Vou te machucar...

Los post que no podes dejar de ver!

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html


TE VOY A LASTIMAR...


Siempre fui un segundón, uno más en el montón en la manada. No es que me definiera como un perdedor, pero siempre sería el tipo que tendría que hacer cola para entrar a cualquier evento, al que siempre le tocaría viajar de pie en un ómnibus, el que no tendría aventuras llenas de adrenalina para contar y quien toda su vida solo iría de casa al trabajo y del trabajo a casa. Puedo decir que soy un tipo feliz, pero mi vida siempre fue un tanto gris.
Venía de fracasar de mi segunda relación de pareja, vivía solo y no tenía intenciones de volver a enamorarme. Suelo vestir informal, me gustan los tonos de grises, tal vez, el color de mi vida.

Mi empleo era básico, en un estamento gubernamental archivando papeleos de sol a sol, en un viejo edificio de mitad de siglo pasado, de gruesos muros y puertas altísimas que parecían llegar al cielo. Llevo más de veinte años atascado en ese sitio, tras un viejo escritorio descolado y crujiente, y no tengo ilusiones de un progreso que nunca llegará. Tal vez me había afianzado demasiado en ese puesto y si bien era un piojo insignificante en ese sitio, pues yo me sentía seguro, me sentía el rey porque solo yo sabía que cosa estaba en cada lugar.

Los que pasaban por ahí sabían que 'Gutiérrez' era el referente, porque así era, para todos era Gutiérrez, todos me llamaban por mi apellido, y eso me molestaba un poco, yo me llamaba Ignacio y que no me llamaran por mi nombre me hacía sentir que era solo parte del decorado, como que ponía distancia, y todo se hacía frío. No es que me trataran mal, ni nada por el estilo, estaba muy cómodo en mi zona de confort, pero nunca sería nadie importante, nunca sería recordado.
Ese era mi lugar, y en mi lugar yo me sentía importante, era el rey de mi trono porque solo yo sabía de esos burocráticos papeleos y nadie metía las narices en mi reinado, todos asumían que en esa oficina Gutiérrez era el dueño.
Eso me daba una imagen de sentirme necesario, importante, sabía que si me iba de licencia pronto me llamarían puesto que al menos en ese punto, todo sería un caos en mi ausencia.

Llegó el día en el que el jefe departamental, que era mi superior inmediato, tomaría un traslado a otra dependencia y el puesto quedaría vacante, alguna vez la tonta idea de un ascenso se había cruzado por mi cabeza, pero era solo una tonta utopía, ya no tenía la edad, ni los conocimientos, ni la autoridad, en resumen, no era el perfil buscado en los tiempos que corrían.

Poco después empezarían los rumores de pasillo, hablaban de una nueva jefa, en femenino, una chica jovencita, no había mucha información más allá de lo que los chismosos hurgueteaban en redes sociales, muchas dudas, muchas intrigas y pocas certezas, personalmente, no tenía muchas inquietudes, sabía que sería una más entre tantos, era parte de mi rutina ver como mis jefes cambiaran cada tanto en tanto, era otro nivel de vida, ese nivel que jamás sería para un tipo como yo.

El día que conocí a Alicia, o Alice, como todos la llamaban, sería un antes y un después en mi vida.
Ella se presentó en mi despacho, y en forma inmediata caí envuelto en sus encantos, no porque fuera mujer, si no por lo que era en sí misma.

Alice era mucho más joven que yo, obviamente, aparentaba poco más de treinta, era delgada, de estatura normal, no mostraba tener mucho busto, ni muchas caderas, ni mucha cola, pero si unas curvas muy armónicas, lucía una camisita entallada en lila pálido, con una chaqueta negra y una pollera ajustada haciendo juego que iba hasta sus rodillas, vi unas medias de nylon y unos zapatos brillantes de tacos altos. Alice tenía el cabello renegrido lacio, a media espalda y la tez blanca como la leche que disimulaba con un escueto maquillaje, su rostro era muy bonito, delgados ojos negros de mirar vivaz, una naricita respingada y unos labios muy marcados, su perfume invadió el sitio y por primera vez no respiraba el pestilente olor a humedad de la vieja edificación y en esa primera impresión supe que estaba ante una mujer de otro status, muy lejano al mío.

Alice dio unos rodeos y se presentó, me estrechó la mano en forma muy protocolar y me regaló una sonrisa que rompió con todas mis defensas, recuerdo que ella se sentó de lado sobre un extremo de mi escritorio, marcando uno de sus muslos y parte de sus nalgas en forma tan arriesgada como sugerente, pero en poco tiempo aprendería que ella era así, era como su marca registrada. Hablamos un poco sobre mi trabajo, mis actividades, mis ideas, y ella me contó sobre las suyas, proyectos, mejoras y un sinfín de cosas. Lo mejor para mí fue que ella, a pesar de ser mi nueva jefa no me llamaría 'Gutiérrez', ni siquiera Ignacio, para ella siempre sería solo 'Nacho'. Para mí sería muy estimulante, sentía que al menos para ella yo no era uno más, y me aboqué en mi trabajo, a ser mejor, a superarme, solo para que ella lo notara.

Creo que me enamoré en silencio de esa mujer, por su simpatía, por cómo me trataba, por cómo era, y fantaseaba con esa jovencita con la cual no solo hablábamos de trabajo, porque también hablábamos de nuestras vidas. Y justo en esos momentos, paradójicamente era cuando más insignificante yo me sentía. Alice era una mujer enorme, había ocupado cargos gerenciales en distintas empresas alrededor del mundo, a pesar de su corta edad hablaba a la perfección cuatro idiomas diferentes, había vivido en Francia, en Australia y en Canadá, su pasar económico era inalcanzable para mi pobre salario de bolsillo y solo sabía que ella jamás sería más que mi jefa por un corto tiempo.

Viví esos días en una fantasía, yo notaba que ella a veces jugaba conmigo un poco más lejos de los límites y algunos de mis compañeros me decían 'Gutiérrez, la jefa está con vos!, no te das cuenta? que esperas? no seas tonto!'.
Pero yo siempre fui un poco quedado con las mujeres y solo no me anime a más, solo se me atragantaban las palabras y además no podía dejar de pensar que ella era mi superior inmediato, y si fuera un error? una mala interpretación? y si perdiera el empleo?, como fuera solo nunca me decidí a saltar al vacío

Con el correr del tiempo, empecé a ver algún cambio en ella, poco a poco pareció ir perdiendo esa confidencia conmigo y fue como que se fue alejando de mi lado, y pude notar que empezaba a codearse con un par de ella, otro jefe seccional que 'si' estaba a su altura, y en verdad eso me molestaba, cuando la veía charlar con él, esas risas confidentes, y al ver que pasaban demasiado tiempo juntos me hacía sentir puñales atravesando mi corazón. Adiviné que él si había hecho lo que yo no me había animado a hacer, llevarla a la cama, y entre dudas y certezas terminé odiando a ese tipo.


Vou te machucar...Ela passou uma manhã para se despedir no meu escritório, depois de três anos tinha conseguido outro emprego melhor pago, e só isso, eu sabia que mais cedo ou mais tarde aconteceria, era assim nesses cargos, chefes vinham, chefes iam embora, mas a partida dela me causou uma dor profunda. Meus dias voltariam a ser cinzas, chegaria um novo chefe, eu voltaria a ser 'Gutiérrez' para todo mundo e de novo me enfiaria no meu ostracismo apático e amargo.

O destino nos juntaria de novo dois anos depois, organizaram um jantar de trabalho, daqueles que terminam quando o sol nasce, e como sempre acontecia, convidavam os 'ex'. Honestamente, não sabia que ela iria e senti meu coração disparar quando soube da boa notícia.

Só por ela comprei uma calça jeans azul clara e uma camisa preta com caveirinhas brancas, achei apropriado, pelo menos queria sair da minha imagem rotulada de cinzas sem graça. Tudo tinha que sair perfeito, mesmo que não fosse só para vê-la de novo, porque ela era tão grandona pra mim e eu me sentia tão insignificante do lado dela que com certeza não teria coragem de fazer nada.

Quando a vi, senti aquela impressão da primeira vez, Alice estava com um vestidinho solto, em tons de ocre, amarelo e verde claro, mal marcava o peitinho dela e não muito mais, ela sorriu pra mim como sempre, me abraçou e me beijou na bochecha, de novo me embriagou aquele perfume doce, e senti meu coração pular do peito de novo, ela estava magra, mais do que eu lembrava, mas sempre radiante com aquele sorriso marcado.

Éramos mais de trinta pessoas, mas pra mim só existia ela e fiquei só de olho nela, embora tenha notado que a situação não era recíproca e de novo senti aquela sensação odiosa de não entender se Alice tinha algum mínimo interesse em mim ou se eram só as fantasias idiotas de um homem cinza.

Já estava tarde, tarde demais, alguns começaram a ir embora e tinha chegado a hora da minha despedida, fui cumprimentá-la, foi quando ela me perguntou:

Como você vai?

Ando umas quadras até a avenida. Seguro pego um táxi em algum lugar — respondi com honestidade —
Não, não, de jeito nenhum — ela respondeu — vamos, te dou uma carona, a essa hora vai ser impossível conseguir um táxi
Mas não... — retruquei — não se incomoda por minha causa
Vamos, tá decidido... — sentenciou ela, cortando o diálogo —

Nos despedimos e fomos até o carro dela, um zero quilômetro impecável, com bancos de couro e milhares de luzinhas, as coisas da vida, jamais conseguiria comprar um carro, nem sabia dirigir.
No caminho, já longe da algazarra do jantar, ela me contou coisas da vida dela, até chegarmos no meu modesto apartamento, estacionou de lado e ficou só me olhando, esperando que eu dissesse o que era pra dizer naquela situação, e mesmo assim, custei a encaixar as palavras direito

Quer subir? sei lá, a gente conversa um pouco.

Ela fingiu pensar na resposta que era óbvia, olhou a hora e soltou

Só uns minutos, é tarde...

Subimos as escadas até o segundo andar, eu tava morrendo de vergonha, meu apartamentinho devia ser um chiqueiro perto dos palácios onde ela com certeza tava acostumada a viver, mas era a chance que sempre esperei

Quer um café? — sugeri, afogado em nervosismo
Melhor algo forte, tem algum trago que arranhe a garganta? — respondeu ela sem rodeios

Sempre fui um idiota, não tinha nada pra oferecer, só lembrei de uma garrafa velha de vodka que alguém tinha me dado um dia e tava perdida no meio das minhas coisas.
Fui buscar, servi num copinho pequeno só pra ela, eu não gostava, Alice bebeu quase de um gole só, a ponto de lacrimejar os olhos pela queimação do álcool na garganta, estendeu o copo e disse segura de si

Outro!, isso me ajuda a relaxar nesses casos...

Servi e ela repetiu o gole fundo, deixou o copinho de lado e veio decidida em cima de mim, se esticou na ponta dos pés, enroscou os braços no meu pescoço, me olhou com a profundidade dos olhos pretos dela e me deu um beijo eterno na boca. gostoso, cheio de pecado, enchi meu nariz com o perfume dela e me senti o homem mais sortudo do mundo. Ainda tinha a garrafa na minha mão esquerda e ainda não tinha coragem de pegar ela pela cintura, sempre fui um idiota sem atitude.
Alice pegou uma das minhas mãos e levou pra trás, direto na bunda dela, e eu quase morri, a seda do vestido se interpondo entre meu toque e a curva da pele dela, senti meu coração disparar, meu sangue ferver, minhas têmporas explodirem, apertei ela contra meu corpo, sem dúvida ela sentiu a dureza do meu pau apertado contra a barriga dela e foi muito gostoso poder fazer isso.

Ela me fez recuar até um sofá que tenho numa salinha improvisada, enquanto eu tirava minha calça ela ia desabotoando minha camisa, naqueles enroscos desesperados de amantes que queimam no inferno, os beijos dela tinham gosto de pecado e os lábios dela, de desejo, ela mordiscava meu peito quase doendo e foi muito quente pra mim.

Em segundos meu pau duro tava nu na frente dos olhos dela, eu sentado no sofá, ela entre minhas pernas, Alice me olhou fixamente então, com aqueles olhares que matam, que queimam, pegou meu pau na mão dela e só começou a me masturbar, devagar, muito gostoso, tinha desnudado minha cabeça e só apertava bem embaixo, contra minhas bolas, só uns milímetros, pra cima, pra baixo, uma e outra vez, com ritmo, sem parar.

Eu esperava que ela fizesse algo mais, mas ela só ficava ali, num jogo que ia me matar mais cedo ou mais tarde. Com a mão livre, ela foi descendo devagar as alças do vestido pra desnudar na minha frente os peitinhos dela que caberiam na minha mão, uns mamilos escuros e pontudos apareceram ameaçadores, molhados de tesão.

Não aguentei mais, senti que ia gozar, ela percebeu e pareceu ficar com mais tesão com isso, notei que ela já não olhava nos meus olhos, agora, meio vesga de tão perto, o olhar dela tava fixo na ponta do meu pau esperando ansiosa o final. Explodi em jorros grossos de porra, que foram parar na minha barriga, no meu pau e na mão dela. Uma Um sorriso se desenhou no rosto dela, com certeza surpresa pela quantidade de porra que eu tinha espalhado. Aí ela veio com os lábios na minha pele, beijando todos os lugares onde eu estava sujo, deixando eu ver os lábios dela branquinhos e melados. Senti ela acomodar os peitos no meu pau e roçar bem gostoso entre os dois.

Alice se levantou, deixou o vestido cair no chão, ficou quase nua na minha frente, só com uma calcinha fio dental transparente bem provocante. As costelas magras dela marcavam na respiração quente, e na barriga lisa, um piercing brilhante minúsculo chamava minha atenção no umbigo dela.

Eu me levantei e peguei ela no colo, igual um namorado levanta a namorada, e levei pro quarto. Deitei ela na cama feito uma princesa, ela tava ofegante. Só deslizei a calcinha dela com cuidado, aí foi minha vez de me ajoelhar pra ir entre as pernas dela.

A intimidade dela tava toda depilada, passei a língua nos lábios dela, macios que nem pele de bebê, e o buraquinho tinha gosto de pecado. Os sucos dela melados na intimidade foram o maior dos prazeres, e eu fiz tudo bem devagar, devolvendo o jogo que ela tinha me proposto quando me masturbou.

O quarto tava na penumbra e eu via os contornos da silhueta feminina dela, como ela arqueava as costas sem perceber, se contorcendo de prazer. As mãos delicadas dela acariciavam os peitos macios, o rosto virado de lado, perdida no tempo e no espaço com gemidos abafados de luxúria. Foi perfeito, eu tinha ela no controle, e na minha cabeça, enquanto eu dava o melhor boquete que podia, passavam as imagens dos dias no escritório, da relação de chefa e empregado, e parecia impossível ter ela agora, naquele momento, naquele lugar, tão entregue na minha cama.

Os gemidos dela perto do orgasmo me trouxeram de volta à realidade, e eu caprichei pra tirar todo o prazer das entranhas dela.

— Me come! Me come, por favor... — ela pareceu implorar depois do orgasmo forte.

Eu fui com tudo, me meti de cabeça naquela buceta. sexo, até o fundo, meu pau duro chegou no mais profundo e senti a buceta dela envolvendo ele por completo, me inclinei pra frente pra alternar beijos entre os peitos e a boca dela, enchia minhas mãos com a bunda dela e ela acariciava minhas costas e meus cabelos, me enchia de prazer e os gemidos dela adoçavam meus ouvidos.
Uma vez, e outra vez, depois de quatro, depois de lado, de um jeito e de outro, queria experimentar tudo com ela e tudo parecia ser insuficiente.

Alice veio por cima de mim, montando em mim, o rosto dela me dava prazer e agora era ela quem levava o ritmo, esfregando o clitóris no meu púbis, percebia ela excitada demais, com orgasmos que a faziam cair no abismo, com os braços tensos apoiados no meu peito, com as costas arqueadas pra trás, e o rosto dela perdido no nada, me excitava pelo prazer dela e por ter aquela gostosa me fazendo amor, via os peitos doces dela balançando em sintonia, o rosto dela, as feições, os olhos, os lábios, os cabelos longos caindo a ponto de sentir acariciar minha pele com eles, ela não conseguiu evitar, só deixei ela fazer e só me senti gozar dentro dela, Alice viu isso e tremeu naquele momento, acelerando o ritmo e deixando a penetração mais funda, foi épico.RomanticoContinuamos brincando mais um pouco e posso dizer que tinha transado o melhor sexo da minha vida. Ela se aninhou nos meus braços e eu ainda estava incrédulo, caralho! que sortudo, tinha comido a minha chefe!

Em algum momento, Alice se levantou e foi pegar a calcinha e o vestido dela,

Fica pra dormir, onde você vai a essa hora? — falei num tom de súplica
Não, não posso, seria um erro — respondeu, colocando um gelo entre nós que me desorientou completamente —
Mas por quê? você não gostou? eu fui mal? não entendo... — respondi com uma melancolia notável e meu sentimento inconfessável de inferioridade —

Ela sentou ao lado, fez uma pausa, pegou minha mão entre as dela, respirou resignada e, com o olhar perdido, refletiu em voz alta

Sabe, Nacho, não estive com muitos homens na cama, mas estive com o suficiente, e quero que saiba que não valorizo um homem pelo tamanho do bolso, muito menos pelo tamanho da pica, nem pela quantidade de gozadas que ele consegue numa noite, não, de jeito nenhum, eu só me apaixono pelos sentimentos da pessoa e juro por tudo que ninguém mexeu comigo do jeito que você mexeu, você não sabe quanto tempo esperei por esse momento e achei que você nunca teria coragem de dar o primeiro passo...

E então? — respondi ainda mais angustiado

Seria um erro, você não vai entender, mas seria um erro deixar você se apaixonar por mim, acredite, vou te machucar...

Ela só beijou minha testa, como uma mãe beija o filho antes de partir, e eu deixei ela ir, idiota como sempre, não tive coragem de segurá-la naquele momento...

Minha vida virou uma merda, não soube mais nada dela e a monotonia dos meus dias rotineiros e cinzentos me engoliu de novo, pensava e pensava sem entender e nos meus pensamentos eu fiquei com muita raiva da Alice, minha conclusão foi que ela nunca poderia se apaixonar por um cara simplório como eu porque eu nunca estaria à altura dela e ela preferiu uma desculpa elegante a dizer a verdade. Só me Fiquei com o melhor daquela noite de sexo e com aquele gosto agridoce na boca de não poder repetir.

No entanto, a dura realidade ia me acertar de novo não muito tempo depois, e só aí eu entendi o que ela tinha insinuado: 'vou te machucar se deixar você se apaixonar por mim'.

Aquela manhã não seria uma manhã qualquer. Como sempre, eu era o último otário a saber das novidades, mas tinha notícia que viajava de boca em boca na velocidade da luz. Primeiro foi só um fuxico de corredor, mas não demorou pra se confirmar.

Muita gente lembrava da chefia como uma mina alegre que sempre dava um sorriso. Poucos, ou ninguém, sabia que ela tava lutando há um tempo contra uma leucemia fulminante. E quando descobri que a vida dela tinha se apagado, senti que a minha também tava se apagando.

Me joguei no sofá velho, destruído, e lembro de ter chorado igual um moleque, como nunca tinha chorado. A vida é muito injusta e cruel às vezes.

Não fui no velório dela, não conseguia. Como é que ia? Ela simplesmente foi embora e levou o melhor de mim. O mundo continua girando e meus dias seguem cinzentos entre pilhas de papel acumuladas no meu escritório, com um chefe que só me chama de 'Gutiérrez'.

Ninguém sabe, mas nos meus piores momentos, abro uma das gavetas da minha mesa pra pegar aquela foto que ela um dia me deu, com aquele sorriso eterno, aquele sorriso que ilumina minha vida como um arco-íris de cores.

Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'VOU TE MACHUCAR' para dulces.placeres@live.com

8 comentários - Vou te machucar...

Yo venia a jalarmela no a reflexionar vete alv xd
Lamento que la historia no te gustará. Pero no me hagas responsable de tus expectativas
@dulces-placeres Es mame,no llore
impecable! con lo que cuesta encontrar buenos relatos últimamente, se valora más todavia
robby13 +1
Te di 10 puntos porque no se puede dar mas!!
No vale la pena mentir y decir que no esperaba algo más siempre se busca terminar con una buena paja, pero tengo que felicitarte porque esa buenísimo tu relato salió de lo común estuvo bien relatado me llevo a imaginar cada situación