Los post que no podes dejar de ver!
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
EL AMOR PERDIDO
Tenía muchas cosas a favor, era alto, bastante atlético, buen mozo, rubio de cabellos enrulados, ojos claros, carilindo, muy hábil con las manos y muy despierto con las palabras, y porque ocultarlo, muy buena verga. No me costaba ganarme a las mujeres y había tenido muchas doncellas en mi cama.
Algo también tenía en contra, algo no menor, era pobre, jamás tenía más que un par de monedas en el bolsillo y es muy difícil remar contra esa situación, por lo que debía suplir con mi estampa lo que mi cuenta bancaria no podía tapar.
Siempre fui un tipo de paladar negro, muy exigente con las chicas, me gustaba la perfección y no me acostaba con cualquiera que se cruzara en mi camino, me gustan esas mujeres que están a punto caramelo, ni tan jóvenes ni tan viejas, diría treinta años promedio, en general, me gusta la conquista, la seducción, me gustan las chicas con plata, con poder, esas que son un poco descuidadas por sus maridos, las que usan a diario la alianza matrimonial, las que suelen ser más difíciles porque hay que conquistar sobre una conquista ya realizada.
Puedo decir sin temor a equivocarme que conquistar a mujeres casadas, bonitas, con plata, insatisfechas y con aires de grandeza es el mejor plato que pudiera pedir, el sabor de la seducción.
En esos días andaba un poco sin trabajo, no eran mis días de suerte y como quien dice, estaba raspando el fondo de la olla.
Fue cuando apareció un amigo de la vida, esos que aparecen en el momento justo, cuando menos lo esperas, a tenderte una mano, y me comentó que en 'El amanecer' estaban buscando un nuevo encargado. El amanecer era una de las estancias del lugar, gente con mucho dinero por cierto y el viejo Juan era una persona bastante popular y conocida, con alguna ambición política y ahí fui con mis ilusiones y una carta de recomendación bajo el brazo.
Recuerdo la primera vez, el camino desde la entrada al casco de la estancia parecía el camino a la entrada al paraíso. Tuve una conversación mano a mano y mesa de por medio con el viejo, el tipo era de la antigua escuela, le daba más valor a la palabra que a los papeles, y la paga que me ofreció era muy buena. El trabajo no parecía ser difícil y era algo que ya había realizado en otras oportunidades, un plantel de obreros de campo para mantener las amplias extensiones de tierra que él controlaba, los cuales estarían bajo mi mando, además, en persona tendría que tomar el dominio del casco propiamente dicho, la casa principal, la piscina, las canchas de tenis y de paddle, el césped y demás dependencias.
La dedicación debía ser full time, no era negociable, y tenía disponible una casita secundaria que estaba a un lado de la casa principal, un tanto apartada, mi única condición, fue que en los ratos libres tuviera la libertad para hacer mis cosas, en especial el labrado artesanal de maderas, que era mi pasatiempo favorito.
Un apretón de manos selló el acuerdo y sin que lo pidiera el viejo me adelantó unos billetes para mis quehaceres.
Manos a la obra, en un abrir y cerrar los ojos me había instalado en esa casita que por cierto era de lo mejor que me había tocado en suerte.
En solo tres meses tenía el control total de la situación y armé el rompecabezas del funcionamiento de esa familia.
El viejo Juan tenía setenta y seis años, un buen tipo, pero criado a la antigua, con un patriarcado muy marcado, con una mente envidiable, a su edad tenía todo en su cabeza, no se le escapaba nada, el hacía y deshacía casi a su voluntad, como en un reinado feudal de otras épocas.
Antonia, su esposa, vivía a su sombra, una persona resignada a un papel secundario de ama de casa, tenía setenta en esos días, una mujer amable y servicial que parecía estar cómoda es su posición, creo que el eje de su vida pasaba por su hija, Marcela.
Marcela tenía unos cincuenta, era discapacitada por una parálisis infantil y obviamente tenía muchas limitaciones. A mí me daba ternura puesto que dependía de su madre, era muy bonita, pero para el resto de la familia parecía ser un tema vergonzante, hacían como si no existiera y trataban de invisibilizarla para el resto del mundo.
Antonio, el hijo varón y futuro dueño de todo, la mano derecha del viejo, cuarenta y ocho años, un tipo pedante que marcaba las diferencias sociales, en especial conmigo, una relación áspera desde el primer día. Antonio se daba la gran vida gastando los billetes que el viejo había guardado durante años, autos, viajes, diversión, pero era obvio que no tenía la misma visión de negocios que su padre.
Y Mirna, mi futuro problema...
Mirna tenía apenas treinta y dos, la esposa de Antonio, y fue obvio un matrimonio de interés, él tenía mucho dinero, ella mucha belleza. Mirna estaba prisionera en su propio castillo de cristal, no lo amaba, tal vez al principio de la relación, pero no en ese momento, estaba decepcionada, pero no podía renunciar, había dinero y poder de por medio, era mucho para ella. Eran días difíciles, en la eterna discusión, Antonio quería que le diera un hijo, pero ella solo no deseaba un hijo suyo, un marido que andaba de putas cada vez que podía, que solía llegar ebrio a altas horas de la noche, se sabía cornuda y solo era demasiado.
Y Mirna ciertamente era muy bonita, morena de largos cabellos, con un rostro armónico, de ojos negros como la noche, naricita de perro pekinés y labios gruesos y marcados, de estatura media tirando a baja, retacona, de busto justo, vientre super plano y un mejor ir que venir, ella tenía una cola por demás de perfecta, redonda como una manzana, muy llamativa, de muslos gruesos y unas pantorrillas de ensueño, decididamente, ella era del tipo de mujeres que me gustaba conquistar.
Después de un tiempo de estudiar la situación las cosas estaban más que claras a mis ojos, Antonio intentaba repetir la historia patriarcal de domino que había mamado de sus padres, la mujer a la casa, y él, el hombre, no debía rendir cuentas a nadie, pero ciertamente no pudo ver que los tiempos habían cambiado, las cosas habían cambiado, Mirna no era ave para tener enjaulada y simplemente, no funcionaría.
Él era un molesto perseguidor, controlador y manipulador, que los horarios, que las amigas, que las actividades y una cosa y la otra, la asfixiaba, y solo era cuestión de tiempo.
Mirna pasaba sus ratos libres sin hacer mucho, le gustaba hacerle compañía a su cuñada discapacitada, y a su suegra, a veces jugaba paddle con algunas amigas, otros días pintaba en lienzo como hobby y los días de verano solían ser los mejores para mí, lejos de los ojos vigilantes de su esposo, en su ausencia, cuando casi desnuda tomaba sol al borde de la piscina y se sumergía cada tanto para refrescarse.
En esos días mis ojos se llenaban con sus curvas y mi alma de maldito pecador florecía sin remedio, las ansias de conquistas, la belleza, su compromiso con ese hombre y el deseo de penetrar su sexo una y otra vez.
Empecé con mi avance dialéctico, un poco seductor, un poco romántico, un poco bohemio, sabía decir todas las palabras que una mujer espera escuchar de un hombre, tenía el diccionario completo, desde la A hasta la Z y para cada posible pregunta tenía dos respuestas.
Ella disfrutaba, yo trabajaba, pero una cosa llevaba a otra y pronto sus ojos me miraron con secreto deseo, la tenía en la palma de la mano, solo esperaba la oportunidad para cerrar mi puño.
Esa tarde de calor, Mirna andaba revoloteando por la piscina, lucía un traje de baño en dos piezas, en tono negro con algunas inscripciones en blanco, demasiado llamativo, con un sostén lleno de intrincados breteles por su espalda y una tanga muy, pero muy pequeña que dejaba ver sus enormes nalgas desnudas y hacía resaltar sus marcados huesos de las caderas, se me hacía muy sexi, demasiado, con sus cabellos recogidos, aparentando no ser consciente de lo que despertaba en un hombre. A decir verdad, a ella le sobraba el dinero y casi a diario me sorprendía gratamente con algún nuevo traje de baño, pero este era diferente.
Ese día estaba rara, lo noté con solo observarla, como perdida en sus pensamientos, se había sentado al borde de la piscina, solo había metido en el agua desde las pantorrillas hacia abajo y sacudía sus piernas tirando agua hacia adelante.
Yo estaba en mi casita a unos veinte metros, y solo se escuchaba el trinar de los pájaros y el viento sur acariciando las frondosas copas de los árboles cercanos
Miré la hora, los peones estaban trabajando en las praderas cercanas, sabía que el viejo había salido temprano y obviamente, había llevado a su hijo con el, caso contrario, Mirna no hubiera estado casi desnuda al aire libre a la vista mía, y tal vez de los peones, tampoco había noticias a la vista de la vieja y su hija Marcela, jugué mis cartas, estaba en mis horas libres, desnudé mi torso y me puse un jogging sin ropa interior, sabiendo que mi sexo suelto bajo al amplio pantalón se marcaría en una forma sugerente, sin ser evidente, pero lo suficiente para que funcionara de carnada en el anzuelo, saqué unas maderas a la parte externa y me puse a labrarlas en forma muy paciente, como el cazador que espera su presa, simulando ignorarla.
Los ruidos que estaba haciendo con el martillo y el cincel pronto atrajeron su atención, Mirna se incorporó y meneando las caderas vino a mi lado, miró con ojos pícaros y dando un rodeo dijo
Me encanta como trabajas las maderas, tenés unas manos perfectas para tallar
Gracias - respondí - puede ser, imito a la naturaleza, aunque jamás podré igualarla, ella sí que hace obras de arte tallando la perfección con sus manos...
La miré fijo a los ojos, era obvio que estaba hablando de su cuerpo y ella tomó el halago, se rió con sonrojo y me desvió la mirada llevándola al piso
Que estás haciendo? - preguntó tratando de retomar la conversación -
No sé... - respondí - improviso, solo empiezo y dejo que mis sentimientos me guíen
Otra vez jugaba con las palabras y una tensa excitación se respiraba en el aire, los ojos de Mirna se iban sin querer sobre las gotas de transpiración que ya poblaban mis pectorales, mis bíceps y mi espalda, noté como inconscientemente pasaba la lengua por sus labios para humedecerlos
Por qué soportas esto? - tiré cambiando el tema de conversación -
Esto? - repreguntó ella -
Si, esto, esta mierda de vida, encerrada, infeliz, amargada, cornuda, marchitándote, es por dinero? acaso tan importante es para vos?
Ella miró al piso nuevamente, pero ahora con mirada resignada, se encogió de hombros, pero entonces levantó su cabeza, me miro directo a los ojos y respondió desafiante
Talvez eu esteja apenas trancada neste castelo esperando meu príncipe chegar e me fazer mulher...
Agarrei-a pelo pulso e a arrastei para dentro do casebre, ela mal tentou resistir, e a espremi contra a parede.
"Alejandro... você está louco? O que está fazendo?" - protestou ela.
Beijei-a com paixão, com loucura, aqueles beijos que marcam os lábios e busquei sua língua com a minha, a segurava quase à força, ela respirava ofegante e tentava negar com a boca o que seu corpo dizia.
"Não, Ale... meu marido, meu sogro... eles me matam... é uma loucura, eu te imploro..."
Mas minhas mãos se enchiam com seu corpo e ela esfregava meu pau duro por cima do moletom, era tudo muito passional, apertei seus seios por cima do biquíni, seus peitos eram macios, perfeitos para mim. Mirna começou a beijar meu torso nu, a passar sua língua pelo salitre do meu suor e tudo foi inevitável.
"Me fode, animal, eu te desejo, quero seu pau."
Seu discurso havia mudado de repente, agarrei-a pelas nádegas e a levantei no ar, ela se enroscou no meu corpo como um demônio para beijarmos novamente, a levei até a mesa onde havia restos do meu almoço, apenas joguei tudo no chão sem me importar, a sentei na borda, me coloquei entre suas pernas, desci pelo seu pescoço enquanto ela mesma soltava o sutiã para acariciar minha pele com seus mamilos, foi muito erótico, ela percorrendo meus bíceps com as mãos e eu percorrendo seu ventre com as minhas, até tocar o fruto proibido.
Cheguei com minha língua aos seus seios, aos seus mamilos, um e outro, lentamente, ela arqueava as costas de um lado para o outro para alternar ambos em minha boca, sua respiração estava pesada, seus gemidos soavam como música em meus ouvidos, desci por seu ventre, um pouco mais, mais um pouco...
Com delicadeza, desci a calcinha de praia percorrendo seus quadris e suas pernas, deixando um fio pegajoso e viscoso no caminho que havia encharcado sua intimidade, senti aquele lindo perfume do sexo de uma mulher e meu pau pulsou de desejo, inclinei-me como um... escravo diante de sua rainha, ela se abriu como uma flor da primavera para me oferecer sua bucetinha rosada, macia, depilada por completo, adorei.
Fui com tudo, adoro fazer sexo oral nas mulheres, percorrer seus lábios, provar seus sucos, enfiar os dedos na rugosidade de suas doces cavernas, acariciar com minha língua esses cuzinhos apertados e comer esses botõezinhos que elas têm, a chave secreta para a porta do paraíso.
Mirna não seria exceção, só chupei ela com muita vontade e desejos contidos, ela gemia descontrolada, acariciava seus seios, a barriga, as pernas, levei meus dedos com seus sucos até sua boca, foi erótico, ela os chupou com vontade, como se fosse meu pau.
Ela tentou se levantar, com um tom de súplica disse com a respiração ofegante:
fuck... geme Ale... Alejandro... me come... por... por favor...
Coloquei uma das minhas mãos na área logo acima da barriga dela, logo abaixo dos seios e, abusando da minha força, obriguei-a a deitar novamente, mantive-a ali, chupando sua buceta, fazendo ouvidos moucos aos seus pedidos, ainda queria chupá-la, não ia parar, não parei.
Ela gozou na minha boca, seus espasmos descontrolados sacudiram seu corpo, os gemidos viraram gritos, e então, fechou as pernas porque estava muito sensível.
Então sim, abaixei meu moletom, acariciei com meu sexo o dela, uma vez, outra vez, e finalmente enfiei tudo, meu pau grosso e longo se perdeu na profundidade de sua buceta até vê-lo desaparecer completamente.
Ayyyy.... - disse ela com os olhos fechados - que pau grande que você tem!
Gostou? - perguntei eu cheio de orgulho masculino -
Sim.... mmmm.... me arrebenta toda, gostoso!
Comecei a comê-la com força, a tinha toda aberta sobre a mesa, um espetáculo, com seus peitos deliciosos se movendo como ondas do mar a cada investida, com seus olhos fechados, com sua boca entreaberta, ofegante, me senti poderoso, me senti no controle, dono da situação.
Só deslizava em seu interior, sua buceta estava quentinha e eu sabia que Ela chegava no limite, que a enchia toda, eu adorava, ela era linda, meu olhar foi por acaso para sua mão esquerda, para seu dedo anelar onde uma aliança de ouro caríssima brilhava me lembrando que ela era uma mulher casada, a mulher de quem pagava meu salário e agora era toda minha, ela tinha me escolhido.
Seus cabelos negros tinham se soltado pelos movimentos bruscos, já não tinha aquele coque impecável e eu só fui dando passos, de repente a peguei pelos cabelos e quase num tom de ordem disse:
Agora você vai me chupar o pau!
Mirna entrou no jogo, foi de joelhos e começou a me chupar enquanto eu a via de cima, mal metia a cabeça do pau na boca, e me masturbava, então dei um tapinha leve no rosto dela enquanto ainda a segurava pelos cabelos com a outra mão e disse:
Assim não, assim não gosto! chupa como as putas!
E só forcei um pouco para enfiar mais fundo, Mirna estava sob meu controle, e notei como ela ficava excitada com o jogo que eu propunha, mais forte, mais bruto, ela fazia seu melhor esforço, mas com só metade já tinha ânsia, mas se esforçava ao máximo, dava pra notar na respiração dela, nos gestos, ela estava com tesão, e começou a chupar muito gostoso, como possuída, endemoniada.
Ela de vez em quando levantava seus olhinhos e me olhava de um jeito muito meigo, o que eu recebia era muito quente, aqueles olhos de pecado com meu pau enterrado na boca dela, fotografias mentais que vão ficar pra sempre gravadas no meu cérebro.
Não gozei na boca dela, pelo menos não da primeira vez...
A peguei de novo com força para levá-la outra vez sobre a mesa, dessa vez de costas, com o peito apoiado na madeira rústica e sua bunda enorme bronzeada do meu lado, era perfeito, suas nádegas eram grandes demais, sua cintura era pequena demais.
Cuspi na minha mão, passei no seu ânus, ela viu o que ia rolar:
Para, louco! o que você tá fazendo? é muito grande! não quero!
Era evidente que não seria sua primeira experiência anal a julgar pelo seu cu dilatado, mas com certeza ela não tinha experimentado muitas como a minha, insisti de novo e de novo, lubrificando e empurrando mais uma vez, fazendo ouvidos moucos às suas reclamações, até que senti ela entrar, metade já foi o suficiente e senti seu anelzinho apertando meu tronco.
Mirna se debatia entre reclamações inúteis e gemidos descontrolados, num prazer diferente, como uma potra selvagem, domada, resignada ao seu destino, acariciando sua vulva enquanto eu dava nela pelo cu.
Que gro... grossa que... que você... você tem... - ela dizia quase desconexa, me levando a uma excitação extrema -
Vieram trocadilhos picantes e não aguentei mais, tirei de trás e enfiei de novo na buceta para inundá-la com sêmen quente enquanto meus olhos se extasiavam com seu esfínter extremamente aberto.
Nos recompusemos no meio da excitação e da tarde de verão, olhamos a hora e era melhor não brincar de roleta russa com a sorte, mal ela se limpou um pouco, arrumou os cabelos de novo num coque baixo, colocou seu maiô e a vi se afastar balançando os quadris, sabendo que levava entre as pernas o melhor de mim.
Ela mergulhou na piscina e eu só continuei trabalhando com meu martelo e meu cinzel.
Dias depois terminei o entalhe, dei brilho e estava pronto para presentear Mirna, faltava o nome da minha obra, pensei em batizá-la de 'amantes' mas teria sido algo confuso e difícil de justificar para a família, decidi chamá-la de O AMOR PERDIDO, porque talvez em outra vida nossos caminhos tivessem se unido, mas não nesta, éramos diferentes, de classes sociais distintas, ela era chefe, eu um empregado, ela era uma mulher comprometida, e eu não queria compromissos.
Vivemos dias de loucura, o gosto do proibido, transar escondido, em qualquer lugar, a qualquer hora, sexo louco, sexo livre, sexo selvagem, com a adrenalina de amantes, o prazer de ver quem pagava meu salário nos olhos, aceitar em silêncio suas ordens prepotentes e seus desaforos, ao mesmo tempo em que mastigava o prazer de... estar comendo a gostosa que ela era como mulher.
E tudo foi perfeito, até o momento em que percebi que Mirna tinha se apaixonado por mim, e naquele mundo o AMOR PERDIDO era uma utopia inaceetável.
Ela começou a falar de 'nós', de 'futuros', de histórias que eu não concordava, tinha chegado naquele ponto sem volta onde os mal-entendidos viraram moeda corrente, a relação aos poucos foi ficando tóxica porque ela começou a me asfixiar, a me encurralar, me empurrava para brigar com o marido dela, com ameaças veladas, e num piscar de olhos aquela gostosa que eu adorava levar para a cama, tinha virado um problema que parecia destruir tudo.
Consegui aguentar até o dia em que ela passou a ver o marido como um obstáculo para nosso relacionamento e quando a ouvi falar, sondando minha reação, sobre 'nos livrarmos' dele, soube que era demais.
Tinha chegado a hora de virar a página, assim, do nada, Mirna nunca entenderia que eu nunca me apaixonaria por ela, que não existia um 'nós' na minha cabeça, e que se continuássemos mentindo para nós mesmos ela acabaria me odiando.
Não dei muitas explicações para o velho Juan, ele não conseguiu entender, nem precisava, só fechei aquela porta e deixei essa história para trás, nunca mais soube de nada da Mirna, do fundo do meu coração desejo que ela tenha conseguido romper com aquela prisão que estava matando ela em vida.
Se você gostou, pode me escrever com o título AMOR PERDIDO para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
EL AMOR PERDIDO
Tenía muchas cosas a favor, era alto, bastante atlético, buen mozo, rubio de cabellos enrulados, ojos claros, carilindo, muy hábil con las manos y muy despierto con las palabras, y porque ocultarlo, muy buena verga. No me costaba ganarme a las mujeres y había tenido muchas doncellas en mi cama.
Algo también tenía en contra, algo no menor, era pobre, jamás tenía más que un par de monedas en el bolsillo y es muy difícil remar contra esa situación, por lo que debía suplir con mi estampa lo que mi cuenta bancaria no podía tapar.
Siempre fui un tipo de paladar negro, muy exigente con las chicas, me gustaba la perfección y no me acostaba con cualquiera que se cruzara en mi camino, me gustan esas mujeres que están a punto caramelo, ni tan jóvenes ni tan viejas, diría treinta años promedio, en general, me gusta la conquista, la seducción, me gustan las chicas con plata, con poder, esas que son un poco descuidadas por sus maridos, las que usan a diario la alianza matrimonial, las que suelen ser más difíciles porque hay que conquistar sobre una conquista ya realizada.
Puedo decir sin temor a equivocarme que conquistar a mujeres casadas, bonitas, con plata, insatisfechas y con aires de grandeza es el mejor plato que pudiera pedir, el sabor de la seducción.
En esos días andaba un poco sin trabajo, no eran mis días de suerte y como quien dice, estaba raspando el fondo de la olla.
Fue cuando apareció un amigo de la vida, esos que aparecen en el momento justo, cuando menos lo esperas, a tenderte una mano, y me comentó que en 'El amanecer' estaban buscando un nuevo encargado. El amanecer era una de las estancias del lugar, gente con mucho dinero por cierto y el viejo Juan era una persona bastante popular y conocida, con alguna ambición política y ahí fui con mis ilusiones y una carta de recomendación bajo el brazo.
Recuerdo la primera vez, el camino desde la entrada al casco de la estancia parecía el camino a la entrada al paraíso. Tuve una conversación mano a mano y mesa de por medio con el viejo, el tipo era de la antigua escuela, le daba más valor a la palabra que a los papeles, y la paga que me ofreció era muy buena. El trabajo no parecía ser difícil y era algo que ya había realizado en otras oportunidades, un plantel de obreros de campo para mantener las amplias extensiones de tierra que él controlaba, los cuales estarían bajo mi mando, además, en persona tendría que tomar el dominio del casco propiamente dicho, la casa principal, la piscina, las canchas de tenis y de paddle, el césped y demás dependencias.
La dedicación debía ser full time, no era negociable, y tenía disponible una casita secundaria que estaba a un lado de la casa principal, un tanto apartada, mi única condición, fue que en los ratos libres tuviera la libertad para hacer mis cosas, en especial el labrado artesanal de maderas, que era mi pasatiempo favorito.
Un apretón de manos selló el acuerdo y sin que lo pidiera el viejo me adelantó unos billetes para mis quehaceres.
Manos a la obra, en un abrir y cerrar los ojos me había instalado en esa casita que por cierto era de lo mejor que me había tocado en suerte.
En solo tres meses tenía el control total de la situación y armé el rompecabezas del funcionamiento de esa familia.
El viejo Juan tenía setenta y seis años, un buen tipo, pero criado a la antigua, con un patriarcado muy marcado, con una mente envidiable, a su edad tenía todo en su cabeza, no se le escapaba nada, el hacía y deshacía casi a su voluntad, como en un reinado feudal de otras épocas.
Antonia, su esposa, vivía a su sombra, una persona resignada a un papel secundario de ama de casa, tenía setenta en esos días, una mujer amable y servicial que parecía estar cómoda es su posición, creo que el eje de su vida pasaba por su hija, Marcela.
Marcela tenía unos cincuenta, era discapacitada por una parálisis infantil y obviamente tenía muchas limitaciones. A mí me daba ternura puesto que dependía de su madre, era muy bonita, pero para el resto de la familia parecía ser un tema vergonzante, hacían como si no existiera y trataban de invisibilizarla para el resto del mundo.
Antonio, el hijo varón y futuro dueño de todo, la mano derecha del viejo, cuarenta y ocho años, un tipo pedante que marcaba las diferencias sociales, en especial conmigo, una relación áspera desde el primer día. Antonio se daba la gran vida gastando los billetes que el viejo había guardado durante años, autos, viajes, diversión, pero era obvio que no tenía la misma visión de negocios que su padre.
Y Mirna, mi futuro problema...
Mirna tenía apenas treinta y dos, la esposa de Antonio, y fue obvio un matrimonio de interés, él tenía mucho dinero, ella mucha belleza. Mirna estaba prisionera en su propio castillo de cristal, no lo amaba, tal vez al principio de la relación, pero no en ese momento, estaba decepcionada, pero no podía renunciar, había dinero y poder de por medio, era mucho para ella. Eran días difíciles, en la eterna discusión, Antonio quería que le diera un hijo, pero ella solo no deseaba un hijo suyo, un marido que andaba de putas cada vez que podía, que solía llegar ebrio a altas horas de la noche, se sabía cornuda y solo era demasiado.
Y Mirna ciertamente era muy bonita, morena de largos cabellos, con un rostro armónico, de ojos negros como la noche, naricita de perro pekinés y labios gruesos y marcados, de estatura media tirando a baja, retacona, de busto justo, vientre super plano y un mejor ir que venir, ella tenía una cola por demás de perfecta, redonda como una manzana, muy llamativa, de muslos gruesos y unas pantorrillas de ensueño, decididamente, ella era del tipo de mujeres que me gustaba conquistar.
Después de un tiempo de estudiar la situación las cosas estaban más que claras a mis ojos, Antonio intentaba repetir la historia patriarcal de domino que había mamado de sus padres, la mujer a la casa, y él, el hombre, no debía rendir cuentas a nadie, pero ciertamente no pudo ver que los tiempos habían cambiado, las cosas habían cambiado, Mirna no era ave para tener enjaulada y simplemente, no funcionaría.
Él era un molesto perseguidor, controlador y manipulador, que los horarios, que las amigas, que las actividades y una cosa y la otra, la asfixiaba, y solo era cuestión de tiempo.
Mirna pasaba sus ratos libres sin hacer mucho, le gustaba hacerle compañía a su cuñada discapacitada, y a su suegra, a veces jugaba paddle con algunas amigas, otros días pintaba en lienzo como hobby y los días de verano solían ser los mejores para mí, lejos de los ojos vigilantes de su esposo, en su ausencia, cuando casi desnuda tomaba sol al borde de la piscina y se sumergía cada tanto para refrescarse.
En esos días mis ojos se llenaban con sus curvas y mi alma de maldito pecador florecía sin remedio, las ansias de conquistas, la belleza, su compromiso con ese hombre y el deseo de penetrar su sexo una y otra vez.
Empecé con mi avance dialéctico, un poco seductor, un poco romántico, un poco bohemio, sabía decir todas las palabras que una mujer espera escuchar de un hombre, tenía el diccionario completo, desde la A hasta la Z y para cada posible pregunta tenía dos respuestas.
Ella disfrutaba, yo trabajaba, pero una cosa llevaba a otra y pronto sus ojos me miraron con secreto deseo, la tenía en la palma de la mano, solo esperaba la oportunidad para cerrar mi puño.
Esa tarde de calor, Mirna andaba revoloteando por la piscina, lucía un traje de baño en dos piezas, en tono negro con algunas inscripciones en blanco, demasiado llamativo, con un sostén lleno de intrincados breteles por su espalda y una tanga muy, pero muy pequeña que dejaba ver sus enormes nalgas desnudas y hacía resaltar sus marcados huesos de las caderas, se me hacía muy sexi, demasiado, con sus cabellos recogidos, aparentando no ser consciente de lo que despertaba en un hombre. A decir verdad, a ella le sobraba el dinero y casi a diario me sorprendía gratamente con algún nuevo traje de baño, pero este era diferente.
Ese día estaba rara, lo noté con solo observarla, como perdida en sus pensamientos, se había sentado al borde de la piscina, solo había metido en el agua desde las pantorrillas hacia abajo y sacudía sus piernas tirando agua hacia adelante.
Yo estaba en mi casita a unos veinte metros, y solo se escuchaba el trinar de los pájaros y el viento sur acariciando las frondosas copas de los árboles cercanos
Miré la hora, los peones estaban trabajando en las praderas cercanas, sabía que el viejo había salido temprano y obviamente, había llevado a su hijo con el, caso contrario, Mirna no hubiera estado casi desnuda al aire libre a la vista mía, y tal vez de los peones, tampoco había noticias a la vista de la vieja y su hija Marcela, jugué mis cartas, estaba en mis horas libres, desnudé mi torso y me puse un jogging sin ropa interior, sabiendo que mi sexo suelto bajo al amplio pantalón se marcaría en una forma sugerente, sin ser evidente, pero lo suficiente para que funcionara de carnada en el anzuelo, saqué unas maderas a la parte externa y me puse a labrarlas en forma muy paciente, como el cazador que espera su presa, simulando ignorarla.
Los ruidos que estaba haciendo con el martillo y el cincel pronto atrajeron su atención, Mirna se incorporó y meneando las caderas vino a mi lado, miró con ojos pícaros y dando un rodeo dijo
Me encanta como trabajas las maderas, tenés unas manos perfectas para tallar
Gracias - respondí - puede ser, imito a la naturaleza, aunque jamás podré igualarla, ella sí que hace obras de arte tallando la perfección con sus manos...
La miré fijo a los ojos, era obvio que estaba hablando de su cuerpo y ella tomó el halago, se rió con sonrojo y me desvió la mirada llevándola al piso
Que estás haciendo? - preguntó tratando de retomar la conversación -
No sé... - respondí - improviso, solo empiezo y dejo que mis sentimientos me guíen
Otra vez jugaba con las palabras y una tensa excitación se respiraba en el aire, los ojos de Mirna se iban sin querer sobre las gotas de transpiración que ya poblaban mis pectorales, mis bíceps y mi espalda, noté como inconscientemente pasaba la lengua por sus labios para humedecerlos
Por qué soportas esto? - tiré cambiando el tema de conversación -
Esto? - repreguntó ella -
Si, esto, esta mierda de vida, encerrada, infeliz, amargada, cornuda, marchitándote, es por dinero? acaso tan importante es para vos?
Ella miró al piso nuevamente, pero ahora con mirada resignada, se encogió de hombros, pero entonces levantó su cabeza, me miro directo a los ojos y respondió desafiante
Talvez eu esteja apenas trancada neste castelo esperando meu príncipe chegar e me fazer mulher...Agarrei-a pelo pulso e a arrastei para dentro do casebre, ela mal tentou resistir, e a espremi contra a parede.
"Alejandro... você está louco? O que está fazendo?" - protestou ela.
Beijei-a com paixão, com loucura, aqueles beijos que marcam os lábios e busquei sua língua com a minha, a segurava quase à força, ela respirava ofegante e tentava negar com a boca o que seu corpo dizia.
"Não, Ale... meu marido, meu sogro... eles me matam... é uma loucura, eu te imploro..."
Mas minhas mãos se enchiam com seu corpo e ela esfregava meu pau duro por cima do moletom, era tudo muito passional, apertei seus seios por cima do biquíni, seus peitos eram macios, perfeitos para mim. Mirna começou a beijar meu torso nu, a passar sua língua pelo salitre do meu suor e tudo foi inevitável.
"Me fode, animal, eu te desejo, quero seu pau."
Seu discurso havia mudado de repente, agarrei-a pelas nádegas e a levantei no ar, ela se enroscou no meu corpo como um demônio para beijarmos novamente, a levei até a mesa onde havia restos do meu almoço, apenas joguei tudo no chão sem me importar, a sentei na borda, me coloquei entre suas pernas, desci pelo seu pescoço enquanto ela mesma soltava o sutiã para acariciar minha pele com seus mamilos, foi muito erótico, ela percorrendo meus bíceps com as mãos e eu percorrendo seu ventre com as minhas, até tocar o fruto proibido.
Cheguei com minha língua aos seus seios, aos seus mamilos, um e outro, lentamente, ela arqueava as costas de um lado para o outro para alternar ambos em minha boca, sua respiração estava pesada, seus gemidos soavam como música em meus ouvidos, desci por seu ventre, um pouco mais, mais um pouco...
Com delicadeza, desci a calcinha de praia percorrendo seus quadris e suas pernas, deixando um fio pegajoso e viscoso no caminho que havia encharcado sua intimidade, senti aquele lindo perfume do sexo de uma mulher e meu pau pulsou de desejo, inclinei-me como um... escravo diante de sua rainha, ela se abriu como uma flor da primavera para me oferecer sua bucetinha rosada, macia, depilada por completo, adorei.
Fui com tudo, adoro fazer sexo oral nas mulheres, percorrer seus lábios, provar seus sucos, enfiar os dedos na rugosidade de suas doces cavernas, acariciar com minha língua esses cuzinhos apertados e comer esses botõezinhos que elas têm, a chave secreta para a porta do paraíso.
Mirna não seria exceção, só chupei ela com muita vontade e desejos contidos, ela gemia descontrolada, acariciava seus seios, a barriga, as pernas, levei meus dedos com seus sucos até sua boca, foi erótico, ela os chupou com vontade, como se fosse meu pau.
Ela tentou se levantar, com um tom de súplica disse com a respiração ofegante:
fuck... geme Ale... Alejandro... me come... por... por favor...
Coloquei uma das minhas mãos na área logo acima da barriga dela, logo abaixo dos seios e, abusando da minha força, obriguei-a a deitar novamente, mantive-a ali, chupando sua buceta, fazendo ouvidos moucos aos seus pedidos, ainda queria chupá-la, não ia parar, não parei.
Ela gozou na minha boca, seus espasmos descontrolados sacudiram seu corpo, os gemidos viraram gritos, e então, fechou as pernas porque estava muito sensível.
Então sim, abaixei meu moletom, acariciei com meu sexo o dela, uma vez, outra vez, e finalmente enfiei tudo, meu pau grosso e longo se perdeu na profundidade de sua buceta até vê-lo desaparecer completamente.
Ayyyy.... - disse ela com os olhos fechados - que pau grande que você tem!
Gostou? - perguntei eu cheio de orgulho masculino -
Sim.... mmmm.... me arrebenta toda, gostoso!
Comecei a comê-la com força, a tinha toda aberta sobre a mesa, um espetáculo, com seus peitos deliciosos se movendo como ondas do mar a cada investida, com seus olhos fechados, com sua boca entreaberta, ofegante, me senti poderoso, me senti no controle, dono da situação.
Só deslizava em seu interior, sua buceta estava quentinha e eu sabia que Ela chegava no limite, que a enchia toda, eu adorava, ela era linda, meu olhar foi por acaso para sua mão esquerda, para seu dedo anelar onde uma aliança de ouro caríssima brilhava me lembrando que ela era uma mulher casada, a mulher de quem pagava meu salário e agora era toda minha, ela tinha me escolhido.
Seus cabelos negros tinham se soltado pelos movimentos bruscos, já não tinha aquele coque impecável e eu só fui dando passos, de repente a peguei pelos cabelos e quase num tom de ordem disse:
Agora você vai me chupar o pau!
Mirna entrou no jogo, foi de joelhos e começou a me chupar enquanto eu a via de cima, mal metia a cabeça do pau na boca, e me masturbava, então dei um tapinha leve no rosto dela enquanto ainda a segurava pelos cabelos com a outra mão e disse:
Assim não, assim não gosto! chupa como as putas!
E só forcei um pouco para enfiar mais fundo, Mirna estava sob meu controle, e notei como ela ficava excitada com o jogo que eu propunha, mais forte, mais bruto, ela fazia seu melhor esforço, mas com só metade já tinha ânsia, mas se esforçava ao máximo, dava pra notar na respiração dela, nos gestos, ela estava com tesão, e começou a chupar muito gostoso, como possuída, endemoniada.
Ela de vez em quando levantava seus olhinhos e me olhava de um jeito muito meigo, o que eu recebia era muito quente, aqueles olhos de pecado com meu pau enterrado na boca dela, fotografias mentais que vão ficar pra sempre gravadas no meu cérebro.
Não gozei na boca dela, pelo menos não da primeira vez...
A peguei de novo com força para levá-la outra vez sobre a mesa, dessa vez de costas, com o peito apoiado na madeira rústica e sua bunda enorme bronzeada do meu lado, era perfeito, suas nádegas eram grandes demais, sua cintura era pequena demais.
Cuspi na minha mão, passei no seu ânus, ela viu o que ia rolar:
Para, louco! o que você tá fazendo? é muito grande! não quero!
Era evidente que não seria sua primeira experiência anal a julgar pelo seu cu dilatado, mas com certeza ela não tinha experimentado muitas como a minha, insisti de novo e de novo, lubrificando e empurrando mais uma vez, fazendo ouvidos moucos às suas reclamações, até que senti ela entrar, metade já foi o suficiente e senti seu anelzinho apertando meu tronco.
Mirna se debatia entre reclamações inúteis e gemidos descontrolados, num prazer diferente, como uma potra selvagem, domada, resignada ao seu destino, acariciando sua vulva enquanto eu dava nela pelo cu.
Que gro... grossa que... que você... você tem... - ela dizia quase desconexa, me levando a uma excitação extrema -
Vieram trocadilhos picantes e não aguentei mais, tirei de trás e enfiei de novo na buceta para inundá-la com sêmen quente enquanto meus olhos se extasiavam com seu esfínter extremamente aberto.
Nos recompusemos no meio da excitação e da tarde de verão, olhamos a hora e era melhor não brincar de roleta russa com a sorte, mal ela se limpou um pouco, arrumou os cabelos de novo num coque baixo, colocou seu maiô e a vi se afastar balançando os quadris, sabendo que levava entre as pernas o melhor de mim.
Ela mergulhou na piscina e eu só continuei trabalhando com meu martelo e meu cinzel.
Dias depois terminei o entalhe, dei brilho e estava pronto para presentear Mirna, faltava o nome da minha obra, pensei em batizá-la de 'amantes' mas teria sido algo confuso e difícil de justificar para a família, decidi chamá-la de O AMOR PERDIDO, porque talvez em outra vida nossos caminhos tivessem se unido, mas não nesta, éramos diferentes, de classes sociais distintas, ela era chefe, eu um empregado, ela era uma mulher comprometida, e eu não queria compromissos.
Vivemos dias de loucura, o gosto do proibido, transar escondido, em qualquer lugar, a qualquer hora, sexo louco, sexo livre, sexo selvagem, com a adrenalina de amantes, o prazer de ver quem pagava meu salário nos olhos, aceitar em silêncio suas ordens prepotentes e seus desaforos, ao mesmo tempo em que mastigava o prazer de... estar comendo a gostosa que ela era como mulher.
E tudo foi perfeito, até o momento em que percebi que Mirna tinha se apaixonado por mim, e naquele mundo o AMOR PERDIDO era uma utopia inaceetável.
Ela começou a falar de 'nós', de 'futuros', de histórias que eu não concordava, tinha chegado naquele ponto sem volta onde os mal-entendidos viraram moeda corrente, a relação aos poucos foi ficando tóxica porque ela começou a me asfixiar, a me encurralar, me empurrava para brigar com o marido dela, com ameaças veladas, e num piscar de olhos aquela gostosa que eu adorava levar para a cama, tinha virado um problema que parecia destruir tudo.
Consegui aguentar até o dia em que ela passou a ver o marido como um obstáculo para nosso relacionamento e quando a ouvi falar, sondando minha reação, sobre 'nos livrarmos' dele, soube que era demais.
Tinha chegado a hora de virar a página, assim, do nada, Mirna nunca entenderia que eu nunca me apaixonaria por ela, que não existia um 'nós' na minha cabeça, e que se continuássemos mentindo para nós mesmos ela acabaria me odiando.
Não dei muitas explicações para o velho Juan, ele não conseguiu entender, nem precisava, só fechei aquela porta e deixei essa história para trás, nunca mais soube de nada da Mirna, do fundo do meu coração desejo que ela tenha conseguido romper com aquela prisão que estava matando ela em vida.
Se você gostou, pode me escrever com o título AMOR PERDIDO para dulces.placeres@live.com
2 comentários - Amor Perdido