Barbie Gostosa

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Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos


BARBIE


Edith y yo nos habíamos escapado de la gran ciudad con la idea de reconstruir nuestra maltrecha relación de pareja, había asumido con dolor un par de infidelidades de su parte, me pidió perdón a la primera con la promesa de que no velería a repetirse, pero cuando me enteré de la segunda, pues ya no tuvo muchas excusas que poner, más que quedar expuesta ante mis ojos
Tal vez un poco fuera parte de mi culpa, sintiéndome seguro de nuestro amor, hasta idealizar en la perfección a una mujer que, como todos, tiene deseos y pecados de todo ser imperfecto
Tal vez el hecho de que me hubiera dado un hijo me hiciera imaginar tontamente que nuestra familia era perfecta, y que nada podía mover los firmes cimientos sobre los cuales descansábamos
Y tal vez un nuevo embarazo, en la espera de una niña, me hiciera bajar aun mas la guardia, y vivir en una tonta fantasía

Pero cuando las cosas salieron a luz, aun cargando su pancita de cuatro meses de embarazo, todo me había sonado a podrido
Ni sus eternas lágrimas de arrepentimiento podían sacar de mi cabeza la imagen de un extraño, llenándole la concha de leche, golpeando como martillo las mismas puertas del útero de mi inocente niña
Era el fin, pero una vez más me convenció de seguir adelante, no por mi, no por ella, solo por nuestro amado niño y la inocente criatura que llevaba en su vientre
En ese momento decidimos hacer borrón y cuenta nueva, cambiar de aire, empezar de nuevo, de cero.
Anulamos el contrato de alquiler de nuestra casita, cerramos el negocio y solo nos fuimos de la ciudad, a un pueblo modesto, pequeño, no lo pensamos demasiado, solo lo hicimos

Gobernador Arzuaga era un pueblo con aspiraciones de ciudad perdido en la nada, mitad camino entre dos grandes urbes, atravesada por las líneas férreas y punto de paso obligado para las actividades mineras e industriales del lugar, muy pujante en otros tiempos y un tanto estancado en el presente, donde había lo justo y necesario en una superficie de no más de veinte mil metros cuadrados
Típicas escenas de pueblos podían observarse, la plaza central, a un lado la comuna, al otro la comisaría, al otro el hospital público y al otro la gran iglesia en tonos de grises, contaba con tres colegios primarios, un secundario técnico y otro comercial, y para una carrera terciaria había que emigrar a otro sitio, situación que hacía que poco a poco Gobernador Arzuaga estuviera marchitándose

Pero era un sitio tranquilo y también tenía sus cosas bonitas, paisajes pintorescos, plazas de juegos para los pequeños, y la eternidad que se vive en estos parajes donde los días parecen tener más de veinticuatro horas.
Nos establecimos rápido, casi al extremo del pueblo y en un abrir y cerrar de ojos había conseguido empleo en el banco nacional como asesor de cuentas, claro, tenía un curricular envidiable y una carta de recomendación que traía de la gran ciudad
A Edith le llevó un poco mas de tiempo acomodarse, casi tres años, después del segundo parto se dedicó un poco ser mamá, hasta que la pequeña ya no fue tan demandante, entonces pudo retomar su viejo oficio de maestra particular

Por un tiempo fuimos muy felices, esos primeros años, parecíamos habernos reinventado, ella tenía su empleo en casa, yo ganaba muy buena plata en el banco, nuestros niños crecían bajo nuestra protección y 'los Villalba', como nos conocían, éramos una familia perfecta, lejos de un pasado de infidelidades
Pero el diablo siempre está al acecho, siempre expectante, siempre esperando y ante la primera posibilidad, mete la cola

Edith siempre había sido una chica de 'piernas fáciles', era una realidad, pero en esta nueva etapa de nuestras vidas se estaba forzando por ser buena esposa y aun mejor madre
Yo también tenía mis defectos, un materialista incurable que le gustaba ostentar y sentirse superior a la media, en el empleo, en el barrio, en la vida misma, de esos tipos que suelen enceguecerse cuando quieren algo y actúan sin sopesar consecuencias, y solo bastaría ese nuevo deseo para empezar un camino sin retorno
Taborda Automotores era una de las dos agencias de autos, era la que se dedicaba a autos de alta gama por así decirlo, puesto que la otra era representante multimarcas y se enfocaba en autos populares y low cost para clase media y pobretones sin remedio

Todos los días pasaba en mi coche por delante de Taborda Automotores, de ida al banco y de regreso a casa, siempre lo hacía a baja velocidad para ver lo que tenía en exhibición, era como un sano hobby, hasta que una vez, apareció un coche importado de alta gama, un sueño, en un borravino oscuro perlado, y pareció tentarme a entrar por el
Estacioné a un lado, y fui al local, directo a ver ese auto, le pegué un montón de vueltas, como un niño ante una crema helada, miré el motor, el habitáculo y supe que tenía que ser mío
El apuesto vendedor miraba a distancia prudente, con una sonrisa marcada en sus labios, sabiendo que un pez estaba mordiendo el anzuelo
Me contó un poco de todo, de las prestaciones, de las novedades y todo el entorno para cocinarme a fuego lento
Nos sentamos a hacer números, y diablos, estaba fuera de mi alcance, incluso en cuotas crediticias, y hasta tomando mi coche en parte de pago, le dije que debía pensarlo fríamente, aunque sabía que se me rompía el corazón en ese momento, salí de la agencia jurándome que ya era pasado

Pero se me había metido entre ceja y ceja, un capricho, y el siguiente paso fue tratar de convencer a Edith, a quien los autos le importaban poco y nada
El problema, fue que justamente mi esposa quería usar nuestros ahorros para construir un nuevo cuarto, teníamos un niño y una niña, y si bien hoy no era problema en ese presente, sin dudas en algún futuro necesitarían dormitorios independientes
Para ella, edificar era una inversión a futuro, y un coche solo representaba un gasto
Entendí su punto, y siendo racional, estaba en lo correcto, así que nuevamente, desistí de la idea
Pero el vendedor, hábilmente me había tomado el número de celular, y solo no dejaba de perseguirme sutilmente, como adivinando que yo sería fácil de convencer, además, no muchas personas en Gobernador Arzuaga estarían dispuestas a semejante gasto en un coche importado

Como cantos de sirenas, me decía que pasara a verlo nuevamente, que fuera con mi esposa, así ella también podía verlo y que podríamos dar algunas vueltas por el pueblo, también me decía que había hablado con Jorge Taborda, el hijo del dueño y que tal vez podríamos evaluar más alternativas de pagos
Solo no sabía que responder, y cada mañana al pasar, y cada tarde al volver, solo suspiraba al verlo a través de la vidriera del local
Y yo cada vez que podía sacaba el tema, y asfixiaba a mi esposa con ese tema recurrente, hasta convencerla para que ella me acompañara en mi aventura y desistiera de la suya
El tema llegaba a un punto sin retorno, cada vez más friccionado, porque mientras ella más me ignoraba, yo más me empecinaba y honestamente, sin su consentimiento y a sus espaldas hice una cita con Jorge Taborda


Barbie GostosaLembro que ela ficou muito puta comigo, e foi na má vontade, com a testa franzida em resposta ao meu desejo cego. O vendedor ia nos receber de novo naquele dia, e subiu com a gente pela escada lateral até o mezanino dos escritórios, onde uns vidros espelhados davam privacidade e deixavam ver o salão inteiro do térreo. Entendi que ali rolavam as negociações finais e toda a grana. Jorge nos recebeu numa boa, um cara da nossa idade, elegante, bem vestido, impecável em cada detalhe, não só na aparência, mas em tudo ao redor. Sentamos com a mesa no meio, onde tudo estava arrumado, cada coisa no seu lugar e um lugar pra cada coisa. Ele ofereceu um café antes de começarmos a conversar, e ele mesmo serviu pra gente.

Ele disse que era um homem de negócios, igual ao pai e ao avô, que sabia do meu interesse pelo carro e das minhas dificuldades pra fechar o valor, que o vendedor da loja tinha falado de mim e que, inclusive, na nossa última visita, ele tinha nos observado daquele mesmo lugar onde a gente tava. Então ele tirou três pastas das gavetas: uma azul, uma vermelha, uma verde. Em cada uma tinha uma proposta diferente, financiamentos diferentes, empréstimos diferentes, opções diferentes. Ele falou pra gente olhar com calma, analisar, e que nos esperava em uma semana, porque aquele carro seria meu.

Aquela semana ia ser foda pra caralho. Passei o tempo todo tentando convencer a Edith com toda a força, até com argumentos sem noção, argumentos que nem eu acreditava, mas ela respondia com lógica, com análises, e me deixava pagando mico. A única coisa que mudava dia após dia era ela: já não queria nem saber daquele maldito carro. Mesmo assim, uma semana depois, a gente se encontrou cara a cara com Jorge, só pra devolver as pastas e agradecer por tudo. Talvez outra hora, mas não agora. Jorge deixou a gente falar. Quando terminamos, ele... Ele parou e foi até a janela, cruzou os braços por trás e disse:

— Entendo, vejo que vocês não estão chegando a um acordo, e a diferença não é tão grande. Haveria uma quarta proposta, que guardei caso chegássemos a esse ponto. Vejam, posso esquecer essa diferença, quase estaria perdendo dinheiro...

— E em troca... — me apressei em cortar suas palavras.

— Em troca, proponho que a Edith passe um fim de semana na minha companhia.

Minha esposa se levantou de repente, entre irritada e ofendida, e disse:

— Vamos, Marcelo, acabou.

Ela se dirigiu à porta, e Jorge disse, agora virando o olhar para nós:

— Não sou um mero vendedor de carros. Ninguém chega aqui só vendendo carros. Sou um empresário, um homem de negócios, e só negocio quando tem algo que me obceca, como neste caso. E me atrevi a fazer essa proposta porque sei do histórico de vocês, de onde vêm, e, principalmente, das infidelidades que os trouxeram a Governador Arzuaga. É meu trabalho saber de tudo. Não se preocupem, o segredo de vocês está seguro, independente do que decidirem.

Levantei e fui em silêncio atrás da minha mulher. Ao chegar na porta, ele disse:

— Ah! Marcelo, a propósito, essa proposta tem data de validade: vinte e quatro horas, nem um minuto a mais. *Business is business*.

Nas vinte e quatro horas seguintes, eu empurraria a Edith para um caminho sem volta. Aquele carro era importante demais para mim, e se eu já tinha perdoado duas infidelidades dela, não via problema em ela fazer isso agora por mim, para me dar um gosto. E discutimos, discutimos muito. Ela tinha começado uma vida nova, queria ser boa mãe e melhor esposa, e só via que o que estava sendo tramado era uma forma disfarçada de se prostituir.

Para o meu ego, Jorge teria um SIM como resposta, mesmo contra a vontade da minha mulher, que naquela manhã de sábado partiu vestida bem normal, com uma bolsinha de mão.

Para ser honesto, naquele fim de semana não me importei nada com ela, nem com o que fizesse ou deixasse de fazer. Só me regozijava imaginando meu carro novo. futuro com aquele possante

No domingo, já tarde da noite, ela voltou pra casa, as crianças já estavam dormindo e eu tava muito empolgado com a parada do carro. Ela passou por mim quase sem me olhar, jogou as chaves do carro novo em cima da mesa com um certo desprezo e disse:

"Amanhã, quando você sair do banco, a gente tem que ir na agência assinar todos os papéis, aí você vai ter o que tanto queria..."

Ela não falou mais nada e eu também não quis saber. Finalmente eu tinha conseguido! Finalmente ia ser meu! E naquela segunda-feira, num piscar de olhos, meu sonho tinha se realizado. Finalmente pude dar um rolê com aquele carro e me exibir pra cidade inteira. Me senti o cara mais sortudo do mundo!

Uma semana depois, as coisas pareceram se acalmar um pouco. A adrenalina da conquista já tinha baixado e a Edith parecia mais tranquila com tudo que a gente tinha passado.

Então, naquele sábado, enquanto a gente tomava café da manhã e as crianças ainda dormiam, ela começou a falar.

Edith - Sabe, no fim das contas o Jorge se mostrou um cara interessante. Não te dá vontade de saber o que a gente fez?

Marcelo - Na real, dá sim, mas não sabia se ia te incomodar eu perguntar.

E - Bom, ele pegou um dos carros dele e a gente foi pra Colônia (Colônia é a cidade que fica ao norte de Governador Arzuaga). Ele disse que não era por causa dele, era por minha causa, não queria que a gente fosse visto junto na cidade. Ele me levou pra almoçar num restaurante muito bonito, a gente conversou bastante, ele me contou sobre a vida dele. No fim, ele era um cara muito agradável, a gente se divertiu pra caramba. Depois fomos conhecer a cidade, na verdade ele já conhecia, mas a gente foi num museu, passou por um parque e o melhor de tudo: fomos num shopping onde pude comprar todas as roupas e sapatos que eu quisesse! Ele só me pediu um vestido bem justinho e sexy, vermelho, que grudava demais no meu corpo.

Eu só deixei passar, mas percebi que ele tava tentando mexer com meu ciúme pelo jeito que ela contava.

E - Aliás, também comprei lingerie e um biquíni muito chamativo. Depois me lembra de te mostrar como fica em mim.

Sim, claramente ela tava me provocando. — À noite, jantamos no andar do restaurante do mesmo hotel, com uma vista magnífica pro lago, você precisava ver! O melhor era que eu perdia meu olhar na paisagem noturna do lago e ele perdia o dele no vestido vermelho que eu tinha comprado.

M — Precisa de tantos detalhes?

E — Sim! Claro que precisa!

Edith precisava deixar claro que ia me contar cada segundo compartilhado, ela precisava cravar bem fundo o punhal e me fazer sentir a dor.

E — Depois fomos pro quarto, um dos melhores, se não o melhor, tinha duas camas enormes, maiores que a nossa própria cama. Jorge falou pra eu escolher uma das duas porque a gente dormiria separado, ele não ia me forçar a nada, não era desse tipo, e se algo rolasse entre nós seria só por minha própria vontade, não acha loucura?

Era verdade, o punhal estava cravado e ela o movia com habilidade.

E — Mas não achei justo, nós dois sabíamos o motivo pelo qual Jorge fazia tudo o que fazia, e, além disso, eu não gosto de dormir sozinha, você sabe disso.

M — Ou seja, não era necessário, mas a puta da minha mulher não conseguiu se segurar.

E — Ha ha! Ou seja, agora sou a puta? Agora se acha no direito de me julgar?
Bom, eu tinha um conjunto bem provocante que tinha comprado naquela mesma tarde, tudo rendado, transparente, booty less, me lembra depois que te mostro como fica em mim.

Já estava começando a odiar o tom provocativo das palavras dela.

E — Fui até a cama dele, me enfiei do lado e começamos a nos beijar loucamente, ele passava a mão nas minhas tetas, na cintura, nas pernas, nas nádegas, os dedos inquietos dele entravam na minha buceta, no meu cu, me fazia gemer, e não consegui segurar o desejo, desci pelo peito dele, pela barriga, e cheguei no sexo dele, ele tava com o pau duro, muito duro, e, por sinal, grande, muito grande!
Comecei a chupar ele com muita vontade, não cabia na minha boca e ele só me deixava fazer enquanto eu acariciava as bolas dele, e tinha um gosto muito gostoso, dava pra ver que era muito homem, tinha gosto de homem. Só tava perdida entre as pernas dela
Ia deixar ele gozar na minha boca se ele não tivesse me parado

Naquele momento, tava de pau duro por causa das palavras dela, metade tesão, metade ódio

E – Me obrigou a parar, abusando da força masculina dele só pra mudar as regras do jogo, tomou o controle, beijou meu pescoço, meus peitos, meus bicos por minutos intermináveis, senti meu clitóris inchado, cheio de vontade, minha buceta escorrendo como nunca, e quando ele deslizou entre minhas pernas, já não deu pra segurar, lambeu tudo, lábios, buceta, cu, púbis e claro, clitóris.
Não dava nem queria que parasse, as mãos dele beliscavam meus bicos e eu colocava as minhas por cima das dele só pra ele não parar, fechei os olhos e gozei com tudo que tava guardado, e o mais curioso na hora foi lembrar de você, e sentir o prazer de estar pagando o que era justo pelo seu capricho

Engoli seco pra calar minhas palavras, tava me provocando de verdade, mas ele só continuou o monólogo

E – Então ela gozou em cima de mim, implorei pra ele me comer, ele meteu tudo, tão comprido e grosso como era, foi uma delícia e eu só comecei a gemer, sem me preocupar com nada, e a gente girou na cama como dois dançarinos no ritmo

Ele então sentou no colchão e fez eu sentar em cima dele, abraçando ele com minhas pernas na cintura e com meus braços no pescoço, nessa posição entrou todinha, por completo, Jorge me segurou pela cintura e pela bunda, me movendo pra cima e pra baixo no ritmo do prazer, minha buceta não parava de me dar orgasmos e a boca dele enchia meus peitos de beijos

Senti ele vindo, procurei desesperada os lábios dele pra beijar ele com loucura, aqueles beijos que até doem, soltando mais ar do que dá pra ter quando se chega no ápice

Senti ele derramar o leite dele dentro de mim, aiiii!!! tô me molhando só de lembrar o gostoso que foi sentir ele encher minha buceta de porra!!!!

M – Mas... não usou camisinha? cê é puta mesmo? supõe...
E - Meu amor... você acha que um carrão importado desses merece usar camisinha?

Naquele momento, nosso filho pequeno interrompeu o diálogo, esfregando os olhinhos e pedindo o café da manhã, o resto do que aconteceu ficaria pra outra hora, quando naquele domingo ele a levou pra navegar pra ela mostrar seu biquíni sexy, e o resto da história, tipo dar uma transa anal deliciosa só pela raiva que ele sentia de mim

O final da história triste seria tragicômico, Jorge, como eu já tinha previsto, era um homem de negócios, e Edith tinha ficado encantada com o jeito dele, e continuaram se vendo escondido, primeiro pelas minhas costas e depois abertamente, o love deles virou fofoca na cidade.
Ela me pediu o divórcio pouco depois, tinha se apaixonado pelo Jorge e nosso casamento não tinha volta, afundamos em gastos intermináveis de advogados e mais advogados e tive que vender o carro pra dar conta de tanta despesa, e quem seria o comprador? Pois é, não seria outro senão o próprio Jorge Taborda, o homem que ficou com meu carro, com minha esposa, com meus filhos, e com minha própria vida

Já se passaram cinco anos, e meio que tudo está mais calmo, mais aceito, vejo a Edith de vez em quando, cruzo com ela na agência, ou ela passa em casa, geralmente por causa dos meninos, temos guarda compartilhada, ela mudou, agora é loira, fez umas plásticas no rosto e tem dois peitões enormes, na cidade todo mundo sabe, a história de como a garota trocou o banqueiro pelo agenciador, chamam ela de Barbie, de um jeito meio pejorativo por tudo que aconteceu

Eu continuo sozinho no meu caminho, do meu jeito ainda a amo e ainda não consigo me perdoar, minha ambição desmedida, que me fez perder o que mais amava, minha própria família

Se você gostou dessa história pode me escrever com o título BARBIE para dulces.placeres@live.com

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