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LA OVEJA NEGRA
Mi historia comienza muchos años atrás, muy atrás en el tiempo.
Mis antepasados venían de un pequeño pueblecito perdido en la nada misma, muy pobres, muy humildes. Según contaba mi abuela, sus padres y sus propios abuelos eran personas que solo sabían trabajar la tierra, no tenían estudios, no sabían leer, escribir, y la ignorancia los devoraba sin que ellos se dieran cuenta. Tenían hijos, pero nos los trataban como hijos, los tenían como peones para trabajar, eran casi como tener perros y la vida era muy dura, pisos de tierra, techos de paja, despertarse muy temprano solo para trabajar día a día.
Así sabía de sus historias, de su dura vida y de cómo sufrió en carne propia el dolor de ver su familia desmembrarse poco a poco, hermanos, primos, tíos, verlos fallecer por cosas que hoy en día son sonseras de fácil remedio, otros que solo se iban a hacer su propio camino, a repetir la misma vida y no saber nunca más de ellos, y así miles de pequeñas historias.
Seguramente por esa vida tan sufrida, mi abuela no quiso lo mismo para su descendencia, ella tuvo la fortuna no venir de joven a la ciudad y descubrir un mundo diferente, su esposo, mi abuelo, había llegado por estos lugares a buscar un mejor futuro.
De mi abuelo tengo vagos recuerdos, el enfermó y falleció cuando yo era muy pequeño, así que, empujada por las circunstancias, fue mi abuela quien tomó las riendas de la familia.
Y así fueron normales en nuestros días, las grandes reuniones familiares, tíos, primos, todos en derredor de la 'nona Luisa', grandes comilonas de días domingos que terminaban al atardecer, yendo todos a la iglesia, a misa, puesto que ella era muy creyente y de ahí para abajo todos seguíamos sus doctrinas de fe.
Ella tenía ocho hijos, con diferentes edades, y pronto la familia se hizo la gran familia, donde las diferencias generacionales se hicieron inevitables. Incontables primos, donde yo era el tercero en la lista, precedido por mi hermana y otra prima, y así la escalerita sin fin se hacía interminable.
A María Guillermina le llevo casi quince años, ella fue diferente a todos, la rebelde, es que los tiempos habían cambiado y ella tenía otra vista de la vida, para ella no existía Dios, nada de asistir un domingo a misa, no creía en los amores eternos, ni en matrimonios unidos por un sacerdote, amante del sexo casual, sin compromisos, sin ataduras, ella representaba todo lo opuesto a lo que en nuestra gran familia se respiraba y obviamente su actitud desafiante siempre estaba en la boca de todos los parientes, nosotros de pequeña la llamábamos 'la enana' por su baja estatura, pero la abuela la había bautizado con un dejo de desprecio como 'la oveja negra'
Y la enana, como la llamábamos en esos tiempos, siempre fue diferente, ella tenía un apego especial conmigo, un poco por ser el mayor de los varones, un poco por nuestra diferencia de edad, y otro poco por el hecho de ser hombre. Siempre, desde pequeña me miraba con sus ojitos pícaros y sin proponérmelo, de alguna manera, fui su fetiche.
Los años fueron pasando, ella estaba en plena adolescencia cuando Noelia, mi actual esposa ya era parte de la familia, en esos días de noviazgo. La enana estaba cambiada, se había desarrollado con unas impresionantes tetas y un culito llamativo, a pesar de seguir siendo la enana, sus formas no pasaban desapercibidas, una petisa explosiva de apenas un metro cincuenta.
En esos días de su despertar sexual empezó a sentirse molesta con su apodo de 'enana' así que poco a poco forzó el cambio para que la llamáramos 'Magui', la contracción de María Guillermina.
Y esos días empezamos a distanciarnos, ella parecía querer competir con mi novia, con Noelia, en un juego que no tenía sentido, y fue evidente que haría todo a su alcance por separarnos. Una tarde de reunión familiar las cosas llegaron para mí a un punto sin retorno, había ido al baño a orinar, y a la salida, ella me esperaba con su rostro de pecado, con una tonta excusa me metió a su cuarto, buscó entre sus cosas y me enseño una enorme verga de juguete, me preguntó con voz de zorra
Así de grande es la tuya primo?
Le dije que estaba loca, pero ella apuró el juego, me llenó de preguntas acerca de la sexualidad masculina, sobre que sentía un hombre, sobre las cosas que nos gustaban, sobre sexo en todas sus versiones, que sentíamos al acabar y lo que puedan imaginar.
Sus preguntas me dejaron saber que con sus quince años aún era virgen y todo se desmadró cuando intentó besarme en la boca.
Era una insana locura, yo estaba cerca de los treinta y era mi prima, y yo estaba pronto a casarme con mi amada Noelia.
La separé abusando de mi fuerza y traté de que entrara en razón, pero ella era obstinada, y antes o después volvería a la carga.
No tendríamos muchos roces a futuro, y de darse siempre trataba de que no fueran a solas, la vi en mi casamiento y la última había sido para despedir a la abuela, me da un tanto de vergüenza contarlo, pero al verme en medio del velorio ella vino a mi lado con su rostro enjuagado en lágrimas, a darme un abrazo de consuelo fraternal. Magui lloró en mis brazos y la agitación involuntaria de su cuerpo provocó que sus enormes tetas se sacudieran pegadas a mi pecho, las sentí tan enormes y tan nítidas que una excitación inapropiada para el momento recorrió todo mi cuerpo.
El tiempo hizo su trabajo, la gran familia se fue diluyendo, cada uno siguió su propia vida, sus ambiciones, sus proyectos. Los contactos que antes eran habituales si hicieron esporádicos, casuales y solo quedaron recuerdos.
Llegaron los hijos, otras preocupaciones, otras historias.
Magui era parte de mi pasado, sabía de ella solo por rumores y por las redes sociales, se había recibido de psicóloga y nunca había formado una pareja estable, andaba saltando de flor en flor, pero nunca se había atado a nadie, como siempre se había dicho en la familia, ella era una excelente idea para una noche, pero un pésimo plan para toda una vida.
Yo estaba pisando los cincuenta, mi hijo menor tenía algunos problemas de conducta en el colegio y las autoridades nos aconsejaron que hiciera terapia con algún psicólogo.
Ya sé lo que van a pensar en ese punto y es cierto, Magui se cruzó como un demonio en mis pensamientos, seguramente por toda esa situación contenida durante años, por no atreverme a caminar un camino paralelo, por imaginar que hubiera sucedido si yo aflojaba el freno, no sé, fue un impulso irresistible.
La ubiqué a escondidas de mi esposa, puesto que ella se hubiera opuesto a que la encontrara, ella no era tonta y nunca había tolerado a la 'enana puta'.
Hablamos por teléfono solo lo suficiente, le comenté de que se trataba y obviamente, mi prima me dijo que pasara por su consultorio para hablar en profundidad del tema.
Dos días después me encontraría nuevamente con ella, cara a cara, se estiró en puntas de pies para besarme en la mejilla y darme un contenido abrazo, un perfume dulzón llenó mi olfato y solo me invitó a que la siguiera.
Magui promediaba ya los treinta y estaba un poco más gordita de lo que la recordaba, pero su culito generoso con una sugerente minifalda atrajo irremediablemente mi mirada.
Me sirvió un trago y nos sentamos frente a frente, separados por una prudente distancia, como si fuéramos profesional y paciente.
Ella se cruzó de piernas, convenientemente, su muslo derecho quedó directo a mis ojos, ahora lucía un gran tatoo sobre el mismo y solo no podía dejar de mirarla, era raro, me sentía como un tonto que había ido por una oportunidad que toda una vida había dejado escapar.
Magui tomó un cuaderno de anotaciones para asesorarme, pero la conversación fue por el lado de recordar nuestras vidas, nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro, la abuela, los parientes, mi familia, y claro llegamos el momento caliente de nuestros tiempos.
Fue ella quien recordó la forma en que la había rechazado cuando apenas tenía quince años, con risas de pecados, con palabras de peligro, me confesó cosas que siempre había sospechado, un amor platónico y prohibido por ser su primo mayor, era su ídolo, su imagen masculina, un objeto de deseo.
Me sonrojaba un poco por fuera, pero la sangre empezaba a hervir por dentro.
Pasamos por otras situaciones...
Te acordás tu noche de bodas? - me dijo con esos labios ardientes
Como olvidarla, ella lucía un vestido rojo brillante adherido a su cuerpo, largo al piso, con un profundo tajo sobre una de sus piernas, llegando indecentemente casi hasta la cadera, haciendo que cada hombre deseara ver más de lo podía verse, con sus tetas enormes pareciendo escapar de un ajustadísimo escote, todo lo que la enana no había crecido en altura lo había hecho en tetas y culo, ella siguió hablando mientras yo seguía recordándola en mi mente
Te confieso, esa noche estaba molesta contigo, es que me daba cuenta que era el final y que jamás serías mío, te diré las cosas sin rodeos, era tu noche de bodas y mi único objetivo era apartarte en algún momento, a solas, y darte la mejor chupada de verga de tu vida, pero solo no se dió...
El ambiente estaba ya caliente, y me costaba disimular una erección entre mis piernas, más cuando ella bajaba su mirada con deseo buscando justamente ese punto, en un tiempo de confesiones me animé a narrarle lo sucedido en el velorio de la abuela y asumir que también me pasaban cosas, que no tenía un corazón de piedra.
Ella descruzó entonces sus piernas, con aparente inocencia, pero lo suficiente como para que yo viera más de lo que debía ver, una tanga entre transparente y calada cubría su vagina y supe que no habría retorno.
Nos miramos como nunca lo habíamos hecho, directo a los ojos, dejó el cuaderno a un lado y vino a mi encuentro, una vez más, como tantas esperando mi rechazo, pero no está vez, ya no...
La tomé por la cintura y la traje sobre mí, ella con sus piernas abiertas se arrodilló sobre las mías, me besó profundamente y mis manos temblorosas apretaron sus tetas que estaban a la altura de mi rostro, sentí sus jadeos contenidos y su respiración agitada, me acariciaba el rostro y no dejaba de besarme.
Solté los botones de su camisa uno por uno, sus pechos estaban contenidos por un sostén armado muy rico, en tonos de transparencias al igual que la tanga, dejando notar unos oscuros pezones que se marcaban en forma amenazante.
Solo empecé a acariciarlos dulcemente, y a mordisquear el sostén en el punto justo de placer, haciendo que la tela separara el contacto directo entre mis labios y sus pezones.
Ella bramaba por dentro, y mientras yo jugaba con sus tetas ella refregaba una y otra vez su sexo contra el mío, a pesar que su tanga, mi pantalón y mi ropa interior impedía cualquier intento de penetración.
Então a gente caiu no chão, com beijos, abraços e apalpadas de pele com pele. Ficamos invertidos sem saber como, ela por cima de mim, meus olhos se encheram com aquela bunda enorme dela que estava quase no meu rosto, a buceta dela totalmente depilada tinha encharcado a tanga inteira, transbordando, um fio dental atravessava o cu dela que estava todo aberto e tudo que meus olhos viam me deixava à beira de gozar, mas não era só isso, Magui do outro lado literalmente tava chupando meu pau duro, sentia ela fazendo aquilo e era provocante demais.
Usei minha língua e meus lábios pra lamber a buceta dela e sentir aquele gosto mortal de mulher, os sucos dela se misturaram com minha saliva e me enchi com os lábios macios dela, com o buraco dela, com o clitóris gordo e um cu de puta que parecia devorar tudo ao redor.
Coloquei ela de quatro decidido, puxei a tanga de lado e apontei meu pau no cu dela, ela falou:
— Tá errando o buraco, primo! Olha que meu cuzinho é virgem!
Isso fez meu sangue ferver, era óbvio que aquele cu já tinha comido muito pau e ela só tava brincando comigo num maldito jogo de sedução. Meu pau entrou limpo, sem esforço nenhum, com a pouca lubrificação dos sucos da buceta dela misturados com minha saliva.
Comecei a me mover devagar, o rosto dela tava de lado no chão, os olhos fechados, e o nariz dela soltava o ar com força, de um jeito bem audível com o prazer que ela tava sentindo por trás.
Isso me excitava, e pouco depois pareceu que não era suficiente, porque agora ela soltava o ar pela boca, até que começaram os gemidos e eu senti os dedos dela acariciando o clitóris no ritmo.
Tirei o pau do cu dela que tava aberto igual uma flor e, como um chuveiro, enchi as costas dela toda com meu semen quente, uma, duas, três e até quatro vezes.
Me joguei exausto de um lado, suado, tentando recuperar o fôlego, ela do outro lado também.
Depois de um silêncio fraco, ela falou:
— Certeza que sua amada esposa nunca te deu o cu, né?
Meu silêncio Foi a resposta mais clara, só pedi pra ela não envolver a outra no jogo enquanto eu me acomodava de novo no sofá onde estava antes.
Magui, como uma gata, se aproximou de mim, de quatro, com cadência, bem gostosa, se ajeitou entre minhas pernas, acariciando elas com as mãos, e começou a beijar meu pau, devagar, com beijos quentes, deliciosos, depois pegou ele com os lábios e enfiou na boca. As brincadeiras perversas dela surtiram efeito e meu sexo ficou duro na frente dela, ela ainda acariciava minhas pernas e só usava a boca pra me estimular, até que, por causa da rigidez, escapou do alcance dela.
Então ela fez algo muito gostoso: chegou ainda mais perto, passou ele contra o peito dela, por baixo da frente do sutiã, prendendo ele entre os peitos, as mãos dela continuavam nas minhas pernas, os olhos dela cravados nos meus, e começou com um movimento gostoso de sobe e desce.
Porra, pensei, amava a maciez dos peitos dela, o jeito que ela tava me masturbando, o olhar dela queimando o meu e a respiração excitada, me levando aos poucos à loucura, e dessa vez fui eu quem trouxe a Noelia, minha esposa, pra cena, os peitinhos pequenos dela não se comparavam aos da minha prima linda e o prazer que ela tava me dando era novo pra mim.
A fricção contínua do meu pau entre os peitos dela, preso pela base do sutiã, surtiu efeito, senti que ia gozar de novo, e ela, ao notar, só acelerou o ritmo, sempre me queimando com o olhar. Gozei de repente, os peitos suados dela começaram a encher de porra, de um lado, do outro, e eu não aguentei mais.
Ela continuou até eu começar a perder a ereção e o atrito ficar insuportável.
Me joguei relaxado pra trás, me apoiando no encosto.
Só olhei pra ela com tesão enquanto ela terminava de tirar o sutiã, reparando como ela brincava com minha porra nos bicos duros dela e assumindo que tudo de puta que ela era me alucinava.
Foi pegar umas doses, agora não era um refrigerante como na minha chegada, trouxe uma bebida forte na que adivinhei algo de vodka com limão. Fiquei observando ela naquela quase nudez completa, nunca tinha visto ela daquele jeito, com a luz fraca do quarto, entre luzes e sombras.
"Que que foi, tá me olhando assim?" — ela perguntou.
Conversamos mais um pouco, aí eu confessei que achava ela muito gostosa, e que nunca tinha imaginado que ia acabar assim com a minha prima.
Ela voltou pra perto de mim pra me dar outro beijo, e outro, e mais outro. A mão livre dela foi pro meu pau e começou a me masturbar, devagar, de novo. Falei pra ela parar, que já era suficiente, mas os beijos dela eram mais viciantes que a dose que ela tinha me trazido.
Com quase cinquenta anos, ela ia me fazer sentir como um adolescente com uma terceira ereção em pouco tempo, mas Magui era um vulcão em erupção constante. Só voltou a se ajoelhar nas minhas pernas, igual no começo, só que agora tinha enterrado meu pau dentro do dela, pra se mexer com cadência, com loucura.
De novo no jogo, com minhas mãos nas bundas duronas dela, apertando os peitões enormes que ainda tinham meu próprio gosto, sentindo os gemidos dela, perdida. Ela levou a mão direita entre o púbis dela e o meu, e eu senti ela se masturbando.
De vez em quando, com a mão livre, ela me pegava pela nuca e parecia me sufocar entre as tetas dela. Outras vezes, só queria juntar meus lábios com os dela em beijos apaixonados. Magui só brincava com o tempo do meu pau dentro da pussy dela, sabendo que era uma bomba-relógio e só procurava o melhor momento pra fazer explodir.
Ela me avisou que tava chegando lá de novo, senti na contração das pernas dela e na força dos gemidos. Me deixei levar. Ela pediu pra eu acariciar o esfíncter dela, mas pra ser sincero, o dedo escorregou pra dentro. Foi muito quente e eu já não aguentei mais...
Gozei dentro dela, e em cada jato do meu pau senti o prazer no rosto dela, até a cabeça dela cair exausta no meu ombro direito.
Depois de uns instantes, ela saiu de cima, sem conseguir evitar que O esperma vai escorrer da buceta dela e cair na minha barriga, a gente se olha e ri cúmplices.
Já tinha ficado tarde demais e eu tinha muitos pecados pra disfarçar, meu filho mais velho foi a desculpa praquele encontro, mas a gente nem falou do problema de fundo. Magui sugeriu um novo encontro pra poder tratar do assunto.
O tempo passou, a gente chegou num profissional que minha prima recomendou e que ajudou com o problema, embora pra minha esposa a gente só tenha encontrado ele por acaso. Magui e eu viramos amantes escondidos, ela sabe que sou um cara casado, com família, mas nunca vai se meter nisso. Eu também sei que sou só mais um dos tantos homens que fazem ela feliz e não peço pra ser mais que isso.
É tudo muito louco, primos, amantes, passou muito tempo, mas às vezes a gente não consegue evitar o que o destino coloca na nossa frente.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'A OVELHA NEGRA' para dulces.placeres@live.com
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LA OVEJA NEGRA
Mi historia comienza muchos años atrás, muy atrás en el tiempo.
Mis antepasados venían de un pequeño pueblecito perdido en la nada misma, muy pobres, muy humildes. Según contaba mi abuela, sus padres y sus propios abuelos eran personas que solo sabían trabajar la tierra, no tenían estudios, no sabían leer, escribir, y la ignorancia los devoraba sin que ellos se dieran cuenta. Tenían hijos, pero nos los trataban como hijos, los tenían como peones para trabajar, eran casi como tener perros y la vida era muy dura, pisos de tierra, techos de paja, despertarse muy temprano solo para trabajar día a día.
Así sabía de sus historias, de su dura vida y de cómo sufrió en carne propia el dolor de ver su familia desmembrarse poco a poco, hermanos, primos, tíos, verlos fallecer por cosas que hoy en día son sonseras de fácil remedio, otros que solo se iban a hacer su propio camino, a repetir la misma vida y no saber nunca más de ellos, y así miles de pequeñas historias.
Seguramente por esa vida tan sufrida, mi abuela no quiso lo mismo para su descendencia, ella tuvo la fortuna no venir de joven a la ciudad y descubrir un mundo diferente, su esposo, mi abuelo, había llegado por estos lugares a buscar un mejor futuro.
De mi abuelo tengo vagos recuerdos, el enfermó y falleció cuando yo era muy pequeño, así que, empujada por las circunstancias, fue mi abuela quien tomó las riendas de la familia.
Y así fueron normales en nuestros días, las grandes reuniones familiares, tíos, primos, todos en derredor de la 'nona Luisa', grandes comilonas de días domingos que terminaban al atardecer, yendo todos a la iglesia, a misa, puesto que ella era muy creyente y de ahí para abajo todos seguíamos sus doctrinas de fe.
Ella tenía ocho hijos, con diferentes edades, y pronto la familia se hizo la gran familia, donde las diferencias generacionales se hicieron inevitables. Incontables primos, donde yo era el tercero en la lista, precedido por mi hermana y otra prima, y así la escalerita sin fin se hacía interminable.
A María Guillermina le llevo casi quince años, ella fue diferente a todos, la rebelde, es que los tiempos habían cambiado y ella tenía otra vista de la vida, para ella no existía Dios, nada de asistir un domingo a misa, no creía en los amores eternos, ni en matrimonios unidos por un sacerdote, amante del sexo casual, sin compromisos, sin ataduras, ella representaba todo lo opuesto a lo que en nuestra gran familia se respiraba y obviamente su actitud desafiante siempre estaba en la boca de todos los parientes, nosotros de pequeña la llamábamos 'la enana' por su baja estatura, pero la abuela la había bautizado con un dejo de desprecio como 'la oveja negra'
Y la enana, como la llamábamos en esos tiempos, siempre fue diferente, ella tenía un apego especial conmigo, un poco por ser el mayor de los varones, un poco por nuestra diferencia de edad, y otro poco por el hecho de ser hombre. Siempre, desde pequeña me miraba con sus ojitos pícaros y sin proponérmelo, de alguna manera, fui su fetiche.
Los años fueron pasando, ella estaba en plena adolescencia cuando Noelia, mi actual esposa ya era parte de la familia, en esos días de noviazgo. La enana estaba cambiada, se había desarrollado con unas impresionantes tetas y un culito llamativo, a pesar de seguir siendo la enana, sus formas no pasaban desapercibidas, una petisa explosiva de apenas un metro cincuenta.
En esos días de su despertar sexual empezó a sentirse molesta con su apodo de 'enana' así que poco a poco forzó el cambio para que la llamáramos 'Magui', la contracción de María Guillermina.
Y esos días empezamos a distanciarnos, ella parecía querer competir con mi novia, con Noelia, en un juego que no tenía sentido, y fue evidente que haría todo a su alcance por separarnos. Una tarde de reunión familiar las cosas llegaron para mí a un punto sin retorno, había ido al baño a orinar, y a la salida, ella me esperaba con su rostro de pecado, con una tonta excusa me metió a su cuarto, buscó entre sus cosas y me enseño una enorme verga de juguete, me preguntó con voz de zorra
Así de grande es la tuya primo?
Le dije que estaba loca, pero ella apuró el juego, me llenó de preguntas acerca de la sexualidad masculina, sobre que sentía un hombre, sobre las cosas que nos gustaban, sobre sexo en todas sus versiones, que sentíamos al acabar y lo que puedan imaginar.
Sus preguntas me dejaron saber que con sus quince años aún era virgen y todo se desmadró cuando intentó besarme en la boca.
Era una insana locura, yo estaba cerca de los treinta y era mi prima, y yo estaba pronto a casarme con mi amada Noelia.
La separé abusando de mi fuerza y traté de que entrara en razón, pero ella era obstinada, y antes o después volvería a la carga.
No tendríamos muchos roces a futuro, y de darse siempre trataba de que no fueran a solas, la vi en mi casamiento y la última había sido para despedir a la abuela, me da un tanto de vergüenza contarlo, pero al verme en medio del velorio ella vino a mi lado con su rostro enjuagado en lágrimas, a darme un abrazo de consuelo fraternal. Magui lloró en mis brazos y la agitación involuntaria de su cuerpo provocó que sus enormes tetas se sacudieran pegadas a mi pecho, las sentí tan enormes y tan nítidas que una excitación inapropiada para el momento recorrió todo mi cuerpo.
El tiempo hizo su trabajo, la gran familia se fue diluyendo, cada uno siguió su propia vida, sus ambiciones, sus proyectos. Los contactos que antes eran habituales si hicieron esporádicos, casuales y solo quedaron recuerdos.
Llegaron los hijos, otras preocupaciones, otras historias.
Magui era parte de mi pasado, sabía de ella solo por rumores y por las redes sociales, se había recibido de psicóloga y nunca había formado una pareja estable, andaba saltando de flor en flor, pero nunca se había atado a nadie, como siempre se había dicho en la familia, ella era una excelente idea para una noche, pero un pésimo plan para toda una vida.
Yo estaba pisando los cincuenta, mi hijo menor tenía algunos problemas de conducta en el colegio y las autoridades nos aconsejaron que hiciera terapia con algún psicólogo.
Ya sé lo que van a pensar en ese punto y es cierto, Magui se cruzó como un demonio en mis pensamientos, seguramente por toda esa situación contenida durante años, por no atreverme a caminar un camino paralelo, por imaginar que hubiera sucedido si yo aflojaba el freno, no sé, fue un impulso irresistible.
La ubiqué a escondidas de mi esposa, puesto que ella se hubiera opuesto a que la encontrara, ella no era tonta y nunca había tolerado a la 'enana puta'.
Hablamos por teléfono solo lo suficiente, le comenté de que se trataba y obviamente, mi prima me dijo que pasara por su consultorio para hablar en profundidad del tema.
Dos días después me encontraría nuevamente con ella, cara a cara, se estiró en puntas de pies para besarme en la mejilla y darme un contenido abrazo, un perfume dulzón llenó mi olfato y solo me invitó a que la siguiera.
Magui promediaba ya los treinta y estaba un poco más gordita de lo que la recordaba, pero su culito generoso con una sugerente minifalda atrajo irremediablemente mi mirada.
Me sirvió un trago y nos sentamos frente a frente, separados por una prudente distancia, como si fuéramos profesional y paciente.
Ella se cruzó de piernas, convenientemente, su muslo derecho quedó directo a mis ojos, ahora lucía un gran tatoo sobre el mismo y solo no podía dejar de mirarla, era raro, me sentía como un tonto que había ido por una oportunidad que toda una vida había dejado escapar.
Magui tomó un cuaderno de anotaciones para asesorarme, pero la conversación fue por el lado de recordar nuestras vidas, nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro, la abuela, los parientes, mi familia, y claro llegamos el momento caliente de nuestros tiempos.
Fue ella quien recordó la forma en que la había rechazado cuando apenas tenía quince años, con risas de pecados, con palabras de peligro, me confesó cosas que siempre había sospechado, un amor platónico y prohibido por ser su primo mayor, era su ídolo, su imagen masculina, un objeto de deseo.
Me sonrojaba un poco por fuera, pero la sangre empezaba a hervir por dentro.
Pasamos por otras situaciones...
Te acordás tu noche de bodas? - me dijo con esos labios ardientes
Como olvidarla, ella lucía un vestido rojo brillante adherido a su cuerpo, largo al piso, con un profundo tajo sobre una de sus piernas, llegando indecentemente casi hasta la cadera, haciendo que cada hombre deseara ver más de lo podía verse, con sus tetas enormes pareciendo escapar de un ajustadísimo escote, todo lo que la enana no había crecido en altura lo había hecho en tetas y culo, ella siguió hablando mientras yo seguía recordándola en mi mente
Te confieso, esa noche estaba molesta contigo, es que me daba cuenta que era el final y que jamás serías mío, te diré las cosas sin rodeos, era tu noche de bodas y mi único objetivo era apartarte en algún momento, a solas, y darte la mejor chupada de verga de tu vida, pero solo no se dió...
El ambiente estaba ya caliente, y me costaba disimular una erección entre mis piernas, más cuando ella bajaba su mirada con deseo buscando justamente ese punto, en un tiempo de confesiones me animé a narrarle lo sucedido en el velorio de la abuela y asumir que también me pasaban cosas, que no tenía un corazón de piedra.
Ella descruzó entonces sus piernas, con aparente inocencia, pero lo suficiente como para que yo viera más de lo que debía ver, una tanga entre transparente y calada cubría su vagina y supe que no habría retorno.
Nos miramos como nunca lo habíamos hecho, directo a los ojos, dejó el cuaderno a un lado y vino a mi encuentro, una vez más, como tantas esperando mi rechazo, pero no está vez, ya no...
La tomé por la cintura y la traje sobre mí, ella con sus piernas abiertas se arrodilló sobre las mías, me besó profundamente y mis manos temblorosas apretaron sus tetas que estaban a la altura de mi rostro, sentí sus jadeos contenidos y su respiración agitada, me acariciaba el rostro y no dejaba de besarme.
Solté los botones de su camisa uno por uno, sus pechos estaban contenidos por un sostén armado muy rico, en tonos de transparencias al igual que la tanga, dejando notar unos oscuros pezones que se marcaban en forma amenazante.
Solo empecé a acariciarlos dulcemente, y a mordisquear el sostén en el punto justo de placer, haciendo que la tela separara el contacto directo entre mis labios y sus pezones.
Ella bramaba por dentro, y mientras yo jugaba con sus tetas ella refregaba una y otra vez su sexo contra el mío, a pesar que su tanga, mi pantalón y mi ropa interior impedía cualquier intento de penetración.
Então a gente caiu no chão, com beijos, abraços e apalpadas de pele com pele. Ficamos invertidos sem saber como, ela por cima de mim, meus olhos se encheram com aquela bunda enorme dela que estava quase no meu rosto, a buceta dela totalmente depilada tinha encharcado a tanga inteira, transbordando, um fio dental atravessava o cu dela que estava todo aberto e tudo que meus olhos viam me deixava à beira de gozar, mas não era só isso, Magui do outro lado literalmente tava chupando meu pau duro, sentia ela fazendo aquilo e era provocante demais.Usei minha língua e meus lábios pra lamber a buceta dela e sentir aquele gosto mortal de mulher, os sucos dela se misturaram com minha saliva e me enchi com os lábios macios dela, com o buraco dela, com o clitóris gordo e um cu de puta que parecia devorar tudo ao redor.
Coloquei ela de quatro decidido, puxei a tanga de lado e apontei meu pau no cu dela, ela falou:
— Tá errando o buraco, primo! Olha que meu cuzinho é virgem!
Isso fez meu sangue ferver, era óbvio que aquele cu já tinha comido muito pau e ela só tava brincando comigo num maldito jogo de sedução. Meu pau entrou limpo, sem esforço nenhum, com a pouca lubrificação dos sucos da buceta dela misturados com minha saliva.
Comecei a me mover devagar, o rosto dela tava de lado no chão, os olhos fechados, e o nariz dela soltava o ar com força, de um jeito bem audível com o prazer que ela tava sentindo por trás.
Isso me excitava, e pouco depois pareceu que não era suficiente, porque agora ela soltava o ar pela boca, até que começaram os gemidos e eu senti os dedos dela acariciando o clitóris no ritmo.
Tirei o pau do cu dela que tava aberto igual uma flor e, como um chuveiro, enchi as costas dela toda com meu semen quente, uma, duas, três e até quatro vezes.
Me joguei exausto de um lado, suado, tentando recuperar o fôlego, ela do outro lado também.
Depois de um silêncio fraco, ela falou:
— Certeza que sua amada esposa nunca te deu o cu, né?
Meu silêncio Foi a resposta mais clara, só pedi pra ela não envolver a outra no jogo enquanto eu me acomodava de novo no sofá onde estava antes.
Magui, como uma gata, se aproximou de mim, de quatro, com cadência, bem gostosa, se ajeitou entre minhas pernas, acariciando elas com as mãos, e começou a beijar meu pau, devagar, com beijos quentes, deliciosos, depois pegou ele com os lábios e enfiou na boca. As brincadeiras perversas dela surtiram efeito e meu sexo ficou duro na frente dela, ela ainda acariciava minhas pernas e só usava a boca pra me estimular, até que, por causa da rigidez, escapou do alcance dela.
Então ela fez algo muito gostoso: chegou ainda mais perto, passou ele contra o peito dela, por baixo da frente do sutiã, prendendo ele entre os peitos, as mãos dela continuavam nas minhas pernas, os olhos dela cravados nos meus, e começou com um movimento gostoso de sobe e desce.
Porra, pensei, amava a maciez dos peitos dela, o jeito que ela tava me masturbando, o olhar dela queimando o meu e a respiração excitada, me levando aos poucos à loucura, e dessa vez fui eu quem trouxe a Noelia, minha esposa, pra cena, os peitinhos pequenos dela não se comparavam aos da minha prima linda e o prazer que ela tava me dando era novo pra mim.
A fricção contínua do meu pau entre os peitos dela, preso pela base do sutiã, surtiu efeito, senti que ia gozar de novo, e ela, ao notar, só acelerou o ritmo, sempre me queimando com o olhar. Gozei de repente, os peitos suados dela começaram a encher de porra, de um lado, do outro, e eu não aguentei mais.
Ela continuou até eu começar a perder a ereção e o atrito ficar insuportável.
Me joguei relaxado pra trás, me apoiando no encosto.
Só olhei pra ela com tesão enquanto ela terminava de tirar o sutiã, reparando como ela brincava com minha porra nos bicos duros dela e assumindo que tudo de puta que ela era me alucinava.
Foi pegar umas doses, agora não era um refrigerante como na minha chegada, trouxe uma bebida forte na que adivinhei algo de vodka com limão. Fiquei observando ela naquela quase nudez completa, nunca tinha visto ela daquele jeito, com a luz fraca do quarto, entre luzes e sombras.
"Que que foi, tá me olhando assim?" — ela perguntou.
Conversamos mais um pouco, aí eu confessei que achava ela muito gostosa, e que nunca tinha imaginado que ia acabar assim com a minha prima.
Ela voltou pra perto de mim pra me dar outro beijo, e outro, e mais outro. A mão livre dela foi pro meu pau e começou a me masturbar, devagar, de novo. Falei pra ela parar, que já era suficiente, mas os beijos dela eram mais viciantes que a dose que ela tinha me trazido.
Com quase cinquenta anos, ela ia me fazer sentir como um adolescente com uma terceira ereção em pouco tempo, mas Magui era um vulcão em erupção constante. Só voltou a se ajoelhar nas minhas pernas, igual no começo, só que agora tinha enterrado meu pau dentro do dela, pra se mexer com cadência, com loucura.
De novo no jogo, com minhas mãos nas bundas duronas dela, apertando os peitões enormes que ainda tinham meu próprio gosto, sentindo os gemidos dela, perdida. Ela levou a mão direita entre o púbis dela e o meu, e eu senti ela se masturbando.
De vez em quando, com a mão livre, ela me pegava pela nuca e parecia me sufocar entre as tetas dela. Outras vezes, só queria juntar meus lábios com os dela em beijos apaixonados. Magui só brincava com o tempo do meu pau dentro da pussy dela, sabendo que era uma bomba-relógio e só procurava o melhor momento pra fazer explodir.
Ela me avisou que tava chegando lá de novo, senti na contração das pernas dela e na força dos gemidos. Me deixei levar. Ela pediu pra eu acariciar o esfíncter dela, mas pra ser sincero, o dedo escorregou pra dentro. Foi muito quente e eu já não aguentei mais...
Gozei dentro dela, e em cada jato do meu pau senti o prazer no rosto dela, até a cabeça dela cair exausta no meu ombro direito.
Depois de uns instantes, ela saiu de cima, sem conseguir evitar que O esperma vai escorrer da buceta dela e cair na minha barriga, a gente se olha e ri cúmplices.
Já tinha ficado tarde demais e eu tinha muitos pecados pra disfarçar, meu filho mais velho foi a desculpa praquele encontro, mas a gente nem falou do problema de fundo. Magui sugeriu um novo encontro pra poder tratar do assunto.
O tempo passou, a gente chegou num profissional que minha prima recomendou e que ajudou com o problema, embora pra minha esposa a gente só tenha encontrado ele por acaso. Magui e eu viramos amantes escondidos, ela sabe que sou um cara casado, com família, mas nunca vai se meter nisso. Eu também sei que sou só mais um dos tantos homens que fazem ela feliz e não peço pra ser mais que isso.
É tudo muito louco, primos, amantes, passou muito tempo, mas às vezes a gente não consegue evitar o que o destino coloca na nossa frente.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'A OVELHA NEGRA' para dulces.placeres@live.com
1 comentários - A ovelha negra