Decisões que machucam

Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado

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DECISIONES QUE LASTIMAN


Juan y Pablo habían sido amigos de toda la vida, ese tipo de amistad que hasta parece hermandad, una hermandad que muchas veces ni hermanos de sangre logran
Habían vivido mucho, compartidos sus momentos, estaban juntos en las buenas y en las malas y eran cómplices de todos los secretos que dos varones adolescentes pudieran tener
La vida los había separado un tanto al terminar los estudios secundarios, Juan empezaría la carrera de ingeniería, y Pablo iría por el lado de filosofía y letras
Juan era un tipo rígido, de ponerse metas y cumplirlas, la ingeniería se daba bien a su estilo, pero Pablo era un bohemio, el solo pensaba en el presente y mientras su amigo avanzaba en sus estudios, el saltaría de una carrera a otra, era un buque a la deriva, solo iba donde lo llevara el viento

A veces eran tan disimiles, en sus gustos, en su manera de encarar la vida, en el pensamiento del futuro, pero, sin embargo, eso no le impedía ser mejores amigos, porque también compartían gusto por el club del futbol, y cada fin de semana donde le tocara de local, ellos tenían una cita obligada en el estadio, además estaban el día a día de barrio y las cosas que nunca cambian
Juan valoraba mucho que Pablo lo acompañara en la eterna agonía de su madre, quien arrastraba una enfermedad incurable, y que le pusiera el hombro para llorar en su partida, Pablo nunca olvidaría el gesto de su amigo, esa vez que había hecho un mal negocio, cuando estaba en la ruina y no tenía donde caerse muerto, serían los desinteresados billetes de Juan quien equilibraría la balanza
Esas eran anécdotas de vida, situaciones que los convertían en hermanos de sangre

Habían compartido experiencias de amores y desamores, cada cual, por su lado, y todo estaba perfecto, hasta el día en que conocieron a Celeste
Seria por casualidad, habían ido al mismo club de barrio al que iban desde que tenían memoria, donde siempre estaban las mismas personas aburridas, pero la rutina era un poco usar la piscina y tomar unas cervezas, para hablar de los mismos temas de siempre
Pero esa tarde, una jovencita nueva había aparecido, lucía un traje de baño celeste, como su nombre, bastante ceñido, marcando las bondades de unas curvas pronunciadas que llamaron la atención de los dos amigos

Celeste hacia poco tiempo se había mudado al vecindario, recién pasaba los veinte y era maestra de niños infantes, sabia de sus ricos atributos que estaban por encima de la media, sabía lo que era tener pretendientes, y aunque los chicos se embobaran por sus tetas y su culo, para ella lo más importante estaba es sus largos cabellos rojizos y en sus enormes ojos verdes
Por eso, cuando Pablo se acercó a ella por primera vez, solo contestó para no ser descortez, a ella no le interesaba hablar, formar amistades, y adivinó que como siempre sucedía, la única intención de ese chico era llevarla a la cama, por lo que se limitaba respondiendo con monosílabos ante la verborragia de ese desconocido de barrio

Pero en verdad a Pablo esa chica se le había calado en los huesos, un amor a primera vista, estaba perplejo ante su belleza y le pareció diferente a todas las chicas que había conocido antes
Las cosas darían un vuelco inesperado cuando Juan entro en la escena, Celeste ya lo había ojeado a la distancia, pero ahora terceaba en la conversación con su amigo
Celeste quedaría hipnotizada por la seriedad de ese muchacho, por la forma madura en que le dirigía la palabra, por sus cabellos lacios, por sus ojos de mirar profundo y por sus labios rectos que marcaban seguridad, incluso se sintió desbordada y en un rapto de pudor solo bajo la mirada al sentir sonrojarse sus cachetes y quedar expuesta

Los días pasaron, la amistad seguía por encima de todo, pero Celeste y Juan estaban en esos días de conocerse, las primeras salidas, los primeros arrumacos, los primeros besos a la luz de la luna y Pablo aceptó de mal gusto el sentirse desplazado, y su sensación sería que su amigo lo había pasado por arriba y se había llevado a su chica, a él le costaba mucho aceptar que en verdad era Celeste quien había elegido
Las cosas iban sobre rieles entre la nueva pareja, Juan se había recibido y escalaba puestos en una multinacional, parecía que todo le salía bien, mientras que Pablo, con miles de carreras comenzadas y ninguna terminada ahora se ganaba la vida como empleado en un local de prendas deportivas
Pablo se llevó a la cama muchas chicas, tratando de quitarse a la chica de su amigo de la cabeza, pero sus relaciones eran efímeras, puesto que nadie era como Celeste

Llegaría la boda oficial, donde Pablo, mejor amigo, oficiaría de testigo de la ceremonia, lo que le faltaba para terminar de resignarse, y fue feliz por ellos, y cuando esa noche fue su turno de bailar el vals con la novia, sintió su corazón triste y contento al mismo tiempo
Pero a pesar de todo, les deseó toda la dicha del mundo
Celeste y Juan tenían bien en claro lo que sucedía, a veces, en la intimidad hablaban de la desdicha de Pablo, y asumían que él estaba enamorado, y sentían pena por él, pero no podían hacer nada al respecto, uno no elije de quien se enamora, no se puede evitar

Con el correr del tiempo el amor de la pareja se iría afianzando, mientras que Pablo seguía tropezando una y otra vez con relaciones sin sentido y el diablo metería la cola para romper el equilibrio
A Juan le ofrecerían un traslado laboral a Canadá, era imposible decir que no, y Celeste no podía meterse al medio, pero ciertamente Canadá nunca estaría en sus planes, ella tenía sus niños en el jardín de infantes, eran su vida, y además en esos días su madre andaba con problemas de salud, ella era hija única y no podía alejarse demasiado
Juan insistió todo lo que pudo, era su vida, su carrera lo que siempre había esperado, pero las cosas se complicaron sobremanera, o el dejaba pasar la oportunidad, o ella empezaría nuevamente en el frio país del norte o la tercera opción, la peor, cada uno seguir su camino

Acá es justo mencionar que Pablo, en medio de la historia, seria leal como nunca, hablo una y mil veces con su amigo, le dijo que estaba loco, que ni el mejor empleo podía valer más que Celeste, que era única, y que, si él hubiera estado en sus zapatos, la decisión estaría más que clara. No hablo mucho con ella, porque no la veía en un país extraño, con otro idioma, sin saber que hacer, pero le quedaría la conciencia tranquila de hace más de lo que podía hacer
Juan partió una tarde de abril, no fue una ruptura de odios, fue solo una separación nostálgica, fue una pausa, un hasta pronto, Juan miro por la ventanilla del avión en el carreteo, sabiendo que seguramente estaba cometiendo el peor error de su vida, mientras Celeste los despedía con los ojos enjuagados en lágrimas, cobijada en un abrazo fraterno que Pablo le regalaba

Ella estaba destrozada, no soportaba el vacío que le partía el alma y seria Pablo quien siempre acudiría a confortarla, a ella le gustaba, le hacía bien, al menos no se sentía tan sola, tenía alguien con quien hablar de su amor perdido y quien mejor que el mejor amigo para entenderla
Pasaban los días, Juan le escribía mucho a su viejo amigo, le contaba de su nueva vida en Canadá, y le preguntaba como seguían las cosas por Argentina, y en eso iba directamente a su amada, porque no quería escribirle a ella y así de enredadas estaban las cosas

En algún punto, las conversaciones que mantenían Pablo y Celeste, fueron dejando de lado a Juan, y en algún punto se encontraron hablando de ellos, sin terceros, solo se daría en forma natural.
Esa noche habían compartido una cena, informal, bebieron unas copas, se dio de ver una película y ella se acurruco en sus brazos
Celeste en un rapto de conciencia se estiro un poco y llevo sus labios contra los de Pablo y él se sintió el hombre más afortunado del planeta, parecía tener la oportunidad que siempre había buscado, sintió un irrefrenable hormigueo entre sus piernas, pero recordó que tenía un amigo en Canadá y a pesar de todo, de todo lo la había deseado a escondidas el solo se apartó del lugar, es que no podía y solo se reprimió en ahogadas excusas
En unos días Pablo haría una videollamada con Juan, asegurándose que Celeste estuviera presente, porque no quería mentiras ni engaños, la conversación iría en principio por su vida en un país tan lejano y por como andaban las cosas en Argentina, pero pronto Pablo llevaría la conversación por donde debía ir, porque necesitaba saber la opinión de su amigo
Juan tragó saliva, meditó y dijo algo como


Decisões que machucamTá bem... não vou fingir que você vai ficar de freira, você é uma mulher gostosa, e amigo, tem minha bênção, quem dera que ela estivesse nos seus braços do que nas mãos de um desconhecido.

Cairiam muitos calendários como caem as folhas no outono, Juan passaria pra filial inglesa e depois pra coreana, onde formaria família com uma jovem linda de olhinhos puxados, também teriam um filho, o tempo tinha esfriado naturalmente a relação, mas sabia que Pablo e Celeste eram um casal, até tinham dois filhos, um menino e uma menina.

Pablo tava um pouco mais gordo, e agora usava barba e óculos de grau, ela, por outro lado, tava muito mais gostosa do que sempre foi, os anos caíram super bem nela e de ser uma adolescente de curvas boas, agora era uma mulher com caminhos reais pra explorar.

Eles levavam uma vida normal, como todo mundo, e em algum ponto, talvez empurrados pela rotina do casamento, começaram a ter fantasias, aquelas fantasias que só se realizam na cabeça e nunca vão pra prática.

Falavam muito dessas loucuras na solidão do quarto, quando os pequenos dormiam, Celeste tinha um desejo escondido de ficar com outra mulher, não sabia o motivo, mas às vezes se encantava com alguma desconhecida, pra Pablo a parada era diferente, ele curtia a onda de voyeur, imaginando ver outro homem possuindo ela, uma fantasia comum em muitos caras, ver outro fodendo a sua parceira.

E eram só fantasias de quarentões entediados do dia a dia, ou não?

O destino ia virar tudo de cabeça pra baixo de novo, uma vez já tinha separado eles, e agora parecia juntar, uma viagem de Juan pra essas bandas, uns dois meses, fazia um tempão que ele não via ninguém da família, tinha sobrinhos pra conhecer, e agora tinha tempo pra respirar, tava um pouco mais de boa nos trampos, agora fazia parte do conselho da empresa, e a esposa coreana era coisa do passado, correria demais tinha quebrado o casal. Celeste ficou sabendo e sentiu o coração acelerar, não conseguiu se controlar e sentiu de novo o que só Juan fazia ela sentir.
Sem querer, ficou ainda mais gostosa pro parceiro naqueles dias, mas na cabeça dela sabia que tava assim por causa de outro.

Obviamente iam convidar ele pra jantar, a vida toda tava passando, tanta coisa pra conversar, tantas histórias. Juan chegaria na hora, como sempre fazia, Pablo iria receber o amigo, deixando Celeste em segundo plano, e enquanto eles se abraçavam com entusiasmo, ela só esperou a vez dela.

Depois Juan veio ao encontro dela, tava meio grisalho, talvez um pouco mais gordinho, agora usava roupas bem caras, mas de novo ela teria aquela sensação de baixar o olhar, como se estivesse ofuscada, igual na primeira vez. Sentiu as mãos suarem e a buceta molhar, os bicos dos peitos endureceram como reflexo e sentiu um rubor denunciador nas bochechas. Entendeu que o homem da vida dela tava na frente dela e ela simplesmente não conseguia manter o controle.

Juan beijou ela na bochecha e, com um sorriso, amaldiçoou em segredo ter deixado ela naquele dia no aeroporto. Celeste enchia o coração dele, era toda uma mulher, e os pequenos que estavam por perto, na expectativa, pra eles Juan seria só um velho amigo da família.

Ficaram até altas horas, até depois das crianças dormirem, sentados nos sofás da sala até darem a visita por encerrada.

Naquela noite, Celeste deu o love em dois homens: no Pablo, com o corpo, e no Juan, com a mente.
Seria ela mesma quem puxaria o assunto com o marido, sobre a fantasia dela de ver ele comendo outro, se ela ainda tinha aquilo, e se ainda queria realizar. E foi óbvio que o tesão dela ia deixar ela na cara e ela não teria o menor tato feminino.

Pablo fez a pergunta de praxe, embora já soubesse a resposta, porque ele sempre soube que, nos olhos dela, ele nunca estaria à altura do amigo.

Quando ela confessou que queria dar pro ex, na presença dele, obviamente, ele só respondeu:

Era previsível, vi como você olhava pra ele, você ainda ama ele. certo?

Ela preferiu fugir da resposta, pra que ficar dando volta em assunto que era óbvio, mas foi pelo lado que sabia ser fraco no marido: a proposta que mais de uma vez ele tinha feito, dela com um terceiro, e era melhor alguém conhecido do que um estranho, não é?

Por uns dias discutiram prós e contras da ideia, e pro Pablo a ideia era demais pra ele
Ele ia se encontrar com o amigo num bar da cidade, em terreno neutro, e meio que desabafou tudo que tava rolando
Juan ouviu com atenção e no começo achou que era piada, sentiu uma ereção controlada, mas esboçou um sorriso balançando a cabeça, claro que Celeste despertava nele um tesão danado, mas agora ela não era mais a esposa dele, só que quando percebeu que Pablo não largava o osso do assunto, o sorriso sumiu do rosto e ele encarou sério, já tinham feito um monte de loucura nos tempos de juventude, mas isso com certeza era diferente

A noite tinha chegado, no fundo, os três tinham mais dúvidas do que certezas, as crianças já estavam sob os cuidados dos pais do Pablo, e já estavam falando besteira, tinham jantado e estavam tomando uns copos pra criar coragem, Juan devorava com os olhos a ex-mulher, e só a presença do Pablo impedia que ele se jogasse nela igual um felino faz com a presa
Celeste tinha se preparado pra situação, tinha se depilado direitinho, e usava um vestido preto com brilho, bem justo no corpo, realçando todas as curvas gostosas dela, não usava calcinha nem sutiã, era uma surpresa, os dois homens não faziam ideia disso

Apesar de tudo, ela tava muito nervosa, nem o vinho conseguia acalmar, conhecia os dois homens na intimidade, mas mesmo assim tinha educação, não era uma puta e não conseguia engolir o que estava prestes a rolar

Pablo conhecia ela por cada poro da pele, com todos esses detalhes tinha conquistado ela, tinha colocado uma música lenta dos tempos deles e Celeste dançava alternando com um e com outro, ia ser o momento em que Pablo passasse um Lenço de seda cobrindo os olhos dela, anulando um dos sentidos pra potencializar os outros, ele sabia que, sem poder ver, ela ia perder um pouco a noção da situação que estavam vivendo, e pra ela foi mágico, a ponto de decretar

Bom, se vamos fazer isso, que seja do jeito que tiver que ser

Ela tinha o mapa dos cômodos na cabeça e percebeu que a levaram pra área da sala, pelos barulhos nos sofás sentiu que cada homem se sentava de um lado, e só deixou que a guiassem até o ex dela, abriu as pernas e foi de joelhos no mesmo sofá onde Juan estava, sentando frente a frente, sobre as pernas dele, e não hesitou em arrebentar a boca dele com um beijo interminável

Naturalmente o vestido dela tinha subido, Juan levou as mãos sobre as coxas nuas dela e lembrou como as pernas de Celeste eram perfeitas, e o quanto tinha sentido falta delas, não parou de beijá-la, e depois levou essas mesmas mãos por baixo do vestido, sobre as nádegas, e descobriu que ela não tinha calcinha, essa descoberta o excitou ainda mais e ele acariciou com os dedos o calor dos melados sucos de mulher que a ex dele estava dando

Você é uma puta...

Foi tudo o que ele murmurou, enquanto de um lado, Pablo testemunhava tudo que rolava, ele tinha uma contradição por dentro, por um lado, se sentia poderoso porque a mulher dele estava ali só porque ele tinha permitido, se sentia o dono daquela puta, no controle da situação, mas também o ciúme natural de intuir que sempre seria o reserva no coração de Celeste corroía as entranhas dele

Ele não conseguia evitar de tocar o próprio pau, a imagem era poderosa demais e quando viu o jeito que ela remexeu entre as roupas do amigo, pra procurar desesperadamente o pênis dele e sentar em cima, até ver ele desaparecer, sentiu que o pecado estava consumado

Nas pupilas dele ficariam gravadas a perfeição das curvas da mulher dele, e o jeito que aos poucos foram largando as roupas até ficarem completamente pelados, nos ouvidos dele Ficariam gravados os gemidos de prazer com que ela enchia o quarto.

Juan sentiu que o pau dele estava dentro do melhor lugar do mundo, ainda lembrava daquele amor que sentira por ela, aquele amor que nunca tinha se apagado. Ele contemplava o rosto dela, suas linhas delicadas, seus cabelos, enquanto enchia as mãos com aqueles peitos macios como algodão e doces como mel.

Também observava em segundo plano o amigo e sentia pena dele, sabia que Celeste sempre o tinha escolhido, sempre o escolheria, mas era assim que as coisas eram, a vida de algum jeito tinha entrelaçado três corações e as coisas estavam como estavam.

Celeste estava no mundo dela, com os olhos vendados só pensava no homem que estava montando, no seu verdadeiro amor, e sentia que aquela penetração sexual que estava curtindo era muito mais que sexo em si, era se entregar de corpo e alma como só podia fazer com ele, como nunca faria com Pablo.

As mãos do marido dela a pegariam de surpresa, ela tirou a venda para vê-lo bem colado nela, deu um sorriso e deixou rolar o que tinha que rolar, ainda tinha o tesouro dela disponível por trás, e foi ali que ele encontrou o lugar dele.

Não tinham planejado, nem era a fantasia dela, mas ela amou ter os dois homens dentro dela, tão perto, tão colados, e sentir os roçados dos paus deles tão próximos um do outro.

Só que ela não aguentava tanta coisa, ela não era uma puta, era só uma mulher apaixonada, o recheio do sanduíche naquela situação.

Celeste tomaria o controle, iria de joelhos entre os dois usar a boca dela para dar prazer a eles, era muito boa nisso, e se sentia no eixo naquele momento, olhando nos olhos de um e de outro, dando prazer a um e a outro.

Os amigos se olharam, meio incrédulos com a situação, lado a lado, pelados, com a mulher que ambos amavam rendida aos pés deles, e os dois sabiam que se ela não parasse, o fim chegaria logo.

E Celeste não pararia, adorava fazer o que estava fazendo. Ela só queria beber o sábio que alimentava o ego dela, precisava ter o melhor daqueles homens dentro dela e foi extremamente cuidadosa pra não deixar escapar uma gota pelo canto dos lábios.
O amargor dos sucos inundou a boca dela, e ela só sentiu que o trabalho estava feito.

Sentiram que já era o bastante, a noite ainda era longa, mas melhor não abusar. Muito longe do sexo aproveitado, eles estavam cientes de que estavam no meio de um triângulo tão perigoso quanto volátil. Juan sentiu necessidade de recuperar a sua love, mas o amigo dele estava no meio. Pablo sentiu as inseguranças lógicas, sabia que era o substituto, sabia que podia perdê-la. E ela, ela estava com os dois amigos, esposa de um, apaixonada pelo outro.

Com sorrisos falsos e tensos, eles se despediriam, sabendo que tudo tinha sido perfeito, mas cheios de dúvidas sobre um futuro que se fazia presente.

O próximo encontro seria num bar, mas escondido. Ela arrumou um buraco na agenda dela pra se encontrar com o grande love dela, pelas costas de Pablo.
Juan insistiu em reconquistá-la, mas ela não podia dizer sim, também não podia dizer não, e acabaram num motelzinho pra saciar todo aquele calor que os consumia e os levava pro mesmo inferno.
Eles fizeram love como animais, soltos, furiosos, tesudos, aqueles amores que racham as paredes e enchem o ambiente de loucura. Celeste sentiu que estava com o homem certo, e Juan que nunca haveria ninguém como Celeste na vida dele.
Juan pediu pra ela largar tudo por ele, que a Coreia era um lugar bom. Ela dizia que tinha os filhos dela aqui, e lembrava ele que, apesar de divorciado, ele tinha uma obrigação de pai do outro lado do mundo.

Deixaram a discussão em pausa. Naquela noite, ela faria love com o marido dela, que ignorava que eles tinham se encontrado escondido, e sentiu a culpa do que aconteceu. Quando terminaram e ela percebeu que ele tinha dormido, não conseguiu evitar chorar pela traição a um homem que era incondicional com ela.

Mas no dia seguinte, ela A situação ia se repetir, Juan era como a droga dela e quanto mais ela tinha, mais queria.

Celeste viveria aqueles dias como uma montanha-russa, num vai e vem de sensações: esposa fiel à noite, amante escondida durante o dia.

Juan parecia obstinado em reconquistar aquela mulher, e o dia do retorno dele se aproximava. Era óbvio que alguém teria que ceder, alguém sairia machucado nessa história toda.

Celeste tinha a chave. Não podia largar o Pablo assim, do nada. Ele era muito bom, mas também muito instável quando as coisas ficavam feias, e isso quebraria pra sempre a amizade dos melhores amigos. Juan era o homem da vida dela, e ela não podia deixar ele escapar de novo. Ele a amava e faria qualquer coisa por ela, mas então... o que sobrava pra ela?

Deixar tudo pra trás: família, passado, história, tudo pra recomeçar do zero, seguindo o que o coração mandava. Ou só se sacrificar em nome de um futuro em harmonia, sabendo que se arrependeria por todos os dias que ainda tinha pela frente.

A última cena dessa história aconteceria no aeroporto. Curiosamente, fazia frio. Entre os parentes que se despediam de Juan, também se destacava aquele abraço fraterno entre os dois amigos que se despediam de novo. Aqueles dois amigos, donos de tantas aventuras, que até tinham dividido um amor. Um passo atrás. Celeste observava a cena, suspirando. A hora tinha chegado.

Pelos alto-falantes do lugar, chamavam os passageiros do voo no qual ele partiria. Era a vez de Pablo dar um passo atrás e permitir um abraço fraterno, infinito. Ele amaldiçoou de novo tê-la deixado daquela vez e perdê-la pra sempre. Ela sentiu pela última vez o calor da despedida. Não conseguiu evitar que uma lágrima escapasse dos olhos e rolasse pelas bochechas. Só eles sabiam o que tinha acontecido, o que tinham vivido.

Juan seguiu seu caminho e a figura dele foi se apagando entre a multidão. Levantou a mão, acenando pela última vez de longe, e nunca mais o viram. Eles ficaram no aeroporto. Aeroporto mais um pouco, Pablo a mantinha abraçada do lado dele, bem forte, sabendo que não tinha vencido, ela só tinha cedido, não precisavam nem conversar sobre isso, ele sabia. Celeste apoiou a cabeça no peito do marido e viu, ao longe, a aeronave impressionante se posicionar na pista para a taxiagem final.
Ela seguiu com o olhar até perder o avião no céu, tinha deixado escapar pela segunda vez o amor da sua vida.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título DECISÕES QUE MACHUCAM para dulces.placeres@live.com

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