Segredos Submersos na Água

No dejes de pasar por mi mejor post

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No te vas a arrepentir


SECRETOS BAJO EL AGUA

Las cosas como son, siempre me encantó el sexo, me encantaron las vergas, probé muchas, demasiadas, y puedo decir que para mí 'si' importa el tamaño, y soy una convencida de que aquellas dicen que el tamaño no importa, es porque son unas falsas, o nunca probaron una buena pija.
Por suerte la naturaleza había sido generosa conmigo, buenas tetas, buenas piernas, buenas proporciones y un culo perfecto, envidiable, mi mejor arma. Es cierto, tal vez de rostro no sea muy bonita pero mis curvas de sirena alcanzaban con creces para tener a los hombres a mis pies.
Y en mis días de adolescencia hice demasiadas locuras, siempre me gustó tomarme esas fotos de puta, casi desnuda y subirla a mis perfiles y compartirlas con chicos, me sabía linda y me excitaba que me lo dijeran.
No tenía novios como mis amigas, yo tenía amantes ocasionales y a todos los llamaba por apodos, 'amor', 'bicho', 'corazón' y otros que surgieran, había tantos abejorros tras la reina que solo confundía nombres y solo generaba problemas.

Había pasado los veinte cuando mi reputación distaba demasiado de ser al menos prolija, mujer fácil de llevar a la cama y mi sexualidad estaba en boca de muchos, solteros, casados, divorciados, jóvenes y no tanto, por placer y hasta por dinero.
Pero claro, toda esa vida que llevaba le pagaba de lleno a papá y a mamá, única hija. Ellos sufrían en silencio mi vida indiscreta y no les agradaba saber que su niña era una putita, en especial a papá quien tenía una reputación que mantener, que había conseguido con esfuerzo y dedicación y yo en un abrir y cerrar de ojos la había hecho añicos.
Estaba llegando a los treinta y aún vivía con ellos, solo me gustaba coger y en algún punto todo fue demasiado.

A la vieja usanza, como en otras épocas, mi padre me presentó un 'candidato' como lo llamaba, un tipo de cuarenta años, elegante, con muy buen pasar económico, yo lo veía muy mayor pero el tipo tenía dinero y podría darme la tranquilidad económica a un futuro cercano. Creo que fue como un negocio de partes, mis padres limpiaban el apellido familiar, yo me aseguraba una vida rodeada de billetes, y Andrés, mi futuro esposo se quedaba con una joven que jamás lo hubiera mirado de no ser por el tamaño de sus bolsillos.
Nos casamos, pude sentir la envidia en carne propia, 'no hay puta sin suerte' decían por ahí, pero hice oídos sordos a la chusma del barrio.

Andrés era un tipo de negocios y todo llevó a que me aburriera rápidamente de mi vida marital, ir al gimnasio a hacer pesas y fitness todos los días no era demasiado, quería llenar mi tiempo con algo más, quería hacer algo por mi cuenta, tener mi propia vida y empecé a buscar empleo por medio de viejos conocidos.
Así, golpeando puertas y más puertas llegue a 'Víctor Lewandoski e hijos'
Era una empresa familiar, el viejo Víctor había llegado al país de su Polonia natal y de la nada había hecho un imperio, noté que la estructura de la empresa era muy vertical, el viejo tenía su percepción de las cosas, la mano dura, férrea y la división de poderes y jerarquías.
Los puestos gerenciales estaban en la parte superior, en la planta alta donde podía verse toda la nave de producción, puestos reservados únicamente para la familia, eso era más importante que la capacidad, me sonó muy retro, pero eran las reglas

Cuando yo llegué a la empresa, el viejo ya pasaba los ochenta años y estaba casi retirado, solo muy de vez en cuando iba de visita para asegurarse que todo estuviera bien, al fin y al cabo, esa era 'su' empresa, era 'su' vida. Comprendí con rapidez que sus tres hijos estaban ahora al mando y que el viejo los había criado pensando en el futuro, y admito que el tipo había sido inteligente y visionario y era evidente que esté presente era consecuencia de su obrar en el pasado. Pero, sus tres hijos eran argentinos, otra generación, nunca habían pasado miserias, y obviamente no eran lo mismo, y era evidente que el puesto de secretaria gerencial solo lo había obtenido solo por un tema, por puta.

Pablo, de cuarenta y dos años, el mayor de los tres, ingeniero, ocupaba la oficina del ala izquierda, él manejaba todo el gerenciamiento de la producción, él decía que se hacía y que no se hacía, que máquinas de compraban, cuales se vendían, era quien tenía el ojo puesto en los camiones cargados de productos que salían por el portón este de la planta.
Estaba casado en esos días, pero supe que era su tercera pareja estable, era un tipo parco, discreto y quienes los conocían decían que era el que más se parecía a su padre, receloso y desconfiado por naturaleza.

Marcelo, de cuarenta, usaba la oficina central, su área era recursos humanos, y de la manera en que su hermano mayor manejaba la producción, él manejaba al personal, sueldos, recompensas, despidos, beneficios y toda esa parte del trato persona a persona, él fue quien me contrató y en esos primeros encuentros noté como me miraba y que mi cuerpo le interesaba más que mis palabras. Divorciado y mujeriego incurable, le gustaban todas según decían y no dejaba escapar a ninguna, un hombre peligroso, te envolvía con palabras y si lo dejabas hablar estabas en peligro.

A la derecha, Joaquín, el menor de los tres, casi mi edad, treinta y tres, era el contador, el que llevaba los números, las finanzas, el puente entre sus dos hermanos mayores, y quien en verdad tenía el control de la empresa, siempre vestía impecable, elegante, y era el más llamativo, por su perfil de hombre, por su inteligencia y por ser el único que portaba unos hermosos ojos azules.
Al igual que Marcelo, estaba divorciado, aunque él no cargaba con la fama de 'Don Juan'. Era también el más extrovertido y jocoso de los tres, pero sabía mejor que nadie guardar secretos cuando era conveniente, un lobo con piel de cordero.

Y ahí estaba yo, a un lado, la secretaria gerencial, pronto comprendí cómo funcionaba ese triunvirato y también vi que el viejo Lewandoski había sido un estratega espectacular, sus tres hijos eran su creación, y todo había salido como él lo había imaginado, una maquinaria de tres engranajes que trabajaban en sintonía.


Segredos Submersos na ÁguaMinha vida naqueles dias foi um turbilhão de mudanças, agora eu era uma mulher casada, fiel ao marido, com um emprego decente, aprendendo um monte de coisas novas, atendendo três chefes e conquistando meu espacinho.

Só tinha um problema: no fundo, eu ainda era uma puta reprimida e sentia falta das loucuras do passado. Minha convivência com os três irmãos ficava cada vez mais intrigante e perigosa, especialmente com o Marcelo, que tentava me comer em toda oportunidade que tinha, embora quem me tirasse o sono fosse o Joaquim. De qualquer forma, eu sabia jogar o jogo e sabia como uma mulher deve se vestir pra enlouquecer os homens, sabia como falar, como gesticular, como mexer meu corpo, sabia como bancar a sonsa pra jogar minhas cartas. Era uma expert e sabia como tudo terminaria se eu continuasse provocando.

Geralmente, eu chegava atrasada no trabalho, não conseguia conciliar os horários da academia com os do escritório, e eram regalias que só eu tinha. Nenhum outro funcionário teria tolerado um deslize desses.

E tudo parecia estar bem, mas nem sempre eu compraria meus chefes com sorrisos. Uma manhã, Marcelo me chamou em particular e, pra minha surpresa, descobri que era justamente o Joaquim quem estava levantando a questão. Ele dizia que não estava certo e que estávamos dando um mau exemplo pros outros funcionários. Marcelo me disse que, pra ser sincero, ele não estava errado e propôs a gente discutir um meio-termo.

Foi assim que as coisas se ajeitaram: toda manhã, cedo, eu ia pra academia, de lá pra empresa, podia usar o banheiro da diretoria pra me arrumar, e depois trabalhava. Tinha que ficar depois do expediente pra compensar o tempo perdido de manhã.

As coisas funcionaram. Não ter que voltar pra casa pra tomar banho me fez ganhar mais de uma hora e, honestamente, o banheiro da diretoria era maior que o da minha própria casa, limpavam todo dia e sempre estava perfumado.

E tudo foi se encaminhando pro que tinha que acontecer. É que os três irmãos me viam toda manhã, recém-banhada, perfumada... vestida de forma sexy e notei como um por um me devoravam com o olhar, como as insinuações ficavam cada vez mais evidentes, como tudo se preparava pra me comerem, e sinceramente, eu queria ser comida. Com o Andrés, meu marido, as coisas iam bem, ele não percebia nada, mas eu nunca fui mulher de um homem só, e a falta de pica tava me matando.

Uma manhã como qualquer outra cheguei no escritório, tava calor, eu suada, com uma legging e um top justinho, o Marcelo tava fora da cidade por uns problemas pessoais e o Joaquín não costumava chegar cedo, só o Pablo tava enfiado nos problemas do dia a dia, cumprimentei ele e falei que ia tomar meu banho de sempre, ele levantou a vista e me olhou com cara de lobo, foi o sortudo da vez.
Fui pro banheiro, e disfarçadamente deixei a porta entreaberta, fingindo um descuido meu, me despi, fazia uma semana que meu marido não me comia e eu já não aguentava mais, abri a água morna e deixei escorrer pelo meu rosto, pelo meu corpo, passei shampoo pra lavar meu cabelo, fechei os olhos e me deixei levar com o barulho da água correndo pela minha pele e o vapor que hidratava meus poros.

Quando abri eles de novo, o mais velho dos irmãos tava me encarando da porta, foi uma surpresa, ou nem tanto, não me incomodou nem um pouco ele me ver completamente pelada, pelo contrário, dei um sorriso pra ele, me excitava me sentir desejada, ele só deixou as roupas caírem fechando a porta atrás de si, foi aí que veio a melhor parte, ele tinha uma pica do caralho! igual as que eu gostava! grossa, cabeçuda e cheia de veias!
Ele veio pro meu lado e entrou debaixo d'água, como um polvo se agarrou nos meus peitos, na minha bunda e me beijou fundo, me deixei levar, o Pablo me devorava de beijos e o melhor de tudo foi sentir de novo aquela sensação de liberdade, de puta, de qualquer uma, me libertar das correntes da fidelidade que me sufocavam, voltar a ser eu mesma.

Quando o Pablo insinuou que eu era uma puta, que eu deixava ele louco e queria que eu chupasse ele, não me incomodou, pelo contrário, foi um elogio.
Caí de joelhos, o pau dele estava enorme, apetitoso, comecei a chupar com prazer, muito gostoso, muito quente, ele me olhava de cima e eu tentava devolver o olhar, mas as gotas de chuva batiam no meu rosto.
Era tudo muito quente, o pau enorme dele enchia minha boca pequena, a cabeça era macia e fofa, eu tava ficando louca de prazer e comecei a masturbar minha buceta debaixo d'água, ele me chamava de puta e isso me desmontava, é que eu me sentia tão puta, tão viva.
Pablo de repente tirou o pau da minha boca e manteve minha cabeça a uma distância segura, eu sabia o que ia fazer, ele só se masturbou com força e o esperma quente jorrou no meu rosto, um jato, outro, e mais um, tive que fechar os olhos porque o gozo entrou neles e eu só comecei a rir porque ele não parava de gozar na minha cara, mais e mais, até não sobrar nada.

Pablo tinha lambuzado meu rosto inteiro de porra, até o cabelo, a água continuava batendo e fazendo uma meleca, eu não conseguia abrir os olhos, e me senti muito puta por deixar ele fazer o que queria.
Quando consegui me recuperar e lavar o rosto com sabão, vi que Pablo já estava em outra, terminava de se secar e voltava a ser o chefe, me irritou um pouco, porque eu tava quente e queria pau, mas entendi como as coisas funcionavam.
Naquela noite, descontou no meu marido, só o Andrés estava lá e não hesitei em aproveitar a oportunidade.

Ia ter um antes e um depois, cada vez que Pablo me olhava, eu lembrava do que tinha acontecido debaixo d'água, e se antes esses olhares eram sugestivos, agora queimavam.
Mal tinha passado uma semana, dessa vez fui pega de surpresa porque a porta estava fechada, Marcelo procurou o que o irmão dele tinha encontrado, com certeza Pablo tinha aberto a boca e Marcelo era um predador que sentia o cheiro da presa com muita facilidade.
Quando vi ele, respondi com a mesma cara de puta que tinha dado respondi ao meu irmão e deixei que ele enchesse a vista com meu corpo nu enquanto a água com sabão escorria pela minha pele.

Ele também se despiu e eu vi que ele tinha uma pica enorme, dá pra ver que os irmãos vieram bem feitos de fábrica.
Marcelo escolheu outro caminho, não falou muito, só tinha vindo pegar a parte dele, me fez virar e apoiar as mãos na parede, botar a bunda pra fora apontando pro lado dele, só meteu tudo de uma vez me arrancando um grito, é que ele era grande demais, até pra mim.

Começou a me comer, cada vez mais, e a cada estocada me fazia ficar na ponta dos pés, me matava, e mesmo sem querer, meus gemidos viraram gritos abafados.
Minhas mãos tentavam em vão se agarrar nos azulejos enquanto ele me comia sem controle, me dava muito prazer enfiando fundo na minha buceta, senti vontade de que ele me enchesse de porra, coisa que não demorou a acontecer, senti ele explodir dentro de mim e foi um sufoco de prazer.

Quando terminou, igual ao irmão, não deu muita atenção pra mim, era óbvio que eu era só 'buraco pra saciar o prazer deles' e não me incomodou nem um pouco, porque no fundo pra mim era a mesma coisa, só me importava meu prazer, me sentir uma puta e bem comida, me sentir desejada, me sentir irresistível, eles eram 'paus com olhos', nada mais.

Lembro que quando Marcelo me deixou sozinha, minhas pernas ainda tremiam e eu sentei no chão, debaixo da água morna me masturbei como uma adolescente, enfiando meus dedos fundo na minha boceta, com a excitação que me dava ter a porra dele ainda quente dentro de mim.

Os dias foram passando, e só me restava um objetivo, Joaquín, o caçula dos irmãos, o que eu mais gostava e que ainda não conseguia seduzir.
Uma manhã eu apostei todas as fichas no vencedor, tinha vestido uma saia branca bem curtinha, curta demais, deixava minhas coxas de fora, grudava de um jeito que minha bunda ficava muito chamativa, até marcando de forma perversa a calcinha fio dental minúscula que eu tinha posto de propósito.
Se Bem, aquele dia tava meio complicado com os trampos, consegui brincar de puta e rato com os três irmãos, era nítido como me olhavam, sabia que tava fazendo eles endurecerem a pica e que queriam me esmagar contra uma parede, ria por dentro, era meu jogo e eu adorava jogar.
Mesmo assim, as horas passavam, e os problemas do dia a dia deixavam meus chefes ocupados, em algum momento, Joaquín veio até mim por uns papéis e, como quem não quer nada, joguei no ar:

"Andrés não tá na cidade há uns dias, a abstinência tá me matando, tô com uma vontade doida..."

No fim do dia, parecia que eu ia me resignar, sentia que tanto preparativo e indireta iam cair no vazio, tava com a calcinha encharcada, a buceta fervendo de tanto imaginar situações que não iam rolar, no meio do tesão e da frustração, Joaquín me chamou no escritório dele.
Entrei, ele tava sentado na mesa dele, mas não consegui fechar a porta, Marcelo tava atrás de mim e fechou por mim, não consegui ver ele e fiquei surpresa.

Eles deixaram bem claro o quão puta eu era, e falaram que iam me dar o que eu merecia.

Joaquín mandou eu chegar perto dele, onde ele tava sentado, enquanto Marcelo ficou encostado na porta de carvalho. Me mexi rebolando as cadeiras, falei de forma provocante que tava toda arreganhada e que precisava de pica.
O mais novo dos irmãos fez eu deitar o peito na mesa dele, minha bunda virada pro lado dele, senti ele levantar a saia e afastar a calcinha, me arrepiei quando os dedos dele invadiram minha buceta abrindo o caminho pro que eu finalmente queria, a pica dele.

Ele só começou a me comer com força, fundo, bem fundo, me fazendo sentir "o grande homem que ele era", meu olhar ia pro outro lado, pra porta, onde Marcelo observava o que tava rolando, era muito quente, adorava o papel dele de observador, adorava ser olhada enquanto eu dava e a pica que eu recebia por trás me enlouquecia. Agarrei uns papéis que tavam na mesa com força, já não aguentava mais, não aguentava. mantendo contato visual com o irmão do meio, só me deixei levar e aproveitei os orgasmos que começaram a vir um atrás do outro.
Me perdi no tempo e no espaço, Joaquín me colocou na frente dele e me beijou com força, me levantou no ar pelas coxas, eu me agarrei no pescoço dele com os braços e ele me deixou cair para me penetrar de novo, meu Deus, era enorme e doía lá no fundo, eu tentava evitar, mas ele, uma e outra vez, aproveitando meu próprio peso, me deixava cair e me arrebentava toda, eu gritava de dor, mas uma dor tão doce que me enlouquecia, implorava pra ele não parar de me foder, que eu queria aquilo, que amava o pauzão dele, que era a putinha dele e faria qualquer coisa.
Nesse turbilhão de luxúria, perdi Marcelo de vista, e foi o próprio irmão dele que me fez notar que ele estava me esperando pelado com o pau duro, meio sentado apoiado na escrivaninha.
Joaquín me levou até ele, fiquei de costas e entendi o jogo, me deixaram cair devagar pra ele meter no meu cu, uau! doeu, mas era um prazer duplo, um irmão na frente, outro atrás, presa entre esses dois safados, com as mãos deles percorrendo minha pele, meus peitos, passando de um pro outro, entregue, arrebentada, me lembrei dos meus tempos de adolescente quando adorava fazer essas loucuras com os caras do bairro.
É que eu ficava muito excitada com dupla penetração, ser o centro do sanduíche, sentir como me enchiam toda e, justamente, dobrar meu próprio prazer.
Quando se saciaram de me comer dos dois lados, me deixaram ir pro chão, um pau em cada mão, pra masturbá-los e chupá-los, um, depois o outro, saber que esses caras iam gozar na minha boca logo me excitava demais e eu queria me tocar no clitóris pra continuar tendo orgasmos. Joaquín gozou primeiro, sabia que ele queria ver como eu fazia, mas fui egoísta, só queria chupar ele e engolir todo o leite dele, e foi o que fiz, o amargor invadiu minha garganta e o néctar quente me encheu de prazer. Depois foi a vez do Marcelo, mesma história, só que sim, já um pouco mais relaxada, só abri minha boca pra ele terminar o serviço e eles saciarem a vista, o sêmen dele foi enchendo minha língua devagar enquanto eu via o prazer nos olhos deles e, aos poucos, deixava o gozo escorrer pela minha boca e garganta.

As coisas iam mudar no futuro, de secretária virei a putinha dos irmãos Lewandoski, tudo parecia sair do controle, me comiam de dois, às vezes a gente tomava banho os quatro juntos e eu passava de mão em mão, irmão por irmão, às vezes só ia de escritório em escritório, um atrás do outro, e em algum momento tudo foi demais.

Marcelo acabou sendo o pior dos três, um sádico amante do sexo anal, ele só me chamava pra meter no meu cu e eu não conseguia me afastar daquela droga toda, adorava agradar eles, deixar eles fazerem o que quisessem comigo.

Chegava em casa destruída, não aguentava os três, minha buceta doía tanto e meu cu tava tão dilatado que até me dava vergonha transar com meu próprio marido, já não sentia mais desejo por ele, só queria descansar.

As coisas foram desandando, os rumores, as fofocas, não conseguir manter a boca fechada, de um lado, de outro, os privilégios da secretária, os horários, era um segredo de polichinelo o que rolava, todo mundo comentava na empresa e, embora ninguém pudesse provar, todos me viam como a putinha do lugar, todo mundo sabia.

Os rumores chegaram aos ouvidos da esposa do Pablo, o mais velho, ela me esperou uma tarde e me confrontou, fazendo um escândalo que só atrapalhou e apressou as coisas.

Também chegaram os rumores aos ouvidos do velho Victor, que apesar da idade ainda mantinha um certo controle sobre a empresa, e seu autoritarismo colocava o respeito à figura paterna acima de tudo. Ele resolveu a situação à força com os três filhos, com mão de ferro teve que dar uma bronca neles como se ainda fossem crianças.

A situação me custou o emprego pra começar, e o casamento com André pra terminar, pra ser sincera, minha A situação de casal com ele era uma mentira, só foi um estado de conveniência que meu pai bolou um dia pra ninguém ver a filha dele como o que ela sempre foi: uma puta qualquer.

Hoje o tempo passou, não soube mais dos meus chefes e amantes, especialmente o Marcelo me ligou várias vezes 'pra gente se divertir', mas eu já tinha fechado essa fase da minha vida, a gente só troca ideia de vez em quando. Meu ex refez a vida com uma mulher que descobri ser amante dele nos nossos dias juntos, e sou o que sempre quis ser: juntei uma grana boa e prefiro viver na solitude, amando uns cacos de ocasião, sem amarras, sem compromisso.

Se você curtiu a história, pode me escrever com o título SEGREDOS DEBAIXO D'ÁGUA para doces.prazeres@live.com

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