A Armadilha

No dejes de pasar por mi mejor post

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No te vas a arrepentir!


Cinco años atrás, María Julia se estaba jubilando, demasiados años para la pobre vieja que ya no soportaba seguir trabajando.

Diego, mi esposo y yo nos vimos en la tarea de seleccionar una nueva persona que oficiara de mucama, cama adentro. Así llegó Mabel a nuestro hogar, una joven que conocía hace un tiempo puesto que había servido en nuestra empresa.

A propósito, Diego y yo, además de ser marido y mujer somos socios, dueños de una empresa que empezó como un pequeño negocio familiar y que rápidamente creció como una flor de primavera.

Tenemos mucho peso sobre los hombros, hay que tomar muchas decisiones, a mano firme, suele ser muy agobiante, siempre dando órdenes, siempre resolviendo problemas, no había lugar para relajarse.



Mabel se amoldó a nuestras necesidades, como el chofer, como el jardinero, gente afín a nosotros, quienes hacían las cosas por nosotros. Era una chica mucho más joven que nosotros, de estatura mediana, tez morena y unas gruesas cejas que resaltaban en su rostro y le quedaban muy bonitas, haciendo de ellas un rasgo personal. Nuestra chica de servicios ostentaba unos grandes pechos y unas caderas salientes hacia los lados, era respetuosa, callada y trabajadora.

Diego le imponía usar esos uniformes típicos, negros a media pierna, con delantal blanco, para él era muy importante mantener la distancia con el personal y dejar en claro la diferencia de clases, decía que no debían mezclar las cosas y que el exceso de confianza era la puntada para iniciar conflictos, el tiempo le daría la razón…



Lo acompañaba en esta idea mientras él estaba presente, pero cuando no estaba, lo cierto es que empecé a intimar los diálogos con ella, a ceder mi espacio e invadir el suyo, éramos las únicas mujeres en un caserón impresionante, además, no hacía más de lo que había hecho en su momento con María Julia.

Siempre manteniendo las distancias, cada una en su rol, lo cierto es que inconscientemente noté lo bonita que se hacía a mis ojos, el traje me parecía sexi y las medias de nylon negras le daban un toque distintivo, sin darme cuenta me fui haciendo permeable a ella, a sus sentimientos, a sus problemas, a su forma de pensar, a su juventud, poco a poco Mabel se fue ganando mi confianza y fue tomando una posición central en la escena.



El primer llamado de atención llegaría tiempo después, había regresado a casa al atardecer, mi esposo había quedado en la empresa con algunas actividades pendientes, el silencio sepulcral del hogar me produjo escalofríos, encendí la luz, la soledad no era buena compañera, algunos leves ruidos provenían del piso superior, como agua cayendo. Subí con sigilo las escaleras, con los zapatos en la mano para no hacer ruido, la luz de nuestro cuarto estaba encendida, me acerqué casi tratando de no respirar, hasta llegar a la puerta de nuestro baño, el que era reservado solo para mi esposo y para mí, ella estaba de espaldas por lo que no podía verme, era un abuso de confianza, pero solo me quedé observando en silencio…



Nuestro jacuzzi estaba lleno de agua, Mabel sumergida en él, desde mi punto de observación veía su cabellera renegrida y mojada, la silueta de su cuerpo tapada por agua jabonosa, sus pechos sobresaliendo como dos montañas y su mano derecha acariciando con frenesí su clítoris, en medio de jadeos y gemidos, no supe que hacer, que decir, el cuadro me produjo una terrible excitación, sentí mis pezones duros bajo el sostén y mi entrepierna humedecerse, mi clítoris latía como una luz de emergencia enviándome señales a mi cerebro que parecían decir ‘tócame’ ‘tócame’.

No sé porque lo hice, sin tener total conciencia me había puesto en cuclillas, abriendo mis piernas, no podía dejar de observar, corrí mi bombacha y al tiempo que ella se masturbaba yo también lo hacía, sus gemidos lastimaban mis oídos y cuando ella se acababa yo también lo hacía, ella gritaba y yo me mordía para no hacerlo…



Mabel se dejó caer bajo el agua y yo recobrando el aliento bajé tan rápido como pude, encendí el equipo de música como para decirle ‘hola! estoy en casa’ y darle tiempo a que borrara sus huellas.

Me serví una copa de vino y me senté en el sillón a reflexionar, mis dedos tenían olor a mí, era una locura, sea como fuere estábamos cada vez más conectadas, no sabía porque, las mujeres nunca habían estado en mi universo, y no era cualquier mujer, solo era esa mujer…

Poco a poco nuestras miradas se hicieron cómplices, nuestras sonrisas nos conectaban en secreto, no había mucho más, no había palabras entre nosotras, no sabía cómo explicarlo, pero de alguna manera sabía que algo pasaba.



Esa noche había dormido mal, me levanté con un terrible dolor de cuello, salí de mi cama, solo estaba en tanga, así que ajusté mi largo camisón, paseé por el baño y bajé a desayunar, Diego roncaba plácidamente.

Mabel me vio llegar moviendo mi cuello de un lado a otro, molesta, me sirvió el desayuno, me senté, se acercó a mis espaldas y me susurró al oído:



Quieres que te de unos masajes?


Sentí un escalofrío recorriendo mi piel, era la primera vez que me tuteaba, y este sería el último obstáculo a vencer, asentí con una sonrisa.

Pronto las tibias manos de Mabel acariciaban mi cuello, dulcemente, suavemente, alternando entre sus manos, sus dedos, o presionando con sus pulgares, dejé caer levemente el camisón desnudando un poco mi espalda, cerré los ojos, me dejé llevar, sus manos pasaron por mi nuca, por mis hombros, estaba entregada, siguieron por mi garganta, por la parte superior de mi pecho, la dejé hacer, fue bajando lentamente, coló la mano bajo el camisón, aspiré profundo, deseaba que no parara pero no sabía si realmente lo haría, siguió bajando, al fin sus yemas llegaron a mis senos, me relajé, me gustaba, su tacto femenino acariciaba con esmero mis tetas, mis pezones, uno a cada lado, su voz dulce llegó a mi oído:


A ArmadilhaGostou? Quer que eu continue?

O silêncio e minha respiração ofegante foram a única resposta. Sua mão direita continuou descendo lentamente, pelo meu ventre, pelo meu umbigo, até finalmente tocar o elástico da minha calcinha. Abri minhas pernas, ela continuou avançando, seus dedos indicador e médio apertaram meu clitóris. Era uma loucura. Ela me masturbava com violência, apertava meu mamilo esquerdo. Eu adorava. Mas de repente, os sapatos do meu marido ecoaram no andar de cima, na escada! Nos separamos instantaneamente. Me recompus rapidamente, ajeitei o camisão, escondi meus seios nus, cruzei as pernas e recuperei o fôlego. Ele não percebeu nada, mas eu me sentia uma brasa acesa...

Depois daquela manhã, ficamos cada vez mais íntimas. Na frente do Diego e das outras pessoas, continuávamos nos tratando por 'senhora', mas era questão de tempo até acontecer o que tinha que acontecer...

Meu marido tinha saído em viagens de negócios, assuntos de expansão de mercado. Por uns dias, tudo ficou sobre meus ombros. Ficou pesado demais, obrigações demais, estresse demais. Eu estava quase quebrando com a pressão. No terceiro dia, ao chegar em casa, só queria que o mundo me engolisse. A Mabel me olhou como nunca tinha me olhado e perguntou:

"Sônia, você nunca desejou deixar essa armadura de lado? Você passa a vida tomando decisões e dando ordens. E se tudo fosse diferente? E se você só deixasse acontecer?"

Encolhi os ombros, resignada. Alguém pegar o leme do barco e eu só poder curtir a viagem? Impossível...

A Mabel parecia ter calculado tudo. Pegou minha mão e disse:

"Vem, deixa eu cuidar de você. Por uma vez, deixa eu segurar as rédeas..."

Me deixei levar. Subimos as escadas de mãos dadas, eu me sentia perturbada. Fomos para o quarto dela, fazia tempo que eu não entrava lá. Ela pediu para eu relaxar, pegou um lenço grande e vendou meus olhos. Tirou meu terninho italiano, minha saia, meus sapatos, minhas meias, minha blusa, meu sutiã e por último... minha calcinha, me senti nua e indefesa, intrigada e nervosa, as mãos dela soltaram meu cabelo

Assim, assim você está linda…

Os lábios dela me surpreenderam quando colidiram com os meus, reagi na defensiva, lógico, nunca tinha estado com outra mulher, mas ela voltou à carga, me entreguei nos beijamos, nos acariciamos, senti meu coração bater forte, meu clitóris pareceu explodir entre minhas pernas, minha buceta ficou encharcada, a excitação correu nas minhas veias…

Ela me fez deitar na cama dela, ouvi o barulho dos saltos se afastando alguns metros e voltando pra mim, depois um frasco abrindo e um aroma mentolado invadindo o ambiente, as mãos dela umedecidas com um óleo delicioso começaram então a massagear meu corpo, por todo ele, meus pés, minhas mãos, minhas pernas, meus braços, minhas costas, meu peito, minha bunda, minha cintura, centímetro a centímetro me entreguei a ela, me soltei, perdi minha vontade, os dedos dela davam atenção especial só em circular minhas zonas mais sensíveis, contornando meus mamilos, mas sem tocá-los, contornando minha buceta, mas sem tocá-la, contornando meu ânus, mas sem tocá-lo…

Mas não dava pra segurar meu temperamento, mesmo me sentindo deliciosamente oleada e massageada como uma deusa, a ânsia de controle voltou, tirei a venda, não podia me submeter, assim do nada, então a Mabel dobrou a aposta, foi até o guarda-roupa e trouxe um cinto fino da moda, passou a fivela e me prendeu pelo pescoço, puxando além do recomendável

Chega, puta! Já estou cansada com suas ordens!

Era muito louco, os papéis tinham virado, ela me fez ajoelhar no chão, voltou ao guarda-roupa, revirou as coisas dela, pegou um vibrador duplo enorme, com dois pênis gigantes, me olhou de um jeito perverso, com uma base adesiva grande que ela se encarregou de colar na parede, o peso do brinquedo fez ele soltar algumas vezes, então ela caprichou em prender, quando finalmente as duas picas de brinquedo ficaram suspensas ela se dedicou a mim, que ainda estava de joelhos, ela voltou com o óleo afrodisíaco, só que agora começou a brincar com os dedos na minha buceta e no meu cu, eu entendia o que ela queria, a ideia me deixava louca...

Mabel me fez recuar lentamente até onde me aguardava o brinquedo duplo, então apontou um em cada buraco, o da buceta entrou sem resistência, mas o outro escorregava para fora, por isso ela levou mais alguns minutos para dilatar minha bunda. Por fim senti os dois entrarem, que loucura, não conseguia parar de gemer, ela me fez recuar mais e mais até engoli-los quase por completo, até o fundo.

A combinação de sentir um acariciando a porta do meu útero, e o outro dilatando meu esfíncter me enlouqueceu, ela ordenou:

Vai, foxy, quero gozar te vendo gozar!

Minha empregada soltou a blusa, tirou as meias e a calcinha, deixando seus peitos quase nus e sua vagina exposta aos meus olhos, sentou na beirada da cama, abriu bem as pernas me dando um close do seu sexo lindo e começou a acariciar seus peitos magníficos e seu piercing ao mesmo tempo.

Eu estava tão excitada, comecei a me mover com fúria, para trás, para frente, de novo e de novo, não era viciada nesse tipo de brinquedo, mas isso ia além dos meus conceitos, Mabel me olhava e se masturbava comigo, fiz o mesmo levando uma mão ao meu clitóris, os brinquedos grossos alargavam meus buracos e orgasmos endiabrados começaram a fluir do meu ser...

Mabel pegou então uma cadeira para sentar perto do meu rosto, levantou uma perna apoiando na cama e a outra na parede, toda aberta diante dos meus olhos, pegou o cinto que ainda estava no meu pescoço para me arrastar até ela, ao avançar os brinquedos saíram dos meus buracos me deixando toda dilatada, ela me puxou mais, e mais, senti seu cheiro forte de mulher.

Vai! chupa ela todinha!

Passei minha língua pelo seu sexo, era minha primeira vez, sua umidade saciou minha sede, lambi seus lábios, me sentia ferver, ela acariciava docemente seus mamilos que escapavam por sua camisa, sua buceta se abria para mim, parei no seu clitóris, sua vagina parecia ampla e profunda, enquanto a lambia também me masturbava, era tão sexy…

Meus joelhos começaram a ceder, subi um pouco, lambi seus mamilos, um pouco mais, cruzei minhas pernas com as dela, buceta contra buceta, umidade contra umidade, clitóris contra clitóris, xota contra xota, o anoitecer nos pegou de surpresa, gemendo, gritando, abafando nossos gritos, beijos contra beijos, orgasmos contra orgasmos até cairmos rendidas, exaustas…

Seria a primeira de muitas relações nas quais fui me descobrindo como uma mulher bissexual, já que continuava adorando o bom sexo que meu marido me dava.

Mas infelizmente o bom não era tão bom, pouco a pouco começamos a notar faltas em casa, coisas de valor, dinheiro, objetos que permaneciam escondidos e que a confiança que Mabel transmitia fazia com que ela falasse mais do que devia.

Que tonta fui! Demorei mais do que devia para enxergar a realidade, ela havia encontrado um ponto fraco em mim e só estava me usando, tirava vantagem de uma situação que eu não havia sido capaz de evitar, e tinha um ás na manga, o que eu poderia dizer? Como a acusaria? Simplesmente diria a Diego que não consegui manter a boca fechada nas nossas tardes de sexo? Evidentemente a jogada era perfeita, era um labirinto sem saída.

Optamos por dar a ela uma boa quantia como indenização, agora temos outra empregada, minhas loucuras lésbicas foram embora com ela, a mulher que brincou com meus sentimentos…

Se você gostou da história pode me escrever com o título A ARMADILHA para dulces.placeres@live.com

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