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MASAJES
Empecemos hablando de mi esposa, a quien a los fines de preservar identidades la llamaré Carolina, aunque esa no sea en verdad su nombre
Caro y yo nos habíamos conocido muchos años atrás, ella era virgen en ese entonces, así que siempre fui su único hombre, fuimos muy felices, me dio dos hermosos hijos y la nuestra era una historia de novelas
Trabajamos juntos, en empleos administrativos, y solemos vernos a cada minuto del día
Yo la amo con locura, sus largos cabellos negros, su forma de ser, su complicidad para conmigo y, sobre todo, ese llamativo y excelente irse que tiene, remarcando un culito tan sabroso como apetecible
En la cama éramos de jugar mucho, con ojos vendados, esposas, prendas eróticas, de gustar posar para fotos eróticas y hasta porno y resalto que ella no es ninguna putita calienta pijas, Caro es solo una mujer como muchas, de vestir formal durante el día y disfrutar su sexualidad en la cama por la noche, jamás le había interesado provocar a nadie, tan solo a mí, su único hombre, porque ella todo lo hacía por amor.
Pero el tiempo pasa, las cosas cambian, ella cambia, yo también cambio
Después de veintitrés años de pareja, con hijos ya grandes, de mucha convivencia, ese lado erótico de ella que tanto me gustaba se fue anestesiando, su apetito sexual se fue apagando y poco a poco quedaron en el cajón de los recuerdos tanta lencería erótica que al verla dibujada en su cuerpo solo me hacía parar la pija
Nuestros encuentros sexuales se fueron espaciando poco a poco, y sentía que ella ya estaba en otra sintonía, sutilmente me evadía una y otra vez, y llegamos al punto en que ya ni siquiera mi me interesaba acercarme a ella, porque sentía que Caro solo lo hacía para complacerme y justamente de eso no se trataba nuestra sexualidad, no, ya no quería molestarla con algo que para ello fuera un camino de espinas
De hacerlo dos o tres veces por semana, pasamos a un encuentro mensual en el mejor de los casos, un encuentro desabrido, rápido, como para cumplir, para darme el gusto y sentí que nuestro mundo rodaba cuesta abajo sin freno, sin control
Y en mi cabeza comenzaron a fabular miles de historias, ideas que eran solo mías y que no compartía con ella, porque para ella, todo parecía estar bien como estaba, pero yo me sentía vacío, marchitándome y necesitaba un escape
Empecé a incursionar solo por curiosidad en páginas porno, para tener viva esa llama en mi interior, fotos, videos, relatos, y en esa vida paralela, a su espalda, yo tenía muchas fantasías
Sin un motivo particular, poco a poco me incliné por las historias, por los relatos, porque me hacían vivenciar cosas que deseaba experimentar, y en general siempre me iba hacia las historias de tríos, porque deseaba que mi esposa estuviera con otro hombre, puesto que, en mi percepción, me parecía un tanto injusto que es toda su vida solo hubiera tenido sexo conmigo.
Asumo que ese era mi pensamiento unilateral, Caro jamás me dejó entrever nada al respecto, para ella el mundo estaba bien como estaba, no le interesaba el porno, ni las historias, nada parecía erotizarla, y solo guardaba para mí las tantas fotos sexis que le había tomado en otra época, cuando todo era diferente
Poco a poco, me anime a interactuar con distintas personas de distintos sitios, algunos me inspiraban confianza, a algunos les pasaba fotos de mi amada esposa y me excitaba sobre manera el feedback que me daban, y me generaba mucho morbo despertar en otros machos el deseo de cogerla, generalmente en estas situaciones me terminaba masturbando con lo que me decían sobre mi amada Caro
Entre tantos, apareció Daniel, un tipo que escribía historias y en primera medida tuve la idea de que él me escribiera una a medida
Comenzamos a charlar, a cambiar ideas, fotos, le gustó mi mujer, y pegamos onda
Resultó que Daniel vivía en la misma ciudad que nosotros vivíamos, y fue él quien sugirió algo así como
'Y si en lugar de escribirte una historia, me la presentas y te la cojo? me encanta el culo que tiene'
Solo eso me hizo hervir la sangre, pero claro, esto era una historia entre Daniel y yo, pero Caro? ella era ajena a todo, y ni siquiera sugerirlo, ya sabía su respuesta, es más, siempre me trataba de 'enfermo' ante estas ideas, así que me resigné a la derrota antes de empezar la batalla
Pero Daniel, me comentó entre tantas cosas, que él era kinesiólogo, masajista profesional y que podríamos buscar la forma de cumplir la fantasía, claro, había que preparar el terreno
Al principio pensé que este muchacho era una chanta, 'masajista' dijo, claro, que coincidencia y desconfié mucho de la situación, incluso hasta daba todo esto como un callejón sin salida
El primer 'cara a cara' lo tendríamos en su casa, nosotros dos a solas, él me había invitado para conocernos personalmente y ver si había química.
Comprobé que él no me había mentido, me mostró su sala de masajes, donde había muchos accesorios para rehabilitación, también noté que varios diplomas enmarcados decoraban la pared lateral, me mostró un poco la recepción y me invitó a que lo visitara un día de semana, para verlo trabajar, donde su secretaría podría darme un turno si fuera necesario
Me mostró también su casa sin que hubiera tenido necesidad, pero entendí que era como para darme confianza y despejar cualquier duda que tuviera, nos sentamos a charlar con una bebida cola mediante
Daniel me resultó un tipo interesante, culto, educado, y por, sobre todo, esos que saben tratar a una dama, tenía en claro que hablábamos de una mujer decente y no de una puta, aparentaba tener algunos años más que nosotros, algunas canas platinadas lo delataban, pero era buen mozo y se mantenía muy bien conservado, con un bronceado llamativo por la época del año en la que estábamos, conocía bien los gustos de mi mujer, y al menos supe que en ese aspecto no habría inconvenientes, a ella le resultaría un tipo atractivo, interesante, alguien que despertaría su curiosidad
Seguimos hablando hasta que el atardecer de ese sábado me tomó por sorpresa, es que éramos demasiado compatibles, él vivía solo, se había divorciado y había pasado por la misma situación que yo estaba pasando, su matrimonio solo se había marchitado, solo que él no supo verlo a tiempo
Pero claro, otra vez volvimos al principio, como meterla a mi mujer en toda esta historia, entonces él me sugirió que la convenciera para hacerles unos masajes, muy protocolar, como desconocidos, me dijo que yo buscara la manera de convencerla y lo más importante, teníamos que dar pasito a pasito, seguros de pisar firma antes de avanzar, si nos apurábamos, seguro la cagábamos
Tuve que tener mucho tacto con Caro, si ella tenía una virtud, esa era su inteligencia y su sagacidad para ciertas cosas, solo había algo minúsculo para poder relacionarla con el kinesiólogo, un pequeño dolor en su baja espalda, una dolencia que cada tanto la tenía a mal traer, una lesión de la juventud mal curada pero que ciertamente no le impedía llevar una vida normal
Empecé con historias sobre un masajista que me habían recomendado, y de llevarla, una vez, para que probara, pero a ella no parecía interesarse, ni siquiera me llevaba el apunte a mis palabras, aunque no lo crean, tardé más de seis meses en convencerla y siempre con la complicidad de Daniel quien por detrás me daba letra
Una situación que jugó a favor nuestro, fue el tema de trabajar ambos todo el día, por lo que nos vimos obligados a tomar un turno a última hora, en verdad, Daniel acomodó las cosas para tener ese último turno de ese primer día
Hoy me da un tanto de risa recordar que la llevé casi a la rastra, casi en contra de su voluntad porque Caro solo fue para complacerme, no tenía el menor interés por asistir, ese día ella tenía unas calzas negras y una remera larga en verde fuerte que le tapaba la cola, ella siempre había sido así, muy discreta, llena de vergüenzas.
Nos atendió la secretaria, nos confirmó el turno, tomó sus datos para armarle su plantilla y pagamos la consulta. Nos sentamos a un lado, aun había al frente una señora esperando su turno.
Hablamos un poco, sonseras de pareja, de nuestras vidas, de nuestros hijos, poco después salió del consultorio un hombre mayor y fue el turno de la señora que esperaba antes que nosotros.
El reloj de pared daba las ocho de la noche cuando la secretaria empezó a acomodar sus cosas y nos dijo que terminaba su jornada, le preguntó por el intercomunicador al doctor si necesitaba algo más porque ella ya se retiraba, y nos saludó cortésmente antes de hacerlo
Poco después Daniel, acompañaba a la puerta a la señora y se presentó formalmente, nos dio la mano y nos hizo pasar.
Nos sentamos frente a frente y él empezó con las preguntas de rigor mientras anotaba en su notebook, las cosas de rutina, edad, actividad, enfermedades previas, y también observó a trasluz algunas placas radiográficas viejas que ella le había llevado, él le explicó un poco de que se trataba todo esto, incluso le pidió unas nuevas placas actualizadas, situación que me generaría un costo extra y no me causaría gracias, pero todo tenía que funcionar perfecto para que ella no sospechara y solita se metiera en la boca del lobo
La hizo pasar a la camilla, boca abajo, levantó con discreción su remera hasta la línea de su sostén, y solo empezó a darle masajes en su espalda baja, entre esa línea del sostén y la del límite de la calza, muy cuidadoso, pero sin que ella lo notara, él me miraba y tanteaba mis reacciones.
Quedamos en una nueva cita, ya con las placas, y salí feliz de ese consultorio
Caro se mostraría muy relajada con esos masajes, cierto, pero me dejó en claro que no tenía intenciones de volver, había estado bien y ya
Lo puse al tanto a Daniel casi de inmediato, me dijo que sería mi trabajo convencerla porque si no, perderíamos la partida
No sé cómo lo conseguí, pero en quince días estábamos nuevamente en su consultorio, con las placas que él había pedido, Daniel las miró y preguntó cosas sobre el nervio ciático y dolores en las piernas, por la parte trasera, por sus glúteos. Caro dudaba, no entendía, pero solo volvió a darle masajes como en la primera cita, pero dijo que pidiéramos un turno doble para la próxima, para un trabajo completo.
Llegaría esa tercera cita con turno doble, como siempre yo la acompañaba, Daniel nos hizo pasar, y como siempre, el último turno, le preguntó como andaba, si se sentía mejor, y por fuera de todo nuestro retorcido plan, en verdad Caro estaba mejor, y ya había aceptado esta tercera cita con más agrado incluso me había confiado que Daniel tenía 'muy buenas manos'
Fue cuando él dijo
Los dejo cinco minutos, necesito por favor que esta vez te saque las calzas y te recuestes como siempre, boca abajo, ahí encontrarás unas toallas para taparte la cola
Me supo muy caliente, entonces pregunté
Yo también me retiro?
Y él retrucó
No hombre, por favor, puedes quedarte
Obvio todo había estado fabulado, pero esa situación la dio la confianza a mi mujer para avanzar, ella fue tras el biombo y volvió casi desnuda de la cintura hacia abajo, solo con una tanga discreta que parecía perderse entre sus nalgas
Me da un poco de vergüenza, - dijo ella -
No seas tonta, - respondí - es un profesional
Solo se acomodó boca abajo en la camilla y me ofrecí a acomodarle una toalla sobre las nalgas.
Daniel volvió poco después y empezó como de costumbre por la espalda baja, muy correcto, pero cada vez que él me miraba me dejaba saber la doble intención de sus manos, era muy erótico
Le pidió permiso, entonces siguió por la parte posterior de sus piernas, muy lento, muy profesional, le preguntaba si dolía, si estaba bien, y Caro producía gemidos muy leves por el placer de esos masajes, incluso había cerrado sus ojos y parecía entregada al juego
El volvió a pedir permiso y sus manos prosiguieron su viaje hacia sus glúteos, por debajo de la toalla, siempre discreto, y seguramente mi presencia le dio seguridad a mi mujer para dejarlo avanzar, pero yo... yo estaba con una terrible erección que no podía contener
Naquela noite, eu teria as primeiras respostas para tantos planos elaborados. Na cama, já era tarde, e começamos a brincar com as palavras, sobre aquelas massagens, sobre o quão gato era o kinesiólogo, e ela me perguntava se eu não me importava de ter visto como aquele cara tinha apalpado a bunda dela toda, se eu não sentia ciúmes. Palavras iam e vinham, e o fato é que Caro acabou montando em mim e a gente transou como não fazia há muito tempo, e eu senti ela tão molhada como nos primeiros tempos, aqueles tempos que eu tanto sentia falta.
No dia seguinte, contei pro Daniel o que tinha rolado e ele ficou feliz por mim, até me perguntou se a gente ia continuar, talvez eu já tivesse encontrado o que procurava, mas uma nova sessão daria respostas pras dúvidas dele.
E não seria na próxima, nem na seguinte, nem na outra. Calculo que passaram mais uns seis meses pra domar a mulher. Ela já ansiava pelas mãos daquele doutor, já tinha intimidade, confiança, e a presa cozinhava em fogo baixo.
As coisas melhoravam na cama e no consultório. Caro já não se preocupava com uma calcinha fio dental enorme ou uma que pudesse dar um infarto, também não ligava quando, às vezes, Daniel só tirava a toalha das nádegas dela e, diante dos meus olhos incrédulos, passava a mão nos glúteos dela à beira do abismo. Eu só engolia seco quando ele passava os dedos bem perto dos elásticos, chegando na borda do precipício. Até que ela, já perdida e fora de controle, disse que ele 'tinha umas mãos excelentes'.
Chegava o ponto sem volta. Minha mulher já era quem conseguia as sessões dela, quem se esquecia de mim, e, embora a gente não falasse sobre isso, nosso melhor sexo vinha depois das visitas dela ao Daniel. E ele também percebeu. Era hora de botar em prática a próxima parte do plano.
Naquela tarde, Daniel massageava ela das panturrilhas até quase a nuca. Ela só usava uma calcinha fio dental branca. Ele tinha pedido pra ela soltar o sutiã pelas costas, e ela gemia como uma puta. Era óbvio que aquilo já tinha ido longe demais. para ela, pra mim, pra ele
Uma ligação casual que já tínhamos programado me tiraria do consultório e os deixaria a sós, e a Caro levou numa boa, então só saí, mais uma vez com a pica dura.
Sabia que eram só alguns minutos, porque era óbvio que a Caro tava à beira do abismo e cairia nele na primeira oportunidade, o Daniel tinha se mostrado um excelente estrategista e, segundo nossos cálculos, eu os pegaria no flagra.
Voltei na surdina pouco depois, quase na ponta dos pés, me aproximei da porta e não ouvia muito do outro lado, fiquei na dúvida, mas era agora ou nunca.
Abri a porta de uma vez, ele tava deitado na maca, com a calça arriada, ela ajoelhada aos pés dele, chupando toda aquela pica, toda empolgada, perdida.
Ele me olhou, sabendo que meu desejo tava se realizando, ela fez o mesmo, toda envergonhada, igual criança pega roubando doce, esperando minha reação.
Eu não falei nada, só fechei a porta e me acomodei onde sempre sentava, a Caro parecia paralisada, quase sem respirar, aí o Daniel pegou ela pelos cabelos e fez com que ela voltasse aos poucos pro jogo.
A Caro foi se esquecendo da minha presença, e diante dos meus olhos, ela meteu aquela pica de novo na boca.
Um detalhe que não passou despercebido é que meu sócio tinha uma pica bem chamativa, bem comprida, bem grossa, e até me senti humilhado na simples comparação.
Minha mulher só tava de fio dental, tinha tirado o sutiã e os peitos dela tavam uma delícia, balançando de um lado pro outro.
Senti uma sensação ambígua, por um lado, o prazer de realizar meu desejo, de ver ela animada como aquela novinha por quem eu tinha me apaixonado um dia e sentir aquela chama interna explodir de novo como um vulcão, mas também o medo natural da comparação, de sentir que ela tava fazendo com mais vontade nele do que fazia comigo, e até um sentimento de inveja do tamanho da pica do Daniel.
Aí fui pro lado dela, onde ela me olhava de... Olho de lado pra boca cheia dela, embriagada de prazer.
Só puxei ela pelos cabelos e com força moderada quase que obriguei ela a ficar de pé, olhei pra ela com amor, coloquei minha mão livre num dos peitos dela e senti a dureza daquele mamilo que parecia me desafiar, só dei um dos beijos mais grandes e profundos que lembro de ter dado na vida, sei lá, me parecia excitante e não consegui resistir à tentação de beijar aquela boca cheia de pecado, onde meu parceiro da vez acabava de meter o pau até a garganta
Ele não ia perder tempo, voltou a arrancar ela do meu lado, levou ela pra um sofá lateral, colocou ela de quatro e começou a comer ela bem gostoso, os gemidos da Caro envoltos em prazer foram mel nos meus ouvidos, ela mordia os lábios e me olhava com desejo, foi minha vez de meter na boca dela, e dar a chance dela aproveitar dois homens ao mesmo tempo, como sempre tinha acontecido nos meus pensamentos.
A gente fez isso por um bom tempo, e meu olhar por acaso encontrou o olhar do massagista, e a gente se entendeu naquele momento, é que a vantagem de tantas conversas antes era justamente que ele sabia de cor o roteiro das loucuras que eu tinha na cabeça
Foi minha vez de sentar no sofá recostado no encosto e a vez dela de vir montar em mim, senti ela pegando fogo como poucas vezes tinha sentido, ela me beijava, e eu beijava os peitos dela enquanto as cadeiras gostosas dela se moviam no ritmo das minhas mãos que por sua vez se enchiam com os glúteos grandes dela, enquanto Daniel se masturbava e lubrificava a ferramenta grande dele pra dar o próximo passo
Quando ele se preparou pro que viria a seguir, senti o sangue ferver, Caro percebeu, e não mostrou nenhuma intenção de impedir e isso só fez com que eu chegasse perto da loucura
Então segurei ela bem forte pelas cadeiras e pela cintura, olhei direto nos olhos dela, e a expressão do rosto dela se desfazendo em prazer, franzindo a testa, abrindo a boca, soltando um gemido preso enquanto Daniel lentamente e aos poucos ia enfiando no cu dela, ficaria pra sempre gravado na minha retina
Eu não aguentava tanta coisa, sentia a pica enorme do meu amigo pressionando a minha, entrando e saindo, mesmo eu tendo minha pica cravada na buceta dela, sentia quase na pele como ele comia o cu da minha mulher, ela, entregue à mais quente dupla penetração que jamais imaginei, era só um anjo caído, entregue ao prazer, aos mais baixos instintos, e eu, eu só me sentia o homem mais sortudo do planeta
Não deu mais pra segurar e gozei dentro dela, meu semen quente encheu a caverna dela e senti a pegajosidade do momento escorrer pelo meu tronco, até jorrar pra fora e molhar minhas bolas, enquanto Caro só urrava perdida pelo prazer que dois homens davam, cravando em mim, na minha inconsciência, as unhas afiadas no meu peito, quase me machucando e até fazendo sangrar.
Então Daniel lembrou do papel dele, do roteiro que a gente tinha planejado tantas vezes, só tirou de onde tava e colocou ela de lado, de quatro no sofá, deixando na minha frente a bunda dilatada e a buceta dela ainda escorrendo meus fluidos. Deu um tapa gostoso nela e falou
Quer que eu continue, putinha? Tá gostando?
Sim – respondeu ela sem hesitar – me faz tua, faz o que quiser comigo...
Ele se ajeitou cuidando o ângulo pra eu poder ver e sem piedade enfiou de novo no cu dela, pra meter a pica na bunda dela, mostrando o quanto era comprida e grossa.
Caro voltou ao jogo gemendo, e mesmo sendo minha mulher, meu amor, tenho que admitir, soou tão puta que senti uma nova ereção, e só comecei a me masturbar, e tudo parecia o próprio inferno
Meu amigo então pegou ela e levou pra maca, onde fazia massagem nela, bum pra cima, até colocando um travesseiro debaixo do quadril dela, pra deixar a bunda ainda mais empinada
Passou uma perna pro outro lado, como se fosse montar nela, com a pica dura esperando o momento, pegou óleo, o mesmo que usava pra dar massagens e depois de passar nas bundas dela, encheu as mãos de novo, muito íntimo, muito perfeito
Não hesitaria no meio daquela pista de patinação erótica, enfiar o cu dela de novo, arrancando outro gemido, e mais e mais, segurava ela pela cintura, tirava e metia pela pussy, e me deixava ver em close como o esfíncter dela tava todo aberto e não conseguia fechar, confesso que muitas vezes tive a fantasia de deixar ela assim, mas claro, eu não tinha a grossura que ele tinha, e mesmo assim, ver ela daquele jeito, nas mãos de outro, com uma cock muito maior que a minha, me parecia a imagem perfeita das minhas fantasias, e enquanto os gemidos descontrolados da Caro me levavam ao abismo, ele não parava de meter nela por um buraco e outro
Daniel não demoraria muito, e enquanto ela se acariciava a pussy ainda molhada dos meus fluidos, ele tirou a cock e, me deixando ver de novo o esfíncter todo dilatado, começou a cuspir cum nela em grandes jatos que pareciam metralha.
Um e outro e mais um, fazendo uma bagunça e quando ia terminar, meteu de novo bem fundo, segurando ela pelos quadris e puxando pro lado dele.
Fui rápido no rosto dela, eu conhecia, Caro abriu a boca esperando a recompensa e fiz de novo, na língua dela, nos lábios, e com aquela cara de anjo e de slut cheia de cum, fechava aquela tarde gloriosa.
A vida marcaria que aquele encontro a três não se repetiria, e não por mim, nem pela Caro, que parecia ser outra mulher depois daquela experiência, só seria por Daniel
Ele parecia ser o que tinha as coisas mais claras, tinha sido perfeito, tudo perfeito, eu tinha conseguido o que queria, Caro parecia ter voltado aos dias de adolescência e ele 'tinha comido uma mulher gostosa', então, por que insistir? por que estragar tudo?
Ele me fez entender que nosso segredo estaria seguro se a gente deixasse ali, qual seria o motivo pra seguir em frente? e se a Caro Ficou sabendo de toda a trama? Ou pior, e se por acaso os olhos da minha mulher pousassem nele? O que aconteceria entre nós? O que seria de mim? Será que eu estava realmente disposto a apostar tudo como se fosse só o acaso de jogar uns dados?
Daniel me segurou pelo ombro, me falou como um amigo:
"Sua mulher é muito gostosa, você tem que cuidar dela, pensar com a cabeça de cima, não com a de baixo."
A gente deu um jeito de acabar com aquilo, de fazer a Caro esquecer o massagista, o amante, a história, e aos poucos a figura do Daniel ficou guardada na gaveta das lembranças. Não tentamos de novo, nem com ele, nem com outro.
Pra encerrar a história, conto que a gente acabou comprando de comum acordo uma yummy cock de brinquedo, que obviamente batizamos de 'Daniel', bem guardada no nosso lugar secreto. De vez em quando, nos nossos momentos de intimidade, de casal, quando lembro a ela da pica do massagista, ela suspira, um sorrisão enorme se desenha no rosto dela e os olhinhos brilham que nem estrelas, e eu sei que é hora de reviver um pouco a história, junto com o brinquedo, ligar a vibração e enfiar no cu dela, pra ela me mostrar de novo o quanto fica aberta, e eu acabar me masturbando por cima.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título MASSAGENS para dulces.placeres@live.com
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MASAJES
Empecemos hablando de mi esposa, a quien a los fines de preservar identidades la llamaré Carolina, aunque esa no sea en verdad su nombre
Caro y yo nos habíamos conocido muchos años atrás, ella era virgen en ese entonces, así que siempre fui su único hombre, fuimos muy felices, me dio dos hermosos hijos y la nuestra era una historia de novelas
Trabajamos juntos, en empleos administrativos, y solemos vernos a cada minuto del día
Yo la amo con locura, sus largos cabellos negros, su forma de ser, su complicidad para conmigo y, sobre todo, ese llamativo y excelente irse que tiene, remarcando un culito tan sabroso como apetecible
En la cama éramos de jugar mucho, con ojos vendados, esposas, prendas eróticas, de gustar posar para fotos eróticas y hasta porno y resalto que ella no es ninguna putita calienta pijas, Caro es solo una mujer como muchas, de vestir formal durante el día y disfrutar su sexualidad en la cama por la noche, jamás le había interesado provocar a nadie, tan solo a mí, su único hombre, porque ella todo lo hacía por amor.
Pero el tiempo pasa, las cosas cambian, ella cambia, yo también cambio
Después de veintitrés años de pareja, con hijos ya grandes, de mucha convivencia, ese lado erótico de ella que tanto me gustaba se fue anestesiando, su apetito sexual se fue apagando y poco a poco quedaron en el cajón de los recuerdos tanta lencería erótica que al verla dibujada en su cuerpo solo me hacía parar la pija
Nuestros encuentros sexuales se fueron espaciando poco a poco, y sentía que ella ya estaba en otra sintonía, sutilmente me evadía una y otra vez, y llegamos al punto en que ya ni siquiera mi me interesaba acercarme a ella, porque sentía que Caro solo lo hacía para complacerme y justamente de eso no se trataba nuestra sexualidad, no, ya no quería molestarla con algo que para ello fuera un camino de espinas
De hacerlo dos o tres veces por semana, pasamos a un encuentro mensual en el mejor de los casos, un encuentro desabrido, rápido, como para cumplir, para darme el gusto y sentí que nuestro mundo rodaba cuesta abajo sin freno, sin control
Y en mi cabeza comenzaron a fabular miles de historias, ideas que eran solo mías y que no compartía con ella, porque para ella, todo parecía estar bien como estaba, pero yo me sentía vacío, marchitándome y necesitaba un escape
Empecé a incursionar solo por curiosidad en páginas porno, para tener viva esa llama en mi interior, fotos, videos, relatos, y en esa vida paralela, a su espalda, yo tenía muchas fantasías
Sin un motivo particular, poco a poco me incliné por las historias, por los relatos, porque me hacían vivenciar cosas que deseaba experimentar, y en general siempre me iba hacia las historias de tríos, porque deseaba que mi esposa estuviera con otro hombre, puesto que, en mi percepción, me parecía un tanto injusto que es toda su vida solo hubiera tenido sexo conmigo.
Asumo que ese era mi pensamiento unilateral, Caro jamás me dejó entrever nada al respecto, para ella el mundo estaba bien como estaba, no le interesaba el porno, ni las historias, nada parecía erotizarla, y solo guardaba para mí las tantas fotos sexis que le había tomado en otra época, cuando todo era diferente
Poco a poco, me anime a interactuar con distintas personas de distintos sitios, algunos me inspiraban confianza, a algunos les pasaba fotos de mi amada esposa y me excitaba sobre manera el feedback que me daban, y me generaba mucho morbo despertar en otros machos el deseo de cogerla, generalmente en estas situaciones me terminaba masturbando con lo que me decían sobre mi amada Caro
Entre tantos, apareció Daniel, un tipo que escribía historias y en primera medida tuve la idea de que él me escribiera una a medida
Comenzamos a charlar, a cambiar ideas, fotos, le gustó mi mujer, y pegamos onda
Resultó que Daniel vivía en la misma ciudad que nosotros vivíamos, y fue él quien sugirió algo así como
'Y si en lugar de escribirte una historia, me la presentas y te la cojo? me encanta el culo que tiene'
Solo eso me hizo hervir la sangre, pero claro, esto era una historia entre Daniel y yo, pero Caro? ella era ajena a todo, y ni siquiera sugerirlo, ya sabía su respuesta, es más, siempre me trataba de 'enfermo' ante estas ideas, así que me resigné a la derrota antes de empezar la batalla
Pero Daniel, me comentó entre tantas cosas, que él era kinesiólogo, masajista profesional y que podríamos buscar la forma de cumplir la fantasía, claro, había que preparar el terreno
Al principio pensé que este muchacho era una chanta, 'masajista' dijo, claro, que coincidencia y desconfié mucho de la situación, incluso hasta daba todo esto como un callejón sin salida
El primer 'cara a cara' lo tendríamos en su casa, nosotros dos a solas, él me había invitado para conocernos personalmente y ver si había química.
Comprobé que él no me había mentido, me mostró su sala de masajes, donde había muchos accesorios para rehabilitación, también noté que varios diplomas enmarcados decoraban la pared lateral, me mostró un poco la recepción y me invitó a que lo visitara un día de semana, para verlo trabajar, donde su secretaría podría darme un turno si fuera necesario
Me mostró también su casa sin que hubiera tenido necesidad, pero entendí que era como para darme confianza y despejar cualquier duda que tuviera, nos sentamos a charlar con una bebida cola mediante
Daniel me resultó un tipo interesante, culto, educado, y por, sobre todo, esos que saben tratar a una dama, tenía en claro que hablábamos de una mujer decente y no de una puta, aparentaba tener algunos años más que nosotros, algunas canas platinadas lo delataban, pero era buen mozo y se mantenía muy bien conservado, con un bronceado llamativo por la época del año en la que estábamos, conocía bien los gustos de mi mujer, y al menos supe que en ese aspecto no habría inconvenientes, a ella le resultaría un tipo atractivo, interesante, alguien que despertaría su curiosidad
Seguimos hablando hasta que el atardecer de ese sábado me tomó por sorpresa, es que éramos demasiado compatibles, él vivía solo, se había divorciado y había pasado por la misma situación que yo estaba pasando, su matrimonio solo se había marchitado, solo que él no supo verlo a tiempo
Pero claro, otra vez volvimos al principio, como meterla a mi mujer en toda esta historia, entonces él me sugirió que la convenciera para hacerles unos masajes, muy protocolar, como desconocidos, me dijo que yo buscara la manera de convencerla y lo más importante, teníamos que dar pasito a pasito, seguros de pisar firma antes de avanzar, si nos apurábamos, seguro la cagábamos
Tuve que tener mucho tacto con Caro, si ella tenía una virtud, esa era su inteligencia y su sagacidad para ciertas cosas, solo había algo minúsculo para poder relacionarla con el kinesiólogo, un pequeño dolor en su baja espalda, una dolencia que cada tanto la tenía a mal traer, una lesión de la juventud mal curada pero que ciertamente no le impedía llevar una vida normal
Empecé con historias sobre un masajista que me habían recomendado, y de llevarla, una vez, para que probara, pero a ella no parecía interesarse, ni siquiera me llevaba el apunte a mis palabras, aunque no lo crean, tardé más de seis meses en convencerla y siempre con la complicidad de Daniel quien por detrás me daba letra
Una situación que jugó a favor nuestro, fue el tema de trabajar ambos todo el día, por lo que nos vimos obligados a tomar un turno a última hora, en verdad, Daniel acomodó las cosas para tener ese último turno de ese primer día
Hoy me da un tanto de risa recordar que la llevé casi a la rastra, casi en contra de su voluntad porque Caro solo fue para complacerme, no tenía el menor interés por asistir, ese día ella tenía unas calzas negras y una remera larga en verde fuerte que le tapaba la cola, ella siempre había sido así, muy discreta, llena de vergüenzas.
Nos atendió la secretaria, nos confirmó el turno, tomó sus datos para armarle su plantilla y pagamos la consulta. Nos sentamos a un lado, aun había al frente una señora esperando su turno.
Hablamos un poco, sonseras de pareja, de nuestras vidas, de nuestros hijos, poco después salió del consultorio un hombre mayor y fue el turno de la señora que esperaba antes que nosotros.
El reloj de pared daba las ocho de la noche cuando la secretaria empezó a acomodar sus cosas y nos dijo que terminaba su jornada, le preguntó por el intercomunicador al doctor si necesitaba algo más porque ella ya se retiraba, y nos saludó cortésmente antes de hacerlo
Poco después Daniel, acompañaba a la puerta a la señora y se presentó formalmente, nos dio la mano y nos hizo pasar.
Nos sentamos frente a frente y él empezó con las preguntas de rigor mientras anotaba en su notebook, las cosas de rutina, edad, actividad, enfermedades previas, y también observó a trasluz algunas placas radiográficas viejas que ella le había llevado, él le explicó un poco de que se trataba todo esto, incluso le pidió unas nuevas placas actualizadas, situación que me generaría un costo extra y no me causaría gracias, pero todo tenía que funcionar perfecto para que ella no sospechara y solita se metiera en la boca del lobo
La hizo pasar a la camilla, boca abajo, levantó con discreción su remera hasta la línea de su sostén, y solo empezó a darle masajes en su espalda baja, entre esa línea del sostén y la del límite de la calza, muy cuidadoso, pero sin que ella lo notara, él me miraba y tanteaba mis reacciones.
Quedamos en una nueva cita, ya con las placas, y salí feliz de ese consultorio
Caro se mostraría muy relajada con esos masajes, cierto, pero me dejó en claro que no tenía intenciones de volver, había estado bien y ya
Lo puse al tanto a Daniel casi de inmediato, me dijo que sería mi trabajo convencerla porque si no, perderíamos la partida
No sé cómo lo conseguí, pero en quince días estábamos nuevamente en su consultorio, con las placas que él había pedido, Daniel las miró y preguntó cosas sobre el nervio ciático y dolores en las piernas, por la parte trasera, por sus glúteos. Caro dudaba, no entendía, pero solo volvió a darle masajes como en la primera cita, pero dijo que pidiéramos un turno doble para la próxima, para un trabajo completo.
Llegaría esa tercera cita con turno doble, como siempre yo la acompañaba, Daniel nos hizo pasar, y como siempre, el último turno, le preguntó como andaba, si se sentía mejor, y por fuera de todo nuestro retorcido plan, en verdad Caro estaba mejor, y ya había aceptado esta tercera cita con más agrado incluso me había confiado que Daniel tenía 'muy buenas manos'
Fue cuando él dijo
Los dejo cinco minutos, necesito por favor que esta vez te saque las calzas y te recuestes como siempre, boca abajo, ahí encontrarás unas toallas para taparte la cola
Me supo muy caliente, entonces pregunté
Yo también me retiro?
Y él retrucó
No hombre, por favor, puedes quedarte
Obvio todo había estado fabulado, pero esa situación la dio la confianza a mi mujer para avanzar, ella fue tras el biombo y volvió casi desnuda de la cintura hacia abajo, solo con una tanga discreta que parecía perderse entre sus nalgas
Me da un poco de vergüenza, - dijo ella -
No seas tonta, - respondí - es un profesional
Solo se acomodó boca abajo en la camilla y me ofrecí a acomodarle una toalla sobre las nalgas.
Daniel volvió poco después y empezó como de costumbre por la espalda baja, muy correcto, pero cada vez que él me miraba me dejaba saber la doble intención de sus manos, era muy erótico
Le pidió permiso, entonces siguió por la parte posterior de sus piernas, muy lento, muy profesional, le preguntaba si dolía, si estaba bien, y Caro producía gemidos muy leves por el placer de esos masajes, incluso había cerrado sus ojos y parecía entregada al juego
El volvió a pedir permiso y sus manos prosiguieron su viaje hacia sus glúteos, por debajo de la toalla, siempre discreto, y seguramente mi presencia le dio seguridad a mi mujer para dejarlo avanzar, pero yo... yo estaba con una terrible erección que no podía contener
Naquela noite, eu teria as primeiras respostas para tantos planos elaborados. Na cama, já era tarde, e começamos a brincar com as palavras, sobre aquelas massagens, sobre o quão gato era o kinesiólogo, e ela me perguntava se eu não me importava de ter visto como aquele cara tinha apalpado a bunda dela toda, se eu não sentia ciúmes. Palavras iam e vinham, e o fato é que Caro acabou montando em mim e a gente transou como não fazia há muito tempo, e eu senti ela tão molhada como nos primeiros tempos, aqueles tempos que eu tanto sentia falta.No dia seguinte, contei pro Daniel o que tinha rolado e ele ficou feliz por mim, até me perguntou se a gente ia continuar, talvez eu já tivesse encontrado o que procurava, mas uma nova sessão daria respostas pras dúvidas dele.
E não seria na próxima, nem na seguinte, nem na outra. Calculo que passaram mais uns seis meses pra domar a mulher. Ela já ansiava pelas mãos daquele doutor, já tinha intimidade, confiança, e a presa cozinhava em fogo baixo.
As coisas melhoravam na cama e no consultório. Caro já não se preocupava com uma calcinha fio dental enorme ou uma que pudesse dar um infarto, também não ligava quando, às vezes, Daniel só tirava a toalha das nádegas dela e, diante dos meus olhos incrédulos, passava a mão nos glúteos dela à beira do abismo. Eu só engolia seco quando ele passava os dedos bem perto dos elásticos, chegando na borda do precipício. Até que ela, já perdida e fora de controle, disse que ele 'tinha umas mãos excelentes'.
Chegava o ponto sem volta. Minha mulher já era quem conseguia as sessões dela, quem se esquecia de mim, e, embora a gente não falasse sobre isso, nosso melhor sexo vinha depois das visitas dela ao Daniel. E ele também percebeu. Era hora de botar em prática a próxima parte do plano.
Naquela tarde, Daniel massageava ela das panturrilhas até quase a nuca. Ela só usava uma calcinha fio dental branca. Ele tinha pedido pra ela soltar o sutiã pelas costas, e ela gemia como uma puta. Era óbvio que aquilo já tinha ido longe demais. para ela, pra mim, pra ele
Uma ligação casual que já tínhamos programado me tiraria do consultório e os deixaria a sós, e a Caro levou numa boa, então só saí, mais uma vez com a pica dura.
Sabia que eram só alguns minutos, porque era óbvio que a Caro tava à beira do abismo e cairia nele na primeira oportunidade, o Daniel tinha se mostrado um excelente estrategista e, segundo nossos cálculos, eu os pegaria no flagra.
Voltei na surdina pouco depois, quase na ponta dos pés, me aproximei da porta e não ouvia muito do outro lado, fiquei na dúvida, mas era agora ou nunca.
Abri a porta de uma vez, ele tava deitado na maca, com a calça arriada, ela ajoelhada aos pés dele, chupando toda aquela pica, toda empolgada, perdida.
Ele me olhou, sabendo que meu desejo tava se realizando, ela fez o mesmo, toda envergonhada, igual criança pega roubando doce, esperando minha reação.
Eu não falei nada, só fechei a porta e me acomodei onde sempre sentava, a Caro parecia paralisada, quase sem respirar, aí o Daniel pegou ela pelos cabelos e fez com que ela voltasse aos poucos pro jogo.
A Caro foi se esquecendo da minha presença, e diante dos meus olhos, ela meteu aquela pica de novo na boca.
Um detalhe que não passou despercebido é que meu sócio tinha uma pica bem chamativa, bem comprida, bem grossa, e até me senti humilhado na simples comparação.
Minha mulher só tava de fio dental, tinha tirado o sutiã e os peitos dela tavam uma delícia, balançando de um lado pro outro.
Senti uma sensação ambígua, por um lado, o prazer de realizar meu desejo, de ver ela animada como aquela novinha por quem eu tinha me apaixonado um dia e sentir aquela chama interna explodir de novo como um vulcão, mas também o medo natural da comparação, de sentir que ela tava fazendo com mais vontade nele do que fazia comigo, e até um sentimento de inveja do tamanho da pica do Daniel.
Aí fui pro lado dela, onde ela me olhava de... Olho de lado pra boca cheia dela, embriagada de prazer.
Só puxei ela pelos cabelos e com força moderada quase que obriguei ela a ficar de pé, olhei pra ela com amor, coloquei minha mão livre num dos peitos dela e senti a dureza daquele mamilo que parecia me desafiar, só dei um dos beijos mais grandes e profundos que lembro de ter dado na vida, sei lá, me parecia excitante e não consegui resistir à tentação de beijar aquela boca cheia de pecado, onde meu parceiro da vez acabava de meter o pau até a garganta
Ele não ia perder tempo, voltou a arrancar ela do meu lado, levou ela pra um sofá lateral, colocou ela de quatro e começou a comer ela bem gostoso, os gemidos da Caro envoltos em prazer foram mel nos meus ouvidos, ela mordia os lábios e me olhava com desejo, foi minha vez de meter na boca dela, e dar a chance dela aproveitar dois homens ao mesmo tempo, como sempre tinha acontecido nos meus pensamentos.
A gente fez isso por um bom tempo, e meu olhar por acaso encontrou o olhar do massagista, e a gente se entendeu naquele momento, é que a vantagem de tantas conversas antes era justamente que ele sabia de cor o roteiro das loucuras que eu tinha na cabeça
Foi minha vez de sentar no sofá recostado no encosto e a vez dela de vir montar em mim, senti ela pegando fogo como poucas vezes tinha sentido, ela me beijava, e eu beijava os peitos dela enquanto as cadeiras gostosas dela se moviam no ritmo das minhas mãos que por sua vez se enchiam com os glúteos grandes dela, enquanto Daniel se masturbava e lubrificava a ferramenta grande dele pra dar o próximo passo
Quando ele se preparou pro que viria a seguir, senti o sangue ferver, Caro percebeu, e não mostrou nenhuma intenção de impedir e isso só fez com que eu chegasse perto da loucura
Então segurei ela bem forte pelas cadeiras e pela cintura, olhei direto nos olhos dela, e a expressão do rosto dela se desfazendo em prazer, franzindo a testa, abrindo a boca, soltando um gemido preso enquanto Daniel lentamente e aos poucos ia enfiando no cu dela, ficaria pra sempre gravado na minha retina
Eu não aguentava tanta coisa, sentia a pica enorme do meu amigo pressionando a minha, entrando e saindo, mesmo eu tendo minha pica cravada na buceta dela, sentia quase na pele como ele comia o cu da minha mulher, ela, entregue à mais quente dupla penetração que jamais imaginei, era só um anjo caído, entregue ao prazer, aos mais baixos instintos, e eu, eu só me sentia o homem mais sortudo do planeta
Não deu mais pra segurar e gozei dentro dela, meu semen quente encheu a caverna dela e senti a pegajosidade do momento escorrer pelo meu tronco, até jorrar pra fora e molhar minhas bolas, enquanto Caro só urrava perdida pelo prazer que dois homens davam, cravando em mim, na minha inconsciência, as unhas afiadas no meu peito, quase me machucando e até fazendo sangrar.
Então Daniel lembrou do papel dele, do roteiro que a gente tinha planejado tantas vezes, só tirou de onde tava e colocou ela de lado, de quatro no sofá, deixando na minha frente a bunda dilatada e a buceta dela ainda escorrendo meus fluidos. Deu um tapa gostoso nela e falou
Quer que eu continue, putinha? Tá gostando?
Sim – respondeu ela sem hesitar – me faz tua, faz o que quiser comigo...
Ele se ajeitou cuidando o ângulo pra eu poder ver e sem piedade enfiou de novo no cu dela, pra meter a pica na bunda dela, mostrando o quanto era comprida e grossa.
Caro voltou ao jogo gemendo, e mesmo sendo minha mulher, meu amor, tenho que admitir, soou tão puta que senti uma nova ereção, e só comecei a me masturbar, e tudo parecia o próprio inferno
Meu amigo então pegou ela e levou pra maca, onde fazia massagem nela, bum pra cima, até colocando um travesseiro debaixo do quadril dela, pra deixar a bunda ainda mais empinada
Passou uma perna pro outro lado, como se fosse montar nela, com a pica dura esperando o momento, pegou óleo, o mesmo que usava pra dar massagens e depois de passar nas bundas dela, encheu as mãos de novo, muito íntimo, muito perfeito
Não hesitaria no meio daquela pista de patinação erótica, enfiar o cu dela de novo, arrancando outro gemido, e mais e mais, segurava ela pela cintura, tirava e metia pela pussy, e me deixava ver em close como o esfíncter dela tava todo aberto e não conseguia fechar, confesso que muitas vezes tive a fantasia de deixar ela assim, mas claro, eu não tinha a grossura que ele tinha, e mesmo assim, ver ela daquele jeito, nas mãos de outro, com uma cock muito maior que a minha, me parecia a imagem perfeita das minhas fantasias, e enquanto os gemidos descontrolados da Caro me levavam ao abismo, ele não parava de meter nela por um buraco e outro
Daniel não demoraria muito, e enquanto ela se acariciava a pussy ainda molhada dos meus fluidos, ele tirou a cock e, me deixando ver de novo o esfíncter todo dilatado, começou a cuspir cum nela em grandes jatos que pareciam metralha.
Um e outro e mais um, fazendo uma bagunça e quando ia terminar, meteu de novo bem fundo, segurando ela pelos quadris e puxando pro lado dele.
Fui rápido no rosto dela, eu conhecia, Caro abriu a boca esperando a recompensa e fiz de novo, na língua dela, nos lábios, e com aquela cara de anjo e de slut cheia de cum, fechava aquela tarde gloriosa.
A vida marcaria que aquele encontro a três não se repetiria, e não por mim, nem pela Caro, que parecia ser outra mulher depois daquela experiência, só seria por Daniel
Ele parecia ser o que tinha as coisas mais claras, tinha sido perfeito, tudo perfeito, eu tinha conseguido o que queria, Caro parecia ter voltado aos dias de adolescência e ele 'tinha comido uma mulher gostosa', então, por que insistir? por que estragar tudo?
Ele me fez entender que nosso segredo estaria seguro se a gente deixasse ali, qual seria o motivo pra seguir em frente? e se a Caro Ficou sabendo de toda a trama? Ou pior, e se por acaso os olhos da minha mulher pousassem nele? O que aconteceria entre nós? O que seria de mim? Será que eu estava realmente disposto a apostar tudo como se fosse só o acaso de jogar uns dados?
Daniel me segurou pelo ombro, me falou como um amigo:
"Sua mulher é muito gostosa, você tem que cuidar dela, pensar com a cabeça de cima, não com a de baixo."
A gente deu um jeito de acabar com aquilo, de fazer a Caro esquecer o massagista, o amante, a história, e aos poucos a figura do Daniel ficou guardada na gaveta das lembranças. Não tentamos de novo, nem com ele, nem com outro.
Pra encerrar a história, conto que a gente acabou comprando de comum acordo uma yummy cock de brinquedo, que obviamente batizamos de 'Daniel', bem guardada no nosso lugar secreto. De vez em quando, nos nossos momentos de intimidade, de casal, quando lembro a ela da pica do massagista, ela suspira, um sorrisão enorme se desenha no rosto dela e os olhinhos brilham que nem estrelas, e eu sei que é hora de reviver um pouco a história, junto com o brinquedo, ligar a vibração e enfiar no cu dela, pra ela me mostrar de novo o quanto fica aberta, e eu acabar me masturbando por cima.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título MASSAGENS para dulces.placeres@live.com
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