Los post que no podes dejar de ver!
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
LA HISTORIA DE ARIEL
Felicitas Corrales era una mujer sexagenaria, apática, todos la conocían como Marta, así se hacía llamar porque odiaba su verdadero nombre. Solterona resignada, jamás había tenido pareja, un carácter agrio hasta el hastío, autosuficiente, narcisista y egocéntrica, muchos detalles combinados, suficientes para espantar cualquier candidato. Tampoco tenía hijos, sencillamente los niños le sabían a molestia.
Sexualidad, erotismo, amor, compañerismo, pareja, palabras que no existían en su diccionario. Su única familia era una hermana que se había metido a monja y con la que no se daba demasiado.
Al igual que su padre, y como lo había hecho su abuelo en la vieja España, se ganaba la vida con un negocio de compraventa, si algo había aprendido en tantos años era que cualquier cosa que a una persona le sobraba, había otra que lo necesitaba, y para eso, estaba ella, para comprar barato y vender caro.
Ella tenía un negocio en la esquina de dos calles populares, una vieja edificación bastante abandonada que había heredado de su padre, en el interior podían encontrarse los objetos más impensados, todo el inventario estaba en su cabeza, tenía una memoria prodigiosa y envidiable, y la astucia suficiente para poner los precios según la cara del cliente, era muy de fijarse en detalles, en vestimentas, en forma de hablar, en notar el interés, y de esa manera hacerse una día cuanto se estaba dispuesto a pagar.
Esa mañana de mayo hacía un frío como nunca, sus manos y sus pies estaban helados y no había abrigo que alcanzara, las puertas del local estaban abiertas, pero era casi imposible que alguien buscara algo con esas temperaturas, ni siquiera podía verse gente por las calles. Ya había tomado algunas bebidas calientes y decidió pegar una recorrida, solo para ver una vez más las cosas que tenía en venta, reacomodar algo y hurguetear por los rincones. Llegó a un viejo mueble que hacía tiempo tenía a la espera de algún necesitado, lo había pagado caro, y no sería fácil de vender, lo limpió un poco, tenía polvillo que se había acumulado con el correr del tiempo, abrió los cajones y encontró unos escritos que llamaron la atención, Felicitas era una mujer detallista y le pareció raro que justo ese detalle se le pasara por alto, así que con mucha intriga sacó las hojas y fue a leerlas junto a una nueva taza de té caliente.
Se acomodó en una de las sillas, se puso sus lentes de aumento, le dio una ojeada rápida, llamó su atención que en estos tiempos estuvieran escritas en máquinas de escribir, cuando hoy todo se imprime, pero también el color blanco del papel le dejó saber que los escritos eran bastantes recientes, sin más, empezó a recorrer las líneas con su vista
Ariel era un chico común y corriente, un adolescente más, como tantos, único hijo de padre ausente, vivía con su madre quien trabajaba casi todo el día, no tenía demasiado diálogo, y ella tapaba con dinero todo el amor maternal que él necesitaba.
A él le encantaban las chicas, sus compañeras de curso, lo excitaban sobre manera esos uniformes de secundaria, esas faldas tableadas y no disimulaba en mirar con descaro las piernas femeninas que abundaban en su curso, al punto de ser sorprendido muchas veces y causar burlas del resto, pero a él no le importaba, solo no podía dejar de hacerlo, era virgen y se imaginaba una y otra vez como sería estar en la cama con una mujer.
Largas jornadas en soledad masturbándose, haciéndole el amor en su mente a sus 'novias de curso', en especial a Micaela, una rubia pecosa de piernas torneadas, por quien tenía un amor oculto y platónico desde hacía mucho tiempo.
Pero Ariel tenía algunos problemas, un carácter introvertido, sus manos se transpiraban y las palabras no le salían cuando de hablarle a una chica se trataba, era delgado, de piel blanca y sin quererlo se había transformado en la marioneta del curso, los varones lo ignoraban y lo hacían centro de pesadas burlas, y las mujeres siempre lo veían como un simple compañero, para relaciones sentimentales siempre había otro chico, más desarrollado, más inteligente, simplemente, más hombre.
Y esa situación empeoró un día en los vestuarios, él siempre era muy reservado con su intimidad, es que tenía un micropene que lo avergonzaba, era humillante y adivinó que jamás haría feliz a ninguna con esa miniatura que tenía entre las piernas. Esa tarde de buying, sus compañeros lo denudaron contra su voluntad y fue cuando descubrieron su gran secreto.
Centro de burlas, el apodo de 'pito corto' pronto se le pegó como una cruel marca del destino, la situación pasó de boca en boca, y hasta las chicas lo llamaban así, tanta crueldad, incluso su amor platónico no podía sostenerle la mirada sin carcajear por imaginar algo que en verdad no conocía.
Felicitas fue por otra taza de té, el frío la carcomía, odiaba todo lo relacionado con la palabra 'sexo', pero lo cierto es que la historia de Ariel, un nombre que solo aparecía en unos escritos, la había cautivado, y su corazón helado sintió lástima por alguien que ni siquiera sabía si existía.
Ariel se acostumbró a esa vida se ser tratado peor que a un perro, centro de burlas, y resignado a auto satisfacerse, y todo fue de mal en peor. Esa jornada sería diferente, era el día de su cumpleaños, no esperaba nada, que nadie lo recordara, pero sus compañeros habían trazado un plan, en algún momento lo agarraron a la fuerza y lo llevaron a uno de los baños del colegio, le sorprendió encontrar también a las chicas, en especial a Micaela, y todos reían en derredor demostrando la complicidad de lo que estaba por suceder, entre todos lo desnudaron sin que él pudiera evitarlo, más que resistirse, y suplicar, pero eran demasiados, le pusieron sostén, y tanga, camisa con corbatín, pollerita, medias blancas a las rodillas y zapatitos negros abotonados a un lado, incluso ese amor imposible, la rubia pecosa fue quien se tomó el trabajo de pintarle los ojos y los labios.
No dijo nada, solo se sintió humillado una vez más, como tantas veces, solo que esto era peor. Se vio a sí mismo como una niña, y no tuvo valor de ir a clase, así como estaba, solo se escapó y huyó hacia su casa, con rapidez y con el temor que los vecinos lo vieran. Se tiró sobre su cama, lloró, lloró mucho hasta que no le quedaron lágrimas, y cuando el desahogo había pasado, se vio al espejo, y lo que el espejo le devolvió no le desagradó, como mujer se vio todo lo sexi que nunca se había visto como hombre y no pudo evitar sentir una erección que lo llevó a masturbarse en repetidas ocasiones.
Y Ariel empezó a cambiar, casi como buscando su lugar en el mundo, y sí lo suyo no fueran las mujeres?, no lo supo en ese momento, pero lo cierto es que la imaginación lo llevaba a nuevos horizontes, y poco a poco empezó a probar, dejó crecer sus cabellos, en secreto compró ropa interior femenina, además de polleras, calzas, blusas, medias, ligas, zapatitos y toda cosa relacionada con ese mundo que cada vez se le hacía más propio. También pagó por alguna depilación definitiva, desde el cuello hacia abajo, sus uñas crecieron, y poco a poco su lado femenino de fue potenciando.
Su delgadez le jugó a favor, aprendió a maquillarse, a pintar sus ojos, sus labios y como disimular sus rasgos de hombre.
Cuando sus estudios secundarios terminaron sintió sacarse un peso de encima, nunca más ese mundo en el que le hacían la vida insoportable donde su lado homosexual era ya demasiado marcado.
Empezó de cero en un nuevo mundo, estudios terciarios, con nuevas personas, ya un poco más adultos y donde conocería esta nueva versión de Ariel, ambiguo, asexual, diferente.
Um transeunte qualquer interrompeu a leitura, interessado por um jogo de louça antigo que estava em exibição. Felicitas, uma mulher de negócios, se mostrou desinteressada e mal-educada, como se quisesse se livrar dele o mais rápido possível. Foi estranho ela estar tão absorta numa leitura, mas foi o que aconteceu.
Passou pelo banheiro, precisava esvaziar a bexiga e minutos depois voltou à leitura, sentindo uma atração incomum pelo que estava lendo.
Ariel continuava escondendo aquela parte feminina que clamava por sair de dentro dele, só se vestia como tal na intimidade do seu quarto, mas para o mundo exterior, continuava parecendo um homenzinho.
Ainda se envergonhava muito ao notar que Flavio, um cara uns dois anos mais velho, era atraente pra ele. Era meio musculoso, tinha um sorriso bonito e uma voz grossa, de locutor. Sabia que era só uma fantasia besta, porque aquele cara vivia com uma e com outra e dava pra ver nele uma heterossexualidade muito marcada.
Mas o destino ia dar uma chance pra ele.
No fim do ano na faculdade, organizaram um baile de máscaras, estavam arrecadando fundos pra fazer reformas no prédio. Esconder o rosto atrás de uma máscara ia dar a oportunidade de se mostrar diferente.
Lembrou dos dias do colégio, e foi com tudo.
Aquela noite seria a noite dele. Tava com uma ereção marcada por toda a situação. Tomou banho, se perfumou, se olhou no espelho pelado, com a pele branca, o micro-pênis totalmente depilado, os quadris que tentava fazer parecer femininos e um peito desejado que ainda não se formava. Arrumou o cabelo de um jeito bem sugestivo.
Foi pegar as roupas que tinha selecionado antes com todo cuidado: um conjunto bem erótico, transparente, branco. Sentiu a calcinha deslizar pelas pernas e, quando o lacinho se acomodou entre as nádegas acariciando o esfíncter, só soou fabuloso. Depois a camisa com a gravatinha justa ao corpo e a saia curta. Saia rodada quase no rasgo da buceta, igual naquele dia do banho, onde tudo tinha sido forçado.
Claro, agora tudo era natural e se ver como mulher era a dela, ela se via provocante, e se animou a usar umas meias de rede com cinta-liga e sapatilhos de salto fino, se maquiou bem e realmente se sentiu como a Cinderela, no final teria sua chance, pegou a máscara de plumas que cobria da testa até o nariz e se jogou no abismo.
Felicitas amaldiçoou sua sorte ao notar que uma ventania fria entrava pela porta e pela janela, ergueu o olhar e, se algo faltava no dia de merda, era uma tempestade não anunciada, colocou a xícara de chá sobre os papéis que lia com atenção para evitar que o vento os levasse e foi, de muito má vontade, arrumar as coisas que exibia na calçada para que a chuva que logo chegaria não as estragasse.
Enquanto fazia suas obrigações, pensava, sem acreditar, na forma como a história a tinha envolvido, e desejava saber se era real ou só um escrito de alguma mente brilhante, de qualquer jeito, sabia que não teria a resposta.
Assim que pôde, voltou à leitura.
Aquela noite seria especial para Ariel, pela primeira vez na vida ele não seria o centro das piadas, mas sim da atenção, todos se perguntavam quem era aquela garota misteriosa que ninguém conhecia e que era tão gostosa, é que, apesar das fantasias e das máscaras, era fácil adivinhar quem estava por trás, mas não com ele, porque Ariel era homem, mas quem era ela?
Se sentiu feliz, se sentiu mulher e não pôde acreditar que Flavio pusesse os olhos nela, porque a essa altura já se considerava 'ela'.
Flavio estava fantasiado de corsário, com uma máscara que não deixava ver o rosto, mas a voz o denunciava, dançaram, conversaram, riram, até que no final, o garoto dos seus sonhos propôs levá-la para casa, Ariel aceitou com uma condição: por nenhum motivo ele deveria tirar a máscara dela, e Flavio aceitou sem discutir.
Logo estavam na casa do príncipe e a Cinderela parecia ter O sonho realizado dele, fechou os olhos e deixou que ele a beijasse, caramba, soou tão gostoso, era o primeiro beijo dela e ela só tremeu nos braços dele, mas não esquecia quem era e sua parte no engano de todo o jogo. Buscou realizar suas fantasias antes que a carruagem virasse abóbora, não podia perder tempo, porque ele já metia as mãos nela por todos os lados e logo descobriria a verdade.
Foi de joelhos, abaixou a calça dele, a cueca, Flavio tinha uma cock linda e pareceu incrível, tê-la a centímetros do rosto dela, ela olhou toda gulosa, e acariciou com vontade, a glande nua dele sabia a desejo e ela simplesmente não conseguiu segurar o instinto, Ariel começou a chupar com capricho, era a primeira vez dela, mas sabia de cor os pontos fracos na cock de um homem, e foi com tudo, era perfeito, era lindo, e quanto mais chupava, mais sentia a excitação no micro-pau dela.
Lá de baixo, olhava bem sexy pro boy dela, através da máscara, deixando que ele visse como ela comia a cock dele, isso adorava, e Flavio tentou tirar a máscara dela, mas Ariel não deixou, ele implorou pra ver o rosto dela e Ariel negou pela segunda vez, mas na terceira já não aguentou, não conseguiu esconder, fechou os olhos, resignado, e deixou que acontecesse o que tivesse que acontecer, também não era justo enganar ele e já sentia culpa demais pelo que tava rolando.
Devagar, Flavio descobriu o rosto de Ariel, e nem a penumbra nem a maquiagem perfeita conseguiram disfarçar a situação.
Ele, ao notar o engano, se enfureceu, xingou Ariel e, com a alma ferida, deu um tapa violento no rosto dela, com a mão aberta, mas com força suficiente pra jogar ela no chão, ele só gritava, Ariel sentiu uma dor fortíssima onde levou o golpe e o gosto de sangue no canto dos lábios, não disse nada, só esperou o pior, como sempre acontecia na vida miserável dela.
Era hora do almoço, ela não percebeu como o tempo tinha passado voando naquela manhã, fechou as persianas como fazia Cada dia, olhando pro céu por uma tempestade que agora parecia escorrer no horizonte, foi até a geladeira, só pegou uma maçã, é que ainda tinha letras pra ler. Deu uma mordida, se acomodou e se preparou pra seguir em frente.
Na pior tempestade de Flávio, Ariel esperou qualquer coisa, em segundos milhares de finais possíveis passaram pela cabeça dele como flashes luminosos, milhares, mas em nenhum momento o que viria.
Flávio estava assustado, entre amor e ódio, surpreso, sem saber o que fazer, Ariel percebeu que a mão dele tremia, a mesma mão que tinha batido no rosto dele.
De repente, aquele garoto musculoso, ainda xingando, partiu pra cima de novo, dessa vez pra pegar ele pelos cabelos longos e arrastar ele igual um bicho, fez ele ficar de quatro, forçando a situação e Ariel achou excitante, já que ele tava dizendo que ele era uma puta e que, se queria ser, então ele ia dar o gosto.
Respirou fundo sentindo o coração vibrar, não conseguia ver o Flávio, mas sentiu ele levantar a saia curta e depois levar um tapa na bunda, forte, a ponto de avermelhar a pele das nádegas brancas, mas dessa vez foi uma dor gostosa, puxou a calcinha fina, sentiu ele cuspir no esfíncter, Ariel ficou com medo, era virgem, mas o desejo falava mais alto, aí vieram as carícias prévias da cabeça do pau do amante no anel dele e aos poucos ele tentou penetrar.
Ariel urrou num gemido contido, a dor foi tão forte quanto gostosa e em segundos ele já tava curtindo a primeira transa dele.
Flávio era uma locomotiva, comia ele sem piedade, deixando claro a raiva que ainda tinha pela enganação, mas Ariel tava no paraíso, tava confirmando que não tinha buceta, mas sem dúvida o cu dele cumpria o papel perfeitamente, tava confirmando que a função dele era satisfazer homens, tava confirmando que ele era uma mulher num corpo estranho, tava confirmando que todo o sofrimento do colégio tinha valido a pena.
Se sentiu feliz, e se surpreendeu quando o micro-pau dele Ainda coberto pela tanga, naturalmente gozava por causa da enorme pica que estava comendo pelo cu.
Ele sentiu que ia rolar, Flavio continuava xingando ele, mas pra Ariel aquelas palavras soavam como cantos de sereia, até que finalmente gozou dentro dos intestinos dele e ele soube que seria ela.
Flavio se afastou exausto, Ariel ficou de quatro por um tempo prudente, ainda sentia aquela pica linda dentro de si, sentia que não conseguia contrair o cu dilatado, sentia o semen quente escorrendo de dentro e molhando a tanga que ainda vestia.
Felicitas estava surpresa, uma história dessas pra moral respeitável dela era só lixo, mas por algum motivo desconhecido o texto a prendia, ela não conseguia parar de ler com curiosidade e devorava as palavras uma por uma, olhou pro relógio de parede, tinha que abrir de novo, mas preferiu continuar a história, não aguentava esperar.
Depois de alguns minutos Ariel sentou com a bunda dolorida, e se atreveu a olhar nos olhos do amante, Flavio, talvez por um resquício de vergonha, ou pra não assumir o que rolou, preferiu ficar puto de novo e deu outro tapa na cara do parceiro, chamando ele de viado e ele novamente temeu pelo que viria.
Mas Flavio já tava com a pica dura de novo e dessa vez foi direto pro rosto indefeso de Ariel pra enfiar na boca dele.
Dessa vez não deixou ele chupar, não, só começou a meter com força igual tinha feito por trás, numa situação de estupro que os dois encenavam, um agia e o outro só se deixava fazer.
Ariel sentiu aquela pica gostosa chegando até a garganta, sentiu Flavio puxar ele pelos cabelos e obrigar ele a fazer aquilo, tão fundo que quase o sufocava, mas ele amou, curtiu, se sentiu uma puta cheia de prazer.
Sentiu a mão livre do amante apertar seu pescoço, sua garganta, com delicadeza, sentiu ele gozar de novo, e percebeu que o prazer do amante não era só gozar na boca, mas também sentir com o tato o movimento da glote ao engolir a porra
Não conseguiu evitar, não quis evitar, era uma puta gostosa disposta a satisfazer o macho da vez, mais mulher do que muitas mulheres
A relação íntima com Flávio jamais se repetiria, mas para Ariel seria a primeira de muitas, Micaela seria seu novo nome, em homenagem àquela loira sardenta que um dia tinha tirado seu sono, ela seria toda uma mulher e chegariam tempos de terminar o que havia começado, tinha muitas ideias de como moldar seu corpo, só seu micropênis seria testemunha do menino que um dia tinha sido.
Felicitas havia chegado ao fim da história, não havia mais páginas, mais linhas, mais letras e sentiu naquele momento que tinha mais dúvidas do que certezas, e o pior, aquela história ficaria sempre rodando na cabeça dela com um final aberto, realidade, ficção, quem saberia.
Amaldiçoou-se naquele momento por não levar uma agenda escrita, tudo sempre tinha estado na cabeça dela, mas não tinha um arquivo dos seus clientes casuais, como lembrar quem tinha vendido aquele trambolho velho e era só mais um entre tantos.
Arrumou as folhas e as guardou onde as tinha encontrado, talvez, um dia, alguém pergunte por elas, talvez, alguém as leia e também fique com um final aberto, cheio de perguntas sem respostas.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'A HISTÓRIA DE ARIEL' para doces.prazeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
LA HISTORIA DE ARIEL
Felicitas Corrales era una mujer sexagenaria, apática, todos la conocían como Marta, así se hacía llamar porque odiaba su verdadero nombre. Solterona resignada, jamás había tenido pareja, un carácter agrio hasta el hastío, autosuficiente, narcisista y egocéntrica, muchos detalles combinados, suficientes para espantar cualquier candidato. Tampoco tenía hijos, sencillamente los niños le sabían a molestia.
Sexualidad, erotismo, amor, compañerismo, pareja, palabras que no existían en su diccionario. Su única familia era una hermana que se había metido a monja y con la que no se daba demasiado.
Al igual que su padre, y como lo había hecho su abuelo en la vieja España, se ganaba la vida con un negocio de compraventa, si algo había aprendido en tantos años era que cualquier cosa que a una persona le sobraba, había otra que lo necesitaba, y para eso, estaba ella, para comprar barato y vender caro.
Ella tenía un negocio en la esquina de dos calles populares, una vieja edificación bastante abandonada que había heredado de su padre, en el interior podían encontrarse los objetos más impensados, todo el inventario estaba en su cabeza, tenía una memoria prodigiosa y envidiable, y la astucia suficiente para poner los precios según la cara del cliente, era muy de fijarse en detalles, en vestimentas, en forma de hablar, en notar el interés, y de esa manera hacerse una día cuanto se estaba dispuesto a pagar.
Esa mañana de mayo hacía un frío como nunca, sus manos y sus pies estaban helados y no había abrigo que alcanzara, las puertas del local estaban abiertas, pero era casi imposible que alguien buscara algo con esas temperaturas, ni siquiera podía verse gente por las calles. Ya había tomado algunas bebidas calientes y decidió pegar una recorrida, solo para ver una vez más las cosas que tenía en venta, reacomodar algo y hurguetear por los rincones. Llegó a un viejo mueble que hacía tiempo tenía a la espera de algún necesitado, lo había pagado caro, y no sería fácil de vender, lo limpió un poco, tenía polvillo que se había acumulado con el correr del tiempo, abrió los cajones y encontró unos escritos que llamaron la atención, Felicitas era una mujer detallista y le pareció raro que justo ese detalle se le pasara por alto, así que con mucha intriga sacó las hojas y fue a leerlas junto a una nueva taza de té caliente.
Se acomodó en una de las sillas, se puso sus lentes de aumento, le dio una ojeada rápida, llamó su atención que en estos tiempos estuvieran escritas en máquinas de escribir, cuando hoy todo se imprime, pero también el color blanco del papel le dejó saber que los escritos eran bastantes recientes, sin más, empezó a recorrer las líneas con su vista
Ariel era un chico común y corriente, un adolescente más, como tantos, único hijo de padre ausente, vivía con su madre quien trabajaba casi todo el día, no tenía demasiado diálogo, y ella tapaba con dinero todo el amor maternal que él necesitaba.
A él le encantaban las chicas, sus compañeras de curso, lo excitaban sobre manera esos uniformes de secundaria, esas faldas tableadas y no disimulaba en mirar con descaro las piernas femeninas que abundaban en su curso, al punto de ser sorprendido muchas veces y causar burlas del resto, pero a él no le importaba, solo no podía dejar de hacerlo, era virgen y se imaginaba una y otra vez como sería estar en la cama con una mujer.
Largas jornadas en soledad masturbándose, haciéndole el amor en su mente a sus 'novias de curso', en especial a Micaela, una rubia pecosa de piernas torneadas, por quien tenía un amor oculto y platónico desde hacía mucho tiempo.
Pero Ariel tenía algunos problemas, un carácter introvertido, sus manos se transpiraban y las palabras no le salían cuando de hablarle a una chica se trataba, era delgado, de piel blanca y sin quererlo se había transformado en la marioneta del curso, los varones lo ignoraban y lo hacían centro de pesadas burlas, y las mujeres siempre lo veían como un simple compañero, para relaciones sentimentales siempre había otro chico, más desarrollado, más inteligente, simplemente, más hombre.
Y esa situación empeoró un día en los vestuarios, él siempre era muy reservado con su intimidad, es que tenía un micropene que lo avergonzaba, era humillante y adivinó que jamás haría feliz a ninguna con esa miniatura que tenía entre las piernas. Esa tarde de buying, sus compañeros lo denudaron contra su voluntad y fue cuando descubrieron su gran secreto.
Centro de burlas, el apodo de 'pito corto' pronto se le pegó como una cruel marca del destino, la situación pasó de boca en boca, y hasta las chicas lo llamaban así, tanta crueldad, incluso su amor platónico no podía sostenerle la mirada sin carcajear por imaginar algo que en verdad no conocía.
Felicitas fue por otra taza de té, el frío la carcomía, odiaba todo lo relacionado con la palabra 'sexo', pero lo cierto es que la historia de Ariel, un nombre que solo aparecía en unos escritos, la había cautivado, y su corazón helado sintió lástima por alguien que ni siquiera sabía si existía.
Ariel se acostumbró a esa vida se ser tratado peor que a un perro, centro de burlas, y resignado a auto satisfacerse, y todo fue de mal en peor. Esa jornada sería diferente, era el día de su cumpleaños, no esperaba nada, que nadie lo recordara, pero sus compañeros habían trazado un plan, en algún momento lo agarraron a la fuerza y lo llevaron a uno de los baños del colegio, le sorprendió encontrar también a las chicas, en especial a Micaela, y todos reían en derredor demostrando la complicidad de lo que estaba por suceder, entre todos lo desnudaron sin que él pudiera evitarlo, más que resistirse, y suplicar, pero eran demasiados, le pusieron sostén, y tanga, camisa con corbatín, pollerita, medias blancas a las rodillas y zapatitos negros abotonados a un lado, incluso ese amor imposible, la rubia pecosa fue quien se tomó el trabajo de pintarle los ojos y los labios.
No dijo nada, solo se sintió humillado una vez más, como tantas veces, solo que esto era peor. Se vio a sí mismo como una niña, y no tuvo valor de ir a clase, así como estaba, solo se escapó y huyó hacia su casa, con rapidez y con el temor que los vecinos lo vieran. Se tiró sobre su cama, lloró, lloró mucho hasta que no le quedaron lágrimas, y cuando el desahogo había pasado, se vio al espejo, y lo que el espejo le devolvió no le desagradó, como mujer se vio todo lo sexi que nunca se había visto como hombre y no pudo evitar sentir una erección que lo llevó a masturbarse en repetidas ocasiones.
Y Ariel empezó a cambiar, casi como buscando su lugar en el mundo, y sí lo suyo no fueran las mujeres?, no lo supo en ese momento, pero lo cierto es que la imaginación lo llevaba a nuevos horizontes, y poco a poco empezó a probar, dejó crecer sus cabellos, en secreto compró ropa interior femenina, además de polleras, calzas, blusas, medias, ligas, zapatitos y toda cosa relacionada con ese mundo que cada vez se le hacía más propio. También pagó por alguna depilación definitiva, desde el cuello hacia abajo, sus uñas crecieron, y poco a poco su lado femenino de fue potenciando.
Su delgadez le jugó a favor, aprendió a maquillarse, a pintar sus ojos, sus labios y como disimular sus rasgos de hombre.
Cuando sus estudios secundarios terminaron sintió sacarse un peso de encima, nunca más ese mundo en el que le hacían la vida insoportable donde su lado homosexual era ya demasiado marcado.
Empezó de cero en un nuevo mundo, estudios terciarios, con nuevas personas, ya un poco más adultos y donde conocería esta nueva versión de Ariel, ambiguo, asexual, diferente.
Um transeunte qualquer interrompeu a leitura, interessado por um jogo de louça antigo que estava em exibição. Felicitas, uma mulher de negócios, se mostrou desinteressada e mal-educada, como se quisesse se livrar dele o mais rápido possível. Foi estranho ela estar tão absorta numa leitura, mas foi o que aconteceu.Passou pelo banheiro, precisava esvaziar a bexiga e minutos depois voltou à leitura, sentindo uma atração incomum pelo que estava lendo.
Ariel continuava escondendo aquela parte feminina que clamava por sair de dentro dele, só se vestia como tal na intimidade do seu quarto, mas para o mundo exterior, continuava parecendo um homenzinho.
Ainda se envergonhava muito ao notar que Flavio, um cara uns dois anos mais velho, era atraente pra ele. Era meio musculoso, tinha um sorriso bonito e uma voz grossa, de locutor. Sabia que era só uma fantasia besta, porque aquele cara vivia com uma e com outra e dava pra ver nele uma heterossexualidade muito marcada.
Mas o destino ia dar uma chance pra ele.
No fim do ano na faculdade, organizaram um baile de máscaras, estavam arrecadando fundos pra fazer reformas no prédio. Esconder o rosto atrás de uma máscara ia dar a oportunidade de se mostrar diferente.
Lembrou dos dias do colégio, e foi com tudo.
Aquela noite seria a noite dele. Tava com uma ereção marcada por toda a situação. Tomou banho, se perfumou, se olhou no espelho pelado, com a pele branca, o micro-pênis totalmente depilado, os quadris que tentava fazer parecer femininos e um peito desejado que ainda não se formava. Arrumou o cabelo de um jeito bem sugestivo.
Foi pegar as roupas que tinha selecionado antes com todo cuidado: um conjunto bem erótico, transparente, branco. Sentiu a calcinha deslizar pelas pernas e, quando o lacinho se acomodou entre as nádegas acariciando o esfíncter, só soou fabuloso. Depois a camisa com a gravatinha justa ao corpo e a saia curta. Saia rodada quase no rasgo da buceta, igual naquele dia do banho, onde tudo tinha sido forçado.
Claro, agora tudo era natural e se ver como mulher era a dela, ela se via provocante, e se animou a usar umas meias de rede com cinta-liga e sapatilhos de salto fino, se maquiou bem e realmente se sentiu como a Cinderela, no final teria sua chance, pegou a máscara de plumas que cobria da testa até o nariz e se jogou no abismo.
Felicitas amaldiçoou sua sorte ao notar que uma ventania fria entrava pela porta e pela janela, ergueu o olhar e, se algo faltava no dia de merda, era uma tempestade não anunciada, colocou a xícara de chá sobre os papéis que lia com atenção para evitar que o vento os levasse e foi, de muito má vontade, arrumar as coisas que exibia na calçada para que a chuva que logo chegaria não as estragasse.
Enquanto fazia suas obrigações, pensava, sem acreditar, na forma como a história a tinha envolvido, e desejava saber se era real ou só um escrito de alguma mente brilhante, de qualquer jeito, sabia que não teria a resposta.
Assim que pôde, voltou à leitura.
Aquela noite seria especial para Ariel, pela primeira vez na vida ele não seria o centro das piadas, mas sim da atenção, todos se perguntavam quem era aquela garota misteriosa que ninguém conhecia e que era tão gostosa, é que, apesar das fantasias e das máscaras, era fácil adivinhar quem estava por trás, mas não com ele, porque Ariel era homem, mas quem era ela?
Se sentiu feliz, se sentiu mulher e não pôde acreditar que Flavio pusesse os olhos nela, porque a essa altura já se considerava 'ela'.
Flavio estava fantasiado de corsário, com uma máscara que não deixava ver o rosto, mas a voz o denunciava, dançaram, conversaram, riram, até que no final, o garoto dos seus sonhos propôs levá-la para casa, Ariel aceitou com uma condição: por nenhum motivo ele deveria tirar a máscara dela, e Flavio aceitou sem discutir.
Logo estavam na casa do príncipe e a Cinderela parecia ter O sonho realizado dele, fechou os olhos e deixou que ele a beijasse, caramba, soou tão gostoso, era o primeiro beijo dela e ela só tremeu nos braços dele, mas não esquecia quem era e sua parte no engano de todo o jogo. Buscou realizar suas fantasias antes que a carruagem virasse abóbora, não podia perder tempo, porque ele já metia as mãos nela por todos os lados e logo descobriria a verdade.
Foi de joelhos, abaixou a calça dele, a cueca, Flavio tinha uma cock linda e pareceu incrível, tê-la a centímetros do rosto dela, ela olhou toda gulosa, e acariciou com vontade, a glande nua dele sabia a desejo e ela simplesmente não conseguiu segurar o instinto, Ariel começou a chupar com capricho, era a primeira vez dela, mas sabia de cor os pontos fracos na cock de um homem, e foi com tudo, era perfeito, era lindo, e quanto mais chupava, mais sentia a excitação no micro-pau dela.
Lá de baixo, olhava bem sexy pro boy dela, através da máscara, deixando que ele visse como ela comia a cock dele, isso adorava, e Flavio tentou tirar a máscara dela, mas Ariel não deixou, ele implorou pra ver o rosto dela e Ariel negou pela segunda vez, mas na terceira já não aguentou, não conseguiu esconder, fechou os olhos, resignado, e deixou que acontecesse o que tivesse que acontecer, também não era justo enganar ele e já sentia culpa demais pelo que tava rolando.
Devagar, Flavio descobriu o rosto de Ariel, e nem a penumbra nem a maquiagem perfeita conseguiram disfarçar a situação.
Ele, ao notar o engano, se enfureceu, xingou Ariel e, com a alma ferida, deu um tapa violento no rosto dela, com a mão aberta, mas com força suficiente pra jogar ela no chão, ele só gritava, Ariel sentiu uma dor fortíssima onde levou o golpe e o gosto de sangue no canto dos lábios, não disse nada, só esperou o pior, como sempre acontecia na vida miserável dela.
Era hora do almoço, ela não percebeu como o tempo tinha passado voando naquela manhã, fechou as persianas como fazia Cada dia, olhando pro céu por uma tempestade que agora parecia escorrer no horizonte, foi até a geladeira, só pegou uma maçã, é que ainda tinha letras pra ler. Deu uma mordida, se acomodou e se preparou pra seguir em frente.
Na pior tempestade de Flávio, Ariel esperou qualquer coisa, em segundos milhares de finais possíveis passaram pela cabeça dele como flashes luminosos, milhares, mas em nenhum momento o que viria.
Flávio estava assustado, entre amor e ódio, surpreso, sem saber o que fazer, Ariel percebeu que a mão dele tremia, a mesma mão que tinha batido no rosto dele.
De repente, aquele garoto musculoso, ainda xingando, partiu pra cima de novo, dessa vez pra pegar ele pelos cabelos longos e arrastar ele igual um bicho, fez ele ficar de quatro, forçando a situação e Ariel achou excitante, já que ele tava dizendo que ele era uma puta e que, se queria ser, então ele ia dar o gosto.
Respirou fundo sentindo o coração vibrar, não conseguia ver o Flávio, mas sentiu ele levantar a saia curta e depois levar um tapa na bunda, forte, a ponto de avermelhar a pele das nádegas brancas, mas dessa vez foi uma dor gostosa, puxou a calcinha fina, sentiu ele cuspir no esfíncter, Ariel ficou com medo, era virgem, mas o desejo falava mais alto, aí vieram as carícias prévias da cabeça do pau do amante no anel dele e aos poucos ele tentou penetrar.
Ariel urrou num gemido contido, a dor foi tão forte quanto gostosa e em segundos ele já tava curtindo a primeira transa dele.
Flávio era uma locomotiva, comia ele sem piedade, deixando claro a raiva que ainda tinha pela enganação, mas Ariel tava no paraíso, tava confirmando que não tinha buceta, mas sem dúvida o cu dele cumpria o papel perfeitamente, tava confirmando que a função dele era satisfazer homens, tava confirmando que ele era uma mulher num corpo estranho, tava confirmando que todo o sofrimento do colégio tinha valido a pena.
Se sentiu feliz, e se surpreendeu quando o micro-pau dele Ainda coberto pela tanga, naturalmente gozava por causa da enorme pica que estava comendo pelo cu.
Ele sentiu que ia rolar, Flavio continuava xingando ele, mas pra Ariel aquelas palavras soavam como cantos de sereia, até que finalmente gozou dentro dos intestinos dele e ele soube que seria ela.
Flavio se afastou exausto, Ariel ficou de quatro por um tempo prudente, ainda sentia aquela pica linda dentro de si, sentia que não conseguia contrair o cu dilatado, sentia o semen quente escorrendo de dentro e molhando a tanga que ainda vestia.
Felicitas estava surpresa, uma história dessas pra moral respeitável dela era só lixo, mas por algum motivo desconhecido o texto a prendia, ela não conseguia parar de ler com curiosidade e devorava as palavras uma por uma, olhou pro relógio de parede, tinha que abrir de novo, mas preferiu continuar a história, não aguentava esperar.
Depois de alguns minutos Ariel sentou com a bunda dolorida, e se atreveu a olhar nos olhos do amante, Flavio, talvez por um resquício de vergonha, ou pra não assumir o que rolou, preferiu ficar puto de novo e deu outro tapa na cara do parceiro, chamando ele de viado e ele novamente temeu pelo que viria.
Mas Flavio já tava com a pica dura de novo e dessa vez foi direto pro rosto indefeso de Ariel pra enfiar na boca dele.
Dessa vez não deixou ele chupar, não, só começou a meter com força igual tinha feito por trás, numa situação de estupro que os dois encenavam, um agia e o outro só se deixava fazer.
Ariel sentiu aquela pica gostosa chegando até a garganta, sentiu Flavio puxar ele pelos cabelos e obrigar ele a fazer aquilo, tão fundo que quase o sufocava, mas ele amou, curtiu, se sentiu uma puta cheia de prazer.
Sentiu a mão livre do amante apertar seu pescoço, sua garganta, com delicadeza, sentiu ele gozar de novo, e percebeu que o prazer do amante não era só gozar na boca, mas também sentir com o tato o movimento da glote ao engolir a porra
Não conseguiu evitar, não quis evitar, era uma puta gostosa disposta a satisfazer o macho da vez, mais mulher do que muitas mulheres
A relação íntima com Flávio jamais se repetiria, mas para Ariel seria a primeira de muitas, Micaela seria seu novo nome, em homenagem àquela loira sardenta que um dia tinha tirado seu sono, ela seria toda uma mulher e chegariam tempos de terminar o que havia começado, tinha muitas ideias de como moldar seu corpo, só seu micropênis seria testemunha do menino que um dia tinha sido.
Felicitas havia chegado ao fim da história, não havia mais páginas, mais linhas, mais letras e sentiu naquele momento que tinha mais dúvidas do que certezas, e o pior, aquela história ficaria sempre rodando na cabeça dela com um final aberto, realidade, ficção, quem saberia.
Amaldiçoou-se naquele momento por não levar uma agenda escrita, tudo sempre tinha estado na cabeça dela, mas não tinha um arquivo dos seus clientes casuais, como lembrar quem tinha vendido aquele trambolho velho e era só mais um entre tantos.
Arrumou as folhas e as guardou onde as tinha encontrado, talvez, um dia, alguém pergunte por elas, talvez, alguém as leia e também fique com um final aberto, cheio de perguntas sem respostas.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'A HISTÓRIA DE ARIEL' para doces.prazeres@live.com
0 comentários - A história da Ariel