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ENCUENTROS PROHIBIDOS
Esta historia data de algunos años ya, pero el recuerdo estará por siempre presente, tal vez porque apenas tenía diecisiete años, o por el hecho de que no tenía casi experiencia en el sexo, quizás porque ella era mayor que yo, con aventuras, por hacerme conocer demasiado en poco tiempo, o porque ella no era una mujer más y existieron 'demasiados prohibidos' es ese par de días. O simplemente, porque fuera mi primera vez...
La familia por parte de mi papá, siempre había sida bastante acaudalada, él había incursionado por muchos negocios y la plata trajo más plata, un par de empresas de agro industria, cooperativa de semillas y varias hectáreas de cultivos que en general arrendaba a terceros.
Mi padre, es el mayor de tres hermanos, y el único interesado en seguir los pasos de mi abuelo, el que trabajaba en los negocios codo a codo y quien evidentemente sería el que tomaría las riendas en un futuro.
Le seguía mi tía, apenas un par de años menor, pero a ella jamás le había interesado nada de esto, es más, se había casado muy joven cuando yo era pequeño, con un tipo de mucha plata, del viejo mundo y hacía años que se había mudado a Europa, a Italia. Para nosotros era poco más que un recuerdo, casi habíamos perdido todo contacto con ella, y solo sabía por las cosas que muy de vez en cuando mis padres o mis abuelos narraban.
Fabio era el menor de los tres, el más joven, había nacido doce años después a mi tía, 'el bala perdida' lo llamaban, tanto por la forma no buscada en la que había sido concebido como por su estilo de vida
El tío Fabio era un loco lindo, él vivía despreocupado del mundo, había hecho su propia fortuna por su lado, él amaba los camiones, había empezado como un simple chofer y con la ayuda de mi abuelo pudo comprar el primer semi, y luego tuvo dos, y tres y formó su propia empresa y aunque era el dueño, el seguía sacándose cada tanto su gusto por manejar y solo perderse en cualquier punto del país. Siempre con su fama de Don Juan a cuestas, siempre se rumoreaba por lo bajo que el tío Fabio tenía una novia en cada pueblo, y ese punto, combinado a que se ausentaba demasiado de su casa en interminables viajes, seguramente le valió su primer matrimonio, su mujer sencillamente se hartó de la soledad y de los desplantes y todo se terminó en un portazo.
Poco después llegaría a nuestra gran familia su nueva novia y futura esposa, Corina. Ella era una mujer muy bonita que en mi plena adolescencia me quitó el sueño y fue culpable de mis secretas masturbaciones. Es que, si bien era cierto que ella era mi tía, la verdad es que tampoco nos unían lazos de sangre, y que las diferencias de años entre mi papá y mi tío provocaron que teniendo yo diecisiete tuviera una tía con apenas treinta y uno, y una tía demasiado bonita e interesante, pero claro, era la esposa de mi tío, toda una situación compleja.
Corina... Corina era esa chica que en un boliche todos los chicos hubieran volteado a mirar, esa que yo mismo hubiera invitado a bailar, adivinando por adelantado su negativa, por ser joven, pero qué diablos, solo el intento hubiera valido la pena, Corina era esa chica que hubiera podido ser mi profesora de secundaria, a quien yo le hubiera observado su trasero respingón mientras escribía en la pizarra, Corina era esa chica que en una playa hubiera sido centro de atención, dueña de todas las miradas, Corina solo hubiera sido esa mujer objeto de mis deseos, espectacular, inalcanzable, pero claro, en esta vida, ella solo era mi tía, la mujer del hermano de papá, sin embargo, en mi intimidad, en mis pensamientos, a solas, hacíamos el amor de una manera única.
Ella era más alta que la media de las chicas, espigada, de cabellos lacios siempre cortaba al ras de su nuca, castaña de nacimiento, pero ella lo aclaraba a un rubio discreto, recuerdo sus ojos hermosos, grandes, redondos, azules como el mar, de mirada inquieta y de esconder secretos, sus labios eran un poema, parecían dibujados a mano, de pechos pequeños, y casualmente a mí me atraían ese tipo de chicas, con una cola grande, redonda y maciza que sin dudas era imposible no mirar.
Y cada vez que la veía, en silencio, estaba atento a todos los detalles, su forma de caminar, de vestir, de hablar, sus gustos, su interés por la fotografía, porque, aunque había estudiado de radióloga, nunca había ejercido, y por el contrario pasaba mucho tiempo en exposiciones con su hobby.
Mediados de marzo, mis padres hablaban en voz baja, se trataba de una reunión en uno de los campos de mi abuelo, sabía que estaba pasando por una enfermedad terminal y no tenía mucho tiempo por delante, él quería dejar todo en orden, yo prestaba relativa atención a sus palabras, puesto que no sería de mi interés asistir, hasta que escuché a mamá mencionar que deberían pasar por Corina.
Fue cuando cambié de opinión, cosa que extrañó a mis padres, un chico adolescente, solo, en medio del campo, en una reunión familia, si es que yo tenía mi grupo de amigos en la ciudad y nunca quería ir con ellos en esos viajes. Solo disimulé la situación y puse como excusa que no sabía cuántas veces más podría ver al abuelo con vida, y si bien soné convincente, en verdad el motivo era otro, el tío Fabio estaba perdido con su camión en algún pueblo y yo solo quería estar cerca de esa mujer
El viaje fue normal, a excepción que después de rogar y rogar, logré que papá me dejara manejar un trayecto, visto en retrospectiva una auténtica locura, yo era menor de edad y no tenía aun licencia para conducir, pero yo necesitaba impresionarle, que ella viera cuan mayor era y que nuestras diferencias de edades no se sintieran importantes, pero mi tía estaba en otra cosa, creo que ella ni notó lo que yo intentaba que notara.
Llegamos sábado medio día, saludamos a mis abuelos quienes nos esperaban con un rico almuerzo, recuerdo que la imagen de mi abuelo era triste, se veía muy desmejorado y a pesar de todo el parecía sacar ganas de cualquier lado para seguir adelante.
Pero yo solo me llenaba la vista con las cuervas de mi tía, no podía evitarlo y hasta podía ser obscena la manera en que evidenciaba mi interés por ella, más de una vez nuestras miradas se cruzaban y podía sentir electricidad en mi cuerpo, si es que ella notaba que la desnudaba con la mirada.
Y noté en esas horas la congoja de esa mujer, la sentí quejarse de mi tío Fabio, que su matrimonio era una farsa, que estaba siempre sola y no sé cuántas cosas más que dejaban muy en claro que había un final cercano en esa relación, era todo muy confuso.
Todo empezaría esa misma tarde, mi familia estaba en medio de discusiones y decisiones de negocios que poco me interesaban, así que no teniendo nada mejor que hacer salí a caminar un poco, y fui derecho al establo donde estaban los caballos, siempre me encantaron esos animales, su porte, su presencia, su fidelidad, la perfección de sus formas, solía pasar horas solo pasando mis manos por su cuello, por su cabeza, acariciando sus crines, pero esta vez tendría un encuentro inesperado.
Corina estaba ahí, fue casualidad, ella estaba con su cámara tomando fotografías de los animales y solo empezamos a charlar y solo observarla mi corazón empezaba a galopar, como los ejemplares que tanto admiraba.
Ela me propôs posar pra ela, combinando minha imagem com algum cenário de fundo. Assim que começou a fotografar, disse que gostava do meu sorriso e afastou meus cabelos pro lado, pra limpar meu rosto. E eu só não conseguia, já não conseguia mais. De repente, ela começou a rir, meio contida, e eu não sabia o motivo até ela apontar pra um dos cavalos. Tava com o pau pendurado, quase encostando no chão, e tudo ficou muito louco. Entre risadas e desejos contidos, em poucos segundos eu tava igual ao animal. Tentei evitar, mas foi impossível. Fiquei com vergonha, mas acho que minha tia, no fundo, tinha tudo sob controle.
Ela largou a câmera de lado, arrumou meu cabelo de novo, olhando fundo nos meus olhos, acariciou minha bochecha. Não disse nada, nem uma palavra. Só se ajoelhou no feno. Eu tava morrendo de tesão e de vergonha ao mesmo tempo. Mas Corina baixou minha calça e minha cueca. Meu pau duro saltou feito mola. Ela pegou com as mãos, começou a acariciar, a masturbar. Beijou ele, senti um gostinho muito gostoso. Enfiou na boca dela, fundo, uma vez e outra vez.
Eu tava perdido, ainda sem acreditar que era real. Olhava pra ela e ela olhava pra mim. Brincava com meu pau, com a saliva dela, com as mãos dela. Entendi que ela se esforçava pra eu ver a combinação perfeita entre os lábios dela e meu sexo, entre a língua dela e minha glande. Percebi que ela ficava excitada com meu prazer, notei que ela não queria só chupar, mas também que eu visse como ela fazia.
Era demais. Eu só tinha estado com alguma garota nos meus sonhos, e nessa primeira vez tive a sorte de estar com uma mulher perfeita. Senti que ia gozar, avisei ela. Não dava pra segurar. Já não aguentei o olhar, fechei os olhos bem forte e gozei com muita força. O sêmen parecia jorrar das minhas entranhas, e eu já não tinha controle dos meus atos.
Quando abri os olhos de novo, me deparei com o rosto da minha tia cheio de porra. Os lábios, a língua, até os olhos, as mãos. Tava uma bagunça. E eu me senti envergonhado com a situação. Envergonhado, me retirei às pressas e só guardei meu pau debaixo da roupa.
Desculpa, desculpa, eu... perdão... — me desculpei sem jeito, lembrando quem ela era, lembrando do meu tio.
Tá tudo bem, bobinho, isso vai ser um segredo nosso, fica tranquilo... — respondeu enquanto saboreava os restos de porra que ainda estavam na pele dela, chupando os dedos como uma menina gulosa.
O tempo tinha passado, era hora de voltar.
À noite, durante o jantar, os olhares trocados com a Corina me pareceram diferentes, aquela cumplicidade, aqueles pecados escondidos, o segredo que meus pais nunca saberiam, nem meus avós, e muito menos meu tio Fabio. É que na minha cabeça os sentimentos estavam confusos, ela era minha tia, família, mas também era uma mulher espetacular que tinha me dado o primeiro boquete da minha vida.
À noite, sozinho no meu quarto, nas minhas fantasias ela realizou todos os meus desejos mais loucos e eu bati duas punhetas antes de cair no sono.
Domingo amanheceu nublado, fresco e com uma garoa chata que só deixou a gente perto do fogão relembrando partes das nossas histórias. Minha tia estava com um roupão preto comprido e umas pantufas de coelho, de cara limpa, sem produção, bem longe daquela mulher fatal que eu tinha imaginado na noite anterior.
Almoçamos, o tempo tinha melhorado um pouco e um sol fraco animava a sair. Sabendo que meus pais tinham assuntos pra discutir, fiz uma das coisas que mais gostava: peguei um dos cavalos e saí pra percorrer os caminhos sem fim, entre plantações coloridas, sentindo só o silêncio do nada, cortado de vez em quando por algum quero-quero gritando na minha passagem.
Eram quase três da tarde quando minha paz foi interrompida pelo toque irritante do meu celular. Do outro lado, minha tia falou, perguntou onde eu estava com uma voz muito sedutora, a mesma voz da tarde anterior. Ela também disse que estava sozinha, entediada, em casa e que não tinha nada pra se entreter, que todo mundo tinha ido embora. que não sabia o que fazer...
Acho que quase matei o pobre cavalo de tão rápido que fiz ele galopar, era a chance da minha vida, e não ia deixar passar.
Cheguei, engoli seco e me controlei, deixei minha pulsação normalizar, pelo menos um pouco, subi na surdina pela escada até o andar de cima, me aproximei do quarto dela e a porta estava entreaberta, a luz do sol já forte iluminava todo o quarto, como um voyeur espiei lá dentro, Corina estava em cima da cama, deitada, com as pernas abertas, uma calcinha fio-dental listrada e uma das mãos perdida no meio, com a outra acariciava os peitos que pareciam presos debaixo de um top apertado, o rosto dela de lado deixava ver a perfeição das linhas e gemidos contidos enchiam o quarto.
Entrei sem hesitar, com a atrapalhação de iniciante, tropeçando nas minhas próprias roupas na pressa de me despir. Ela esboçou um sorriso e cheguei nos lábios dela, beijei com um beijo profundo, tão profundo quanto pude e senti ela se derreter na minha boca e por alguns segundos tive o controle da situação, rocei a pele dela com a ponta dos meus dedos e no meu turbilhão de adolescente tive que frear a marcha, tive que entender em segundos que eu tava indo rápido demais e ela me ensinou o que fazer, como fazer.
Ela sussurrou no meu ouvido que eu devia devolver o favor, que eu tava em dívida e que só precisava terminar o trabalho que ela já tinha começado, passei rapidamente pelos peitos dela, apertei com força como se fossem duas bolas, mas ela me fez perceber que não era assim, que era pra ser suave, que tratasse eles como dois botões de algodão.
Me perdi entre as pernas dela, pela primeira vez tinha a buceta de uma mulher na minha frente e, sinceramente, naquela primeira vez me deu um pouco de estranheza, a ppk dela só soltava sucos sem parar e tava tudo molhado ao redor, fechei meus olhos e mergulhei no meio e descobri o gosto de mulher dela, encontrei o clitóris e senti ela vibrar como cordas de violão, ela acompanhou as carícias da minha língua com a mão dela esfregando a buceta, e senti ela se contorcendo de prazer com contrações rítmicas enquanto o punho livre apertava com força os lençóis.
Hoje, olhando pra trás, sei que ela gozou por causa da própria mão e do calor acumulado, mas naquele momento eu tava satisfeito com meu sexo oral de iniciante inexperiente.
E só tinha chegado a hora, finalmente tinha chegado...
Ela tomou a iniciativa, e eu queria muito que fizesse isso, só me deitou de barriga pra cima pra montar em mim, pegou meu pau duro entre os dedos e se deixou cair em cima, senti ele entrar inteiro e a sensação foi indescritível, meus olhos se encheram com as curvas dela e os peitos dela pareciam provocantes debaixo daquele top pequenininho, ela começou a subir e descer, pegou minhas mãos e colocou nas nádegas dela
— Me excita quando acariciam minha bunda, você gosta do meu rabo? — perguntou ela num tom que nem precisava responder
Minhas mãos foram então pros glúteos enormes dela e me excitava puxar de leve a calcinha fio dental que ela ainda tava usando, ela pegou meus dedos e disse
— Vai, coração, com confiança...
Corina levou eles até o cu dela e me excitou demais perceber que, com os fluidos da buceta dela, minhas falanges dos dedos indicador e médio se perderam com relativa facilidade no rabo dela, e na minha mente não conseguia separar a ambiguidade psicológica de que aquela puta gostosa era a mulher do meu tio.
Ela não parava de se mexer, a mão dela tinha se perdido entre a buceta dela e a minha e ela se acariciava com tanta loucura que parecia que ia arrancar o clitóris. Os gemidos dela chegaram nos meus ouvidos e, com dezessete anos, obviamente eu gozei tudo lá no fundo da buceta dela.
Ela continuava rebolando igual uma égua selvagem, entendi que ela ainda não tinha gozado e que talvez eu tivesse ido rápido demais.
Só saí de onde tava, meu pau continuava duro como pedra, fiquei por trás dela, ela tava de quatro e os quadris dela pareciam grandes demais, provocantes demais, minha vista se perdeu entre... Os jogos geométricos entre as nádegas dela e a calcinha fio-dental, o cuzinho dela parecia me provocar e me atraía como um ímã, só tentei a sorte sem saber a reação da Corina, mas não teve resistência da parte dela, pra minha alegria entrou inteiro, agora por trás, só ela de um jeito bem puta e sedutora ensaiou um reclame
Uau Leo! que sobrinho degenerado e perverso eu tinha! nunca imaginaria!
Só comecei a me mexer de novo, até o fundo, segurando ela pela cintura, uma das mãos dela esfregava a boceta de novo e senti as unhas dela chegando uma e outra vez nas minhas bolas, o rosto dela de lado contra a cama me deixava ver as feições de uma mulher gostosa se acabando, com a boca ofegante entreaberta, os olhos fechados e a testa franzida, e dessa vez só aguentei até ela gozar que nem uma caldeira, e depois só me deixou fazer até eu gozar dentro dela.
Chegou a hora de pensar, me joguei no colchão, ofegante e suado, olhando pro teto, ela veio pro meu lado arrumando a calcinha sobre a boceta que ainda escorria toda a minha porra
Você gostou? – perguntou já sabendo a minha resposta.
Encerramos o jogo, estávamos caminhando na beira do abismo, tava ficando tarde e era óbvio que o resto da família chegaria a qualquer momento, fui tomar um banho e deixei a água morna correr pela minha cabeça pra acalmar o calor que tava dentro de mim e concluí que um monte de perguntas sem resposta me assombravam.
Jantamos antes de voltar, e nesse jantar tive que evitar olhar pra ela, não conseguia encarar ela sem ficar vermelho que nem um tomate.
Voltamos, só deixamos ela na porta da casa dela, com um beijo na bochecha e um 'tchau tia'
O louco é que dias depois fui na casa dela, não conseguia evitar, meu tio ainda não tinha voltado e não perdi a oportunidade, fizemos de novo, e de novo, e mais uma vez...
Por uns três meses fomos amantes secretos, donos de encontros proibidos, sem a família imaginar, a escondido do meu tio, e em cada viagem dele eu cuidava de satisfazer a esposa dele.
Só teve uma pequena diferença entre nós: na minha juventude, eu idealizei um amor platônico com a Corina, uma história de Romeu e Julieta, mas pra Corina, uma mulher de trinta, experiente, eu era só um garoto bonzinho, com toda a força da juventude e virilidade suficiente pra dar o que o marido não dava.
Ela tava numa sintonia totalmente diferente, e as preocupações dela giravam em torno do fracasso evidente do casamento.
Não me surpreendeu saber que eles terminaram a vida juntos, mas senti como uma faca fria no peito perceber que, ao cortar com ele, ela tava cortando com toda a família, inclusive comigo.
E ela simplesmente sumiu da minha vida como areia entre os dedos. Só tive que me acostumar, tive que aceitar, virar a página e seguir meu caminho.
Chegaram novas garotas, outras mulheres, um novo amor, meu casamento, meus filhos.
Minha tia Corina só se perdeu na vida, nunca mais soube dela, não tenho mais contatos, mas como vocês devem ter notado, guardo as melhores lembranças — foi minha primeira vez.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título ENCONTROS PROIBIDOS para dulces.placeres@live.com
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ENCUENTROS PROHIBIDOS
Esta historia data de algunos años ya, pero el recuerdo estará por siempre presente, tal vez porque apenas tenía diecisiete años, o por el hecho de que no tenía casi experiencia en el sexo, quizás porque ella era mayor que yo, con aventuras, por hacerme conocer demasiado en poco tiempo, o porque ella no era una mujer más y existieron 'demasiados prohibidos' es ese par de días. O simplemente, porque fuera mi primera vez...
La familia por parte de mi papá, siempre había sida bastante acaudalada, él había incursionado por muchos negocios y la plata trajo más plata, un par de empresas de agro industria, cooperativa de semillas y varias hectáreas de cultivos que en general arrendaba a terceros.
Mi padre, es el mayor de tres hermanos, y el único interesado en seguir los pasos de mi abuelo, el que trabajaba en los negocios codo a codo y quien evidentemente sería el que tomaría las riendas en un futuro.
Le seguía mi tía, apenas un par de años menor, pero a ella jamás le había interesado nada de esto, es más, se había casado muy joven cuando yo era pequeño, con un tipo de mucha plata, del viejo mundo y hacía años que se había mudado a Europa, a Italia. Para nosotros era poco más que un recuerdo, casi habíamos perdido todo contacto con ella, y solo sabía por las cosas que muy de vez en cuando mis padres o mis abuelos narraban.
Fabio era el menor de los tres, el más joven, había nacido doce años después a mi tía, 'el bala perdida' lo llamaban, tanto por la forma no buscada en la que había sido concebido como por su estilo de vida
El tío Fabio era un loco lindo, él vivía despreocupado del mundo, había hecho su propia fortuna por su lado, él amaba los camiones, había empezado como un simple chofer y con la ayuda de mi abuelo pudo comprar el primer semi, y luego tuvo dos, y tres y formó su propia empresa y aunque era el dueño, el seguía sacándose cada tanto su gusto por manejar y solo perderse en cualquier punto del país. Siempre con su fama de Don Juan a cuestas, siempre se rumoreaba por lo bajo que el tío Fabio tenía una novia en cada pueblo, y ese punto, combinado a que se ausentaba demasiado de su casa en interminables viajes, seguramente le valió su primer matrimonio, su mujer sencillamente se hartó de la soledad y de los desplantes y todo se terminó en un portazo.
Poco después llegaría a nuestra gran familia su nueva novia y futura esposa, Corina. Ella era una mujer muy bonita que en mi plena adolescencia me quitó el sueño y fue culpable de mis secretas masturbaciones. Es que, si bien era cierto que ella era mi tía, la verdad es que tampoco nos unían lazos de sangre, y que las diferencias de años entre mi papá y mi tío provocaron que teniendo yo diecisiete tuviera una tía con apenas treinta y uno, y una tía demasiado bonita e interesante, pero claro, era la esposa de mi tío, toda una situación compleja.
Corina... Corina era esa chica que en un boliche todos los chicos hubieran volteado a mirar, esa que yo mismo hubiera invitado a bailar, adivinando por adelantado su negativa, por ser joven, pero qué diablos, solo el intento hubiera valido la pena, Corina era esa chica que hubiera podido ser mi profesora de secundaria, a quien yo le hubiera observado su trasero respingón mientras escribía en la pizarra, Corina era esa chica que en una playa hubiera sido centro de atención, dueña de todas las miradas, Corina solo hubiera sido esa mujer objeto de mis deseos, espectacular, inalcanzable, pero claro, en esta vida, ella solo era mi tía, la mujer del hermano de papá, sin embargo, en mi intimidad, en mis pensamientos, a solas, hacíamos el amor de una manera única.
Ella era más alta que la media de las chicas, espigada, de cabellos lacios siempre cortaba al ras de su nuca, castaña de nacimiento, pero ella lo aclaraba a un rubio discreto, recuerdo sus ojos hermosos, grandes, redondos, azules como el mar, de mirada inquieta y de esconder secretos, sus labios eran un poema, parecían dibujados a mano, de pechos pequeños, y casualmente a mí me atraían ese tipo de chicas, con una cola grande, redonda y maciza que sin dudas era imposible no mirar.
Y cada vez que la veía, en silencio, estaba atento a todos los detalles, su forma de caminar, de vestir, de hablar, sus gustos, su interés por la fotografía, porque, aunque había estudiado de radióloga, nunca había ejercido, y por el contrario pasaba mucho tiempo en exposiciones con su hobby.
Mediados de marzo, mis padres hablaban en voz baja, se trataba de una reunión en uno de los campos de mi abuelo, sabía que estaba pasando por una enfermedad terminal y no tenía mucho tiempo por delante, él quería dejar todo en orden, yo prestaba relativa atención a sus palabras, puesto que no sería de mi interés asistir, hasta que escuché a mamá mencionar que deberían pasar por Corina.
Fue cuando cambié de opinión, cosa que extrañó a mis padres, un chico adolescente, solo, en medio del campo, en una reunión familia, si es que yo tenía mi grupo de amigos en la ciudad y nunca quería ir con ellos en esos viajes. Solo disimulé la situación y puse como excusa que no sabía cuántas veces más podría ver al abuelo con vida, y si bien soné convincente, en verdad el motivo era otro, el tío Fabio estaba perdido con su camión en algún pueblo y yo solo quería estar cerca de esa mujer
El viaje fue normal, a excepción que después de rogar y rogar, logré que papá me dejara manejar un trayecto, visto en retrospectiva una auténtica locura, yo era menor de edad y no tenía aun licencia para conducir, pero yo necesitaba impresionarle, que ella viera cuan mayor era y que nuestras diferencias de edades no se sintieran importantes, pero mi tía estaba en otra cosa, creo que ella ni notó lo que yo intentaba que notara.
Llegamos sábado medio día, saludamos a mis abuelos quienes nos esperaban con un rico almuerzo, recuerdo que la imagen de mi abuelo era triste, se veía muy desmejorado y a pesar de todo el parecía sacar ganas de cualquier lado para seguir adelante.
Pero yo solo me llenaba la vista con las cuervas de mi tía, no podía evitarlo y hasta podía ser obscena la manera en que evidenciaba mi interés por ella, más de una vez nuestras miradas se cruzaban y podía sentir electricidad en mi cuerpo, si es que ella notaba que la desnudaba con la mirada.
Y noté en esas horas la congoja de esa mujer, la sentí quejarse de mi tío Fabio, que su matrimonio era una farsa, que estaba siempre sola y no sé cuántas cosas más que dejaban muy en claro que había un final cercano en esa relación, era todo muy confuso.
Todo empezaría esa misma tarde, mi familia estaba en medio de discusiones y decisiones de negocios que poco me interesaban, así que no teniendo nada mejor que hacer salí a caminar un poco, y fui derecho al establo donde estaban los caballos, siempre me encantaron esos animales, su porte, su presencia, su fidelidad, la perfección de sus formas, solía pasar horas solo pasando mis manos por su cuello, por su cabeza, acariciando sus crines, pero esta vez tendría un encuentro inesperado.
Corina estaba ahí, fue casualidad, ella estaba con su cámara tomando fotografías de los animales y solo empezamos a charlar y solo observarla mi corazón empezaba a galopar, como los ejemplares que tanto admiraba.
Ela me propôs posar pra ela, combinando minha imagem com algum cenário de fundo. Assim que começou a fotografar, disse que gostava do meu sorriso e afastou meus cabelos pro lado, pra limpar meu rosto. E eu só não conseguia, já não conseguia mais. De repente, ela começou a rir, meio contida, e eu não sabia o motivo até ela apontar pra um dos cavalos. Tava com o pau pendurado, quase encostando no chão, e tudo ficou muito louco. Entre risadas e desejos contidos, em poucos segundos eu tava igual ao animal. Tentei evitar, mas foi impossível. Fiquei com vergonha, mas acho que minha tia, no fundo, tinha tudo sob controle.Ela largou a câmera de lado, arrumou meu cabelo de novo, olhando fundo nos meus olhos, acariciou minha bochecha. Não disse nada, nem uma palavra. Só se ajoelhou no feno. Eu tava morrendo de tesão e de vergonha ao mesmo tempo. Mas Corina baixou minha calça e minha cueca. Meu pau duro saltou feito mola. Ela pegou com as mãos, começou a acariciar, a masturbar. Beijou ele, senti um gostinho muito gostoso. Enfiou na boca dela, fundo, uma vez e outra vez.
Eu tava perdido, ainda sem acreditar que era real. Olhava pra ela e ela olhava pra mim. Brincava com meu pau, com a saliva dela, com as mãos dela. Entendi que ela se esforçava pra eu ver a combinação perfeita entre os lábios dela e meu sexo, entre a língua dela e minha glande. Percebi que ela ficava excitada com meu prazer, notei que ela não queria só chupar, mas também que eu visse como ela fazia.
Era demais. Eu só tinha estado com alguma garota nos meus sonhos, e nessa primeira vez tive a sorte de estar com uma mulher perfeita. Senti que ia gozar, avisei ela. Não dava pra segurar. Já não aguentei o olhar, fechei os olhos bem forte e gozei com muita força. O sêmen parecia jorrar das minhas entranhas, e eu já não tinha controle dos meus atos.
Quando abri os olhos de novo, me deparei com o rosto da minha tia cheio de porra. Os lábios, a língua, até os olhos, as mãos. Tava uma bagunça. E eu me senti envergonhado com a situação. Envergonhado, me retirei às pressas e só guardei meu pau debaixo da roupa.
Desculpa, desculpa, eu... perdão... — me desculpei sem jeito, lembrando quem ela era, lembrando do meu tio.
Tá tudo bem, bobinho, isso vai ser um segredo nosso, fica tranquilo... — respondeu enquanto saboreava os restos de porra que ainda estavam na pele dela, chupando os dedos como uma menina gulosa.
O tempo tinha passado, era hora de voltar.
À noite, durante o jantar, os olhares trocados com a Corina me pareceram diferentes, aquela cumplicidade, aqueles pecados escondidos, o segredo que meus pais nunca saberiam, nem meus avós, e muito menos meu tio Fabio. É que na minha cabeça os sentimentos estavam confusos, ela era minha tia, família, mas também era uma mulher espetacular que tinha me dado o primeiro boquete da minha vida.
À noite, sozinho no meu quarto, nas minhas fantasias ela realizou todos os meus desejos mais loucos e eu bati duas punhetas antes de cair no sono.
Domingo amanheceu nublado, fresco e com uma garoa chata que só deixou a gente perto do fogão relembrando partes das nossas histórias. Minha tia estava com um roupão preto comprido e umas pantufas de coelho, de cara limpa, sem produção, bem longe daquela mulher fatal que eu tinha imaginado na noite anterior.
Almoçamos, o tempo tinha melhorado um pouco e um sol fraco animava a sair. Sabendo que meus pais tinham assuntos pra discutir, fiz uma das coisas que mais gostava: peguei um dos cavalos e saí pra percorrer os caminhos sem fim, entre plantações coloridas, sentindo só o silêncio do nada, cortado de vez em quando por algum quero-quero gritando na minha passagem.
Eram quase três da tarde quando minha paz foi interrompida pelo toque irritante do meu celular. Do outro lado, minha tia falou, perguntou onde eu estava com uma voz muito sedutora, a mesma voz da tarde anterior. Ela também disse que estava sozinha, entediada, em casa e que não tinha nada pra se entreter, que todo mundo tinha ido embora. que não sabia o que fazer...
Acho que quase matei o pobre cavalo de tão rápido que fiz ele galopar, era a chance da minha vida, e não ia deixar passar.
Cheguei, engoli seco e me controlei, deixei minha pulsação normalizar, pelo menos um pouco, subi na surdina pela escada até o andar de cima, me aproximei do quarto dela e a porta estava entreaberta, a luz do sol já forte iluminava todo o quarto, como um voyeur espiei lá dentro, Corina estava em cima da cama, deitada, com as pernas abertas, uma calcinha fio-dental listrada e uma das mãos perdida no meio, com a outra acariciava os peitos que pareciam presos debaixo de um top apertado, o rosto dela de lado deixava ver a perfeição das linhas e gemidos contidos enchiam o quarto.
Entrei sem hesitar, com a atrapalhação de iniciante, tropeçando nas minhas próprias roupas na pressa de me despir. Ela esboçou um sorriso e cheguei nos lábios dela, beijei com um beijo profundo, tão profundo quanto pude e senti ela se derreter na minha boca e por alguns segundos tive o controle da situação, rocei a pele dela com a ponta dos meus dedos e no meu turbilhão de adolescente tive que frear a marcha, tive que entender em segundos que eu tava indo rápido demais e ela me ensinou o que fazer, como fazer.
Ela sussurrou no meu ouvido que eu devia devolver o favor, que eu tava em dívida e que só precisava terminar o trabalho que ela já tinha começado, passei rapidamente pelos peitos dela, apertei com força como se fossem duas bolas, mas ela me fez perceber que não era assim, que era pra ser suave, que tratasse eles como dois botões de algodão.
Me perdi entre as pernas dela, pela primeira vez tinha a buceta de uma mulher na minha frente e, sinceramente, naquela primeira vez me deu um pouco de estranheza, a ppk dela só soltava sucos sem parar e tava tudo molhado ao redor, fechei meus olhos e mergulhei no meio e descobri o gosto de mulher dela, encontrei o clitóris e senti ela vibrar como cordas de violão, ela acompanhou as carícias da minha língua com a mão dela esfregando a buceta, e senti ela se contorcendo de prazer com contrações rítmicas enquanto o punho livre apertava com força os lençóis.
Hoje, olhando pra trás, sei que ela gozou por causa da própria mão e do calor acumulado, mas naquele momento eu tava satisfeito com meu sexo oral de iniciante inexperiente.
E só tinha chegado a hora, finalmente tinha chegado...
Ela tomou a iniciativa, e eu queria muito que fizesse isso, só me deitou de barriga pra cima pra montar em mim, pegou meu pau duro entre os dedos e se deixou cair em cima, senti ele entrar inteiro e a sensação foi indescritível, meus olhos se encheram com as curvas dela e os peitos dela pareciam provocantes debaixo daquele top pequenininho, ela começou a subir e descer, pegou minhas mãos e colocou nas nádegas dela
— Me excita quando acariciam minha bunda, você gosta do meu rabo? — perguntou ela num tom que nem precisava responder
Minhas mãos foram então pros glúteos enormes dela e me excitava puxar de leve a calcinha fio dental que ela ainda tava usando, ela pegou meus dedos e disse
— Vai, coração, com confiança...
Corina levou eles até o cu dela e me excitou demais perceber que, com os fluidos da buceta dela, minhas falanges dos dedos indicador e médio se perderam com relativa facilidade no rabo dela, e na minha mente não conseguia separar a ambiguidade psicológica de que aquela puta gostosa era a mulher do meu tio.
Ela não parava de se mexer, a mão dela tinha se perdido entre a buceta dela e a minha e ela se acariciava com tanta loucura que parecia que ia arrancar o clitóris. Os gemidos dela chegaram nos meus ouvidos e, com dezessete anos, obviamente eu gozei tudo lá no fundo da buceta dela.
Ela continuava rebolando igual uma égua selvagem, entendi que ela ainda não tinha gozado e que talvez eu tivesse ido rápido demais.
Só saí de onde tava, meu pau continuava duro como pedra, fiquei por trás dela, ela tava de quatro e os quadris dela pareciam grandes demais, provocantes demais, minha vista se perdeu entre... Os jogos geométricos entre as nádegas dela e a calcinha fio-dental, o cuzinho dela parecia me provocar e me atraía como um ímã, só tentei a sorte sem saber a reação da Corina, mas não teve resistência da parte dela, pra minha alegria entrou inteiro, agora por trás, só ela de um jeito bem puta e sedutora ensaiou um reclame
Uau Leo! que sobrinho degenerado e perverso eu tinha! nunca imaginaria!
Só comecei a me mexer de novo, até o fundo, segurando ela pela cintura, uma das mãos dela esfregava a boceta de novo e senti as unhas dela chegando uma e outra vez nas minhas bolas, o rosto dela de lado contra a cama me deixava ver as feições de uma mulher gostosa se acabando, com a boca ofegante entreaberta, os olhos fechados e a testa franzida, e dessa vez só aguentei até ela gozar que nem uma caldeira, e depois só me deixou fazer até eu gozar dentro dela.
Chegou a hora de pensar, me joguei no colchão, ofegante e suado, olhando pro teto, ela veio pro meu lado arrumando a calcinha sobre a boceta que ainda escorria toda a minha porra
Você gostou? – perguntou já sabendo a minha resposta.
Encerramos o jogo, estávamos caminhando na beira do abismo, tava ficando tarde e era óbvio que o resto da família chegaria a qualquer momento, fui tomar um banho e deixei a água morna correr pela minha cabeça pra acalmar o calor que tava dentro de mim e concluí que um monte de perguntas sem resposta me assombravam.
Jantamos antes de voltar, e nesse jantar tive que evitar olhar pra ela, não conseguia encarar ela sem ficar vermelho que nem um tomate.
Voltamos, só deixamos ela na porta da casa dela, com um beijo na bochecha e um 'tchau tia'
O louco é que dias depois fui na casa dela, não conseguia evitar, meu tio ainda não tinha voltado e não perdi a oportunidade, fizemos de novo, e de novo, e mais uma vez...
Por uns três meses fomos amantes secretos, donos de encontros proibidos, sem a família imaginar, a escondido do meu tio, e em cada viagem dele eu cuidava de satisfazer a esposa dele.
Só teve uma pequena diferença entre nós: na minha juventude, eu idealizei um amor platônico com a Corina, uma história de Romeu e Julieta, mas pra Corina, uma mulher de trinta, experiente, eu era só um garoto bonzinho, com toda a força da juventude e virilidade suficiente pra dar o que o marido não dava.
Ela tava numa sintonia totalmente diferente, e as preocupações dela giravam em torno do fracasso evidente do casamento.
Não me surpreendeu saber que eles terminaram a vida juntos, mas senti como uma faca fria no peito perceber que, ao cortar com ele, ela tava cortando com toda a família, inclusive comigo.
E ela simplesmente sumiu da minha vida como areia entre os dedos. Só tive que me acostumar, tive que aceitar, virar a página e seguir meu caminho.
Chegaram novas garotas, outras mulheres, um novo amor, meu casamento, meus filhos.
Minha tia Corina só se perdeu na vida, nunca mais soube dela, não tenho mais contatos, mas como vocês devem ter notado, guardo as melhores lembranças — foi minha primeira vez.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título ENCONTROS PROIBIDOS para dulces.placeres@live.com
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