Os primeiros dias

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir


LOS PRIMEROS DIAS

Voy a comentarles un poco sobre mis inicios sexuales, cuando aún me veía como niño, aunque yo sabía que deseaba ser niña. En esos días aun no era una chica trans como ahora, pero fue el momento de la revolución y mis primeros pasos.

Único hijo, papá trabajaba como empleado en un aserradero de la zona y mamá siendo psicóloga daba terapia en algunos geriátricos de la zona, ella se había especializado en las personas de la tercera edad.
Ya de pequeño, desde mis primeros recuerdos, supe cuál sería mi destino, mi homosexualidad se hacía evidente en todo mi ser, en mis pensamientos, en mis gustos, en mi forma de hablar, en mis ademanes, en todo.
Mi infancia fue muy dura, muy cruel, no es grato que te señalen como 'la mariquita' en forma socarrona, no tenía amigos y más de una vez recibía las golpizas desmedidas de mis compañeros de estudios, solo por ser diferente.

Papá no me decía nada, nunca me juzgaba ni me recriminaba, pero era evidente que, en lo profundo de su corazón, siempre le había dolido tener un hijo marica, le daba vergüenza con sus compañeros de empleo, o en reuniones familiares, no lo juzgo, él siempre fue muy bueno conmigo y hasta lo entiendo al ponerme en sus zapatos.
Mamá, siempre fue mi apoyo, mi bastón, tal vez por ser psicóloga podía ver las cosas con otros lentes, ella siempre era mi cable a tierra, mi libro de consulta, la voz de la experiencia. Ella solo me guiaba en mi camino, en mis decisiones, en mi formación, sin objetar, sin discutir, solo regalándome sonrisas.

Mi adolescencia fue diferente, cuando los chicos de mi edad empezaban a ir al gimnasio a modelar sus pectorales y sus bíceps, a mirarse al espejo rogando por ver esos primeros e incipientes bellos en el rostro, cuando empezaban a disputarse las chicas como trofeos de ostentación masculina, yo solo estaba en otra onda.
A mí me gustaba estar en soledad, me gustaba verme desnudo frente al espejo, me podía pasar mucho tiempo viendo lo que era mientras imaginaba lo que me hubiera gustado ver, imaginaba que me crecían las tetitas, odiaba mi pene, aunque era pequeño ciertamente no me gustaba lo que veía y cada tanto miraba las formas de mi cola, no sé, era muy delgado pero mi cola paradita me excitaba.

Y en secreto empecé a hacer muchos ejercicios, pero siempre para engrosar mis muslos, para sacar y tonificar glúteos y conforme fue pasando el tiempo empecé a depilarme por completo, me excitaba tocar con las yemas de mis dedos la suavidad femenina de no tener bellos en ninguna parte de mi cuerpo, ni en el pecho, ni en las axilas, ni en mis piernas, ni en mi sexo, ni en mi cola.
Y empecé a interiorizarme como podía a ser para llegar a ser lo que quería ser, una mujer.
Solía hurgar a escondidas entre las prendas de mamá, me gustaba medirme su ropa interior, sentir una tanga rozando mi esfínter, probar un sostén, aunque no tuviera nada por sostener, verme con media de encaje, caminar sobre tacos altos y hasta probarme alguna de sus faldas.
También aprendí poco a poco el arte de maquillarme, el rostro, los ojos, los labios, me excitaba mucho viendo mi rostro de mujer, empecé a usar el cabello un poco más largo de lo convencional y me encantaba pintarme las uñas de las manos y de los pies, aunque solo fuera por unos instantes.

Con los ahorros de acá y de allá, me compré mi primer consolador, era de mediano tamaño y fue mi primer amor, lo escondía con mucho recelo, me hubiera muerto de vergüenza si papá o mamá lo hubiera encontrado, pero por las noches daba riendas sueltas a mis fantasías, a veces solo lo chupaba como goloso y me masturbaba imaginando, otras veces me lo metía todo por la cola y me daba muy duro con él.
Poco tiempo después me pudo el vicio y lo que tenía me sabía a poco, así que fui por uno más grande, y después por un tercero de aun mayores dimensiones, me hice un adicto a esas vergas de juguete y saciaba con ellas toda mi sexualidad reprimida.

Pasados los dieciocho mi aspecto era demasiado controversial, no era hombre, no era mujer, había tomado hormonas femeninas y unos diminutos pechos se insinuaban en mi cuerpo, los ejercicios habían hecho efecto y mi cola se había vuelto al menos llamativa, mi rostro aniñado y mis largos cabellos daban más dudas que certezas, caminaba como mujer, hablaba como mujer, sentía como mujer, pero aún no estaba lista, aun vestía como hombre e intentaba ser un hombre.
Había terminado mis estudios secundarios y quise seguir mi carrera en artes y letras, carrera que no existía en el pequeño pueblo donde vivía, y como muchos adolescentes de mi edad, nos trasladamos a la gran ciudad, a algún departamento de medio pelo según nuestros padres pudieran afrontar.

Y creo que ese fue mi verdadero destape, lejos del ojo custodio de papá y mamá di riendas sueltas a mis locuras, no salí del closet, pero empecé a comprar todo lo que una niña podía comprar, pinturas, tinturas, ropa interior de mujer, medias de encaje, lencería erótica, faldas, cortas, largas, mini, cremas, y me perdición, zapatos tacos altos, creo que en un año había comprado no menos de veinte pares.
Estaba llegando a los veinte, era una mujer prisionera en el cuerpo de un hombre, y eso era un calvario, aún era virgen puesto que todos mis amores solo habían sido juguetes comprados en algún sex-shop, y fue cuando en esos días conocí a Aníbal.
Aníbal era un muchacho de cursos superiores, ya lo había cruzado en los pasillos de la facultad alguna que otra vez, él llamaba la atención sobre el resto, es que era de descendencia africana, de piel negra como la noche, esos hombres de nariz pegada al rostro y ancha como ninguna, con unos labios super gruesos y saltones, esas bocas que parecen inflamadas, con pelo motoso que casi se cortaba al ras.
Solo fue casualidad, nos cruzamos en uno de los baños del complejo universitario, el destino nos llevó a orinar lado a lado, y no pude tratar con desesperación de observar su miembro, y mi estúpida calentura me llevó a ser demasiado obvio, entonces él con una sonrisa socarrona me dijo

Que pasa amigo? te gusta?


Os primeiros diasFoi um golpe duro, fiquei todo vermelho, senti pegar fogo, mas ele riu ainda mais forte e me disse que estava tudo bem, que eu não me preocupasse, foi aí que ele se apresentou e começou um diálogo improvisado onde ficava claro quem era a bichinha dos dois.
Daquele primeiro encontro casual, vários outros se seguiram, e o que posso dizer é que as coisas sempre foram claras entre nós: eu era um garoto afeminado e ele sabia quem era, mas isso não pareceu importar.
Entre idas e vindas, entre jogos e provocações, me decidi e o convidei para jantar em casa. Ele sorriu e, ao abrir os lábios, seus dentes grandes e brancos brilharam contrastando com a pele negra dele. Aceitou, para o fim de semana.

Sempre vou lembrar daqueles dias pela excitação com que os vivi. Seria minha primeira vez com um homem e seria a primeira vez que me mostraria como mulher, e eu queria que aquela vez fosse única, pelo menos para mim.

Naquele sábado, preparei um jantar delicioso, mas na verdade me concentrei na sobremesa: eu, eu mesma seria aquela sobremesa.
Me produzi com o maior cuidado, pintei as unhas das mãos e dos pés de azul claro, me olhei no espelho garantindo que não tinha um pelo no corpo. Lembro que coloquei uma gaiola de castidade no meu pau, porque odiava meu pau, e também um plug anal com base de coração de strass vermelho, bem sexy. Vestia um conjuntinho rendado, fio dental, e meia-calça de arrastão acima do joelho, com laço rosa. Coloquei um espartilho apertado, que afinava minha cintura e simulava dar forma aos meus peitos, e uma minissaia plissada bem curtinha, que convidava ao pecado. Arrumei meu cabelo para um lado para exibir uns brincos longos, maquiei meu rosto, e dei mil voltas na frente do espelho, no meio de nervosismo contido. Me via tão mulher como nunca tinha me visto, mas só precisava da opinião de Aníbal: será que ele ia gostar? Ia ficar excitado? Ia me fazer amor? Ou só ia ver em mim um pobre viado reprimido?

Aníbal chegou na hora, abri a porta. e nesses segundos de incerteza senti meu coração galopar como nunca, ele me olhou de cima a baixo, seus olhos ficaram enormes e sem dizer uma palavra me deu um beijo terrível na boca, muito quente, devorando meus lábios enquanto suas mãos inquietas procuravam minhas nádegas por baixo da saia, então eu o afastei pra jogar meu jogo

Devagar... não começa pela sobremesa, primeiro o jantar...

E esse jantar seria só o prelúdio da luxúria, onde o moreno me atacava a cada passo e eu só me esquivava, adorava me sentir seduzida, desejada, mulher...
Comemos com desejo, até sentindo meu pau preso na jaula tentando sem sucesso ter uma ereção.
Tudo era demais, tudo era inevitável, tudo levava à minha primeira vez.

Aníbal cansou dos jogos, e como se fosse uma namorada me levantou nos braços pra me levar pro quarto, e me jogar na cama.
Continuamos nos beijando e inconscientemente minha mão foi pro pau dele, percebi que era enorme, tão grande quanto meus brinquedos e isso me encheu de desejo, mas Aníbal era um homem, forte, musculoso, viril, me pegou à força e me fez ficar de quatro no colchão, levantou minhas saias e começou a lamber minhas nádegas de um jeito muito gostoso, e eu o desejava, então ele pegou a calcinha fio dental e puxou pro lado, e se deparou com duas surpresas, meu pênis minúsculo preso na jaulinha de castidade e o plug anal enterrado no meu esfíncter.
Ele riu de novo porque não esperava, e me deu uma palmada, e outra, e mais uma, me excitava demais, eu o desejava.sexoVoltei a beijá-lo, devorei seus lábios enormes, desci pelo peito dele e no final cheguei no pau dele, era enorme, circuncidado, curvado pra cima, sem dúvida era o oposto do que eu tinha. Masturbei ele com a mão, minha buceta ficou toda molhada de tesão, ele me pegou pela nuca e me convidou pra fazer. Levei meus lábios até a glande dele e mal passei a língua na pontinha, estava encharcado num líquido viscoso, grosso, transparente, de um sabor muito gostoso. Provei um pouco mais e morri de prazer.
Foi minha primeira vez, a primeira que não fiz com meus brinquedos, um pau enorme de carne, pra me engasgar, pra morrer. Chupei ele com capricho, aplicando toda a prática que tive com picas artificiais.
Ele enfiava mais e mais fundo, e eu limitava enrolando minha mão no tronco dele, era tão grande!
Passei minha língua pela glande dele, em círculos, encaixei entre os dentes e a bochecha, beijei as bolas dele e tentei engoli-las por completo, e já não aguentava mais, pedi pra ele me fazer.

Ele me colocou de quatro de novo, tirou minha tanga e também o plug anal, me segurou pelos quadris e uau! centímetro por centímetro enfiou no meu cu, até o fundo, arrancando um grito de prazer. O pau dele era grosso demais, mas meu esfíncter já estava preparado com anos de consolos.
Aníbal estava excitado com o que fazia, sentia a pressão das mãos dele na minha cintura, o jeito que ele se movia e como o pau enorme, comprido e grosso dele me arrebentava toda, arrancando os gemidos de prazer mais loucos que eu podia ter.

"Vadia..." – ele dizia no meio do sexo – "estou fazendo uma buceta no seu cu..."

E isso me excitava, imaginava todo o esfíncter dilatado e não aguentava tanto prazer.
Aníbal então me virou e me levantou no ar, como se eu fosse um papel, ele em pé ao lado da cama, me segurando pelas coxas, eu enrolei as pernas nele e abracei o pescoço dele, ele me deixou cair um pouco e novamente o pau dele entrou no meu rabo.
Ele começou a Mecendo pra cima e pra baixo, olhei pro lado, o espelho na parede me devolveu a imagem de uma mulher, de meia arrastão e salto, que estava sendo comida no ar como o que era: uma puta completa.
Isso me excitou demais, e o roçar do meu pau enjaulado no púbis do meu amante negro só me levou à loucura.
Falei pra ele fazer, pra se mexer com vontade, implorei pra ele encher meu cu de porra.
E ele fez, senti ele vindo, os braços dele ficaram duros como pedra e a testa franziu, apertei com força meu esfíncter dolorido e finalmente ele gozou lá no fundo de mim.

Ele só me largou na cama e caiu exausto do meu lado, beijei ele de novo, fundo, bem fundo, meus dedos inquietos foram pra trás, minha bunda estava toda dilatada e o esperma quente escorria por dentro das minhas nádegas.
Aníbal não dizia nada, só tentava recuperar o fôlego olhando pro teto do quarto, mas eu queria mais.
Me estiquei pra trás, até meu criado-mudo, e procurei entre minhas coisas o maior dos brinquedos, que por sinal tinha o mesmo tamanho da pica que tinha acabado de me comer, e comecei a enfiar ele no cu, bem fundo, me comendo sozinha como tantas vezes fiz, só que o objetivo real agora era provocar meu amante de novo, o que não demorou a acontecer.

Em minutos, ao ver o que eu fazia, a pica do Aníbal ficou enorme, e ele só me deu pra eu chupar de novo. Era tudo muito gostoso, ele acariciava a jaulinha onde meu pau estava, eu masturbava com um brinquedo enorme meu rabo e ao mesmo tempo tinha uma pica gorda e saborosa na boca.
E era demais, até pra mim, que vivia presa numa noite ideal, recebendo estímulos de todos os lados.
Foi estranho, mas meu pau minúsculo, comprimido na jaulinha, de repente começou a jorrar esperma, comecei a sujar tudo, e Aníbal, longe de se incomodar, acariciou com mais ênfase meu próprio pau.
Eu não acreditava na minha sorte e só segui com o que ainda faltava, meu mais fantasia secreta: um homem gozar na minha boca.

Eu o masturbei com todo meu capricho, com toda minha vontade, com minha boca, com minha mão, queria que ele se surpreendesse, e ele entrou no meu jogo, continuei e continuei, até que no final um gosto na minha língua me fez saber que sim, que já era, e vivi aqueles segundos gloriosos em que o orgasmo de um homem parece congelar na glande, quando você sabe que só mais uma lambida vai ser o suficiente pra soltar a explosão, e foi assim, de repente, minha boca encheu de porra, grossa, quente, perfeita, aproveitei a masculinidade dele entre meus dentes e garanti que engoli até a última gota.

Falei pro Aníbal ficar pra dormir, e ele ficou, na manhã seguinte a gente ia se enroscar de novo nos lençóis no meio dos pecados.
No dia seguinte fui pegar uma calça jeans e uma camiseta, e foi quando o Aníbal me disse que na verdade eu era mais gostosa como mulher. Tinha chegado a hora de encarar quem eu era de verdade, publicamente, e embora não tenha sido da noite pro dia, depois de seis meses não tinha mais uma única roupa de homem no meu armário.

E fui com tudo pro meu lado feminino, todo mundo me chamava de Priscila, igual minha mãe, e apostei pesado pra ser o que queria ser.
Com o Aníbal a gente teve vários encontros depois, mas o nosso negócio era só sexo, e uma noite foi demais, a gente tinha se encontrado com uns amigos, eram oito caras, o Aníbal e eu, era só pra curtir uma noite, mas entre bebidas e cigarros a gente acabou num gangbang improvisado onde eu tive que satisfazer nove paus ao mesmo tempo.

A experiência não foi totalmente boa pra mim, era empolgante imaginar, mas não foi tão legal executar, mais de um com uns copos a mais deixaram a homofobia deles aparecer, e que na verdade mais do que curtir uma sexualidade livre, pareciam estar comendo um viado nojento, eles se satisfizeram de tudo, me fizeram dupla e até tripla penetração anal, foi demais e com um pouco de vergonha confesso que acabei no hospital com o cu arrombado.

Mas o que mais me tinha Dolorosa foi a humilhação que Aníbal me fez passar. Esperei que ele estivesse do meu lado, mas entre homens, ele foi só mais um da manada.

Já se passaram doze anos, não sobrou nada do Carlitos, o garoto cheio de complexos de uma vida passada. Hoje em mim vive a Priscila, uma morena gostosa de cabelos longos e cacheados, que se veste bem, que se exibe bem, que cheira bem. Os homens viram a cabeça quando me veem na rua, ao balançar minhas cadeironas, ao se encher com minha cinturinha de pilão, toda provocante, desejando meus peitões siliconados. Adoro provocar usando vestidos super justinhos, com calcinhas fio dental de tirar o fôlego, sempre batendo meus saltões altos, carregando comigo só um par de segredinhos: meu pinto minúsculo trancado pra sempre numa gaiolinha de castidade e um plug anal charmoso em formato de coração, pra dar de presente pra quem pintar uma oportunidade.

Se você curtiu a história, pode me escrever com o título OS PRIMEIROS DIAS para dulces.placeres@live.com

2 comentários - Os primeiros dias

Buen relato de como disfrutaron los dos t van los 10