más que yo ignoraba…
Noelia empezó a hablarme de las cosas que la doctora le metía en la cabeza, ideas liberales como que, en una pareja, el amor no tiene que ver con el sexo, y que se puede y se debe mantener sexo sin amor, que abrirse a nuevas experiencias por fuera del matrimonio, solo logran fortalecer los vínculos, que el ser humano es un animal, y que como casi todos los animales no estamos diseñados para vivir en monogamia, que esto solo trae represión a deseos ocultos, y no sé cuántas cosas más…
En resumen, Noelia deseaba hacer realidad una de sus más recurrentes fantasías, estar con varios hombres… y no quiere engañarme, hasta quiere que yo sea parte, ya sea participando activamente o solo mirando, yo le digo que está loca, ella dice que yo puedo ejecutar por mi parte, mi fantasía, que ella no se opondrá, sea lo que sea…
Y se puso realmente cargosa con esto, como tema del día a día, por más que yo hablara siempre la vieja puta esa de la doctora Rubinstein sabía más que yo…
Tomé una decisión, si no podía ganar al menos no quería perder, junté varios pesos y fui al centro de la ciudad, a un sex shop, con una tonta idea que tal vez funcionara…
Busqué penes de juguete, macizos, realmente eran impresionantes, que similitud, al apretarlos parecía apretar mi propio pene, las formas, las venas, reí para adentro pensando en mi mujer…
Compré tres unidades, el vendedor me miraba sin comprender mucho, tal vez pensó que era gay, pero busque de unos veinte por cinco, bien generosos para que la perra no se quede con ganas, incluso uno negro, para matar de paso otra posible fantasía…
Busqué una estrategia, esa mañana, luego de desayunar fui a darle un beso a la cama codo cada mañana, solo que antes de irme dejé sobre la mesa los tres ‘amigos’ envueltos con papel de regalo.
A mi regreso esperé su reacción, pero no dijo nada, yo tampoco lo hice, jugamos un rico juego de ‘yo lo sé, tú lo sabes, pero nadie lo dice’, y sin mencionarlo ambos esperamos el momento de la cama, luego de la cena.
Había llegado ese momento, yo ya estaba en la cama esperando a Noelia, perdiendo el tiempo con mi celular, ella estaba en el baño, tardaba más de lo normal, hasta que apareció para sorprenderme, con un sugerente disfraz de enfermera que evidentemente había comprado, toda en impecable blanco, sobre unos zapatos blancos de finísimos tacos con medias de red que llegaban bien arriba en sus perfectos muslos, un guardapolvo apenas abrochado por el frente, sus turgentes pechos amenazaban por escapar del escote, tan sensuales como de costumbre, tan corto que apenas llegaba a la mitad de sus caderas dejando al desnudo sus enormes nalgas, y hasta su pubis apenas protegido por una tanga transparente por donde adivinaba una sensual depilación, su cabello recogido prolijamente con ese adminículo característico en su cabeza con la cruz roja.
Su piel cobriza por el bronceado de verano resaltaba con el blando de su vestimenta.
Colocou uma música sensual e dançou com cadência para mim, como uma puta de cabaré, minha pele arrepiou, ela era minha, só minha e se tinha uma coisa que eu sabia era que não queria perdê-la, com o pau duro tentei agarrá-la pra foder, mas ela me evitava, me provocava de perto demais, mas nunca ficava ao meu alcance, se tocava, se acariciava, se curvava, sensual, até que finalmente consegui segurá-la pela mão e a trouxe pra cima de mim, à força…Ela começou na hora a acariciar meu pau por cima da cueca, adorava quando ela fazia isso, me fazia querer tanto que ela fizesse mais, mas ela não fazia, nos beijamos com paixão, apertou os lábios dela contra os meus até doer, daqueles beijos que mostram a embriaguez do sexo, tão gostoso, tão profundo…
Levantei o aventalzinho até a cintura e minhas mãos se agarraram como tenazes nas bundas dela, afastei a fio dental e enfiei um par de dedos na buceta dela, estava encharcada, quis beijar os peitos dela, mas estavam escondidos, puxei com força a frente, os três botões rolaram pelo chão e os peitos dela ficaram à minha mercê, os bicos estavam durinhos, ela pegou minha cabeça e a afundou entre eles, me obrigou a lamber, a morder, tão docemente que eu naufraguei em prazer.
Tudo era louco, rápido, improvisado, fazendo uma coisa atrás da outra, sem pensar, animal, selvagem, peguei a cabeça dela e empurrei pra baixo, queria que ela me chupasse, como eu desejava, foi então que ela se afastou de repente, como uma mola pulou da cama, se levantou e me disse
Não, não, não… não pode, o médico deixou as instruções e o senhor está muito fraco… vem pra cá…
Entrei na brincadeira, ela me fez sentar numa poltroninha que temos ao lado do quarto e me deixou completamente nu, me olhou e continuou
Mas o que temos aqui! Coitadinho! Essa inflamação deve doer…
Eu ri das palavras dela, enquanto enchia os olhos com a perfeição dela, então ela tirou a fio dental, se aproximou e colocou na minha boca, voltou a falar Toma, gata, toma esses sucos que vão fazer ele melhorar…
Senti na minha boca o sabor dos seus sucos quentes, tudo isso me causava uma situação meio engraçada, ela me indicou pra ficar sentado, só observando…
Foi então que ela foi buscar meus presentes, pegou dois dos brinquedos deixando o preto de lado, se jogou na cama e disse:
Quero que você faça parte das minhas fantasias, quero que veja o que eu desejo, quero que você se excite vendo sua putinha…
Ela se deitou de lado no colchão, de frente pra mim, em primeiro plano, pegou as picas de brinquedo e começou a lamber, com delicadeza, passando a língua pela cabeça de cada uma, uma a uma, as duas juntas, percorrendo da base, devagar, ou enfiando bem fundo na boca, tão fundo quanto conseguia, com caras de tesão evidente, soltando infinitos ‘mmmm’, enchendo elas de saliva.
A cena me excitou, demais, eu tava com a pica dura como pedra, e acho que a gente se esquentava mutuamente, eu queria me masturbar, mas isso seria dar o braço a torcer…
Noelia abriu as pernas, deixando a buceta enorme perfeitamente depilada diante dos meus olhos, o mel escorria, ela só continuou lambendo uma pica, a outra levou até a xereca, se acariciou o clitóris uma e outra vez, também me olhava quando podia, alternando o prazer dela com o meu, sondando minha reação, acertou o alvo e devagar enfiou aquela pica até a metade, soltando um suspiro de satisfação, começou a brincar como uma puta, metendo e tirando, a gemer, perdia a coordenação, enquanto brincava aos poucos a pica entrava cada vez mais fundo, tão fundo até engolir ela toda, os segundos passavam e ela não aguentava mais, se deixou cair de costas, tentava chupar uma e se comer com a outra, era demais…
Logo ela não conseguiu mais lamber, largou a pica de lado, e enquanto enfiava a outra fundo na buceta com a mão livre masturbava o clitóris, era demais pra mim, eu sabia que me gozava a qualquer momento, tava no limite e os gemidos da Noelia enchiam meus ouvidos
Ahhhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!! ahhh!!!
Ela começou a se contrair com violência, com aqueles espasmos típicos quando chegam os orgasmos femininos, foi mútuo, o esperma jorrou com violência respingando minha perna esquerda, quase até o joelho, parte foi direto pro chão, parte ficou na minha mão…
Noelia olhou pra onde eu tava sentado, tava agitadíssima, tentando recuperar o fôlego, só observou o que tinha acontecido comigo e então disse com um sorriso de pecado
Pensei que a ideia não te agradava, talvez eu tenha me enganado… e sabe? Isso não é tudo o que eu faria, quer ver?
Eu não disse nada, o que eu podia dizer, só pegou os dois brinquedos e agora adicionou o preto, aliás me disse
O mulato deixei pra sobremesa…
Foi pro chão, sempre cuidando pra eu poder observar tudo com luxo de detalhe, calculou as distâncias, aderiu uma das cocks na parede, pela ventosa que tinha na base, depois a preta, a mesma coisa, por cima da anterior, o mais perto possível, ambas ficaram penduradas, uma sobre a outra, e a terceira colocou no chão, sabia o que ia fazer, claro que sabia…
Foi na mesa de cabeceira, pegou lubrificante íntimo e se untou como fazia comigo, depois completou untando a cock preta, limpou as mãos com pressa nos lençóis…
Se colocou então de quatro, recuou lentamente, apontou uma na sua pussy, a outra untada no seu cu, tentou a sorte umas duas vezes, supus que eram grossas demais e talvez doesse um pouco, mas lentamente tudo foi cedendo e tudo foi se encaixando, entrou uma cock em cada buraco, e empurrou até garantir de engoli-las quase por completo…
Quando teve tudo sob controle começou a se balançar, pra trás, pra frente, uma e outra vez, logo elevou a temperatura e de novo ao jogo. Completou a cena engolindo com a boca a cock que ficava no chão, quase se engasgando, entre bocetas de prostituta…
Já estava com uma nova ereção entre minhas pernas e Noelia se perdia em orgasmos intermináveis cheios de prazer, porém, não perdia a oportunidade de encher meus ouvidos com cantos de sereia…
Mmmm…. você gos… ta… aii!!! aii!!! te ima… aii…!!! mmm!!! imagina que…. aii!!! que isso seja… mmm!!! mmm!!! seja com ho… mmm!!! aii!!! homens de verdade… mmm!!!
Porra, era tudo muito louco, Noelia se mexia com tanta violência que se sentia um forte ‘paf! paf! paf!’ ao socar uma e outra vez as nádegas contra a parede, parecia que ia quebrar o cimento, engolindo os dois brinquedos até o fundo e eu… de novo estava me masturbando sem pudor nenhum, não falei nada pra ela, mas admito que era tão doido que cheguei a fantasiar que ela era comida como uma puta, minha esposa, e eu curtia com aquilo, a ponto de sentir que ia gozar, fui até ela, peguei pelos cabelos e enchi a cara dela de porra, como uma puta, ela merecia…
Ela riu, às gargalhadas, como quem conseguiu o que queria…
Me deitei na cama, só observando ela, ela saiu de onde estava se jogando no chão exausta, o brinquedo da boceta ficou grudado na parede, mas o preto ficou enfiado no cu dela, com certeza o esfíncter dela resistiu mais…
Assim terminamos aquela noite antes de dormir, minha esposa jogada no chão, com uma mão enfiando e tirando o brinquedo do cu, me mostrando aquele buraco enorme, com a outra brincando com a porra na cara, levando à boca, e de novo ao rosto, com saliva, e de novo enfiando os dedos na língua… só pra me provocar…
Minha ideia longe de dissuadi-la foi contraproducente, sem imaginar quis apagar o incêndio com gasolina, e agora sim me sinto encrencado, Noelia ficou quase intransigente com essa ideia de abrir nossa sexualidade, eu não estou convencido, não sei como vou reagir ao vê-la nos braços de outros homens, talvez me excite, talvez não aguente, mas sei com certeza que não quero perdê-la.
Ela diz que não vai fazer nada pelas minhas costas porque nosso amor está acima de tudo, mas eu vi como ela flerta com os homens, como ela mudou, como ela gesticula, eu vejo no olhar dela.
Sinto que ela está decidida a tudo, já dispensa a doutora Rubinstein, ela já age por conta própria, como um monstro que ameaça devorar tudo.
E ela continua dando passos para frente, acho que nada vai detê-la, há pouco tempo ela começou a tirar fotos um tanto ousadas, o pior é que ela me manda elas, me pede para eu compartilhar com homens, com homens que se mostrem dispostos a satisfazê-la, ainda não fiz isso, ainda guardo todas para mim...
Mal me permito compartilhar uma com quem me lê, e deixo a pergunta que não tenho resposta: no meu lugar, vocês o que fariam?
Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'VOCÊS O QUE FARIAM?' para dulces.placeres@live.com
2 comentários - O que vocês fariam?