Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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INTERCAMBIO VIRTUAL
Esta situación sucedió unos años atrás, esas historias que te marcan y te dejan el recuerdo de por vida
En ese entonces, Dalma y yo llevábamos algunos años de pareja, casi como que aun estábamos conociendo y comprobando que las cosas funcionarían bien conviviendo entre cuatro paredes
Ella ya se había recibido de doctora y estaba haciendo un post grado de cirugía, amaba ese mundo y era un poco cómico porque yo veía una gota de sangre y me desmayaba
Yo iba por algo mas tranqui, lo mío era informática, me gustaba el tema de las pc, los celulares, pantallas, comunicaciones y todo ese mundo futuro de robótica que se nos venía encima
Venía un poco atrasado con mis estudios, puesto que trabajaba en una prestigiosa empresa y me consumía demasiado tiempo de mi jornada
Cuando decidimos mudarnos juntos, no nos llevó demasiado tiempo decidirnos por un lindo semipiso que daba al contrafrente, el departamento B de un octavo piso
Nos hubiera gustado el A, cuya vista acomodada daba al río, pero el valor mensual del B, que por dar a la ciudad era más económico, ya estaba por encima de nuestro presupuesto
Era un barrio bastante acomodado en un edificio bastante acomodado, no es que pretendiéramos ser más de lo que éramos, pero buscábamos algo que realmente nos gustara y poder arrancar con un tema menos de que quejarnos
Igual, nos quedaría un sabor amargo por no poder rentar el A, la vista que tenía era impagable
Así habíamos iniciado un camino de amor que no tendría retorno
En no mucho tiempo más, el departamento contiguo también sería alquilado, y llegarían nuestros nuevo vecinos, sentimos los ruidos de las mudanzas y todas esas cosas propias que se dan naturalmente
Al día siguiente, o a los dos días, no recuerdo bien, golpearían la puerta de nuestro departamento, era un poco tarde ya, Dalma se estaba duchando y yo esperaba mi turno después de un día agotador, eran nuestros vecinos que nos traían un presente como de bienvenida, querían presentarse y demás cosas, muy estilo americano, yo se los agradecí pero les dejé notar la hora, y lo inoportuno del momento, ellos comprendieron y dijeron que no habría problemas, tal vez otro momento
Lo gracioso de es que de ese primer encuentro, lo único que me quedaría grabado serían las enormes tetas de mi nueva vecina
Cuando Dalma vio el presente un poco se molesto conmigo, tal vez había sido descortés, pero bueno, contrapuntos que solo suceden en toda relación de pareja
El sábado por la tarde iríamos por la redención de mi torpe actitud, llevamos unas masas finas, golpeamos la puerta y nos invitaron a pasar cortésmente y llegarían los turnos de las presentaciones, sentados cerca del ventanal que daba a esa preciosa imagen que tanto nos había enloquecido, y por un tema de dinero, no había podido ser nuestra
Dalcio era un tipo delgado, poco musculado, de cabellos castaños, con algunas llamativas canas impropias de una persona que recién pasaba los treinta, parecía de buen carácter, esas personas que enseguida dan charla y es fácil amigarse, se notaba su lucir elegante, puesto que estando en su casa tenía ropa deportiva de marca y resaltaban unas zapatillas blancas impecables
Estaba en negocios de importación según dijo, tenía contactos en aduana y era puente a muchos trámites complicados y sin entender mucho de lo que hablaba, deduje que con eso hacía buena plata
Margarita, su esposa, como dije, solo se me iban los ojos en sus enormes tetas, que a esa altura me intrigaba saber si eran naturales o artificiales, puesto que se veían demasiado perfectas, era bastante petisa y retacona, con lo cual sus pechos resaltaban más todavía
Para mi suerte, Margarita era ingeniera en sistemas, y tuvimos una afinidad, un tema en común del que hablar, y noté que también había afinidad entre mi esposa y mi vecino
Hablamos mucho, nos comentaron que su estadía era por poco tiempo, estaban tramitando una visa de trabajo para Estados Unidos, y ya estaba todo muy avanzado
Es que Margarita, ya tenía un empleo casi asegurado en el país del norte, y no me extrañó, yo era bueno en lo que hacía, pero solo cruzar unas palabras con ella me hicieron ver que era una mente brillante, a años luz de mis conocimientos, y obviamente, sería un tesoro en bruto para las grandes corporaciones
Su esposo era quien un poco, gracias a sus contactos estaba acelerando todos los papeleos burocráticos
También nos fuimos un poco por el lado de nuestras historias, nuestras vidas y cuando el sol caía por el horizonte, nos dimos cuenta que había sido suficiente por un día
Y solo siguieron los cruces habituales entre vecinos, a veces cruzando en el ascensor, a veces en la piscina de la terraza, a veces horas en la casa de ellos, a veces en la nuestra y era un poco compartir vida e ir conociéndonos un poco mas
En especial, coincidir la profesión con mi vecina, me llevaba en oportunidades a intercambios de ideas sobre algún tema en común, de nuestra trabajo, pero en verdad, a Margarita no podía mirarla a los ojos, era como que la vista me pesaba y caía inexorablemente a sus pechos que nunca pasaban desapercibidos, usando escotes más que sugerentes, creo que ella siempre lo sabía y jugaba ese juego para beneficio propio
Mi madre siempre decía que a los vecinos había que tenerlos ahí, como vecinos, no demasiado lejos como para ignorarlos, ni demasiado cerca como para que se malentendieran la cosas, y comprendería que Dalcio y Margarita estaban demasiado cerca, más de lo imaginado
En alguna que otra ocasión, nos dejaron saber que eran 'modernos', 'mente abierta' y que se amaban tanto que incluso podrían animarse a experimentar aventuras consensuadas por fuera de la pareja, sin que eso significase un inconveniente
Dalma y yo, a veces conversábamos a solas todo lo que estaba pasando, sin saber si solo nosotros fabulábamos o ellos, nos estaban haciendo propuestas que fingíamos no comprender
Cuando nos cruzábamos por casualidad, Margarita tocaba el tema muy sutilmente de lo linda y apetecible que se veía mi mujer para cualquier hombre y lo afortunado que era en tenerla, cuando esa casualidad se daba con Dalcio, por el contrario, él me hablaba de su mujer, que le hablaba mucho de mi, como agrandando mi ego, y era un poco raro, porque me sentía como que me la estaba ofreciendo en bandeja de plata
Pero lo más raro, era cuando le comentaba estas cosas a mi mujer, porque Dalma tenía la misma percepción que yo tenía pero de su parte, cuando ella se cruzaba con el vecino, él le hablaba muy bien de mi, y cuando ellas se cruzaban, Margarita solo ensalzaba a Dalcio, de lo bueno que era en la cama y lo bien que lo hacía
Assim as coisas iam e vinham, e em pouco tempo se criou uma atmosfera bem sexual.
Lembro que uma vez a gente se encontrou na piscina da cobertura, nós quatro, e os peitos da Margarita num top amarelo fluorescente pareciam que iam explodir, era impossível não olhar, e mesmo disfarçando porque o marido dela e a minha esposa estavam ali, ela me pegou de novo, feito um adolescente tarado com meu desejo safado.
Me senti um idiota, mas na primeira chance que tivemos de privacidade, ela sussurrou baixinho:
— Sergio, Sergio, você devia tentar não ser tão óbvio.
— Do que você tá falando? — respondi, tentando disfarçar.
Minha vizinha estufou o peito vitoriosa, como se precisasse, e completou:
— Deles...
Me senti um merda pela minha situação ridícula, aí ela completou:
— Eles podem ser seus, mas não do jeito que você imagina. Meu marido é um cara muito bom e não faço nada pelas costas dele, e acho que a Dalma não merece uma traição... mas tem outros jeitos...
Ficou por isso, porque o marido dela interrompeu o momento, mas eu não sabia se tinha entendido a situação direito.
De noite, antes de dormir, contei pra Dalma o que aconteceu. Admito que, por mais que eu quisesse pegar minha vizinha, não ia trair minha mulher. Ela me ouviu com atenção e, longe de ficar brava, disse que de certa forma sentia que o Dalcio também dava em cima dela na maciota.
Foi justamente meu vizinho que deu o próximo passo, quando minha mulher veio me contar que eles tinham dividido o elevador, onde ele, sem rodeios, comentou o que a gente já imaginava: que eram swingers, e que a gente tava no radar deles, que tanto ela quanto eu éramos pessoas legais e tínhamos uma boa energia, mas claro, eles assumiam as ideias deles, e que tudo bem, a gente só seria bons vizinhos.
Não demorou pra eles nos convidarem pra jantar. Já era comum entre a gente, de vez em quando a gente se encontrava, só que dessa vez a gente já foi com outras expectativas. Dalma fez muita cara de quem não queria ir, mas fiz ela entender que seria óbvio recusar depois do que rolou no elevador, e pra ser sincero, nossos vizinhos eram gente boa pra caralho. E tudo seguiu dentro da normalidade, inclusive, o fato da Dalma saber pelas minhas palavras o quanto eu era louco nas tetas da Margarita, e ainda saber que eles faziam troca de casais, me deixou comer ela com os olhos, enfiada num vestidinho azul claro que mostrava que ela não tava de sutiã, que só um pano fino separava os bicos dela dos meus olhos.
Tudo ia mudar depois do jantar, na sobremesa, com café no meio, minha vizinha foi até o quarto e trouxe um jogo de tabuleiro, a tampa brilhante deixava ver o título 'Verdades e mentiras do sexo', e em letras menores, 'um jogo de casais'. Um jogo de corrida num tabuleiro, com dados e cartas de 'verdades' e 'mentiras', muito engenhoso, porque o segredo do jogo não era chegar primeiro, mas sim conhecer os gostos e fantasias de cada um dos participantes.
Obviamente, minha mulher ia ser par com meu vizinho, e a peituda da Margarita comigo, assim ninguém podia mentir, já que teria um rival que te conhecia como ninguém no time adversário. O jogo ia esquentar pra caralho, demais, sem querer, entre aquelas verdades e mentiras, todos os nossos segredos e gostos ficaram nus, oral, vaginal, anal, o que sim, o que não, privacidade, público, ménage e tudo que puder imaginar, incluindo lógico a troca de casais.
Lá pras duas da manhã, entre jogos, bebidas e tesão, a Margarita já tava quase pelada do meu lado, e o Dalcio parecia que ia comer minha esposa a qualquer momento. Foi a Dalma que, na beira do abismo, deu por encerrada a noitada, já tinha sido suficiente e o assédio dos nossos vizinhos ia ficar pela metade.
No entanto, já na nossa cama de casal, a gente conversou sobre o que rolou, e transamos loucamente, sem freio, selvagem, como se soltasse toda a pressão acumulada até ali. uns minutos antes
As coisas não demorariam pra acontecer, com a Dalma a gente conversava muito sobre o que tava rolando, ela até me confessava que tava morrendo de vontade de dar pro Dalcio e já não sabia mais como evitar, e naquela noite ela só tinha cortado o jogo pra não pular em cima dele na minha frente
E a gente tava de acordo em se permitir uma licença consentida, só tínhamos medos e inseguranças de como seria o dia seguinte
Era um domingo de manhã, a Dalma tinha ido tomar um banho e eu tava num labirinto sem saída com uma apresentação que teria que fazer no dia seguinte no trampo, o assunto tava complicando, e pensei que com certeza minha vizinha resolveria num piscar de olhos, podia ter ido bater na porta dela, mas preferi ligar no celular, e coisa de cabeças de TI, não tivemos ideia melhor do que nos conectar numa videochamada usando os LEDs respectivos como meio visual
A Lúcia apareceu suada, com umas leggings roxas e um top branco, onde os bicos dos peitos marcavam e ficava evidente, mais uma vez, que ela não tava de sutiã, me disse que tava fazendo uma academia, e pra mim foi muito gostosa, o marido dela tava no fundo, com uns papéis na mesa e uma xícara de café do lado, a gente se cumprimentou e comecei a explicar qual era meu problema
A Dalma tava alheia a tudo, e saiu do banho completamente pelada, com fones nos ouvidos escutando música, esfregando os cabelos molhados com uma toalha, virando o centro das atenções, pros meus olhos, pros da minha vizinha e pros do meu vizinho
O Dalcio cravou os olhos na tela, e um silêncio desconfortável se instalou, até que a Margarida, quebrando o silêncio, reclamou
Pelo amor de Deus! Isso não é justo!!!!
E só pegou o top branco pra levantar, e pela primeira vez eu vi os peitos mais grandes, perfeitos e lindos que poderiam existir, me levantei e só falei
Já tô indo pra sua casa, me abre a porta...
E minha mulher, depois do susto inicial, pareceu querer entrar no jogo
Nos Uns poucos metros de corredor separavam os dois apartamentos, Dalcio e eu nos cruzamos, ele estendeu a mão e, brincando, disse:
"Que vença o melhor!"
Só entrei no apartamento ao lado e ela estava lá, aqueles peitões enormes me esperavam, e Margarita tinha um sorriso que eu nunca tinha visto antes, mas ao mesmo tempo, um pouco mais atrás, na tela de LED, eu via que Dalcio já estava na minha casa e que Dalma, minha Dalma, o esperava completamente nua, e a sensação de ver minha esposa com outro cara era, no mínimo, perturbadora.
Mas as cartas estavam lançadas, minha vizinha e eu começamos a nos beijar loucamente, embriagados não só pelo sexo em si, mas também pelo que víamos do outro lado. Bastaram uns beijos profundos para eu agarrá-la com força pela cintura e puxá-la para cima de mim, de modo que os peitos dela ficassem na altura da minha cabeça, e eu só me perdi entre eles e esqueci o resto do mundo. Eram perfeitos, e minhas mãos e meu rosto não davam conta de morrer naquele lugar, e Margarita só gemia enquanto eu lambia os bicos dos peitos dela, perfeitos, só perfeitos.
E a gente tinha todos os segredos de todos os participantes, tínhamos jogado aquele jogo perverso, então eu só lambia e acariciava as tetas dela, ela não conseguiria evitar, sentia a buceta dela se contrair inconscientemente, minha vizinha me daria o primeiro orgasmo só de eu chupar os peitos dela.
"Me come, tô toda molhada..."
Foram as palavras dela, só a deitei, afastei a calcinha fio dental e meti.
A imagem do LED chamou minha atenção, Dalma estava perdida chupando a pica do meu vizinho, do mesmo jeito que eu tinha me perdido nas tetas da minha vizinha, e foi muito louco ver aquilo, porque eu nunca tinha imaginado ver minha mulher chupando a pica de outro que não fosse eu.
Dalma fez questão de olhar para a câmera, porque sabia que eu estava olhando, ela chupava tudo, ou passava a língua na cabeça da pica, e quando ele começou a gozar na boca da minha amada, foi demais para aguentar, o líquido branco começou a... fluir pelos lábios dela e pela boca dela, tirei meu pau da buceta da Margarita, fui pros peitos dela e gozei com força, como fazia tempo que não acontecia, e só sujei a pele dela, e ela ficou louca com isso, sabia que ela gostava e só fiquei acariciando eles, besuntando aqueles peitos enormes que eram.
Seguimos nos beijando, muito quentes, tirando um tempo pra recuperar o fôlego, e do outro lado, conforme a gente via na tela, acontecia a mesma coisa.
Eu não conseguia parar de acariciar os peitos dela, meu leite já tinha secado e isso me parecia ainda mais sexy, eram os peitos mais perfeitos que poderiam existir, tava perdido nesse jogo quando a Margarita pegou meu rosto e virou pra tela pra me dizer:
"Parece que eles tão se adiantando..."
É que o Dalcio tava sendo montado pela minha mulher, tava comendo ela de novo, e eu ainda não conseguia ter uma nova ereção apesar das carícias que minha vizinha me dava, eu agora só me concentrava em ver a bunda da minha mulher subindo e descendo, e notei que agora ele olhava pra câmera, era como se olhasse pra mim, e os gemidos da Dalma fizeram o fogo acender de novo entre minhas pernas, a Margarita percebeu, e sabendo do que eu gostava e do que minha mulher não gostava, me disse:
"Agora você mete no meu cu, é o que você queria, né?"
A Margarita se ajeitou de quatro, bem provocante, jogando a bunda dela direto pra câmera, sabia que era pra mim, mas no fundo era pra ele, pro Dalcio.
Fui por trás com muita vontade, o assunto já tinha sido tocado no jogo, com a Dalma não dava pra falar de sexo anal e a última vez que eu tinha feito isso tinha sido há muito tempo, com uma namoradinha que eu tinha, antes de conhecer quem seria minha esposa.
Enfiei bem gostoso, sem dificuldade, senti apertadinho, e me mexi com vontade, tentando agir como se fosse um ator pornô, busquei que nossos sexos ficassem bem evidentes pra que do outro lado não tivessem dúvida do que a gente tava fazendo.
Minha vizinha bufava, eu Me pegava nas panturrilhas e mandava eu não parar de rebolar, e eu só fui dando aquela sentada gostosa, aproveitando meu momento.
Só tirei ele e, como um chuveirinho, comecei a banhar a bunda dela, a buceta e o cuzinho dilatado. Senti aquilo espetacular e caí de lado, porque minhas pernas já estavam começando a cãibrar.
Olhando pra tela, minha mulher, de novo, pela segunda vez, enchia a boca com os sucos do Dalcio. Olhei pra Margarita e falei:
"Ela não mentiu em nada quando a gente brincou, né? Como ela gosta de levar gozo na boca, bem putinha..."
Eu tava falando assim da minha própria mulher, mas é que ela parecia exatamente isso. Dalma tinha um fetiche especial por levar gozo na boca.
Naquele momento, eu já tinha terminado o jogo, meu pau não queria mais. Me limpei um pouco e me deitei no sofá, apoiando a cabeça nas pernas da Margarita. Só queria admirar os peitos dela, porque ainda não tinha saído do meu espanto e admiração. Os sons da tela chamaram minha atenção, e minha vizinha disse:
"Porra... eles não se cansam..."
Meu vizinho tava indo pra terceira rodada e minha esposa acompanhava na mesma vibe. Margarita falou de novo:
"Tem um pau bonito, né?"
E eu só fiquei observando até o fim, onde, pela terceira vez, como já era de se esperar, ele gozou tudo na boca dela.
Tudo tinha acabado dos dois lados. A gente se trocou e se cruzou de novo no caminho, cada um pro seu apartamento. Dalcio, sorrindo, estendeu a mão e tentou ser chato, dizendo:
"Hoje eu ganhei, três a dois, né?"
Mas eu rebati:
"Pode ser, mas eu meti no cu dela, e isso vale em dobro. Além disso... os peitos da sua mulher, amigo..."
A conversa morreu ali. Dalma já tava tomando banho. Não consegui esperar. Me despi, entrei de fininho atrás dela, virei ela de frente pros azulejos da parede e comi ela bem gostoso, bem animal, debaixo da água morna que nos molhava. Só parei quando enchi a buceta dela de porra, enquanto só conseguia falar coisas tipo:
"E aí? matou a vontade de engolir leite, putinha barata?"
A experiência tinha nos deixado... Gostamos e pensamos em repetir, mas nossos vizinhos nos disseram que não, eram as regras deles, só uma vez e pronto, a primeira vez é só sexo, mas na segunda, podem começar a surgir outros sentimentos que complicariam a relação.
Aceitamos, continuamos sendo bons vizinhos, amigos, pode-se dizer, embora eu ainda morresse de vontade de pegar nas tetas da Margarita, soubemos aceitar o conselho.
Pedimos que nos ensinassem um pouco mais sobre o mundo das trocas de casais, com certeza haveria outros horizontes para explorar, e por mais estranho que parecesse, a Dalma era a mais excitada com o assunto, era como se ter estado com outro homem fizesse ela ter mais vontade de que eu comesse ela, e no meu caso, bom, talvez eu não quisesse sair por aí comendo como animal, talvez o meu fosse um desejo pessoal pelas tetas da minha vizinha, e talvez nisso eu visse um pouco do perigo de desviar sua atenção para uma terceira que não fosse a pessoa que você ama.
E nosso livro de trocas se fecharia mais rápido do que imaginávamos, porque a viagem a trabalho para os Estados Unidos dos nossos vizinhos chegaria antes do planejado.
Lembro que fizemos um jantar de despedida em casa, onde falamos de tudo, do futuro que os esperava, mas também do passado que tínhamos vivido. Dalcio me deixaria alguns contatos pessoais caso quiséssemos aprofundar nossos temas de trocas, mas depois da partida, era como se tivéssemos perdido nosso norte, nossos mentores.
E depois de um tempo, Dalma e eu fomos esfriando com esse assunto e preferimos guardar como uma lembrança gostosa.
Na verdade, era estranho o silêncio do apartamento A, aqueles silêncios que às vezes até machucam os ouvidos, sentíamos falta dos encontros casuais no elevador, de compartilhar conversas, da piscina na cobertura e, claro, das tetas mais espetaculares que já vi.
Chegariam novos vizinhos, e um retorno à normalidade que a sociedade impõe.
Só para fechar minha história, nunca conto pra minha mulher, mas toda vez que eu olho nos olhos dela, toda vez que beijo seus lábios, lembro da imagem da boca dela cheia de porra, da porra do meu vizinho, até parece que sinto o gosto dela nela e isso ferve meu sangue, me dá vontade de comer ela igual um bicho
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título INTERCÂMBIO VIRTUAL para dulces.placeres@live.com
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INTERCAMBIO VIRTUAL
Esta situación sucedió unos años atrás, esas historias que te marcan y te dejan el recuerdo de por vida
En ese entonces, Dalma y yo llevábamos algunos años de pareja, casi como que aun estábamos conociendo y comprobando que las cosas funcionarían bien conviviendo entre cuatro paredes
Ella ya se había recibido de doctora y estaba haciendo un post grado de cirugía, amaba ese mundo y era un poco cómico porque yo veía una gota de sangre y me desmayaba
Yo iba por algo mas tranqui, lo mío era informática, me gustaba el tema de las pc, los celulares, pantallas, comunicaciones y todo ese mundo futuro de robótica que se nos venía encima
Venía un poco atrasado con mis estudios, puesto que trabajaba en una prestigiosa empresa y me consumía demasiado tiempo de mi jornada
Cuando decidimos mudarnos juntos, no nos llevó demasiado tiempo decidirnos por un lindo semipiso que daba al contrafrente, el departamento B de un octavo piso
Nos hubiera gustado el A, cuya vista acomodada daba al río, pero el valor mensual del B, que por dar a la ciudad era más económico, ya estaba por encima de nuestro presupuesto
Era un barrio bastante acomodado en un edificio bastante acomodado, no es que pretendiéramos ser más de lo que éramos, pero buscábamos algo que realmente nos gustara y poder arrancar con un tema menos de que quejarnos
Igual, nos quedaría un sabor amargo por no poder rentar el A, la vista que tenía era impagable
Así habíamos iniciado un camino de amor que no tendría retorno
En no mucho tiempo más, el departamento contiguo también sería alquilado, y llegarían nuestros nuevo vecinos, sentimos los ruidos de las mudanzas y todas esas cosas propias que se dan naturalmente
Al día siguiente, o a los dos días, no recuerdo bien, golpearían la puerta de nuestro departamento, era un poco tarde ya, Dalma se estaba duchando y yo esperaba mi turno después de un día agotador, eran nuestros vecinos que nos traían un presente como de bienvenida, querían presentarse y demás cosas, muy estilo americano, yo se los agradecí pero les dejé notar la hora, y lo inoportuno del momento, ellos comprendieron y dijeron que no habría problemas, tal vez otro momento
Lo gracioso de es que de ese primer encuentro, lo único que me quedaría grabado serían las enormes tetas de mi nueva vecina
Cuando Dalma vio el presente un poco se molesto conmigo, tal vez había sido descortés, pero bueno, contrapuntos que solo suceden en toda relación de pareja
El sábado por la tarde iríamos por la redención de mi torpe actitud, llevamos unas masas finas, golpeamos la puerta y nos invitaron a pasar cortésmente y llegarían los turnos de las presentaciones, sentados cerca del ventanal que daba a esa preciosa imagen que tanto nos había enloquecido, y por un tema de dinero, no había podido ser nuestra
Dalcio era un tipo delgado, poco musculado, de cabellos castaños, con algunas llamativas canas impropias de una persona que recién pasaba los treinta, parecía de buen carácter, esas personas que enseguida dan charla y es fácil amigarse, se notaba su lucir elegante, puesto que estando en su casa tenía ropa deportiva de marca y resaltaban unas zapatillas blancas impecables
Estaba en negocios de importación según dijo, tenía contactos en aduana y era puente a muchos trámites complicados y sin entender mucho de lo que hablaba, deduje que con eso hacía buena plata
Margarita, su esposa, como dije, solo se me iban los ojos en sus enormes tetas, que a esa altura me intrigaba saber si eran naturales o artificiales, puesto que se veían demasiado perfectas, era bastante petisa y retacona, con lo cual sus pechos resaltaban más todavía
Para mi suerte, Margarita era ingeniera en sistemas, y tuvimos una afinidad, un tema en común del que hablar, y noté que también había afinidad entre mi esposa y mi vecino
Hablamos mucho, nos comentaron que su estadía era por poco tiempo, estaban tramitando una visa de trabajo para Estados Unidos, y ya estaba todo muy avanzado
Es que Margarita, ya tenía un empleo casi asegurado en el país del norte, y no me extrañó, yo era bueno en lo que hacía, pero solo cruzar unas palabras con ella me hicieron ver que era una mente brillante, a años luz de mis conocimientos, y obviamente, sería un tesoro en bruto para las grandes corporaciones
Su esposo era quien un poco, gracias a sus contactos estaba acelerando todos los papeleos burocráticos
También nos fuimos un poco por el lado de nuestras historias, nuestras vidas y cuando el sol caía por el horizonte, nos dimos cuenta que había sido suficiente por un día
Y solo siguieron los cruces habituales entre vecinos, a veces cruzando en el ascensor, a veces en la piscina de la terraza, a veces horas en la casa de ellos, a veces en la nuestra y era un poco compartir vida e ir conociéndonos un poco mas
En especial, coincidir la profesión con mi vecina, me llevaba en oportunidades a intercambios de ideas sobre algún tema en común, de nuestra trabajo, pero en verdad, a Margarita no podía mirarla a los ojos, era como que la vista me pesaba y caía inexorablemente a sus pechos que nunca pasaban desapercibidos, usando escotes más que sugerentes, creo que ella siempre lo sabía y jugaba ese juego para beneficio propio
Mi madre siempre decía que a los vecinos había que tenerlos ahí, como vecinos, no demasiado lejos como para ignorarlos, ni demasiado cerca como para que se malentendieran la cosas, y comprendería que Dalcio y Margarita estaban demasiado cerca, más de lo imaginado
En alguna que otra ocasión, nos dejaron saber que eran 'modernos', 'mente abierta' y que se amaban tanto que incluso podrían animarse a experimentar aventuras consensuadas por fuera de la pareja, sin que eso significase un inconveniente
Dalma y yo, a veces conversábamos a solas todo lo que estaba pasando, sin saber si solo nosotros fabulábamos o ellos, nos estaban haciendo propuestas que fingíamos no comprender
Cuando nos cruzábamos por casualidad, Margarita tocaba el tema muy sutilmente de lo linda y apetecible que se veía mi mujer para cualquier hombre y lo afortunado que era en tenerla, cuando esa casualidad se daba con Dalcio, por el contrario, él me hablaba de su mujer, que le hablaba mucho de mi, como agrandando mi ego, y era un poco raro, porque me sentía como que me la estaba ofreciendo en bandeja de plata
Pero lo más raro, era cuando le comentaba estas cosas a mi mujer, porque Dalma tenía la misma percepción que yo tenía pero de su parte, cuando ella se cruzaba con el vecino, él le hablaba muy bien de mi, y cuando ellas se cruzaban, Margarita solo ensalzaba a Dalcio, de lo bueno que era en la cama y lo bien que lo hacía
Assim as coisas iam e vinham, e em pouco tempo se criou uma atmosfera bem sexual.Lembro que uma vez a gente se encontrou na piscina da cobertura, nós quatro, e os peitos da Margarita num top amarelo fluorescente pareciam que iam explodir, era impossível não olhar, e mesmo disfarçando porque o marido dela e a minha esposa estavam ali, ela me pegou de novo, feito um adolescente tarado com meu desejo safado.
Me senti um idiota, mas na primeira chance que tivemos de privacidade, ela sussurrou baixinho:
— Sergio, Sergio, você devia tentar não ser tão óbvio.
— Do que você tá falando? — respondi, tentando disfarçar.
Minha vizinha estufou o peito vitoriosa, como se precisasse, e completou:
— Deles...
Me senti um merda pela minha situação ridícula, aí ela completou:
— Eles podem ser seus, mas não do jeito que você imagina. Meu marido é um cara muito bom e não faço nada pelas costas dele, e acho que a Dalma não merece uma traição... mas tem outros jeitos...
Ficou por isso, porque o marido dela interrompeu o momento, mas eu não sabia se tinha entendido a situação direito.
De noite, antes de dormir, contei pra Dalma o que aconteceu. Admito que, por mais que eu quisesse pegar minha vizinha, não ia trair minha mulher. Ela me ouviu com atenção e, longe de ficar brava, disse que de certa forma sentia que o Dalcio também dava em cima dela na maciota.
Foi justamente meu vizinho que deu o próximo passo, quando minha mulher veio me contar que eles tinham dividido o elevador, onde ele, sem rodeios, comentou o que a gente já imaginava: que eram swingers, e que a gente tava no radar deles, que tanto ela quanto eu éramos pessoas legais e tínhamos uma boa energia, mas claro, eles assumiam as ideias deles, e que tudo bem, a gente só seria bons vizinhos.
Não demorou pra eles nos convidarem pra jantar. Já era comum entre a gente, de vez em quando a gente se encontrava, só que dessa vez a gente já foi com outras expectativas. Dalma fez muita cara de quem não queria ir, mas fiz ela entender que seria óbvio recusar depois do que rolou no elevador, e pra ser sincero, nossos vizinhos eram gente boa pra caralho. E tudo seguiu dentro da normalidade, inclusive, o fato da Dalma saber pelas minhas palavras o quanto eu era louco nas tetas da Margarita, e ainda saber que eles faziam troca de casais, me deixou comer ela com os olhos, enfiada num vestidinho azul claro que mostrava que ela não tava de sutiã, que só um pano fino separava os bicos dela dos meus olhos.
Tudo ia mudar depois do jantar, na sobremesa, com café no meio, minha vizinha foi até o quarto e trouxe um jogo de tabuleiro, a tampa brilhante deixava ver o título 'Verdades e mentiras do sexo', e em letras menores, 'um jogo de casais'. Um jogo de corrida num tabuleiro, com dados e cartas de 'verdades' e 'mentiras', muito engenhoso, porque o segredo do jogo não era chegar primeiro, mas sim conhecer os gostos e fantasias de cada um dos participantes.
Obviamente, minha mulher ia ser par com meu vizinho, e a peituda da Margarita comigo, assim ninguém podia mentir, já que teria um rival que te conhecia como ninguém no time adversário. O jogo ia esquentar pra caralho, demais, sem querer, entre aquelas verdades e mentiras, todos os nossos segredos e gostos ficaram nus, oral, vaginal, anal, o que sim, o que não, privacidade, público, ménage e tudo que puder imaginar, incluindo lógico a troca de casais.
Lá pras duas da manhã, entre jogos, bebidas e tesão, a Margarita já tava quase pelada do meu lado, e o Dalcio parecia que ia comer minha esposa a qualquer momento. Foi a Dalma que, na beira do abismo, deu por encerrada a noitada, já tinha sido suficiente e o assédio dos nossos vizinhos ia ficar pela metade.
No entanto, já na nossa cama de casal, a gente conversou sobre o que rolou, e transamos loucamente, sem freio, selvagem, como se soltasse toda a pressão acumulada até ali. uns minutos antes
As coisas não demorariam pra acontecer, com a Dalma a gente conversava muito sobre o que tava rolando, ela até me confessava que tava morrendo de vontade de dar pro Dalcio e já não sabia mais como evitar, e naquela noite ela só tinha cortado o jogo pra não pular em cima dele na minha frente
E a gente tava de acordo em se permitir uma licença consentida, só tínhamos medos e inseguranças de como seria o dia seguinte
Era um domingo de manhã, a Dalma tinha ido tomar um banho e eu tava num labirinto sem saída com uma apresentação que teria que fazer no dia seguinte no trampo, o assunto tava complicando, e pensei que com certeza minha vizinha resolveria num piscar de olhos, podia ter ido bater na porta dela, mas preferi ligar no celular, e coisa de cabeças de TI, não tivemos ideia melhor do que nos conectar numa videochamada usando os LEDs respectivos como meio visual
A Lúcia apareceu suada, com umas leggings roxas e um top branco, onde os bicos dos peitos marcavam e ficava evidente, mais uma vez, que ela não tava de sutiã, me disse que tava fazendo uma academia, e pra mim foi muito gostosa, o marido dela tava no fundo, com uns papéis na mesa e uma xícara de café do lado, a gente se cumprimentou e comecei a explicar qual era meu problema
A Dalma tava alheia a tudo, e saiu do banho completamente pelada, com fones nos ouvidos escutando música, esfregando os cabelos molhados com uma toalha, virando o centro das atenções, pros meus olhos, pros da minha vizinha e pros do meu vizinho
O Dalcio cravou os olhos na tela, e um silêncio desconfortável se instalou, até que a Margarida, quebrando o silêncio, reclamou
Pelo amor de Deus! Isso não é justo!!!!
E só pegou o top branco pra levantar, e pela primeira vez eu vi os peitos mais grandes, perfeitos e lindos que poderiam existir, me levantei e só falei
Já tô indo pra sua casa, me abre a porta...
E minha mulher, depois do susto inicial, pareceu querer entrar no jogo
Nos Uns poucos metros de corredor separavam os dois apartamentos, Dalcio e eu nos cruzamos, ele estendeu a mão e, brincando, disse:
"Que vença o melhor!"
Só entrei no apartamento ao lado e ela estava lá, aqueles peitões enormes me esperavam, e Margarita tinha um sorriso que eu nunca tinha visto antes, mas ao mesmo tempo, um pouco mais atrás, na tela de LED, eu via que Dalcio já estava na minha casa e que Dalma, minha Dalma, o esperava completamente nua, e a sensação de ver minha esposa com outro cara era, no mínimo, perturbadora.
Mas as cartas estavam lançadas, minha vizinha e eu começamos a nos beijar loucamente, embriagados não só pelo sexo em si, mas também pelo que víamos do outro lado. Bastaram uns beijos profundos para eu agarrá-la com força pela cintura e puxá-la para cima de mim, de modo que os peitos dela ficassem na altura da minha cabeça, e eu só me perdi entre eles e esqueci o resto do mundo. Eram perfeitos, e minhas mãos e meu rosto não davam conta de morrer naquele lugar, e Margarita só gemia enquanto eu lambia os bicos dos peitos dela, perfeitos, só perfeitos.
E a gente tinha todos os segredos de todos os participantes, tínhamos jogado aquele jogo perverso, então eu só lambia e acariciava as tetas dela, ela não conseguiria evitar, sentia a buceta dela se contrair inconscientemente, minha vizinha me daria o primeiro orgasmo só de eu chupar os peitos dela.
"Me come, tô toda molhada..."
Foram as palavras dela, só a deitei, afastei a calcinha fio dental e meti.
A imagem do LED chamou minha atenção, Dalma estava perdida chupando a pica do meu vizinho, do mesmo jeito que eu tinha me perdido nas tetas da minha vizinha, e foi muito louco ver aquilo, porque eu nunca tinha imaginado ver minha mulher chupando a pica de outro que não fosse eu.
Dalma fez questão de olhar para a câmera, porque sabia que eu estava olhando, ela chupava tudo, ou passava a língua na cabeça da pica, e quando ele começou a gozar na boca da minha amada, foi demais para aguentar, o líquido branco começou a... fluir pelos lábios dela e pela boca dela, tirei meu pau da buceta da Margarita, fui pros peitos dela e gozei com força, como fazia tempo que não acontecia, e só sujei a pele dela, e ela ficou louca com isso, sabia que ela gostava e só fiquei acariciando eles, besuntando aqueles peitos enormes que eram.
Seguimos nos beijando, muito quentes, tirando um tempo pra recuperar o fôlego, e do outro lado, conforme a gente via na tela, acontecia a mesma coisa.
Eu não conseguia parar de acariciar os peitos dela, meu leite já tinha secado e isso me parecia ainda mais sexy, eram os peitos mais perfeitos que poderiam existir, tava perdido nesse jogo quando a Margarita pegou meu rosto e virou pra tela pra me dizer:
"Parece que eles tão se adiantando..."
É que o Dalcio tava sendo montado pela minha mulher, tava comendo ela de novo, e eu ainda não conseguia ter uma nova ereção apesar das carícias que minha vizinha me dava, eu agora só me concentrava em ver a bunda da minha mulher subindo e descendo, e notei que agora ele olhava pra câmera, era como se olhasse pra mim, e os gemidos da Dalma fizeram o fogo acender de novo entre minhas pernas, a Margarita percebeu, e sabendo do que eu gostava e do que minha mulher não gostava, me disse:
"Agora você mete no meu cu, é o que você queria, né?"
A Margarita se ajeitou de quatro, bem provocante, jogando a bunda dela direto pra câmera, sabia que era pra mim, mas no fundo era pra ele, pro Dalcio.
Fui por trás com muita vontade, o assunto já tinha sido tocado no jogo, com a Dalma não dava pra falar de sexo anal e a última vez que eu tinha feito isso tinha sido há muito tempo, com uma namoradinha que eu tinha, antes de conhecer quem seria minha esposa.
Enfiei bem gostoso, sem dificuldade, senti apertadinho, e me mexi com vontade, tentando agir como se fosse um ator pornô, busquei que nossos sexos ficassem bem evidentes pra que do outro lado não tivessem dúvida do que a gente tava fazendo.
Minha vizinha bufava, eu Me pegava nas panturrilhas e mandava eu não parar de rebolar, e eu só fui dando aquela sentada gostosa, aproveitando meu momento.
Só tirei ele e, como um chuveirinho, comecei a banhar a bunda dela, a buceta e o cuzinho dilatado. Senti aquilo espetacular e caí de lado, porque minhas pernas já estavam começando a cãibrar.
Olhando pra tela, minha mulher, de novo, pela segunda vez, enchia a boca com os sucos do Dalcio. Olhei pra Margarita e falei:
"Ela não mentiu em nada quando a gente brincou, né? Como ela gosta de levar gozo na boca, bem putinha..."
Eu tava falando assim da minha própria mulher, mas é que ela parecia exatamente isso. Dalma tinha um fetiche especial por levar gozo na boca.
Naquele momento, eu já tinha terminado o jogo, meu pau não queria mais. Me limpei um pouco e me deitei no sofá, apoiando a cabeça nas pernas da Margarita. Só queria admirar os peitos dela, porque ainda não tinha saído do meu espanto e admiração. Os sons da tela chamaram minha atenção, e minha vizinha disse:
"Porra... eles não se cansam..."
Meu vizinho tava indo pra terceira rodada e minha esposa acompanhava na mesma vibe. Margarita falou de novo:
"Tem um pau bonito, né?"
E eu só fiquei observando até o fim, onde, pela terceira vez, como já era de se esperar, ele gozou tudo na boca dela.
Tudo tinha acabado dos dois lados. A gente se trocou e se cruzou de novo no caminho, cada um pro seu apartamento. Dalcio, sorrindo, estendeu a mão e tentou ser chato, dizendo:
"Hoje eu ganhei, três a dois, né?"
Mas eu rebati:
"Pode ser, mas eu meti no cu dela, e isso vale em dobro. Além disso... os peitos da sua mulher, amigo..."
A conversa morreu ali. Dalma já tava tomando banho. Não consegui esperar. Me despi, entrei de fininho atrás dela, virei ela de frente pros azulejos da parede e comi ela bem gostoso, bem animal, debaixo da água morna que nos molhava. Só parei quando enchi a buceta dela de porra, enquanto só conseguia falar coisas tipo:
"E aí? matou a vontade de engolir leite, putinha barata?"
A experiência tinha nos deixado... Gostamos e pensamos em repetir, mas nossos vizinhos nos disseram que não, eram as regras deles, só uma vez e pronto, a primeira vez é só sexo, mas na segunda, podem começar a surgir outros sentimentos que complicariam a relação.
Aceitamos, continuamos sendo bons vizinhos, amigos, pode-se dizer, embora eu ainda morresse de vontade de pegar nas tetas da Margarita, soubemos aceitar o conselho.
Pedimos que nos ensinassem um pouco mais sobre o mundo das trocas de casais, com certeza haveria outros horizontes para explorar, e por mais estranho que parecesse, a Dalma era a mais excitada com o assunto, era como se ter estado com outro homem fizesse ela ter mais vontade de que eu comesse ela, e no meu caso, bom, talvez eu não quisesse sair por aí comendo como animal, talvez o meu fosse um desejo pessoal pelas tetas da minha vizinha, e talvez nisso eu visse um pouco do perigo de desviar sua atenção para uma terceira que não fosse a pessoa que você ama.
E nosso livro de trocas se fecharia mais rápido do que imaginávamos, porque a viagem a trabalho para os Estados Unidos dos nossos vizinhos chegaria antes do planejado.
Lembro que fizemos um jantar de despedida em casa, onde falamos de tudo, do futuro que os esperava, mas também do passado que tínhamos vivido. Dalcio me deixaria alguns contatos pessoais caso quiséssemos aprofundar nossos temas de trocas, mas depois da partida, era como se tivéssemos perdido nosso norte, nossos mentores.
E depois de um tempo, Dalma e eu fomos esfriando com esse assunto e preferimos guardar como uma lembrança gostosa.
Na verdade, era estranho o silêncio do apartamento A, aqueles silêncios que às vezes até machucam os ouvidos, sentíamos falta dos encontros casuais no elevador, de compartilhar conversas, da piscina na cobertura e, claro, das tetas mais espetaculares que já vi.
Chegariam novos vizinhos, e um retorno à normalidade que a sociedade impõe.
Só para fechar minha história, nunca conto pra minha mulher, mas toda vez que eu olho nos olhos dela, toda vez que beijo seus lábios, lembro da imagem da boca dela cheia de porra, da porra do meu vizinho, até parece que sinto o gosto dela nela e isso ferve meu sangue, me dá vontade de comer ela igual um bicho
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título INTERCÂMBIO VIRTUAL para dulces.placeres@live.com
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