Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
TE OLVIDASTE DE MI?
20-03-1996
Tengo esa fecha tatuada en mi pecho, cerca del corazón, cada mañana puedo verla frente al espejo, cada mañana me recuerda a ella, su nacimiento, aunque ella no lo sepa, y de saberlo, dudo que le importe.
Nos conocimos de pequeños, muy pequeños, compartimos barrio, complejo habitacional, y el patio común, con verde césped y altas rejas al frente, el lugar es testigo de nuestro inocente andar de la mano.
Creo que siempre fuimos los mejores amigos, sin importar que ella fuera niña y yo niño, congeniábamos de maravillas y fue en principio la hermana que la vida no me dio.
No tengo recuerdos precisos acerca de cuando empezó mi relación con ella, Noemi Elizabeth, la chica de los mil nombres, en su casa era mimi, para otros, formalmente Noemí, para el grupo de amigos, Eli, o lizzy, o liza, no se, creo que cada uno la llamaba a su antojo y ella respondía a cada llamado.
Yo la llamaba diferente a todos, solamente yo la llamaba así...
En esos días de niñez adolescencia, mi padre era una adicto a todo lo referido a la música de rock, tocaba la batería como hobby y las canciones estridentes eran moneda corriente en mi hogar, solía escuchar mucho a Kiss, y entre guitarras endemoniadas y gritos del infierno había un tema diferente, característico, una balada nostálgica solo acompañada por pianos y violines, un clásico, escucharla era un antes y un después, se llamaba 'Beth'
Era una canción tan triste que de solo escucharla me daban ganas de llorar, y la relación con Noemi Elizabeth fue instantánea, un hilo mágico en invisible ataría de por vida en mi cabeza, la melodía de Beth, con mi amiga, Beth, como siempre la llamaría.
Ella era un tanto regordita en esos años, le gustaban mucho los chocolates y las mentas, y cada vez que podía le robaba unas monedas a mis papás para comprarle algo en el kiosco de doña Julia, la señora obesa de la esquina. Beth se mal acostumbró a mis sorpresas, siempre estaba esperando a que la sorprendiera y hoy lo recuerdo con una pizca de gracia.
Y todo fue perfecto mientras fuimos inocentes palomitas.
Compartimos los primeros años de estudios, era muy inteligente, muy aplicada y cada tanto venía a casa a ayudarme con las tareas, la admiraba, envidiaba y odiaba un poco, todo al mismo tiempo, era sorprendente la facilidad con la que ella captaba los conocimientos.
Crecimos, como los árboles crecen al viento, sin prisa, sin pausa...
Yo me estilicé, flaco, alto, la dejé enana, como ella misma solía llamarse, incluso su hermana menor la había superado en altura.
Sin darme cuenta, en esos años de adolescencia empecé a suspirar por ella, cuando mis ojos empezaron a notar sus incipientes formas de mujer, Beth definitivamente nunca llegaría a la media de la chicas en estatura, pero poco me importaba, seguramente nunca tendría la mejor la mejor cola, tampoco me importaba, lo mejor estaba arriba, los pechos que había desarrollado mi hermosa amiga fueron sencillamente increíbles, enormes, perfectos, siempre le dije que tenía las mejores tetas del barrio, ella solo reía y sabiendo que no mentía decía que era un exagerado. La mirada de sus ojos negros era sospechosa, su brillo escondía muchos secretos, ojos de diabla, y las sonrisas de sus labios solo invitaban a pecar. Pero había algo que realmente me quitaba el sueño y era la imagen en mis secretas masturbaciones nocturnas, sus cabellos, Beth tenía una amplia y abultada cabellera negra, preciosa, que le llegaba al nacimiento de sus glúteos, naturalmente se le hacían enormes bucles y yo no podía dejar de mirárselos, como hombre me rendía a sus pies.
Cada tanto, ella venía con sus cabellos cortos, lo hacía para donarlos a los chicos enfermos de cáncer, era puro corazón, pero me amargaba en el alma cuando la veía con ese look tan cambiado.
Ella había calado profundo en mi, tan profundo que hacía cualquier cosa por verla feliz, a tal punto que empezó a llamarme 'payaso', su payaso, solo no podía verla triste y hacía cualquier por ella.
Y así las cosas solo se fueron dando, me fui enamorando y nunca me animé a decírselo, es que ella siempre me vio como su amigo, como su payaso, y cada vez que alguien decía cosas como 'ustedes están todo el día juntos...' ella solo se reía y negaba cualquier posibilidad, si éramos solo amigos, que locura...
Yo reía por fuera, lloraba por dentro...
Cuando cumplimos diecisiete yo estaba saliendo con una chica, era mi primera noviecita, con quien tendría mi primer encuentro íntimo, sabía que ella era un pasatiempo, porque mi corazón no correspondido estaba en otro lado.
Beth y yo nos quedábamos charlando hasta altas horas de la noche, sentados en unos de los bancos del complejo, lado a lado, en ese césped, cerca de las rejas del complejo, ese lugar que había sido testigo de cada día de nuestras vidas.
Recuerdo que ella me preguntaba con los ojos enormes todos los detalles de mis encuentros con Angie, mi novia, con la curiosidad de alguien que necesita saber de que se trata, sin pelos en la lengua, que sentía, que hacíamos, sobre la eyaculación, sexo oral, vaginal, lo que imaginen, hablábamos de todo y aun con mi inexperiencia yo era un maestro para ella. Teníamos la suficiente confianza para hablar de sexo sin ningún tapujo.
En ocasiones, solo nos quedábamos mirando el cielo, esas noches limpias, claras, Beth estaba enamorada de las estrellas, en esos mundos desconocidos y distantes, en sus secretos, en su brillo, por mi lado iba a algo mas cercano, me conformaba con bajarle la luna y se la hubiera regalado de haber podido hacerlo.
Poco tiempo después llegaría su primer amor, un chico de cerca, un muchacho de nuestra edad, quien no me caía nada bien, claro, ninguno me caería bien, pero este en especial no me caía en gracia.
El tiempo me daría la razón, cada vez que me cruzaba con Beth ella venía a mi llorando, por las desventuras que tenía día a día, en una relación enferma condenada al fracaso, donde el quería tener sexo, y ella no, algo en lo que no se ponían de acuerdo.
Horas y horas pasábamos hablando siempre sobre lo mismo, un día, y al siguiente y al siguiente.
Yo trataba de ser honesto y no dejarme influenciar por mis sentimientos, y que ella no cediera ante las presiones de su novio era un alivio para mi, no quería que ese bastardo se la cogiera, solo no quería
En esos días llegaría su cumpleaños, pero entre sus problemas con ese chico y mis problemas con Angie que empezaba a ser parte de mi pasado, no recordé saludarla, Beth se puso muy molesta conmigo, esas cosas lastiman especialmente a las mujeres y de nada valieron mis suplicas de perdones. Tampoco valieron las mentitas con chocolate que tanto le gustaban, sentí su desprecio y en tantos años de armonía atravesábamos nuestra primera crisis.
Juré que eso no volvería a sucederme, tomé robados unos pesos de la billetera de mi padre y fui a un tatuador de poca monta, le dije lo que quería, y en un par de horas lucía cerca de mi corazón la fecha de su nacimiento. Nunca se lo dije, es mas, se enterará si por casualidad leyera estas líneas.
El mundo siguió girando, las cosas se acomodaron y ese primer novio nunca pudo llevársela a la cama, solo había algo que no cambiaba, mi oculto amor por ella, y que para ella, fuera su payaso, inseparable, su amigo, solo su amigo.
Llegaría Marcela y con ella días muy calientes, era una de las tantas amigas que teníamos en común, ella tenia un culo terrible, por que negarlo, y un detalle no menor, era lesbiana.
Ese punto no suponía problemas, de no ser porque Beth, me contó que ella estaba tras sus pasos.
Y una vez mas fui su confidente, ella me contaba cada intento de su amiga y como hacía para evitarla en una situación que se le hacía cuesta arriba.
De mi parte, el tema era tan cómico como erótico, la idea de dos chicas haciendo el amor me enloquecía, ademas Marcela era mujer y no suponía una competencia real para mi, y no me molestaba verla con otra chica, por el contrario, me encantaba.
Beth una y otra vez me repetía que lo suyo eran los hombres, que no le gustaban las mujeres, pero Marcela era muy bonita, y se dejaba arrastrar por los juegos se seducción.
Una tarde Beth me contó que le había aclarado todo a su amiga, que nunca la amaría, ella le dijo que lo sabía, que no le importaba y que solo jugaran, y que durara lo que tenía que durar. También me contó que se habían besado a escondidas y que Marcela besaba muy bien. Recuerdo que esas palabras me llevaban a una erección incontenible.
No tardaría mucho en escuchar lo que desaseaba escuchar, al final Beth había cedido, entre una cosa y otra Marcela se la había llevado a a cama, le había hecho el amor, y mi amiga como de costumbre, abundó en detalles, iluminó mi imaginación, lencería erótica, besos profundos, pezones rozándose, caricias pecaminosas, vaginas depiladas, amor entre mujeres.
Era todo tan erótico y ella lo hacía tan vívido que se excitaba en mis narices de solo narrarlo, se mordía los labios y me confesaba que estaba inundada en jugos. Tal vez, debí haberle hecho el amor ahí mismo, a la fuerza, pero siempre fui un cobarde
Naquela época, cheguei a pensar que a Beth era realmente lésbica. A negação constante em transar com o ex-marido e o que parecia ser prazer com a Marcela me deixavam seguro dos meus pensamentos, e com isso eu me justificava por não ter uma chance com ela.
Toda vez que eu via as duas juntas, trocando fofocas baixinho, com risadinhas cúmplices, as palavras quentes da Beth vinham na minha cabeça. Eu pagaria só pra ver elas se pegando.
As coisas mudaram da noite pro dia. O pai da Marcela arrumou um emprego no outro lado do país, e a família dela teve que se mudar. Foi tudo muito rápido, e de novo recomeçar. O jogo tinha acabado.
A gente tinha começado os estudos superiores. Eu tava pegando uma e outra, em cada mulher eu procurava a Beth, mas Beth era só uma, única, insubstituível, irrepetível.
Ela, por outro lado, também tava naqueles anos de experimentar um pouco de cada um. Em outras palavras, do jeito que eu gosto de usar a palavra: buceta, ela gostava de pica. Ela tinha tirado minhas dúvidas sobre a sexualidade dela, e eu meio que me conformei que ela transava com quem quisesse.
Só uma coisa me incomodava nisso tudo: no fundo, a Beth, através do sexo, buscava amor. Procurava alguém que a quisesse pelo que ela era, e não pelo que tinha entre as pernas. Mas ela não conseguia entender que os caras só queriam se divertir e não se prender a compromissos sérios.
E eu tinha que aguentar, de dois em dois dias, a mesma história: ela vir chorando no meu ombro, se sentindo enganada, decepcionada, por ter que aceitar que o que ela pensava não era o que rolava. Uma e outra vez eu dizia que um homem bom ia aparecer, diferente, que nem todos eram iguais, que nem todos só queriam levá-la pra cama, que alguém seria digno do amor dela. Mas nunca tive coragem de dizer que esse alguém era eu, porque eu era só o palhaço dela, quem a fazia rir, com quem ela falava da lua e das estrelas, o amigo dela, só o amigo...
E a gente se tornou adulto. grandes, com responsabilidades e meu tempo ficou mais curto, já não tinha toda a disponibilidade pra ela e ela parecia não entender isso. De certa forma, eu a negligenciei, sabia que estava fazendo isso e me odiava por isso, mas juro que fazia o impossível pra estar aos pés dela, como sempre.
Chegaram nossos piores momentos, ela tinha conhecido o Axel, um filho da puta, tinha trinta anos, dois casamentos, dois divórcios, dois filhos, eu deixei claro pra ela: que futuro ela poderia ter com um cara tão jovem que já tinha feito uma bagunça na própria vida? O que te espera, Beth? eu dizia uma e outra vez, uma gravidez precoce? mãe solteira? um adeus rápido?
Mas eu sabia o motivo pelo qual Beth não conseguia largar ele, ela mesma me dizia uma e outra vez: Axel tinha uma piroca enorme e na cama era perfeito, ninguém fazia ela sentir o que ele fazia, ninguém a fazia gritar como ele a fazia gritar, ninguém dava o prazer que ele dava, era um imã impossível de largar.
Beth me mandava uma ou outra foto íntima que tiravam, muito cuidadas, nunca mostrava os rostos, o que devia ser sexy pra mim acabava sendo um fiasco. Eu não suportava o Axel pelo estilo de vida dele, além disso ele levava pra cama a mulher que eu amava, e pra completar tinha uma piroca enorme pra qual Beth se rendia uma e outra vez.
Eu odiava ele, intimamente imaginava que se um dia tivesse a sorte de transar com Beth, jamais conseguiria fazer ela sentir o que aquele bastardo fazia, eu não tinha o que ele tinha e sentia minha masculinidade humilhada, não aguentaria ouvir algo como 'foi bom, mas não tanto quanto o Axel' ou 'sério, meu amor, não seja bobo, tamanho não importa pra mim', de qualquer forma, meus pensamentos estavam num labirinto, e todas as saídas tinham um final ruim pro meu ego.
E como se tudo isso não bastasse, a gota d'água, uma noite, com um toque de vergonha e depois de muitos rodeios, como se tivesse cometido o pior dos pecados, Beth me confessou olhando pro chão que o Axel tinha feito a bunda nela, que era a Primeira vez e tanto que insistiu que não conseguiu dizer não, que honestamente, não queria que começasse, mas depois não queria que terminasse, que foi gostoso, uma dor prazerosa, e outros detalhes que prefiro não mencionar. Acho que odiei ela naquela noite...
De novo o tempo mudaria as coisas, como eu tinha avisado, assim que Axel cansou de fazer o que queria fazer com ela, só ficou entediado, e ela, de novo, chorando no meu ombro, a história se repetindo por anos.
O engraçado é que de vez em quando ela me perguntava, espantada, por que eu andava sozinho pela vida, sem minas, sem namoradas, e eu só sorria em resposta, o que dizer, como dizer, estava cegamente apaixonado pela Beth, minha amiga, aquela mulher que nunca me veria como homem, se até ria alto quando alguém soltava essa pergunta no ar, Daniel e eu namorando? que loucura...
Há mais de um ano o destino jogaria sua última carta, aquele homem que sempre garanti que apareceria na vida dela, aquele homem que imaginei ser eu, acabou aparecendo de verdade, como uma adaga cravou no meu coração, uma careta macabra da vida, Daniel, o mesmo nome que o meu, podia ser pior?
Num piscar de olhos encontrou o que procurava, e notei como lentamente se afastava de mim, foi morar com ele, debaixo do mesmo teto, perdi minha companheira de longas conversas, de tantas vivências.
Só restaram nossos escritos, nossos e-mails, nossos whatsapps, mas não sou burro, aos poucos ela foi sumindo do meu dia a dia, e as conversas fluidas foram ficando frias e distantes, respostas por obrigação e eu soube que ela não precisava mais de mim, de repente Beth tinha virado mulher e eu tinha ficado fora do mundo dela.
Nos transformamos em estranhos, e ficou evidente que só respondia se eu escrevia, só respostas às minhas perguntas até que fiz o que não queria fazer, com medo de que acontecesse o que realmente aconteceu.
Só parei de escrever pra ela, sem mais e-mails, sem mais WhatsApp, sem mais áudios, sem mais ligações, e as portas que eu fechei ela nunca mais abriu, não me escreveu mais, não me ligou mais...
Hoje eu ando sozinho pelo pátio do condomínio, sem ela parece grande demais, às vezes me amaldiçoo por não ter tido coragem de falar o que sentia, de dizer que sempre amei ela em silêncio, só me resta o consolo de saber que pra ela eu fui sempre o melhor amigo, o palhaço, o ombro onde ela desabava as lágrimas, os desamores.
Minha linda Beth, se ao menos você soubesse...
Naquelas noites tranquilas, quando o vento fresco sopra do sul, quando tem paz no ar, costumo andar sozinho pelo pátio do condomínio, gosto de sentar no banco que a gente dividia, levanto os olhos pro céu e fico olhando as estrelas, o brilho delas, infinito, a distância, tão lindas, e por elas lembro de você, como você amava elas, todas eram suas, lembra? quantas vezes a gente falou sobre isso, seria nossa ponte, seria nosso jeito de nos entender...
Também olho pra lua, a majestade dela quando tá cheia e coberta de brilho, é a minha lua, e é onde tenho uma esperança remota que alguma noite você olhe pro céu, e se isso acontecesse, se você visse ela, só queria te perguntar
Você esqueceu de mim?
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título VOCÊ ESQUECEU DE MIM? para doces.prazeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
TE OLVIDASTE DE MI?
20-03-1996
Tengo esa fecha tatuada en mi pecho, cerca del corazón, cada mañana puedo verla frente al espejo, cada mañana me recuerda a ella, su nacimiento, aunque ella no lo sepa, y de saberlo, dudo que le importe.
Nos conocimos de pequeños, muy pequeños, compartimos barrio, complejo habitacional, y el patio común, con verde césped y altas rejas al frente, el lugar es testigo de nuestro inocente andar de la mano.
Creo que siempre fuimos los mejores amigos, sin importar que ella fuera niña y yo niño, congeniábamos de maravillas y fue en principio la hermana que la vida no me dio.
No tengo recuerdos precisos acerca de cuando empezó mi relación con ella, Noemi Elizabeth, la chica de los mil nombres, en su casa era mimi, para otros, formalmente Noemí, para el grupo de amigos, Eli, o lizzy, o liza, no se, creo que cada uno la llamaba a su antojo y ella respondía a cada llamado.
Yo la llamaba diferente a todos, solamente yo la llamaba así...
En esos días de niñez adolescencia, mi padre era una adicto a todo lo referido a la música de rock, tocaba la batería como hobby y las canciones estridentes eran moneda corriente en mi hogar, solía escuchar mucho a Kiss, y entre guitarras endemoniadas y gritos del infierno había un tema diferente, característico, una balada nostálgica solo acompañada por pianos y violines, un clásico, escucharla era un antes y un después, se llamaba 'Beth'
Era una canción tan triste que de solo escucharla me daban ganas de llorar, y la relación con Noemi Elizabeth fue instantánea, un hilo mágico en invisible ataría de por vida en mi cabeza, la melodía de Beth, con mi amiga, Beth, como siempre la llamaría.
Ella era un tanto regordita en esos años, le gustaban mucho los chocolates y las mentas, y cada vez que podía le robaba unas monedas a mis papás para comprarle algo en el kiosco de doña Julia, la señora obesa de la esquina. Beth se mal acostumbró a mis sorpresas, siempre estaba esperando a que la sorprendiera y hoy lo recuerdo con una pizca de gracia.
Y todo fue perfecto mientras fuimos inocentes palomitas.
Compartimos los primeros años de estudios, era muy inteligente, muy aplicada y cada tanto venía a casa a ayudarme con las tareas, la admiraba, envidiaba y odiaba un poco, todo al mismo tiempo, era sorprendente la facilidad con la que ella captaba los conocimientos.
Crecimos, como los árboles crecen al viento, sin prisa, sin pausa...
Yo me estilicé, flaco, alto, la dejé enana, como ella misma solía llamarse, incluso su hermana menor la había superado en altura.
Sin darme cuenta, en esos años de adolescencia empecé a suspirar por ella, cuando mis ojos empezaron a notar sus incipientes formas de mujer, Beth definitivamente nunca llegaría a la media de la chicas en estatura, pero poco me importaba, seguramente nunca tendría la mejor la mejor cola, tampoco me importaba, lo mejor estaba arriba, los pechos que había desarrollado mi hermosa amiga fueron sencillamente increíbles, enormes, perfectos, siempre le dije que tenía las mejores tetas del barrio, ella solo reía y sabiendo que no mentía decía que era un exagerado. La mirada de sus ojos negros era sospechosa, su brillo escondía muchos secretos, ojos de diabla, y las sonrisas de sus labios solo invitaban a pecar. Pero había algo que realmente me quitaba el sueño y era la imagen en mis secretas masturbaciones nocturnas, sus cabellos, Beth tenía una amplia y abultada cabellera negra, preciosa, que le llegaba al nacimiento de sus glúteos, naturalmente se le hacían enormes bucles y yo no podía dejar de mirárselos, como hombre me rendía a sus pies.
Cada tanto, ella venía con sus cabellos cortos, lo hacía para donarlos a los chicos enfermos de cáncer, era puro corazón, pero me amargaba en el alma cuando la veía con ese look tan cambiado.
Ella había calado profundo en mi, tan profundo que hacía cualquier cosa por verla feliz, a tal punto que empezó a llamarme 'payaso', su payaso, solo no podía verla triste y hacía cualquier por ella.
Y así las cosas solo se fueron dando, me fui enamorando y nunca me animé a decírselo, es que ella siempre me vio como su amigo, como su payaso, y cada vez que alguien decía cosas como 'ustedes están todo el día juntos...' ella solo se reía y negaba cualquier posibilidad, si éramos solo amigos, que locura...
Yo reía por fuera, lloraba por dentro...
Cuando cumplimos diecisiete yo estaba saliendo con una chica, era mi primera noviecita, con quien tendría mi primer encuentro íntimo, sabía que ella era un pasatiempo, porque mi corazón no correspondido estaba en otro lado.
Beth y yo nos quedábamos charlando hasta altas horas de la noche, sentados en unos de los bancos del complejo, lado a lado, en ese césped, cerca de las rejas del complejo, ese lugar que había sido testigo de cada día de nuestras vidas.
Recuerdo que ella me preguntaba con los ojos enormes todos los detalles de mis encuentros con Angie, mi novia, con la curiosidad de alguien que necesita saber de que se trata, sin pelos en la lengua, que sentía, que hacíamos, sobre la eyaculación, sexo oral, vaginal, lo que imaginen, hablábamos de todo y aun con mi inexperiencia yo era un maestro para ella. Teníamos la suficiente confianza para hablar de sexo sin ningún tapujo.
En ocasiones, solo nos quedábamos mirando el cielo, esas noches limpias, claras, Beth estaba enamorada de las estrellas, en esos mundos desconocidos y distantes, en sus secretos, en su brillo, por mi lado iba a algo mas cercano, me conformaba con bajarle la luna y se la hubiera regalado de haber podido hacerlo.
Poco tiempo después llegaría su primer amor, un chico de cerca, un muchacho de nuestra edad, quien no me caía nada bien, claro, ninguno me caería bien, pero este en especial no me caía en gracia.
El tiempo me daría la razón, cada vez que me cruzaba con Beth ella venía a mi llorando, por las desventuras que tenía día a día, en una relación enferma condenada al fracaso, donde el quería tener sexo, y ella no, algo en lo que no se ponían de acuerdo.
Horas y horas pasábamos hablando siempre sobre lo mismo, un día, y al siguiente y al siguiente.
Yo trataba de ser honesto y no dejarme influenciar por mis sentimientos, y que ella no cediera ante las presiones de su novio era un alivio para mi, no quería que ese bastardo se la cogiera, solo no quería
En esos días llegaría su cumpleaños, pero entre sus problemas con ese chico y mis problemas con Angie que empezaba a ser parte de mi pasado, no recordé saludarla, Beth se puso muy molesta conmigo, esas cosas lastiman especialmente a las mujeres y de nada valieron mis suplicas de perdones. Tampoco valieron las mentitas con chocolate que tanto le gustaban, sentí su desprecio y en tantos años de armonía atravesábamos nuestra primera crisis.
Juré que eso no volvería a sucederme, tomé robados unos pesos de la billetera de mi padre y fui a un tatuador de poca monta, le dije lo que quería, y en un par de horas lucía cerca de mi corazón la fecha de su nacimiento. Nunca se lo dije, es mas, se enterará si por casualidad leyera estas líneas.
El mundo siguió girando, las cosas se acomodaron y ese primer novio nunca pudo llevársela a la cama, solo había algo que no cambiaba, mi oculto amor por ella, y que para ella, fuera su payaso, inseparable, su amigo, solo su amigo.
Llegaría Marcela y con ella días muy calientes, era una de las tantas amigas que teníamos en común, ella tenia un culo terrible, por que negarlo, y un detalle no menor, era lesbiana.
Ese punto no suponía problemas, de no ser porque Beth, me contó que ella estaba tras sus pasos.
Y una vez mas fui su confidente, ella me contaba cada intento de su amiga y como hacía para evitarla en una situación que se le hacía cuesta arriba.
De mi parte, el tema era tan cómico como erótico, la idea de dos chicas haciendo el amor me enloquecía, ademas Marcela era mujer y no suponía una competencia real para mi, y no me molestaba verla con otra chica, por el contrario, me encantaba.
Beth una y otra vez me repetía que lo suyo eran los hombres, que no le gustaban las mujeres, pero Marcela era muy bonita, y se dejaba arrastrar por los juegos se seducción.
Una tarde Beth me contó que le había aclarado todo a su amiga, que nunca la amaría, ella le dijo que lo sabía, que no le importaba y que solo jugaran, y que durara lo que tenía que durar. También me contó que se habían besado a escondidas y que Marcela besaba muy bien. Recuerdo que esas palabras me llevaban a una erección incontenible.
No tardaría mucho en escuchar lo que desaseaba escuchar, al final Beth había cedido, entre una cosa y otra Marcela se la había llevado a a cama, le había hecho el amor, y mi amiga como de costumbre, abundó en detalles, iluminó mi imaginación, lencería erótica, besos profundos, pezones rozándose, caricias pecaminosas, vaginas depiladas, amor entre mujeres.
Era todo tan erótico y ella lo hacía tan vívido que se excitaba en mis narices de solo narrarlo, se mordía los labios y me confesaba que estaba inundada en jugos. Tal vez, debí haberle hecho el amor ahí mismo, a la fuerza, pero siempre fui un cobarde
Naquela época, cheguei a pensar que a Beth era realmente lésbica. A negação constante em transar com o ex-marido e o que parecia ser prazer com a Marcela me deixavam seguro dos meus pensamentos, e com isso eu me justificava por não ter uma chance com ela. Toda vez que eu via as duas juntas, trocando fofocas baixinho, com risadinhas cúmplices, as palavras quentes da Beth vinham na minha cabeça. Eu pagaria só pra ver elas se pegando.
As coisas mudaram da noite pro dia. O pai da Marcela arrumou um emprego no outro lado do país, e a família dela teve que se mudar. Foi tudo muito rápido, e de novo recomeçar. O jogo tinha acabado.
A gente tinha começado os estudos superiores. Eu tava pegando uma e outra, em cada mulher eu procurava a Beth, mas Beth era só uma, única, insubstituível, irrepetível.
Ela, por outro lado, também tava naqueles anos de experimentar um pouco de cada um. Em outras palavras, do jeito que eu gosto de usar a palavra: buceta, ela gostava de pica. Ela tinha tirado minhas dúvidas sobre a sexualidade dela, e eu meio que me conformei que ela transava com quem quisesse.
Só uma coisa me incomodava nisso tudo: no fundo, a Beth, através do sexo, buscava amor. Procurava alguém que a quisesse pelo que ela era, e não pelo que tinha entre as pernas. Mas ela não conseguia entender que os caras só queriam se divertir e não se prender a compromissos sérios.
E eu tinha que aguentar, de dois em dois dias, a mesma história: ela vir chorando no meu ombro, se sentindo enganada, decepcionada, por ter que aceitar que o que ela pensava não era o que rolava. Uma e outra vez eu dizia que um homem bom ia aparecer, diferente, que nem todos eram iguais, que nem todos só queriam levá-la pra cama, que alguém seria digno do amor dela. Mas nunca tive coragem de dizer que esse alguém era eu, porque eu era só o palhaço dela, quem a fazia rir, com quem ela falava da lua e das estrelas, o amigo dela, só o amigo...
E a gente se tornou adulto. grandes, com responsabilidades e meu tempo ficou mais curto, já não tinha toda a disponibilidade pra ela e ela parecia não entender isso. De certa forma, eu a negligenciei, sabia que estava fazendo isso e me odiava por isso, mas juro que fazia o impossível pra estar aos pés dela, como sempre.
Chegaram nossos piores momentos, ela tinha conhecido o Axel, um filho da puta, tinha trinta anos, dois casamentos, dois divórcios, dois filhos, eu deixei claro pra ela: que futuro ela poderia ter com um cara tão jovem que já tinha feito uma bagunça na própria vida? O que te espera, Beth? eu dizia uma e outra vez, uma gravidez precoce? mãe solteira? um adeus rápido?
Mas eu sabia o motivo pelo qual Beth não conseguia largar ele, ela mesma me dizia uma e outra vez: Axel tinha uma piroca enorme e na cama era perfeito, ninguém fazia ela sentir o que ele fazia, ninguém a fazia gritar como ele a fazia gritar, ninguém dava o prazer que ele dava, era um imã impossível de largar.
Beth me mandava uma ou outra foto íntima que tiravam, muito cuidadas, nunca mostrava os rostos, o que devia ser sexy pra mim acabava sendo um fiasco. Eu não suportava o Axel pelo estilo de vida dele, além disso ele levava pra cama a mulher que eu amava, e pra completar tinha uma piroca enorme pra qual Beth se rendia uma e outra vez.
Eu odiava ele, intimamente imaginava que se um dia tivesse a sorte de transar com Beth, jamais conseguiria fazer ela sentir o que aquele bastardo fazia, eu não tinha o que ele tinha e sentia minha masculinidade humilhada, não aguentaria ouvir algo como 'foi bom, mas não tanto quanto o Axel' ou 'sério, meu amor, não seja bobo, tamanho não importa pra mim', de qualquer forma, meus pensamentos estavam num labirinto, e todas as saídas tinham um final ruim pro meu ego.
E como se tudo isso não bastasse, a gota d'água, uma noite, com um toque de vergonha e depois de muitos rodeios, como se tivesse cometido o pior dos pecados, Beth me confessou olhando pro chão que o Axel tinha feito a bunda nela, que era a Primeira vez e tanto que insistiu que não conseguiu dizer não, que honestamente, não queria que começasse, mas depois não queria que terminasse, que foi gostoso, uma dor prazerosa, e outros detalhes que prefiro não mencionar. Acho que odiei ela naquela noite...
De novo o tempo mudaria as coisas, como eu tinha avisado, assim que Axel cansou de fazer o que queria fazer com ela, só ficou entediado, e ela, de novo, chorando no meu ombro, a história se repetindo por anos.
O engraçado é que de vez em quando ela me perguntava, espantada, por que eu andava sozinho pela vida, sem minas, sem namoradas, e eu só sorria em resposta, o que dizer, como dizer, estava cegamente apaixonado pela Beth, minha amiga, aquela mulher que nunca me veria como homem, se até ria alto quando alguém soltava essa pergunta no ar, Daniel e eu namorando? que loucura...
Há mais de um ano o destino jogaria sua última carta, aquele homem que sempre garanti que apareceria na vida dela, aquele homem que imaginei ser eu, acabou aparecendo de verdade, como uma adaga cravou no meu coração, uma careta macabra da vida, Daniel, o mesmo nome que o meu, podia ser pior?
Num piscar de olhos encontrou o que procurava, e notei como lentamente se afastava de mim, foi morar com ele, debaixo do mesmo teto, perdi minha companheira de longas conversas, de tantas vivências.
Só restaram nossos escritos, nossos e-mails, nossos whatsapps, mas não sou burro, aos poucos ela foi sumindo do meu dia a dia, e as conversas fluidas foram ficando frias e distantes, respostas por obrigação e eu soube que ela não precisava mais de mim, de repente Beth tinha virado mulher e eu tinha ficado fora do mundo dela.
Nos transformamos em estranhos, e ficou evidente que só respondia se eu escrevia, só respostas às minhas perguntas até que fiz o que não queria fazer, com medo de que acontecesse o que realmente aconteceu.
Só parei de escrever pra ela, sem mais e-mails, sem mais WhatsApp, sem mais áudios, sem mais ligações, e as portas que eu fechei ela nunca mais abriu, não me escreveu mais, não me ligou mais...
Hoje eu ando sozinho pelo pátio do condomínio, sem ela parece grande demais, às vezes me amaldiçoo por não ter tido coragem de falar o que sentia, de dizer que sempre amei ela em silêncio, só me resta o consolo de saber que pra ela eu fui sempre o melhor amigo, o palhaço, o ombro onde ela desabava as lágrimas, os desamores.
Minha linda Beth, se ao menos você soubesse...
Naquelas noites tranquilas, quando o vento fresco sopra do sul, quando tem paz no ar, costumo andar sozinho pelo pátio do condomínio, gosto de sentar no banco que a gente dividia, levanto os olhos pro céu e fico olhando as estrelas, o brilho delas, infinito, a distância, tão lindas, e por elas lembro de você, como você amava elas, todas eram suas, lembra? quantas vezes a gente falou sobre isso, seria nossa ponte, seria nosso jeito de nos entender...
Também olho pra lua, a majestade dela quando tá cheia e coberta de brilho, é a minha lua, e é onde tenho uma esperança remota que alguma noite você olhe pro céu, e se isso acontecesse, se você visse ela, só queria te perguntar
Você esqueceu de mim?
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título VOCÊ ESQUECEU DE MIM? para doces.prazeres@live.com
1 comentários - Já esqueceu de mim, gostosa?
cerrando los ojos, la dejé pasar!
☝ "Cobardia" de Amado Nervo