No dejes de pasar por mi mejor post
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No te vas a arrepentir
EL PADRE DE SANDRO
Nos habíamos conocido en unas vacaciones de invierno, a kilómetros de nuestra ciudad natal, disfrutando de la nieve en los picos nevados. Cosas del destino, porque no había muchas probabilidades de cruzarte con alguien de tu misma ciudad.
Nora estaba con un grupo de amigas, por mi parte, había viajado por una propuesta laboral que no se concretaría y de paso, disfrutaba en los tiempos libres de todo el entorno turístico.
Yo estaba merendando unas tortas regionales en una confitería muy conocida del lugar y ella llegó de repente con sus amigas, fue amor a primera vista, me enamoré de su sonrisa profunda, de sus facciones de mujer, de sus largos cabellos enrulados y de su andar desprejuiciado.
En algún momento ella miró de casualidad donde yo estaba sentado, y solo me mantuvo la mirada, con sus bonitos ojos color miel.
No entraré en los detalles del momento, solo se dieron las cosas y al regresar a nuestra ciudad nos seguimos frecuentando y nuestra relación fue floreciendo con gran velocidad.
Ella tenía veinticinco, yo veintisiete cuando nos encontramos en el altar, ella de blanco, yo de negro, y decidimos ir de luna de miel al mismo sitio en el que nos habíamos conocido, a esos picos nevados de la Cordillera de los Andes.
Descubriría con el correr del tiempo que Norita era una terrible mujer, una gran persona y compañera de vida.
Llegaría Melany, nuestra hermosa beba, rosadita, rozagante, con los ojitos inquietos de la madre, quien ocuparía el segundo dormitorio de la casa y que nos puso en la tarea de no solo ser pareja, también tuvimos que aprender a ser padres.
Todo fue viento en popa, a Nora la habían ascendido en el empleo, lo que significaba más dinero, por mi parte seguía ampliando mi cartera de clientes, por cierto, soy abogado, nuestra niña crecía a pasos agigantados y todo iba viento en popa.
Decidimos que era hora de traer otro bebe al mundo, era un tanto cómico, Melany estaba crecidita y cuando jugaba con sus bebotes de juguete, siempre pedía 'que le compremos uno de verdad', ella quería un 'bebé como el de la tía Marta', - mi hermana -
Nora dejó sus pastillas anticonceptivas a un lado, y yo me olvidé de comprar preservativos, dejamos de cuidarnos, imaginamos como sería la nueva situación en un corto futuro, tiramos ideas para remodelar el cuarto de Melany, necesitaríamos espacio para una nueva camita para cuando llegara Rocío, si, ya le habíamos elegido nombre antes de procrearla. También evaluamos otra posibilidad, una remodelación más amplia para generar espacio para un nuevo ambiente, un tercer dormitorio por si llegara Sandro, el nombre para nuestro varoncito si eso eligiera el destino y era lo que íntimamente deseaba.
Llegaba un nuevo aniversario de la fecha de nuestro matrimonio, una ocasión especial para celebrar en una cena íntima de pareja, ella calculaba que estaba justo es sus días más fértiles del ciclo, así que habló con su madre y con gusto la abuela se haría cargo de Melany por esa noche, y bueno, a mi hijita le encantaba ir a dormir de la 'Abu María'.
La dejamos temprano, con su mochila, con sus ropitas y sus bebotes preferidos, me abrazó fuerte con sus débiles bracitos y me largó un 'chau pa', le besé la punta de la nariz y le dije que se portara bien con la Abu, que no la hiciera renegar.
Ya en la soledad de pareja nos cambiamos con tiempo, teníamos reserva en un coqueto restaurante al pie de las montañas, muy de moda en mi ciudad.
Nora estaba muy bonita, lucía una prenda liviana símil pullover, en un gris claro con nevados en tono chocolate, de mangas largas y un gran cuello volcado, con unos pantalones tipo babuchas en un marrón satinado, esos holgados en las piernas pero que logran marcar sugerentemente esos culitos bien formaditos, como el que carga mi amor. Apenas se había maquillado, y había acomodado sus cabellos de lado, dejando una de sus orejas y el cuello descubierto, para lucir unos lindos pendientes que le había regalado en alguna ocasión.
Así es ella, una mujer que prefiere pasar por elegante a provocativa, cosa que se me hace muy seductora.
Yo también busque un tono de ropas informales, me había rasurado al ras y me había perfumado con una loción muy masculina que también ella me había regalado alguna vez, y ahí partimos a nuestra velada romántica
Ya en el sitio, había música muy romántica, en bajo tono, y todo estaba a media luz, estábamos sobre un lateral donde los amplios vidriados nos dejaban ver parte de las montañas que se fundían con parte de la ciudad.
Ella pidió un risotto con calamares, por mi parte bondiola de cerdo con puré de patatas, un buen vino y la magia estaba intacta.
Comimos, bebimos, nos seducimos, reímos, brindamos, nos excitamos en complicidad, le decía cuanto la amaba y ella me respondía que la tenía toda mojada y que solo me deseaba dentro.
Daban las dos de la mañana cuando decidimos volver a casa, Nora estaba desinhibida en demasía, había tomado demasiado y estaba al límite de la ebriedad. Yo tenía un mejor control de la situación, aunque ciertamente no debería haber conducido, pero no había otra opción
Cuando salimos el viento había cambiado, un viento del este que siempre traía lluvia consigo, el cielo estaba grisáceo, con nubes que viajaban a baja altura y se notaban con nitidez unos amenazantes relámpagos en el lejano horizonte, nos besamos, emprendimos el regreso.
Todo iba perfecto, conducía muy despacio, con ella recostada a mi lado, mirándome profundamente como solo mira una mujer enamorada, escuchando los temas con los cuales nos habíamos conocido, no había mucha gente en la calle a esa hora de la madrugada, llegamos a una esquina como tantas y la luz roja del semáforo detuvo nuestro paso, algo llamaría nuestra atención, a un lado, algunos metros, una chica que por su vestir evidentemente era prostituta discutía acaloradamente con tres tipos, fue obvio que la estaban molestando y las cosas no se veían bien para ella, Nora y yo solo observamos hasta que sucedió lo impensado
Ela, percebendo que estava em desvantagem, preferiu sair correndo daquela enrascada, e eles vieram atrás, fomos a única saída dela, e num ato desesperado ela entrou na traseira do nosso carro e, entre gritos nervosos, me pediu pra arrancar. Foram aqueles segundos onde a gente age por instinto, onde não dá pra pensar e só se toma uma decisão, os caras já estavam chegando no carro, eu pisei fundo no acelerador, passamos no vermelho e escapamos da situação.
Olhei pelo retrovisor, percebi na hora que a garota que tinha acabado de entrar no carro na verdade era um garoto, ela estava muito nervosa, tremia tanto que não conseguia acender um cigarro.
Disse se chamar brunette, e rolou um diálogo improvisado, era estranho, na nossa noite de love um travesti tinha se enfiado no banco de trás. A casa dela ficava no caminho da nossa, ela evitou os detalhes do problema, mas entendi que eram aquelas tretas típicas de prostituição de madrugada, travestis, dinheiro, enganação, homofobia, um pouco de tudo.
Nora, perdida na bebedeira, era quem mais falava, quem mais perguntava, a ponto de parecer intrometida, minha mulher é bem inocente pra essas coisas e naquele ponto eu assumi que ela não tinha percebido que ela na verdade era ele. Eu só olhava de vez em quando pelo retrovisor, brunette tinha uns peitões generosos e, como uma boa slut, estava quase nua, e, além disso, tinha que admitir, o rosto dela parecia muito feminino, só na voz dava pra notar uns traços da parte masculina.
Quando chegamos, brunette nos convidou pra entrar no apartamento dela como agradecimento, pra tomar uns drinks, disse. Nora já tinha comentado sobre nossa noite de comemoração de namorados, eu me desculpei e agradeci, mas minha mulher, meio perdida, só queria continuar a brincadeira, tava confuso, e foram as duas que insistiram contra minha resposta, e aí a gente foi.
O apartamento era realmente pequeno demais. modesto, tava bagunçado e tinha de tudo por todo lado, a ponto de ser caótico pra um cara tão estruturado quanto eu.
Ela nos ofereceu uns drinks e pediu uns minutos pra se arrumar, Nora e eu ficamos sozinhos por uns instantes na sala de jantar apertada, aproveitei o momento e falei:
"Nora, o que a gente tá fazendo aqui? Você percebeu que essa 'mulher' tem pau, né?"
Mas ela só riu e me beijou fundo, com os lábios molhados de amor e álcool, era uma loucura.
A morena voltou pra perto da gente, tinha prendido o cabelo, tava usando um baby doll azul transparente, que marcava demais o corpo de mulher dela, os peitos eram realmente lindos, tinha cintura de pilão, uma bunda chamativa e umas pernas torneadas cobertas por meia arrastão no mesmo tom azul, e umas botas longas pretas que passavam até do joelho, com salto alto, era bonita demais, mas claro, também desenhava um pau generoso depilado que balançava solto.
Ela pegou uma taça e deu um gole, colocou uma música em inglês bem triste, bem lenta, daquelas que fazem a gente chorar, Nora e eu só olhávamos, ela, com a taça na mão, fechou os olhos e começou a se mexer devagar, com cadência, de um jeito sexy e provocante, numa versão de striptease que claramente tava muito ensaiado, porque tudo parecia perfeito.
Nora de repente se levantou e foi pro lado dela acompanhar os movimentos, me surpreendeu, minha esposa, fiquei sentado sozinho feito um idiota espectador, tinha uma diferença grande de altura e proporções, a morena começou a acariciar ela sensualmente enquanto fixava os olhos nos meus, Nora apertou os peitos dela, beijou ela na boca e depois começou a morder os mamilos dela de um jeito suave e gostoso, como resposta, minha mulher recebeu as mãos indiscretas da travesti na bunda dela, e se beijaram de novo apaixonadamente, eu continuava super confuso, sempre achei que as fantasias de casal iam ficar só nisso, em fantasias, mas minha esposa parecia fora de controle, até esquecendo de mim.
E claro, toda essa brincadeira trouxe consequências, por baixo do baby doll a pica da brunette ficou dura e enorme como uma barra de aço, e minha esposa começou a passar a mão nela.
O próximo passo era óbvio, minha mulher se ajoelhou, levantou o tecido transparente, observou aquele membro por alguns segundos e começou a chupar ele bem gostoso.
Foi estranho, eu só olhava e não teria aguentado ver minha esposa chupando a pica de outro homem, mas não sei, nesse caso não me incomodava, sim, já sei, de qualquer forma, ela estava chupando outra pica, mas a brunette parecia tão mulher, e eu sabia que, entre minha esposa e eu, ela teria ficado comigo. A garota transsexual se deixava chupar enquanto me olhava com deboche, tirou o baby doll e seu torso ficou nu, seus peitos sugestivos pareciam intimidantes, me olhava sorrindo sabendo que minha mulher estava grudada no seu pau, ela me disse
Vem aqui, bobo, não tenha medo, não mordo...
Me aproximei do duo, ao lado dela, ela tentou me beijar na boca, mas eu desviei, não era minha praia, ela só riu de novo entendendo a situação, pegou minha mão e colocou nos seus peitos artificiais, eram gostosos e senti uma ereção forte nas minhas calças, ela falou de novo
Você é um homem sortudo, a Norita chupa muito gostoso, eu garanto!
Era tudo muito louco, ainda mais quando percebi que minha mulher tinha se agarrado na minha calça e estava procurando meu pau e começou a chupar ele, só fiquei olhando para a puta da minha esposa, a mão esquerda dela segurando minha pica peluda, curva e branca, a direita em outra, perfeitamente depilada, lisinha, esbelta e com uma cabeça generosa circuncidada, ela chupava a minha e a dela, abstraída do ambiente, esquecendo da situação, sem preconceitos, muito puta
Eu comecei a lamber os peitos da garota transsexual, aliás, muito gostosos, estavam muito bem feitos
A gente estava nessa brincadeira gostosa quando a brunette se ajoelhou, lado a lado Fiquei de lado com minha mulher, só eu fiquei em pé, elas se beijaram num beijo muito pornô, me deixavam ver de propósito as línguas se enrolando uma na outra, até que a brunette enfiou de uma vez meu pau na boca dela, ela começou a ditar o ritmo, me chupava, depois deixava a Nora fazer o mesmo, ou então voltavam a se beijar, ou só me chupavam as duas ao mesmo tempo, uma pra cá, outra pra lá, era demais.
Aqui é certo mencionar um ponto, minha mulher mandava muito bem, por sinal, mas a brunette era inacreditável, talvez por ter um lado masculino soubesse bem por onde ir, com umas engolidas completas que te levavam à loucura, nunca uma mulher, nem Nora, nem nenhuma, tinha me chupado tão gostoso.
Não aguentei, a excitação era forte demais, tava fundo na boca da brunette e me deixei ir, senti gozar com muita força e foi uma delícia, ela continuava chupando e chupando sem deixar cair uma gota. Quando não tinha mais, ela se afastou um pouco, abriu a boca da minha esposa e de uma posição mais alta deixou cair parte do sêmen que tinha na boca.
Depois voltaram a se beijar num beijo enorme, branco, cheio de erotismo, pra voltar a chupar meu pau as duas com os lábios molhados de porra. Aquela garota transexual era dona de mil batalhas e sabia muito bem como jogar as cartas.
Já com meu pau mole, me retirei pro lado com uma nova taça de vinho, de novo no papel de espectador. Nora tomou a iniciativa, levou a transexual pra sentar do meu lado, num sofá ao lado, se acomodou em cima dela, pegou o pau dela e só enfiou entre as pernas, minha mulher começou a cavalgar, mexendo a cintura de um jeito bem sensual, esfregava os peitos nos dela, às vezes lambia, às vezes deixava a brunette fazer o mesmo com os dela, se masturbava, ofegava, gemia.
Era curioso, também não teria aguentado essa situação com outro homem, mas no fundo, sabia que a brunette era homem, mesmo parecendo mulher, mas não me incomodava. Parecia até sedutor, tipo uma cena lésbica, era tudo muito confuso na minha cabeça.
Minha esposa me olhava de vez em quando, me perguntava se eu tava gostando, e aquilo era outra dúvida pra mim naquele momento: o que passava pela cabeça da minha esposa, o que ela sentia, o que pensava.
A morena tomou a iniciativa. Agora minha mulher tava deitada do meu lado, me segurou forte pela mão, fui beijá-la. A travesti levantou as pernas dela pra trás, abrindo ela toda pra meter de novo. Os gemidos voltaram. Fui beijá-la, os beijos dela tinham gosto de tesão, ela me soprava ar sem perceber, e eu senti ela gozar naquele momento, naqueles espasmos tão gostosos, tão femininos.
Quando olhei pro outro lado de novo, a morena tinha se afastado e a buceta da Nora não parava de escorrer aquele líquido branco pegajoso que tinha um gosto muito quente.
Depois de mais uns drinks, voltamos ao jogo. Bom, pra ser sincero, elas voltaram a se beijar. Eu já queria ir pra casa, mas a Nora tava irreconhecível. Ela voltou a chupar a pica dela e em segundos já tava pronta pra continuar. A morena se ajoelhou de quatro no sofá e minha mulher, por baixo, chupando ela bem gostoso. A bunda daquela travesti tava muito gostosa naquela posição. Me senti excitado com o que via e logo tive uma nova ereção. Fui me juntar ao jogo e comecei a lamber o cu dela, todo depilado e dilatado, se abrindo pra minha língua. Não sei explicar o momento, porque eu não esquecia que era homem e as bolas brilhantes dela estavam a alguns centímetros da minha boca, e um pouco mais abaixo, os olhos da minha mulher se cruzavam com os meus enquanto ela engolia a pica dela. Perigoso? Excitante? Estranho?
Fui com tudo. Me acomodei e meti sem piedade, enchi o cu dela com minha carne e comecei o jogo de meter e tirar. Acho que pra morena foi a melhor parte da noite. Ela gemia e cravava as unhas vermelhas no encosto do sofá. Tava sendo fodida por um homem e tinha uma mulher chupando a pica dela ao mesmo tempo. Gozei tudo dentro, foi muito gostoso, já era o suficiente.
Quando me retirei, ela ainda continuava chupando e o esfíncter da morena começou a cuspir fios de sêmen, foi perfeito demais, e ela só se deixou gozar na boca da minha mulher.
Nora se levantou, era óbvio que estava curtindo os sucos que tinha na boca, mexia de um lado pro outro, até separou os lábios pra eu ver — ela fazia isso com meu sêmen porque sabia que eu adorava — passava a língua esbranquiçada pelos lábios, depois inclinou a cabeça pra trás e deixou escorrer garganta abaixo num gole só.
Já com a boca vazia, não consegui segurar uma risada por estar sendo tão puta comigo.
Os primeiros raios do amanhecer nos avisaram que era hora de ir embora. Lavamos um pouco, trocamos de roupa e nos despedimos da morena. Ela disse que tinha adorado e esperava nos ver de novo em breve — coisa que nunca aconteceu.
Chegamos em casa, não tínhamos conversado muito no caminho, nem naquele momento. Só nos abraçamos e pronto.
Também não íamos falar muito sobre o futuro. Uma noite de bebedeira, algo diferente que não se repetiria. Ninguém julgou ninguém, sem cobranças. Éramos adultos, estávamos apaixonados e podíamos nos dar uma licença.
Mas a morena voltaria a aparecer pouco depois, como um fantasma, quando Nora confirmou a gravidez e calculou as datas pela última menstruação. Bom, a gravidez podia muito bem ter acontecido naquela noite.
E assim chegamos ao presente. Sandro não puxou muito à mãe, nem a mim. Curiosamente, quando olho pra ele, vejo muito da morena: o tom de pele, os olhos, o sorriso, sei lá. Não conhecemos bem a morena, só uma noite de sexo e bebedeira, mas foi o suficiente pra saber quem é o pai de Sandro.
Não importa. Pai não é quem gera, é quem cria.
Só seguimos felizes pela vida: Nora, Melany, Sandro e eu.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'O PAI DE SANDRO' para dulces.placeres@live.com
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No te vas a arrepentir
EL PADRE DE SANDRO
Nos habíamos conocido en unas vacaciones de invierno, a kilómetros de nuestra ciudad natal, disfrutando de la nieve en los picos nevados. Cosas del destino, porque no había muchas probabilidades de cruzarte con alguien de tu misma ciudad.
Nora estaba con un grupo de amigas, por mi parte, había viajado por una propuesta laboral que no se concretaría y de paso, disfrutaba en los tiempos libres de todo el entorno turístico.
Yo estaba merendando unas tortas regionales en una confitería muy conocida del lugar y ella llegó de repente con sus amigas, fue amor a primera vista, me enamoré de su sonrisa profunda, de sus facciones de mujer, de sus largos cabellos enrulados y de su andar desprejuiciado.
En algún momento ella miró de casualidad donde yo estaba sentado, y solo me mantuvo la mirada, con sus bonitos ojos color miel.
No entraré en los detalles del momento, solo se dieron las cosas y al regresar a nuestra ciudad nos seguimos frecuentando y nuestra relación fue floreciendo con gran velocidad.
Ella tenía veinticinco, yo veintisiete cuando nos encontramos en el altar, ella de blanco, yo de negro, y decidimos ir de luna de miel al mismo sitio en el que nos habíamos conocido, a esos picos nevados de la Cordillera de los Andes.
Descubriría con el correr del tiempo que Norita era una terrible mujer, una gran persona y compañera de vida.
Llegaría Melany, nuestra hermosa beba, rosadita, rozagante, con los ojitos inquietos de la madre, quien ocuparía el segundo dormitorio de la casa y que nos puso en la tarea de no solo ser pareja, también tuvimos que aprender a ser padres.
Todo fue viento en popa, a Nora la habían ascendido en el empleo, lo que significaba más dinero, por mi parte seguía ampliando mi cartera de clientes, por cierto, soy abogado, nuestra niña crecía a pasos agigantados y todo iba viento en popa.
Decidimos que era hora de traer otro bebe al mundo, era un tanto cómico, Melany estaba crecidita y cuando jugaba con sus bebotes de juguete, siempre pedía 'que le compremos uno de verdad', ella quería un 'bebé como el de la tía Marta', - mi hermana -
Nora dejó sus pastillas anticonceptivas a un lado, y yo me olvidé de comprar preservativos, dejamos de cuidarnos, imaginamos como sería la nueva situación en un corto futuro, tiramos ideas para remodelar el cuarto de Melany, necesitaríamos espacio para una nueva camita para cuando llegara Rocío, si, ya le habíamos elegido nombre antes de procrearla. También evaluamos otra posibilidad, una remodelación más amplia para generar espacio para un nuevo ambiente, un tercer dormitorio por si llegara Sandro, el nombre para nuestro varoncito si eso eligiera el destino y era lo que íntimamente deseaba.
Llegaba un nuevo aniversario de la fecha de nuestro matrimonio, una ocasión especial para celebrar en una cena íntima de pareja, ella calculaba que estaba justo es sus días más fértiles del ciclo, así que habló con su madre y con gusto la abuela se haría cargo de Melany por esa noche, y bueno, a mi hijita le encantaba ir a dormir de la 'Abu María'.
La dejamos temprano, con su mochila, con sus ropitas y sus bebotes preferidos, me abrazó fuerte con sus débiles bracitos y me largó un 'chau pa', le besé la punta de la nariz y le dije que se portara bien con la Abu, que no la hiciera renegar.
Ya en la soledad de pareja nos cambiamos con tiempo, teníamos reserva en un coqueto restaurante al pie de las montañas, muy de moda en mi ciudad.
Nora estaba muy bonita, lucía una prenda liviana símil pullover, en un gris claro con nevados en tono chocolate, de mangas largas y un gran cuello volcado, con unos pantalones tipo babuchas en un marrón satinado, esos holgados en las piernas pero que logran marcar sugerentemente esos culitos bien formaditos, como el que carga mi amor. Apenas se había maquillado, y había acomodado sus cabellos de lado, dejando una de sus orejas y el cuello descubierto, para lucir unos lindos pendientes que le había regalado en alguna ocasión.
Así es ella, una mujer que prefiere pasar por elegante a provocativa, cosa que se me hace muy seductora.
Yo también busque un tono de ropas informales, me había rasurado al ras y me había perfumado con una loción muy masculina que también ella me había regalado alguna vez, y ahí partimos a nuestra velada romántica
Ya en el sitio, había música muy romántica, en bajo tono, y todo estaba a media luz, estábamos sobre un lateral donde los amplios vidriados nos dejaban ver parte de las montañas que se fundían con parte de la ciudad.
Ella pidió un risotto con calamares, por mi parte bondiola de cerdo con puré de patatas, un buen vino y la magia estaba intacta.
Comimos, bebimos, nos seducimos, reímos, brindamos, nos excitamos en complicidad, le decía cuanto la amaba y ella me respondía que la tenía toda mojada y que solo me deseaba dentro.
Daban las dos de la mañana cuando decidimos volver a casa, Nora estaba desinhibida en demasía, había tomado demasiado y estaba al límite de la ebriedad. Yo tenía un mejor control de la situación, aunque ciertamente no debería haber conducido, pero no había otra opción
Cuando salimos el viento había cambiado, un viento del este que siempre traía lluvia consigo, el cielo estaba grisáceo, con nubes que viajaban a baja altura y se notaban con nitidez unos amenazantes relámpagos en el lejano horizonte, nos besamos, emprendimos el regreso.
Todo iba perfecto, conducía muy despacio, con ella recostada a mi lado, mirándome profundamente como solo mira una mujer enamorada, escuchando los temas con los cuales nos habíamos conocido, no había mucha gente en la calle a esa hora de la madrugada, llegamos a una esquina como tantas y la luz roja del semáforo detuvo nuestro paso, algo llamaría nuestra atención, a un lado, algunos metros, una chica que por su vestir evidentemente era prostituta discutía acaloradamente con tres tipos, fue obvio que la estaban molestando y las cosas no se veían bien para ella, Nora y yo solo observamos hasta que sucedió lo impensado
Ela, percebendo que estava em desvantagem, preferiu sair correndo daquela enrascada, e eles vieram atrás, fomos a única saída dela, e num ato desesperado ela entrou na traseira do nosso carro e, entre gritos nervosos, me pediu pra arrancar. Foram aqueles segundos onde a gente age por instinto, onde não dá pra pensar e só se toma uma decisão, os caras já estavam chegando no carro, eu pisei fundo no acelerador, passamos no vermelho e escapamos da situação. Olhei pelo retrovisor, percebi na hora que a garota que tinha acabado de entrar no carro na verdade era um garoto, ela estava muito nervosa, tremia tanto que não conseguia acender um cigarro.
Disse se chamar brunette, e rolou um diálogo improvisado, era estranho, na nossa noite de love um travesti tinha se enfiado no banco de trás. A casa dela ficava no caminho da nossa, ela evitou os detalhes do problema, mas entendi que eram aquelas tretas típicas de prostituição de madrugada, travestis, dinheiro, enganação, homofobia, um pouco de tudo.
Nora, perdida na bebedeira, era quem mais falava, quem mais perguntava, a ponto de parecer intrometida, minha mulher é bem inocente pra essas coisas e naquele ponto eu assumi que ela não tinha percebido que ela na verdade era ele. Eu só olhava de vez em quando pelo retrovisor, brunette tinha uns peitões generosos e, como uma boa slut, estava quase nua, e, além disso, tinha que admitir, o rosto dela parecia muito feminino, só na voz dava pra notar uns traços da parte masculina.
Quando chegamos, brunette nos convidou pra entrar no apartamento dela como agradecimento, pra tomar uns drinks, disse. Nora já tinha comentado sobre nossa noite de comemoração de namorados, eu me desculpei e agradeci, mas minha mulher, meio perdida, só queria continuar a brincadeira, tava confuso, e foram as duas que insistiram contra minha resposta, e aí a gente foi.
O apartamento era realmente pequeno demais. modesto, tava bagunçado e tinha de tudo por todo lado, a ponto de ser caótico pra um cara tão estruturado quanto eu.
Ela nos ofereceu uns drinks e pediu uns minutos pra se arrumar, Nora e eu ficamos sozinhos por uns instantes na sala de jantar apertada, aproveitei o momento e falei:
"Nora, o que a gente tá fazendo aqui? Você percebeu que essa 'mulher' tem pau, né?"
Mas ela só riu e me beijou fundo, com os lábios molhados de amor e álcool, era uma loucura.
A morena voltou pra perto da gente, tinha prendido o cabelo, tava usando um baby doll azul transparente, que marcava demais o corpo de mulher dela, os peitos eram realmente lindos, tinha cintura de pilão, uma bunda chamativa e umas pernas torneadas cobertas por meia arrastão no mesmo tom azul, e umas botas longas pretas que passavam até do joelho, com salto alto, era bonita demais, mas claro, também desenhava um pau generoso depilado que balançava solto.
Ela pegou uma taça e deu um gole, colocou uma música em inglês bem triste, bem lenta, daquelas que fazem a gente chorar, Nora e eu só olhávamos, ela, com a taça na mão, fechou os olhos e começou a se mexer devagar, com cadência, de um jeito sexy e provocante, numa versão de striptease que claramente tava muito ensaiado, porque tudo parecia perfeito.
Nora de repente se levantou e foi pro lado dela acompanhar os movimentos, me surpreendeu, minha esposa, fiquei sentado sozinho feito um idiota espectador, tinha uma diferença grande de altura e proporções, a morena começou a acariciar ela sensualmente enquanto fixava os olhos nos meus, Nora apertou os peitos dela, beijou ela na boca e depois começou a morder os mamilos dela de um jeito suave e gostoso, como resposta, minha mulher recebeu as mãos indiscretas da travesti na bunda dela, e se beijaram de novo apaixonadamente, eu continuava super confuso, sempre achei que as fantasias de casal iam ficar só nisso, em fantasias, mas minha esposa parecia fora de controle, até esquecendo de mim.
E claro, toda essa brincadeira trouxe consequências, por baixo do baby doll a pica da brunette ficou dura e enorme como uma barra de aço, e minha esposa começou a passar a mão nela.
O próximo passo era óbvio, minha mulher se ajoelhou, levantou o tecido transparente, observou aquele membro por alguns segundos e começou a chupar ele bem gostoso.
Foi estranho, eu só olhava e não teria aguentado ver minha esposa chupando a pica de outro homem, mas não sei, nesse caso não me incomodava, sim, já sei, de qualquer forma, ela estava chupando outra pica, mas a brunette parecia tão mulher, e eu sabia que, entre minha esposa e eu, ela teria ficado comigo. A garota transsexual se deixava chupar enquanto me olhava com deboche, tirou o baby doll e seu torso ficou nu, seus peitos sugestivos pareciam intimidantes, me olhava sorrindo sabendo que minha mulher estava grudada no seu pau, ela me disse
Vem aqui, bobo, não tenha medo, não mordo...
Me aproximei do duo, ao lado dela, ela tentou me beijar na boca, mas eu desviei, não era minha praia, ela só riu de novo entendendo a situação, pegou minha mão e colocou nos seus peitos artificiais, eram gostosos e senti uma ereção forte nas minhas calças, ela falou de novo
Você é um homem sortudo, a Norita chupa muito gostoso, eu garanto!
Era tudo muito louco, ainda mais quando percebi que minha mulher tinha se agarrado na minha calça e estava procurando meu pau e começou a chupar ele, só fiquei olhando para a puta da minha esposa, a mão esquerda dela segurando minha pica peluda, curva e branca, a direita em outra, perfeitamente depilada, lisinha, esbelta e com uma cabeça generosa circuncidada, ela chupava a minha e a dela, abstraída do ambiente, esquecendo da situação, sem preconceitos, muito puta
Eu comecei a lamber os peitos da garota transsexual, aliás, muito gostosos, estavam muito bem feitos
A gente estava nessa brincadeira gostosa quando a brunette se ajoelhou, lado a lado Fiquei de lado com minha mulher, só eu fiquei em pé, elas se beijaram num beijo muito pornô, me deixavam ver de propósito as línguas se enrolando uma na outra, até que a brunette enfiou de uma vez meu pau na boca dela, ela começou a ditar o ritmo, me chupava, depois deixava a Nora fazer o mesmo, ou então voltavam a se beijar, ou só me chupavam as duas ao mesmo tempo, uma pra cá, outra pra lá, era demais.
Aqui é certo mencionar um ponto, minha mulher mandava muito bem, por sinal, mas a brunette era inacreditável, talvez por ter um lado masculino soubesse bem por onde ir, com umas engolidas completas que te levavam à loucura, nunca uma mulher, nem Nora, nem nenhuma, tinha me chupado tão gostoso.
Não aguentei, a excitação era forte demais, tava fundo na boca da brunette e me deixei ir, senti gozar com muita força e foi uma delícia, ela continuava chupando e chupando sem deixar cair uma gota. Quando não tinha mais, ela se afastou um pouco, abriu a boca da minha esposa e de uma posição mais alta deixou cair parte do sêmen que tinha na boca.
Depois voltaram a se beijar num beijo enorme, branco, cheio de erotismo, pra voltar a chupar meu pau as duas com os lábios molhados de porra. Aquela garota transexual era dona de mil batalhas e sabia muito bem como jogar as cartas.
Já com meu pau mole, me retirei pro lado com uma nova taça de vinho, de novo no papel de espectador. Nora tomou a iniciativa, levou a transexual pra sentar do meu lado, num sofá ao lado, se acomodou em cima dela, pegou o pau dela e só enfiou entre as pernas, minha mulher começou a cavalgar, mexendo a cintura de um jeito bem sensual, esfregava os peitos nos dela, às vezes lambia, às vezes deixava a brunette fazer o mesmo com os dela, se masturbava, ofegava, gemia.
Era curioso, também não teria aguentado essa situação com outro homem, mas no fundo, sabia que a brunette era homem, mesmo parecendo mulher, mas não me incomodava. Parecia até sedutor, tipo uma cena lésbica, era tudo muito confuso na minha cabeça.
Minha esposa me olhava de vez em quando, me perguntava se eu tava gostando, e aquilo era outra dúvida pra mim naquele momento: o que passava pela cabeça da minha esposa, o que ela sentia, o que pensava.
A morena tomou a iniciativa. Agora minha mulher tava deitada do meu lado, me segurou forte pela mão, fui beijá-la. A travesti levantou as pernas dela pra trás, abrindo ela toda pra meter de novo. Os gemidos voltaram. Fui beijá-la, os beijos dela tinham gosto de tesão, ela me soprava ar sem perceber, e eu senti ela gozar naquele momento, naqueles espasmos tão gostosos, tão femininos.
Quando olhei pro outro lado de novo, a morena tinha se afastado e a buceta da Nora não parava de escorrer aquele líquido branco pegajoso que tinha um gosto muito quente.
Depois de mais uns drinks, voltamos ao jogo. Bom, pra ser sincero, elas voltaram a se beijar. Eu já queria ir pra casa, mas a Nora tava irreconhecível. Ela voltou a chupar a pica dela e em segundos já tava pronta pra continuar. A morena se ajoelhou de quatro no sofá e minha mulher, por baixo, chupando ela bem gostoso. A bunda daquela travesti tava muito gostosa naquela posição. Me senti excitado com o que via e logo tive uma nova ereção. Fui me juntar ao jogo e comecei a lamber o cu dela, todo depilado e dilatado, se abrindo pra minha língua. Não sei explicar o momento, porque eu não esquecia que era homem e as bolas brilhantes dela estavam a alguns centímetros da minha boca, e um pouco mais abaixo, os olhos da minha mulher se cruzavam com os meus enquanto ela engolia a pica dela. Perigoso? Excitante? Estranho?
Fui com tudo. Me acomodei e meti sem piedade, enchi o cu dela com minha carne e comecei o jogo de meter e tirar. Acho que pra morena foi a melhor parte da noite. Ela gemia e cravava as unhas vermelhas no encosto do sofá. Tava sendo fodida por um homem e tinha uma mulher chupando a pica dela ao mesmo tempo. Gozei tudo dentro, foi muito gostoso, já era o suficiente.
Quando me retirei, ela ainda continuava chupando e o esfíncter da morena começou a cuspir fios de sêmen, foi perfeito demais, e ela só se deixou gozar na boca da minha mulher.
Nora se levantou, era óbvio que estava curtindo os sucos que tinha na boca, mexia de um lado pro outro, até separou os lábios pra eu ver — ela fazia isso com meu sêmen porque sabia que eu adorava — passava a língua esbranquiçada pelos lábios, depois inclinou a cabeça pra trás e deixou escorrer garganta abaixo num gole só.
Já com a boca vazia, não consegui segurar uma risada por estar sendo tão puta comigo.
Os primeiros raios do amanhecer nos avisaram que era hora de ir embora. Lavamos um pouco, trocamos de roupa e nos despedimos da morena. Ela disse que tinha adorado e esperava nos ver de novo em breve — coisa que nunca aconteceu.
Chegamos em casa, não tínhamos conversado muito no caminho, nem naquele momento. Só nos abraçamos e pronto.
Também não íamos falar muito sobre o futuro. Uma noite de bebedeira, algo diferente que não se repetiria. Ninguém julgou ninguém, sem cobranças. Éramos adultos, estávamos apaixonados e podíamos nos dar uma licença.
Mas a morena voltaria a aparecer pouco depois, como um fantasma, quando Nora confirmou a gravidez e calculou as datas pela última menstruação. Bom, a gravidez podia muito bem ter acontecido naquela noite.
E assim chegamos ao presente. Sandro não puxou muito à mãe, nem a mim. Curiosamente, quando olho pra ele, vejo muito da morena: o tom de pele, os olhos, o sorriso, sei lá. Não conhecemos bem a morena, só uma noite de sexo e bebedeira, mas foi o suficiente pra saber quem é o pai de Sandro.
Não importa. Pai não é quem gera, é quem cria.
Só seguimos felizes pela vida: Nora, Melany, Sandro e eu.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'O PAI DE SANDRO' para dulces.placeres@live.com
1 comentários - O pai gostoso do Sandro
10 puntos desde ya.
De nuevo, buen trabajo.