O urso negro

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!




Empezaremos unos veinte o veinticinco años atrás, mis padres me enviaban a una escuela pública de mediana reputación, éramos unos cuarenta alumnos, mitad varones, mitad mujeres.

En especial recuerdo a Graciela, o Grace como todos la llamábamos, ella era una niña de cabellos platinados, venía peinada con la raya al medio y el pelo tirante con dos colitas levantadas que naturalmente se enrulaban en grandes bucles, su piel era blanca como la leche y tenía unos enormes ojos azules, siempre asistía impecablemente vestida con su uniforme blanco y sus zapatos charolados que uno podía usar de espejo, tenía un amor platónico con ella, una amor inocente de niñez, y fue mi primer y gran amor, aunque ella nunca lo supo.



Pero Graciela era una niña cruel y tenía una saña particular conmigo, ella me odiaba por la sola razón de mi piel, por ser negro. Me despreciaba, me maltrataba y siempre me hacía centro de sus burlas, tenía un carácter dominante al punto de influir sobre los demás chicos, y sus burlas personales hacia mí se transformaban en las burlas del grupo.

Nunca había entendido porque tanta crueldad, tanto odio, si yo hubiera hecho cualquier cosa por ella, recuerdo que jamás me llamó por mi nombre, ella solo me decía ‘negro’ en forma despectiva, a pesar de que varias veces fue reprendida por este tema, comprendí que Grace nunca cambiaría.

Al terminar mis estudios primarios y con la inocencia de mi niñez, Grace dejaría un sabor agridulce en mi boca, ninguna chica había despertado en mí tantas sensaciones como ella, pero tampoco nadie me había bastardeado como ella ni me había hecho sentir el dolor del racismo a flor de piel.



El tiempo pasó, en mi adolescencia y en mi despertar sexual descubrí que tenía algo enorme entre las piernas, que estaba muy bien dotado, cosa que me sería de suma importancia en poco tiempo.

En mis estudios secundarios soñaba con ser médico, por lo cual al concluirlos ingresé a la facultad de medicina, pero la vida se me hacía muy cuesta arriba, necesitaba dinero para mantenerme y la carrera que había elegido era muy costosa, mis padres ya no podían sostenerme y tampoco conseguía un trabajo decente, por lo que la pasaba haciendo changas por pocos pesos.



Una noche cambiaría mi vida, salimos con algunos amigos y a la madrugada terminamos en un cabaret para pasar el rato, nos divertirnos y tomamos unas copas. El destino nos llevó a tener sexo con una prostituta, una vieja cincuentona maltratada por la vida que por pocas monedas nos pasó uno a uno y ella reparó en el descomunal tamaño de mi pija, antes de que terminara mi tiempo tomó un papel, una birome y me pidió un número de teléfono para contactarme.

En ese momento no le di importancia, pero poco después me llamó un tipo ofreciéndome un trabajo de stripper en un bar nocturno para damas, y después de algunas reuniones, discusiones, evaluaciones debuté una noche de crudo invierno.

No fue fácil para mí desnudarme delante de tantas mujeres, pero necesitaba el dinero y poco a poco perdí mi vergüenza y fui escalando en el show llegando a ser uno de los más cotizados.



Cambié la facultad por el gimnasio, aumenté de peso, trabajé mi cuerpo, llegaron los tatuajes y las depilaciones, nacía ‘El oso negro’, mi nombre en el club de strippers, mejoró mi paga y empecé a tener dinero extra con las mujeres que me pagaban por sexo, mujeres, putas mujeres, esposas mal cogidas, que en verdad me prostituían a mí, haciéndome objeto sexual por unos pesos…

Cuando pasé los veinticinco mis ingresos eran un cincuenta por ciento por los show y otro cincuenta por la paga de las mujeres por unas horas de sexo.

Me di cuenta que la segunda opción podía ser más redituable si la explotaba mejor, dejé de lado el tema de los shows para entrar de lleno en la prostitución masculina, una ‘puta reventada’ sería el término si hubiera sido mujer.



Puse anuncios en los periódicos, puse a disposición mi correo electrónico en el que las mujeres me pedían fotos y hasta un perfil de face, cogí como nadie, podría decir que las mujeres son peores que los hombres, putas, más que putas, mujeres de todo tipo y edades, me acosté con ángeles, me acosté con demonios, les hice las cosas más locas que puedan imaginar, cosas que jamás harían con sus parejas, hice cornudos a incontables hombres, y en muchos casos, sin ellos saberlo, era su propio dinero el que recibía para coger a sus mujeres.

Me tocaron mujeres detestables, sucias, agrias, las que me supusieron un verdadero sacrificio y apretar el estómago, me tocaron mujeres perfectas a las que yo con gusto les hubiera pagado para llevarlas a la cama y aun no entra en mi cabeza como ellas eran las que ponían sus monedas sobre mi…



Como fuera, a los treinta años mi enorme verga era mi única fuente de ingreso y así entre tantas me contactó ‘zorrita caliente’, fue directo al grano, sin rodeos, quería un buen macho que la satisficiera, me pidió unas fotos de mi sexo para comprobar que era cierto lo que vendía, le envíe un par junto a una lata de gaseosas, para que tuviera un punto de referencia, me escribió acerca de su esposo, que viajaba, que la dejaba mucho tiempo sola y que no le daba la atención que ella necesitaba, una historia más común de lo que muchos creen. Acordamos la tarifa y un horario especial en el cual su marido no sea inconveniente y un lugar de encuentro.


O urso negroNaquela noite cheguei na hora certa pro encontro. Era um prédio, o oitavo andar, um lugar chique. Toquei a campainha e esperei na porta. Pela primeira vez ouvi a voz dela no interfone, e depois o zumbido me liberando a entrada. Subi no elevador na maciota até o apartamento 807. Bati de leve e quase na hora ela abriu a porta. E aí veio minha surpresa ao nos vermos cara a cara pela primeira vez...

Era o rosto dela, aquela pele branca como leite e aqueles olhos azuis enormes. Grace não tinha mudado muito o rosto desde a infância. Como esquecer se ela tinha sido tudo pra mim? Mas ela claramente não me reconheceu. Sempre me desprezou, e eu tinha mudado, mas o fato é que ela não me reconheceu...

— Qual é o seu nome? — perguntei só pra confirmar que era ela.
— Que importa... sou sua 'putinha gostosa'. Vem, papai, quero ver se esse pau é tão bom quanto parece nas fotos...
— Ok, o que você prefere?
— Quero que você me arrebente toda, que me destrua com esse pau enorme. Vamos, 'nego'!

Não precisei confirmar o nome dela. Os modos, a arrogância, o racismo...

Grace contava cuidadosamente o valor combinado, enquanto me dizia que aquele apartamento era uma das propriedades do marido, que devia estar em Amsterdã, e que mesmo longe precisava manter as aparências no bairro. O lugar era aconchegante. Fomos pro quarto, com carpete vermelho foda, cheiro doce de incenso, uma luz fraca iluminando de lado, uma cama enorme com lençóis brancos, uma bandeja com bananas e maçãs verdes grandes decorando o ambiente. Na mesa de cabeceira, camisinhas, lubrificantes e um vibrador texturizado pareciam esperar a vez.

Enquanto eu me ambientava no quarto, Grace tirou o roupão comprido que vestia e se deitou no colchão macio, deitada de lado, com o olhar fixo em mim, feito uma gatinha mimada. As pernas dela estavam cobertas com... Umas meias de renda azul que iam bem acima das coxas dela, presas com ligas da mesma cor, sapatos pretos de salto fino, luvas de renda combinando, um espartilho que apertava o tronco dela, comprimindo a respiração e quase sem conseguir conter dois peitões enormes que claramente não eram naturais, cabelo loiro, curto na altura dos ombros e perfeitamente engomado, um monte de joias cobrindo o corpo dela, brincos, colares, pulseiras e anéis.

Meu olhar percorreu o corpo dela e, quando chegou nos olhos, percebi que o olhar dela estava perdidamente cravado no meu pau, então tirei minha camiseta, depois a calça e por último a cueca, ficando completamente nu na frente dela, que arregalou os olhões para exclamar:

Oh my god!!!! Que pedaço de pica!!!!

As mãos dela percorreram meu peito, meus bíceps, apertando tudo no caminho, ela disse de novo:

Negão! como você tá gostoso…

Ela esticou uma mão, pegou uma camisinha, tirou da embalagem e tentou colocar em mim com uma certa pressa, escorregando umas duas vezes no diâmetro da minha cabeça, forçou até rasgar com as unhas, xingou, pegou outra e foi com mais cuidado, finalmente passou e foi desenrolando ao longo do tronco até o final, ainda sobravam uns centímetros pra cobrir…

Grace veio pra cima de mim e começou a chupar meu pau, lutando pra engolir minha cabeça, pegando o corpo longo e cheio de veias entre as mãos, parecia possuída, só se ouvia no quarto as mamadas profundas dela e a respiração ofegante, ela tinha fechado os olhos, a testa franzia e eu só olhava, olhava como ela me chupava, tão fina, tão delicada, as voltas que a vida dá…

Ela soltou porque não dava conta da minha cobra, começou a bater no próprio rosto com ele, baixou e começou a bater nos peitos com ele, no direito, no esquerdo, tirou a roupa deles pra passar minha glande molhada sobre os mamilos dela que se erguiam ameaçadores, peguei ela com força pelos cabelos e enfiei de novo na boca dela, fundo, até o fundo, mais fundo. apertando-a com força, ela começou a engasgar e a babar pela boca, as lágrimas escorreram dos olhos dela arrastando a rímel, me senti diabólicamente poderoso, forcei ela, gostei, tirei ele e gritei

slut… queria cock? queria que eu te arrebentasse toda? toma…

Grace mal conseguia respirar, com a boca aberta tentava pegar ar, se recuperar, e eu investi de novo, ela tentou me evitar mas não aguentou minha força, de novo meu cock dentro da boca dela, meti gloriosamente e depois de um tempo dei um segundo descanso, então, assim que ela conseguiu recuperar o fôlego, ela aumentou a aposta

Negro de merda! você é um maricas! Me come! Me come, negro puto!

As palavras dela soavam com a mesma estridência e prepotência de anos atrás, joguei ela na cama e arranquei a calcinha fio dental, levantei as pernas dela com violência e enfiei na pussy, com a metade já bastava, ela deu um grito violento mistura de dor e prazer, comecei a comer ela, sobrava cock pra pussy pequena dela, Grace começou a gemer no ritmo das minhas investidas, trocamos de posição, apertei os peitos dela, mordi os lábios dela, dei tapas na bunda, a temperatura subiu, nossos corpos estavam suados e ela parecia endemoniada, com a força de um furacão, meu cock enorme não era obstáculo pra ela, e ela continuava com os insultos, com as provocações, a gente fazia amor, a gente fazia guerra…

Voltei pra posição inicial, levantando as pernas dela bem pra trás, abrindo ela toda, os peitos dela balançavam ritmadamente a cada estocada que eu dava, ela passou a mão debaixo da própria perna até chegar no que sobrava do meu cock, me masturbou com capricho, finalmente senti que ia gozar, tudo dentro da pussy dela, até o fim…

Me joguei exausto de lado, respirando pesado, com o olhar perdido no teto branco, meu pau começou a perder rigidez devagar, ainda coberto pela camisinha cheia de porra, Grace sentou na cama cama e, com todo cuidado, tirou ele do meu pau, levantou e, com um sorriso de puta, deixou o líquido cair na boca dela, como se fosse um remédio, bebeu até a última gota, soltou uma gargalhada com os dentes ainda melados de porra. Na minha mente, a imagem daquela menina de rabinho platinado se repetia, e eu não conseguia parar de comparar com a puta em que ela tinha se transformado. Então perguntei:

— Gostou do meu leite?
— Sim, negão! Gosto do seu leite, gosto do seu pau, quero mais…

Aí ela veio pra cima de mim pra começar de novo e de novo começou a chupar meu pau, agora fazendo de um jeito provocante, me mordendo de vez em quando, misturando dor com prazer. Eu já conhecia o jogo, já tinha pego umas mulheres desse tipo e, embora não fosse o que eu mais curtia, eu tava sempre à disposição da minha cliente. Levantei com força uma das pernas dela pra encaixar num sessenta e nove perfeito, comecei a dar umas palmadas fortes na bunda dela, a pele branca logo ficou vermelha e ficou claro que isso a enlouquecia. Estiquei a mão, peguei lubrificante e passei no cu dela, que rapidamente se deixou penetrar pelos meus dedos. Fui buscar o consolador texturizado gigante que tava na mesa de cabeceira, apontei ele no cu dela e comecei a forçar. Poucas mulheres tinham o cu tão aberto, e olha que eu já conheci umas…

Conforme o brinquedo abria o esfíncter dela, ela perdeu a concentração no boquete, na real parou de fazer. Senti ela apertar meu pau com força, quase sufocando ele, e ela exclamou entre gemidos de dor e prazer:

— Mmmmm… negro filho da puta! Negro viado de merda…

Essas palavras me levaram de volta à infância e revive o desprezo daqueles dias. Me levantei por trás dela, coloquei um novo preservativo e enfiei tudo na buceta dela. Grace berrava como se tivesse possuída, eu tava com ela de quatro, metendo tão fundo que fazia ela tremer, se curvar e se contorcer. No cu dela, todo aberto, ainda tava enfiado o brinquedo, e com meu dedão eu apertava ele cada vez mais pra dentro. As pernas Os rangidos da cama no chão pediam clemência, eu bati na bunda dela com mais violência, ela gritava, foi tudo muito rápido e irresistível. Tirei meu pau do dela às pressas, arranquei a camisinha e fui na direção do rosto dela, agarrei ela com força pelo cabelo e encostei a cabeça na bochecha dela. Ela se entregou, fechando os olhos e entreabrindo os lábios. Meu leite quente começou a sujar a cara toda dela, a puta tava adorando a vadiagem, e eu curtia a situação com um sarcasmo do caralho.

No fim, ela caiu exausta no colchão, de bruços, com a cara lambuzada de porra, respirando pesado com um prazer infinito.

Grace relaxou um pouco, mas eu precisava de mais. Meu olhar bateu de casualidade nas frutas que decoravam o quarto. Peguei uma das maçãs verdes enormes e obriguei ela a dar uma mordida. Depois, sentei nas costas dela, enchi de lubrificante e encostei no cu dela. Ela reagiu na hora.

— Para, negro filho da puta! O que cê tá fazendo?!
— O que você me pediu... você não falou pra eu te foder toda, te arrebentar inteira?
— Mas isso não, animal! Para! Para!
— Mas eu tinha ela bem imobilizada. Ela mexia as perninhas tentando resistir, mas empurrei a maçã com força. O cu dela foi se esticando aos poucos, abrindo como a boca de um vulcão, cada vez mais, e ela se recusava ainda mais.

— Não, filho da puta! Não! Para! Dói, dói! Ai! Aiiii!

Quando o cu dela se abriu tanto quanto o diâmetro maior da maçã, ela passou inteira e o anel marrom fechou como uma guilhotina. Ela bufou e protestou resignada, naturalmente fez força para cuspir ela fora, mas eu garanti que não desse. Peguei outra maçã e repeti o processo. Dessa vez, não teve tanta resistência, nem do cu nem da boca dela. Ela já não protestou como antes, meio resignada. Enfiei a segunda bem fundo em cima da primeira, e onde cabiam duas, com certeza caberiam três...

Com três frutas já dentro, fiquei satisfeito. Ela fazia força, mas eu só me deliciava observando, quando o cu dela se abria. tudo voltava a enfiar de novo pra recomeçar…

Naquele momento ela era um bagaço de mulher, toda aberta, cheia de porra, de lubrificante, de saliva e de suor, suja, com a vontade quebrada. Eu girei, me certificando de apertar pra manter as maçãs no lugar, me inclinei sobre as costas dela e sussurrei no ouvido antes de soltar:

Em que puta você se transformou, Grace…

Aí a atitude dela mudou, os olhos se abriram desesperados, e ela se virou. As maçãs caíram uma por uma. Um manto de vergonha tomou conta dela. Ela se afastou de mim como se fôssemos estranhos, aterrorizada, incrédula, se encolheu num canto tentando se esconder igual barata, e perguntou com a voz trêmula:

Você me conhece… como me conhece…? Quem é você…?
Não lembra de mim? Ensino fundamental, colegas…
Não, não pode ser, você é… você é…

Ela não conseguiu terminar a frase. Grace desmaiou e rolou no tapete.

Fiquei só observando, com um sorriso na cara. A vida prega peças…

PS: só pra mulheres, se quiserem fotos… mas já sabem, cuidado…

Me escreva com o título ‘O URSO NEGRO’ para dulces.placeres@live.com

0 comentários - O urso negro