Mariquita, o começo

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No te vas a arrepentir!



MARIQUITA, EL INICIO


Para entender mi presente, hay que conocer mi pasado, y de eso se trata mi historia, como fue mi vida y como fue mi primera vez

Mis padres profesan la religión testigos de Jehová, y eso fue lo que me marcó desde que tuve conciencia de mi existencia.
Hija menor, y única mujer entre cuatro hermanos, siempre fui la niña mimada de papá y la hermanita celada por los mayores.
Papá trabajaba en un frigorífico despostando carne, en esos días no había tanta tecnología y todos los cortes vacunos se hacían a mano.
Siempre recordaré los atardeceres cuando caía el sol, él llegaba con un olor horrible impregnado en sus ropas, podía adivinar su llegada antes que tocara la puerta.
Esa era su vida y así ponía el pan sobre la mesa.

Pero los domingos era diferente, se transformaba, papá es un hombre de gran contextura y usa unos bigotes afilados pasados de época, solía mirarlo como se los acomodaba pacientemente, como se ponía su impecable camisa blanca y su corbata negra, perfecto, se perfumaba y solo salíamos de puerta en puerta a predicar la palabra del Señor.
Salíamos con otras familias y los hombres solían ir por su lado, él iba con mis tres hermanos, tan impecables como él, a mí me tocaba acompañar a mamá y las otras chicas, todas con polleras largas casi hasta el piso, aunque fuéramos pequeñas.
Y vivimos miles de historias y tengo miles de anécdotas.

A los quince años ya era toda una señorita, recuerdo que mamá me compraba ropas holgadas para disimular mis pechos y mis caderas, puesto que ya era bastante llamativa en comparación con las chicas de mi edad y papá se mostraba especialmente celoso por su pequeña.
Francisco era uno de los tantos chicos del culto, a quien conocía de peque, apenas un año mayor, pero en esos días de juventud, con la excusa de la amistad con mis hermanos él empezó a visitarme casi a diario y pronto se hizo evidente cuales eran sus intenciones.
Papá estaba feliz con Francisco, un chico educado, trabajador, estudioso, y lo más importante, también era testigo.

Aun no cumplía los diecisiete cuando contrajimos matrimonio, había sido mi único novio y como correspondía habíamos llegado vírgenes a nuestra noche de bodas.
Empezamos nuestra convivencia y dos años más tarde le surgió una oportunidad laboral en otro sitio, muy al norte, a unos quinientos quilómetros de distancia de nuestro hogar.
Salvo la distancia, todo era perfecto, y partimos con nuestras ilusiones.

Empezamos nuestra nueva vida y las cosas cambiarían rápidamente, Francisco cambiaría, los aires del norte parecieron afectarle, se mostró distante, reacio, empezamos a discutir por pavadas y empezaron las críticas sobre nuestra sexualidad, me tildaba de 'desabrida' puesto que yo no lo complacía como él deseaba, empezó a renegar de Jehová y ya no quiso salir a predicar y todo se fue convirtiendo en una imparable bola de nieve.
Yo no podía, o no quería entender que sucedía, seguro el entorno laboral, había empezado a salir con amigos y a regresar tarde, con olor a alcohol.
Tenía veintidós recién cumplidos cunado el me dejó por otra, solo me dijo 'que ya no me amaba y a la mierda con la puta religión, que había encontrado una verdadera mujer', Francisco preparó su maleta, cerró la puerta y jamás lo volví a ver.

Me quedé sola en un lugar lejano, la primera opción era volver a mi tierra, pero eso implicaba estar otra vez bajo el ala de papá, y en ese momento yo estaba muy molesta, sentía que toda mi vida había sido una farsa, que mi Dios me había fallado y ya no quería más de lo mismo, basta de tratar de convencer a las demás personas de algo que yo misma ya no creía.
Me decidí por la segunda opción, borrón y cuenta nueva, a empezar de nuevo, una segunda oportunidad.
También tuve que asumir una cosa, acostumbrada a que papá o Francisco trajeran el dinero a casa, al igual que mamá solo había aprendido a ser ama de casa, siempre de la puerta hacia adentro.

Empecé a buscar alguna carrera para estudiar, de corto alcance para tener alguna salida laboral, pero también debía ganarme unas monedas para mantenerme. Así fue que hice lo que mejor sabía hacer, personal doméstico, encontré algunas oportunidades casuales y entre ellas conocería a mi mentor, Agustín Pagliero.
Agustín era un tipo que pisaba los cincuenta, bien conservado, con algunas canas que ya marcaban su edad, un bohemio, mujeriego, jamás había tenido una pareja estable, decía que con tantas mujeres bonitas no veía el motivo para atarse a ninguna. Era un busca vidas, se levantaba a media mañana y se iba al café de la esquina, 'a buscar pichones' como el mismo decía, solo buscaba personas inocentes para hacer negocios y era muy hábil en ello.
Yo iba dos o tres veces por semana a ordenar su desorden, era un tipo muy desprolijo y el solía observarme como yo hacía los quehaceres, decía que tanta pulcritud le crispaban los nervios.

Pero esa convivencia laboral y las charlas de por medio nos llevó a conocernos, y como yo conocí su vida, él supo todo sobre la mía, yo le mencionaba de lo desordenado que era y él me mencionaba sobre culo que tenía, yo le preguntaba por su anciana madre y el me preguntaba cómo era en la cama, yo observaba los cuadros que pintaba y el me observaba las tetas, le hablaba de Jehová y él me hablaba de lo puta que me haría.

Así fueron esos días y el empezó a meterme en la cabeza sus ideas, que él tenía verga, y que las mujeres estábamos diseñadas para complacerlos, era nuestro único objetivo, ser mariquita sumisa, a voluntad de un buen macho, para satisfacer todos sus deseos, sin reparos, sin protestas.
Me dijo que el me haría una buena mariquita y solo me preparó para hacerme a su medida. No fue de un día para el otro, pero llegó el momento en que Agustín se había apoderado de lo más peligroso que podía apoderarse, de mi voluntad, porque llegó la noche en que yo ya no tenía poder de decisión sobre mí misma, yo haría lo que él quisiera que hiciese.
Aclaro que mi transformación no fue un abrir y cerrar de ojos, ocurrió paso a paso, pero cuando había llegado el momento, yo era otra mujer y él lo había hecho posible.

Fui temprano a su casa, según me lo había indicado, sería una noche de paseo, cine y cena, según me había adelantado, solo que yo sería su mariquita obediente y mi única satisfacción sería consentirlo en todos sus deseos.
Honestamente tenía mucha curiosidad y Agustín se había transformado para mí en mi nuevo Mesías, como el mismo solía decir.
Fuimos a su cuarto, sobre la cama había un vestido de licra, en negro profundo, era muy bonito, pero no era para mí, nunca me había puesto nada igual, sin embargo, Agustín me dijo que saldríamos y que yo usaría 'eso', y además levantó la apuesta, 'sin ropa interior', yo intenté protestar, pero rápidamente me hizo comprender que yo sería su puta mariquita y eso es lo que él quería

Le hice caso, dejé mi ropa interior a un lado, y me puse dentro de ese diminuto vestido, se había pegado a mi piel en una forma increíble, no tenía breteles por lo que mis pechos eran el único sostén, y era demasiado corto por lo que apenas me llegaba a la línea donde terminan los glúteos y empiezan las piernas.
Me miré frente al espejo de su habitación, me veía una puta, era la primera vez que no usaba un vestido hasta los pies, mie piernas resultaban atractivas, descubrí con asombro el llamativo culo que tenía y la forma en que se marcaban mis tetas.
Mis pechos parecían querer escapar por lo que subí un poco el vestido, pero entonces noté que se desnudaban parte de mis nalgas, era un juego macabro, era menos que justo y solo recordar que estaba desnuda por abajo solo hacía que me excitara imaginando.
Es que notaba como se marcaban los pezones y como mi sexo supuraba humedad, y más trataba de evitarlo peor era.

Salí del cuarto para que los ojos de Agustín me devoraran y la situación fue muy caliente, me pidió que me pusiera mis zapatos de tacos altos que me recogiera el cabello, le pregunté si así estaba bien, y también como seguiría el juego, porque hasta aquí mi ex seguía siendo mi único hombre, no había intimado con nadie más, pero era evidente que esta nueva versión de mujer estaba lista para ser una fiel sumisa.
El solo se sonrió y no dio más detalles, fuimos entonces hasta su coche y fue cuando noté que al caminar el vestido se subía por detrás y se bajaba por delante, era una situación desesperadamente incómoda puesto que inconscientemente mis manos se ocupaban de llevar todo a su lugar, una y otra vez. Toda mi crianza había estado de la mano de Dios, y ahora me encaminaba a las puertas del infierno.

Llegamos al paseo de compras, un lugar lujoso, con vidrieras de las mejores y más caras marcas, donde el común de la gente solía disfrutar una salida, un sitio muy familiar donde una chica voluptuosa con un diminuto vestido rayando lo vulgar sería centro de miradas indiscretas, y eso era justamente lo que Agustín estaba buscando.
Y ahí fuimos, con la sensación de que el vestido se subía, o se bajaba, acomodándomelo una y otra vez al borde de la histeria. Lo peor fue subir por las escaleras mecánicas, no tenía ropa interior y eso podía notarlo cualquier persona que naturalmente quedara en un plano inferior, no sabía qué hacer y Agustín se encargó una y otra vez de jugar ese juego, disfrutando especialmente esa situación.

Después de sacarse las ganas de hacerme ver como la puta del lugar, Agustín sacó un par de entradas para una película al azar en el complejo de cines del lugar. Y ahí fuimos, en la zona media de la sala, y pronto comprobaría que era más de los juegos que él tenía en mente, pocos minutos después que las luces se apagaron y las siluetas de los presentes apenas se distinguían por la tenue luminosidad de la pantalla, mi mentor tomó una de mis manos y la llevó sobre su sexo, por sobre el pantalón y me hizo notar que estaba duro como una piedra.
Solo por instinto intenté retirarla, es que, con mis años, Francisco había sido el único hombre en mi vida y esta relación impropia que florecía solo empezaba a poner mi mundo patas para arriba.

Pero pronto comprendería que él era mi nuevo amo, y yo solo su esclava, y pronto comprendería que no había ninguna intención de compartir una película. Agustín había desnudado su pija, me tomó con su mano por la nuca, me llevó a su lado y en un susurro me dijo al oído

- Vamos a ver qué tan buena mariquita sos...


Mariquita, o começoE então, ele simplesmente me puxou pra baixo, fez eu colocar a pica dele na minha boca e começou a me sufocar, ele simplesmente não me deixava fazer nada, só empurrava minha cabeça pra baixo com a força dos braços dele e eu só sentia que tava sufocando, sentia a cabeça do pau dele na minha garganta, tão fundo que meus lábios chegavam nas bolas dele, senti que não aguentava, dava ânsia, mas ele empurrava mais e mais, meus olhos se encheram de lágrimas e eu tava completamente entregue aos jogos dele.

Minhas mãos faziam força nas pernas dele pra tentar me afastar, mas ele era homem e eu não conseguia contra isso, me senti uma puta suja, entregue e estuprada. Tava totalmente perdida naquele lugar, naquele espaço, não tinha vontade própria, eu só tava aos pés dele, de repente, o esperma quente dele jorrou no meu esôfago, porque ele tava tão fundo que eu não senti muito mais, só o calor dos fluidos dele indo direto pro meu estômago, até não sobrar nada, enquanto ele ainda apertava minha cabeça pra baixo.

Só depois ele me deixou sair e me ajeitar, foi quando tive uns segundos pra me situar no ambiente, me senti envergonhada porque, apesar do filme e da escuridão, a verdade é que tava rodeada de gente. Meus olhos não deixavam eu enxergar, cheios de lágrimas, e minha boca dolorida ainda tinha uma mistura de saliva e esperma.

Mas o mais humilhante pra mim foi perceber o que tava acontecendo comigo mesma, porque no calor do boquete eu não tinha notado, é que me senti estranhamente molhada, minhas secreções tinham escorrido pelas minhas pernas, pelo vestido, até pela poltrona da sala. Falei pro Agustín que precisava ir ao banheiro, não aguentava mais aquilo tudo.

Levantei depressa aproveitando a escuridão da sala, e quase olhando pro chão e quase correndo, fui pro banheiro feminino. A imagem do espelho me devolveu uma puta, minha maquiagem tava borrada, meu rosto desfigurado, ainda com dor no maxilar e no fundo da garganta, mas se aquela imagem me surpreendeu, meu espanto foi maior quando fui mijar. A buceta dela tava inundada, molhada como nunca, e só de roçar meu clitóris no papel higiênico já me dava arrepios.
Me virei como pude e, antes de sair, de novo na frente do espelho, tentei ajeitar o vestido minúsculo, esticando ele mais do que devia.

Quando saí, notei que o Agustín tava me esperando na porta de entrada, com um sorriso de quem já ganhou. Ainda faltava metade do filme, mas ninguém tava nem aí pra ele. Fomos então pra praça de alimentação.

Eu esperava que ele, por cavalheirismo, fosse buscar a comida, mas o Agustín sentou confortável numa das mesas e mandou: a 'mariquinha' dele tinha que agradar, que fosse pegar uns hambúrgueres e, além disso, que fosse generosa com os movimentos da minha bunda, porque ele ia ficar de olho.

E lá fui eu, rebolando o rabo nos saltos altos, com vontade de puxar o vestido pra baixo porque sentia que ele tava subindo de novo, mas sabia que ele tava me olhando. E de novo senti que tava molhando, e era uma maldição, porque quanto mais eu tentava não pensar nisso, mais eu me molhava, e de novo senti meus fluidos começando a escorrer entre minhas pernas.

De novo sentei, frente a frente, com hambúrgueres, batatas fritas e refrigerantes no meio, e o olhar do Agustín penetrando minha alma. Ele só me encarava de um jeito provocante, olhava pros meus peitos, era direto, sem rodeios, e meu nervosismo fez meus mamões ficarem cada vez mais durinhos.

Num certo momento, ele deixou cair umas batatas fritas de propósito no chão e, antes de se inclinar pra pegar, falou:

— Abre as pernas, quero ver sua buceta.

Foi muito erótico, então, disfarçadamente, eu fiz. Ele se abaixou e eu mostrei o que ele queria ver. Eu tava totalmente fora de mim, com sentimentos que nunca tinha experimentado na vida.

Ele se levantou e disse:

— Agora se toca, enfia os dedos e depois quero ver você chupar eles...

Era uma loucura. Tinha umas cinquenta pessoas naquele lugar, e cada um tava na sua, sem ligar pro que rolava na minha mesa. Nossa mesa, a verdade é que a gente não tinha privacidade nenhuma e isso deixava tudo muito louco, além disso eu começava a entender que aquele papel de bichinha, como ele me chamava, me caía como uma luva.
Olhei ao redor, levei os dedos lentamente até minha buceta, molhei eles com meus fluidos e, sob o olhar atento do meu macho, comecei a lamber. Ele então ordenou:
— Agora só continua se tocando por baixo da mesa.
Baixei minha mão de novo e enfiei entre minhas pernas. Agustín me encarava, mas eu respondia com o mesmo olhar, desafiante, enquanto acariciava minha ppk, enquanto esquecia do ambiente, enquanto minha respiração acelerava, enquanto minhas bochechas coravam.

Senti uns espasmos muito fortes, mordi meus lábios com força pra segurar os gemidos. Ele só ria, e eu me debatia entre o prazer de um orgasmo contido e um trabalho duro pra passar despercebida e conseguir que ninguém notasse o que tava rolando.

Quando voltei à razão, descobri que tinha tido o primeiro orgasmo da minha vida, um de verdade, um enorme. Fiquei assustada porque isso a Bíblia não falava, nem ninguém tinha me explicado. Era pecado me tocar, e com Francisco, meu único homem, eu só cumpria meu papel de mulher.

Tava emocionada, e assim que terminamos de comer, Agustín não era muito mais que um estranho que tirava uma puta desconhecida de mim, que sem transar tinha me obrigado a chupar o pau dele no cinema e me feito masturbar num lugar público. Dava pra esperar mais?

Saímos tipo uma da manhã, noite de sábado, e escapamos por uma das ruas laterais do complexo. Em poucos minutos estávamos andando por uns lugares não tão tranquilos e eu comecei a ficar nervosa.

Numa esquina mal iluminada, demos de cara com uns caras bebendo cerveja, pareciam ter minha idade, e começaram a encher o saco. Obviamente, eu tava parecendo uma puta e ele parecia muito mais velho do meu lado. Eles riam e falavam coisas tipo: "que gostosa tua filha", "vovô, cê já devia tá dormindo", "coroa, Puta terrível, você conseguiu', então Agustín me disse pra esperar de lado, que tinha que resolver coisas de homem. Ele me deixou a uns dez metros de distância e foi falar com os caras, falava tão baixo que eu não conseguia ouvir nada, só intuía que eu era o centro daquela conversa, os caras já não estavam mais falando e olhavam de um jeito chamativo, se antes eu tava nervosa, agora tremia.

Foi quando vieram me buscar, e na penumbra, eu vi nos olhos de Agustín do que se tratava tudo aquilo, quase me arrastando me levaram pra um beco fedorento e notei que meus chinelos afundavam na lama, quis resistir um pouco, mas meu homem me disse:
"Fica calma, maricona... lembra que você não tem pau, e sua função nesse planeta é satisfazer os machos, você não tem vontade e seu prazer é agradar eles, então só faz seu trabalho."
Ele acendeu um cigarro e se afastou pra um canto, onde eu não conseguia mais vê-lo. Num piscar de olhos, eu tava de joelhos, senti a lama fria grudar neles e o cheiro das lixeiras perto me dava ânsia, mas não tinha tempo, simplesmente não tinha tempo...
Meu vestido tava enrolado na cintura, tinham abaixado, tinham levantado, apertavam meus peitos, me davam tapas na bunda, me chamavam de puta e só me comiam pela boca, não me deixavam fazer nada, só se revezavam pra enfiar o pau na minha boca, um por um, como se eu fosse só um pedaço de carne.

Alguém me empurrou pelas costas, e meus cotovelos e mãos também foram parar na lama, fiquei de quatro e foi a vez da minha buceta, só começaram a me comer, um, outro e mais outro, como Agustín dizia, eu não tinha vontade e meu papel de maricona era só dar prazer, eu mordi os lábios quando um enfiou no meu cu, eu tava indo pro inferno, e só gemia deixando eles fazerem o que quisessem.

Quando se saciaram de brincar comigo, vieram direto no meu rosto e apontaram na minha cara, me encheram de porra na cara, um atrás do outro, minha testa, meus olhos, minha boca. até meus cabelos, que eu cuidava com tanto esmero. Quando terminaram, só guardaram as armas e agradeceram ao velho Agustín pelo presente.
Eu estava exausta, não aguentava mais, e se o objetivo daquele homem era quebrar minha vontade, ele conseguiu com sobras. Eu estava entregue. Sentei na lama, não dava mais. Toda suja, com um vestido enrolado na barriga, sem calcinha, humilhada, minha buceta doía, tinha perdido a virgindade do meu cu e meu rosto escorria porra de desconhecidos.

Agustín se aproximou saindo da escuridão, jogou o lenço dele com desprezo e mandou eu me limpar um pouco, que a gente tinha que voltar pra casa e que, no meu estado, 'ia sujar o estofado do carro dele'.

Ali terminava meu começo de maricona, entre um passado procurando o céu e um presente que me jogaria de cabeça no inferno. Escolhi queimar pra sempre, como Eva, tinha mordido a maçã proibida e aquela maçã tinha um gosto delicioso.

Fiquei com o Agustín. Gosto de limpar e arrumar as coisas dele. Ele me sustenta, não tenho vergonha de dizer, e minha vontade é a vontade dele. Gosto de agradar ele, os amigos dele, os homens dele. Se eles são felizes, então eu sou feliz.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'MARICONA, O INÍCIO' para dulces.placeres@live.com

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