Ela 19; eu, 48 (completo)

Fui escrevendo esse relato aos poucos. Agora tá completo. As fotos, no final.Ela 19; eu, 48

Estaba cansado de manejar, era de noche, así que cuando apareció una estación de servicio y un parador decidí detenerme y continuar viaje al otro día.

Al costado de la ruta, a la entrada de la playa, vi a cinco chicas jovencitas, separadas cada tres metros, apenas vestidas, ofreciendo sexo pago. Pensé que, luego de bañarme y cenar, buscaría alguna.
Detuve el auto al lado de una piba de lindas piernas y le pregunté cuanto pedía, que hacía, y en dónde. Me midió y con tono ausente respondió: “Pete, cincuenta; simple, cien; completo, doscientos. Eso en el auto, sino, en las piezas del parador, que cuestan 70 pesos”

http://0.t.imgbox.com/OZNINz7w.jpg

- Voy a alojarme ahí; ¿cuánto pedís por la noche?
-¿Cuántos años tenés? –retrucó.
-48; ¿por qué?; Vos, ¿qué edad tenés?
-Porque no me quedo con viejos, pero vos parecés bien…; Te cobro quinientos. Y Tengo 18.

Reinicié la marcha. Me excitó la putita, pese a su poca onda. Cargué combustible y estacioné delante del albergue.
Al bajar observé a una jovencita sentada en un banco. Bonita, delgada, vestía una calza blanca que marcaba preciosas caderas y culito y una remera rosa, sobre breves y firmes tetas sin corpiño. Le calculé menos edad. A pesar de la ropa provocativa, el aspecto de la piba no parecía de puta.

“Qué rica pendeja para coger toda la noche”, pensé. Me imaginé chupando su conchita estrecha, suave, rosadita… Y hundiendo mi cara, mi lengua, en ese culito tierno… Pero, el único modo de cumplir mis deseos era que ella alquilase su cuerpito.

Si bien poseo buen aspecto, soy casi cincuentón; fácil, la diferencia de edad entre ambos debía ser de 30 años… La realidad era que el único modo que tenía de coger con pendejas era pagando.

En la ciudad donde vivía, me visitaba los viernes Leticia, una morochita de 21 años, quien compensaba su ordinario rostro con un cuerpo sensual y lujuriosa disponibilidad. Me daba todo, incluso cola; permitía mi pasión lamedora de concha; comía con dedicación mi pija; se dejaba llenar de leche y hasta la saboreaba. Todo a cambio de mil pesos semanales.

Los restantes días debía buscar en la computadora lindas nenas y pajearme. Por eso, cuando la putita de la ruta me dijo 500 la noche, me pareció barato.

Sin embargo, esa piba no podía compararse con la preciosa sentada en el banco. Pero era demasiado bonita para ser puta de calle, y si cobraba por coger, debía pedir mucho dinero.

Seguramente el confundido era yo: la chica tal vez era hija de los dueños del parador o de la estación de servicio. Si, mejor ni mirarla. Lo único que me falta era que me denunciasen por pedófilo, lejos de mi casa. Me baño, ceno, y después busco a la trola de la ruta. Evitaba chicas menores de edad, e intuía que esa minita mintió su edad y era más chica.

Continué caminando hacia el albergue. Al pasar al lado de la adolescente bonita sentada en el banco, sin mirarla, advertí mano tocando suavemente mi brazo izquierdo. Y una cálida, tierna, delicada voz me detuvo.

- Señor…, perdone… ¿puedo hacerle una pregunta…?
-Decime… - contesté, simulando mi sorpresa.
-Usted…, ¿va a pasar la noche en este parador?
-Si; ¿por qué?
-Este… pasa que tengo un problema…; y usted parece un buen hombre, serio… ¿Puedo pedirle un gran favor…?
No supe cómo reaccionar. Me asaltó la desconfianza; pensé que la piba, con ese aspecto ingenuo, en realidad fuese anzuelo de delincuentes. Y al mismo tiempo intuí que estaba delante de una gran oportunidad… La recorrí con mi mirada, mientras imploré a mi cerebro lucidez.

-No entiendo… ¿Vos vivís por acá?
-No señor, no; por eso le pido ayuda; tengo miedo, estoy sola…

Sentí pena por la chica. Debía ayudarla. Decidí postergar el baño.

-Acompáñame; vamos a cenar y me contás…

Dos horas después, la pendeja entró conmigo al albergue, a una habitación con dos camas. La registré como Carolina, mi sobrina. En la recepción le entregaron su mochila, la cual había pedido que se la guarden hasta que llegase su tío.

Durante la cena, Carolina, de 19 años, tal como verifiqué en su documento, me contó, llorando, con cruda franqueza, su problema.

Haciendo dedo había llegado allí, media hora antes que yo, tras recorrer casi mil kilómetros desde su casa. Su madre la había expulsado del hogar, luego de que la descubriese acostada con su padrastro, un hombre de 45 años.

El padre de Carolina había muerto tres años atrás, a los 50 años, en un accidente de tránsito. “Mi papá era todo, yo era su reina, me decía; mi mamá estaba celosa, y como ella le hacía la vida imposible, papi prácticamente dormía conmigo. Siempre nos acostamos desnudos, abrazados. El me explicó que eran las cosquillas que yo sentía abajo, y me enseñó a calmarme. Pero nunca me cogió, como decía la bruja de su esposa. Papi solamente me acariciaba, y yo a él…”.

Carolina relató que tras la muerte de su padre, los días eran tristes, y las noches se le hicieron insoportables; pese a las pajas que se daba, extrañaba las caricias, los dedos, el palo de carne sobre su cuerpo.

Un año después del accidente fatal, llegó a su casa el novio de su madre. Ella lo detestó.
“Una madrugada, yo ya tenía 18 años, fui a la cocina a buscar gaseosa. Estaba desnuda, como me acostaba siempre. Al pasar por el living vi a mi padrastro delante de la computadora, con el pantalón y el calzoncillo abajo. Estaba mirando videos pornográficos de trolitas. No se por qué hice ruido a propósito. El se puso de pie para tratar de tapar con su cuerpo la pantalla, pero quedó de frente, en bolas, con su pene parado. Y yo me quedé paralizada, desnuda. Me fui corriendo a mi cuarto y me tapé con las mantas. Al ratito me dieron ganas de acariciarme; tiré al costado lo que me cubría y me puse boca abajo, para dedearme. En eso estaba, disfrutando, mojadita, con los ojos cerrados, cuando sentí una lengua caliente en mi cola. Me quise dar vuelta y el novio de mi madre me sujetó, y sin decir nada me mandó su pija en mi concha. Me encantó, como estaba bien mojada entró toda, y gocé… A partir de esa noche, día por medio, cogíamos. Y así fue hasta hace una semana, cuando mi mamá entró a mi habitación y me vio sentada sobre la estaca de su novio metida dentro de mi…”

Luego del relato de Carolina, le aseguré que la llevaría hasta la ciudad donde vivo, adonde llegaría al mediodía. Más allá de la caliente historia, y mis deseos de comprobar las habilidades sexuales de la nena, me controlé. Mientras ella se bañase, iría a buscar la putita de la ruta.

-Andá a bañarte, sin apuro; yo voy a tomar un café y leer un rato así vos estás cómoda y te acostás para dormir –le dije.
-No le creo; usted se va a buscar a una de esas chicas baratas…
-¡No, nada que ver!
-Alberto, ¡no se vaya por favor!; no me deje sola… ¿Qué le parece si primero se baña usted, se acuesta, y después me baño yo? Si quiere, bañado, apague las luces; yo no voy a hacer ruido…

Concedí su pedido. Me di una ducha y envuelto en un toallón salí del sanitario y me metí a mi cama. Carolina fue a bañarse. Al escuchar el agua correr y quedarme solo pensé en masturbarme, pero deseché el deseo y cerré los ojos, dispuesto a dormir.

Estaba entregándome al sueño cuando escuché a la adolescente hablarme.

-Señor, discúlpeme, es lo último que le pido…
-Decime Carolina… -respondí, abriendo mis párpados e incorporándome sobre el colchón.

Mi respiración se detuvo. A contraluz de la iluminación del baño, delante de los pies de mi cama, estaba el cuerpo desnudo, delgado, esbelto, de una belleza descomunal.

-¿Puedo acostarme con usted?; no piense mal, no vaya a pensar que soy trola, yo sé que está cansado, no quiero provocarlo; solamente me dormiría si usted me abraza…
-Carolina, yo estoy desnudo, y vos también… aunque podrías ser mi hija, soy hombre, y no sé… me parece que va a ser incómodo para vos y para mi…
-¡Por favor!; y yo tengo confianza en usted…; pero si no quiere…- dijo entristecida, para de inmediato reclamarme:
-¿No le gusto…? – y giró su cuerpo dos veces, mostrándome su colita.
-Carolina, ¡sos preciosa!; pero te soy sincero: si te acostás conmigo, no voy a conformarme con abrazarte…
-Yo también quiero coger… -expresó sin pudor.
La pija se levantó, entusiasmada. Retiré la manta y la mostré orgulloso.
-¡Entonces, vení bebé…!

La bonita lanzó una exclamación de asombro, sonrió con picardía y avanzó, lentamente, hasta el costado derecho de mi cama.

-Alberto, ¡es inmensa!, ¡y relinda!; ¡me encanta! ¿Me dejás tocártela? –preguntó, tuteándome.
-Carito hermosa, ¡es tuya!; hacé lo que quieras con mi pija…; pero primero, vení, sentate sobre mis piernas, quiero tocarte…

La pendeja subió a la cama, abrió sus largas piernas y se sentó sobre mis muslos, quedando ambos frente a frente. Apenas sentía su peso; calculé que no debía superar los 45 kilos.

Estaba maravillado: una jovencita preciosa, educada, arrebatadoramente sexy, estaba a centímetros de mis ojos y mis dedos. Quedé en silencio, admirándola. Para mí era perfecta: hermoso rostro, cuello alto, hombros frágiles, brazos delgados, pechos pequeños pero duros, cintura finísima, vientre plano, y una vagina sabrosa, depilada… Y además, ¡no estaba pagando!

Con timidez, temiendo que un movimiento de mi parte evaporase la maravilla, adelanté mis manos hacia el cuerpo de ensueño. Mi derecha acarició las tetas, mientras que la izquierda fue al vientre, cintura, espalda, cola…

Ella puso sus dos manitas en mi verga. ¡Qué suavidad placentera!; comencé a gemir… Me di cuenta que si no me separaba, acabaría en breve. Tomé sus manos y las besé.

-Recostate, boca abajo, te voy a hacer gozar…-ordené.
Carolina sonriente, se colocó de costado, apoyada en un codo.
-¿Qué querés hacer?
-Chuparte ahí abajo…; seguro ya sabés como es…
-No, nunca me chuparon… La que chupaba era yo…
-¿Vos te hacés la paja?
-Cuando no cogía, si…
-Bueno, lo que te voy a hacer va a ser más rico…

La experiencia me había enseñado a comenzar al revés de la costumbre masculina. En la cama, empezaba abajo, en los pies, y Carolina los tenía bonitos. Los besé, acaricié, dedicando tiempo a cada uno de los deditos. Estando boca abajo recorrí con mi lengua y labios por la pantorrilla, me detuve en la parte posterior de la rodilla, y continué lentamente avanzando. Llegué al culito, que masajeé, hasta alcanzar su conchita. Ya estaba húmeda, caliente, olorosa… Mi lengua recorrió los labios rosaditos, y suavemente fui separándolos, mientras mis dedos paseaban por los muslitos suaves, las nalgas, las tetitas, las axilas.

Sin apurarme, llegué al clítoris palpitante de Caro. Me concentré en ese pedacito, besándolo, mordiendo, aspirando, en tanto que brotaban los juguitos de la pendeja. Ella ya gritaba, y sus manos empujaban mi cabeza, y sus caderas se agitaban salvajes…

-¡Si amor, si papi, ahí, si, si, seguí, seguí…! ¡Agh mmm, la puta! –exclamó.

Jadeaba como yegua, sus orgasmos llegaban, por lo que metí mi dedo índice en la conchita mientras retuve su clítoris entre mis labios, moviéndolo en círculos con la lengua. Y su cuerpito se arqueó, me puteó, gritó insultos, y tuvo tres orgasmos seguidos…

Me deslicé al costado, agotado, con toda la cara mojada por sus jugos, feliz de haber comido a una pendeja hermosa. Cerré los ojos. Repasé mentalmente las delicias de la nena que tenía a mi lado.

De pronto, mi pija, semierecta, quedó dentro de una cavidad acogedora. Carolina, entre mis piernas, estaba tragando mi pene. Sus manitos acariciaron mis pelotas y el estremecedor espacio entre estas y mi culo. En segundos logré la máxima erección, y ella, con la lengua, dejó el glande expuesto.

-¡Esto quería!: pija, pija, me encanta la pija, amo tu pija…; la tenés hermosa…; dámela, dame leche…

Y continuó mamándomela; mamaba terriblemente, se tragaba los 18 cm de pija dura hasta ahogarse, lamía el tronco, los huevos, mientras sus manos me apretaban las nalgas.

-¿Te gusta que te coma la pija?
-¡Si…!
-¿Te gusta que sea una putita sucia con vos?
- ¡Mmm…!
-¡Entonces culeame!, ¡meteme la poronga!, ¡reventame, dámela hasta el fondo!
IIEram 2 da madrugada quando acordei, com calor e sede. O corpo magro e nu da Carolina estava em cima de mim. Mal pesava; senti sua respiração quente sobre meu peito.

Uma garota linda, de uma beleza descomunal, arrebatadoramente gostosa, com rosto bonito, pescoço longo, ombros frágeis, braços finos, peitos pequenos mas firmes, cintura finíssima, barriga chapada, e uma buceta gostosa, depilada... havíamos transado por quase três horas. E ela não era uma puta, não precisei pagar para foder! Ela, 19 anos; eu, 48...

Eu tinha chupado, lambido, beijado todo o seu corpinho até arrancar dela três orgasmos que encharcaram meu rosto. Depois, em sua bucetinha amorosa, depilada, molhada e pulsante, enfiei meu pau grande e duro, enquanto minhas mãos e língua percorriam freneticamente seus peitinhos, axilas, orelhas, conseguindo mais três orgasmos e minha porra abundante dentro dela. E, balbuciando, ela me implorou para chupar sua vagina, sugar com a boca meu sêmen misturado com seus fluidos e beijá-la em sua boquinha pequena para ela provar os líquidos viscosos. E assim, melados, adormecemos.

As memórias próximas, quentes, me excitaram de novo. Com muito cuidado, fui empurrando-a para meu lado direito e virei para deixá-la deitada de costas. Lentamente deslizei até me levantar e ficar em pé, ao lado dela.

Queria contemplar a Carolina; admirar, aproveitar em silêncio sua beleza juvenil. Surgiram na minha memória os primeiros versos de Pablo Neruda: “Corpo de mulher, colinas brancas, coxas brancas/ te pareces ao mundo em tua atitude de entrega”. Parecia incrível ter lambido, percorrido com meus lábios, penetrado com meu pau uma garota tão linda... As pernas magras e longas, semiabertas, terminavam numa bucetinha rosada, porta da maravilha, entrada para seu clitóris de mel, sobre o qual, como uma abelha voraz, eu tinha pousado minha língua...

Sem perceber, minha mão direita estava mexendo no meu pau. Me repreendi, me chamei de masturbador estúpido; era o hábito... Sem fazer barulho, fui até Procurei meu celular e comecei a fotografiar a nudez da Carolina. O pau continuava duro; aproximei-o dos lábios da gata... fechei os olhos...

A doce voz da mina me despertou.

- Eu também acordei com vontade...

E começou a chupar meu pau...

- Bebê, você é minha putinha?
- Sim, papai! Me dá pau...!
- Espera... fica de quatro; quero ver bem durinho seu bumbum - disse.

Ela obedeceu. Era um rabinho lindo, com formato de pêssego, pele macia... Separei suas nádegas duras e apareceu um buraquinho pequeno, vermelhinho, fechado... Desci com minha língua para chupar e lamber entre sua buceta e cuzinho. Em segundos ela voltou a ficar molhada, e com esses suquinhos na minha língua fui entrando no círculo convidativo. Ao sentir como se dilatava, meti meu dedo indicador direito, depois dois dedos, três...

- Papai, por favor, aí não...!
- É virgem aí?
- De pau sim...
- Ahhh! Você se masturbou por trás?
- Sim, mas seu pau é muito grosso... Você vai me arrebentar...!
- De pouquinho em pouquinho, meu amor... Você vai adorar...

E antes que ela respondesse, enfiei a rola toda na vagina dela. Ela deu um pulo e depois moveu a bunda em círculos, enquanto eu brincava com meus dedos dentro de seu bumbum. Ao notar que estava prestes a gozar, tirei e rapidamente enfiei por trás.

A Carolina soltou um grito e tentou se afastar, mas eu a segurei firmemente pelos quadris até sentir minhas bolas batendo em sua buceta. Minha carne estava dentro.

A gata xingava, chorava, gemía, mas não se afastou... Seu bumbum quente, molhado, bem apertado, começou a se mover ritmicamente; ela já estava gozando. Sua cabecinha estava apoiada na cama, assim como seus joelhos, então aproveitando o espaço livre, direcionei minha mão esquerda para a buceta, para masturbá-la. Mas ela chegou antes... E além de se tocar, com sua mãozinha molhada me acariciava e apertava as bolas...

Isso me estremeceu, fechei os olhos, senti que tinha outros orgasmos, e não aguentei mais e pensei que ia desmaiar enquanto minhas descargas inundavam seu cuzinho…IIIPouco antes das 10, Carolina e eu estávamos tomando café da manhã no bar do albergue. Qualquer um que nos observasse acharia que o senhor maduro e a linda adolescente eram, exatamente como me registrei, um tio e sua sobrinha.

Na verdade, eu estava com uma garota linda, sexy, de rosto bonito, pescoço longo, ombros frágeis, braços finos, seios pequenos mas firmes, cintura finíssima, barriga chapada, uma buceta gostosa, depilada… Eu sabia porque aquele corpinho delicioso eu tinha lambido, beijado, chupado, comido… E ela não era uma puta, não precisei pagar pra foder! Ela, 19 anos; eu, 48…

As diferenças de idade eram perceptíveis em vários aspectos: eu estava com olheiras, olhos vermelhos, andar cansado; ela, radiante, fresca, vital. O vestido curto e vaporoso azul celeste de uma peça sobre seu corpo destacava sua figura delgada, preciosa e sensual.

Carolina se acomodou no banco ao meu lado porque havíamos combinado que eu a levaria até a cidade onde ela morava. Tínhamos seis horas de viagem pela frente. Os primeiros 90 minutos ela se distraiu tomando mate, contando trivialidades e olhando pela janela. Depois, dormiu profundamente. De relance, olhei para ela; suas longas pernas semiabertas e as coxas firmes cobertas pelo vestido, a apenas uma palma da virilha, me excitaram; seus seios de adolescente, sem sutiã, eram perceptíveis pelo decote ousado; e seu rostinho de boneca fizeram com que eu tivesse que me ajustar por causa da ereção. Diminuí a velocidade para esticar meu braço direito e apoiar minha mão na coxinha esquerda dela. Ela não reagiu. Comecei a acariciá-la e, lentamente, subindo o vestido. Minha intenção era chegar até sua calcinha, mas quase saí da pista ao ver que ela não estava usando nenhuma; a linda garota estava com a boceta depiladinha à mostra!

Concentrei minha visão na estrada, que naquele trecho era uma longa reta, ajustei a velocidade para 60 km por hora e coloquei minha mão com a palma sobre a vagina dela. Assim a deixei por um bom tempo, sem olhar para ela, até que suavemente Fui descendo e subindo o dedo médio entre os lábios da buceta. Sem parar o ritmo, fiz o mesmo com o indicador, conseguindo com os dois dedos entrar naquela buracão quentinho. A gatinha se mexeu, abriu um pouco mais as pernas e, sem acordar, começou a gemer. Pouco depois, senti minhas falanges ficarem molhadas.

Em nenhum momento tirei os olhos da estrada, mas como estava incomodando minha pica dura apertada na calça, tirei por um instante a mão da buceta que eu estava estimulando para afrouxar o cinto, abaixar o zíper e a cueca, permitindo que a pica dura e molhada saísse. Respirei aliviado e voltei com a mão para a buceta. A cada entrada dos dedos, o buraco gostoso ficava mais molhado, enquanto a Carolina mexia a pelve pra cima e pra baixo e gemía, sem abrir os olhos. Com muito tesão, levei a mão que estava dedando a gata até minha boca para provar aqueles líquidos; senti um gosto delicioso, e sem querer exlamel:

- Mmm! Que gostoso…!

- Sério? Obrigada… Adorei o que você fez…! Eu também quero provar, os seus…!

- Gatinha! Desculpa, não queria te acordar…

- Me acorda sempre assim… mas agora é a minha vez… - disse Carolina entre suspiros e foi com a boca em direção à minha pica ereta.

Dei um pulo no banco ao sentir o calor dos lábios da gata na minha cabeça. Me esforcei para não fechar os olhos e prestar atenção na direção enquanto a pica dançava naquela cavidade bucal. A língua dela não parava quieta: lambia o tronco, as bolas, o furinho… E a saliva dela e meus líquidos pré-gozo molhavam o rostinho e o banco. As sensações eram maravilhosas, a lindinha chupava de primeira…

Precisava fazer algo para não gozar tão cedo, queria aproveitar mais; levei os dedos que tinham andado pela buceta até minha boca, chupei para deixá-los encharcados…

- Bebê, fica de joelhos no banco, levanta essa bunda… - pedi.

Carolina obedeceu sem soltar o chupete. À minha direita, contemplei a melhor vista: uma cabecinha loira entre minhas pernas; uma costas lindas, e umas bundinhas espetaculares, empinadas... Meus dedos foram direto pra buceta toda encharcada, dali pro cuzinho e acariciaram, até conseguir abrir, e enfiar, e mexer lá dentro. A mina começou a gemer e se contorcer convulsivamente, atravessada por orgasmos contínuos.

- Amorzinho, para, se você continuar eu vou gozar... - consegui dizer pra ela.

- É isso que eu quero!, me dá todo seu leite!

Eu tinha segundos. Levei o carro até o acostamento, liguei o pisca-alerta e desliguei o motor. Mal estacionei saiu da minha garganta um gemido, e da pica um jorro forte de porra. Carolina engasgou, então o leite transbordou da boquinha dela e escorreu pelo pau e caiu no banco. Os jorros restantes ela engoliu. Enquanto a pica continuava pulsando, ela usou a língua pra lamber. Eu tinha fechado meus olhos. De repente senti que os lábios dela buscaram os meus, os abriu, e me beijou, passando pra mim os restos da minha porra. Eu puxei ela pro meu corpo, agarrando a bunda dela, pra abraçar forte, buscando a língua dela com a minha...IVPor volta das 16h chegamos à minha cidade. Durante a viagem, aceitei o pedido da Carolina de ficar alguns dias na minha casa, até ela se ajeitar.

Levei a garota a um quarto mobiliado com cama e guarda-roupas, ao lado do segundo banheiro; o principal ficava dentro do meu quarto. Entreguei lençóis, cobertores, toalhas e toalhões.

— Caro, fique à vontade, tome um banho, descanse; eu vou tomar um banho e descansar uma hora. Em duas horas a gente come alguma coisa — disse a ela.

Ao terminar minha higiene, fui para minha cama de casal, com a intenção de tirar uma soneca. Porém, ao fechar os olhos, lembrei dos momentos de prazer, das transas com a garota.

Eu, um homem de 48 anos, tinha a sorte inédita de ter gozado com uma menina linda, uma gostosa de 19 anos, magrinha, corpinho durinho e delicado, pernas com coxas firmes, peitos deliciosamente pequenos, buceta macia e saborosa, uma bunda de delirar; uma lindíssima, terrivelmente sexy lolita…

Pois se a idade real dela era excitante, na verdade ela aparentava pelo menos três anos a menos. Em seu rostinho bonito delicadamente ovalado, de traços infantis e suaves, se destacavam seus olhos grandes, cor de mel, com um olhar inocente e ao mesmo tempo safado. E seu narizinho gracioso, harmoniosamente arrebitado, e seus lábios carnudos, que pareciam se iluminar com seus sorrisos.

As imagens no meu cérebro tiraram meu sono e levantaram meu pau. A rodeei com a mão direita para apertá-la suavemente. Estava orgulhoso da minha sorte!; Esta carne dura tinha percorrido o interior de uma buceta inigualável, e largado minha porra lá dentro!

A única preocupação, melhor dizendo, as duas preocupações, eram que eu temia me apaixonar pela Caro; e que ela, em algum momento, talvez no dia seguinte, fosse embora.

Meus pensamentos foram bruscamente interrompidos ao ver a jovem senhorita na porta. Nua. Com uma xícara na mão esquerda.

— Posso descansar ao seu lado? — me perguntou com voz doce.

— Sim, amorzinho…, justamente estava pensando em você…

— Em mim?; O que você estava pensando?, se posso saber... Vim porque também estava pensando em você... Se você me contar, eu te conto... - disse e se recostou à minha direita.

-Bom, várias coisas... Uma, que planos você tem a partir de amanhã?

Carolina me olhou com ternura e se fez um novelo ao meu lado.

-Não tenho nenhum plano. A única coisa que quero é ficar com você, se você quiser, se gosta de mim, até se cansar de mim... - exclamou, enquanto soltava o cabelo e parava ao lado da cama, me mostrando toda sua beleza.

-Me diz: você gosta de mim? Eu gosto muito de você; e não digo só pelo tesão que você dá na hora do sexo, por essa delícia que você me meteu; eu adoro como você é, como me trata, sua ternura de homem feito... Quero te amar, ser sua, que você me ame... E que faça amor comigo, e se não transarmos, que me deixe acariciar você, beijar você. Me peça o que quiser, mas me deixe ficar com você... - sustentou, e se ajoelhou sobre a cama, aproximando seus lábios dos meus.

Fiquei boquiaberto. Me custava entender que uma garota lindíssima, de 19 anos, se oferecesse sem pedir dinheiro a um homem vinte e nove anos mais velho.

-Mas não me responda agora... Estou recém tomada banho, tenho a buceta perfumada... Quer provar...? - disse, e abriu suas maravilhosas pernas.

E minha língua se afundou entre suas pétalas...VCarolina dormia placidamente ao meu lado direito.

Mal coberta por uma calcinha com estampas adolescentes. Que garota linda eu tinha a sorte de admirar ao meu lado! Seu corpo era um poema. Uma preciosidade com peitos lindos, pernas abertas, bucetinha encantadora...

Desci para aproximar meu rosto de sua virilha. Que fragrâncias cativantes: cheiro de lubrificação, suor, pele jovem... Três horas antes havíamos gozado juntos. Com um dedo baixei suavemente a peça íntima. Coloquei minha língua para fora e passei pela bocetinha depilada, e continuei assim, para cima e para baixo, beijando, chupando, encharcando com minha saliva aquela vulvinha.

- Pai, que maravilha como você me acorda! - expressou, com sua voz tão doce.

Parei e voltei para seu lado.

- Adoro comer você...!; mas Carito, quero falar sinceramente com você... - disse, com expressão séria.

Ela se sentou, olhando-me com preocupação.

- O que foi?; fiz algo errado?

- Não, amorzinho!, estou feliz com você!; é sobre mim... - respondi.

- Não entendo...

- Faz duas semanas que você veio morar comigo, e em vez de ocupar seu quarto, sua cama, você se deita ao meu lado...

- Ahhh, é isso...; você está incomodado, quer dormir sozinho...; entendo: quer sua privacidade... Está cansado de mim... - balbuciou Carolina, enquanto seus olhos se enchiam de lágrimas.

- O que você está dizendo?, nada a ver!; adoro que você durma comigo!; cada dia te desejo, te quero mais...

- Então?, entendo menos...

- Você disse uma palavra, essa é a única certa...

- Qual?

- Cansado...; na verdade, cansaço...; mas não de você...

Carolina apoiou as costas contra a parede, esticou as pernas, olhou-me fixamente e começou a rir.

- Do que você está rindo? - perguntei.

- Ha, haha, haha...!; me perdoe, agora entendo... E você é um bobo!; por isso estou rindo! - respondeu.

- Agora não entendo eu; explica...

- Que não me importa se você não está sempre duro!

Me deixou de boca aberta. E ainda surpreso pelas palavras da preciosa garota, a boca aberta, mas dela, foi até meu pau molinho e o chupou. Apenas instantes, pois logo me disse:

- Viu?; você o tem pequenininho agora; percebo que assim você não consegue meter em mim; quando está todo empinado, duro, você me deixa louca… Mas também adoro lambê-lo molinho… E você sabe bem que pode me fazer gozar quando me beija e chupa minha língua, nem te conto quando me chupa a buceta… Então, qual é o problema? – explicou com lógica impecável.

O problema, para mim, estava na beleza de Carolina.

Ainda me parecia incrível que um homem de 48 anos tivesse a sorte de estar com uma linda garota de 19 anos, rostinho bonito, traços infantis e suaves, olhos grandes, cor de mel, olhar inocente e travesso, narizinho engraçado arrebitado, lábios carnudos, sempre sorridentes. E magra, corpinho duro e delicado, pernas com coxas firmes, seios deliciosamente pequenos, buceta macia e saborosa, uma delícia de enlouquecer…

O primeiro dia que ela esteve na minha casa transamos cinco vezes. No outro dia, quatro. No terceiro dia, depois de duas transas exaustivas, tomei uma pilulazinha azul. Desse modo pude de novo. De manhã, antes de ir trabalhar, Carolina montava em mim. Seus orgasmos eram múltiplos. Ao chegar à tarde, a encontrava nua, recém-banhada, e ela me levava para a cama; À noite, queria de novo. Ia ao banheiro, tomava a pílula, e assim conseguia gozar com ela. Mas percebi o perigo para minha saúde de tanto sexo e tanta pílula.

Esta situação era a razão da minha angústia. Acordava e dormia ao lado de uma mulher lindíssima, sensual, quente, vital, jovem, energicamente disposta a dar e receber sexo sem tabus. Percebia claramente que não conseguia acompanhar seu ritmo. E então temia que ela, insatisfeita, me abandonasse.

A proposta da garota

- Tenho uma ideia, te conto? – perguntou Carolina, tirando-me das minhas divagações.

- Claro, conta…

- Me vista sexy…

- Quer que eu te compre roupa?

- Roupa não; lingerie… Eu adoro, e você vai ficar excitado mais do que me ver pelada. Vamos transar quando você estiver com tudo, sem pílulas… Só vou te pedir que, se gostar de como vai me ver, me beije, me lamba, me chupe… Tá bom?

- Tá ótimo!; e o que você quer que eu compre?

- Primeiro, tira minhas medidas…

Fui até o quarto onde guardava ferramentas. Encontrei a fita métrica. Pedi que ela ficasse de pé e desse uma volta, me dando as costas. Me coloquei atrás dela e medi seus peitos lindos, umbigo, bundinha, pés.

- Você tem 86 de busto, 59 de cintura e 89 de quadril…

No outro dia livre, com as medidas de Carolina tiradas, fui até o shopping, a uma loja charmosa de lingerie. Além de cinco conjuntos de calcinhas e sutiãs - todos de seda, transparentes, cores branco, vermelho, preto, rosa e dourado - comprei dois baby doll, de renda, preto e vermelho, e meias caladas. Na mesma loja, num cantinho, havia uma seção chamada “fantasias”. Era roupa sexy de enfermeira, policial, dominação, camponesa, empregada, colegial. Escolhi três peças dessa última classe, como minissaias bem curtinhas xadrez. Ao sair de lá entrei numa perfumaria e comprei “The one”, da Dolce & Gabbana. Numa sapataria escolhi e comprei dois pares de sandálias salto alto e duas sandálias baixas.

Cheguei em casa, Carolina dormia. Coloquei todos os pacotes sobre a cama, ao lado dela.
Saí do quarto, fechei a porta e fui trabalhar no computador da sala. Vinte minutos depois senti uma fragrância deliciosa. E a vi.

Sobre umas botas, a moça era um delírio. Suas longas pernas estavam luxuriosamente realçadas com as meias pretas. A minissaia de colegial chegava na borda da sua virilha. Ela se sentou no sofá e abriu as perninhas, cobrindo sua buceta com um bichinho de pelúcia.

- Como estou? – me perguntou, cheia de graça.

Minha única resposta foi ir até ela, ajoelhar-me e buscar com meus lábios ansiosos sua virilha. Beijei o risquinho de sua buceta deliciosa. Que fragrâncias cativantes!; cheiros a perfume, pele jovem, deliciosos suquinhos de garota… Minha língua entrou, e assim continuei, pra cima, pra baixo, dos lados, beijando, chupando, mordiscando…

- Pai…, espera, quero sentar no tapete, cruzar as pernas e levantar o bumbum pequeno… - conseguiu dizer.

E me ofereceu todo o seu charme.
Em poucos minutos a buceta da Carolina começou a liberar mais fluidos sexuais; delicadamente busquei com minha língua o clitóris. Estava duro. Mordi, suavemente. A bela gemeu, gozando. Bebi todos os seus orgasmos.Ela 19; eu, 48 (completo) garota oral masturbacao Adolescente vadia maduro Ela 19; eu, 48 (completo) garota oral masturbacao Adolescente vadia maduro Ela 19; eu, 48 (completo)

12 comentários - Ela 19; eu, 48 (completo)

vaan28
Te felicito maan!!!!! Es lo mejor del mundo una piba asi. Cuidala!
Buenísimo sueño de todo viejo me encantó esa nena
demasiado fantasioso para mi gusto. ya cuando leí que dormian con el padre desnuda y que después se cogió al padrasto no pude seguir leyendo!
Saludos!
Muy Caliente! Me gusto. Además en lo personal,desde que tuve sexo con uno de 50 no paro de calentarme....Saludos!
zvlv
Genial el relato!, además que resume los miedo que tiene uno con una nena de esa edad.
Muy buen y excitante relato. me puso la verga bien dura..
ESPECTACULAR TU RELATO!!!!!!! ESPERO QUE SIGAN LAS HISTORIAS!!! MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIRLO!!!._
como me calentó tu hermoso relato,..que envidia si es veridico
Noc si será verdad( digo por las fotos) no parecen q sean ciertas y cmo va narrando la verdd
te felicito, una historia muy bien contada! Las descripciones en el relato por momentos son tan buenas que eran como estar viendo esos encuentros de tanta pasión. Me dejaste recaliente!