Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Johana
Antes que nada no quisiera que me juzguen sin ponerse en mis zapatos, solo vi la oportunidad y la tomé, no me enorgullece lo que hice, pero tampoco me arrepiento.
La vida nunca se portó bien conmigo, somos siete hermanos, yo soy el menor, por lo que ellos cuentan mi madre murió cuando nací, estuvo mal esterilizada y una infección rápidamente invadió su organismo, en el viejo hospitalito del pueblo no hay muchas garantías y cuando los médicos advirtieron lo que pasaba era tarde, no se pudo hacer mucho.
Mi padre cargó con todo el peso, y la carga fue muy pesada para sus hombros, a mis tres años se quitaba la vida colgándose en una viga del dormitorio.
Todos fuimos repartidos entre los familiares, a mí me tocó con una tía, hermana de mi padre, mis primeros recuerdos me llevan a una mujer regordeta y bonachona, que me trataba y quería como el hijo que nunca tuvo, cuando tenía unos diez años se casaría por primera vez y encontraría en este tío el afecto de un padre.
Pero bueno, mis padres no estaban, a mis hermanos los veía poco y nada y para colmo vivíamos en una pobreza terrible, éramos muy humildes, muchas veces me iba a dormir con un pedazo de pan duro en el estómago y los fines de semana el mejor menú era un buen guiso.
Mis juguetes eran latas oxidadas y autitos improvisados en ramitas talladas, se me agrandaban los ojos cuando veía las cosas que tenían otros niños de mi edad, recuerdo que pena y que bronca me daba cuando los rompían solo por diversión, por el hecho de tener otros disponibles.
No estudié, no pude, con mi padre postizo aprendí el oficio de zapatero y cuando otros estudiaban yo debía ayudarlo en el taller, apenas terminé la primaria. Pero no reniego de nada, a decir verdad dentro de lo malo no todo era tan malo, uno de mis hermanos mayores se había suicidado, un par se habían dedicado a la mala vida, ladrones, dinero fácil, uno estaba preso, el otro había sido abatido en un ajuste de cuentas, mi hermana, una de era prostituta y los demás no tenían mejor vida.
En mi adolescencia llegaría mi despertar sexual, empezaría a ver a las chicas como mujeres y descubriría lo que tal vez fuera el único regalo de la naturaleza, mi pene era enorme, cabezón y colgaba entre mis piernas en forma llamativa.
Tuve mis primeras experiencias sexuales, descubriría que para la mayoría de las mujeres el deseo de un pene enorme era más parte de su morbo que una necesidad, no se sentían cómodas con tanta pija y también pensé en algún momento que tener una verga grande era otra de todas las maldiciones que soportaría en mi vida.
El tiempo pasaba, mi tío había fallecido y yo seguí por un tiempo con el oficio de zapatero, pero los vaivenes económicos de mi país subdesarrollado me hicieron vivir años de una importación asesina, a la gente le salía más caro reparar zapatos que comprar nuevos. Para mí fue devastador, no pude subsistir y la única salida fue empezar a trabar bajo relación de dependencia, estaba demasiado crecidito para vivir con los pocos pesos que mi tía recibía por pensión.
Estaba llegando a mis treinta años cuando entré a trabajar en una pequeña fundición familiar, nada que ver con mi oficio, pero si algo me sobraba eran ganas de aprender.
Patricio, nuestro capataz era el hijo del dueño, un joven de piel blanca y de flojo carácter, parecía más uno de nosotros que alguien que fuera a tomar las riendas a futuro, su padre lo trataba con rudeza y generalmente lo ninguneaba ante nuestros ojos, por lo errores que cometía. Era triste, porque si su padre no lo respetaba que respeto podíamos tenerle nosotros? Faltaba disciplina y las cosas así no funcionaban.
Como dije, el parecía identificarse más con los obreros que con la patronal, de hecho al terminar la jornada él venía a ducharse con nosotros, como uno más del grupo.
Había rumores de que él era un tanto afeminado, tenía algunos gestos medios sospechosos, y más de una vez lo sorprendía bajo la ducha con su mirada perdida en mi verga, eso me ponía un tanto incómodo, más cuando mis compañeros lo notaban y empezaban los silbidos y gestos humillantes, en esos momentos su piel blanca se ponía roja de vergüenza.
En esos días yo estaba por demás apretado económicamente, tenía un crédito hipotecario que me estaba haciendo añicos, no tenía a quien recurrir, desesperado jugué mi última carta y pedí una reunión en privado con Patricio.
Pasé a su pequeño despacho, cerró la puerta tras mis pasos, nos sentamos, uno a cada lado del escritorio, le conté mis pesares y le supliqué por un pequeño aumento, por un préstamo interno por unos meses, como adelanto de mi sueldo, lo que fuera para sacarme la soga del cuello…
El me escuchaba atentamente mordisqueando el extremo de su birome, me explicó que todo lo que se refería a dinero en la empresa lo manejaba su padre, que él no podía hacer nada sin su consentimiento y además que con la situación del país la empresa apenas subsistía y hacía malabares para no despedir personal.
Me incorporé y le agradecí de todas maneras, giré para retirarme, cuando dijo:
- Sin embargo… tal vez yo podría ayudarte… claro, si tú quieres…
Giré nuevamente, había ahora demasiados billetes sobre el escritorio y la mirada de Patricio se perdía en mi bulto, como en el vestuario bajo la ducha.
Entendí el pedido, el fue hacia las ventanas y cerró los cortinados, volvió a mí, frente a frente y preguntó:
- Y? cerramos trato?
Me sentí humillado, me pegó en mi orgullo, no tenía nada contra ese debilucho, me gustaban las mujeres y no pensaría cogerme a ese afeminado, ni por todos los billetes del mundo, se lo hice saber, en el tono mas cordial posible, sin olvidar que el era mi jefe y que yo necesitaba desesperadamente el trabajo.
El tomó los billetes nuevamente y me dejó entrever que era una pena, que tal vez no habría otra oportunidad.
Pasaron los días, busqué salidas, golpeé cada puerta que pude golpear y descubrí que ninguna estaba abierta, y me empecé a sentir acorralado, que la soga se ajustaba a mi cuello, recordé a mi padre colgado en la viga y como la historia parecía repetirse. Era todo un incordio y cuando esa mañana recibí el telegrama certificado del correo, indicándome que era el último aviso de levantar la hipoteca antes de empezar los trámites legales para rematar mi propiedad, supe que solo me quedaba una carta por jugar.
Esa misma tarde le volví a pedir una reunión a Patricio, a solas, y otra vez terminamos en su modesto despacho, a puertas cerradas, le comenté mi situación sin pelos en la lengua, sin vueltas, y con notable desesperación pregunté si aun estaban disponibles esos billetes.
Mi jefe esbozó una sonrisa, consciente de lo que sucedía, era evidente que el tenía la sartén por el mango así que empezó a jugar conmigo, claro, si tiempo atrás me había rehusado, ahora estaba de rodillas ante él.
Nuevamente dio un rodeo asegurándose que el resto del personal estuviera ocupado en sus quehaceres si notar nuestra situación, lentamente cerró los cortinados, me preguntó de cuanto dinero hablábamos, contó los billetes, los puso a un lado y me preguntó si teníamos un trato
No respondí, solo abrí mi bragueta para bajar los pantalones…
Patricio se ajoelhou diante de mim, começou a acariciá-la admirado pelo seu tamanho, eu só olhava o dinheiro sobre a mesa enquanto sentia que suas carícias faziam efeito, mais de vinte centímetros de carne começavam a se erguer, meu pau ficou duro como uma barra, ele me masturbou com firmeza, eu o sentia quente e excitado aos meus pés, ele puxou a pele toda deixando minha cabeça vermelha exposta diante dele, seus lábios começaram a beijá-la, sua língua úmida a abordava e circulava, suas mãos brancas apertavam minha carne e sua respiração ficava ofegante.
Já não prestava atenção no dinheiro, agora observava como meu chefe chupava meu pau, batia o rosto no pedaço de carne, uma e outra vez.
Ele dava uma chupada maravilhosa, abria a boca e a devorava centímetro por centímetro, até se engasgar para depois aspirá-la à medida que se retirava, voltava a abrir grande para devorá-la novamente, para voltar a sugá-la, estava me matando...
Enquanto isso, aos meus pés ele havia desnudado o próprio pau e se masturbava enquanto saboreava o meu, sua língua voltava a deslizar pela minha cabeça, eu sentia vontade de gozar, avisei que não demoraria muito se ele continuasse fazendo aquilo...
Ele tinha metade do pau na boca quando comecei a jorrar porra, ele gemeu e franziu o rosto mas não parava de manter o ritmo, pelo contrário aumentava seu frenesi tentando extrair até a última gota.
Ao mesmo tempo ele também se acabou, expelindo um grande jato entre minhas pernas.
Patricio havia engolido toda minha porra, eu arrumei minha roupa enquanto ele limpava o chão e colocava tudo em ordem, quando terminamos ele me olhou e disse:
- Que pau lindo você tem! E já sabe, se precisar de dinheiro podemos conversar...
Vou confessar uma coisa, muitas mulheres chuparam meu pau, antes e depois de Patricio, mas tenho que admitir que ninguém fez tão bem quanto ele...
Foi rápido e simples assim, exatamente como leram, as mil voltas que dei acabaram acontecendo num piscar de olhos, por uma rápida A mamada conseguia me manter à tona.
Como era de se esperar, em pouco tempo a corda estava de volta no meu pescoço e eu já sabia onde conseguir dinheiro, fácil e rápido...
A segunda vez, Patricio me chamou no galpão, para não levantar suspeitas - galpão era como a gente chamava um depósito onde ficavam todas as coisas abandonadas, tralhas que ninguém usava e que o velho se recusava a jogar fora. Lá ninguém ia, além do mais Patricio sempre tinha as chaves com ele...
Quando nos encontramos, ele disse:
- Hoje o pagamento é em dobro, mas eu quero um pouco mais... além disso, gostaria que você me chamasse de Johana...
Ele se despiu e se jogou sobre um colchão velho que tinha por ali, ficou de quatro e lubrificou o esfíncter com gel que tinha levado de propósito. Entendi na hora o que ele queria...
Peguei alguns momentos acariciando meu pau para ele ficar duro e fui pra cima dele. Patricio abriu as nádegas com as mãos, encaixei e comecei a empurrar. O cu dele parecia não querer ceder, mas eu precisava ganhar aquela grana.
Meu pau começou a penetrar, então senti Patricio choramingar como um menino enquanto batia os calcanhares...
- Para! Para! Ai! Tá doendo! Tá doendo!
Ele suplicava e pela primeira vez me senti poderoso, não parei de empurrar e respondi:
- Aguenta, Johana, queria pau? Agora aguenta...
Era estranho chamá-lo assim, mas se era o gosto dele... Finalmente o cuzinho branco cedeu, meu pau atravessou, metade ainda ficava pra fora e ele começou a gemer enquanto eu metia e tirava, de novo e de novo, arrombando aquele cu afeminado.
Patricio gozava com meu pau, gostava que eu arrebentasse tudo e eu fazia meu melhor para satisfazê-lo. Ele pediu para mudar de posição, deitou de costas levantando as pernas sobre meus ombros, penetrei bem fundo. O pau dele estava duro, inchado e ele começou a se masturbar enquanto eu metia.
Dei um tapa na mão dele e ordenei:
- Johana! Para de se tocar! Proibido se masturbar!
Ele me olhou com os olhos arregalados enquanto eu continuava metendo. O cu, ele começou a me implorar para deixá-lo gozar, que o pau dele não aguentava mais, mas eu não deixava ele se tocar. Consegui avistar um líquido transparente escorrendo da ponta do membro dele, ele estava no limite, era a hora. Me concentrei e em alguns segundos enchi todo o cu dele com porra quente, bem fundo, enquanto ele se contorcia de prazer.
Quando terminei, deixei o esfíncter dele alargado e escorrendo porra, fui até a boca dele e ordenei:
- Agora sim, enquanto limpa bem meu pau você pode se masturbar…
Patrício obedeceu, lambendo meu pau que já tinha perdido a ereção. Alguns segundos depois, a porra dele jorrou com tanta força que chegou até minha perna. Eu tinha deixado ele bem excitado…
Por mais alguns meses, esses encontros clandestinos continuaram, onde Patrício e eu trocávamos sexo por dinheiro, até que várias coisas mudaram. O pai do jovem teve que demitir vários funcionários, entre os quais eu estava. Além disso, quase ao mesmo tempo, eu tinha conhecido uma garota com quem comecei um relacionamento. Com o dinheiro que recebi da indenização e outra parte que ela colocou, abrimos uma loja, uma sapataria.
Não soube muito mais sobre a vida de Patrício. Chegaram rumores aos meus ouvidos de que ele tinha se afastado do pai, que era outra pessoa, que o corpo dele tinha mudado consideravelmente. Agora ele tinha cabelo loiro e longo, agora ele cobrava por sexo e até tinha colocado implantes de silicone. Até o nome dele tinha mudado, agora era Johana.
Se você é maior de idade, gostaria de saber sua opinião sobre este relato. Escreva para mim com o título ‘JOHANA’ em dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Johana
Antes que nada no quisiera que me juzguen sin ponerse en mis zapatos, solo vi la oportunidad y la tomé, no me enorgullece lo que hice, pero tampoco me arrepiento.
La vida nunca se portó bien conmigo, somos siete hermanos, yo soy el menor, por lo que ellos cuentan mi madre murió cuando nací, estuvo mal esterilizada y una infección rápidamente invadió su organismo, en el viejo hospitalito del pueblo no hay muchas garantías y cuando los médicos advirtieron lo que pasaba era tarde, no se pudo hacer mucho.
Mi padre cargó con todo el peso, y la carga fue muy pesada para sus hombros, a mis tres años se quitaba la vida colgándose en una viga del dormitorio.
Todos fuimos repartidos entre los familiares, a mí me tocó con una tía, hermana de mi padre, mis primeros recuerdos me llevan a una mujer regordeta y bonachona, que me trataba y quería como el hijo que nunca tuvo, cuando tenía unos diez años se casaría por primera vez y encontraría en este tío el afecto de un padre.
Pero bueno, mis padres no estaban, a mis hermanos los veía poco y nada y para colmo vivíamos en una pobreza terrible, éramos muy humildes, muchas veces me iba a dormir con un pedazo de pan duro en el estómago y los fines de semana el mejor menú era un buen guiso.
Mis juguetes eran latas oxidadas y autitos improvisados en ramitas talladas, se me agrandaban los ojos cuando veía las cosas que tenían otros niños de mi edad, recuerdo que pena y que bronca me daba cuando los rompían solo por diversión, por el hecho de tener otros disponibles.
No estudié, no pude, con mi padre postizo aprendí el oficio de zapatero y cuando otros estudiaban yo debía ayudarlo en el taller, apenas terminé la primaria. Pero no reniego de nada, a decir verdad dentro de lo malo no todo era tan malo, uno de mis hermanos mayores se había suicidado, un par se habían dedicado a la mala vida, ladrones, dinero fácil, uno estaba preso, el otro había sido abatido en un ajuste de cuentas, mi hermana, una de era prostituta y los demás no tenían mejor vida.
En mi adolescencia llegaría mi despertar sexual, empezaría a ver a las chicas como mujeres y descubriría lo que tal vez fuera el único regalo de la naturaleza, mi pene era enorme, cabezón y colgaba entre mis piernas en forma llamativa.
Tuve mis primeras experiencias sexuales, descubriría que para la mayoría de las mujeres el deseo de un pene enorme era más parte de su morbo que una necesidad, no se sentían cómodas con tanta pija y también pensé en algún momento que tener una verga grande era otra de todas las maldiciones que soportaría en mi vida.
El tiempo pasaba, mi tío había fallecido y yo seguí por un tiempo con el oficio de zapatero, pero los vaivenes económicos de mi país subdesarrollado me hicieron vivir años de una importación asesina, a la gente le salía más caro reparar zapatos que comprar nuevos. Para mí fue devastador, no pude subsistir y la única salida fue empezar a trabar bajo relación de dependencia, estaba demasiado crecidito para vivir con los pocos pesos que mi tía recibía por pensión.
Estaba llegando a mis treinta años cuando entré a trabajar en una pequeña fundición familiar, nada que ver con mi oficio, pero si algo me sobraba eran ganas de aprender.
Patricio, nuestro capataz era el hijo del dueño, un joven de piel blanca y de flojo carácter, parecía más uno de nosotros que alguien que fuera a tomar las riendas a futuro, su padre lo trataba con rudeza y generalmente lo ninguneaba ante nuestros ojos, por lo errores que cometía. Era triste, porque si su padre no lo respetaba que respeto podíamos tenerle nosotros? Faltaba disciplina y las cosas así no funcionaban.
Como dije, el parecía identificarse más con los obreros que con la patronal, de hecho al terminar la jornada él venía a ducharse con nosotros, como uno más del grupo.
Había rumores de que él era un tanto afeminado, tenía algunos gestos medios sospechosos, y más de una vez lo sorprendía bajo la ducha con su mirada perdida en mi verga, eso me ponía un tanto incómodo, más cuando mis compañeros lo notaban y empezaban los silbidos y gestos humillantes, en esos momentos su piel blanca se ponía roja de vergüenza.
En esos días yo estaba por demás apretado económicamente, tenía un crédito hipotecario que me estaba haciendo añicos, no tenía a quien recurrir, desesperado jugué mi última carta y pedí una reunión en privado con Patricio.
Pasé a su pequeño despacho, cerró la puerta tras mis pasos, nos sentamos, uno a cada lado del escritorio, le conté mis pesares y le supliqué por un pequeño aumento, por un préstamo interno por unos meses, como adelanto de mi sueldo, lo que fuera para sacarme la soga del cuello…
El me escuchaba atentamente mordisqueando el extremo de su birome, me explicó que todo lo que se refería a dinero en la empresa lo manejaba su padre, que él no podía hacer nada sin su consentimiento y además que con la situación del país la empresa apenas subsistía y hacía malabares para no despedir personal.
Me incorporé y le agradecí de todas maneras, giré para retirarme, cuando dijo:
- Sin embargo… tal vez yo podría ayudarte… claro, si tú quieres…
Giré nuevamente, había ahora demasiados billetes sobre el escritorio y la mirada de Patricio se perdía en mi bulto, como en el vestuario bajo la ducha.
Entendí el pedido, el fue hacia las ventanas y cerró los cortinados, volvió a mí, frente a frente y preguntó:
- Y? cerramos trato?
Me sentí humillado, me pegó en mi orgullo, no tenía nada contra ese debilucho, me gustaban las mujeres y no pensaría cogerme a ese afeminado, ni por todos los billetes del mundo, se lo hice saber, en el tono mas cordial posible, sin olvidar que el era mi jefe y que yo necesitaba desesperadamente el trabajo.
El tomó los billetes nuevamente y me dejó entrever que era una pena, que tal vez no habría otra oportunidad.
Pasaron los días, busqué salidas, golpeé cada puerta que pude golpear y descubrí que ninguna estaba abierta, y me empecé a sentir acorralado, que la soga se ajustaba a mi cuello, recordé a mi padre colgado en la viga y como la historia parecía repetirse. Era todo un incordio y cuando esa mañana recibí el telegrama certificado del correo, indicándome que era el último aviso de levantar la hipoteca antes de empezar los trámites legales para rematar mi propiedad, supe que solo me quedaba una carta por jugar.
Esa misma tarde le volví a pedir una reunión a Patricio, a solas, y otra vez terminamos en su modesto despacho, a puertas cerradas, le comenté mi situación sin pelos en la lengua, sin vueltas, y con notable desesperación pregunté si aun estaban disponibles esos billetes.
Mi jefe esbozó una sonrisa, consciente de lo que sucedía, era evidente que el tenía la sartén por el mango así que empezó a jugar conmigo, claro, si tiempo atrás me había rehusado, ahora estaba de rodillas ante él.
Nuevamente dio un rodeo asegurándose que el resto del personal estuviera ocupado en sus quehaceres si notar nuestra situación, lentamente cerró los cortinados, me preguntó de cuanto dinero hablábamos, contó los billetes, los puso a un lado y me preguntó si teníamos un trato
No respondí, solo abrí mi bragueta para bajar los pantalones…
Patricio se ajoelhou diante de mim, começou a acariciá-la admirado pelo seu tamanho, eu só olhava o dinheiro sobre a mesa enquanto sentia que suas carícias faziam efeito, mais de vinte centímetros de carne começavam a se erguer, meu pau ficou duro como uma barra, ele me masturbou com firmeza, eu o sentia quente e excitado aos meus pés, ele puxou a pele toda deixando minha cabeça vermelha exposta diante dele, seus lábios começaram a beijá-la, sua língua úmida a abordava e circulava, suas mãos brancas apertavam minha carne e sua respiração ficava ofegante.Já não prestava atenção no dinheiro, agora observava como meu chefe chupava meu pau, batia o rosto no pedaço de carne, uma e outra vez.
Ele dava uma chupada maravilhosa, abria a boca e a devorava centímetro por centímetro, até se engasgar para depois aspirá-la à medida que se retirava, voltava a abrir grande para devorá-la novamente, para voltar a sugá-la, estava me matando...
Enquanto isso, aos meus pés ele havia desnudado o próprio pau e se masturbava enquanto saboreava o meu, sua língua voltava a deslizar pela minha cabeça, eu sentia vontade de gozar, avisei que não demoraria muito se ele continuasse fazendo aquilo...
Ele tinha metade do pau na boca quando comecei a jorrar porra, ele gemeu e franziu o rosto mas não parava de manter o ritmo, pelo contrário aumentava seu frenesi tentando extrair até a última gota.
Ao mesmo tempo ele também se acabou, expelindo um grande jato entre minhas pernas.
Patricio havia engolido toda minha porra, eu arrumei minha roupa enquanto ele limpava o chão e colocava tudo em ordem, quando terminamos ele me olhou e disse:
- Que pau lindo você tem! E já sabe, se precisar de dinheiro podemos conversar...
Vou confessar uma coisa, muitas mulheres chuparam meu pau, antes e depois de Patricio, mas tenho que admitir que ninguém fez tão bem quanto ele...
Foi rápido e simples assim, exatamente como leram, as mil voltas que dei acabaram acontecendo num piscar de olhos, por uma rápida A mamada conseguia me manter à tona.
Como era de se esperar, em pouco tempo a corda estava de volta no meu pescoço e eu já sabia onde conseguir dinheiro, fácil e rápido...
A segunda vez, Patricio me chamou no galpão, para não levantar suspeitas - galpão era como a gente chamava um depósito onde ficavam todas as coisas abandonadas, tralhas que ninguém usava e que o velho se recusava a jogar fora. Lá ninguém ia, além do mais Patricio sempre tinha as chaves com ele...
Quando nos encontramos, ele disse:
- Hoje o pagamento é em dobro, mas eu quero um pouco mais... além disso, gostaria que você me chamasse de Johana...
Ele se despiu e se jogou sobre um colchão velho que tinha por ali, ficou de quatro e lubrificou o esfíncter com gel que tinha levado de propósito. Entendi na hora o que ele queria...
Peguei alguns momentos acariciando meu pau para ele ficar duro e fui pra cima dele. Patricio abriu as nádegas com as mãos, encaixei e comecei a empurrar. O cu dele parecia não querer ceder, mas eu precisava ganhar aquela grana.
Meu pau começou a penetrar, então senti Patricio choramingar como um menino enquanto batia os calcanhares...
- Para! Para! Ai! Tá doendo! Tá doendo!
Ele suplicava e pela primeira vez me senti poderoso, não parei de empurrar e respondi:
- Aguenta, Johana, queria pau? Agora aguenta...
Era estranho chamá-lo assim, mas se era o gosto dele... Finalmente o cuzinho branco cedeu, meu pau atravessou, metade ainda ficava pra fora e ele começou a gemer enquanto eu metia e tirava, de novo e de novo, arrombando aquele cu afeminado.
Patricio gozava com meu pau, gostava que eu arrebentasse tudo e eu fazia meu melhor para satisfazê-lo. Ele pediu para mudar de posição, deitou de costas levantando as pernas sobre meus ombros, penetrei bem fundo. O pau dele estava duro, inchado e ele começou a se masturbar enquanto eu metia.
Dei um tapa na mão dele e ordenei:
- Johana! Para de se tocar! Proibido se masturbar!
Ele me olhou com os olhos arregalados enquanto eu continuava metendo. O cu, ele começou a me implorar para deixá-lo gozar, que o pau dele não aguentava mais, mas eu não deixava ele se tocar. Consegui avistar um líquido transparente escorrendo da ponta do membro dele, ele estava no limite, era a hora. Me concentrei e em alguns segundos enchi todo o cu dele com porra quente, bem fundo, enquanto ele se contorcia de prazer.
Quando terminei, deixei o esfíncter dele alargado e escorrendo porra, fui até a boca dele e ordenei:
- Agora sim, enquanto limpa bem meu pau você pode se masturbar…
Patrício obedeceu, lambendo meu pau que já tinha perdido a ereção. Alguns segundos depois, a porra dele jorrou com tanta força que chegou até minha perna. Eu tinha deixado ele bem excitado…
Por mais alguns meses, esses encontros clandestinos continuaram, onde Patrício e eu trocávamos sexo por dinheiro, até que várias coisas mudaram. O pai do jovem teve que demitir vários funcionários, entre os quais eu estava. Além disso, quase ao mesmo tempo, eu tinha conhecido uma garota com quem comecei um relacionamento. Com o dinheiro que recebi da indenização e outra parte que ela colocou, abrimos uma loja, uma sapataria.
Não soube muito mais sobre a vida de Patrício. Chegaram rumores aos meus ouvidos de que ele tinha se afastado do pai, que era outra pessoa, que o corpo dele tinha mudado consideravelmente. Agora ele tinha cabelo loiro e longo, agora ele cobrava por sexo e até tinha colocado implantes de silicone. Até o nome dele tinha mudado, agora era Johana.
Se você é maior de idade, gostaria de saber sua opinião sobre este relato. Escreva para mim com o título ‘JOHANA’ em dulces.placeres@live.com
0 comentários - Johana (resubido)