Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
dulces.placeres@live.com
LA DUEÑA DE MI CORAZON
Para entender mi presente hay que conocer mi pasado.
No conocí a mis padres, según me contaron, cuando nací mi mamá tuvo algunos problemas con el post parto, un virus, al menos eso dijeron los médicos en ese entonces, empezó con picos de fiebre y en un par de semanas entró en coma, nunca salió del hospital, falleció semanas después.
Para mi padre todo se hizo cuesta arriba, había perdido al amor de su vida y vio en mi la causa de su desdicha, me dicen que no me quería, no podía soportar lo que había sucedido, empezó a beber para curar sus heridas y se metió en un camino sin retorno, y cuando yo estaba por cumplir dos años se metió su revolver por la boca y se pegó un tiro.
Yo no tengo conciencia ni recuerdos de todo esto, solo conozco sus rostros por fotos y es todo lo que se de ellos.
Cuando mi papá dejó este mundo me transformé en una incómoda carga para el resto de la familia, deambulé de casa en casa, de parientes que me pasaban de mano en mano, es que todos ya tenían familia formada, y por distintos motivos, no cuadraba en ningún sitio. Todos concluyeron que Amalia, la hermana mayor de papá, la solterona, era la mejor opción para mi futuro, ella reunía todas las condiciones, no tenía compromisos, no tenía niños, y tenía un muy buen pasar económico. Ahora bien, esa era la mejor solución para todos, menos para mi tía, ella era solterona por decisión propia, egocéntrica, de mal carácter, no le interesaba compartir su vida con nadie, un hombre a diario en su cama solo suponía problemas y ella solo estaba disponible para si misma. Y si los hombres no entraban en su vida, los niños menos, los niños implicaban responsabilidad, tiempo, dinero, problemas y sobre todo, la posibilidad de encariñarse con alguien, cosa que ella no estaba dispuesta a discutir.
Como fuera, le encajaron el paquete a la tía Amalia, y eso es todo lo que fui para ella, una carga en su vida.
Siempre sentí que en su mundo yo tenía la misma importancia que Miska, su amada gata, nunca me mostró afecto, fría como el hielo y necesité buscar afuera lo que en casa no tenía. Así me la pasaba en la calle, haciendo amigos de la vida y conforme pasaban los días las discordias con mi tía iban en aumento, ella trataba de enjaularme como a una fiera, y yo, empecé a tomar coraje para enfrentarla, y nuestros cruces se hicieron ácidos, hirientes y solo iba casa a dormir, los gritos eran moneda corriente y ella amenazaba una y otra vez con dejarme en la calle, sus reproches eran moneda corriente, que era una desagradecida, una mala niña y me refregaba en la cara que de no ser por ella hubiera terminado en un orfanato. Sin dudas eso era verdad, pero cual era mi culpa? yo no había elegido venir al mundo,
No necesité que me empujara a la calle, vivir con ella era vivir en el infierno y nada podía ser peor, tenía doce años cuando dejé para siempre esa vieja arpía, me juré jamás volver a verla, ni a ella ni a nadie de la que decía ser mi familia.
Mi hogar fue la calle, y un año después tendría mi primera experiencia íntima, con otra chica con la que nos llevábamos bien, ella era dos años mayor y solo fue un beso de curiosidad, quería saber que se sentía y fue solo eso, un beso en los labios, simple, puro, un beso que había logrado mover en mi muchas cosas de un prematuro despertar sexual.
Y seguí mi camino, soñaba con ser la cantante se una banda de rock, pero a pesar de mi juventud, sabía que mi futuro terminaría en la prostitución o en la drogadicción, veía en las chicas mayores con las que me frecuentaba un espejo de lo que sería en poco tiempo así que me las arreglé para retomar mis estudios en una escuela nocturna donde no preguntaban mucho, tenía quince y debía ser muy cautelosa y pasar desapercibida para no terminar en un correccional de menores.
También conseguí un empleo a medio tiempo, eran unas monedas en un bar por lavar los trastos sucios de la noche anterior, pero me alcanzaba para mantener mi dignidad y poder sobrevivir.
María era la dueña de ese bar, una abuela muy noble de blancos cabellos, al verme tan laboriosa se apiadó de mí y me arrendó en forma clandestina un humilde cuarto para que pudiera dormir y alejarme de las calles, lentamente mi vida empezaba a acomodarse, nunca daba explicaciones a nadie, ni de dónde venía, ni a donde iba, no tenía por qué hacerlo, era dueña de mi propio destino.
La anciana tenía una nieta de mi edad, una colorada de ojos celestes con la que congeniamos rápidamente, y fue en verdad la primera persona con la que hice el amor, donde fue más que un simple beso.
Ella venía a mi cuarto a escondidas, porque en su entorno nadie hubiese tolerado una relación entre chicas, y nuestros encuentros eran rápidos y muy explosivos.
Todo estaba bien en mi vida, hasta que a los diecisiete apareció Cristian, el primer hombre en mi vida, un nuevo cliente del bar que venía a diario a almorzar en medio de su trabajo.
A esa altura yo ya solía atender las mesas y todo empezó cuando me arrancó una sonrisa, y de sonrisas pasamos a caminatas, de caminatas a besos y sin darme cuentas estaba teniendo sexo con un chico, y todo fue muy rico.
Por un tiempo mantuve una doble relación, Con Natalia, la colorada de ojos celestes por un lado y con Cristian, el chico del bar por otro, descubrí que lo mismo me daba, una mujer o un hombre, una vagina o un pene. Solo un detalle, Cristian sabía de mis amoríos con Natalia y más de una vez fantaseábamos con un trío, pero debía mantener a mi chico alejado de todo esto, Natalia no sabía nada sobre Cristian, y ella era muy celosa y posesiva, sabía que estaba enamorada de mí, no le iban los chicos, y no le iba nadie que estuviera cerca mío.
Con los dieciocho años llegaría un alivio, mi mayoría de edad, había pasado todas las tormentas de la vida y no había sucumbido, era decente, tenía un empleo y estaba avanzada en mis estudios. Fue en esos días cuando mi chico vino con una propuesta laboral bajo el brazo y me propuso mudarnos juntos, pasaríamos de vivir al pie de los cerros a orillas del mar, a mil kilómetros de distancia, de una punta del país a la otra. Sabía que no amaba a Cristian, es cierto, solo estaba bien y disfrutaba su compañía, solo eso, pero tenía en mis manos una oportunidad que no podía dejar pasar, un cambio, un crecimiento personal, dinero, algo que no se daba muy a menudo.
Armé mi maleta, con mis pocas prendas y mi bagaje de ilusiones, y solo desaparecí, fui cobarde, no tuve la cara para agradecerle a la vieja María todo lo que había hecho por mí, y menos para mirar a los ojos a Natalia y romperle el corazón, solo me esfumé como una sombra en la noche, como alguna vez había dejado atrás a mi tía Amalia, solo cerrar una puerta para abrir otra.
Y fue cuando conocí el mar, la playas, pisar la arena con los pies descalzos, el calor del sol en mi piel, el aroma del agua salada, algo que hasta ese momento solo había visto en películas y también vi crecer a Cristian en su incipiente negocio inmobiliario.
Dos años después terminaba mi relación con mi pareja, el quería más de mí, quería profundizar el compromiso, él pensaba en un hogar, en tener hijos, tener raíces, y yo por el contrario solo quería ser libre, no lo vi necesario y empezaron los roces.
Yo disfrutaba mucho ir a la playa a tomar sol, y ya tenía un cuerpo muy bien formado, ya saben, y llamaba la atención con mi larga cabellera morena y en especial con el generoso tamaño de mis pechos, fue cuando apareció Tobías en mi vida, un cuarenton musculoso lleno de anillos, apareció de la nada y se sentó a mi lado, me comentó que representaba modelos y que siempre andaba a la búsqueda de nuevos talentos, y que mi perfil pulposo, mi altura, y mi rostro singular daban para imaginar, yo solo lo dejé hablar sin saber dónde terminaría todo, pero la vida me había enseñado a tomar oportunidades, cada oportunidad que se presentara en el camino.
No di respuesta ese día, pero si dejé una puerta abierta a ese hombre al darle mi nombre y permitir que agendara mi celular. Me llamó un par de veces y empezamos a contactarnos por correo electrónico, en esos días no existía el WhatsApp, a todo esto, mientras frecuentaba a Tobías por escrito, poco a poco iba cerrando mi historia junto a Cristian, el futuro pisaba mi pasado y mi vida cambió de repente.
Empezó a pedirme algunas fotografías subidas de tono, como para 'ver la mercadería' y empezar a darle forma a sus nuevos proyectos. Confieso que en ese momento me dió mucho pudor, yo no era una chica de hacer esas cosas, pero conforme tomé mi cámara digital y empecé a tomarme fotos, con el formato en el que hoy en día se llaman selfies, comencé a sentirme a gusto, me vi bonita, sexi, y se me fue haciendo natural. Claro, era lo suficientemente precavida como para no mezclar en un cuadro mi rostro y mi cuerpo desnudo. Aun guardo alguna de esas tomas, como la que les regalo en este texto.
Así fue como el cuarentón se transformó en mi representante, aprendí a modelar y empecé a conocer muchas chicas bonitas.
Casi sin darme cuenta, como una tonta, en los siguientes siete años pasaría por todo lo que había evitado con anterioridad, me transformé en lo que nunca quise ser, lo disfruté cierto, pero no era lo que quería, toda mi adolescencia había luchado por no ser una prostituta, y ahora una mujer con cierta madurez mental, corría tras una promesa de dinero y se transformaba en una putita del montón.
Tobías era un tipo muy hábil para los negocios, empezó a promocionarme, eventos por la noche, lugares donde necesitaran un cuerpo bonito, fiestas nocturnas, concursos de 'bikini open' en playa, y todo lo que significara dinero. Ahora bien, hablando de dinero, él se quedaba con casi todo y yo recibía una pequeña parte, lo suficiente para arrendar un lindo piso y no mucho más, tenerme la rienda corta era la mejor manera que mantener a su yegua bajo control.
Y en esa fiestas empezaron los desvíos, alcohol, descontrol, siempre terminaba en sexo, orgías, hombres, mujeres, uno, dos, tres, cualquiera con cualquiera, bizarro, lo que imaginen, era normal, besarme con extraños y extrañas, intimar con personas que seguramente no volvería a ver al día siguiente, o personas que jamás sabría siquiera como se llamaban, y no se confundan, no lo hacía por plata, lo hacía por placer, me había reprimido muchos años, y ahora se habían abierto las puertas del infierno, y amaba el infiero.
En esos años deambulé en una fragilidad amorosa, en relaciones sumamente inestables, volátiles y explosivas, a veces convivía con algún chico, a veces con alguna chica, lo mismo me daba, toda relación terminaba más rápido de lo que empezaba, a veces deambulaba entre dos o tres relaciones al mismo tiempo, infidelidades, celos, problemas...
Repasando mi vida concluí que al igual que mi tía la solterona no quería enamorarme, no quería compromisos, nada a largo plazo, pero mis motivos eran diferentes, nunca me habían querido, siempre me sentí el desprecio del mundo, y tenía terror a un abandono, vivía sumergida en una coraza para evitar que me lastimaran, porque no hubiera podido tolerarlo.
Pero ella aparecería en mi vida...
Estaba llegando a los treinta y para Tobías no tenía mucho futuro, estaba ya vieja para sus negocios y siempre aparecían nuevas chicas, Alma era una de ellas, apenas tenía veintitrés, nos conocimos una noche, en una fiesta, algunos hombres nos animaron a que tuviéramos un juego lésbico, algo que enloquece a los chicos y siendo dos extrañas nos comimos las bocas, los pechos y nos fundimos ronroneando como gatas, todo esto antes de terminar en un enredo loco entre hombres, mujeres y alcohol.
Cuando me desperté, estaba mirando al techo, y la cabeza de la joven descansaba sobre mi vientre, profundamente dormida, su baba había chorreado desde su boca, mojando mi piel.
Tenía el cabello lacio, un cutis delicado y a pesar de su maquillaje, de sus ojos pintados, de su rímel corrido, de sus labios aun impregnados en pintura labial, pude ver el tierno rostro de una niña pura e inocente.
Solo acaricié sus cabellos hacia atrás para contemplar sus facciones de lleno antes de zamarrearla para despertarla.
Fue la primera vez que hablamos, cuando le dije mi nombre, cuando me dijo el suyo, cuando cambiamos sonrisas. Me dijo que le gustaba la playa, tomar sol, así que concluimos que seguramente ya nos volveríamos a ver.
Sucedió tres días después, estaba jugando vóley playa y me quedé embobada observando sus curvas que arrancaba suspiros a los casuales caballeros que pasaban por el lugar y fue el comienzo de todo.
Nos hicimos compinches, la pasábamos muy bien juntas y propuso probar vivir bajo el mismo techo, como amigas, claro, cada una con su vida, pero compartir un departamento traería beneficios económicos para ambas, así que me mudé nuevamente, corrió su cama hacia una de las paredes y me dejó el otro extremo del cuarto para mí, casualmente el mejor lugar, donde estaba un amplio ventanal con vista al mar.
Y nuestra convivencia fue de lo mejor, compartíamos todo, o casi todo, y nuestros encuentros sexuales en fiestas nada tenían que ver con nuestra incipiente relación.
Después de un tiempo decidimos juntar nuestras camas, una contra la otra, y más adelante terminaríamos comprando una sola doble plaza, para dormir juntas, y en esa cama era solo dormir.
Alma y yo íbamos juntas a todas partes, ella me llamaba 'corazón', decía que éramos 'corazón y alma', y la puta que veía vestida cada noche, contrastaba con la niña de amplio pijama rosa que observaba cada mañana cepillándose los dientes, en sus pantuflas con oreja de conejo.
Y pasó lo que debía pasar, fuimos a la cama a ver una película, y empezamos con cosquillas y una cosa llevó a otra y terminamos haciendo el amor, puro, dulce, hermoso.
Esa noche, después de hacerlo, ella se quedó dormida a mi lado, pero yo me quedé despierta, sin poder conciliar el sueño, recordando la forma en que le había dicho que la amaba, muchas veces lo había dicho con liviandad a mis parejas solo para complacerlas, pero ahora sentía que esas palabras habían salido de mi corazón, y eso me aterrorizaba, en verdad me estaba enamorando y eso no podía permitirlo, no podía dejar que las cosas se salieran de control.
Los días siguieron su curso, y Alma caló profundo en mí, me enamoré perdidamente de ella, y con treinta y dos años me había desentendido de mis días de modelaje, de Tobías y de toda esa mierda, ahora tenía un emprendimiento personal de huerta orgánica y solo quería vivir para ella. Ahí empezaron los problemas, puesto que ella estaba muy a gusto con lo que hacía y no pensaba cambiar así como así, vi en ella un espejo de lo que yo había sido, tomar cada oportunidad que se presentara y aunque me decía a diario que me amaba, sabía en lo profundo de mi corazón que sus palabras eran tan vacías como alguna vez yo se las decía a Natalia, la colorada de ojos celestes en ese cuarto a media luz.
Y solo que mas podía hacer? no podía obligarla, no podía dejarla, y no hubiera aceptado que ella lo hiciera, solo debía cargar con mi cruz y hacer todo lo posible para asirla a mi lado.
De todas maneras, al fin había encontrado lo que siempre había buscado, pero ese mes de Setiembre, empezaría el principio del fin…
Com a chegada de setembro, quando a primavera se aproxima e os raios de sol começam a ficar mais fortes, a gente volta a curtir a areia, e foi lá que eu e Alma fomos, depois de vinte minutos de transporte público com nossas bagagens nas costas, chegamos e armamos nossas esteiras, nossas bolsas, nossas coisas. Ainda estávamos com os biquínis da temporada passada, ela usava uma maiô inteiro, tentaram emplacar essa moda, mas sem muito sucesso, tinha que ter um corpo espetacular pra valorizar, e a maioria das mulheres não ficava bem, mas nela ficava uma delícia, com a particularidade de ter recortes tão profundos nas pernas que só deixavam a bunda dela totalmente de fora, e quando eu passava protetor na pele dela, a beleza dela me parecia tão irresistível quanto invejável.
Já eu preferia os conjuntinhos tradicionais de duas peças, onde podia mostrar um pouco aqui e um pouco ali, especialmente valorizar meus peitos, meu ponto forte. Alma se deitou de bruços, eu de barriga pra cima, coloquei uma música baixinha, pra se misturar com o som das ondas quebrando na costa e a brisa zunindo nos nossos ouvidos como se fossem conchas.
Eu tava feliz, e embora fôssemos um casal, pro nosso círculo, numa sociedade que ainda não aceita muita coisa, a gente só fingia ser duas amigas curtindo um dia de praia, só isso, e foi isso que aqueles caras que se aproximaram perceberam, quase sem querer a gente já tava conversando com três rapazes que tinham aparecido do nada e com a desculpa de dividir um mate começamos a bater um papo num jogo inocente de palavras, algo comum que acontecia de vez em quando.
Eles tinham uns trinta anos em média, jovens pra mim, não pra ela, Romeu se mostrava musculoso de academia, com um short verde água bem chamativo, com uns tatuagens nos braços e nas pernas, era tipo a voz de comando do trio, Mário, também com bíceps. Marcados, de pele morena e cabelo bem raspado, com um brinco numa das orelhas e um rosto muito bonito, embora uns óculos escuros impedissem de ver os olhos dele. Com certeza, Sergio, o terceiro, era o que não se encaixava no grupo; apesar de ter um corpo harmônico e atraente, dava pra ver que nunca tinha levantado um peso na vida. Com a pele clarinha, cabelos crespos e cacheados, parecia estar atrás dos amigos e se sentir confortável num papel secundário, sem chamar atenção, só carregando um violão nas costas. Aliás, Sergio usava uma calça xadrez, bem ridícula e fora de moda.
E o tempo foi passando, e conforme a situação se desenrolava, Alma começou a se mostrar cada vez mais puta. Tava no sangue dela e não julgo, eu teria feito o mesmo tempo atrás. Ela começou a seduzir os caras com palavras, com gestos, com poses, e que diabos, se a gente era especialista em fazer os caras ficarem loucos.
E também era óbvio o motivo de eles estarem ali: tavam farejando a presa, e nossos peitos e nossas bundas eram o centro das atenções deles.
Quando o sol começou a se pôr atrás dos prédios da cidade, Mario foi buscar umas cervejas, e Sergio já tava tocando uma música ou outra no violão, enquanto o resto da gente acompanhava com uns cantos improvisados. Nisso, uma cerveja foi atrás da outra e o álcool começou a fazer efeito, e de palavras passamos pra amassos e abraços, tão inocentes quanto perigosos.
Quando a escuridão e o frio da noite se aproximavam, já agasalhadas, decidimos encerrar o dia.
Os caras, ao saber que a gente tava a pé, se ofereceram pra levar a gente nas motos deles, e naquele momento os cinco sabiam como a história ia terminar.
Só tinha duas motos. Sergio subiu numa, a menor, com o violão nas costas, e Alma foi atrás dele. Não tinha espaço pra mais ninguém, então eu fiquei com os caras da academia: Romeo na frente, eu atrás dele e Mario nas minhas costas. me apertando para frente, pra não cair pra trás.
Assim a gente começou a caminhada, me senti sufocada entre os dois musculosos que abusavam da falsa bebedeira pra passar a mão sem vergonha. Fiquei num dilema, não queria que eles estivessem com a minha mulher, mas ainda curtia esses encontros do momento, com muito presente, sem futuro.
Assim que chegamos, o elevador foi testemunha do começo do jogo, Romeu me beijou fundo, enquanto uma mão sem vergonha se enfiava por baixo da minha saia até chegar na minha bunda, Alma de lado beijava os outros dois, direita e esquerda, e a gente entrou no apartamento tropeçando, se descabelando de tanto rir, a ponto de ter que pedir calma pra não incomodar os vizinhos.
Só demos uma pausa pra passar no chuveiro, tinha que tirar cremes e areias grudadas, sem pressa, mas sem parar, e de novo com cervejas no meio, Sérgio voltou a tocar sua guitarra.
Fui a última a tomar banho, meio neurótica com ordem e limpeza, tinha que garantir que aquele banheiro ficasse tudo mais ou menos arrumado, um lugar pra cada coisa e cada coisa no seu lugar.
Quando saí, encontrei uma surpresa deliciosa, os três homens estavam deitados na cama, um do lado do outro, com os paus duros, Alma, ajoelhada no chão, se dedicava a chupar um por um, alternando sem rumo. Eu poderia ter ido pra qualquer um dos caras, mas o que mais me chamou a atenção naquela cena foi a bunda linda da minha mulher de quatro, tão apetitosa, tão gostosa, então fui nela e comecei a acariciar, lamber, encher de beijos, passei minha língua pelo cu dela, pelos lábios depilados, bebi mais uma vez os sucos dela que escorriam como água de cachoeira, passei minhas mãos pra chegar nos peitos dela e, chegando perto do ouvido, falei baixinho:
— Não esquece que eu te amo...
Esperava uma resposta, um gesto, alguma coisa, mas Alma estava tão entregue chupando um pau que só sentia os Estalos, ela só soltou e, me pegando pela nuca, fez eu continuar o trabalho dela, me empurrando o suficiente pra fazer ela chegar na minha garganta, enquanto ela então foi pro lado do Sergio, que esperava a vez dele.
Ficamos as duas de quatro, ela com um, eu com outro, o Romeo pareceu ficar de fora, veio por trás, me deu um tapa na bunda e começou a me comer, um tempo em mim, depois foi pra Alma, e voltou pra mim, e depois pra ela, sobrava um homem na brincadeira, mas a real é que tinha buraco demais pra encher.
Sergio disse que queria me comer, sentou na cama, e eu fui por cima, peguei o pau dele entre meus dedos, era grosso, e com paciência sentei no sexo dele, só que apontei pro meu cu, e entrou fácil demais pra surpresa dele, claro, como ele ia saber quantos paus e brinquedos eu já tinha enfiado na vida, e comecei a gemer, e a me mexer, tava adorando, fechei os olhos, me perdi num sexo anal frenético, sentia a respiração quente dele na minha nuca, me esqueci do resto, que pau gostoso o do Sergio, como tava duro!!!
Os lábios da Alma me trouxeram de volta à realidade, ela procurava com a boca a minha boca, queria calar meus gemidos com os dela, virei minha cabeça pra alcançar ela, abri meus olhos, ela tava no meio dos dois musculosos que faziam uma dupla penetração nela e a faziam gritar que nem uma puta.
— Quero tudo... quero tudo pra mim...
Ela conseguiu me dizer e eu sabia o que ela queria dizer, saí de onde tava e dei o gosto a ela, o Sergio meteu o pau na boca dela e ela ficou cheia pelos três lados, só fiquei observando um tempo até o Romeo me chamar pro lado dele, começou a beijar meus peitos enquanto metia no cu da minha amada e eu comecei a me masturbar, queria pau, queria entrar de novo na brincadeira, o Romeo largou minha amiga e veio pra mim, mas eu queria minha mulher, me estiquei até arrancar o pau que ela ainda chupava pra beijar ela fundo, tão fundo quanto pude, senti roçar os mamilos dela contra os meus e isso foi foda, perfeito, me perdia de novo. Esse turbilhão de prazer onde tudo era permitido.
De repente, fiquei debaixo da buceta da minha amiga, lambendo com capricho enquanto enchia minhas mãos com os glúteos dela. Mario estava por trás, e passava o pau dele pelo cu dela, pela pussy, pela minha boca, ia de um lado pro outro curtindo cada lugar, e eu adorava passar minha língua pelo sexo da minha mulher e pelo membro de um dos musculosos.
Mas não era tão fácil assim. Um dos outros dois me pegava com força e me fazia perder a concentração. Não sei quantos orgasmos eu já tinha tido, mas estava sempre no topo do prazer. Perdi minha vontade, perdi a noção de tempo e espaço, até que o gosto de sêmen do Mario me trouxe de volta à realidade. Ele estava gozando e sujando tudo por onde passava: a intimidade da minha mulher, os lábios dela escorrendo aquele líquido esbranquiçado, e parte indo direto pra minha boca. Foi uma situação muito erótica, demais.
Romeo me puxou à força, me virou de repente. Veio por cima de mim e enfiou de novo no meu cu, forte, mais forte, mais forte. Me fazia gritar, adorava que ele foder minha bundinha. O resto só ficou olhando. Senti ele vindo, deixei ele vir. O pau dele se contraiu dentro de mim e encheu meu rabo de porra.
Fiquei largada na cama, com o cu aberto e cuspindo porra. Romeo pegou Alma pelos cabelos e, como se fosse uma puta, arrastou ela até meu rabo. Me mantiveram com as pernas abertas pra ela, com a língua, limpar tudo como uma puta. E naquele momento, eu amava o que estava acontecendo...
A dona do meu coração - parte 2
Só faltava Sergio, o de pele branca, o que tocava violão, o introvertido, o de pau grosso. Fui pros lábios de Alma, de novo beijar ela. Ela ainda tinha sucos de um homem, eu de outro, e foram beijos sexys, pegajosos, brincando com nossas tetas, tocando nossos sexos. Eles só olhavam excitados, sabíamos jogar o jogo. Sergio veio até nós e colocou o pau dele entre nossos lábios. Nós duas continuamos nos beijando, sem ligar pra aquela glande dura e quente que tentava se enfiar, acho que foi a coisa mais erótica da noite, aproveitar entre nós duas aquela pica linda sob o olhar atento dos amigos dele, num prazer infinito, acariciar aquela pica com minha língua, trombar com a língua da minha mulher, sentir gosto de porra, sentir gosto de homem. Não duraria muito mais, Sergio sentiu que ia gozar, e Alma agarrou todo o esperma pra deixar escorrer pela pele dela, enquanto eu só fiquei beijando ela pra lamber cada canto do corpo dela onde os sucos do garoto pudessem chegar.
Que a gente se comportou como duas putas? Certo, era nosso trabalho. Que a gente curtiu? Certo também, por que negar...
Só ficamos transando entre os cinco até ficar sem forças, até não aguentar mais, até cair no sono.
Eles se despediram no dia seguinte, com certeza nunca mais íamos nos ver, puta grátis é por uma noite e eles já tinham tido o suficiente, uma experiência legal, e eu precisava focar em algo, meu amor pela Alma.
Mas as coisas não terminariam aí, pelo menos pra Alma e pro Sergio, o garoto do violão, eu não soube na hora, mas eles começaram um caso clandestino, secreto, ela não queria que eu soubesse que tava saindo com aquele cara, ele não queria que os amigos dele soubessem que tava se enrolando com uma puta.
Por dois anos minha mulher brincou de esconde-esconde num caso secreto, eu amava ela com toda minha alma mas ela tinha mudado, e quando confirmei minhas suspeitas quis morrer, lembrei de novo do jogo que tinha feito anos atrás com a ruiva de olhos azuis, e agora eu tava no lugar dela.
Sergio tinha uma banda de rock, e agora minha Alma fazia parte dela, dava um toque sexy, enfiada em couro, fazia parte dos vocais de apoio, pegava uma nova chance e aquele idiota do violãozinho levava com ele o que eu mais queria.
Foi uma merda total, cinco anos, cinco anos torturantes a mais me custou relação, anos em que ela me pedia pra deixar ela e eu me recusava, discussões, gritos, até socos, mais de uma vez, até o Sergio entrava no meio pra acabar em paz, mas eu não conseguia...
Eu tava chegando nos quarenta, é verdade, já não era mais a gostosona dos anos anteriores, até a Alma tinha mudado, parecia mais velha e tinha perdido a forma, mas eu não ligava, eu amava ela do jeito que era, do jeito que fosse.
Comecei a beber, me sentia sozinha, de novo, minha vida era como um eterno ciclo onde tudo se repetia uma e outra vez, onde tudo parecia ter ligação, onde passado, presente e futuro se fundiam num só. Não consegui evitar me apaixonar e agora ela me fazia sentir o abandono, era demais, e nas últimas discussões a Alma me chamava de 'sapatão suja' ou de 'frígida reprimida', quando sabia que não era verdade, quando sabia que a gente se amava, quando eu tinha dado os melhores orgasmos da minha vida pra ela.
Tinha que fazer alguma coisa, não podia só me resignar, a Alma e o Sergio não podiam simplesmente sair por cima, não, aquela mulher me pertencia, ela tinha que me amar, era só minha, minha e de mais ninguém...
Convidei eles pra casa, a ideia era me despedir deles, falei que um último jantar e pronto, jurei que ia deixar eles em paz e nunca mais incomodar, e foi assim, a gente comeu, bebeu, com nostalgia, em paz, a última noite, a última...
Quando eles abriram os olhos não entenderam o que tava rolando, o narcótico fez mais efeito do que eu esperava, mas finalmente eu tinha toda a atenção, tentaram se levantar, mas não conseguiram, as cadeiras colocadas costas com costas, e as correntes que eu tinha enrolado nos corpos deles os mantinha imóveis, quiseram falar, mas também não conseguiram, as mordaças estavam apertadas demais, me olharam sem entender, eu já não tinha palavras pra eles.
Fui pegar o galão com gasolina que tinha preparado e comecei a molhar eles, enquanto fazia isso só falei que era uma pena que as coisas terminassem assim, que eles não entendessem, mas... Ela era uma mulher de palavra, e nunca mais iria incomodá-los.
Vi a resignação nos olhos do Sergio, e o terror nos da Alma, minha amada Alma...
Foi só acender um fósforo, sentir o atrito da palha contra a lixa, sentir aquele cheiro tão característico e pronto...
Respirei fundo, fechei os olhos, as lágrimas caíam, os gritos abafados pelas mordaças chegaram aos meus ouvidos, depois o cheiro de carne assando atingiu meu olfato, só fiquei sentindo tudo começar a queimar ao redor até que o calor das chamas me fez recuar, fechei a porta do apartamento e desci com uma calma assustadora pelo elevador.
Na calçada, já se amontoavam as pessoas alertadas pela fumaça que saía do quarto andar, fiquei olhando como mais uma, até sentir o barulho das sirenes dos bombeiros, policiais e ambulâncias que chegavam ao local, só virei e fui andando devagar, para lugar nenhum, para onde a vida me levasse.
Quase um mês depois, estava sentada à beira do mar, aquele mar que tantas vezes tinha compartilhado com minha amada Alma, era inverno e fazia frio, estava agasalhada, olhando o horizonte sem ver nada, só escutando o som das ondas, o vento gelado do sul fazia meu rosto doer, mas nada se comparava à dor do meu coração, meu coração ferido tinha perdido sua alma.
Senti as sirenes de novo, dessa vez só viaturas, vi descerem para a praia uns caras de azul, vinham me buscar, mais cedo ou mais tarde ia acontecer, eu sabia.
Fizeram o procedimento de rotina, já sabe, me algemaram e me levaram pra uma das viaturas que esperavam na estrada costeira.
Me levaram pra uma delegacia, me perguntavam de tudo, tudo ao mesmo tempo, mas eu não dizia nada, só me deixaram incomunicável. Um par de horas depois, apareceu um cara magrelo, uns cinquenta anos, com uma calvície começando, um bigode fino sobre os lábios, com uns tiques faciais e um terno que parecia ser um par de caralho maior, sentou na minha frente e disse que seria meu advogado, que tava sendo acusado do assassinato do Sergio Alejandro Ramos e da Alma Mia De Los Arroyos, que a evidência era esmagadora e que precisava que eu contasse o que tinha rolado.
Levantei a vista, olhei nos olhos dele e falei:
- Pra entender meu presente, tem que conhecer meu passado.
FIM
Se curtiu a história, pode me escrever com o título 'A DONA DO MEU CORAÇÃO' pra dulces.placeres@live.com
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
dulces.placeres@live.com
LA DUEÑA DE MI CORAZON
Para entender mi presente hay que conocer mi pasado.
No conocí a mis padres, según me contaron, cuando nací mi mamá tuvo algunos problemas con el post parto, un virus, al menos eso dijeron los médicos en ese entonces, empezó con picos de fiebre y en un par de semanas entró en coma, nunca salió del hospital, falleció semanas después.
Para mi padre todo se hizo cuesta arriba, había perdido al amor de su vida y vio en mi la causa de su desdicha, me dicen que no me quería, no podía soportar lo que había sucedido, empezó a beber para curar sus heridas y se metió en un camino sin retorno, y cuando yo estaba por cumplir dos años se metió su revolver por la boca y se pegó un tiro.
Yo no tengo conciencia ni recuerdos de todo esto, solo conozco sus rostros por fotos y es todo lo que se de ellos.
Cuando mi papá dejó este mundo me transformé en una incómoda carga para el resto de la familia, deambulé de casa en casa, de parientes que me pasaban de mano en mano, es que todos ya tenían familia formada, y por distintos motivos, no cuadraba en ningún sitio. Todos concluyeron que Amalia, la hermana mayor de papá, la solterona, era la mejor opción para mi futuro, ella reunía todas las condiciones, no tenía compromisos, no tenía niños, y tenía un muy buen pasar económico. Ahora bien, esa era la mejor solución para todos, menos para mi tía, ella era solterona por decisión propia, egocéntrica, de mal carácter, no le interesaba compartir su vida con nadie, un hombre a diario en su cama solo suponía problemas y ella solo estaba disponible para si misma. Y si los hombres no entraban en su vida, los niños menos, los niños implicaban responsabilidad, tiempo, dinero, problemas y sobre todo, la posibilidad de encariñarse con alguien, cosa que ella no estaba dispuesta a discutir.
Como fuera, le encajaron el paquete a la tía Amalia, y eso es todo lo que fui para ella, una carga en su vida.
Siempre sentí que en su mundo yo tenía la misma importancia que Miska, su amada gata, nunca me mostró afecto, fría como el hielo y necesité buscar afuera lo que en casa no tenía. Así me la pasaba en la calle, haciendo amigos de la vida y conforme pasaban los días las discordias con mi tía iban en aumento, ella trataba de enjaularme como a una fiera, y yo, empecé a tomar coraje para enfrentarla, y nuestros cruces se hicieron ácidos, hirientes y solo iba casa a dormir, los gritos eran moneda corriente y ella amenazaba una y otra vez con dejarme en la calle, sus reproches eran moneda corriente, que era una desagradecida, una mala niña y me refregaba en la cara que de no ser por ella hubiera terminado en un orfanato. Sin dudas eso era verdad, pero cual era mi culpa? yo no había elegido venir al mundo,
No necesité que me empujara a la calle, vivir con ella era vivir en el infierno y nada podía ser peor, tenía doce años cuando dejé para siempre esa vieja arpía, me juré jamás volver a verla, ni a ella ni a nadie de la que decía ser mi familia.
Mi hogar fue la calle, y un año después tendría mi primera experiencia íntima, con otra chica con la que nos llevábamos bien, ella era dos años mayor y solo fue un beso de curiosidad, quería saber que se sentía y fue solo eso, un beso en los labios, simple, puro, un beso que había logrado mover en mi muchas cosas de un prematuro despertar sexual.
Y seguí mi camino, soñaba con ser la cantante se una banda de rock, pero a pesar de mi juventud, sabía que mi futuro terminaría en la prostitución o en la drogadicción, veía en las chicas mayores con las que me frecuentaba un espejo de lo que sería en poco tiempo así que me las arreglé para retomar mis estudios en una escuela nocturna donde no preguntaban mucho, tenía quince y debía ser muy cautelosa y pasar desapercibida para no terminar en un correccional de menores.
También conseguí un empleo a medio tiempo, eran unas monedas en un bar por lavar los trastos sucios de la noche anterior, pero me alcanzaba para mantener mi dignidad y poder sobrevivir.
María era la dueña de ese bar, una abuela muy noble de blancos cabellos, al verme tan laboriosa se apiadó de mí y me arrendó en forma clandestina un humilde cuarto para que pudiera dormir y alejarme de las calles, lentamente mi vida empezaba a acomodarse, nunca daba explicaciones a nadie, ni de dónde venía, ni a donde iba, no tenía por qué hacerlo, era dueña de mi propio destino.
La anciana tenía una nieta de mi edad, una colorada de ojos celestes con la que congeniamos rápidamente, y fue en verdad la primera persona con la que hice el amor, donde fue más que un simple beso.
Ella venía a mi cuarto a escondidas, porque en su entorno nadie hubiese tolerado una relación entre chicas, y nuestros encuentros eran rápidos y muy explosivos.
Todo estaba bien en mi vida, hasta que a los diecisiete apareció Cristian, el primer hombre en mi vida, un nuevo cliente del bar que venía a diario a almorzar en medio de su trabajo.
A esa altura yo ya solía atender las mesas y todo empezó cuando me arrancó una sonrisa, y de sonrisas pasamos a caminatas, de caminatas a besos y sin darme cuentas estaba teniendo sexo con un chico, y todo fue muy rico.
Por un tiempo mantuve una doble relación, Con Natalia, la colorada de ojos celestes por un lado y con Cristian, el chico del bar por otro, descubrí que lo mismo me daba, una mujer o un hombre, una vagina o un pene. Solo un detalle, Cristian sabía de mis amoríos con Natalia y más de una vez fantaseábamos con un trío, pero debía mantener a mi chico alejado de todo esto, Natalia no sabía nada sobre Cristian, y ella era muy celosa y posesiva, sabía que estaba enamorada de mí, no le iban los chicos, y no le iba nadie que estuviera cerca mío.
Con los dieciocho años llegaría un alivio, mi mayoría de edad, había pasado todas las tormentas de la vida y no había sucumbido, era decente, tenía un empleo y estaba avanzada en mis estudios. Fue en esos días cuando mi chico vino con una propuesta laboral bajo el brazo y me propuso mudarnos juntos, pasaríamos de vivir al pie de los cerros a orillas del mar, a mil kilómetros de distancia, de una punta del país a la otra. Sabía que no amaba a Cristian, es cierto, solo estaba bien y disfrutaba su compañía, solo eso, pero tenía en mis manos una oportunidad que no podía dejar pasar, un cambio, un crecimiento personal, dinero, algo que no se daba muy a menudo.
Armé mi maleta, con mis pocas prendas y mi bagaje de ilusiones, y solo desaparecí, fui cobarde, no tuve la cara para agradecerle a la vieja María todo lo que había hecho por mí, y menos para mirar a los ojos a Natalia y romperle el corazón, solo me esfumé como una sombra en la noche, como alguna vez había dejado atrás a mi tía Amalia, solo cerrar una puerta para abrir otra.
Y fue cuando conocí el mar, la playas, pisar la arena con los pies descalzos, el calor del sol en mi piel, el aroma del agua salada, algo que hasta ese momento solo había visto en películas y también vi crecer a Cristian en su incipiente negocio inmobiliario.
Dos años después terminaba mi relación con mi pareja, el quería más de mí, quería profundizar el compromiso, él pensaba en un hogar, en tener hijos, tener raíces, y yo por el contrario solo quería ser libre, no lo vi necesario y empezaron los roces.
Yo disfrutaba mucho ir a la playa a tomar sol, y ya tenía un cuerpo muy bien formado, ya saben, y llamaba la atención con mi larga cabellera morena y en especial con el generoso tamaño de mis pechos, fue cuando apareció Tobías en mi vida, un cuarenton musculoso lleno de anillos, apareció de la nada y se sentó a mi lado, me comentó que representaba modelos y que siempre andaba a la búsqueda de nuevos talentos, y que mi perfil pulposo, mi altura, y mi rostro singular daban para imaginar, yo solo lo dejé hablar sin saber dónde terminaría todo, pero la vida me había enseñado a tomar oportunidades, cada oportunidad que se presentara en el camino.
No di respuesta ese día, pero si dejé una puerta abierta a ese hombre al darle mi nombre y permitir que agendara mi celular. Me llamó un par de veces y empezamos a contactarnos por correo electrónico, en esos días no existía el WhatsApp, a todo esto, mientras frecuentaba a Tobías por escrito, poco a poco iba cerrando mi historia junto a Cristian, el futuro pisaba mi pasado y mi vida cambió de repente.
Empezó a pedirme algunas fotografías subidas de tono, como para 'ver la mercadería' y empezar a darle forma a sus nuevos proyectos. Confieso que en ese momento me dió mucho pudor, yo no era una chica de hacer esas cosas, pero conforme tomé mi cámara digital y empecé a tomarme fotos, con el formato en el que hoy en día se llaman selfies, comencé a sentirme a gusto, me vi bonita, sexi, y se me fue haciendo natural. Claro, era lo suficientemente precavida como para no mezclar en un cuadro mi rostro y mi cuerpo desnudo. Aun guardo alguna de esas tomas, como la que les regalo en este texto.
Así fue como el cuarentón se transformó en mi representante, aprendí a modelar y empecé a conocer muchas chicas bonitas.
Casi sin darme cuenta, como una tonta, en los siguientes siete años pasaría por todo lo que había evitado con anterioridad, me transformé en lo que nunca quise ser, lo disfruté cierto, pero no era lo que quería, toda mi adolescencia había luchado por no ser una prostituta, y ahora una mujer con cierta madurez mental, corría tras una promesa de dinero y se transformaba en una putita del montón.
Tobías era un tipo muy hábil para los negocios, empezó a promocionarme, eventos por la noche, lugares donde necesitaran un cuerpo bonito, fiestas nocturnas, concursos de 'bikini open' en playa, y todo lo que significara dinero. Ahora bien, hablando de dinero, él se quedaba con casi todo y yo recibía una pequeña parte, lo suficiente para arrendar un lindo piso y no mucho más, tenerme la rienda corta era la mejor manera que mantener a su yegua bajo control.
Y en esa fiestas empezaron los desvíos, alcohol, descontrol, siempre terminaba en sexo, orgías, hombres, mujeres, uno, dos, tres, cualquiera con cualquiera, bizarro, lo que imaginen, era normal, besarme con extraños y extrañas, intimar con personas que seguramente no volvería a ver al día siguiente, o personas que jamás sabría siquiera como se llamaban, y no se confundan, no lo hacía por plata, lo hacía por placer, me había reprimido muchos años, y ahora se habían abierto las puertas del infierno, y amaba el infiero.
En esos años deambulé en una fragilidad amorosa, en relaciones sumamente inestables, volátiles y explosivas, a veces convivía con algún chico, a veces con alguna chica, lo mismo me daba, toda relación terminaba más rápido de lo que empezaba, a veces deambulaba entre dos o tres relaciones al mismo tiempo, infidelidades, celos, problemas...
Repasando mi vida concluí que al igual que mi tía la solterona no quería enamorarme, no quería compromisos, nada a largo plazo, pero mis motivos eran diferentes, nunca me habían querido, siempre me sentí el desprecio del mundo, y tenía terror a un abandono, vivía sumergida en una coraza para evitar que me lastimaran, porque no hubiera podido tolerarlo.
Pero ella aparecería en mi vida...
Estaba llegando a los treinta y para Tobías no tenía mucho futuro, estaba ya vieja para sus negocios y siempre aparecían nuevas chicas, Alma era una de ellas, apenas tenía veintitrés, nos conocimos una noche, en una fiesta, algunos hombres nos animaron a que tuviéramos un juego lésbico, algo que enloquece a los chicos y siendo dos extrañas nos comimos las bocas, los pechos y nos fundimos ronroneando como gatas, todo esto antes de terminar en un enredo loco entre hombres, mujeres y alcohol.
Cuando me desperté, estaba mirando al techo, y la cabeza de la joven descansaba sobre mi vientre, profundamente dormida, su baba había chorreado desde su boca, mojando mi piel.
Tenía el cabello lacio, un cutis delicado y a pesar de su maquillaje, de sus ojos pintados, de su rímel corrido, de sus labios aun impregnados en pintura labial, pude ver el tierno rostro de una niña pura e inocente.
Solo acaricié sus cabellos hacia atrás para contemplar sus facciones de lleno antes de zamarrearla para despertarla.
Fue la primera vez que hablamos, cuando le dije mi nombre, cuando me dijo el suyo, cuando cambiamos sonrisas. Me dijo que le gustaba la playa, tomar sol, así que concluimos que seguramente ya nos volveríamos a ver.
Sucedió tres días después, estaba jugando vóley playa y me quedé embobada observando sus curvas que arrancaba suspiros a los casuales caballeros que pasaban por el lugar y fue el comienzo de todo.
Nos hicimos compinches, la pasábamos muy bien juntas y propuso probar vivir bajo el mismo techo, como amigas, claro, cada una con su vida, pero compartir un departamento traería beneficios económicos para ambas, así que me mudé nuevamente, corrió su cama hacia una de las paredes y me dejó el otro extremo del cuarto para mí, casualmente el mejor lugar, donde estaba un amplio ventanal con vista al mar.
Y nuestra convivencia fue de lo mejor, compartíamos todo, o casi todo, y nuestros encuentros sexuales en fiestas nada tenían que ver con nuestra incipiente relación.
Después de un tiempo decidimos juntar nuestras camas, una contra la otra, y más adelante terminaríamos comprando una sola doble plaza, para dormir juntas, y en esa cama era solo dormir.
Alma y yo íbamos juntas a todas partes, ella me llamaba 'corazón', decía que éramos 'corazón y alma', y la puta que veía vestida cada noche, contrastaba con la niña de amplio pijama rosa que observaba cada mañana cepillándose los dientes, en sus pantuflas con oreja de conejo.
Y pasó lo que debía pasar, fuimos a la cama a ver una película, y empezamos con cosquillas y una cosa llevó a otra y terminamos haciendo el amor, puro, dulce, hermoso.
Esa noche, después de hacerlo, ella se quedó dormida a mi lado, pero yo me quedé despierta, sin poder conciliar el sueño, recordando la forma en que le había dicho que la amaba, muchas veces lo había dicho con liviandad a mis parejas solo para complacerlas, pero ahora sentía que esas palabras habían salido de mi corazón, y eso me aterrorizaba, en verdad me estaba enamorando y eso no podía permitirlo, no podía dejar que las cosas se salieran de control.
Los días siguieron su curso, y Alma caló profundo en mí, me enamoré perdidamente de ella, y con treinta y dos años me había desentendido de mis días de modelaje, de Tobías y de toda esa mierda, ahora tenía un emprendimiento personal de huerta orgánica y solo quería vivir para ella. Ahí empezaron los problemas, puesto que ella estaba muy a gusto con lo que hacía y no pensaba cambiar así como así, vi en ella un espejo de lo que yo había sido, tomar cada oportunidad que se presentara y aunque me decía a diario que me amaba, sabía en lo profundo de mi corazón que sus palabras eran tan vacías como alguna vez yo se las decía a Natalia, la colorada de ojos celestes en ese cuarto a media luz.
Y solo que mas podía hacer? no podía obligarla, no podía dejarla, y no hubiera aceptado que ella lo hiciera, solo debía cargar con mi cruz y hacer todo lo posible para asirla a mi lado.
De todas maneras, al fin había encontrado lo que siempre había buscado, pero ese mes de Setiembre, empezaría el principio del fin…
Com a chegada de setembro, quando a primavera se aproxima e os raios de sol começam a ficar mais fortes, a gente volta a curtir a areia, e foi lá que eu e Alma fomos, depois de vinte minutos de transporte público com nossas bagagens nas costas, chegamos e armamos nossas esteiras, nossas bolsas, nossas coisas. Ainda estávamos com os biquínis da temporada passada, ela usava uma maiô inteiro, tentaram emplacar essa moda, mas sem muito sucesso, tinha que ter um corpo espetacular pra valorizar, e a maioria das mulheres não ficava bem, mas nela ficava uma delícia, com a particularidade de ter recortes tão profundos nas pernas que só deixavam a bunda dela totalmente de fora, e quando eu passava protetor na pele dela, a beleza dela me parecia tão irresistível quanto invejável.Já eu preferia os conjuntinhos tradicionais de duas peças, onde podia mostrar um pouco aqui e um pouco ali, especialmente valorizar meus peitos, meu ponto forte. Alma se deitou de bruços, eu de barriga pra cima, coloquei uma música baixinha, pra se misturar com o som das ondas quebrando na costa e a brisa zunindo nos nossos ouvidos como se fossem conchas.
Eu tava feliz, e embora fôssemos um casal, pro nosso círculo, numa sociedade que ainda não aceita muita coisa, a gente só fingia ser duas amigas curtindo um dia de praia, só isso, e foi isso que aqueles caras que se aproximaram perceberam, quase sem querer a gente já tava conversando com três rapazes que tinham aparecido do nada e com a desculpa de dividir um mate começamos a bater um papo num jogo inocente de palavras, algo comum que acontecia de vez em quando.
Eles tinham uns trinta anos em média, jovens pra mim, não pra ela, Romeu se mostrava musculoso de academia, com um short verde água bem chamativo, com uns tatuagens nos braços e nas pernas, era tipo a voz de comando do trio, Mário, também com bíceps. Marcados, de pele morena e cabelo bem raspado, com um brinco numa das orelhas e um rosto muito bonito, embora uns óculos escuros impedissem de ver os olhos dele. Com certeza, Sergio, o terceiro, era o que não se encaixava no grupo; apesar de ter um corpo harmônico e atraente, dava pra ver que nunca tinha levantado um peso na vida. Com a pele clarinha, cabelos crespos e cacheados, parecia estar atrás dos amigos e se sentir confortável num papel secundário, sem chamar atenção, só carregando um violão nas costas. Aliás, Sergio usava uma calça xadrez, bem ridícula e fora de moda.
E o tempo foi passando, e conforme a situação se desenrolava, Alma começou a se mostrar cada vez mais puta. Tava no sangue dela e não julgo, eu teria feito o mesmo tempo atrás. Ela começou a seduzir os caras com palavras, com gestos, com poses, e que diabos, se a gente era especialista em fazer os caras ficarem loucos.
E também era óbvio o motivo de eles estarem ali: tavam farejando a presa, e nossos peitos e nossas bundas eram o centro das atenções deles.
Quando o sol começou a se pôr atrás dos prédios da cidade, Mario foi buscar umas cervejas, e Sergio já tava tocando uma música ou outra no violão, enquanto o resto da gente acompanhava com uns cantos improvisados. Nisso, uma cerveja foi atrás da outra e o álcool começou a fazer efeito, e de palavras passamos pra amassos e abraços, tão inocentes quanto perigosos.
Quando a escuridão e o frio da noite se aproximavam, já agasalhadas, decidimos encerrar o dia.
Os caras, ao saber que a gente tava a pé, se ofereceram pra levar a gente nas motos deles, e naquele momento os cinco sabiam como a história ia terminar.
Só tinha duas motos. Sergio subiu numa, a menor, com o violão nas costas, e Alma foi atrás dele. Não tinha espaço pra mais ninguém, então eu fiquei com os caras da academia: Romeo na frente, eu atrás dele e Mario nas minhas costas. me apertando para frente, pra não cair pra trás.
Assim a gente começou a caminhada, me senti sufocada entre os dois musculosos que abusavam da falsa bebedeira pra passar a mão sem vergonha. Fiquei num dilema, não queria que eles estivessem com a minha mulher, mas ainda curtia esses encontros do momento, com muito presente, sem futuro.
Assim que chegamos, o elevador foi testemunha do começo do jogo, Romeu me beijou fundo, enquanto uma mão sem vergonha se enfiava por baixo da minha saia até chegar na minha bunda, Alma de lado beijava os outros dois, direita e esquerda, e a gente entrou no apartamento tropeçando, se descabelando de tanto rir, a ponto de ter que pedir calma pra não incomodar os vizinhos.
Só demos uma pausa pra passar no chuveiro, tinha que tirar cremes e areias grudadas, sem pressa, mas sem parar, e de novo com cervejas no meio, Sérgio voltou a tocar sua guitarra.
Fui a última a tomar banho, meio neurótica com ordem e limpeza, tinha que garantir que aquele banheiro ficasse tudo mais ou menos arrumado, um lugar pra cada coisa e cada coisa no seu lugar.
Quando saí, encontrei uma surpresa deliciosa, os três homens estavam deitados na cama, um do lado do outro, com os paus duros, Alma, ajoelhada no chão, se dedicava a chupar um por um, alternando sem rumo. Eu poderia ter ido pra qualquer um dos caras, mas o que mais me chamou a atenção naquela cena foi a bunda linda da minha mulher de quatro, tão apetitosa, tão gostosa, então fui nela e comecei a acariciar, lamber, encher de beijos, passei minha língua pelo cu dela, pelos lábios depilados, bebi mais uma vez os sucos dela que escorriam como água de cachoeira, passei minhas mãos pra chegar nos peitos dela e, chegando perto do ouvido, falei baixinho:
— Não esquece que eu te amo...
Esperava uma resposta, um gesto, alguma coisa, mas Alma estava tão entregue chupando um pau que só sentia os Estalos, ela só soltou e, me pegando pela nuca, fez eu continuar o trabalho dela, me empurrando o suficiente pra fazer ela chegar na minha garganta, enquanto ela então foi pro lado do Sergio, que esperava a vez dele.
Ficamos as duas de quatro, ela com um, eu com outro, o Romeo pareceu ficar de fora, veio por trás, me deu um tapa na bunda e começou a me comer, um tempo em mim, depois foi pra Alma, e voltou pra mim, e depois pra ela, sobrava um homem na brincadeira, mas a real é que tinha buraco demais pra encher.
Sergio disse que queria me comer, sentou na cama, e eu fui por cima, peguei o pau dele entre meus dedos, era grosso, e com paciência sentei no sexo dele, só que apontei pro meu cu, e entrou fácil demais pra surpresa dele, claro, como ele ia saber quantos paus e brinquedos eu já tinha enfiado na vida, e comecei a gemer, e a me mexer, tava adorando, fechei os olhos, me perdi num sexo anal frenético, sentia a respiração quente dele na minha nuca, me esqueci do resto, que pau gostoso o do Sergio, como tava duro!!!
Os lábios da Alma me trouxeram de volta à realidade, ela procurava com a boca a minha boca, queria calar meus gemidos com os dela, virei minha cabeça pra alcançar ela, abri meus olhos, ela tava no meio dos dois musculosos que faziam uma dupla penetração nela e a faziam gritar que nem uma puta.
— Quero tudo... quero tudo pra mim...
Ela conseguiu me dizer e eu sabia o que ela queria dizer, saí de onde tava e dei o gosto a ela, o Sergio meteu o pau na boca dela e ela ficou cheia pelos três lados, só fiquei observando um tempo até o Romeo me chamar pro lado dele, começou a beijar meus peitos enquanto metia no cu da minha amada e eu comecei a me masturbar, queria pau, queria entrar de novo na brincadeira, o Romeo largou minha amiga e veio pra mim, mas eu queria minha mulher, me estiquei até arrancar o pau que ela ainda chupava pra beijar ela fundo, tão fundo quanto pude, senti roçar os mamilos dela contra os meus e isso foi foda, perfeito, me perdia de novo. Esse turbilhão de prazer onde tudo era permitido.
De repente, fiquei debaixo da buceta da minha amiga, lambendo com capricho enquanto enchia minhas mãos com os glúteos dela. Mario estava por trás, e passava o pau dele pelo cu dela, pela pussy, pela minha boca, ia de um lado pro outro curtindo cada lugar, e eu adorava passar minha língua pelo sexo da minha mulher e pelo membro de um dos musculosos.
Mas não era tão fácil assim. Um dos outros dois me pegava com força e me fazia perder a concentração. Não sei quantos orgasmos eu já tinha tido, mas estava sempre no topo do prazer. Perdi minha vontade, perdi a noção de tempo e espaço, até que o gosto de sêmen do Mario me trouxe de volta à realidade. Ele estava gozando e sujando tudo por onde passava: a intimidade da minha mulher, os lábios dela escorrendo aquele líquido esbranquiçado, e parte indo direto pra minha boca. Foi uma situação muito erótica, demais.
Romeo me puxou à força, me virou de repente. Veio por cima de mim e enfiou de novo no meu cu, forte, mais forte, mais forte. Me fazia gritar, adorava que ele foder minha bundinha. O resto só ficou olhando. Senti ele vindo, deixei ele vir. O pau dele se contraiu dentro de mim e encheu meu rabo de porra.
Fiquei largada na cama, com o cu aberto e cuspindo porra. Romeo pegou Alma pelos cabelos e, como se fosse uma puta, arrastou ela até meu rabo. Me mantiveram com as pernas abertas pra ela, com a língua, limpar tudo como uma puta. E naquele momento, eu amava o que estava acontecendo...
A dona do meu coração - parte 2
Só faltava Sergio, o de pele branca, o que tocava violão, o introvertido, o de pau grosso. Fui pros lábios de Alma, de novo beijar ela. Ela ainda tinha sucos de um homem, eu de outro, e foram beijos sexys, pegajosos, brincando com nossas tetas, tocando nossos sexos. Eles só olhavam excitados, sabíamos jogar o jogo. Sergio veio até nós e colocou o pau dele entre nossos lábios. Nós duas continuamos nos beijando, sem ligar pra aquela glande dura e quente que tentava se enfiar, acho que foi a coisa mais erótica da noite, aproveitar entre nós duas aquela pica linda sob o olhar atento dos amigos dele, num prazer infinito, acariciar aquela pica com minha língua, trombar com a língua da minha mulher, sentir gosto de porra, sentir gosto de homem. Não duraria muito mais, Sergio sentiu que ia gozar, e Alma agarrou todo o esperma pra deixar escorrer pela pele dela, enquanto eu só fiquei beijando ela pra lamber cada canto do corpo dela onde os sucos do garoto pudessem chegar.
Que a gente se comportou como duas putas? Certo, era nosso trabalho. Que a gente curtiu? Certo também, por que negar...
Só ficamos transando entre os cinco até ficar sem forças, até não aguentar mais, até cair no sono.
Eles se despediram no dia seguinte, com certeza nunca mais íamos nos ver, puta grátis é por uma noite e eles já tinham tido o suficiente, uma experiência legal, e eu precisava focar em algo, meu amor pela Alma.
Mas as coisas não terminariam aí, pelo menos pra Alma e pro Sergio, o garoto do violão, eu não soube na hora, mas eles começaram um caso clandestino, secreto, ela não queria que eu soubesse que tava saindo com aquele cara, ele não queria que os amigos dele soubessem que tava se enrolando com uma puta.
Por dois anos minha mulher brincou de esconde-esconde num caso secreto, eu amava ela com toda minha alma mas ela tinha mudado, e quando confirmei minhas suspeitas quis morrer, lembrei de novo do jogo que tinha feito anos atrás com a ruiva de olhos azuis, e agora eu tava no lugar dela.
Sergio tinha uma banda de rock, e agora minha Alma fazia parte dela, dava um toque sexy, enfiada em couro, fazia parte dos vocais de apoio, pegava uma nova chance e aquele idiota do violãozinho levava com ele o que eu mais queria.
Foi uma merda total, cinco anos, cinco anos torturantes a mais me custou relação, anos em que ela me pedia pra deixar ela e eu me recusava, discussões, gritos, até socos, mais de uma vez, até o Sergio entrava no meio pra acabar em paz, mas eu não conseguia...
Eu tava chegando nos quarenta, é verdade, já não era mais a gostosona dos anos anteriores, até a Alma tinha mudado, parecia mais velha e tinha perdido a forma, mas eu não ligava, eu amava ela do jeito que era, do jeito que fosse.
Comecei a beber, me sentia sozinha, de novo, minha vida era como um eterno ciclo onde tudo se repetia uma e outra vez, onde tudo parecia ter ligação, onde passado, presente e futuro se fundiam num só. Não consegui evitar me apaixonar e agora ela me fazia sentir o abandono, era demais, e nas últimas discussões a Alma me chamava de 'sapatão suja' ou de 'frígida reprimida', quando sabia que não era verdade, quando sabia que a gente se amava, quando eu tinha dado os melhores orgasmos da minha vida pra ela.
Tinha que fazer alguma coisa, não podia só me resignar, a Alma e o Sergio não podiam simplesmente sair por cima, não, aquela mulher me pertencia, ela tinha que me amar, era só minha, minha e de mais ninguém...
Convidei eles pra casa, a ideia era me despedir deles, falei que um último jantar e pronto, jurei que ia deixar eles em paz e nunca mais incomodar, e foi assim, a gente comeu, bebeu, com nostalgia, em paz, a última noite, a última...
Quando eles abriram os olhos não entenderam o que tava rolando, o narcótico fez mais efeito do que eu esperava, mas finalmente eu tinha toda a atenção, tentaram se levantar, mas não conseguiram, as cadeiras colocadas costas com costas, e as correntes que eu tinha enrolado nos corpos deles os mantinha imóveis, quiseram falar, mas também não conseguiram, as mordaças estavam apertadas demais, me olharam sem entender, eu já não tinha palavras pra eles.
Fui pegar o galão com gasolina que tinha preparado e comecei a molhar eles, enquanto fazia isso só falei que era uma pena que as coisas terminassem assim, que eles não entendessem, mas... Ela era uma mulher de palavra, e nunca mais iria incomodá-los.
Vi a resignação nos olhos do Sergio, e o terror nos da Alma, minha amada Alma...
Foi só acender um fósforo, sentir o atrito da palha contra a lixa, sentir aquele cheiro tão característico e pronto...
Respirei fundo, fechei os olhos, as lágrimas caíam, os gritos abafados pelas mordaças chegaram aos meus ouvidos, depois o cheiro de carne assando atingiu meu olfato, só fiquei sentindo tudo começar a queimar ao redor até que o calor das chamas me fez recuar, fechei a porta do apartamento e desci com uma calma assustadora pelo elevador.
Na calçada, já se amontoavam as pessoas alertadas pela fumaça que saía do quarto andar, fiquei olhando como mais uma, até sentir o barulho das sirenes dos bombeiros, policiais e ambulâncias que chegavam ao local, só virei e fui andando devagar, para lugar nenhum, para onde a vida me levasse.
Quase um mês depois, estava sentada à beira do mar, aquele mar que tantas vezes tinha compartilhado com minha amada Alma, era inverno e fazia frio, estava agasalhada, olhando o horizonte sem ver nada, só escutando o som das ondas, o vento gelado do sul fazia meu rosto doer, mas nada se comparava à dor do meu coração, meu coração ferido tinha perdido sua alma.
Senti as sirenes de novo, dessa vez só viaturas, vi descerem para a praia uns caras de azul, vinham me buscar, mais cedo ou mais tarde ia acontecer, eu sabia.
Fizeram o procedimento de rotina, já sabe, me algemaram e me levaram pra uma das viaturas que esperavam na estrada costeira.
Me levaram pra uma delegacia, me perguntavam de tudo, tudo ao mesmo tempo, mas eu não dizia nada, só me deixaram incomunicável. Um par de horas depois, apareceu um cara magrelo, uns cinquenta anos, com uma calvície começando, um bigode fino sobre os lábios, com uns tiques faciais e um terno que parecia ser um par de caralho maior, sentou na minha frente e disse que seria meu advogado, que tava sendo acusado do assassinato do Sergio Alejandro Ramos e da Alma Mia De Los Arroyos, que a evidência era esmagadora e que precisava que eu contasse o que tinha rolado.
Levantei a vista, olhei nos olhos dele e falei:
- Pra entender meu presente, tem que conhecer meu passado.
FIM
Se curtiu a história, pode me escrever com o título 'A DONA DO MEU CORAÇÃO' pra dulces.placeres@live.com
2 comentários - A dona do meu coração