Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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LA PUTA DE PEDRO
Así me llaman todos popularmente, ‘La puta de Pedro’, y para ser honesta, no me molesta en lo más mínimo…
Tenía unos diez años cuando conocí a Pedro, él era el padre de Bianca, una de mis amiguitas de ese entonces, tengo unos recuerdos muy bonitos, un hombre gentil y bonachón que solía regalarnos caramelos a espaldas de la mamá de Bianca y se transformaba en nuestro cómplice secreto.
En ese entonces, yo era solo una nena, y él siempre me trató como una nena, al igual que a su hija y todas las amiguitas que solíamos frecuentar su hogar.
Poco a poco crecí, me hice señorita, y ese cuerpecito de niña se transformó en cuerpo de mujercita.
Cuando cumplí quince, hicimos una gran fiesta, entre tantas amigas invitamos a Bianca y a sus padres. Llegó el momento de bailar el vals, nunca olvidaré cuando fue el turno de Pedro, fueron apenas unos minutos, pero para mí fue una eternidad, sentí una conexión única con ese hombre, la forma en que me abrazó, la forma en que me miró, en ese momento no podía entender cuanto imaginaba, pero una rara electricidad corrió por mi cuerpo y sentí mojarme a mares…
Llegó mi primera vez, mis primeros novios, mis primeros desengaños, pero por algún motivo me seguí viendo ya un poco a escondidas con Pedro, no podía evitarlo. Y los chicos de mi edad me parecían vacíos, superficiales y hasta tontos, no podía encontrar en ninguno lo que encontraba en el padre de mi amiga.
Llegó nuestro primer beso, nuestra primera vez, y esa vez, supe que sería para siempre...
Y el amor prohibido y clandestino que sentía hacia ese hombre era más fuerte que todo, porque sabía que como una cuña me estaba encajando en una familia formada, que estaba traicionado la confianza que durante años me había brindado su esposa, y sobre todo, sabía que sería devastador para Bianca, mi amiga. Pero yo no me consideraba el problema, yo era parte del problema, porque sencillamente una no puede elegir de quien enamorarse…
Pedro era un tipo sencillamente encantador, aún no había llegado a los veinte cuando el ya pisaba los cincuenta, aunque aparentaba muchos menos, de pelo lacio y entrecano, elegante para vestir, siempre con camisas y pantalones haciendo juegos, rara vez lo veía con un jean, o con un short, siempre cortes clásicos, un hombre que se preocupaba por su aspecto físico, siempre perfectamente afeitado y perfumado, con su tez bronceada, era raro encontrar en su apariencia algo que estuviera fuera de lugar.
Nos habíamos enamorado, yo de su experiencia, el de mi juventud.
Nuestro amor secreto salió a la luz de la peor manera que pudiera salir, nos pasamos de confianza…
El me invitó a su casa, puesto que estaría solo ese día, todo fue bien al principio, decidí hacer algo que me gustaba hacer, él estaba sentado a la mesa, así que me escabullí entre sus piernas, desabroché su cinto y su pantalón, y comencé a darle sexo oral, de una manera única y apasionada…
Eso fue lo que vio Bianca al ingresar de improviso a la casa, estábamos tan ensimismados con lo que hacíamos que ninguno de los dos escuchó nada…
Y fue el principio del fin, fue de labios de mi amiga la primera vez que alguien me tachara de ‘puta’, fue en ese momento el peor de los tormentos, aún más doloroso y humillante que la golpiza que me propinara su esposa al enterarse.
Y ahí empezó el calvario, obviamente ellos se divorciaron y su ahora ex esposa se encargó de hacerle la vida imposible, de hostigarlo día y noche, de sacarle hasta el último peso que pudiera sacarle, a hacerle vivir un infierno por el resto de su vida, fui la mujer ‘innombrable’ en ese hogar.
Por mi parte no me fue mucho mejor, mi familia jamás aprobaría esa relación con ese ‘viejo’ y si bien nunca me lo dijeron en la cara, sé que muchos me vieron como la ‘puta rompe hogares’.
Sin embargo, Pedro y yo decidimos darnos una oportunidad, y la peleamos codo a codo contra todos los pronósticos, fuimos muy felices, hacíamos el amor dos veces al día y los fines de semana eran sencillamente un periplo sexual, me hastiaba en sexo, era un animal incansable y todo era demasiado perfecto.
Solo había un tema que no me hacía vivir en plena angustia, era nuestra diferencia de edad, porque ese ‘pequeño detalle’ era sin dudas un ‘gran detalle’, cuanto tiempo podría Pedro mantener el ritmo? Cuanto años de placer tendríamos por vivir?
Pedro siempre me acariciaba los cabellos cuando le planteaba estos temas, el solo reía y me decía que no nos preocupemos por el mañana, que vivamos el momento y que el de alguna manera u otra siempre se encargaría de que yo me sintiera una mujer plena.
Y la felicidad no duraría demasiado, bajo esa fachada de eterno galán, mi amor tenía algunos problemas de salud, el llevaba una vida de fumador y le encantaba beber buenas bebidas, nunca lo vi ebrio pero casi constantemente tenía un vaso entre sus manos. En especial disfrutaba largas noches con sus amigotes jugando a las cartas, solían venir a casa, porque tenía el ‘honor’ de ser una de las pocas mujeres que soportaban esas juergas de viejos viciosos…
Pedro enfermó, tuvo que cambiar esas pastillas para lograr erecciones por pastillas para cuidar su salud, nuestro sexo perfecto y salvaje se esfumó como agua en el desierto, y vinieron los días de sequía…
El pisaba los sesenta, su vitalidad menguaba poco a poco, yo, llegando a mis treinta era una loba en celo, estaba en mejor momento, física y sexualmente…
Mi esposo notó la situación, fue muy loco cuando él me regaló un consolador con vibrador de juguete, en principio lo rechacé un tanto indignada, sentí humillar mi femineidad, pero él me dijo que últimamente la falta de sexo me estaba volviendo una persona de mal carácter, irascible, y me pidió la oportunidad para cambiar las cosas.
Empezamos un nuevo juego en nuestra intimidad, Pedro se sentaba en un sillón y me pedía que me masturbara con ese juguete, honestamente al principio me daba mucha vergüenza, pero poco a poco le fui encontrando el erotismo al juego.
Eso duró un tiempo…
Masturbarme era rico, pero yo necesitaba un hombre, una buena verga de carne que saciara mi instinto más primitivo, instinto que Pedro ya no podía saciar…
Es acá donde Ezequiel entra en mi vida…
Ezequiel era uno de los tantos compañeros de Pedro, él era un cuarentón morochón y apuesto, y hacía tiempo que cuando el destino nos cruzaba el me miraba de una forma tan dura e intimidante que me hacía desviar mi mirada, me ponía nerviosa, pero me excitaba al mismo tiempo, poco a poco sentía el corazón latir con fuerza bajo mi pecho, sentía cortarse mi respiración, y presagiaba que en algún momento estaría con él, solo que no pensaba engañar a mi esposo, no señor.
Pedro no era tonto, me conocía demasiado y veía en mi mirada la mirada que alguna vez había tenido con él, esa mirada pecadora, esa mirada oculta, es más, puedo asegurar que en ese momento él era cómplice y hasta premeditó lo que sucedería en poco tiempo.
Esa tardecita, como solía hacer, me puse un top ajustado y unos pantalones cortos de licra, medias, zapatillas, luego la bicicleta y al verme Pedro exclamó
-Guau! vas a andar en bicicleta? Así vas a provocar un accidente de tránsito!
Solo reí complacida por sus halagos, entonces dijo
-Vas a tardar? Ezequiel debe estar por llegar a jugar cartas… el siempre habla bien de vos, y cuando vos estás, él se pierde en tus curvas… y bueno, yo gano dinero fácil!
Le dije que era un tonto y salí a rodar por la calle, fue todo tan raro, no podía sacar tantas imágenes de mi cabeza, Pedro siempre había dicho que haría lo necesario para que me sintiera una mujer completa, incluso muchas veces había tanteado mi reacción sugiriendo algún encuentro con algunos de sus amigos de juego, y Ezequiel sinceramente era una tentación difícil de rechazar.
Tal vez solo fueran ideas mías, pero pedaleaba y pedaleaba imaginando situaciones y el permanente roce del asiento en mi clítoris no hacía más que incomodarme y llevarme a un raro orgasmo que no buscaba, en plena calle, tuve que detenerme a un costado solo para suspirar, excitada…
Regresé antes de lo planeado con el corazón latiendo a mil, no pude resistirlo, al llegar Pedro y Ezequiel jugaban cartas en una atmósfera plagada de humo, Ezequiel me devoró con la mirada, seguramente atraído por el exceso de transpiración que cubría mi cuerpo y mojaba mis prendas. Me dio un beso en la mejilla, olía tan bien!
Me sentía incómoda, mi sexo estaba tan mojado que asumía que había traspasado la tanga que traía y había llegado hasta las calzas de licra, solté un suspiro contenido…
Y Pedro fue quien me sirvió en bandeja de plata, fue culminar algo que los tras sabíamos que iba a pasar, simularon una partida en la cual supuestamente el ya no tenía dinero, por lo que apostó ‘una mamada’ de mi parte si volvía a perder, ambos me miraron y como no dije que sí, pero tampoco que no, solo repartieron cartas.
Nunca entendí ese juego, así que solo esperé en silencio hasta que Pedro dijo arrojando los naipes sobre la mesa
-Diablos! volví a perder…
Se hizo un silencio sepulcral en el lugar, pareció congelarse el tiempo en ese instante, fui sobre Ezequiel, me arrodillé entre sus piernas, aflojé su pantalón y busqué su verga bajo las prendas, la saque dura como piedra, la sentía latir en mi mano, Dios! que hermosa sensación! La mirada atenta de ambos hombres quemaban mi rostro, llevé los labios a ella, empecé a lamerla con locura, como si hubiera estado enjaulada en los últimos tiempos, ese sabor, ese aroma!
Miraba a Ezequiel fijamente a los ojos, el me mantenía desafiante la mirada, inclinaba su pija para comerla y saborearla, para sentir es glande en mi paladar, para recorrerlo con mi lengua, llevé mi mano libre entre mis piernas, bajo el short, bajo la tanga, estaba empapada, mi concha era un mar salado, y metí tres dedos en mi hueco y comencé a masturbarme a medida que le daba sexo oral al morocho.
En la habitación solo se sentían los ruidos de mi boca, la respiración agitada, de pronto Ezequiel ya no me aguantó la mirada y reclinó su cabeza hacia atrás visiblemente excitado, le sentí venir y eso provocó que moviera los dedos más y más rápido dentro de mi concha, friccionando mi clítoris, mi boca de pronto empezó a llenarse de leche y ese líquido espeso solo provocó que yo también llegara haciéndome perder la coordinación, entre sus espasmos y los míos parte de semen con saliva escapó de mi boca rodando por mi rostro llegando a mis pechos, a la remera ajustada que traía en ese momento…
Los aplausos de mi esposo y una nueva bocanada de humo de su cigarro me trajeron a la realidad, Ezequiel me miraba con su verga desnuda colgando a un costado, me incorporé con algún que otro calambre en mis piernas, me sentí horrible, con una vergüenza de puta no asumida, transpirada, sucia, con sabor a leche…
Me excuse, salía casi corriendo a esconderme bajo la ducha, sin siquiera despedir a Ezequiel, sin embargo, en la soledad de ese baño, bajo el agua tibia que mojaba mi cuerpo, tomé el consolador que me había regalado mi esposo y me lo introduje tan profundo como pude, dando rienda suelta a todo mi placer contenido…
Era ya tarde cuando fuimos a la cama, no habíamos hablado del tema pero yo no me quedaría con la espina clavada, Pedro leía las noticias en páginas de internet atento a su celular, entonces pregunté
-Lo tenías planeado, verdad?
-Lo de esta tarde? Que piensas?
-No sé, tú dime… perdiste por mucho esa partida?
El me miró dulcemente y me dijo con una sonrisa en sus labios
-Ni siquiera jugamos…
Ese día daría el primer paso en lo que sin imaginar sería mi nueva vida, entraría en el círculo de amigo de Pedro con un rol activo y sexual, y sin darme cuenta las partidas de naipes pasarían a ser partidas de naipes y sexo.
De pronto me sentí el trofeo por el cual se disputaban los hombres, la joya más preciada, no me molestó hacer cornudas a muchas mujeres y por mucho era la más joven de las aburridas esposas de turno.
Empecé a coger con uno, con otro, a saciar mi instinto de mujer, si Pedro ganaba, ganaba dinero, si Pedro perdía, yo pagaba, ese era el trato.
Esa necesidad de tener sexo fue cumplida en demasía, me transformé en una especie de ninfómana que necesitaba cada vez más verga, y Pedro disfrutaba a su manera con todo esto, él tenía la más bella y la más puta de las mujeres y él era el único dueño de esa mujer, aunque la compartiera con todos…
Cambié poco a poco mis costumbres, de pasar casi desapercibida en las reuniones comencé a ser centro de las mismas, empecé a vestirme cada vez más provocativa, empecé a beber y a fumar también…
Era muy loco, a veces me cogía alguno en la habitación y yo gritaba exagerando un poco, dolo para que los que estaban afuera me escucharan…
Por lo bajo, sus amigos empezaron a referirse a mi como ‘la puta de Pedro’ y si bien no me molestaba por mí, me molestaba por el…
Naquele dia, eu daria o primeiro passo no que, sem imaginar, seria minha nova vida: entraria no círculo de amigos do Pedro com um papel ativo e sexual, e, sem perceber, as partidas de baralho virariam partidas de baralho e sexo.
De repente, me senti o troféu pelo qual os homens disputavam, a joia mais preciosa. Não me importava de fazer várias mulheres de corna, e de longe eu era a mais nova entre as esposas entediadas da vez.
Comecei a trepar com um, com outro, a saciar meu instinto de mulher. Se o Pedro ganhava, ele ganhava dinheiro; se o Pedro perdia, eu pagava — esse era o trato.
Essa necessidade de ter sexo foi saciada em excesso. Me transformei numa espécie de ninfomaníaca que precisava cada vez mais de pica, e o Pedro curtia do jeito dele tudo isso. Ele tinha a mulher mais gostosa e mais puta, e era o único dono dela, mesmo dividindo ela com todo mundo…
Mudei aos poucos meus hábitos. De passar quase despercebida nas reuniões, comecei a ser o centro delas. Passei a me vestir cada vez mais provocante, comecei a beber e a fumar também…
Era muito louco: às vezes algum deles me comia no quarto, e eu gritava exagerando um pouco, só pra quem tava lá fora me ouvir…
Por baixo dos panos, os amigos dele começaram a me chamar de ‘a puta do Pedro’. E, se não me incomodava por mim, me incomodava por ele…
E o Pedro realmente honrava a promessa dele: sempre me faria sentir mulher, mesmo que ele já quase não conseguisse me comer. E sempre me surpreendia, de um jeito ou de outro. As loucuras e ideias dele pareciam um pecado irresistível…
Quando ele fez sessenta anos, fizemos uma grande festa com os amigos dele. O câncer de pulmão tava matando ele, ele usava uma bengala pra sustentar o corpo. Mesmo assim, a família dele já tinha esquecido ele.
Fiel ao costume, ele me disse:
— Quero que você se vista linda pra mim, quero curtir minha mulher…
Ele não quis me contar muito. Não era de me contar muito sobre os planos dele…
Naquela noite, tomei banho, depilei minha buceta como ele gostava… Ele gostava. Coloquei uma tanguinha furadinha, daquelas que deixam a bunda toda de fora, calcei meus saltos altos e desfilei pra ele como sempre fazia. É engraçado, ele repetia que o câncer não ia matá-lo, que era eu quem ia causar um infarto nele.
Deixei ele escolher um vestido entre tantos. Ele escolheu um preto, decotado, meio justo, curto embaixo, passando só pela minha buceta, deixando minhas coxas torneadas à mostra.
Quando o carro de aplicativo chegou, ele se apoiou na bengala e colocou o braço livre na cintura, pra eu segurar, e com o senso de humor de sempre disse:
- Por via das dúvidas… você só me chama de ‘papai’
A viagem de carro foi meio louca. Apesar de tudo, Pedro mantinha aquele lobo faminto em algum lugar do corpo. Notei como ele olhava sem muita discrição pras minhas pernas. Sentada no banco de trás do carro, o vestido subia mais do que o recomendado, deixando minha tanguinha na beira do abismo. Peguei uma das mãos dele e apoiei na minha coxa. Aí, discretamente, ele foi subindo até chegar na minha ppk. Só me abri um pouco pra ele sentir o calor da minha buceta. Amava demais aquele homem e me molhava só com um roçar. Não rolou muito mais, mas com vontade eu teria congelado aquele momento na minha mente…
Chegamos na casa do Rogélio, que tava de anfitrião. Um solteirão mulherengo inveterado, que claro já tinha me comido várias vezes. Era a única mulher ali. Todos amigos do Pedro, com quem ele costumava fazer aquelas rodas de baralho até altas horas da madrugada. Até meu homem especial, Ezequiel, tava lá naquela noite.
Fiquei intrigada. Tantos homens, eu a única. Sabia que eles tramavam alguma coisa, mas não sabia o quê…
Trouxeram um bolão, cantaram parabéns, comemos, brindamos, bebemos, jogaram umas mãos de baralho, fumaram, e eu fiquei o tempo todo junto do Pedro.
Em algum momento da madrugada, Rogélio perguntou pro Pedro:
- Amigão… é tarde… quer o presente que você pediu?
O solteirão, ao dizer essas palavras… palavras me olhou de um jeito que até me deixou desconfortável, mas meu marido sorriu e balançou a cabeça, enquanto me olhava e piscava um olho.
Um dos caras me pegou pela mão e me levou a uns metros de onde estávamos, sob o olhar atento do resto e especialmente do Pedro, chegamos a uma mesa de sinuca, o cara me segurou pela cintura e me ajudou a sentar nela, se enfiando entre minhas pernas, fazendo o vestido subir mais do que o recomendado, então pegou a tanga entre os dedos e a tirou com cuidado, deixando de lado, puxou o pau dele na frente de todo mundo e zas! Enfiou sem preâmbulos, me senti tão puta, tão suja sendo comida na frente de tantos homens…
Ele começou a se mover dentro de mim, comecei a ficar molhada e a gemer aos poucos, olhando fixamente para o Pedro, só olhava pra ele, pra mim só existia ele, só me importava ele, só queria ver ele gozar, cada gemido era pra ele, cada gesto era pra ele, era uma puta, mas só pra ele…
Naquele momento, senti como se meu marido estivesse me comendo, mesmo só mantendo contato visual, percebi que ele sentia o mesmo que eu…
O cara não demorou muito pra gozar, saiu e deu lugar a outro, que fez exatamente a mesma coisa, me comeu em cima da mesa até encher minha pussy de porra, Ezequiel continuou, e outro, e mais um, um por um foram me comendo como a pior das vadias, minha pussy logo ficou cheia num caldeirão de sêmen, e começou a formar uma poça no feltro verde…
Quando todos tinham passado pelo meu sexo, me ajudaram a me levantar, aquela mistura de porra escorreu incontrolável pelas minhas pernas até os joelhos. Me limpei como pude, ainda com meu sexo ardendo de tanto pau, coloquei a tanga e arrumei o vestido como toda uma dama…
Não foi muito mais naquela noite, logo chegou o remisse, todos os velhos amigos se despediram do Pedro e da puta dele, lá fora estava frio e meu marido colocou o paletó dele sobre meus ombros…
Na volta, ficamos em silêncio, Me sentia meio desconfortável porque só sentia o sêmen escorrendo das minhas entranhas, sabia que minha calcinha fio-dental estava toda encharcada e que provavelmente já estava manchando o vestido, e talvez até o banco do carro.
Pedro parecia feliz, como se tivesse tido a melhor noite de sexo da vida dele. Olhei pra ele e falei num tom pra só ele me ouvir e não chamar a atenção do motorista:
- Por que você faz isso? Gosta de ver estranhos comendo a sua mulher?
- Pra mim não tem estranhos, pra mim só tem você, só tem eu…
- Você é maluco… e não se importa com o que seus amigos falam pelas suas costas?
- Não sei… o que eles falam?
Ele sabia bem como me apelidavam, só estava brincando comigo.
- Que sou a 'puta do Pedro', você não acha que deveriam me respeitar? Ou pelo menos respeitar você?
Meu marido então olhou pela janela do carro, coçou o queixo e disse:
- Deixa eles, não me importo, eu só quero te ver feliz, e se você é feliz, então eu sou feliz…
A verdade é que até parece incrível tudo que vivi. Muitas vezes conversávamos eu e meu amor e nos abríamos, muitas vezes ele me disse que em algum ponto sentia inveja dos amigos, mas se contentava em poder me comer de vez em quando. Ele me elogiava, dizia que eu era linda, que era única, que era especial, e que não importava quantos caras me comessem, porque ele sabia que era o dono do que eu tinha de mais bonito: meu coração. E muitas vezes eu dizia coisas como 'chega! foi a última vez', mas sabia que sempre teria uma próxima…
Quando chegou aos sessenta e dois, Pedro já não aguentava mais o próprio corpo, estava inválido, de cama, e os amigos dele já não eram tão amigos assim. Foram sumindo aos poucos e só apareciam mais por pena do que por qualquer outro motivo. Já não me comiam, ninguém nunca ia me comer pelas costas do Pedro, eu não teria permitido porque, do meu jeito, de alguma forma eu era fiel a ele.
Pedro, apesar de tudo, mantinha uma lucidez invejável. Os raciocínios dele, os pensamentos, a sagacidade não combinavam com o Um monte de osso que se transformou em pouco tempo, mesmo assim continuava fumando e já não adiantava mais proibir.
Passava horas com seu vício, as cartas, só que agora tinha amigos da internet, jogava no notebook, atrás da tela, com desconhecidos.
Pedro, com a mente perversa dele, ainda ia ter surpresas pra essa puta que eu carregava dentro de mim, porque meus dias secos tinham voltado de novo, e aquela não era a mulher que meu amado marido queria…
Pedro, apesar da idade e dos problemas, era viciado em redes sociais, principalmente no Face. Fuçando e fuçando, entrou num grupo fechado de troca de casais, ménage e essas paradas que costumam passar dos limites da moral e dos bons costumes. Quando ele me contou, já tava metido demais no assunto e, como sempre, fazia e desfazia pelas minhas costas.
Eu sabia o que ele tramava, porque ele comentou algumas vezes, como sempre, sondando minha reação. No fim, ele fez: pegou uma foto minha, já tinha uns anos, eu tava na praia, tava bem gostosa, e embaixo colocou um anúncio que dizia:
"Procuro homens pra fazer um gangbang com minha esposa, chama no privado."
A resposta foi quase na hora, chegou pedido atrás de pedido, caras interessados que eu nem conhecia, igual mosca atraída pela minha foto.
Pensei que Pedro só tava brincando pra passar o tempo, mas quem conhecia ele sabia quando tava zoando e quando não tava. E quando ele ficava me chamando toda hora pra mostrar as fotos dos candidatos e me fazer escolher entre sim ou não, bom, aí não tive mais dúvida…
Uma noite, enquanto a gente tava na mesa tomando um vinho bom e dividindo o mesmo cigarro, curtindo uns segundos de intimidade, eu falei:
- Cê quer mesmo fazer isso? Ou melhor, cê quer mesmo que eu faça?
- Acho que vai ser uma das últimas coisas que eu vou curtir…
A resposta dele soou como um adeus, acho que ele percebeu a agonia na minha cara, porque soltou uma baforada de fumaça. sobre mim e quebramos a tensão com um sorriso.
Ao contrário do que vocês possam imaginar, naquele dia eu estava calma demais, me sentindo no controle da situação, e não me incomodei com os cavalheiros que foram chegando em casa um por um, perfeitos desconhecidos para mim, e para ele, nunca entendi como tem gente que só quer transar igual bicho, sem o menor vestígio de um sentimento qualquer...
De repente, nosso quarto estava lotado, quatorze caras pelados, Pedro num canto e eu, a única mulher.
Posso dizer que entre todos me comeram como uma puta arrombada, não tinha restrição, tudo era permitido, eles se revezavam ao meu redor como se eu fosse uma cadela no cio sendo seguida por um monte de cachorro quente só pra montar.
Enfiaram em toda posição que vocês imaginarem, em toda situação que vocês imaginarem, em todo jeito que vocês imaginarem, porque um saía e vinham dois, e dois saíam e vinham três, meteram na minha buceta, no meu cu, dos dois lados, na minha boca, mãos sem fim acariciaram meu corpo inteiro, perdi a noção do tempo e do espaço, me alargaram por todos os lados, chupei paus, um, dois, todos, e conforme os minutos passavam, mais puta eu me sentia e mais eu gostava.
Fiquei toda suada, metade excitação, metade loucura, tentava manter contato visual com o Pedro o tempo todo, mas o enxame de homens ao meu redor tornava isso impossível, eu gritava, gemia, chorava...
Daria pra contar muitos detalhes do sexo em si, mas acho que não vem ao caso...
Só resumindo que, quando acabou, a cama parecia um campo minado, tinha perdido a conta de quanta porra engoli e quantas rolas chupei, minha mandíbula estava meio cãibrada, minha buceta transbordava porra e doía lá no fundo de tanta vara que levei, meu cu eu já não sentia mais e estava tão aberto que não conseguia fechar, meus peitos doíam, não dava nem pra encostar nos bicos, tinha pinceladas de esperma por todo lado, por todo meu corpo, pela minha rosto, até nos meus cabelos, de um lado Pedro parecia o homem mais feliz da terra, com aquele sorriso no rosto que tanto me apaixonava, olhei pra ele deitada de lado, não tinha forças nem pra me levantar, caralho, que porra eles me deram! Só respondi ao sorriso dele, fechei os olhos e dormi.
Pouco depois Pedro estava realmente mal, fazia quinze dias que estava internado com prognóstico reservado, tinha perdido muito peso e estava prostrado na cama, por minha parte tinha algo que estava mudado em mim, não me sentia bem de saúde e a ausência da minha menstruação me fez suspeitar, comprei um teste de gravidez, sim! positivo!!!
Corri pra contar pro Pedro, sentei do lado dele e falei devagar
- Meu amor, não sei se você me escuta, mas tenho uma notícia pra te dar, vamos ser pais!
Uma lágrima escorria pelo meu rosto naquele momento, Pedro parecia inconsciente e não soube se ele realmente podia ouvir o que eu dizia, não fazia a menor puta ideia de quem era realmente aquele espermatozoide, mas pra mim, sem dúvidas o amor que o Pedro sentia por mim o tornava o pai.
Pedro faleceu no dia seguinte, não foi muita gente no velório dele, apesar de avisar todos os ‘amigos’ dele, só três foram um pouquinho, como pra cumprir tabela, estranhei não ver o Ezequiel. Meus pais também foram, me fizeram companhia e esqueceram velhas mágoas, claro, sem imaginar tudo que estou contando.
Passaram alguns vizinhos, amigos da vida, parentes, vocês sabem…
Muitos me perguntaram pela ex-mulher dele, uma ausência notória, só a Bianca, a filha dele, minha amiga perdida que fazia anos que não via, ficou do lado do pai, mas não trocamos uma palavra, só trocamos uns olhares…
Hoje estou reconstruindo minha vida, e estou apaixonada de novo por um homem da minha idade, algo mais normal, longe de toda essa loucura, o pequeno Pedro vai fazer três anos, de alguma forma, ele sempre vai me lembrar do pai dele, o amor da minha vida…
Quer fazer comentários sobre esse relato? Claro, aqui está a tradução:
escreva para mim com o título ‘A PUTA DO PEDRO’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
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Así me llaman todos popularmente, ‘La puta de Pedro’, y para ser honesta, no me molesta en lo más mínimo…
Tenía unos diez años cuando conocí a Pedro, él era el padre de Bianca, una de mis amiguitas de ese entonces, tengo unos recuerdos muy bonitos, un hombre gentil y bonachón que solía regalarnos caramelos a espaldas de la mamá de Bianca y se transformaba en nuestro cómplice secreto.
En ese entonces, yo era solo una nena, y él siempre me trató como una nena, al igual que a su hija y todas las amiguitas que solíamos frecuentar su hogar.
Poco a poco crecí, me hice señorita, y ese cuerpecito de niña se transformó en cuerpo de mujercita.
Cuando cumplí quince, hicimos una gran fiesta, entre tantas amigas invitamos a Bianca y a sus padres. Llegó el momento de bailar el vals, nunca olvidaré cuando fue el turno de Pedro, fueron apenas unos minutos, pero para mí fue una eternidad, sentí una conexión única con ese hombre, la forma en que me abrazó, la forma en que me miró, en ese momento no podía entender cuanto imaginaba, pero una rara electricidad corrió por mi cuerpo y sentí mojarme a mares…
Llegó mi primera vez, mis primeros novios, mis primeros desengaños, pero por algún motivo me seguí viendo ya un poco a escondidas con Pedro, no podía evitarlo. Y los chicos de mi edad me parecían vacíos, superficiales y hasta tontos, no podía encontrar en ninguno lo que encontraba en el padre de mi amiga.
Llegó nuestro primer beso, nuestra primera vez, y esa vez, supe que sería para siempre...
Y el amor prohibido y clandestino que sentía hacia ese hombre era más fuerte que todo, porque sabía que como una cuña me estaba encajando en una familia formada, que estaba traicionado la confianza que durante años me había brindado su esposa, y sobre todo, sabía que sería devastador para Bianca, mi amiga. Pero yo no me consideraba el problema, yo era parte del problema, porque sencillamente una no puede elegir de quien enamorarse…
Pedro era un tipo sencillamente encantador, aún no había llegado a los veinte cuando el ya pisaba los cincuenta, aunque aparentaba muchos menos, de pelo lacio y entrecano, elegante para vestir, siempre con camisas y pantalones haciendo juegos, rara vez lo veía con un jean, o con un short, siempre cortes clásicos, un hombre que se preocupaba por su aspecto físico, siempre perfectamente afeitado y perfumado, con su tez bronceada, era raro encontrar en su apariencia algo que estuviera fuera de lugar.
Nos habíamos enamorado, yo de su experiencia, el de mi juventud.
Nuestro amor secreto salió a la luz de la peor manera que pudiera salir, nos pasamos de confianza…
El me invitó a su casa, puesto que estaría solo ese día, todo fue bien al principio, decidí hacer algo que me gustaba hacer, él estaba sentado a la mesa, así que me escabullí entre sus piernas, desabroché su cinto y su pantalón, y comencé a darle sexo oral, de una manera única y apasionada…
Eso fue lo que vio Bianca al ingresar de improviso a la casa, estábamos tan ensimismados con lo que hacíamos que ninguno de los dos escuchó nada…
Y fue el principio del fin, fue de labios de mi amiga la primera vez que alguien me tachara de ‘puta’, fue en ese momento el peor de los tormentos, aún más doloroso y humillante que la golpiza que me propinara su esposa al enterarse.
Y ahí empezó el calvario, obviamente ellos se divorciaron y su ahora ex esposa se encargó de hacerle la vida imposible, de hostigarlo día y noche, de sacarle hasta el último peso que pudiera sacarle, a hacerle vivir un infierno por el resto de su vida, fui la mujer ‘innombrable’ en ese hogar.
Por mi parte no me fue mucho mejor, mi familia jamás aprobaría esa relación con ese ‘viejo’ y si bien nunca me lo dijeron en la cara, sé que muchos me vieron como la ‘puta rompe hogares’.
Sin embargo, Pedro y yo decidimos darnos una oportunidad, y la peleamos codo a codo contra todos los pronósticos, fuimos muy felices, hacíamos el amor dos veces al día y los fines de semana eran sencillamente un periplo sexual, me hastiaba en sexo, era un animal incansable y todo era demasiado perfecto.
Solo había un tema que no me hacía vivir en plena angustia, era nuestra diferencia de edad, porque ese ‘pequeño detalle’ era sin dudas un ‘gran detalle’, cuanto tiempo podría Pedro mantener el ritmo? Cuanto años de placer tendríamos por vivir?
Pedro siempre me acariciaba los cabellos cuando le planteaba estos temas, el solo reía y me decía que no nos preocupemos por el mañana, que vivamos el momento y que el de alguna manera u otra siempre se encargaría de que yo me sintiera una mujer plena.
Y la felicidad no duraría demasiado, bajo esa fachada de eterno galán, mi amor tenía algunos problemas de salud, el llevaba una vida de fumador y le encantaba beber buenas bebidas, nunca lo vi ebrio pero casi constantemente tenía un vaso entre sus manos. En especial disfrutaba largas noches con sus amigotes jugando a las cartas, solían venir a casa, porque tenía el ‘honor’ de ser una de las pocas mujeres que soportaban esas juergas de viejos viciosos…
Pedro enfermó, tuvo que cambiar esas pastillas para lograr erecciones por pastillas para cuidar su salud, nuestro sexo perfecto y salvaje se esfumó como agua en el desierto, y vinieron los días de sequía…
El pisaba los sesenta, su vitalidad menguaba poco a poco, yo, llegando a mis treinta era una loba en celo, estaba en mejor momento, física y sexualmente…
Mi esposo notó la situación, fue muy loco cuando él me regaló un consolador con vibrador de juguete, en principio lo rechacé un tanto indignada, sentí humillar mi femineidad, pero él me dijo que últimamente la falta de sexo me estaba volviendo una persona de mal carácter, irascible, y me pidió la oportunidad para cambiar las cosas.
Empezamos un nuevo juego en nuestra intimidad, Pedro se sentaba en un sillón y me pedía que me masturbara con ese juguete, honestamente al principio me daba mucha vergüenza, pero poco a poco le fui encontrando el erotismo al juego.
Eso duró un tiempo…
Masturbarme era rico, pero yo necesitaba un hombre, una buena verga de carne que saciara mi instinto más primitivo, instinto que Pedro ya no podía saciar…
Es acá donde Ezequiel entra en mi vida…
Ezequiel era uno de los tantos compañeros de Pedro, él era un cuarentón morochón y apuesto, y hacía tiempo que cuando el destino nos cruzaba el me miraba de una forma tan dura e intimidante que me hacía desviar mi mirada, me ponía nerviosa, pero me excitaba al mismo tiempo, poco a poco sentía el corazón latir con fuerza bajo mi pecho, sentía cortarse mi respiración, y presagiaba que en algún momento estaría con él, solo que no pensaba engañar a mi esposo, no señor.
Pedro no era tonto, me conocía demasiado y veía en mi mirada la mirada que alguna vez había tenido con él, esa mirada pecadora, esa mirada oculta, es más, puedo asegurar que en ese momento él era cómplice y hasta premeditó lo que sucedería en poco tiempo.
Esa tardecita, como solía hacer, me puse un top ajustado y unos pantalones cortos de licra, medias, zapatillas, luego la bicicleta y al verme Pedro exclamó
-Guau! vas a andar en bicicleta? Así vas a provocar un accidente de tránsito!
Solo reí complacida por sus halagos, entonces dijo
-Vas a tardar? Ezequiel debe estar por llegar a jugar cartas… el siempre habla bien de vos, y cuando vos estás, él se pierde en tus curvas… y bueno, yo gano dinero fácil!
Le dije que era un tonto y salí a rodar por la calle, fue todo tan raro, no podía sacar tantas imágenes de mi cabeza, Pedro siempre había dicho que haría lo necesario para que me sintiera una mujer completa, incluso muchas veces había tanteado mi reacción sugiriendo algún encuentro con algunos de sus amigos de juego, y Ezequiel sinceramente era una tentación difícil de rechazar.
Tal vez solo fueran ideas mías, pero pedaleaba y pedaleaba imaginando situaciones y el permanente roce del asiento en mi clítoris no hacía más que incomodarme y llevarme a un raro orgasmo que no buscaba, en plena calle, tuve que detenerme a un costado solo para suspirar, excitada…
Regresé antes de lo planeado con el corazón latiendo a mil, no pude resistirlo, al llegar Pedro y Ezequiel jugaban cartas en una atmósfera plagada de humo, Ezequiel me devoró con la mirada, seguramente atraído por el exceso de transpiración que cubría mi cuerpo y mojaba mis prendas. Me dio un beso en la mejilla, olía tan bien!
Me sentía incómoda, mi sexo estaba tan mojado que asumía que había traspasado la tanga que traía y había llegado hasta las calzas de licra, solté un suspiro contenido…
Y Pedro fue quien me sirvió en bandeja de plata, fue culminar algo que los tras sabíamos que iba a pasar, simularon una partida en la cual supuestamente el ya no tenía dinero, por lo que apostó ‘una mamada’ de mi parte si volvía a perder, ambos me miraron y como no dije que sí, pero tampoco que no, solo repartieron cartas.
Nunca entendí ese juego, así que solo esperé en silencio hasta que Pedro dijo arrojando los naipes sobre la mesa
-Diablos! volví a perder…
Se hizo un silencio sepulcral en el lugar, pareció congelarse el tiempo en ese instante, fui sobre Ezequiel, me arrodillé entre sus piernas, aflojé su pantalón y busqué su verga bajo las prendas, la saque dura como piedra, la sentía latir en mi mano, Dios! que hermosa sensación! La mirada atenta de ambos hombres quemaban mi rostro, llevé los labios a ella, empecé a lamerla con locura, como si hubiera estado enjaulada en los últimos tiempos, ese sabor, ese aroma!
Miraba a Ezequiel fijamente a los ojos, el me mantenía desafiante la mirada, inclinaba su pija para comerla y saborearla, para sentir es glande en mi paladar, para recorrerlo con mi lengua, llevé mi mano libre entre mis piernas, bajo el short, bajo la tanga, estaba empapada, mi concha era un mar salado, y metí tres dedos en mi hueco y comencé a masturbarme a medida que le daba sexo oral al morocho.
En la habitación solo se sentían los ruidos de mi boca, la respiración agitada, de pronto Ezequiel ya no me aguantó la mirada y reclinó su cabeza hacia atrás visiblemente excitado, le sentí venir y eso provocó que moviera los dedos más y más rápido dentro de mi concha, friccionando mi clítoris, mi boca de pronto empezó a llenarse de leche y ese líquido espeso solo provocó que yo también llegara haciéndome perder la coordinación, entre sus espasmos y los míos parte de semen con saliva escapó de mi boca rodando por mi rostro llegando a mis pechos, a la remera ajustada que traía en ese momento…
Los aplausos de mi esposo y una nueva bocanada de humo de su cigarro me trajeron a la realidad, Ezequiel me miraba con su verga desnuda colgando a un costado, me incorporé con algún que otro calambre en mis piernas, me sentí horrible, con una vergüenza de puta no asumida, transpirada, sucia, con sabor a leche…
Me excuse, salía casi corriendo a esconderme bajo la ducha, sin siquiera despedir a Ezequiel, sin embargo, en la soledad de ese baño, bajo el agua tibia que mojaba mi cuerpo, tomé el consolador que me había regalado mi esposo y me lo introduje tan profundo como pude, dando rienda suelta a todo mi placer contenido…
Era ya tarde cuando fuimos a la cama, no habíamos hablado del tema pero yo no me quedaría con la espina clavada, Pedro leía las noticias en páginas de internet atento a su celular, entonces pregunté
-Lo tenías planeado, verdad?
-Lo de esta tarde? Que piensas?
-No sé, tú dime… perdiste por mucho esa partida?
El me miró dulcemente y me dijo con una sonrisa en sus labios
-Ni siquiera jugamos…
Ese día daría el primer paso en lo que sin imaginar sería mi nueva vida, entraría en el círculo de amigo de Pedro con un rol activo y sexual, y sin darme cuenta las partidas de naipes pasarían a ser partidas de naipes y sexo.
De pronto me sentí el trofeo por el cual se disputaban los hombres, la joya más preciada, no me molestó hacer cornudas a muchas mujeres y por mucho era la más joven de las aburridas esposas de turno.
Empecé a coger con uno, con otro, a saciar mi instinto de mujer, si Pedro ganaba, ganaba dinero, si Pedro perdía, yo pagaba, ese era el trato.
Esa necesidad de tener sexo fue cumplida en demasía, me transformé en una especie de ninfómana que necesitaba cada vez más verga, y Pedro disfrutaba a su manera con todo esto, él tenía la más bella y la más puta de las mujeres y él era el único dueño de esa mujer, aunque la compartiera con todos…
Cambié poco a poco mis costumbres, de pasar casi desapercibida en las reuniones comencé a ser centro de las mismas, empecé a vestirme cada vez más provocativa, empecé a beber y a fumar también…
Era muy loco, a veces me cogía alguno en la habitación y yo gritaba exagerando un poco, dolo para que los que estaban afuera me escucharan…
Por lo bajo, sus amigos empezaron a referirse a mi como ‘la puta de Pedro’ y si bien no me molestaba por mí, me molestaba por el…
Naquele dia, eu daria o primeiro passo no que, sem imaginar, seria minha nova vida: entraria no círculo de amigos do Pedro com um papel ativo e sexual, e, sem perceber, as partidas de baralho virariam partidas de baralho e sexo. De repente, me senti o troféu pelo qual os homens disputavam, a joia mais preciosa. Não me importava de fazer várias mulheres de corna, e de longe eu era a mais nova entre as esposas entediadas da vez.
Comecei a trepar com um, com outro, a saciar meu instinto de mulher. Se o Pedro ganhava, ele ganhava dinheiro; se o Pedro perdia, eu pagava — esse era o trato.
Essa necessidade de ter sexo foi saciada em excesso. Me transformei numa espécie de ninfomaníaca que precisava cada vez mais de pica, e o Pedro curtia do jeito dele tudo isso. Ele tinha a mulher mais gostosa e mais puta, e era o único dono dela, mesmo dividindo ela com todo mundo…
Mudei aos poucos meus hábitos. De passar quase despercebida nas reuniões, comecei a ser o centro delas. Passei a me vestir cada vez mais provocante, comecei a beber e a fumar também…
Era muito louco: às vezes algum deles me comia no quarto, e eu gritava exagerando um pouco, só pra quem tava lá fora me ouvir…
Por baixo dos panos, os amigos dele começaram a me chamar de ‘a puta do Pedro’. E, se não me incomodava por mim, me incomodava por ele…
E o Pedro realmente honrava a promessa dele: sempre me faria sentir mulher, mesmo que ele já quase não conseguisse me comer. E sempre me surpreendia, de um jeito ou de outro. As loucuras e ideias dele pareciam um pecado irresistível…
Quando ele fez sessenta anos, fizemos uma grande festa com os amigos dele. O câncer de pulmão tava matando ele, ele usava uma bengala pra sustentar o corpo. Mesmo assim, a família dele já tinha esquecido ele.
Fiel ao costume, ele me disse:
— Quero que você se vista linda pra mim, quero curtir minha mulher…
Ele não quis me contar muito. Não era de me contar muito sobre os planos dele…
Naquela noite, tomei banho, depilei minha buceta como ele gostava… Ele gostava. Coloquei uma tanguinha furadinha, daquelas que deixam a bunda toda de fora, calcei meus saltos altos e desfilei pra ele como sempre fazia. É engraçado, ele repetia que o câncer não ia matá-lo, que era eu quem ia causar um infarto nele.
Deixei ele escolher um vestido entre tantos. Ele escolheu um preto, decotado, meio justo, curto embaixo, passando só pela minha buceta, deixando minhas coxas torneadas à mostra.
Quando o carro de aplicativo chegou, ele se apoiou na bengala e colocou o braço livre na cintura, pra eu segurar, e com o senso de humor de sempre disse:
- Por via das dúvidas… você só me chama de ‘papai’
A viagem de carro foi meio louca. Apesar de tudo, Pedro mantinha aquele lobo faminto em algum lugar do corpo. Notei como ele olhava sem muita discrição pras minhas pernas. Sentada no banco de trás do carro, o vestido subia mais do que o recomendado, deixando minha tanguinha na beira do abismo. Peguei uma das mãos dele e apoiei na minha coxa. Aí, discretamente, ele foi subindo até chegar na minha ppk. Só me abri um pouco pra ele sentir o calor da minha buceta. Amava demais aquele homem e me molhava só com um roçar. Não rolou muito mais, mas com vontade eu teria congelado aquele momento na minha mente…
Chegamos na casa do Rogélio, que tava de anfitrião. Um solteirão mulherengo inveterado, que claro já tinha me comido várias vezes. Era a única mulher ali. Todos amigos do Pedro, com quem ele costumava fazer aquelas rodas de baralho até altas horas da madrugada. Até meu homem especial, Ezequiel, tava lá naquela noite.
Fiquei intrigada. Tantos homens, eu a única. Sabia que eles tramavam alguma coisa, mas não sabia o quê…
Trouxeram um bolão, cantaram parabéns, comemos, brindamos, bebemos, jogaram umas mãos de baralho, fumaram, e eu fiquei o tempo todo junto do Pedro.
Em algum momento da madrugada, Rogélio perguntou pro Pedro:
- Amigão… é tarde… quer o presente que você pediu?
O solteirão, ao dizer essas palavras… palavras me olhou de um jeito que até me deixou desconfortável, mas meu marido sorriu e balançou a cabeça, enquanto me olhava e piscava um olho.
Um dos caras me pegou pela mão e me levou a uns metros de onde estávamos, sob o olhar atento do resto e especialmente do Pedro, chegamos a uma mesa de sinuca, o cara me segurou pela cintura e me ajudou a sentar nela, se enfiando entre minhas pernas, fazendo o vestido subir mais do que o recomendado, então pegou a tanga entre os dedos e a tirou com cuidado, deixando de lado, puxou o pau dele na frente de todo mundo e zas! Enfiou sem preâmbulos, me senti tão puta, tão suja sendo comida na frente de tantos homens…
Ele começou a se mover dentro de mim, comecei a ficar molhada e a gemer aos poucos, olhando fixamente para o Pedro, só olhava pra ele, pra mim só existia ele, só me importava ele, só queria ver ele gozar, cada gemido era pra ele, cada gesto era pra ele, era uma puta, mas só pra ele…
Naquele momento, senti como se meu marido estivesse me comendo, mesmo só mantendo contato visual, percebi que ele sentia o mesmo que eu…
O cara não demorou muito pra gozar, saiu e deu lugar a outro, que fez exatamente a mesma coisa, me comeu em cima da mesa até encher minha pussy de porra, Ezequiel continuou, e outro, e mais um, um por um foram me comendo como a pior das vadias, minha pussy logo ficou cheia num caldeirão de sêmen, e começou a formar uma poça no feltro verde…
Quando todos tinham passado pelo meu sexo, me ajudaram a me levantar, aquela mistura de porra escorreu incontrolável pelas minhas pernas até os joelhos. Me limpei como pude, ainda com meu sexo ardendo de tanto pau, coloquei a tanga e arrumei o vestido como toda uma dama…
Não foi muito mais naquela noite, logo chegou o remisse, todos os velhos amigos se despediram do Pedro e da puta dele, lá fora estava frio e meu marido colocou o paletó dele sobre meus ombros…
Na volta, ficamos em silêncio, Me sentia meio desconfortável porque só sentia o sêmen escorrendo das minhas entranhas, sabia que minha calcinha fio-dental estava toda encharcada e que provavelmente já estava manchando o vestido, e talvez até o banco do carro.
Pedro parecia feliz, como se tivesse tido a melhor noite de sexo da vida dele. Olhei pra ele e falei num tom pra só ele me ouvir e não chamar a atenção do motorista:
- Por que você faz isso? Gosta de ver estranhos comendo a sua mulher?
- Pra mim não tem estranhos, pra mim só tem você, só tem eu…
- Você é maluco… e não se importa com o que seus amigos falam pelas suas costas?
- Não sei… o que eles falam?
Ele sabia bem como me apelidavam, só estava brincando comigo.
- Que sou a 'puta do Pedro', você não acha que deveriam me respeitar? Ou pelo menos respeitar você?
Meu marido então olhou pela janela do carro, coçou o queixo e disse:
- Deixa eles, não me importo, eu só quero te ver feliz, e se você é feliz, então eu sou feliz…
A verdade é que até parece incrível tudo que vivi. Muitas vezes conversávamos eu e meu amor e nos abríamos, muitas vezes ele me disse que em algum ponto sentia inveja dos amigos, mas se contentava em poder me comer de vez em quando. Ele me elogiava, dizia que eu era linda, que era única, que era especial, e que não importava quantos caras me comessem, porque ele sabia que era o dono do que eu tinha de mais bonito: meu coração. E muitas vezes eu dizia coisas como 'chega! foi a última vez', mas sabia que sempre teria uma próxima…
Quando chegou aos sessenta e dois, Pedro já não aguentava mais o próprio corpo, estava inválido, de cama, e os amigos dele já não eram tão amigos assim. Foram sumindo aos poucos e só apareciam mais por pena do que por qualquer outro motivo. Já não me comiam, ninguém nunca ia me comer pelas costas do Pedro, eu não teria permitido porque, do meu jeito, de alguma forma eu era fiel a ele.
Pedro, apesar de tudo, mantinha uma lucidez invejável. Os raciocínios dele, os pensamentos, a sagacidade não combinavam com o Um monte de osso que se transformou em pouco tempo, mesmo assim continuava fumando e já não adiantava mais proibir.
Passava horas com seu vício, as cartas, só que agora tinha amigos da internet, jogava no notebook, atrás da tela, com desconhecidos.
Pedro, com a mente perversa dele, ainda ia ter surpresas pra essa puta que eu carregava dentro de mim, porque meus dias secos tinham voltado de novo, e aquela não era a mulher que meu amado marido queria…
Pedro, apesar da idade e dos problemas, era viciado em redes sociais, principalmente no Face. Fuçando e fuçando, entrou num grupo fechado de troca de casais, ménage e essas paradas que costumam passar dos limites da moral e dos bons costumes. Quando ele me contou, já tava metido demais no assunto e, como sempre, fazia e desfazia pelas minhas costas.
Eu sabia o que ele tramava, porque ele comentou algumas vezes, como sempre, sondando minha reação. No fim, ele fez: pegou uma foto minha, já tinha uns anos, eu tava na praia, tava bem gostosa, e embaixo colocou um anúncio que dizia:
"Procuro homens pra fazer um gangbang com minha esposa, chama no privado."
A resposta foi quase na hora, chegou pedido atrás de pedido, caras interessados que eu nem conhecia, igual mosca atraída pela minha foto.
Pensei que Pedro só tava brincando pra passar o tempo, mas quem conhecia ele sabia quando tava zoando e quando não tava. E quando ele ficava me chamando toda hora pra mostrar as fotos dos candidatos e me fazer escolher entre sim ou não, bom, aí não tive mais dúvida…
Uma noite, enquanto a gente tava na mesa tomando um vinho bom e dividindo o mesmo cigarro, curtindo uns segundos de intimidade, eu falei:
- Cê quer mesmo fazer isso? Ou melhor, cê quer mesmo que eu faça?
- Acho que vai ser uma das últimas coisas que eu vou curtir…
A resposta dele soou como um adeus, acho que ele percebeu a agonia na minha cara, porque soltou uma baforada de fumaça. sobre mim e quebramos a tensão com um sorriso.
Ao contrário do que vocês possam imaginar, naquele dia eu estava calma demais, me sentindo no controle da situação, e não me incomodei com os cavalheiros que foram chegando em casa um por um, perfeitos desconhecidos para mim, e para ele, nunca entendi como tem gente que só quer transar igual bicho, sem o menor vestígio de um sentimento qualquer...
De repente, nosso quarto estava lotado, quatorze caras pelados, Pedro num canto e eu, a única mulher.
Posso dizer que entre todos me comeram como uma puta arrombada, não tinha restrição, tudo era permitido, eles se revezavam ao meu redor como se eu fosse uma cadela no cio sendo seguida por um monte de cachorro quente só pra montar.
Enfiaram em toda posição que vocês imaginarem, em toda situação que vocês imaginarem, em todo jeito que vocês imaginarem, porque um saía e vinham dois, e dois saíam e vinham três, meteram na minha buceta, no meu cu, dos dois lados, na minha boca, mãos sem fim acariciaram meu corpo inteiro, perdi a noção do tempo e do espaço, me alargaram por todos os lados, chupei paus, um, dois, todos, e conforme os minutos passavam, mais puta eu me sentia e mais eu gostava.
Fiquei toda suada, metade excitação, metade loucura, tentava manter contato visual com o Pedro o tempo todo, mas o enxame de homens ao meu redor tornava isso impossível, eu gritava, gemia, chorava...
Daria pra contar muitos detalhes do sexo em si, mas acho que não vem ao caso...
Só resumindo que, quando acabou, a cama parecia um campo minado, tinha perdido a conta de quanta porra engoli e quantas rolas chupei, minha mandíbula estava meio cãibrada, minha buceta transbordava porra e doía lá no fundo de tanta vara que levei, meu cu eu já não sentia mais e estava tão aberto que não conseguia fechar, meus peitos doíam, não dava nem pra encostar nos bicos, tinha pinceladas de esperma por todo lado, por todo meu corpo, pela minha rosto, até nos meus cabelos, de um lado Pedro parecia o homem mais feliz da terra, com aquele sorriso no rosto que tanto me apaixonava, olhei pra ele deitada de lado, não tinha forças nem pra me levantar, caralho, que porra eles me deram! Só respondi ao sorriso dele, fechei os olhos e dormi.
Pouco depois Pedro estava realmente mal, fazia quinze dias que estava internado com prognóstico reservado, tinha perdido muito peso e estava prostrado na cama, por minha parte tinha algo que estava mudado em mim, não me sentia bem de saúde e a ausência da minha menstruação me fez suspeitar, comprei um teste de gravidez, sim! positivo!!!
Corri pra contar pro Pedro, sentei do lado dele e falei devagar
- Meu amor, não sei se você me escuta, mas tenho uma notícia pra te dar, vamos ser pais!
Uma lágrima escorria pelo meu rosto naquele momento, Pedro parecia inconsciente e não soube se ele realmente podia ouvir o que eu dizia, não fazia a menor puta ideia de quem era realmente aquele espermatozoide, mas pra mim, sem dúvidas o amor que o Pedro sentia por mim o tornava o pai.
Pedro faleceu no dia seguinte, não foi muita gente no velório dele, apesar de avisar todos os ‘amigos’ dele, só três foram um pouquinho, como pra cumprir tabela, estranhei não ver o Ezequiel. Meus pais também foram, me fizeram companhia e esqueceram velhas mágoas, claro, sem imaginar tudo que estou contando.
Passaram alguns vizinhos, amigos da vida, parentes, vocês sabem…
Muitos me perguntaram pela ex-mulher dele, uma ausência notória, só a Bianca, a filha dele, minha amiga perdida que fazia anos que não via, ficou do lado do pai, mas não trocamos uma palavra, só trocamos uns olhares…
Hoje estou reconstruindo minha vida, e estou apaixonada de novo por um homem da minha idade, algo mais normal, longe de toda essa loucura, o pequeno Pedro vai fazer três anos, de alguma forma, ele sempre vai me lembrar do pai dele, o amor da minha vida…
Quer fazer comentários sobre esse relato? Claro, aqui está a tradução:
escreva para mim com o título ‘A PUTA DO PEDRO’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
1 comentários - A puta do Pedro