Encontros Proibidos

No dejes de pasar por mi mejor post

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No te vas a arrepentir!


ENCUENTROS PROHIBIDOS

Esta historia data de algunos años ya, pero el recuerdo estará por siempre presente, tal vez porque apenas tenía diecisiete años, o por el hecho de que no tenía casi experiencia en el sexo, quizás porque ella era mayor que yo, con experiencia, por hacerme conocer demasiado en poco tiempo, o porque ella no era una mujer más y existieron 'demasiados prohibidos' es ese par de días. O simplemente, porque fuera mi primera vez...

La familia por parte de mi papá, siempre había sida bastante acaudalada, él había incursionado por muchos negocios y la plata trajo más plata, un par de empresas de agro industria, cooperativa de semillas y varias hectáreas de cultivos que en general arrendaba a terceros.
Mi padre, es el mayor de tres hermanos, y el único interesado en seguir los pasos de mi abuelo, el que trabajaba en los negocios codo a codo y quien evidentemente sería el que tomaría las riendas en un futuro.

Le seguía mi tía, apenas un par de años menor, pero a ella jamás le había interesado nada de esto, es más, se había casado muy joven cuando yo era pequeño, con un tipo de mucha plata, del viejo mundo y hacía años que se había mudado a Europa, a Italia. Para nosotros era poco más que un recuerdo, casi habíamos perdido todo contacto con ella, y solo sabía por las cosas que muy de vez en cuando mis padres o mis abuelos narraban.
Fabio era el menor de los tres, el más joven, había nacido doce años después a mi tía, 'el bala perdida' lo llamaban, tanto por la forma no buscada en la que había sido concebido como por su estilo de vida

El tío Fabio era un loco lindo, él vivía despreocupado del mundo, había hecho su propia fortuna por su lado, él amaba los camiones, había empezado como un simple chofer y con la ayuda de mi abuelo pudo comprar el primer semi, y luego tuvo dos, y tres y formó su propia empresa y aunque era el dueño, el seguía sacándose cada tanto su gusto por manejar y solo perderse en cualquier punto del país. Siempre con su fama de Don Juan a cuestas, siempre se rumoreaba por lo bajo que el tío Fabio tenía una novia en cada pueblo, y ese punto, combinado a que se ausentaba demasiado de su casa en interminables viajes, seguramente le valió su primer matrimonio, su mujer sencillamente se hartó de la soledad y de los desplantes y todo se terminó en un portazo.

Poco después llegaría a nuestra gran familia su nueva novia y futura esposa, Corina. Ella era una mujer muy bonita que en mi plena adolescencia me quitó el sueño y fue culpable de mis secretas masturbaciones. Es que, si bien era cierto que ella era mi tía, la verdad es que tampoco nos unían lazos de sangre, y que las diferencias de años entre mi papá y mi tío provocaron que teniendo yo diecisiete tuviera una tía con apenas treinta y uno, y una tía demasiado bonita e interesante, pero claro, era la esposa de mi tío, toda una situación compleja.

Corina... Corina era esa chica que en un boliche todos los chicos hubieran volteado a mirar, esa que yo mismo hubiera invitado a bailar, adivinando por adelantado su negativa, por ser joven, pero qué diablos, solo el intento hubiera valido la pena, Corina era esa chica que hubiera podido ser mi profesora de secundaria, a quien yo le hubiera observado su trasero respingón mientras escribía en la pizarra, Corina era esa chica que en una playa hubiera sido centro de atención, dueña de todas las miradas, Corina solo hubiera sido esa mujer objeto de mis deseos, espectacular, inalcanzable, pero claro, en esta vida, ella solo era mi mía, la mujer del hermano de papá, sin embargo, en mi intimidad, en mis pensamientos, a solas, hacíamos el amor de una manera única.

Ella era más alta que la media de las chicas, espigada, de largos cabellos lacios que llegaban casi a su cola, castaña de nacimiento, pero ella lo aclaraba a un rubio discreto, recuerdo sus ojos hermosos, grandes, redondos, azules como el mar, de mirada inquieta y de esconder secretos, sus labios eran un poema, parecían dibujados a mano, de pechos pequeños, y casualmente a mí me atraían ese tipo de chicas, con una cola grande, redonda y maciza que sin dudas era imposible no mirar.
Y cada vez que la veía, en silencio, estaba atento a todos los detalles, su forma de caminar, de vestir, de hablar, sus gustos, su interés por la fotografía, porque, aunque había estudiado de radióloga, nunca había ejercido, y por el contrario pasaba mucho tiempo en exposiciones con su hobby.

Mediados de marzo, mis padres hablaban en voz baja, se trataba de una reunión en uno de los campos de mi abuelo, sabía que estaba pasando por una enfermedad terminal y no tenía mucho tiempo por delante, él quería dejar todo en orden, yo prestaba relativa atención a sus palabras, puesto que no sería de mi interés asistir, hasta que escuché a mamá mencionar que deberían pasar por Corina.
Fue cuando cambié de opinión, cosa que extrañó a mis padres, un chico adolescente, solo, en medio del campo, en una reunión familia, si es que yo tenía mi grupo de amigos en la ciudad y nunca quería ir con ellos en esos viajes. Solo disimulé la situación y puse como excusa que no sabía cuántas veces más podría ver al abuelo con vida, y si bien soné convincente, en verdad el motivo era otro, el tío Fabio estaba perdido con su camión en algún pueblo y yo solo quería estar cerca de esa mujer

El viaje fue normal, a excepción que después de rogar y rogar, logré que papá me dejara manejar un trayecto, visto en retrospectiva una auténtica locura, yo era menor de edad y no tenía aun licencia para conducir, pero yo necesitaba impresionarle, que ella viera cuan mayor era y que nuestra diferencia de edades no se sintieran importantes, pero mi tía estaba en otra cosa, creo que ella ni notó lo que yo intentaba que notara.
Llegamos sábado medio día, saludamos a mis abuelos quienes nos esperaban con un rico almuerzo, recuerdo que la imagen de mi abuelo era triste, se veía muy desmejorado y a pesar de todo el parecía sacar ganas de cualquier lado para seguir adelante.

Pero yo solo me llenaba la vista con las cuervas de mi tía, no podía evitarlo y hasta podía ser obscena la manera en que evidenciaba mi interés por ella, más de una vez nuestras miradas se cruzaban y podía sentir electricidad en mi cuerpo, si es que ella notaba que la desnudaba con la mirada.
Y noté en esas horas la congoja de esa mujer, la sentí quejarse de mi tío Fabio, que su matrimonio era una farsa, que estaba siempre sola y no sé cuántas cosas más que dejaban muy en claro que había un final cercano en esa relación, era todo muy confuso.

Todo empezaría esa misma tarde, mi familia estaba en medio de discusiones y decisiones de negocios que poco me interesaban, así que no teniendo nada mejor que hacer salí a caminar un poco, y fui derecho al establo donde estaban los caballos, siempre me encantaron esos animales, su porte, su presencia, su fidelidad, la perfección de sus formas, solía pasar horas solo pasando mis manos por su cuello, por su cabeza, acariciando sus crines, pero esta vez tendría un encuentro inesperado.
Corina estaba ahí, fue casualidad, ella estaba con su cámara tomando fotografías de los animales y solo empezamos a charlar y solo observarla mi corazón empezaba a galopar, como los ejemplares que tanto admiraba.

Ella me propuso modelar para ella, combinando mi imagen con algún ejemplar de fondo, solo empezó a disparar, me dijo que le gustaba mi sonrisa y acarició mis cabellos a un lado, para limpiar mi rostro y solo yo no podía, ya no podía, de pronto ella empezó a reírse un tanto contenida, yo no supe el motivo hasta que ella me señaló uno de los equinos, estaba con la verga colgando casi llegando al piso y todo se hizo muy loco, entre risas y deseos contenidos y en pocos segundos yo estaba igual que el animal, traté de evitarlo pero fue imposible, me dio vergüenza pero creo que mi tía en el fondo tenía todo bajo control.


Encontros ProibidosEla largou a câmera de lado, arrumou meu cabelo de novo, olhando fundo nos meus olhos, passou a mão na minha bochecha, não disse nada, nem uma palavra, só se ajoelhou no feno. Eu tava morrendo de tesão e de vergonha, mas a Corina baixou minha calça e minha cueca, meu pau duro saltou igual mola. Ela pegou ele com as mãos, começou a acariciar, a masturbar, beijou ele, senti um gostinho delicioso, meteu na boca dela, fundo, uma vez e outra vez.

Tava perdido, ainda sem acreditar que era real, olhava pra ela e ela me olhava, brincava com meu pau, com a saliva dela, com as mãos dela. Entendi que ela tava se esforçando pra eu ver a combinação perfeita entre os lábios dela e meu sexo, entre a língua dela e minha glande. Percebi que ela ficava excitada com meu prazer, notei que ela não queria só chupar, mas também que eu visse como ela fazia.

Era demais, só tinha estado com alguma garota nos meus sonhos, e nessa primeira vez tive a sorte de estar com uma mulher perfeita. Senti que ia gozar, avisei ela, não dava pra segurar, não aguentei mais o olhar, fechei os olhos bem forte e gozei com muita força. O sêmen pareceu jorrar lá do fundo das minhas entranhas, e eu perdi o controle dos meus atos.

Quando abri os olhos de novo, me deparei com o rosto da minha tia cheio de porra, os lábios, a língua, até os olhos, as mãos, tava uma bagunça. Fiquei sem graça com a situação, me afastei rápido e só guardei meu pau debaixo da roupa.

— Desculpa, desculpa, eu... foi mal... — me desculpei sem nexo, lembrando quem ela era, lembrando do meu tio.

— Tá tudo bem, bobinho, isso vai ser segredo nosso, fica tranquilo... — respondeu enquanto saboreava os restos de sêmen que ainda estavam na pele dela, chupando os dedos igual uma criança gulosa.

O tempo passou, era hora de voltar.

De noite, durante o jantar, os olhares trocados com a Corina foram diferentes, aquela cumplicidade, aqueles pecados escondidos, o segredo que meus pais nunca iam saber, nem meus avós, e muito menos meu tio Fabio. É que... Na minha cabeça, os sentimentos eram confusos: era minha tia, família, mas também era uma mulher espetacular que tinha me dado o primeiro boquete da minha vida.
À noite, sozinho no meu quarto, nas minhas fantasias ela realizou todos os meus desejos mais loucos e eu bati duas punhetas antes de cair no sono.

No domingo, amanheceu nublado, fresco e com uma garoa chata que só nos deixou perto da lareira, relembrando parte das nossas histórias. Minha tia estava com um longo roupão preto e umas pantufas de coelho, de cara limpa, sem produção, bem longe daquela mulher fatal que eu tinha imaginado na noite anterior.

Almoçamos, o tempo tinha melhorado um pouco e um sol fraco já dava vontade de sair. Sabendo que meus pais tinham assuntos pra resolver, fiz uma das coisas que mais gostava: peguei um dos cavalos e fui percorrer as estradas sem fim, entre plantações coloridas, sentindo só o silêncio do nada, cortado de vez em quando por algum quero-quero gritando na minha passagem.

Eram quase três da tarde quando minha paz foi interrompida pelo toque raivoso do meu celular. Do outro lado, minha tia falou, perguntou onde eu estava com uma voz muito sedutora, a mesma voz da tarde anterior. Disse também que estava sozinha, entediada, em casa, e que não tinha nada pra fazer, que todos tinham ido embora e que não sabia o que fazer...

Acho que quase matei o pobre cavalo de tanto galope que fiz ele pegar. Era a oportunidade da minha vida, e eu não ia deixar passar.

Cheguei, engoli seco e me controlei. Deixei minhas pulsações se normalizarem, pelo menos um pouco. Subi devagar pela escada até o andar de cima, me aproximei do quarto dela e a porta estava entreaberta. A luz do sol, que já estava forte, iluminava todo o quarto. Como um tarado, espiei lá dentro. Corina estava em cima da cama, deitada, com as pernas abertas, uma calcinha fio-dental listrada e uma das mãos perdida no meio. Com a outra, acariciava os peitos que pareciam presos debaixo... Um top justinho, o rosto dela de lado deixava ver a perfeição das suas linhas e gemidos contidos enchiam o quarto.

Entrei sem hesitar, com a atrapalhação de iniciante, tropeçando nas minhas próprias roupas na pressa de me despir. Ela esboçou um sorriso e cheguei nos lábios dela, beijei com um beijo profundo, tão profundo quanto pude e senti ela se derreter na minha boca e por alguns segundos tive o controle da situação, rocei a pele dela com a ponta dos meus dedos e no meu turbilhão de adolescente tive que frear a marcha, tive que entender em segundos que tava indo rápido demais e ela me ensinou o que fazer, como fazer.

Ela sussurrou no meu ouvido que eu devia retribuir o favor, que tava em dívida e que só precisava terminar o trabalho que ela já tinha começado, passei rápido pelos peitos dela, apertei com força como se fossem duas bolas, mas ela me fez notar que não era assim, que fosse suave, que tratasse eles como dois botões de algodão.

Me perdi entre as pernas dela, pela primeira vez tinha uma buceta de mulher na minha frente e com honestidade, essa primeira vez me deu um pouco de impressão, a ppk dela só escorria sucos sem parar e tava molhado tudo ao redor, fechei meus olhos e mergulhei no meio e descobri o sabor de mulher dela, encontrei o clitóris e senti ela vibrar como cordas de violão, ela acompanhou as carícias da minha língua com a mão esfregando o púbis, e senti ela se contorcer de prazer com contrações rítmicas enquanto o punho livre apertava com força os lençóis.

Hoje, vendo em retrospecto, sei que ela gozou por causa da mão dela e do calor acumulado, mas naquele momento tava satisfeito com meu sexo oral de principiante e inexperiente.

E só tinha chegado o momento, finalmente tinha chegado...

Ela tomou a iniciativa, e na verdade queria que fizesse isso, só me deitou de barriga pra cima pra vir por cima de mim, pegou meu pau duro entre os dedos e se deixou cair sobre ele, senti ela entrar toda e a sensação foi indescritível, meus olhos se Encheram com suas curvas e seus peitos pareciam provocantes sob aquela blusinha pequena, começou a se mexer pra cima e pra baixo, ela pegou minhas mãos e colocou nas bundas dela
Me excita que acariciem minha bunda, você gosta do meu rabo? — perguntou ela num tom que nem precisava responder
Minhas mãos foram então pros glúteos enormes dela e me excitava puxar com discrição a pequena tanga que ela ainda vestia, ela pegou meus dedos e disse

Vai, coração, com confiança...

Corina os aproximou do esfíncter dela e me excitou demais perceber que com os fluidos da buceta dela, minhas falanges dos dedos indicador e médio se perderam com relativa facilidade no cu dela, e na minha mente não conseguia separar a ambiguidade psicológica de que aquela puta terrível era a mulher do meu tio.
Ela não parava de se mexer, a mão dela tinha se perdido entre a ppk dela e a minha e ela se acariciava com tanto frenesi que parecia que ia arrancar o clitóris. Os gemidos dela chegaram aos meus ouvidos e, evidentemente, com dezessete anos, eu só gozei tudo na profundidade da buceta dela.
Ela continuava rebolando como uma égua selvagem, entendi que ela ainda não tinha gozado e que talvez eu tinha ido rápido demais.

Só saí de onde estava, meu pau continuava duro como pedra, fiquei atrás dela, ela tava de quatro e os quadris dela me pareceram grandes demais, provocantes demais, meu olhar se perdeu entre os jogos geométricos entre a bunda dela e a tanga minúscula, o esfíncter dela parecia me provocar e me atraía como um ímã, só tentei a sorte sem saber a reação da Corina, mas não teve resistência da parte dela, pra minha alegria entrou completo, agora por trás, só ela, de um jeito bem puta e sedutora, ensaiou um reclame

Uau Leo! Que sobrinho degenerado e perverso eu tinha! Não imaginava!

Só comecei a me mexer de novo, até o fundo, segurando ela pela cintura, uma das mãos dela esfregava de novo a buceta dela e senti as unhas dela chegarem uma e outra vez nas minhas bolas, o rosto dela de lado contra a cama me deixava ver as feições de uma mulher gostosa se acabando de prazer, com a boca entreaberta ofegando, os olhos fechados e a testa franzida, e dessa vez eu só aguentei até ela gozar que nem uma caldeira explodindo, e depois ela só me deixou terminar dentro dela.

Chegou a hora de refletir, me joguei no colchão, todo suado e ofegante, olhando pro teto, ela veio pra perto de mim ajeitando a calcinha sobre a buceta que ainda escorria todo meu gozo.

— Gostou? — perguntou, já sabendo a resposta.

A gente encerrou o jogo, estávamos caminhando na beira do abismo, já tava tarde e era óbvio que o resto da família ia chegar a qualquer hora, fui tomar um banho e deixei a água morna escorrer pela minha cabeça pra acalmar o calor que tava dentro de mim e concluí que um monte de perguntas sem resposta me atacavam.

Jantamos antes de voltar, e nessa janta eu tive que evitar olhar pra ela, não conseguia encarar ela sem ficar vermelho que nem um tomate.
Voltamos, só deixamos ela na porta da casa dela, com um beijo na bochecha e um 'tchau, tia'.
O mais louco é que dias depois fui na casa dela, não conseguia evitar, meu tio ainda não tinha voltado e eu não perdi a chance, a gente transou de novo, e de novo, e mais uma vez...

Por uns três meses fomos amantes secretos, donos de encontros proibidos, sem a família desconfiar, escondido do meu tio, e em cada viagem dele eu cuidava de satisfazer a esposa dele.
Só teve uma diferença pequena entre nós, na minha juventude eu idealizei um amor platônico com a Corina, uma história de Romeu e Julieta, mas pra Corina, uma mulher de trinta, experiente, eu era só um guri bonzinho, com toda a força da juventude e virilidade suficiente pra dar o que o marido dela não dava.
Ela tava numa sintonia diferente, e as preocupações dela eram com o fracasso óbvio do casamento.

Não me surpreendeu saber que eles terminaram a vida de casal, mas doeu que nem uma faca fria assumir que, ao cortar com ele, tava cortando com toda a família, até comigo.
E simplesmente sumiu da minha vida feito areia escorrendo entre os dedos, só tive que me acostumar, tive que aceitar, virar a página e seguir meu caminho.

Chegaram novas minas, outras mulheres, um novo love, meu casamento, meus filhos.
Minha tia Corina só se perdeu na vida, nunca mais soube dela, não tenho mais contatos, mas como vocês devem ter notado, guardo a melhor das lembranças, foi minha primeira vez.

Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título ENCONTROS PROIBIDOS para dulces.placeres@live.com

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